Google RIPderHace ahora 10 días, el 13 de marzo, Google anunciaba el cierre de Google Reader. Requiescat in pace.

La noticia corría como un reguero de pólvora por los timelines de las redes sociales entre la sorpresa, el lamento o hasta la indignación de sus usuarios, en buena parte personas de perfil profesional avanzado que han hecho de la conectividad a la red un modo de estar y de trabajar.

Cuando uno se acerca por primera vez a un “agregador de feeds” descubre que una herramienta sencilla de verdad ofrece un servicio de productividad personal insustituible y un punto inimaginable en el que pivotar su entorno personalizado de aprendizaje. Una forma, además bastante libre, de ordenar nuestra atención sin someternos al dominio de lo que cada uno quiere mostrar, desde la selección trabajada de contenidos bien filtrados.

Muchos lo probamos hace años… e hicimos de los hilos RSS, ordenados de forma simple, una parte de nuestras vidas profesionales y personales. Y Google estaba ahí: en la magia de los modelos freemium basados en la entrega inconsciente de información y hábitos personales que conscientemente estabas dispuesto a abrir, en la ilusión sobre una empresa que aporta valor y desafía los modelos establecidos haciendo las cosas de otra forma.

No puedo cuestionar la decisión de Google. Ninguno podemos decir que no supiéramos que ese tipo de servicios no comprometen al prestador a su mantenimiento.

Tampoco voy a hacer un análisis sobre el futuro del RSS y el papel del que parecen querer retirarle muchos de los grandes de la red, ni voy a comentar plataformas alternativas que se estén posicionando para recibir a los expulsados del Reader, ni voy a centrar mi reflexión sobre el impacto que la decisión de Google pueda tener en mi propio PLE y el tiempo que me va a exigir migrar a otra herramienta que me haga sentir confortable. Sobre eso hay innumerables artículos ya escritos en estos días, sospecho que en todos y cada uno de los idiomas de este mundo. Y peticiones (yo ya he firmado) que igualmente se multiplican, para que Google dé marcha atrás en su decisión, que es lo que parece que no ocurrirá.

Este artículo es un lamento por el golpe que supone al trabajo que durante años venimos desarrollando muchos dentro de empresas tradicionales, por impulsar modelos de trabajo y de actividad profesional y empresarial más libres, más abiertos y más colaborativos.

Es un golpe duro y bajo (no puedo decir que ilegal, inmoral o sucio, pero solo porque sé que no es así) que ataca frontalmente a la confianza en que hay cosas que socialmente están cambiando en la noción del trabajo.

Hacer que las personas adopten herramientas de la web social desde dentro de las empresas tradicionales y con funcionamientos internos bien asentados en una tarea complicada y siempre de largo aliento.

Las barreras son culturales, de hábitos y comportamientos que cambian (y que cuando cambian, hacen visibles mayores necesidades de cambios en los propios procesos de gestión), de miedos (nadie se puede imaginar los miedos que despierta en una empresa asentada el concepto de empresa abierta, el poner en riesgo el culto a la protección del conocimiento, al secreto empresarial…) y de desconfianzas (a colocar mi conocimiento en “la nube”, en donde nadie sabe cómo se protege, quién lo controla o cómo garantizar que no desaparecerá sin más…).

Desde poner la foto en una intranet hasta abrir una cuenta en Google, trabajar en un Google Site o poder acceder a una red social sin barreras desde tu puesto de trabajo, cada paso a dar es un problema para muchas personas y una batalla a ganar por quienes tratamos de impulsarlo.

Reader ha estado en casi todas esas batallas. Es uno de los puntos claves por los que empezar, porque su utilidad es asombrosamente visible para la mayoría de las personas que se acercan por primera vez a conocerlo. Alrededor de un agregador de feeds se mueven los PLE (un paso trascendental para entender el trabajo conectado), las comunidades de vigilancia artesanales, la alimentación de comunidades de microblogging basadas en Twitter y Yammer…

De verdad que el cierre de Reader es un golpe bajo para todo ese esfuerzo: ¿cómo defender ahora la idoneidad de utilizar la plataforma de Google Sites para el funcionamiento de comunidades colaborativas… ante gente que para empezar a hablar demandaba disponer de backups automatizados de una wiki incluyendo los contenidos enlazados? ¿Cómo volver a explicar que la seguridad de la información es muy probablemente mayor en la nube que en cualquiera de nuestros servidores, aunque eso no sea lo relevante?

El mismo día en que se anunció el cierre estábamos formando internamente usuarios en Reader. ¡Y todavía podemos afirmar… que eran usuarios avanzados!

Nosotros sabemos que las herramientas van y vienen y estamos preparados para aceptarlo con un simple cabreo, pero para la confianza en ello de las organizaciones más clásicas y de las personas que en ellas trabajan, el mensaje es demoledor.

Ellos no son “beta-permanente”: necesitan caminar sobre mayor estabilidad hasta llegar al punto de considerar un cambio así parte del juego.

La verdad es que aún hoy, 10 días después… no sé muy bien cómo abordaremos esto. Tampoco sé si Google ha medido bien la consecuencia de dar carpetazo a una aplicación con un uso profesional muy relevante.

Lo que sí intuyo… es que tendrá consecuencias, sin saber cuáles, en la forma en que hemos venido contemplando esto de lo 2.0… y a Google en particular.

Y que no hay derecho. Aunque lo haya.

cumpleaños4Cuatro años de blog. En síntesis numérica, unas 100.000 páginas vistas y casi 1.000 comentarios (incluidos propios y pingbacks), para 123 artículos.

Cada año he estado presentando un cierre dividido en dos partes (el resumen de los 12 meses y el balance de la experiencia), pero a partir de ahora iré dejando todo en un único post… para no aburrir en demasía.

Empezaré por decir que el balance de escribir un blog sigue siendo positivo, pero también que las sensaciones que me provoca esta casa son muy diferentes a las de años anteriores.

Mientras que las cifras cada vez me dan más igual (sin negar que halaga mucho un post muy ‘tuiteado’ o muy leído, la liviandad con que acojo los ascensos o descensos bruscos de visitas es casi como la de levantarse cada mañana para empezar el día), sin embargo empieza a surgir algo así como un cariño por la criatura que, lejos de ser un proyecto en el que me embarque con ilusión y con ganas, cada vez se parece más a un abrigo que me colocara por encima en cada viaje, un nuevo apéndice de quien soy.

Lo miro como quien mira a un hijo que ya va creciendo y tomando sus propias decisiones: desde la tutela pero desde la observación, al mismo tiempo desde la distancia y desde el afecto.

Es más… he pensado a veces en cambiarle el diseño, renovar la imagen, buscar plantillas más actuales y limpias… pero he decidido que no. Quiero que cuando me acerque sea algo reconocible, como lo son mis manos o mi imagen ante un espejo.

Supongo que les parecerá una contradicción postular día sí y día también las bondades y la necesidad de mirarlo todo desde una visión diferente… y al mismo tiempo declarar esta posición conservadora, coherente con la satisfacción que me da muchas veces el guardar cosas durante largo tiempo (o para siempre), pero déjenme decirles que uno tiene derecho a ser un humano contradictorio… y que para ser sincero, no lo llevo nada mal. :-)

Los buscadores, además, ejercen un papel maligno sobre el ego, inflando las estadísticas en base a búsquedas de imágenes y a algoritmos que cambian y balancean las cifras de un lado a otro sin explicación razonable y sin efecto alguno respecto de medir realmente el alcance del blog.

Así que, asumido desde el principio que esta es una cabaña muy modesta habitada por un escribidor en un rincón, el tiempo transcurrido no ha hecho sino aportar evidencias a las intuiciones. Engañarse a uno mismo es fácil, pero no le encuentro el beneficio, la verdad… Ésta es una bitácora leída por cuatro gatos (muy respetables y valiosos, eso sí), pero tengo que decirles que son ustedes poco más que cuatro… y seguirá siendo así porque entre otras cosas no tengo intención de hacer nada para que este asunto cambie. ;-)

Les daré los números, no faltarán. Seguiré siendo contradictorio, en este mismo post con respecto a lo que en él digo. Y seguiré además celebrando algún pequeño récord si se produce, pero por el simple hecho de que me divierte hacerlo, porque está bien aprovechar una ocasión para celebrar.

