Reflexiones: privacidad e identidad

identidad2De entre los animales de red, pocos habrá que no hayan reflexionado sobre ello y pocos los que no lo hayan abierto al público. Pocos los que no tengan anécdotas personales o próximas que relatar. Pocos los que no se hayan planteado cómo actuar para mantener la privacidad de la información sobre el mundo más personal de cada uno, sobre cómo gobernar los flujos de la parte de información que quiero compartir pero con límites, la que no quiero dejar al libre capricho del hiperenlace y, sobre todo, al uso molesto (no digamos ilícito o éticamente reprobable) de nuestra propia identidad.

No es sitio éste donde teorizar, ni este modesto escribidor de reflexiones quién para hacerlo.

Basta una breve navegación para encontrar excelentes y autorizadas fuentes de información y opinión sobre ambos asuntos… y sobre los miedos fundados e infundados que generan alrededor.

He hecho la prueba. Empezando por mis “observados”, para no pensar: David Sánchez, Julen Iturbe, Dolors Reig, Mario Dehter… Sólo ejemplos desde perspectivas diferentes, alguna bastante divertida.

ctrl_esc4Hmmm… ¿Lo han notado?

Lo acabo de hacer: personas citadas en contextos sobre los que no tienen control. Información nuestra que escapa de nosotros, bien directamente, bien porque se introduce en un marco relacional en el que no es evidente que nos apetezca estar.

Intuyo que las preguntas que me hice cuando abrí mis cuentas de infonomia, Facebook, Twitter, Xing, LinkedIn o Delicious (¿quieren más?) son un fenómeno universal. ¿Mi identidad verdadera… o voy de secreta? ¿Qué información pongo? ¿Cuál no? ¿Qué dejo visible? ¿Qué oculto? ¿Pongo imagen en todos los sitios? ¿Qué imagen? ¿Dejo que lean mis datos… o me quedo sin aplicaciones? ¿Soy activo y riego mi perfil por infinitos lugares… o pasivo y limitado a observar?

Progresión de preguntas que seguro han recorrido si son fieles servidores de la red.

¿Han llegado al mismo punto que yo?: me rindo.

He comprado por internet, he solicitado tarjetas de fidelización en tiendas de moda, supermercados, líneas aéreas o librerías, he abierto no-sé-ya-cuántas cuentas de cliente en webs de juegos infantiles, aparatos electrónicos, revistas o viajes, he dado mis datos para sorteos del súper, el colegio de los niños, clubs de ocio o polideportivos, he solicitado correspondencia electrónica para colegios profesionales, bancos o tiendas, he registrado productos comprados en los correspondientes servicios de garantía… Sólo por mi actividad profesional, literalmente miles de personas han tenido acceso a mi nombre completo, móvil, e-mail, cargo y empresa… incluso foto (y no soy consultor, ni comprador, ni comercial).

Y todo eso… antes de estar dentro de cualquiera de las redes sociales (¡incluso antes de la LOPD!).

¿Qué es diferente, entonces, en el fenómeno de las redes sociales y los comportamientos 2.0? Me respondo: hiperconectividad exponencial… e intimidad al descubierto más allá de datos personales.

He conseguido salvar una isla (mi familia no está en mi red) de la única manera que veo posible: no empezando. Creo que he llegado tarde para ganar el resto de la guerra. Son grandes y sobre todo muchos. Les reconozco competencia, determinación y persistencia. Sólo pensar en pelear por mantenerme al margen me desgasta, así que me quejaré cuando proceda, pero mientras tanto… me declaro rendido antes de empezar. “Esc” corre más que “Ctrl”.

Y pensándolo bien, no tengo hoy por hoy una marca personal que defender, ni un trabajo del que vea beneficios en suplantar mi identidad. Así que, amos de la red, hagan con lo que les he dejado lo que quieran… siempre que sea legal.

Quizá me arrepienta pronto: un caso cercano de suplantación ilegal de identidad ha traído mi reflexión al blog. No les recomiendo que sigan mi ejemplo.

Tampoco lo contrario…

7 comments

  1. Sí, he perdido el control de mi identidad en parte, pero sigo pensando que he ganado mucho a cambio.
    Por ejemplo, la posibilidad de mantener esta conversación o de estar hoy con una decena de personas hablando sobre Innovación Abierta en Ermua.

  2. Totalmente de acuerdo con David. Las ganancias son infinitas en comparación con las pérdidas. Y siempre existen islas quizás no del todo pero sí más privadas “bajo el caparazón” como en cualquier otro ámbito social fuera de la web. Además, si algo tengo clara es la ética de la reciprocidad: si en gran medida gracias a la red creo que es absurdo que políticos, empresas, etc… no trabajen en condiciones de mayor transparencia, no sería lógico que yo, a nivel de ciudadana individual hiciera lo contrario.

    Buena reflexión

    Un saludo

    1. Lo que pasa es que cuando te toca cerca el asunto, vuelves a cuestionártelo, aunque al final concluyas en lo mismo: “a seguir, claro”.
      Imagina que alguien remite un documento con una crítica feroz sobre… Google (pongamos un cercano ejemplo 😉 ), mediante mails personalizados enviados desde tu propia cuenta de correo (imaginemos que mediante la introducción de un troyano igualmente personalizado a tu atención y por tanto fuera del cuidado de los anti-virus).
      Imaginenos que eres el CEO de una empresa y que lo que se remite es una opinión sobre el mercado o la competencia a tus contactos de cliente. O una información teóricamente confidencial aunque sea falsa sobre un competidor.
      ¿Cómo reaccionaría ese CEO, aún analfabeto digital, que últimamente no oye hablar más que de open-todo?
      Es un delito, sí, pero pasa. Es una suplantación de identidad mucho más grave que la de abrir un falso perfil de artista famoso en Twitter. Pero pasa.
      De hecho y como decía en el post, a un conocido hace unas semanas. De ahí mi reflexión.
      Gracias por el comentario.

  3. Me gustó mucho el planteo por que invita a la reflexión y desnuda mitos respecto a los “peligros” (que muchos sostienen) de estar en la web.

    Mis experiencias han sido todas positivas hasta el momento, aunque está bueno conocer estos casos que se plantean como posibles, para que se contemple la totalidad del contexto.

    Gracias por compartir!

  4. Excelente post!!
    Perderle el rastro a nuestra identidad online es, creo yo, asumir un actitud muy taoista o zen (si es que no son lo mismo) en relacion a nosotros mismos.

    La experiencia me ha mostrado (hasta ahora) que cuando uno se entrega al flujo de la red lo gratificante supera con creces a lo que pudiera tener un perjuicio.

    Día a día me doy cuenta que gracias a ello comienzo a interactuar más y más con verdaderos pares con quienes comparto una emoción común, la de estar conectados.

    Por ejemplo, en relación a mi blog, me he dado cuenta que son contados los casos de gente que conozco físicamente que dejan sus comentarios en él y sin embargo, estoy más que seguro que lo leen con mucha frecuencia. Por otro lado, suelo recibir cientos de comentarios de gente que no conozco… entonces: ¿porqué acotar mi vínculo con el resto de la gente al proteger mi identidad online si la gente que abiertamente se interesa por lo que hago está allí afuera…? ¿Se entiende el planteo?

    Más uno se abre al mundo, más uno recibe de quien esta dispuest@ a darte…

    muchos saludos
    Andres

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