En los casi 70 posts que a lo largo de año y medio han ido dando forma a este blog, va a ser la primera vez, aunque sea de forma indirecta como verán, en que me refiera al negocio de mi empresa.

El viernes pasado se presentaba en sociedad el proyecto de la Corporación MONDRAGON para diseñar y fabricar un vehículo eléctrico tipo “city car“.

La rueda de prensa tuvo la esperada cobertura de los medios tradicionales (prensa y televisión), aunque me da que la única información “oficial” directa de la Corporación en la red a día de hoy, un anuncio previo a través de Twitter, también fue una muestra de que sus (nuestros) canales de la web social recientemente abiertos (Vimeo, Flickr, Twitter, LinkedIn, SlideShare y Delicious), aún necesitan entender que la inmediatez importa… si se aspira a tener algo que hacer en la construcción de la imagen y reputación corporativas.

Pero vamos al post… que no va de eso.

Quizá esto les sorprenda, pero el proyecto tiene, a mi modo de ver, una gran importancia por varios factores que son independientes incluso de que ese coche acabe o no por fabricarse industrialmente y por recorrer nuestras calles… que espero que sí.

Destacaré tres.

El primero es que es un proyecto desarrollado en cooperación. En el camino que lleva recorrido, en el proyecto Citycar han participado ya personas de casi 30 organizaciones, incluyendo cooperativas industriales, centros tecnológicos y de diseño y la universidad del grupo, además de Lotus Engineering como socio tecnológico.

Prácticamente la totalidad de los proyectos de emprendizaje en que nos estamos embarcando son proyectos en cooperación, donde el mundo es el lugar más pequeño que hemos encontrado para hacernos con compañeros de un viaje… “glocal“.

El mundo es co-;-)

El segundo es que, más que un proyecto de fabricación de un vehículo eléctrico, lo que se ha puesto en marcha es un “proyecto tractor”.

El propósito de afrontar un “vehículo eléctrico” al completo es sobre todo una idea tractora que pretende ser el polo que aglutine voluntades y recursos de las cooperativas relacionadas con el automóvil en un conglomerado tan peculiar como el de MONDRAGON.

Un cambio de estrategia sustentado en experiencia acumulada por cada cooperativa del sector de automoción y en un conocimiento disperso que hasta ahora, curiosamente, encontraba difícil alinearse entre estrategias y prioridades marcadas desde el campo del negocio de cada uno.

El concepto de “proyecto tractor” puede permitirnos visualizar con claridad las oportunidades de negocio que para cada uno tiene embarcarse en una empresa común… y se pretende extender, más allá de automoción, como estrategia corporativa para otros sectores en los próximos años. El caso del Citycar podrá, además, servir a la innovación y al diseño de nuevos componentes y soluciones para el automóvil, puesto que constituirá el mejor “demostrador” que uno pudiera desear: un vehículo.

No quiero pecar de visión endógena: no somos los únicos en impulsar “proyectos tractores”, claro.

Actualmente nos hemos desenganchado, pero estuvimos también embarcados en el arranque del proyecto Hiriko, que hoy sigue su propio rumbo auspiciado por DenokInn, promovido desde AFYPAIDA y soportado tecnológicamente en Epsilon Euskadi como centro tecnológico y en los desarrollos del MIT Media Lab. Pero más allá de Hiriko, lo que DenokInn impulsa son “proyectos-país”, un concepto en dirección similar pero en clave de territorio, proyectos en torno a los cuales se crea a medio y largo plazo tejido industrial y económico, que produce riqueza… y empleo.

Creo que los principales grupos industriales del país están desde hace tiempo preparados para poner ambición en papeles más relevantes que el de buenos fabricantes. No es difícil encontrar ejemplos de ese salto en el mundo de los servicios o de la energía, por poner casos que resultan claros sin dar nombres, pero no hay demasiado a donde agarrarse en el terreno fabril.

Así que es el momento de salir de la crisis con ambición empresarial, de dejar de poner muy bien las piedras… para atreverse a construir las catedrales.

