Mes: mayo 2009

Personas inquietas: ¿de quién hablar?

inquietosEste va a ser otro post endógeno (el último por una temporada), casi una justificación personal de por qué, cuando empecé este blog hace hoy exactamente 3 meses, decidí que “personas inquietas” iba a ser una categoría específica de la bitácora.

Porque ya sabía que no iba a ser fácil… Mis contactos con “personajes” de la ciencia, la economía, la política, la imagen, el arte, los medios o la red, por poner ejemplos, no han sido muy abundantes ni directos.

Aunque mi actividad profesional ha estado centrada en la empresa industrial casi sin excepción,  sí es cierto que, en ese camino, me he topado con algunas personas con las que he compartido aunque sólo sea el placer de una conversación (con algunas incluso colaboración en proyectos), que me han dejado recuerdos que me apetece abrir… porque creo que definen rasgos que hacen de ellos seres que se compadecen fielmente con la marca de este blog.

Como decía en el tradicional “acerca de” de aquel 28 de Febrero de 2009:

“Mi declaración de intenciones se resume en la palabra “inquietos”: personas que combaten la complacencia con el “cómo son hoy las cosas”, que ambicionan transformarse y transformar a la sociedad a través de la principal fuerza transformadora de que los seres humanos disponemos: el trabajo. Personas que sienten la necesidad de influir en los cambios que se suceden a nuestro alrededor y de implicarse en ello como parte de su camino a la felicidad”.

Supongo que siento necesidad de justificarme… porque en estos 3 meses no hay ninguna entrada que vaya completando este casillero. Y porque a pesar de ello, me resisto a borrarlo de la lista.

A ver…

No se trata de aportar una biografía. La red estará llena de ellas si mi personaje ha alcanzado relevancia social… y tendrá que ser él mismo quien decida qué cuenta de su vida y de sus intereses en caso contrario… si es que decide hacerlo. Lo que me apetece mostrar es aquello que me llevó a “etiquetar” a cada uno entre los “combatientes de la complacencia”.

Pongo normas: hay que cuidar la sensibilidad de las personas, un deber exigible a quien las aprecia.

Marco tres reglas:

  1. No hablaré de compañeros de trabajo. Me falta perspectiva y probablemente… objetividad.
  2. Sólo aparecerán por aquí aquéllos con quienes haya tenido oportunidad al menos de intercambiar un rato de conversación que recuerde con impacto y con agrado. No se trata de glosar personajes, sino impactos.
  3. Sólo hablaré de personas accesibles, con las que aún pueda contactar. No le veo mucho sentido a lo contrario.

Así de simples. La lista no será muy grande, ya lo advertía unos párrafos atrás, pero espero que disfruten de mis pequeñas memorias personales.

Línea de salida. Arrancamos.

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Números de blog

numerosAyer, cuando el sábado se reencarnaba en domingo, llegó a las estadísticas de este pequeño blog la cifra redonda de 1.000 vistas. Al margen de la incógnita que supone no saber cuántas de ellas sobrepasaron los 10 segundos de lectura y de que han llegado en casi 3 meses a niveles que muchos alcanzarán en 3 días y algunos pocos en 3 horas, les confieso que esta minúscula cifra me alegró el tránsito de la medianoche.

Dado que mis expectativas de comienzo eran un simple nada… pero que ahora ya es raro que pase un día sin que le eche un vistazo aunque sea fugaz a las estadísticas de WordPress, me pregunto hasta qué punto las vistas y los comentarios son “el pan y el agua” de mi bitácora.

Les advierto que a continuación vienen apuntes de principiante, que si tienen un blog seguramente no voy a aportarles nada, que si tienen antigüedad en la red habrán pasado sus ojos por palabras parecidas de cientos de principiantes que lo fueron antes que yo… así que cambien ahora de canal si es así: empleen su valioso tiempo en otra cosa más útil.