Eso sí, antes… vayamos con el resumen de lo publicado, 16-post-16 incluyendo éste…

Reflexiones:

Vibraciones:

Vibraciones sonoras:

Y los restantes:

Solo un post escrito este año tiene el privilegio de estar entre los 20 más leídos en el mismo periodo: “Křižovatka” (325 vistas), aunque estuvieron cerca “Disposición y disponibilidad” (255), “Start-up, emprendimiento, producto y circo” (200), “Resiliencia a relevos” (194) y “Priorizar, esa cómoda falacia” (185).

Como siempre, en el top-10 se sitúan mis artículos ya clásicos sobre autogestión, gestión por competencias, coaching, el mágico “2.0″ o algunas reseñas bibliográficas. Para que se hagan una idea, mis reflexiones sobre “ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” ha tenido en los últimos 12 meses la friolera de 3.000 visitas para un total de 5.000 desde que fuera publicado.

Pero en el cuadro de honor, lo que hay realmente que destacar es que varios de los artículos han generado una amplia conversación: en torno a los veinte comentarios han estado “Disposición y disponibilidad”, “La empresa no está” y “Start-up, emprendimiento y producto y circo”, sin despreciar algunas conversaciones muy interesantes alrededor de “Spiral-up process”, “Resiliencia a relevos”, “El ser magnánimo” o “Priorizar, esa cómoda falacia”.

Tengo que reconocer que algunos comentarios de este año me han llegado a ruborizar “virtualmente”: personas que te dicen que leerte les ayuda a tomarse el día con el corazón… no dejan indiferente. Al menos no a mí. A ellos y a todos los que han dejado testigo de su paso por estas páginas, un millón de gracias. Es de verdad lo más gratificante, con mucha diferencia, que te puede pasar cuando escribes para quien quiera leer.

También las suscripciones han vuelto a crecer. Poco, como cada año, pero hacia arriba: hoy son 125 personas, 17 más que un año atrás. Pero también esta cifra (que ésta sí que me importa), tiene una lectura agridulce: mientras era normal que registrara entre 40 y 50 visitas sindicadas hace 12 meses para cada post que escribía, hoy cuesta ver que hay más de 20 de mis suscritos que se molestan en leer cada artículo. No sé si es que los tiempos… no están para la lírica. :-(

Y ya poco más. Dejo abajo algunos de los indicadores actualizados que he venido publicando año a año, incluyendo la evolución de las páginas vistas (sin contar visitas sindicadas). En lo que llevamos de 2013, en cualquier caso, esos cambios de los algoritmos del padre Google parecen estar haciendo mucho daño a mis frías cifras… así que no le daremos demasiada importancia.

A por el quinto… :-)

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Este verano estamos viviendo la auténtica eclosión del fenómeno start-up, que ya asomaba sus fauces desde hace meses. El asunto está alcanzando tal dimensión mediática que llena palacios de congresos, auditorios, periódicos, espacios singulares e instituciones feriales, de discursos políticos, congresos, talleres y propuestas formativas, en infinitas formas.

Clusters, parques tecnológicos, agentes sociales, administraciones públicas… todos empujando el mismo carro. Se está convirtiendo en el nuevo mantra, tras excelencia, innovación y emprendimiento, que por repetición nos traerá un futuro mejor… así que si no saben decir “estartap” de un tirón, estimados lectores, tienen un problema. ;-)

La blogosfera hierve: solo en la última semana, Julen Iturbe, Mario Dehter o Juan Freire, por poner solo tres ejemplos, han escrito sobre el fenómeno del emprendimiento en alguna de sus facetas, con visiones analíticas… o críticas.

La explosión start-up, en primera persona.

Mis propias vivencias de las últimas semanas han estado rodeadas del fenómeno start-up.

Tras la reconversión de la gran fiesta anual de infonomia en un “Co-Fest” donde el núcleo lo formamos las empresas miembro de Co-Society, el pasado julio disfruté de dos días en el Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, rodeado de ideas, ciencia y personas, un entorno que cada año me empuja a caminar con la mirada aún más inquieta por la vida.

Este año tuvo un carácter muy especial: una fusión con otra iniciativa, el Benasque Brain Boost (BBB), que pretendía ser el punto de encuentro de las start-up españolas, reunir a más de 100 emprendedores con sus proyectos empresariales entre sí (para compartir visiones, enfoques, recursos y penas) y entre ellos y las empresas Co-Society (para quizás algo parecido y puede que también para encontrar algún sólido compañero de viaje).

No les contaré en esta ocasión qué tal fue el Co-Fest ni les haré ahora una crónica del mismo. Hay numerosas y excelentes referencias en la red (como ésta, ésta o ésta) y no creo que pueda aportarles grandes novedades sobre ello. Pero sí me interesa contarles que tuvimos ocasión de conocer docenas de proyectos empresariales, algunos ya germinados y otros en plena ebullición… y de conversar o al menos escuchar en primera persona a muchos de los emprendedores al frente de los mismos.

Hace un par de semanas tocaba el Emprende 2012. Un gran evento organizado ya por tercer año consecutivo por el Gobierno Vasco, que reunió a casi 3.000 personas en el BEC. Esta vez desde la iniciativa pública, de nuevo cientos de emprendedores con su start-up bajo el brazo; de nuevo una ocasión personal para conversar o escuchar sus propuestas de valor, sus proyectos, sus ilusiones, sus necesidades, sus realidades…

Hace solo unos días, el Polo de Innovación Garaia cerraba su serie de 3 talleres de emprendizaje ordenados alrededor de la idea de “Aprendiendo a emprender con emprendedores“.

En un plazo de un mes, y ya a nivel más interno, el BAC (Business Acceleration Center) de MONDRAGON ha lanzado dos talleres de exploración de oportunidades en intercooperación y otro taller para compartir experiencias de intraemprendimiento desarrolladas en los últimos años en la corporación, contadas por los propios emprendedores.

Y les aseguro que podría seguir.

Oigan… esto abruma…

El lado positivo.

No lo negaré. Hay un lado muy positivo en esta eclosión del fenómeno start-up. Un lado positivo que se desdobla en varias facetas de las que no podemos sino sentirnos todos gratificados:

  • Ya son muchas las personas que están decidiendo tomar las riendas de su vida profesional como protagonistas principales de su destino. Son personas como las que hemos conocido todos entre nuestros compañeros de facultad o de escuela o como las que nos rodean en nuestro trabajo, pero en esta ocasión, quienes tienen voluntad y deseo de asumir una iniciativa personal, lo están haciendo con menores barreras personales que las que teníamos en nuestras generaciones. Los patrones mentales sociales están cambiando y de este fenómeno podrán salir iniciativas empresariales nuevas que regeneren a medio y largo plazo un tejido empresarial demasiado dormido durante demasiados años.
  • Este fenómeno se está extendiendo, debido a la crisis, a capas de población de muy diversas edades. A pesar de que en los “saraos” mediáticos es abrumadora la presencia visible de gente joven, en las sillas de los asistentes hay muchas personas más mayores, calladas, pero igualmente con su proyecto empresarial bajo el brazo. Contrariamente a lo que se piensa, el fenómeno emprendedor (y especialmente las iniciativas con mayores índices de supervivencia) tiene un componente fortísimo entre personas que han superado los 40, con experiencia y visión sistémica de las claves de lo que es un negocio. Pues muy bienvenidos sean.
  • El impulso de las administraciones seguramente remitirá cuando salgamos de esta crisis, porque las empresas absorberán de nuevo las atenciones oficiales, pero habrá un conjunto de normativas, leyes y regulaciones que habrán cambiado y que harán más fácil embarcarse en el reto de emprender. Pero lo más importante es que de las escuelas y universidades saldrá mucha gente que considerará que poner en marcha su propia iniciativa empresarial es una opción más de entre las posibles. Y aún más, que lo seguirá considerando así durante toda su carrera profesional, lo que significa que visiones diferentes del mercado y del mundo podrán salir a la luz con mayor facilidad.
  • El concepto del trabajo está cambiando socialmente. Cierto es que las empresas tenderán a no darse por enteradas, pero este fenómeno y otros paralelos y no tan gratificantes están colocando semillas que terminarán por germinar entre las grietas de las relaciones laborales del interior de la empresa. Creo firmemente que veremos dentro de unos años formas diferentes de organización del trabajo, de cómo se adoptan decisiones y se desarrollan proyectos, de cómo una persona crece y desarrolla su propio camino profesional, dentro o fuera de una empresa, suya o ajena.