Desde mi punto de vista, también los recursos de financiación y el apoyo público deberían contemplar esta estrategia, para facilitar un salto que se me antoja imprescindible para los próximos 20 años en esta economía globalizada que pone a las actividades de fabricación en occidente en la tesitura de encontrar su significado. :!:

El tercero y último de los factores que creo interesante destacar es que el proyecto comienza por una importante inversión en ingeriería y diseño.

No son frecuentes los casos de empresas de mi entorno que hayan comprometido inversiones relevantes en intentar aumentar significativamente el conocimiento de las personas.

Encontrar un aliado con el que cooperar en ello porque los intereses confluyen y no compiten no es sencillo, pero buscarlo debiera ser un “must” de la actual estrategia empresarial. Desde la tecnología, desde el diseño… y desde la ciencia, orientando la actividad investigadora universitaria, apalancando sus medios, hacia investigación aplicada y la innovación. :idea:

Sólo me queda una pequeña inquietud (¿desazón?) personal en este asunto: sigo sin ver cómo se generaría todo esto desde un mundo de [no] empresas… así que habrá que seguir trabajando en transformarlas desde dentro. :-)

______

Les dejo con lo que está siendo la principal contribución de mi cooperativa (no la única) a este proyecto tractor: rediseñar este motor de Lotus, con Lotus, para hacerlo industrialmente fabricable…

¡Que no, que no…!

Sin aburrirles con la diferencia entre un eléctrico, un híbrido, sus subtipos y la función de un motor “range extender“, trataré de traducirlo mejor…

[ Les dejo con lo que está siendo la principal contribución de mi cooperativa (no la única) a este proyecto tractor ]: pasar de ser sólo un buen fabricante de componentes… a invertir en función, a invertir en conocimiento.

Comienzo por una declaración… y una petición.

Realmente, no conozco la legislación aplicable a la protección de derechos de autor o de la propiedad intelectual y, como me interesa tirando a poco, no he dedicado suficiente tiempo a informarme sobre el marco legal establecido al respecto. Tampoco sé de tecnología digital. Pero escucho… y reflexiono.

Ergo… para variar, pido a los amables lectores que vayan a seguir adelante con la lectura de este post que se centren en las ideas y no en los datos (que en esta ocasión considero no van a ser relevantes para mis opiniones) y que disculpen si en algún caso cometo con ellos algún error de bulto, que no será intencionado.

Vamos a ello.

EL MANIFIESTO (“En defensa de los derechos fundamentales en internet”).

Estas “vibraciones” arrancan con la masiva publicación, difusión y adhesión pública a este manifiesto que, a raíz de la posibilidad de que el estado arbitrara fórmulas por las que un ente administrativo sin control judicial pudiera proceder al cierre de páginas web (impulsada por la ministra Ángeles González-Sinde en el marco del anteproyecto de ley de “economía sostenible”), estallara inundando internet (e incluso luego los medios de comunicación tradicionales) el pasado 3 de diciembre.

No voy a reproducir el manifiesto aquí porque este artículo ya va a ser bastante largo y porque ha sido profusamente distribuido… pero me sumo a él. Me sumo globalmente porque globalmente lo comparto, a pesar de que en él se pueden encontrar puntos que para mí son indiscutibles (1-2-7-8), puntos que apoyo sin ambages (9-10) y puntos en los que caben opiniones y matices, pero que también comparto (3-4-5-6).

Si esto es Matrix, esperaré a que alguien me ofrezca píldoras. Pero si interpreto lo que veo de forma más o menos próxima a la realidad, internet es hoy un espacio de libertad increíble, pero sobre todo… tiene un potencial de transformación del hecho social en libertad enorme, aún más increíble… y con posibilidades aún sin explotar de que se desarrolle al margen de un control férreo de los estados. Probablemente, como nunca antes en la historia.

