Day: 12 marzo 2009

Reflexiones: privacidad e identidad

identidad2De entre los animales de red, pocos habrá que no hayan reflexionado sobre ello y pocos los que no lo hayan abierto al público. Pocos los que no tengan anécdotas personales o próximas que relatar. Pocos los que no se hayan planteado cómo actuar para mantener la privacidad de la información sobre el mundo más personal de cada uno, sobre cómo gobernar los flujos de la parte de información que quiero compartir pero con límites, la que no quiero dejar al libre capricho del hiperenlace y, sobre todo, al uso molesto (no digamos ilícito o éticamente reprobable) de nuestra propia identidad.

No es sitio éste donde teorizar, ni este modesto escribidor de reflexiones quién para hacerlo.

Basta una breve navegación para encontrar excelentes y autorizadas fuentes de información y opinión sobre ambos asuntos… y sobre los miedos fundados e infundados que generan alrededor.

He hecho la prueba. Empezando por mis «observados», para no pensar: David Sánchez, Julen Iturbe, Dolors Reig, Mario Dehter… Sólo ejemplos desde perspectivas diferentes, alguna bastante divertida.

ctrl_esc4Hmmm… ¿Lo han notado?

Lo acabo de hacer: personas citadas en contextos sobre los que no tienen control. Información nuestra que escapa de nosotros, bien directamente, bien porque se introduce en un marco relacional en el que no es evidente que nos apetezca estar.

Intuyo que las preguntas que me hice cuando abrí mis cuentas de infonomia, Facebook, Twitter, Xing, LinkedIn o Delicious (¿quieren más?) son un fenómeno universal. ¿Mi identidad verdadera… o voy de secreta? ¿Qué información pongo? ¿Cuál no? ¿Qué dejo visible? ¿Qué oculto? ¿Pongo imagen en todos los sitios? ¿Qué imagen? ¿Dejo que lean mis datos… o me quedo sin aplicaciones? ¿Soy activo y riego mi perfil por infinitos lugares… o pasivo y limitado a observar?

Progresión de preguntas que seguro han recorrido si son fieles servidores de la red.

¿Han llegado al mismo punto que yo?: me rindo.

He comprado por internet, he solicitado tarjetas de fidelización en tiendas de moda, supermercados, líneas aéreas o librerías, he abierto no-sé-ya-cuántas cuentas de cliente en webs de juegos infantiles, aparatos electrónicos, revistas o viajes, he dado mis datos para sorteos del súper, el colegio de los niños, clubs de ocio o polideportivos, he solicitado correspondencia electrónica para colegios profesionales, bancos o tiendas, he registrado productos comprados en los correspondientes servicios de garantía… Sólo por mi actividad profesional, literalmente miles de personas han tenido acceso a mi nombre completo, móvil, e-mail, cargo y empresa… incluso foto (y no soy consultor, ni comprador, ni comercial).

Y todo eso… antes de estar dentro de cualquiera de las redes sociales (¡incluso antes de la LOPD!).

¿Qué es diferente, entonces, en el fenómeno de las redes sociales y los comportamientos 2.0? Me respondo: hiperconectividad exponencial… e intimidad al descubierto más allá de datos personales.

He conseguido salvar una isla (mi familia no está en mi red) de la única manera que veo posible: no empezando. Creo que he llegado tarde para ganar el resto de la guerra. Son grandes y sobre todo muchos. Les reconozco competencia, determinación y persistencia. Sólo pensar en pelear por mantenerme al margen me desgasta, así que me quejaré cuando proceda, pero mientras tanto… me declaro rendido antes de empezar. «Esc» corre más que «Ctrl».

Y pensándolo bien, no tengo hoy por hoy una marca personal que defender, ni un trabajo del que vea beneficios en suplantar mi identidad. Así que, amos de la red, hagan con lo que les he dejado lo que quieran… siempre que sea legal.

Quizá me arrepienta pronto: un caso cercano de suplantación ilegal de identidad ha traído mi reflexión al blog. No les recomiendo que sigan mi ejemplo.

Tampoco lo contrario…