Pero si aún están leyendo y por tanto, han decidido seguir aquí, les diré que estas 13 semanas me he dedicado también a observar reacciones ante mis pequeños intentos de “estimular” la red:

  • Al principio fue incluir un link al blog en mis perfiles de Twitter, LinkedIn, Facebook… Eso fue fácil.
  • Luego un paso “importante”: twittear cada nuevo post. Escuchando a muy diversos ponentes y conferenciantes, me he preguntado con frecuencia cuándo una persona intuye que tiene algo importante o diferente que comunicar, cuándo siente que puede ofrecer valor a los demás sólo por escucharle, cómo se produce ese click que interiormente da seguridad suficiente como para exhibir una reflexión personal como algo más o menos valioso para los demás. Aún no tengo una respuesta, pero dado que las visitas a la bitácora eran en ese momento las procedentes de la ruleta de la fortuna de los buscadores y las de un par de amigos, las preguntas clave fueron: ¿no será presuntuoso anunciar cada post? ¿le importarán realmente a alguien estas líneas que voy pergeñando?
  • Superadas las vergüenzas, un siguiente paso similar al anterior: identificarte con tu blog en los comentarios a otras bitácoras…
  • … y hacerte más visible: ligar Twitter a otras redes, integrar aplicaciones en ellas que permitan visualizar las entradas de blog en el perfil, completar las casillas de actualización de estado…
  • Comentar, comentar y comentar. Participar de otras conversaciones. Ofrecer.
  • Aquí ya llegamos a refinamientos básicos. Primer paso: responder a tweets de personas a quienes no conoces y que te parecen instalados en otra galaxia dospuntocero. Y retwittearles: es fácil pensar que una reacción análoga por su parte, si se produce, es “maná caído del cielo” sólo por el tamaño de la comunidad que les sigue. No me interpreten mal… creo haber sido muy honesto con respuestas y retwitteos, que sólo he hecho cuando realmente “me lo ha pedido el cuerpo”. Lo que quiero decir es que dirigirte a personas que no conoces como si fueran tu familia de toda la vida, también es una barrera a vencer para nuestra tradicional cultura de relaciones.
  • ¿Han probado a estimular los comentarios? ¿Invitan a ello? ¿Han probado a pedirlo, sin más? (es diferente…). Este territorio es aún una gran incógnita para mí. No entiendo por qué ocultas reglas se desencadena una ristra de comentarios en un post A pero no aparece ninguno en otro B, cuando no es infrecuente que las expectativas y las inquietudes previas que me generan ambos sean exactamente las opuestas.  Quizá es que soy un poco raro…
  • Más sibilino es elegir bien las palabras que titulan cada post. Si les obsesionan los números, échenle un vistazo a las palabras que llevan a su blog desde los buscadores. Vean qué les interesa a quienes llegan de visita, porque hay ideas fuerza que funcionan como imanes… y otras que no.

17 posts, 57 comentarios. Una media de 3’4 por entrada. No está mal para lo que esperaba… incluso considerando que el 40% son mis propios comentarios de respuesta a los comentarios de mis visitantes.

La verdad es que, más allá del número de vistas que seguía en mis primeras semanas, a donde se me va últimamente la vista inquieta y donde descubro variaciones con fruición… es en el número de comentarios. Uno nuevo: ¡bien!… a por él. Dos post sin comentarios… mmmm… ¿por qué no habrá?

En mi aproximación dospuntocerista, algo para mí sorprendente es la enorme cantidad de blogs que descubro donde se abren posibilidades que nadie aprovecha para el debate. Reflexiones, provocaciones, síntesis, información, imágenes sugerentes que encuentro francamente interesantes, pero que no suscitan comentarios de sus lectores. El reciente episodio de Woka Euskadi ha sido para mí, en este sentido, paradigmático: numerosos bloggers respondiendo sincronizadamente a una única invitación, pero como si fuera una colección de cartas al director, con muy poca gente cruzando sus visiones con las de los demás. ¿Será simplemente una cuestión de tiempo… disponible?

Pues yo he descubierto que me gustan las conversaciones con ese carácter asíncrono que destilan los blogs. Me encanta el “debate a retazos”, con las pausas que imponen las responsabilidades cotidianas de cada uno. No saben cómo agradezco y disfruto de cada apunte que surge en la cola de mis posts, desde la incertidumbre de si aparecerá o no el rastro de un desconocido o el contrapunto de un amigo.

Así que si pueden ayudarme en esa incógnita que aún conservo sobre cómo provocar conversaciones en un blog… no duden en utilizar los comentarios aquí mismo… Es sólo unas pocas líneas más abajo…  😉

Este es el post número 18… y el día más visitado de inquietos, de momento, ha sido el pasado 18 de mayo. Hablando de números, algún día les contaré cómo el 18 es un número que ha aparecido de forma extraordinariamente recurrente en muchas de los hitos importantes de mi vida (y no soy supersticioso… ni fetichista, se lo aseguro). Incluso es recurrente ese 18 de mayo…

Será otro día.