Así que supongo que por eso preocupa a los que legislan y a los que gobiernan… y supongo también que por eso estamos asistiendo con creciente frecuencia a múltiples intentos en la Unión Europea y en sus países miembros de impulsar mecanismos de control sobre la red, desde múltiples frentes.

La neutralidad de la red de comunicaciones y el control judicial de toda suspensión de actividad que pudiera afectar a derechos fundamentales son claves para la conservación de la libertad en la red y, en mi modestísima opinión, deberían ser asumidos universalmente como principios simples de salud democrática.

EL PRINCIPIO FUE EL CD (o la información se hace digital).

Es que se veía venir…

Mis primeros y adolescentes contactos con la música se relacionan con las cintas de cassette. Comprar un radiocassette era asequible para las familias medias no solo por el precio sino por el poco espacio que requería (nótese la ventaja de llevar sus altavoces integrados) y por la portabilidad que te permitía llevártelo hasta de vacaciones.

La llegada del cassette hizo que “salida de auriculares” o “entrada de audio” fueran términos que se incorporaran al lenjuaje coloquial… y que los cables empezaran a tener otro sentido más allá que el de conectar un aparato a la corriente eléctrica.

¿Recuerdan aquellas horas gastadas en conectar dos aparatos con la cinta de un amigo, o cómo rebobinábamos ya entonces hasta encontrar el comienzo de cada tema que nos gustaba para copiarlo, en lo que fue la primera vez que el usuario podía configurar un producto (una cinta) con lo que realmente le interesaba y no con el paquete que le vendían en la tienda?

Visto con la perspectiva de hoy, el cassette no sólo supuso una revolución por el hecho de que por primera vez se posibilitara de forma extremadamente barata aunque insufriblemente lenta la copia privada de música (luego también datos), sino que, algo que hasta hoy me había pasado desapercibido, también significó la primera oportunidad de creación casera de contenidos sonoros archivables y reproducibles.

Me asoma la sonrisa pensando cómo grababa guitarra de acompañamiento, por ejemplo, en una cinta… y cómo la reproducía luego en un aparato y cantaba y tocaba punteos, grabando todo a la vez en otro, como pura diversión hogareña. Incluso llegué a realizar un tercer ciclo cargando la batería… :-)  

¿Significó el cassette la desaparición del soporte anterior, a causa de estos cambios revolucionarios?

Pues… no. Aún guardo en casa (y escucho de vez en cuando) “viejos” vinilos de cuando pude empezar a gastar mi dinero en música y mi oído ya exigía calidad… Porque la aparición del cassette significó más la popularización y la extensión del disfrute de la música (la calle, el colegio, la playa, el coche…) que la sustitución del disfrute más íntimo del salón de casa, que siguió reservado al disco de vinilo durante muchos años, hasta que las pletinas de cassette pudieron ofrecer niveles de calidad y de reducción de ruido aceptables.

¿Significó una amenaza para la industria discográfica?

Pues… tampoco. Todo lo contrario, porque en realidad el negocio de la música creció extraordinariamente. El deterioro del soporte era relativamente rápido, la calidad de copia era mediocre y el proceso tan lento, que no se podía aplicar a escala industrial. Así que no tardaron en comercializarse equipos con doble pletina, en un curioso precedente de mercado que animaba a la copia.

Pero… llegó el CD.

Portabilidad aplicada a una calidad extraordinaria, reducción de consumo de espacio…

Una maravilla que supuso un cambio trascendental en el mercado de la música: el CD mató al vinilo… y la industria lo hizo conscientemente, porque, entre otras cosas, ofrecía un potencial de reducción impresionante de los costes de producción y comercialización.

Pero, ¿qué hizo la industria con los consumidores? Pues déjenme decirles… que engañarnos. Aprovecharse de la creciente demanda para, literalmente, “forrarse”.