La feria de las vanidades.

Antes ya lo había enlazado, pero como es casi seguro que la mayoría no se habrá parado en ello, les invito a que lean la definición que la Wikipedia da para el concepto start-up.

Hay una cara oscura también en esta luna. A su alrededor, las estrellas se llaman grandes expectativas de beneficio a corto plazo, business angels, crecimiento acelerado, rápido retorno de la inversión, durabilidad de la rentabilidad limitada… Correr, “forrarse” y salir. Demasiado cerca del tradicional “pelotazo”, aunque en este caso no se sepa siempre a ciencia cierta para quién va.

En cualquier caso, tras la inevitable vanidad romántica hay un fondo de macho-alfa en la épica del emprendedor… y eso hace que con demasiada frecuencia se observen comportamientos ligados al “lo que importa no es poner en marcha un proyecto que genere riqueza, sino que quien lo ponga en marcha sea yo”.

En el otro lado está la inmadurez de pensar que todo el monte debería ser orégano, que si uno no lo consigue es porque los demás (la administración, el inversor, el socio o quien sea) “no me escucha”, “no se entera”, “es un inútil” o directamente “un cabrón” o “un imbécil”.

Hay veces que la posición frente al enemigo exterior es puramente pueril. Frase real, tuiteada: “¿Cómo se emprende cuando eres recién titulado, no te dan créditos y mucho menos trabajo? La idea es buena, pero no tenemos recursos”. Pero… ¿no es precisamente cuando eres recién titulado, cuando se supone que toca hacer cosas sin créditos fáciles y sin que te den trabajo? ¿No les resulta candoroso? :roll:

Y eso me lleva al valor de las ideas. Uno tiene una idea y tiene un tesoro… o eso cree. Pues no señor: las ideas tienen un valor más bien escaso, en mi modesta opinión. ¿Quiere una idea? Yo le doy 100 gratis y le aseguro que al menos una cuarta parte, sea usted quien sea, le parecerá buena.

Además de desarrollar técnicamente el producto o servicio (en lo que siempre se ocupa el tiempo que cada uno considera preciso), para transformar una idea en un negocio:

  • hay que asumir normalmente (y despejar si se puede) incertidumbres industriales, financieras, tecnológicas y de mercado;
  • hay que buscar los socios y la financiación precisa para poner en marcha el proyecto empresarial;
  • hay que mantener la moral de la tropa cuando las cosas no parezca que van bien;
  • hay que saber comprar y saber explotar los medios de producción;
  • hay que cerrar acuerdos vinculantes con inversores y aliados;
  • hay que definir una estrategia de mercado;
  • hay que crear una red de distribución…

Y más:

  • hay que crear condiciones de diferenciación competitiva sostenida, que establezcan algún tipo de barrera a competidores al menos durante la fase de maduración del negocio;
  • hay que conocer los umbrales de rentabilidad;
  • hay que saber cuánto tiempo puede uno aguantar sin que la sociedad se estrese financieramente hasta su ahogamiento…

En fin, que no se trata de tener una buena idea.

Pero basta ya de hablar de los emprendedores. A pesar de todo lo dicho, casi de forma universal hay que reconocerles el valor de enfrentarse a lo desconocido, de asumir un riesgo personal de hacer las cosas de forma diferente a lo que hay. Y casi en ningún caso tienen la culpa… ni siquiera de equivocarse.

La financiación es uno de los elementos más importantes de de los ecosistemas de emprendimiento. Capital riesgo, privado y público, capital semilla, viveros de empresas, inversores de variados pelajes, business angels

Creo honestamente que hace falta una severa profesionalización de muchos de estos “entes” financieros en España. No todo pueden ser ventas inmediatas y exponenciales en un negocio, porque si es ese el único criterio de selección, solo serán apoyadas iniciativas de bajo riesgo inversor y, por lo tanto, de baja capacidad de generación de empleo (eso pone, por ejemplo, negras perspectivas para una oportunidad industrial).

Creo que estamos replicando un modelo norteamericano pero desde una dimensión minúscula. Y reconociendo que una parte del mismo debe seguir satisfaciendo la oferta actual, hay carencias notables que cubrir.

Sería muy deseable un proceso de consolidación y concentración que diera mucha mayor dimensión a algunas de estas entidades, lo que les permitiría diversificar su cartera de inversiones y establecer diferentes políticas de soporte financiero en función del riesgo de proyecto y de su tipología.

Otro agente fundamental: las administraciones públicas. Salvo el capital privado que esté dispuesto a arriesgar, parece que solo el capital riesgo público está en disposición de apoyar el nacimiento de grandes iniciativas empresariales en las que el retorno de la inversión solo pueda darse a medio y largo plazo.

Pero el apoyo de las administraciones podría ir mucho más allá: intermediando en los acuerdos de propiedad industrial o de financiación público-privada, aplicando exención de impuestos y otros beneficios fiscales a las sociedades en fase de maduración, o fomentando desde los CEI la incorporación de “potenciales”, embarcados desde el origen en la exploración de mercados.

Solo me detendré en otro apartado más: la política. Es lo que toca, es lo que se lleva esta temporada, ya que no hay mucho más que se pueda hacer porque no quedan ni céntimos en la cosa pública para invertir en nada. Así que vamos a llevar emprendedores al escaparate de la opinión pública… y si puede ser en grandes volúmenes, mejor. Aunque se rellene de iniciativas que vayan poco más allá del autoempleo.

Paletadas de emprendedores para cubrir las carencias de una sociedad que no es capaz de generar empleo desde iniciativas empresariales ni de poner las bases legales para renovar el tejido empresarial y la propia función y concepción del trabajo en nuestras organizaciones. La política sirviéndose de un circo mediático: si no hay empleo, créatelo tú, venga, las oportunidades están al doblar la esquina, búscalas, no será fácil pero tú puedes, te sentirás “todo un hombre” si lo consigues y te habrás forjado el carácter si no…

Ya que no hay dinero, lo que necesitas es motivación, coraje, resiliencia, generosidad, capacidad de superación… y hasta sentido del humor. No te preocupes, que no te voy a dejar solo: yo te lo explico. :lol:

Y para el dinero, también resuelto: rondas de financiación en la feria de las start-up. Pasen, señores inversores…: nuestras start-up están en el lineal del pasillo quinto, junto a los yogures; los elevator pitch, en los probadores de la zona de confección; el intercambio de tarjetas, en las cajas; y hoy como oferta especial… ¡networking en el pasillo central!

No niego que esta feria de vanidades no sea útil para quienes emprenden, pero suena tanto a gestión de mercancía…

Queridos emprendedores: más os vale cuidar el packaging.

Las grandes carencias.

¿Qué tipo de ideas creen que están detrás de la mayoría de los proyectos empresariales?

Les diré qué he visto, mayormente, entre las cientos de start-up que he visto recientemente:

  • soluciones de formación: en píldoras, en bocados, en pastillas…;
  • aplicaciones para redes sociales, para comunidades conectadas al comercio electrónico;
  • servicios web para los ciudadanos, para el deporte, para las compras, para el turismo, para el ocio…;
  • soluciones para la compra electrónica;
  • servicios de marketing on line;
  • plataformas colaborativas para iniciativas de innovación social;
  • y en general… servicios web, para todo lo imaginable.

Verán… 8O ¿no echan de menos algo?

Yo echo de menos al señor don PRODUCTO.

Hubo un tiempo en que emprender era embarcarse en una iniciativa empresarial cuyo objeto era transformar la materia y crear valor en ello. Cierto es que los servicios aportan igualmente valor al consumidor o al usuario, pero si los miramos desde una perspectiva social, generan una actividad económica que se debilita cuando el sector secundario se tambalea.

Dicho de otra forma, con frecuencia no es sencillo entender el significado de competitividad de un servicio frente al mundo, sino solo frente a quien compite conmigo en local. Pero eso, estimados lectores, no aporta gran cosa a la competitividad de la economía ligada a un territorio… y ya se está viendo que el asunto no es baladí.

Detrás de un servicio hay valor, pero es más discutible si hay creación sostenible de riqueza. Y en las start-up que uno se encuentra en general (quizá por su propia naturaleza como apuntaba la Wikipedia), no es fácil encontrar ni siquiera servicios asociados a producto, cuando menos proyectos industriales.