De momento, me declaro culpable de seguir los números de mi blog… y la información que llevan pegada a la espalda. Además, declaro que seguiré observando y aprendiendo de ellos, como una forma de entender los mecanismos de comunicación en la red.

Siguiendo las ideas que comentaba hace unas semanas sobre la confianza, acabo de hacer un primario ejercicio de sinceridad… creo. Si les ha proporcionado unos minutos de relax mental… suficiente; ya me doy por satisfecho.

Vibraciones: Pecha Kucha y Woka Euskadi (mucho por hacer)

wokaAcepto. A pesar de la invitación en LinkedIn, en Facebook, en Twitter y de alguna alusión al respecto de mis “queridos observados”, les confieso que he dudado de si hacer una aportación explícita o no a esta propuesta de dinámica social que es el Woka Euskadi 09… pero lo voy a hacer.

Vaya por delante que me gusta la dinámica que se establece en un World Café… si se hace bien.

Hace ya cuatro años que tuve la oportunidad de vivir por primera vez esta experiencia de la mano de una experta de la SoL, de observar ‘en vivo’ cómo era posible obtener una síntesis de aportaciones de más de 300 personas en apenas un par de horas… haciendo que todas y cada una ellas fueran voz escuchada.

world-cafe

Los intentos de reproducirlo en mi entorno me enseñaron muy pronto la importancia de encontrar las preguntas adecuadas y de centrar el comienzo de la conversación, para conseguir que ésta se produzca en clave de “creativo”, “positivo” y “futuro”.

El modelo impulsado en Euskadi en las últimas experiencias “populares” opta por mesas de 4 o 5 personas en lugar de 6 o 7 (en el que son mucho más ricas las conversaciones, a mi modo de ver), pero eso es un simple detalle en una experiencia que por lo general se corona con éxito.

El caso es que no debemos perder de vista que este ejercicio de participación colectiva da lo que da. Se puede pretender de él (y es muy interesante) sintetizar un trasfondo compartido de inquietudes, hacer que las personas se sientan tenidas en cuenta en los estadios iniciales de un debate… pero no se puede pretender de él “profundidad”.

Hubiera asistido con gusto, de todos modos, a uno de los World Café presenciales programados para mañana; incluso me habría resultado divertido organizar uno, pero… la agenda manda y así… sólo me queda el virtual, este World Café extraño y asíncrono donde sospecho que más que intercambiar reflexiones que forman el hilo de una conversación de dos horas, ésta tomará forma de varios días sobre una única pregunta y varias paradas reflexivas individuales y debates paralelos interconectados.

Pues esta es mi duda… El woka virtual puede ser un intento bienintencionado de aportar “profundidad” al debate, pero al mismo tiempo me pregunto… ¿Qué va a aportarnos este envite que no nos estuviera ya dando la opinión que hierve en la blogosfera de este país? ¿No es, en realidad y a pesar de lo que parece, una iniciativa no-dospuntocero dedicada a quienes no son ni serán culturalmente dospuntoceristas nunca?

Me comprenden, ¿no?

Permítanme el sarcasmo (sin ánimo de ofender): “bufff… vale, ya vemos que hay gente que se mueve ahí fuera, pero nosotros no-sabemos-no-queremos-no-podemos seguirles, no sabemos estar ahí sin que se nos note que no-somos, así que… muchachos de innobasque: montadnos un tingladillo para recoger ideas en un par de días, que no tengamos que esforzarnos nosotros en recogerlas como consecuencia de cambiar nuestros hábitos de trabajo y de relación… Algo que nosotros entendamos facilito ¿eh?…”

pecha-kuchaEl viernes tuve el placer de asistir al primer Pecha Kucha Night Bilbao. El auditorio del Guggenheim estaba a rebosar. Algunas personas “negociando” su pase a última hora, supongo, hicieron que incluso hubiera gente sentada en el escenario.

Mi primer Pecha Kucha Night fue en Barcelona, en el marco del ifest’08 organizado por infonomia.

Impresionante y simple. Una explosión de creatividad, innovación y pasión en los 6 minutos 40 segundos de cada una de sus intervenciones. Un divertido refresco para el espíritu y para creer que crear y cambiar es posible.

La noche de Bilbao tuvo menos intervenciones y no fue patrocinada por ninguna marca de cerveza que pusiera sabor al momento… pero conservó el espíritu burbujeante de la noche de Barcelona. Divertida, escaparate del diseño, pasión inyectada en cada vida que subía al escenario…

Pero, paradójicamente, va a ser al mismo tiempo origen de este post, de la reflexión que entrego al Woka Euskadi 09… por si sirve de algo.