Siempre me pareció un escándalo que la salida del CD al mercado fuera a un precio superior al del vinilo, aprovechando su mayor calidad y la novedad, pero explotando al consumidor en el fondo porque los costes eran (e iban a ser) claramente inferiores. Por añadidura: ¿no les resulta sospechoso que los precios de todos los CD fueran durante muchos años uniformes en el lanzamiento, independientemente del artista, del estudio de grabación, de la casa discográfica, de la calidad del producto o de los complementos que añadían? ¿Es eso un mercado de libre competencia… o un lobby que tácitamente fija un precio de referencia?

Yo, que trabajo en el mercado de automoción, aprendí hace tiempo que si el mercado es libre es él el que fija el precio, de forma que, si el fabricante quiere obtener beneficio, sólo puede actuar sobre los costes.

Pues el mercado de la música, no sé por qué extraño motivo, escapó de esta máxima incuestionable en otros.

Pero la digitalización de contenidos y el desarrollo tecnológico que supuso la utilización de un haz de luz (el láser) como elemento de lectura y transporte de información (el sonido) sin soporte físico, cambió el mercado para siempre… en otros sentidos a los deseados por la industria discográfica: la copia casera reproducía fielmente la calidad del original, se podía copiar de forma industrial casi en la sala de estar y a un coste despreciable y, sobre todo, la información, la música (o luego la imagen o los datos)… podían transportarse, copiarse o intercambiarse de forma privada a través de un hilo telefónico.

Sólo era cuestión de tiempo que la tecnología y la banda ancha invadieran el mercado y que se desarrollaran de forma extraordinariamente eficiente, pero la industria de contenidos no lo vió. Se aferró defensivamente a un mundo privilegiado en el que había estado viviendo en la abundancia y con la sensación de control absoluto, donde la competencia estaba en quién se hacía con el glamour o en quién se hacía más grande… y no en respetar al cliente.

Así que no me dan pena. De aquellos fangos… vienen estos lodos.

EL CASO iTUNES (y similares).

Salgamos del pasado. Saltemos al mundo actual donde parece que la ley de la selva impera en la copia de contenidos. El modelo de negocio de Apple con iTunes ha sido divulgado, comentado, explicado… ensalzado hasta la saciedad como un modelo innovador, viable y alternativa “legal” al modo de hacer negocio tradicional en el mundo de la música.

Pues déjenme decirles que a mí me parece un modelo con rasgos inadmisibles. Un modelo que peca de muchos de los mismos defectos que tenía el antiguo mercado de los CD’s, que ha sido fruto de acuerdos con las multinacionales de contenidos que creen que es una forma, de nuevo, de controlar el mercado. Y por las mismas razones, creo (y espero) que tenga un futuro bien distinto al que hoy conocemos.

Me explico…

¿Qué les parece que una canción comprada en iTunes cueste 0’99 $ en US o 0’99 € en Europa?

Eso no es lo mismo, ¿no?

Pero… si los costes de producción son los mismos, los costes de distribución son los mismos, los costes de promoción son los mismos, los costes de comercialización son los mismos y los derechos de autor sólo son unos… ¿por qué el precio es distinto cuando el mercado es único y el canal de distribución (la red) también?

A mí me parece intolerable. Un nuevo engaño al consumidor. Una repetición de un mercado no libre, manejado por un lobby y no por las leyes del libremercado, con precios que extrañamente resultan independientes del artista, del estudio de grabación, de la casa discográfica o de la calidad del producto. Entre el monopolio y el oligopolio. ¿Por qué no intervendrán los organismos de defensa de la competencia?

Así que, a pesar de lo cool y de que me caen bien los de la manzana… si se les cae el “chiringuito” tampoco me darán pena.

Por el bien de Apple, que me parece una empresa que crea el futuro, espero que no “se duerma en los laureles” (como hicieron las discográficas) y que esté ya construyendo el nuevo modelo. Porque de estos fangos… no pueden sino venir similares lodos.

GOOGLE, MICROSOFT Y EL OPEN SOFTWARE (o las cosas que no entiendo).