Una plataforma web es un riesgo muy limitado y un reto más ligado al éxito personal que a la función social de la empresa. Digamos que, en la perspectiva del tiempo, la épica del emprendedor ha perdido solidez. ;-)

¿Cuántas, de entre los varios cientos de start-ups que he conocido en estos meses, creen ustedes que ligaban su proyecto empresarial a la fabricación de un producto?

Aciertan: (casi) ninguna.

Pues a mi modesto modo de ver, aquí tenemos un problema.

Y otro, que en cierto modo lo complementa… Vale que es mi opinión, pero una opinión contrastada con muchas otras y muy recientemente: necesitamos reivindicar socialmente la figura del empresario.

Porque es muy duro poner en marcha una empresa y sacar adelante un proyecto en el que pocos creen, pero no lo es menos sostener el riesgo durante años en el proceloso océano rojo del mercado global.

Más aún cuando además, esta labor no es espectacular sino callada y discreta… y solo se ve desde fuera si uno se fija muy bien.

Vivimos en una sociedad donde se confunde al gran directivo con el empresario, a quien en general se desconoce, o a quien se desprecia casi tanto y casi tan fácil y gratuitamente como hoy en día al banquero. Pero por contra, el territorio vasco está siendo un buen caso de comparación con otras áreas del estado para mostrar que el mantenimiento de un tejido empresarial productivo establece diferencias que necesitamos aprender a valorar.

Así que aquí, estimados lectores, lo que tenemos es todo un reto social.

Hagamos balance, como cada año, tras el resumen de publicaciones de los 12 meses pasados entregado en el último post.

Esta vida que llevo de tinte e impregnación industrial sigue siendo dura para un escribidor de blogs, hasta el punto de que la mayor satisfacción personal que tengo sobre este año de inquietos es haber conseguido que al menos una vez cada mes hubiera un artículo nuevo en la coctelera.

La verdad es que a humanos y supongo que a algún bot, tengo que agradecerles que sigan pasando por aquí y que aún reaccionen al estímulo de cada nueva publicación, porque la fidelidad no cotiza bien por este tipo de locales en cuanto se huelen señales de abandono.

NÚMEROS.

En números redondos, 25.000 páginas vistas (las mismas que el año anterior a pesar de todo), que llevan el total hasta las 65.000. Una recuperación de cifras al final que empieza a dibujar una mejora para el cuarto año… todo dentro de la inevitable y natural modestia de las cosas de esta casa.

Una de las mayores alegrías: el nuevo incremento en el número de suscriptores, que ya son ya son 109 (1 más que los que anunciaba en el resumen :-) ) entre las distintas vías que observo, es decir, entre las suscripciones por correo, las de Networked Blogs y, sobre todo, las de los feeds vía RSS.

Curiosamente, marzo de 2011 marcó el récord mensual de visitas, con 2.821 páginas vistas… y este marzo 2012 va camino de superarlo. ¿Qué pasa con los marzos? ¿Alguien más ve que son meses especialmente fértiles en visitas? ¿Alguien que le encuentre una explicación a esta obcecación sin sentido? :o

Ahora una de las mayores penas: la caída de las conversaciones. Los tres post más comentados sólo suman 35 comentarios (incluyendo los propios); estos tres artículos han sido:

Cierro con el “top-10″ de los post más vistos del blog a lo largo de estos últimos 12 meses. Sin contar las visitas sindicadas:

Reflexiones: ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias 1.048  
Libros que inquietan: “La empresa emergente, la confianza y los desafíos de la transformación” 901  
Vibraciones: África (Re’09) 740  
Reflexiones: una propuesta práctica para comunidades de aprendizaje en la empresa 700  
Reflexiones: soluciones de autogestión 620  
Vibraciones: ignorancia y felicidad 602  
Libros que inquietan: “Atrévase a pensar como Leonardo da Vinci” 584  
Reflexiones: equipos autogestionados 570  
Reflexiones: “El ciclo de la reflexión” y el PDCA 418  
Reflexiones: trabajo 2.0 y libertad 397

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Ninguna de las entradas del año aparece en la lista, hecho que refuerza la idea de que muchos post tienen vida mucho más allá del momento efímero de su publicación, lo que también gratifica. El post más visto de los publicados en el año ha sido el que glosaba el libro de Trías de Bes y Philip Kotler (Libros que inquietan: “Innovar para ganar – El modelo ABCDEF”, con 379 vistas directas al sitio más 92 sindicadas).

Termino actualizando el cuadro de indicadores más generales, donde se ve el descenso de publicaciones… y también el incremento de lecturas que apunta a que se siguen visitando los viejos post:

APRENDIZAJES.

Ha sido un año para confirmar algunas cosas que ya les contaba hace unas semanas… y algunas otras que les contaré dentro de unos días, respecto de la atención que despiertan algunos artículos que parecen demasiado simples, pero que en mi opinión no lo son.

Es momento de renovar mi red, o al menos de hacerle un par de buenos retoques. Y no sólo porque muchos nodos hayan perdido frecuencia o caudal de conexión y otros se hayan saturado (que ocurre), sino que, sobre todo, porque mi foco de atención se ha ido desplazando también a temas nuevos que me da que no tengo suficientemente bien atendidos.

Y ya más en general sobre la vida 2.0, tengo que confesarles que me está molestando bastante que, cada vez con mayor frecuencia, un nuevo contacto en LinkedIn venga inmediatamente seguido de una acción comercial por su parte. Hasta hace unos meses, se podía contactar con casi cualquiera (o al menos ese era mi caso) con la casi total seguridad de que se iba a respetar tácitamente por su parte ese canal como “espacio libre de propaganda”. Tejer así una gran red de potenciales contactos de lazos débiles era en sí mismo un asunto bien interesante.

Pero si LinkedIn se acaba convirtiendo en un canal de venta personal… quizá deje de atraerme más que para cubrir alguna necesidad esporádica.

O eso… o me planteo el borrar a cada uno que lo intente…

IMPULSOS Y CONVERSACIONES.

En este tercer aniversario quiero de nuevo dar las más efusivas gracias a quienes llegaron, leyeron y comentaron alguno de los post. Fueron: Saioa, Carme, María, Edu, Lesley, Julen, Óscar, Javier, Odilas, Aitor, Eva, María, Javi, Mikel, Eduardo, Yuri, Héctor, Nacho, Juana, DeianeIsabel.

Gracias a todos ellos, a quienes siguen los contenidos por suscripciones o sindicación y a quienes a través de Twitter o Facebook divulgaron lo que les gustó de lo que había escrito.

A por el cuarto año. Si ya somos familia numerosa, aquí comienza el camino hacia la especial… ;-)

La mañana del sábado se ha despertado tan fría como los dos días precedentes. Bilbao se encoge bajo cero y se apresura en sus urgencias antes de esconderse de las nieves de la tarde.

Este salón de grandes ventanales, la verdad sea dicha, resulta poco acogedor en amaneceres así, después de que el cristal haya sido fuente de fuga térmica durante toda la noche.

Pero envuelto en una manta de sofá, me ha dado por repasar mi lista de blogs sindicados, que la verdad necesitaba un poco de atención después de la última puesta a punto de hace un año.

Últimamente tenía la sensación de que me resultaba más sencillo seguir las nuevas publicaciones en mi Google Reader, a pesar de que el tiempo que puedo dedicarle es mucho menor que años atrás. Y en efecto… el ritmo de publicación ha disminuido de forma significativa.

Mi propia cadencia ha descendido mucho desde aquel primer año donde casi cuento 50 artículos, hasta este último en que los 17 publicados apenas han dado para cubrir ese mínimo autoimpuesto de un post mensual. Pero hoy he visto que, de los aproximadamente 40 blogs que sigo sistemáticamente, en casi la mitad no había aún una actualización en lo que llevamos de año.

A ver… ¿cómo es eso? ¿Se me están fugando los bloggers este invierno, igual que el calor hogareño durante las noches? ¿Volverán, como vuelve el calor en verano?

Porque les adelanto que la mayoría son bitácoras de largo recorrido, con años de interesantes contenidos publicados y bloggers que han hecho de su presencia abierta una marca intransferible, muy personal.

Quizá tener un blog se parezca a un matrimonio en el que las pasiones evolucionan hacia amores más serenos… y que por tanto tenga los mismos riesgos de disfrutar de ello que de acabar convertido en una rutina de la que al final no quede nada más allá de un techo.