Y es que, aparte del ifest’09 y del Pecha Kucha que acogió en su programa, lo que más me sorprendió de esos días de Julio de 2008 fue Barcelona.

barcelonaHacía algunos años que no paraba en la ciudad salvo por algún taller de ida y vuelta o por ocasionales escalas de aeropuerto, pero la Barcelona que descubrí no tenía mucho que ver con la imagen de ciudad que guardaba en mi memoria.

Encontré una ciudad dinámica, llena de gente joven inquieta, con cosas que decir, que pensar, que crear… con personas que estaban haciendo de ese territorio urbano un lugar en su vida, que lo utilizaban como sustrato de su capacidad de con-versar, co-operar, co-crear… con otras personas inquietas que estaban innovando en el arte, en el diseño, en la arquitectura, en la ciencia, en el cine, en la industria, en los servicios, en la economía social… porque podían hacerlo, porque sentían que su potencial creativo enraizaba en un entorno favorable a la imaginación… y a la posibilidad de que cosas extraordinarias sucedan.

Mi imagen de Barcelona se parecía hasta entonces a la de la sociedad burguesa que retrata Carlos Ruiz Zafón en “La sombra del viento“. Poderosa en lo económico y moderna en lo intelectual, pero anclada siempre en 5 años atrás en lo cotidiano. Las tiendas, las terrazas, los hoteles… las conversaciones. Hasta la forma de vestir. Todo rezumaba ese aire de burguesía europea acomodada que se sabe instalada en un elevado y confortable nivel medio de vida… pero poco atenta a que las cosas iban a cambiar.

Vivir hoy Barcelona es encontrarse fácilmente con jóvenes italianos, australianos, holandeses, japoneses, paquistaníes, británicos, suecos, hindúes, chinos, argentinos, sudafricanos… que han decidido invertir 3 ó 5 años de sus vidas en poner en marcha un proyecto creativo desde allí… antes o después de explorar nuevos territorios. Vivir hoy Barcelona es, en esta parte de la realidad, diseño, creatividad, innovación, posibilidades…

Soy consciente de que probablemente es una imagen parcial, ideal, fruto de una confluencia afortunada de factores, carente de la visión de los problemas que seguro enturbian la vida de otras realidades de la ciudad. También de que Barcelona no es su cinturón industrial, ni éste representa la realidad de toda Cataluña. Pero el choque con mi pre-juicio fue tan intenso que algo debe, en verdad, haber cambiado en pocos años.

Porque Barcelona es hoy una ciudad abierta. O a mí me lo parece… y aunque no me alargue más en explicarme… no sólo por aquella señal.

El viernes disfruté enormemente del Pecha Kucha Night Bilbao, pero al contrario que en Barcelona hace un año… muy pocos de los ponentes trabajaban desde Euskadi… o desde Bilbao.

Deberíamos mirar qué ha hecho Barcelona en los últimos 5 años. No para copiarlo, pero sí para escuchar… y entender.

Creo que aún somos una sociedad cerrada y que necesitamos imperiosamente abrirla. Hemos desplegado iniciativas y esfuerzos importantes para transformarnos en un territorio sustancialmente más innovador, pero lo hemos hecho mirando hacia adentro. A ver si me explico: quizá sí, quizá nos hemos preguntado cómo hacer para que venga el talento… pero no le hemos preguntado qué le gusta (y qué no le gusta) encontrar allí donde va a trabajar, allí donde se plantea la posibilidad de ir a crear… y a vivir.

Barcelona no ha perdido su identidad. La ha transformado, la ha hecho diferente, sí… pero no nueva. Ha dejado que evolucione, que se mezcle, que se matice revitalizada en una forma que le es tan propia como la estancada anterior, pero que le abre infinitas posibilidades que antes no tenía.

ombligoNosotros llevamos mucho tiempo creando desde el ombligo, encerrados en un círculo identitario que, por temor a hacerse poroso, por la obsesión por controlar los cambios… pierde gran parte de su potencial.

Hemos dedicado grandes recursos a crear infraestructuras de país, grandes “catedrales” del urbanismo, del arte, de la ordenación del territorio.

Eso no está mal… incluso acepto que esté bien, que dibuja un paisaje en el mapa del mundo que atrae las miradas… pero es insuficiente.