Ya que el problema de la llamada “piratería” (volveré al final a este concepto) se extiende a toda la industria de contenidos, voy a pasearme un poco por el mundo del software para plantearles una cosa que no entiendo, o que les mostrará alguna “neura” torcida que debo tener por aquí dentro.

Para la industria en general, e incluso para el trabajo desde casa o en casa, los precios de los productos de Microsoft son una carga relevante. Para una empresa que desea universalizar el acceso digital a todos sus trabajadores, una fuerte barrera. El modelo de licenciamiento de Microsoft (extendible a cualquier otra empresa de software), los costes de mantenimiento, la política de lanzamiento de nuevos productos solo compatibles o explotables en toda su potencialidad con actualizaciones de otro software base como el Office… deja en el consumidor una imagen de abuso del mercado.

No me entiendan mal. Al fin y al cabo, los productos de Microsoft son creaciones o integraciones suyas, no es como en la música… y de sus ingresos depende su capacidad de desarrollo. Microsoft lo ha hecho bien desde un punto de vista estrictamente empresarial. Como Apple. Pero la necesidad de interoperabilidad en un mercado global, de compatibilidad de los soportes de contenidos, ha conducido a una situación de casi monopolio de soluciones Microsoft en los mercados industriales. Y la desaparición de un monopolio (¿me repito?)… da cualquier cosa menos pena, ¿no?

En mi opinión, la solución debería venir por un aumento real de la competencia, no por regulaciones restrictivas o proteccionistas, pero en esta situación de práctico monopolio, la aparición de un nuevo entrante es francamente difícil.

Ahora bien, parecía que podía emerger una amenaza real para el MS Office, el Open Office u otras soluciones similares, pero la realidad es que entre ambas propuestas hay problemas de compatibilidad que hacen que en algunos mercados (el de automoción, por ejemplo), los temores a problemas superen a las ventajas de coste.

Pero… pero bueno…

¿Me quieren hacer creer que entre los miles de extraordinarios desarrolladores de software ligados, por ejemplo, al software libre o a la industria de videojuegos, no hay capacidad de desarrollar productos 100% compatibles con el Office de Microsoft?

¿En este mundo, en el que las copias perfectas de casi cualquier cosa aparecen como por arte de magia?

Vamos, vamos… Que no me lo creo.

¿O seré demasiado malpensado? ¿Será todo esto una “neura” mía?

Más que abrir una competencia verdadera, creo que la única amenaza real vendrá por un cambio radical del mercado: el cloud computing. La diferencia, creo, es que Microsoft sí lo sabe… que la guerra entre bambalinas con Google va por ahí.

¿CULTURA? ¿ARTE? (¿o producción audiovisual?).

Conviene distinguir entre arte, cultura, producción artística o cultural… Lo mezclamos todo y luego, creo, no distinguimos bien.

La cultura es el conjunto de modelos que una comunidad asume o muestra como patrones de relación y de comportamiento social. Lo que valora y lo que denigra, lo que aprueba y lo que critica, lo que está en la raíz de sus comportamientos y sus reacciones más reconocibles.

Dicho de otra manera, no es más cultura la música pop editada este año que los paseos por el Arenal y el mercadillo de la Plaza Nueva de mi querido Bilbao, o que, digamos por caso, Agosto como referencia mayoritaria del “cerrado por vacaciones“, ¿no es así?

Sin embargo, por no sé qué razón, los estados han identificado la cultura con las manifestaciones artísticas y, por añadidura, han derivado su actuación en la protección o promoción de las mismas a través del gasto público o la subvención a las iniciativas privadas relacionadas con el arte.

El arte es expresar emociones, transformarlas en un soporte que otras personas puedan disfrutar. Y por disfrutar de la autenticidad de una obra artística, las personas pagamos dinero y el artista puede aspirar a convertir su actividad de traductor de emociones en un modo de vida.

Pero… ¿quién pagaría lo mismo por ver una copia, una reproducción?