Pasear por muchos cascos históricos rehabilitados o bien conservados de nuestras ciudades es todo un espectáculo. Pero si se fijan bien, muchos están repletos de viviendas vacías y de lonjas dedicadas a servir como simple almacén para otro comercio.

En ambos, viviendas y locales cerrados, falta esa luz encendida cada día que simboliza la vida activa para  un barrio que sin ella envejece.

Pienso ahora en Twitter y veo que muchos amigos parecen haberse ido, que intuyo que no pagan ya los gastos de comunidad.

Y reparo también en que en muchos bares de LinkedIn hace tiempo que solo se pueden tomar unas cañas entre tópicas conversaciones de ascensor.

Conservar y cuidar a los amigos, sí, visitarles con frecuencia en casa, también (y espero que incluso con mayor intensidad), pero, aunque siempre da pereza ponerse a buscar piso… tal vez sea el momento de cambiar de barrio.

Acabamos con este post la serie de cuatro con la que vamos llegando al título de hoy: el análisis relacional de decisiones relevantes como forma diferente de abordar la mejora sistemática de procesos.

Habíamos comenzado entendiendo que, según Sveiby, el valor se genera cuando se activan relaciones entre personas, estructuras internas o estructuras externas a las organizaciones, en cualquiera de las nueve formas distintas que se identificaban.

Después advertimos que, en el marco de cualquiera de esos canales relacionales activados, es cuando las personas tienen que tomar decisiones cuando aportan ese valor. Finalmente, que siendo todo lo que hacemos un proceso o parte de un proceso… podemos concluir que el rendimiento de cualquier proceso depende de la forma en que las personas que participan en el mismo adoptan decisiones, en el cauce de relaciones que activan para ello.

Nuestro desafío era llevar a una práctica útil esta conclusión. Establecimos una sistemática de revisión de procesos que analizaba 5 fuentes de información para la mejora, que se recogen en la figura adjunta.


Describamos, pues, cómo desarrollamos el análisis de decisiones. Estamos hablando, fundamentalmente, de cómo abordamos la revisión y mejora sistemática de los grandes procesos de gestión de la organización (apenas una docena en nuestro caso). La revisión de los cinco puntos anteriores se planteaba para cada uno de esos procesos con una frecuencia anual, lo que dejaba margen para que cada año se analizaran en equipo una o dos de las decisiones recogidas en la lista de decisiones relevantes del proceso.

¿Cómo lo hicimos?

En primer lugar, eligiendo una decisión sobre la que trabajar, que previamente definíamos identificando quién o quiénes la adoptaban, qué conocimiento se requería para adoptarla… o en dónde o en quién residía la información necesaria, por ejemplo.

Una vez elegida, había que desmenuzarla de una forma original: identificando todos los canales relacionales que pudiéramos definir en el entorno de esa toma de decisión.

Pongamos un ejemplo…

Supongamos que estamos analizando la siguiente decisión: “decidir la factibilidad técnica de un proyecto”. Siendo P = personas, EI = estructura interna y EE = estructura externa, posibles relaciones serían:

  • EE>>P – El cliente solicita una oferta al director comercial.
  • P>>P – El director comercial reenvía la oferta al jefe de proyecto.
  • EI>>P – El plano y las especificaciones de oferta llegan al jefe de proyecto.
  • P>>EI – El jefe de proyecto consulta la lista de normas.
  • P>>EI – El jefe de proyecto solicita las normas disponibles a la base de datos.
  • P>>P – El jefe de proyecto solicita las normas no disponibles al responsable de normas.
  • P>>EE – El responsable de normas gestiona la adquisición de normas no disponibles con el cliente o el organismo de normalización.
  • EE>>P – El organismo regulador envía las normas al responsable o el cliente al director comercial.
  • P>>P – Se remiten las normas conseguidas al jefe de proyecto.
  • P>>EI – El jefe de proyecto analiza las normas necesarias.
  • P>>EI – El jefe de proyecto interpreta factibilidad consultando con la información técnica disponible.
  • P>>P – El jefe de proyecto consulta dudas de fabricabilidad con un experto.
  • P>>EI – El jefe de proyecto mantiene el sistema de normas.

En cada uno de estos pequeños pasos puede haber retrasos, dilaciones y errores. Cada uno de ellos pasa a formar parte del juego de prioridades de quienes tienen que hacer que sucedan… y estas personas pueden ser expertas o recién llegadas, estar ausentes de sus puestos de trabajo, tener relaciones emocionales complejas con sus interlocutores, utilizar canales de flujo de información seguros y rápidos o lentos y poco fiables…

En fin, que entendimos que teníamos que analizar cómo funcionaban los principales facilitadores de que todo fluyera satisfactoriamente en cada una de esas relaciones. Agrupamos 4 tipos de facilitadores sobre los que tratamos de identificar problemas:

  • Culturales y organizativos:
    • Querer: detectar barreras emocionales.
    • Saber: insuficiente competencia para la acción.
    • Poder: incapacidad de activar las acciones precisas en el momento necesario.
  • Métricos: ausencia de señales que detectaran fallos.
  • Sistemas de transmisión de conocimiento: dificultades en el acceso a la información o a conocedores.
  • TIC: flujos de información manuales y no asegurados o verificables.

La primera parte del trabajo era, por lo tanto, hacernos preguntas sobre cómo andábamos de facilitadores para cada relación detectada, es decir, aflorar problemas que normalmente quedan ocultos en los procesos de gestión. La segunda… encontrar unas soluciones que, desmenuzadas de esa forma las dificultades, en buena parte resultaban evidentes.

Los dos cuadros que adjunto a continuación son una muestra de la sencillez de la herramienta que utilizamos.

Mantuvimos viva esta manera de promover la mejora de los procesos durante 3 años. Luego, un cambio organizativo profundo, la llegada de la crisis y el adelgazamiento de las estructuras de apoyo la hicieron languidecer.

Y sin embargo… le aseguro que es una aproximación muy diferente a las cosas, una mirada desde las barreras que las personas somos o construimos, a veces consciente y a veces inconscientemente, para impedir relaciones y decisiones efectivas.

Espero que hayan disfrutado del camino.

______

Los 4 posts de la serie son los siguientes:

  1. La empresa relacional de Sveiby.
  2. Conocimiento y decisiones.
  3. Procesos y decisiones relevantes (+ mapas QSQ).
  4. Análisis relacional de decisiones relevantes.

En el post anterior dibujábamos la segunda pieza del puzzle que vamos construyendo para explicar cómo intentamos llevar la noción de empresa relacional de Sveiby a la práctica.

Concluíamos extrapolando a la totalidad de los procesos de la organización, la experiencia que relacionaba el valor aportado por el trabajo de conocimiento con la toma de decisiones.

Vista así, su derivada natural hacia la revisión y mejora sistemática de los procesos se dibujaba con facilidad. Para ello:

  1. revisamos el diagrama de cada proceso sobre el que estábamos trabajando;
  2. identificamos qué decisiones relevantes se debían adoptar en cada uno de sus subprocesos;
  3. configuramos la lista de decisiones relevantes del proceso, agrupando y priorizando las anteriores;
  4. generamos un método para analizar cambios y mejoras en la toma de esas decisiones relevantes.

En esquema, para los tres primeros puntos hicimos lo siguiente:

Bueno, he dicho que se veía fácil… pero hablaba del “mapa de carreteras”.

Sin que necesitáramos profundizar en ninguna ciencia pura ni infusa, sí teníamos un trabajo de definiciones simples que acometer: por ejemplo… qué hace relevante a una decisión.

Decisiones principales.

El que el producto o el servicio sobre el que estemos actuando avance de una fase de proceso a otra o no lo haga, o las condiciones en que ello se produzca, dependen siempre de una o varias decisiones que uno o varios de los agentes del proceso adopten.

Sin embargo, analizar todas las pequeñas decisiones que se producen en la sucesión concatenada de actividades de un proceso es una tarea imposible. No arriesgamos nada asumiendo que abordarlas en su integridad conduce desde el momento mismo de intentarlo a la parálisis por el análisis.

