Tengo que empezar por decirles que Jesús Mª Santos es un amigo.
No es algo que pueda decir de muchísimas personas, pero sí algo que debo advertir porque dedicarle un post a alguien no es frecuente en esta casa ni en ninguna… y no quiero asumir el riesgo de que eso condicione ni mi escritura ni su lectura.
Y es que traigo a esta bitácora a Txus Santos por otra razón: escudriñando mi círculo familiar, laboral o social en lo medianamente próximo, puedo decir con rotundidad que es el único emprendedor de verdad que me honro en conocer medianamente bien.
Las nebulosas que confunden mis recuerdos son cada vez más densas, pero creo que nos encontramos por primera vez hace nada menos que unos 30 años por mediación de un amigo común, en un momento en el que él se había dedicado a despejar incógnitas binarias en la Escuela de Química y Electrónica de Indautxu.
Los primeros pasos profesionales que le recuerdo estuvieron ligados al programa IMI auspiciado por el Gobierno Vasco para propiciar el desarrollo tecnológico de la industria, pero ya curiosamente desde una figura de colaborador y no como plantilla de la SPRI.
Supongo que haber crecido en una familia cuya vida se nucleaba alrededor del merendero de Basatxu (justo encima del barrio de Cruces) o de una cafetería en la bilbaína Alameda de Mazarredo, forja caracteres poco dados a los fichajes y las nóminas.
Quizá por eso, el cierre del programa IMI le llevó a embarcarse junto a otras personas en situación similar en su primera iniciativa empresarial de calado: una empresa de servicios informáticos de la que era accionista y director comercial… hasta que la abandonó sin contrapartidas cuando se cansó de esperar a que sus compañeros de aventura asumieran los riesgos de crecer y de aprovechar oportunidades que año tras año iban pasando frente a la puerta sin ser suficientemente aprovechadas.
Luego llegaron iniciativas más personales (la construcción de páginas web para empresas, el proyecto EuskoCenter o el más famoso quiosco del parque de Doña Casilda pasaron por sus ilusiones), que se desarrollaban en paralelo junto con ambiciosos proyectos que abordaba progresivamente cada vez más apoyado en redes de profesionales singulares, ingenierías o empresas de servicios informáticos.
Pero sobre todo, hay una palabra que me gustaría destacar de su periplo vital: aprendizaje.
Compromiso incansable, personal y profesional, con un aprendizaje continuo, intenso, multidisciplinar, arriesgado, formal e informal… siempre orientado a encontrar LA oportunidad de negocio mientras otros temas menores permitían facturar para vivir en los mejores momentos.
Entre los proyectos más ambiciosos aparecían soluciones avanzadas de adiestramiento virtual para equipos de trabajo o de formación frente a riesgos de incendio, sistemas tecnológicos de control de flujos humanos en espacios donde se mueven colectividades numerosas… o un gigantesco proyecto de innovación radical en el transporte urbano y periurbano, realmente sostenible, que innovaba hasta en la manera de financiarse y que para incredulidad de muchos, tuvo alguna oportunidad real de hacerse realidad.
Txus sigue siendo una persona inquieta por naturaleza, aunque hoy desde mayor serenidad y madurez. Es una opción de vida que admiro desde la distancia, porque debo reconocer cobardía para apuntarme a ella. Una admiración que me consta matizaría (mucho) Carmen, con quien decidió compartir vida y familia hace ya unos cuantos años…
Caracter emprendedor puro, ahora que muchos nos ”lucimos” desde el succedáneo del intraemprendimiento, ya sabe que ningún reto es inalcanzable. Creo que muchos de quienes se pasen por estas líneas (me consta que algunos de mis queridos suscriptores le conocen personalmente) coincidirán en ellas y sentirán que, más allá de amistades personales, mi personaje de este post merece pertenecer a la categoría en que le coloco.
Hay pocas personas que entienden tan bien lo que es un proceso y cómo debe gestionarse un proyecto como Txus. No sé si es un ser renacentista de nuestro tiempo, pero a mí me lo parece. Y además es un gran tipo.
El viernes pasado presentaba en La Hacería de Zorrozaurre su última iniciativa empresarial, donde creo que también anida gente de Delirium Studios.
En una abarrotada takeoff party, desde Ludium Group lanzaban Brokerstars, una iniciativa innovadora y disruptiva en el proceloso mundo del gambling on-line.
Se merece, se lo aseguro… que les vaya muy bien.






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Este va a ser otro post endógeno (el último por una temporada), casi una justificación personal de por qué, cuando empecé este blog hace hoy exactamente 3 meses, decidí que “personas inquietas” iba a ser una categoría específica de la bitácora.
