confianzaLlega el momento de  intentar extraer alguna conclusión de la serie de reflexiones que sobre la confianza dentro del mundo 2.0 he ido volcando en los últimos posts.

Recogía en ellos cómo, en el entorno 2.0 y más en concreto en el terreno profesional, jugaban positiva o negativamente los juicios que, según Rafael Echeverría, sustentan la confianza como emocionalidad base de una relación: vulnerabilidad, sinceridad, competencia y responsabilidad.

Emocionalidad = predisposición a la acción.

Las emociones “nos suceden“, no podemos evitarlas… pero sí podemos aprender a quedarnos en ellas o a dejar que fluyan. Y también a ocultarlas, practicando un control emocional que creo poco recomendable, porque intuyo que siempre deja algún rastro incontrolable en forma de estado de ánimo o, lo que es más grave, de patología personal.

Vivir las emociones que surjan y aprender a quedarnos en ellas o a dejar que fluyan…

Creo que esa es una clave fundamental para disfrutar de la vida creando, porque las emociones negativas o positivas nos cierran o nos abren posibilidades de acción.

radiografíaRadiografía de la confianza.

La confianza es una emocionalidad positiva. Abre posibilidades que se tornan inmensas cuando se trabaja en “co-operación”.

Por eso esta serie de posts. Porque el mundo 2.0 es un nuevo paradigma que hace posible el trabajo entre iguales, el co-operar a través del debate y la reflexión colectiva, hasta configurar eso que Andrés Schuschny llama intercreatividad.

Al menos en el mundo físico, la relación que se forma dentro de un equipo de personas que no temen mostrar sus debilidades y que mantienen entre sí juicios positivos de competencia, sinceridad y responsabilidad… es una relación realmente poderosa. De ella pueden esperarse grandes cosas.

Por el contrario, si la semilla de la desconfianza germina en un equipo, provocará en él líneas relacionales débiles, que implicarán que parte de la energía de las personas se desperdicie en preservar información o en protegerse de un temor al “fracaso” derivado de dudas sobre la competencia o el compromiso de otras personas que formen parte de los flujos de trabajo. Así:

  • si creemos que un miembro de nuestro equipo es incompetente, dedicaremos esfuerzos a supervisar su actividad y evitaremos que asuma tareas relevantes para el proyecto;
  • si creemos que es irresponsable, no le cederemos capacidad autónoma de acción y protegeremos nuestro trabajo de las consecuencias potenciales de graves negligencias en el suyo;
  • si creemos que no es sincero, protegeremos la información y los hitos clave, buscaremos “aliados” internos y vigilaremos continuamente sus “intereses” escudriñando su hipotética “conversación privada”;
  • si tememos mostrar nuestras debilidades, las ocultaremos impidiendo que nuestra propia aportación al logro colectivo se vea libre de ellas… y quizá buscaremos culpables fuera cuando las cosas se tuerzan.

Puro desgaste, puro desperdicio.

Por eso el preguntarme cómo anida la confianza en lo 2.0… si tiene normas diferentes… o si su influencia en la creación colectiva es tan relevante aquí como en el mundo “real”.

Confianza 2.0

¿Sustentan las comunidades virtuales y las redes sociales relaciones de confianza en su uso profesional?

Pues… mi conclusión tras la reflexión de los cuatro posts anteriores… es que en principio NO. Al menos cuando la relación es directa o indirectamente entre empresas o personas que las representan… no. Vamos a ser si se lo explico, porque lo preocupante es que eso, teóricamente y según lo anterior, debería limitar la capacidad de acción colectiva.

Para ello, déjenme introducir una sutil diferencia entre dos términos, quizá semánticamente equivalentes, pero con usos populares a menudo diferentes: “confío” y “me fío“. Ambos son formas de la confianza, pero para que me entiendan:

  • Confío en mi banco. Significa que creo que no va a quebrar, que es una entidad sólida, solvente, donde se toman decisiones sobre su futuro desde criterios de prudencia y donde aplican además mecanismos de control y de garantía públicos que me permiten no preocuparme por ello.
  • No me fío de mi banco. Significa que no me creo que esté a mi servicio y que actúe siempre en defensa de mis intereses… y por eso vigilo las comisiones, reviso mis extractos bancarios y escucho sin perder el juicio crítico lo que me “recomienda” mi “asesor personal”.

Vaaale… Me dirán que no he escogido el mejor ejemplo, en especial al hablar de “confío en mi banco”, tras la crisis financiera que nos ha caído.

cocktailLa verdad es que, haciendo un paréntesis, sus consecuencias derivadas no están siendo sino las de una crisis de confianza: gente que se ha sentido engañada por lo que consideraban inversiones en activos financieros con unas garantías tendenciosamente falsas y con ocultación de información relevante para valorar la solidez de la inversión (¿sinceridad?), soportadas en productos que se han demostrado finalmente no materializables (¿competencia?), con instituciones bancarias y financieras donde también aparece la estafa (¿vulnerabilidad?), vigiladas por mecanismos de regulación públicos que se han mostrado ineficaces (¿responsabilidad?). El cocktail completo, como ven.