Era necesario, por tanto, focalizar mucho el esfuerzo de análisis, seleccionando aquellas decisiones que tuvieran un impacto considerable sobre el proceso, pero… lo que no podíamos evitar era identificar, al menos, las decisiones principales implicadas en la gestión del proceso. Para ello realizamos un simple brainstorming apoyado en tres guías:

  • recorrido por los subprocesos del ciclo PDCA del proceso, poniendo el foco en sus descripciones, sus subproductos, sus responsables de validación y las relaciones con los otros subprocesos;
  • recorrido por los indicadores asociados a la medición de la eficacia, la eficiencia y la satisfacción de los clientes del proceso;
  • recorrido por las entradas al proceso y por sus “materias primas”.

La lista de decisiones relevantes.

Obtenida una lista de decisiones principales, sólo había que definir criterios para elaborar una matriz de priorización y obtener así las decisiones relevantes del proceso, aquéllas sobre las que en el futuro centrar el análisis y las propuestas de cambio.

Consideramos en todos los casos 2 criterios básicos (comunes a todos los procesos) y 3 subcriterios para cada uno de los anteriores (que debían definirse específicamente para cada caso). Los criterios básicos fueron:

  1. Impacto en la satisfacción y expectativas del cliente.
  2. Impacto en el rendimiento interno.

En un proceso productivo, por poner un ejemplo, los subcriterios fueron, para el primer criterio: calidad, coste y plazo; para el segundo: inactividad, defectivo y eficiencia. Resultó igualmente sencillo para el resto de los procesos.

Una tarde es suficiente para identificar las decisiones principales y para acordar los criterios de ponderación. Si la aplicación de estos últimos a las primeras, se deja como “tarea para casa” de los miembros del equipo (cuyo trabajo individual sea “cocinado” más tarde por un coordinador), habremos construido sin demasiado esfuerzo la lista de decisiones relevantes del proceso (que en nuestra experiencia oscilaba entre 10 y 20), un entregable cuya vigencia se mantendría por varios años.

Un interesante “efecto colateral”: el mapa QSQ.

Una vez obtenida la lista y antes de entrar a desmenuzar cómo se adoptaba cada decisión y cómo podía reducirse el riesgo de tomarla, decidimos detenernos un tiempo en identificar el conocimiento relevante asociado a cada decisión, quién tenía que enfrentarse a ella, con qué información contaba como apoyo (documentos o personas) y dónde podía localizarla a un nivel actualizado, tanto si se trataba de una fuente interna como externa.

Esta experiencia nos llevó a dos resultados prácticos: el primero fue que el simple hecho de hacerlo nos obsequió con una lista de acciones que debían ser desplegadas, pues se expusieron a la luz carencias en la protección del conocimiento explícito, de conservación del tácito, de disponibilidad de información básica o de explotación o simple acceso a la información disponible. El segundo, que la suma de conocimientos necesarios para la toma de decisiones nos permitía configurar un mapa de conocimiento del proceso.

El mapa de conocimiento sirvió de inmediato para algo muy interesante: los miembros del equipo dedujeron competencias asociadas, tanto técnicas como relacionales y de gestión, e identificaron a quiénes de entre ellos reconocían, para cada competencia, las mejores capacidades técnicas o de transmisión de conocimiento a otros.

El resultado de poner todo ello en negro sobre blanco fue lo que denominamos entonces “Mapa QSQ” (Quién Sabe Qué), en el que no voy a profundizar ahora porque me llevaría a un artículo insoportablemente largo y me sacaría, en cierto modo, de la ruta arrancada en las ideas de Sveiby (todo se andará…).

Pero una aplicación directa del mapa QSQ, en el proyecto de integración del personal directo en la gestión, dio lugar a una extraordinaria e innovadora propuesta en el diseño y la aplicación del plan de acogida de una persona nueva que se incorporara al equipo, cuyos miembros, desde conceptos de autogestión, se comprometían a reducir drásticamente el periodo de aprendizaje tácito del aprendiz, a mejorar la calidad y profundidad del mismo y, con ello, a recortar significativamente los costes económicos y no económicos de adaptación.

Aunque como es habitual… acabamos aplicando sólo algunos aspectos marginales de todo aquello.

Preparados para componer el puzzle.

Tenemos todas las piezas:

Sólo queda por tanto componer el puzzle, abordando lo que llamaremos el análisis relacional de decisiones… y por añadidura de procesos.

Lo haremos en el cuarto y último artículo de la serie.

¿Me acompañan?

Creo que alguna vez he llegado a apuntar algo de la historia que contaré en este artículo entre estas mismas páginas de blog, pero hoy es el momento de detallarla, porque es una pieza más del puzzle que voy a ir completando para mostrar cómo tratamos de llevar a la práctica los conceptos de la empresa relacional de Sveiby, que desgranaba en el post anterior.

Les invito a detenerse un momento en la lectura para llegar (espero que al final lo compartan), a una conclusión simple pero interesante.

Explorando los conceptos de “gestión del conocimiento” en proyectos de investigación activa que desplegamos hace unos años de la mano de MIK, abordamos en particular dos ámbitos de trabajo muy relevantes en nuestra actividad industrial: la gestión de proyectos de lanzamiento de nuevos productos (a cargo de equipos multidisciplinares donde ingenieros y técnicos tienen un peso dominante) y la participación en la gestión del personal directo de producción (maquinistas de línea).

A la postre, este último fue el proyecto más interesante y donde más riqueza aportó la experiencia. En el transcurso del mismo, nos preguntamos por el grado de trabajo de conocimiento que contenía la actividad diaria de quienes ocupaban su tiempo laboral en el manejo de los medios productivos, líneas de producción con alto nivel de automatización pero controladas y gobernadas por personas directamente asignadas a ello.

Me van a permitir que dedique sólo un par de breves párrafos a describirles el entorno físico. Intuyo que no a muchos de ustedes les importarán demasiado los procesos fabriles, pero creo que es conveniente explicar algunos detalles para que se entienda lo que tratamos de hacer.

Nos movíamos en un entorno de “células de inyección” que (sin ser exacto y para que se hagan idea de qué hablo), constan básicamente de una máquina de inyección de aluminio, horno, cabezal de lubrificación, robot, tanque de enfriamiento, prensa, molde, troquel, cerramiento acústico, concatenaciones  y cintas de transporte del producto… y todo ello gobernado por una única persona.

Entre métodos operativos, fichas de instrucciones, pautas de actuación ante no conformidad, registros de mantenimiento autónomo, fichas técnicas, registros de parámetros, fichas de autocontrol y varios estándares adicionales… el puesto de trabajo tenía definidos entre 25 y 30 documentos reguladores de la actividad.

Sin embargo, a pesar del alto grado de automatización y robotización de la célula (el operario sólo toca la pieza cuando está terminada, lista para su envío a la siguiente fase), los maquinistas referían con frecuencia, de forma generalizada y consistente, que era necesario al menos 1 año (y normalmente 2) para “sentir” dominio del proceso. Hay que mencionar que en el rendimiento de un proceso de inyección (en la calidad del producto que produce) influyen significativamente un gran número de parámetros de proceso cuyo efecto se combina en forma compleja, es decir, que es francamente difícil encontrar que relaciones causa-efecto lineales sean la respuesta cuando un problema aparece.

Todo ello nos indicaría un grado elevado de conocimiento tácito, que curiosamente nos acercaría a un componente casi de “artesanía” en el trabajo… y por tanto de trabajo de conocimiento. Eso es lo que queríamos cuantificar.

Una de las acciones que pusimos en marcha para ello fue pedir a los maquinistas (que trabajaban a 3 relevos) que anotaran a lo largo de una semana, en unas sencillas tablas que preparamos, todas aquellas actividades concretas que realizaran por insignificantes que les parecieran. Las tablas contenían, junto a un nombre para cada actividad, otras columnas que describían las decisiones que tenían que ser adoptadas, en qué información las apoyaban, quiénes las adoptaban y qué relaciones tenían que establecerse para ello.

Para facilitar la tarea, les apoyamos en la toma de datos todas las horas que pudimos y aunque las necesidades propias del trabajo impidieron un registro exahustivo de toda una semana de actividad, recopilamos finalmente varias docenas de tablas con centenares de actividades registradas cuyo procesamiento posterior nos ocupó un buen puñado de horas a quienes coordinábamos la experiencia.