Incluso el pagar por ver un museo de reproducciones artísticas cobra sentido porque te garantiza “copias artísticas” (por ejemplo copiadas por otros artistas directamente del original) y por el marco en que las presenta, pero el pago es infinitamente más modesto y sobre todo… el número de personas que están dispuestas a pagar disminuye una barbaridad.

Pues si trasladamos esta lógica al mundo actual de la música… es que el modelo no se sostiene. Un cantante debería cobrar fundamentalmente por cantar, no tanto por la venta de copias a cuya promoción dedique la mayoría de su tiempo. Y otra cosa: ¿veríamos un programa de televisión en el que un pintor hiciera-como-si-pintara uno de sus cuadros ya conocidos… 10 ó 20 veces? Pues eso sería un play-back ¿no?

¿A alguien le han pedido derechos de autor por colgar una fotografía o una litografía copiada de un cuadro de Murakami en su despacho… o en su cafetería? Si una comunidad pone en su portal una hortera copia del Puppy del Museo Guggenheim Bilbao, ¿les vendrán a pedir derechos de autor o de imagen?

Otra cosa sería que quisieran venderlas…

A lo largo de la historia ha habido artistas reconocidos y marginados, artistas que han alcanzado fama en vida y otros que han cobrado relevancia sólo tras su muerte, artistas que han vivido medio bien y otros que se dedicaron meramente a malvivir. Pero el arte nunca ha prometido nadar en la abundancia, como hoy, a tanta gente corriente, no excepcional. Como en el fútbol, es la producción industrial del arte y del espectáculo la que ha creado un mundo de explotación de emociones y pasiones, germen de un mastodonte económico que, en demasiadas ocasiones, resulta hasta moralmente reprobable.

Así que… si es la industria musical o audiovisual la que está moviendo sus intereses, si no hablamos de arte sino de producciones artísticas… ¿por qué debe ocuparse de ello el estado? ¿Por qué proteger un simple modelo de negocio privado?

Y si nos fijamos en los artistas, pensemos.

Imaginemos que el precio legal de descarga de una canción por la red fuera 10 veces menos que en iTunes: 0’1 €. Hagamos su “cuento de la lechera“: en mi opinión, esto haría que la gente, con descargas de alta calidad garantizada, se olvidara mayoritariamente de las web “piratas”.

Pues con ese modelo, un cantante que prescindiera de la discográfica para distribuir su música, con 50.000 descargas de un sólo tema ingresaría en un año 5.000 €… ¿No creen que es más que de sobra para una sola canción? Si produjera 8 ó 10 buenas canciones en un año (que a ese precio seguro que se descargaban) le garantizarían sólo por ese concepto más ingresos que a un médico o un ingeniero, ya descontados gastos de edición, que hoy pueden abaratarse mucho. Si le sumáramos los ingresos por conciertos, que serían los más importantes y los que le permitirían pagar a sus músicos… ¿no creen que “va sobrao” el modelo?

Claro que si el artista no llega a ello, si su nivel de relevancia no le permite alcanzar esas cifras… pues señores, como los demás: pura clase media. Y a correr.

EL ARTE DEL DISEÑO INDUSTRIAL (y el arte de un powerpoint).

Hay un diseño industrial protegido, básicamente el relacionado con el diseño de productos de consumo o con la propiedad intelectual del diseño de nuevos productos. Hay arte, hay belleza y recorrido estético en ello, aunque se trate de un diseño de un componente puramente industrial.

Creo que la propiedad intelectual del diseño sobrevivirá muchos años aunque sus formas cambien. Es la clave necesaria de muchos modelos de negocio (no se pierdan este vídeo a contracorriente). De hecho, creo que hay territorios (vean un extraordinario ejemplo en publicidad) en los que suceden cosas realmente increíbles que no parece ético que sucedan sin más…

Pero verán… Sin falsas modestias, yo puedo ser bastante bueno elaborando presentaciones en PowerPoint y les aseguro que en algunas de las que he preparado había auténtico arte: toda una historia con un consistente story board para enganchar a un público y transmitir una idea con emociones.

