responsabilidad1Nos acercamos a las conclusiones de esta serie de posts sobre la confianza filtrada por el mundo dospuntocerista, tras haber revisado cómo conviven con él la vulnerabilidad, la competencia y la sinceridad.

Hablemos ahora del último juicio-soporte: la responsabilidad.

¿Cuáles son las condiciones por las que asociamos el uso que una persona hace de una red social con “comportamientos responsables”?

O, dicho de otra manera, ¿qué comportamientos de participación en las redes, de opinión en un blog, de  comentario en blogs ajenos o foros… podríamos calificar de “irresponsables”?

Pues aparentemente… de partida pocos.

Pero los hay. Aparecen a medida que profundizamos en la reflexión… y no hay que ahondar mucho.

En lo que aquí nos ocupa, se entiende habitualmente por responsabilidad la capacidad de dar respuesta de los propios actos, de asumir las consecuencias de decisiones libremente tomadas.

Se distinguen muchos tipos de responsabilidad: penal, moral, social, jurídica, civil, profesional, política

leyLa exigencia de responsabilidad implica una ley o una norma frente a la que se puedan juzgar los actos. Desde las distintas concepciones del “hombre” como ser libre, sólo Dios, él mismo u otros seres humanos pueden dictarle normas.

Es en este último caso en el que hablamos de responsabilidad jurídica ante las leyes (y por tanto civil o de reparación del daño causado a quienes se identifiquen como víctimas, o penal, que implica sanción, incluso de privación de libertad y a veces independiente del daño causado, por haber actuado en contra de una ley).

La web social es por naturaleza libre: las personas actuan, opinan… participan en ella desde su libre albedrío. La responsabilidad jurídica es, por tanto, exigible a los actos humanos en la web social en la misma manera que en la “vida real”, es decir, con relación a las leyes con que regulamos la convivencia entre nosotros.

No analizaremos ahora más este asunto: sería muy sencillo deslizarnos aquí hacia la valoración de los delitos de opinión, de la propiedad intelectual y del intercambio de archivos P2P, hoy tan presente en la red… Huyamos de la perspectiva más popular. Esta serie de post se está centrando más en el uso profesional de la red social y en su relación con la confianza… así que vayamos a ello.

La responsabilidad moral entra de nuevo en el terreno de la ética (y por propia definición, en el de la moral, claro). Se deriven o no de nuestros actos responsabilidades jurídicas, las responsabilidades profesional, política o social tienen en esencia una base moral, exigible por uno mismo o por los demás con independencia de su adecuación a la legislación vigente. Tiene por tanto un impacto indudable en el establecimiento de relaciones de confianza, afecta a los valores por los que las personas se implican, son indiferentes o combaten la acción.

Responsabilidad, individuo y empresa

cyberactivismoA nivel general, la web social se configura a sí misma como territorio y el cyberactivismo comienza a ser la forma en que se estructura (a modo de crowdsourcing autoemergente de opinión y reproche ético) la exigencia de responsabilidad moral.

Las consecuencias observables de la actividad empresarial son una gran fuente de valoración de responsabilidad.

En el terreno profesional más alejado de los impactos sociales y mediáticos, la actuación de profesionales independientes y sobre todo de empresas, tiene ya sus “mecanismos de vigilancia”. Una simple reflexión abierta, con preguntas sin respuesta, hecha por un blogger con un número relevante de seguidores configurantes de una blogosfera particular, tiene una gran capacidad de formar juicios de responsabilidad positivos o negativos en sus miembros sobre una “marca” personal o comercial. Juicios que además se enraízan en la parte tácita… la más relevante para la generación de confianza, ¿no creen?