Las decisiones que se anotaron fueron de naturaleza muy variada:

  • optar entre abrir una orden de trabajo a Mantenimiento o intervenir por sí mismo;
  • aceptar o rechazar un defecto visual no recogido en los criterios de aceptación;
  • comunicar o no una acumulación de pequeñas paradas al responsable de instalaciones;
  • limpiar ahora la zona de trabajo o esperar aún un rato;
  • arriesgar o contrastar una duda con un compañero o un responsable del equipo;
  • modificar un parámetro de proceso dentro de tolerancias para ajustar el resultado del mismo;
  • lubricar manualmente una zona del molde que considerara que se había deteriorado en exceso;
  • desechar los guantes e ir a cambiarlos o aguantarlos unos días más;
  • seleccionar las incidencias a comunicar al relevo entrante;
  • atender o no a una llamada telefónica;
  • ajustar mejor un troquel o asumir un mayor nivel de retoque manual sin parar la instalación;
  • ir a buscar un bolígrafo para reponer el agotado o dejar para el final del día la cumplimentación del bono de trabajo;
  • revisar o no un lote completo en rayos-X ante una duda sobre la aceptación de una muestra;
  • avisar a Compras de inmediato o esperar al fin de relevo ante la aparición de algún componente con defecto;
  • parar y corregir de inmediato la instalación ante la aparición de un pequeño problema o soportarlo hasta la parada programada…

De ello obtuvimos una conclusión sorprendente: casi el 80% de las decisiones que adoptaron estaban en el marco de actividades NO contempladas por ninguno de los casi 30 documentos reguladores del puesto.

Inesperadamente alto, abrumador el porcentaje, ¿verdad?

Es cierto que algunas de las decisiones no eran especialmente relevantes, pero sí otras muchas que afectaban potencialmente a los rendimientos internos del proceso o a la calidad del producto en el mercado. Y se intuye con seguridad que todas y cada una de las personas que trabajan en una organización, cada día y en numerosas ocasiones, adoptan decisiones con impacto en los rendimientos internos o en los percibidos por su cliente.

Hace unos meses le oí a Alfons Cornella decir algo similar a que “cualquier trabajador que pueda ser sustituido por una máquina, merece serlo”. Es una frase llena de crudeza, pero de estremecedor sentido en las sociedades en que vivimos. La recuerdo con mucha frecuencia.

Aunque en realidad todo lo que concluímos lo deberíamos haber establecido de la aceptación de la pura teoría, resultó muy evidente para todos que el trabajo de un maquinista de célula no consistía en manipular máquinas ni en fabricar productos… sino en decidir las acciones que se debían acometer cada vez que cualquier incidencia aparecía en torno al proceso. Y es en la toma de decisiones donde con enorme claridad se pone en valor el conocimiento de la persona.

Esa era la esencia de su trabajo, un trabajo de conocimiento que se traduce en insustituible valor.

Enseguida pensamos en todos los procesos de la empresa, operacionales o de gestión. En todos ellos se transformaba una “materia prima” en un “producto terminado”, que se entregaba a un “cliente” interno o externo, a través de una serie de actividades enlazadas… y de una serie de decisiones que permitían que el proceso avanzase, se detuviese, retrocediera, fuera eficiente o cumpliera las expectativas de su cliente… o no.

Y las decisiones las tomaban personas, entre otras cosas en base a su conocimiento, a su capacidad efectiva de acción.

Así que por un lado Sveiby nos decía que el valor se genera al activar flujos relacionales… y por otro concluímos que las personas aportaban valor en la toma de decisiones.

Pues teníamos que cruzarlos…

Como anunciaba en el post anterior, es hora de hacer balance después de este segundo año de blog.

Marcado en lo profesional por un cambio de actividad, que me ha llevado desde las áreas de organización, calidad y sistemas (donde ya coqueteaba desde siempre con la innovación en gestión), hasta mis actuales responsabilidades sobre innovación y promoción de nuevos negocios, mi vida en la red se ha resentido visiblemente desde julio de 2010, fecha en que formalmente se producjo el cambio.

Y por consiguiente, inquietos… no ha escapado de ello.

NÚMEROS.

Decía al final del post anterior que esta bitácora había registrado en estos últimos 12 meses unas modestísimas 25.000 páginas vistas, pero que a pesar del “enfriamiento editorial”, había sumado 10.000 más que tras el primer cumpleaños, elevando la cifra total por encima de las 40.000.

En los meses más fecundos se superaron con facilidad las 2.500, aunque el último semestre señala un suelo actual próximo a las 1.500 visitas mensuales.

Como se ve en la gráfica siguiente, el cambio profesional de finales de julio y sus efectos son evidentes…

Ha seguido subiendo el número de suscriptores: ya son unos 90 (lo que supone 40 más que un año atrás) entre las distintas vías que observo, es decir, entre las suscripciones por correo, las de Networked blogs en Facebook y, sobre todo, las de los feeds vía RSS. Un honor…

El día más visitado fue el pasado 6 de julio, con 252 páginas vistas, y el récord mensual apenas rebasó en 4 las 2.800. La mayor conversación se dió hablando de ”Reflexiones: trabajo 2.0 y libertad“, que registró 23 comentarios.

Suben las “vistas/post“, pero eso refleja simplemente que sigue habiendo un gran número de visitas a las entradas del primer año, lo cual me resulta gratificante porque supone que pueden estar aportando algún valor independiente del momento en que fueron escritas.

De hecho, sólo 3 de los post de estos últimos meses (los indicados en negrita a continuación) entran en el “top-10″ de los leídos en el mismo periodo:

Reflexiones: soluciones de autogestión 1.468
Reflexiones: confianza 2.0 / vulnerabilidad 1.146
Reflexiones: trabajo 2.0 y libertad 818
Reflexiones: ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias 781
Libros que inquietan: “La empresa emergente, la confianza y los desafíos de la transformación” 762
Reflexiones: equipos autogestionados  736
Reflexiones: confianza 2.0 / conclusiones 638
Reflexiones: confianza 2.0 / responsabilidad 588
Libros que inquietan: “Atrévase a pensar como Leonardo da Vinci” 571
Reflexiones: una propuesta práctica para comunidades de aprendizaje en la empresa 502

Otro hecho que refuerza la observación anterior es que ninguna de mis “vibraciones” aparece en esta lista: a veces son más espectaculares y llenan de visitas el blog durante unos días, pero, como cabría suponer por su propia naturaleza desencadenante… envejecen antes.

Lo que no voy a hacer este año es poner la lista de las entradas menos leídas, lo que podríamos llamar el “bottom-10″. A pesar de que siguen en ella algunos de mis posts más queridos, está claro que el marketing no es lo mío, porque visualizarlas hace un año apenas sirvió para añadir un par de visitas esporádicas a sus cuarteles de invierno… y en el fondo, qué quieren que les diga, seguro que les resulta humillante que las muestre en el pelotón de los torpes… ;-)

APRENDIZAJES.

Ni uno, oigan… Ni uno de los aprendizajes que identificaba como fruto de la experiencia de mi primer año de blog lo cambiaría un año después. Son 12 puntos que les invito a que lean o relean en el original, porque siguen resumiendo lo que pienso de esto.

Si acaso, me gustaría añadir tres más:

  • Que es frecuente que, cuando tienes la oportunidad de “desvirtualizar” a alguien… realmente desees conocerle. Y que cuando lo haces, incluso si solo es un poquito más… descubras vida que no estaba en la red. ;-)
  • Que en el terreno profesional (también) hay gente que de verdad “se moja”, que muestra abiertamente sus convicciones… aunque con el tiempo percibas con claridad que su forma de ver este mundo quizá no sea evidente que coincida con los intereses de sus potenciales clientes. Y que lo viven sanamente, desde la convicción y la decisión personal de mostrarse en libertad… Y que no parece irles del todo mal. :-)
  • Que también hay gente que no hace lo anterior. Y que es igual de lícito… pero que no es lo mismo. :-|


IMPULSOS Y CONVERSACIONES.

La actual versión de Twitter y la multiplicidad de acortadores hacen ya muy difícil identificar nominativamente (como hice el año pasado) a quienes han twitteado mis posts a lo largo de este ejercicio. El impulso que dan al número de visitas es siempre muy significativo cuando un artículo concita la atención de varias personas hasta el punto de difundir su existencia entre sus redes. Mil gracias a todos los que lo hicieron.