¿Les extraña que el miedo, la emocionalidad opuesta a la confianza, se haya impuesto como base de las relaciones económicas, retrayendo el consumo, el crédito y la producción industrial, en lo individual y en lo empresarial?

No… ¿verdad?

Pero volvamos al hilo del post. El ejemplo me sirve para explicarme. Creo que en la web social:

  • Las personas se fían de las personas: cuando los intereses coinciden, incluso desde posiciones diferentes… ¡esto funciona! Las blogosferas, los movimientos solidarios o el cyberactivismo se apoyan en esto. El binomio tiempo-coherencia hace que la intuición o la observación de los hechos funde juicios de responsabilidad, sinceridad y competencia sobre otras personas.
  • Confiar en ellas… no hay aún grandes intereses que de momento se pongan en las manos de una relación exclusivamente P2P (y tardará), así que no se puede decir.
  • Las personas no se fían de las empresas. Por eso cuando detrás de una persona se advierten los intereses mercantiles de una empresa, un muro invisible se intuye entre las líneas de la conversación. Pero, por contra, cuando en la relación sólo aparece la ayuda al trabajo personal o la creación conjunta… ¡funciona también!
  • Las empresas no se fían de las empresas. La conversación es siempre entre personas, pero cuando esos intereses empresariales son la sombra de la relación, se aplica lo anterior… multiplicado por dos. Claro que no hablo del uso de la web social entre personas asociadas a empresas entre las que ya existiera una relación de confianza: en ese caso, o no afecta o incluso la refuerza. Me refiero a entablar una relación a través de la web social.
  • Las empresas no confían en las personas. Necesitan seguridades, certificados de solvencia, garantías… Esconden sus debilidades. Defienden sus intereses. Protegen su conocimiento.

La conclusión aparente no es muy gratificante, porque supone que la capacidad de lo 2.0 de movilizar la acción colectiva en el terreno profesional está limitada a la relación entre individuos y, por lo tanto, el poder económico que es capaz de desplegar es muy reducido en lo que respecta a la producción física de valor.

Pero en el fondo… ¡sonrían! El mundo cambia y cada vez depende más del valor que cada persona es capaz de crear como individuo en cooperación. Julen Iturbe lo planteaba al cruzar competitividad y conocimiento.

¿Las empresas también? ¿Las “tradicionales”? Creo firmemente que sí, aunque las dificultades son aún hoy enormes, como apunta kikeba-wakaru. Y Mario Dehter lo lleva incluso más aguas arriba.

labelCreo que nos vendría bien inyectar alguna dosis de seguridad en las empresas sobre la noción de “empresa abierta”, el trabajo en libertad y la cooperación en la web social. Hibridar lo que viene con la cultura PDCA, los procesos y los procedimientos que dan sustento de garantía (¿falsa?) donde no hay confianza. Les propongo crear un label, incluso certificable, que avale prácticas éticas de individuos y empresas a la hora de utilizar profesionalmente la red.

Sí… ya sé que es contra-2.0 y además una tontería. Pero “si no puedes con tu enemigo, únete a él”…

Y ayudaría.

Venga… aquí habría negocio… ¿alguno se anima?

Crowdsourcing o la sabiduría de las multitudes.

En los posts anteriores ya advertía que el crowdsourcing y la open innovation como caso particular deberían ser tratados aparte en términos de confianza.

Esta será una de las aristas que quede pendiente de mostrar para más adelante, porque el ciclo sobre la confianza se cierra hoy… de momento. Pero no me gustaría dejar de advertir un aspecto significativo, que es que las reglas de la confianza probablemente aquí se transforman:

  • La competencia no se apoya sobre nadie en concreto sino sobre una gran masa en la que hay suficiente talento colectivo como para que alguien tenga una respuesta adecuada (¡qué bien lo explica en su caparazón Dreig!).
  • La responsabilidad, como en una democracia representativa, se regula por los “guardianes” tácitos de la red… y se autorregula en “el barrio”, donde se ningunean e incluso se arrinconan los incordios, si hace falta.
  • La sinceridad, difícil de medir, se fomenta por la tolerancia e incluso el respeto, al permitir las relaciones desde el trabajo entre iguales.

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Lo dejamos aquí.

No es la última arista que queda: analizar cómo se hace crecer o se daña la confianza a través de cómo se gestionan los compromisos también tiene su espacio propio. En lo 2.0, la ruptura de la confianza tiene un doble efecto perverso: además de pérdida de capacidad de acción, establece barreras proteccionistas en quien la sufre a la hora de abrir una nueva conversación.

Pero por el momento cerramos el ciclo, ya lo advertía.

Espero que, si me han seguido hasta aquí, hayan disfrutado de unos cuantos minutos de reflexión y lectura. Y si es así… muchas gracias por compartirlos.

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