Con frecuencia copian mis diseños, “mutilan” mis presentaciones para reutilizarlas… y la verdad, nunca se me ha ocurrido pedir derechos de autor. Pues voy a hacer una consulta en la SGAE, a ver si pillo algo. Quién sabe… ;-)

SE LO HAN GANADO A PULSO (creo yo).

Sin más. Por “abuso de posición dominante” en el sentido literal del término.

¿Se han fijado? Casi no he hablado de “piratería”, pero es que “piratería” significa, a mi modo de ver, lucrarse con el esfuerzo y la creatividad de otros, secuestrando y vendiendo (que no distrutando) la capacidad de traducir emociones de otros: de los creadores.

Y esa “piratería”… pues sí, esa sí debe ser ilegal.

Aunque haya algunos que sigan sin enterarse de qué va esto…

vasoraroLa noción de “diseño” ha invadido la producción y comercialización de absolutamente todos los productos que se ofrecen al consumo…

Estos días andaba yo buscando ideas para un regalo de cumpleaños. No hablo del regalo principal, sino de uno de esos objetos o complementos asequibles que uno puede comprarse por sí mismo un día cualquiera porque le gustan o porque le vienen simplemente bien, pero que puede ilusionar mucho recibirlo por el sencillo hecho de que quien te lo regala… es que ha estado lo suficientemente atento a ti como para haberlo advertido.

El hecho es que tenía un par de buenas ideas de objetos que quería que fueran simples, “de los de toda la vida”. Esperaba encontrarlos con facilidad: “de esto, seguro que encuentro enseguida”, me dije.

Error. Casi imposible. Y no es la primera vez, aunque por lo que se ve no aprendo…

El diseño lo llena todo, el afán de diferenciación uniformiza la variabilidad. Lo “normal” es que no encuentres cosas “normales”.

Es muy típico ya ese reclamo de un teléfono móvil que sólo sirva para hablar, pero les propongo dedicar un par de horas a encontrar las siguientes cosas cotidianas:

  • Unos pendientes rojos, que no sean de pinza ni de colgar… de los clásicos, una simple bola un poco grande con tornillo o similar, para adultos.
  • Unos calcetines marrones, de algodón, que no tengan fibra de “elastán”, “elastín” o “elastón”… ni marcas ni dibujitos ni letreros visibles.
  • Una bufanda de lana, lisa, verde botella, de una longitud normal… que permita llevarla cruzada dentro de una chaqueta o abrigo sin que llegue al suelo.
  • Cuadernos de hojas cuadriculadas, tamaño folio, de espiral… con portadas lisas azul, verde, roja, amarilla…

¿Les parece sencillo encontrarlos? Pues hagan la prueba. A mí me ha costado dos horas de un día y tres de otro encontrar un comercio en el que conseguir realmente uno de los de esa lista.

vasonormalNo hablo de minimalismo. El mimimalismo responde obviamente a sus propios cánones de estética, es diseño puro. Me apetece elogiar ese diseño limpio que hay en las cosas cotidianas, que nació hace años en buena medida derivado de su utilidad.

Por eso un día como hoy me da por pensar que un comercio donde se puedan encontrar cosas “normales” tendría su nicho.

“Oiga, sí, son vasos normales, de los de toda la vida. No tienen nada especial, pero tampoco defectos funcionales ni aparentes: sirven para beber y le durarán una buena temporada”.

Me encanta el diseño, disfruto mucho del placer de las diferencias y de los objetos que excitan los sentidos, pero… buff… de vez en cuando, qué descanso…

Quizá les sorprenda este post, sin enlaces, sin temas profesionales, sin conclusiones sesudas ni opiniones personales derivadas de la experiencia, pero qué quieren… me lo pedía el cuerpo al entrar en casa. Por eso quizá mañana mismo no sea capaz de firmar debajo. Pero cada vez soporto peor la banalización del diseño. Porque me ha dado por pensar que además de a los objetos… podría extender la misma reflexión a otras cosas.

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