Más fácil es identificar a quienes abrieron conversación a través de los comentarios: Deiane, Nacho, Amalio, Aitor, Judith, Igor, David, Carme, José Ignacio, Yuri, Eva, Javier, Benito, Aitor, Merche, Manel, Antxon, Eugenio, Roberto, Martín, Jon, Walter, Jaime, María Jesús, McCyAs, Julen, Sonia, Gerardo, Enrique, Iñaki, Jorge, Sergio, Juanjo, Miquel, Asier, Anna, Gloria, Elena, Alberto y Arturo, esta vez del último al primero en aparecer o reaparecer. Gracias especiales a cada uno.

Comentarios y referencias son la vida de este blog, así que vamos a por el tercero: en un año… familia numerosa. ;-)

Es lo que tienen las redes sociales: que a uno, a veces, le encuentran.

LinkedIn me dejaba en junio pasado un mensaje de Violeta Costa, explorando posibilidades de que colaborara como docente en la prevista apertura de una nueva sede de la EEN en Bilbao, que ella pasaba a dirigir.

La oferta era concreta y limitada: asumir un pequeño módulo de calidad y producción en un MBA Executive que debía comenzar en el nuevo curso académico. El tejido económico vasco es fuerte y singular y buscaban cubrir la parte del temario más adecuada a ello con nuevos docentes procedentes de la propia empresa vasca.

Encajaba bien: mi disponibilidad era muy limitada (y por tanto el hecho de que el esfuerzo en horas también lo fuera lo hacía posible), la materia se compadecía con lo que había sido mi principal ocupación en los últimos años, mi participación podía alinearse con nuestras estrategias empresariales y, sobre todo… yo creía que tenía algo que decir.

Este fin de semana ha sido mi bautismo oficial como profesor, título al que parece dan formalmente derecho esas minúsculas 10 horas lectivas.

Antes ya había dado clases particulares (hace muchos, muchos años… ;-) para sostener gastos juveniles), e incluso había participado (ya profesionalmente asentado en Fagor Ederlan) en el Master iCast de Innovación Tecnológica en Fundición (haciéndome cargo del módulo de innovación en gestión), un posgrado muy especializado que ya no forma hoy parte de la oferta de Mondragon Unibertsitatea.

Pero entiéndanme: todo eso era estar en casa. Esta es la primera ocasión que alguien me dice que formo parte de un “claustro docente”. :-)

Les confieso que la enseñanza me ha atraído siempre de una forma extraordinaria. Tuve incluso la ocasión de asumir una cátedra de instituto en un momento dado de mi vida profesional, pero intuí que entrar en ese territorio limitaría mis posibilidades de migrar al mundo de la empresa posteriormente, si me apetecía… y no me decidí.

Así que he disfrutado mucho de estas 10 horas que, entre la tarde del viernes y la mañana del sábado, he dedicado a hablar de la noción de calidad.

La preparación de casos de estudio, de ejercicios, de la presentación que soportaba el curso y de la narrativa que debía conducir ese paréntesis de tiempo, unido a la necesidad de hacerlo todo contrarreloj por razones irrelevantes para este post… ha supuesto estrujar aún más los límites de noches y fines de semana ya comprimidos por la agenda laboral ordinaria. He llegado a estar al borde del arrepentimiento… pero ya está. Hoy me alegro de haber llegado hasta aquí.

¿Que cómo ha sido? Pues verán, claro que he trabajado la teoría de la calidad en las organizaciones, su papel estratégico, su significado más profundo y sus implicaciones en el conjunto de la actividad empresarial… También me he asomado brevemente a lo que creo que será el significado de la calidad en el mundo que nos viene. Pero lo que de verdad he tratado de transmitir, en un tiempo siempre limitado para alumnos que aún deben descubrir significados esenciales, es que hay formas de entender el trabajo en las que merece la pena creer.

En un mundo de información accesible, no era teoría lo que podía ofrecerles como valor, sino la vivencia de una forma de entender la gestión que creo que es profundamente respetuosa con la condición humana, con la nobleza de su afán de superación, con la posición de servicio hacia los demás, con la inquietud permanente por mejorar las cosas y, en definitiva, con la mezcla indefinida del sentido humano del trabajo y del orgullo por lo bien hecho.

Me he acercado al borde emocional, sí… a la periferia (o al centro oculto) de las realidades empresariales. Cuando te muestras abiertamente entre casi 20 personas que ambicionan dar un paso decisivo en su carrera profesional o en su empleabilidad, pero que al mismo tiempo se intuyen ya iniciados en un cierto escepticismo, ofrecer algo valioso pasa por ahí: por hablar de lo que, tras casi 25 años de cotizaciones, crees que es importante.

Incluso aunque, por las incompetencias, incoherencias y limitaciones que inevitablemente cada uno arrastramos, escribir públicamente los párrafos anteriores suponga ya una invitación a la crítica.

Uno de los libros que les he recomendado es “La nueva gestión de la fábrica”, de Kiyoshi Suzaki. El libro desgrana en sus casi 500 páginas los conceptos básicos de la calidad total, metodologías, herramientas e ideas-fuerza, pero muchas veces lo hace de forma que, al leer sus párrafos, sales con facilidad del entorno industrial en que se fundamenta para traducir sus textos, en paralelo e inevitablemente, a la visión más global de la gestión empresarial.

Pero Kiyoshi Suzaki es japonés. En la página 371, a falta de más de 100 y tras afirmar sorprendentemente que ya casi ha terminado el libro, introduce un pequeño capítulo que titula “El rocío y la luna”, que les invito ahora a leer:

“Ya seamos presidentes, directivos, personal auxiliar, supervisores u operarios, y hayamos trabajado juntos antes o no, en nuestro interior creo que todos tenemos algo en común. Ya sea nuestra voluntad o nuestra creatividad u otra cosa, al igual que nuestra orientación al genba, en cuanto intentemos describir “tal cosa” con palabras y modelos, podemos perder su esencia. Como la lógica y las palabras sólo son una interpretación de la realidad, sólo podemos probar, refinar y compartir estas ideas. Éste puede ser el meollo de la gestión de la fábrica.

Con todo, después de intentar transmitir la esencia de la gestión de la fábrica en este libro, la analogía que me viene a la mente es la luna brillando en el cielo y el rocío en la hierba que refleja la luna en cada gota. La luna refleja el valor básico; las gotas de rocío representan a las personas que comparten ese valor. Como cada ser humano es valioso, con independencia de cuál sea su destino, cada uno de nosotros es una gota de rocío. Dentro de cada uno de nosotros tenemos algo que es el núcleo de nuestro ser. Y si estamos atentos y no tenemos la cabeza llena de preocupaciones, tal vez podamos ver también la prueba de ello en nuestra fábrica.

Mirando la luz reflejada en las máquinas, hablando con las personas y sintiendo su energía y percibiendo las cosas que han contribuido al funcionamiento de nuestra fábrica, espero que podamos hallar en ellas la belleza, la verdad y el espíritu de las personas.”

Entre las páginas del libro aparecen otros aspectos que puede que muchos de ustedes no ubicaran entre lo esencial del significado de la calidad total, pero que son su alma. Suzaki cierra el texto con un epílogo en el que transcribe un poema póstumo de un poeta japonés, Kenji Mijazawa, titulado “Soportar la lluvia”:

He dedicado parte de los últimos minutos del curso a leer en voz alta estos textos… y me han emocionado. A veces, me pongo un poco tonto. Quizá coincidan conmigo en que el poema final describe simplemente a un ser humano. Vaaaale, se lo concedo… a un ser humano bueno, incluso discutible e imposiblemente bueno… pero pueden descubrir ahí a una de las personas de la fábrica, aunque a mí mismo me costó verlo.

Y las empresas, ¿no son sino obra y esfuerzo de seres humanos? Pues convendría no olvidarlo.

He cerrado con un clásico que me sigue impresionando: el discurso de Steve Jobs (desgraciadamente hoy de nuevo de actualidad por su salud) en la ceremonia de graduación de Stanford de 2005.

Creo que el vídeo ya ha pasado alguna vez por esta bitácora, pero es que… oigan, no me canso de volver a escucharle.

Escribo esta entrada desde el disfrute de esas 10 horas como profesor primerizo, antes de que la valoración que los alumnos hagan desde su percepción de mi intento pueda introducir un poso de decepción por la ventana…

Que no creo.

Pero si así fuera, al menos he reverdecido este mensaje simple:

“Stay hungry. Stay foolish”.

Están invitados.


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