Claro que también aquí… la cosa “va por barrios”…

Preguntábamos al principio sobre comportamientos irresponsables de un individuo. Al margen de potenciales incumplimientos contractuales, debería haber exigencias socialmente activas en muchos campos de actividad profesional en la red: la medicina, la farmacia, la psicología, la política, la explotación del sexo, la producción cultural, la economía, la inversión financiera, la compra-venta de artículos, la consultoría…

persona-empresa1Cada vez es más difícil encontrar una actividad económica al margen de la red. La excepción es la producción industrial en sí misma, inevitablemente ligada al átomo y no al bit… pero igualmente, en todos sus procesos de gestión, interacciona con cada vez mayor frecuencia con las redes.

Y no olviden que cuando al individuo se asocia una empresa, la implica: por mucho que haya intentado no delegar su responsabilidad personal en la organización… sucede. Es inevitable.

Si una persona trabaja para una empresa y este hecho acaba por hacerse visible, cuando intervenga en una red social profesional no lo hará a título personal (aunque sea su intención), sino que detrás estará siempre la sombra de su empresa, que todos verán cuando haga preguntas, cuando las responda y, en general, cuando actúe (o cuando no lo haga y se espere que sí). Por ello, el ejercicio de responsabilidad implicará ser consciente de ello, respetando al menos los siguientes criterios:

  • no poner en riesgo ni siquiera con acciones privadas los intereses de su empresa pero, sobre todo, los intereses comunes que se establezcan en una relación profesional;
  • en particular, no atacar las legítimas expectativas que de la actividad de su empresa tuvieran los distintos grupos de interés (stakeholders) de la organización;
  • actuar en coherencia con la estrategia de su organización hacia lo 2.0 (si es que ha sido tácita o explícitamente fijada, claro).

En definitiva, si responsabilidad implica tener capacidad de asumir las consecuencias de los propios actos, tengan en cuenta que en los objetivos compartidos por una red de relaciones (y la empresa lo es), no siempre será sencillo, porque inevitablemente implicará a la responsabilidad refleja de la organización a la que se adscribe.

Responsabilidad, blogs… y ego

blogsQuizá desde la creencia de ser aún un recién llegado a este mundo, todavía no me parece difícil ver en muchos blogs mayor regusto en la búsqueda del halago, la coba y la felicitación permanente y empalagosa del blogger (que se convierte así en un pequeño ídolo de la red), que el afán por el debate y la confrontación abierta de ideas. Más que seguidores o contertulios de su “café virtual” de cada día, lo que tienen son auténticos fans.

No me entiendan mal, no lo estoy demonizando: es una actitud muy humana y respetable.  Hasta Facebook lo explota explícitamente en el aspecto lúdico, desde una perspectiva bastante infantil pero ligada a las pasiones humanas básicas y, por tanto… con aceptación popular.

Pero el concepto “ego” tiene implicaciones importantes en el aspecto profesional y en la capacidad de establecer relaciones efectivas o al menos de influencia en la opinión y en la acción. Nadie está libre de ello (este pequeño escribidor tampoco, por lo tanto…), ni siquiera si honestamente uno forma parte de quienes tratan de basar el éxito de sus palabras en el poder de la conversación que generan.

Ser twitteadoretwitteado, linkado, referenciado… halaga el ego (¿alguien se atreve a discutirlo?). Siempre queda un resquicio personal para ello, aunque sea pequeño, así que tengan cuidado: es la semilla del fenómeno fan. Todo dependerá después del abono que le pongan…

Otra arista… En casos extraordinarios, cuando un blog llega a niveles de notoriedad hasta el punto de convertirse en un auténtico fenómeno de masas, con miles de visitas que incluyen visitantes “ilustres”, con contenidos que se vigilan y difunden viralmente o desde medios de comunicación de forma masiva… el blogger llega a adquirir una responsabilidad adicional que llega, a mi modo de ver, a equipararse con la responsabilidad pública que asumen los media tradicionales.

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El camino más rápido para ejercer la responsabilidad en la red es hacerse consciente de que de nuestros comportamientos pueden depender cosas importantes para otros.

Hemos terminado de esta manera la reflexión sobre los juicios que, según Rafael Echeverría, sustentan la confianza. Dejemos las conclusiones para el siguiente post.

Ya iba siendo hora… ¿no creen?

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