Porque la innovación y el potencial creador de un territorio no procede de creadores consagrados, sino de ser capaz de atraer a una multitud de inquietos que decidan que este puede ser un buen sitio para crear. Y creo que éstos necesitarán, sobre todo, encontrarse con territorios que favorezcan su potencial y no que lo dificulten, con administraciones que no apuesten por una cultura local… ni tampoco externa, sino por una forma de estar en la vida, en la cultura y en la economía porosa, permeable a las influencias y a los cambios que se dan inexorablemente cuando distintas formas de ver el mundo se hibridan al con-vivir, al co-operar, al co-crear.

Hablo de política sin adjetivos. No de política nacionalista ni no nacionalista, ni de derechas o de izquierdas, ni conservadora o progresista. Hablo de política como del arte de hacer posible lo necesario, de hacer de este nuestro territorio un foco sostenible de atracción de talento, de innovación y de potencial creativo enfocado hacia los ciudadanos, hacia las personas, hacia los anhelos más básicos del ser humano: conectividad, superación, identidad, servicio, sabiduría, libertad…

Tenemos mucho, mucho que hacer aún en ello.

Podía haber intentado, sin demasiadas dificultades, darle al Woka Euskadi 09 mi decálogo de propuestas… o al menos una lista con 4 ó 5 de ellas. Pero creo mucho más útil plantear esto así… ascendiendo hasta el nivel de visión: esta crisis es de modelo económico… y de modelo social.

Espero que ustedes, que me escuchan bien, me hayan entendido.

Vibraciones: cosas deliciosas… y yo aquí

barrio'Este mundo virtual va por barrios. Tres meses de habitarlo con una cierta intensidad y ya tan obvio… que ni siquiera soy consciente de que es algo que percibo cada día…

Breves minutos tras las 9 de la mañana. Lorena recomienda: “No es followday, pero aquí va mi recomendación del lunes: @FernandoGP“.

Llego más tarde y me encuentro en Territorio enemigo: imágenes que esconden el sentimiento de haber encontrado algo y que describen el aroma un país en 10 segundos… breves frases que te detienen…

Y al final… su barrio particular: La calavera bajo la piel, Cardamomo y café, El prisma de Lara

Y de él (porque de cada una de sus calles se distinguen edificios singulares, adosados y casitas unifamiliares cuidadosamente mantenidas), las delicias de Píntame el día, la magia de 39 escalones, lo que pinta La casa de Ateh

Qué tentación hedonista, la de mecerme en la sensibilidad de quienes consiguen apartarse de lo que hacemos trascendente sin serlo…

Cuántos barrios en ciudades, regiones, países y mundos sin conocer, sin disfrutar… Se me ha quedado dentro. Y también la pregunta de qué hago yo por aquí…

Reflexiones: confianza 2.0 / conclusiones

confianzaLlega el momento de  intentar extraer alguna conclusión de la serie de reflexiones que sobre la confianza dentro del mundo 2.0 he ido volcando en los últimos posts.

Recogía en ellos cómo, en el entorno 2.0 y más en concreto en el terreno profesional, jugaban positiva o negativamente los juicios que, según Rafael Echeverría, sustentan la confianza como emocionalidad base de una relación: vulnerabilidad, sinceridad, competencia y responsabilidad.

Emocionalidad = predisposición a la acción.

Las emociones “nos suceden“, no podemos evitarlas… pero sí podemos aprender a quedarnos en ellas o a dejar que fluyan. Y también a ocultarlas, practicando un control emocional que creo poco recomendable, porque intuyo que siempre deja algún rastro incontrolable en forma de estado de ánimo o, lo que es más grave, de patología personal.

Vivir las emociones que surjan y aprender a quedarnos en ellas o a dejar que fluyan…

Creo que esa es una clave fundamental para disfrutar de la vida creando, porque las emociones negativas o positivas nos cierran o nos abren posibilidades de acción.


Radiografía de la confianza
.

radiografíaLa confianza es una emocionalidad positiva. Abre posibilidades que se tornan inmensas cuando se trabaja en “co-operación”.

Por eso esta serie de posts. Porque el mundo 2.0 es un nuevo paradigma que hace posible el trabajo entre iguales, el co-operar a través del debate y la reflexión colectiva, hasta configurar eso que Andrés Schuschny llama intercreatividad.

Al menos en el mundo físico, la relación que se forma dentro de un equipo de personas que no temen mostrar sus debilidades y que mantienen entre sí juicios positivos de competencia, sinceridad y responsabilidad… es una relación realmente poderosa. De ella pueden esperarse grandes cosas.

Por el contrario, si la semilla de la desconfianza germina en un equipo, provocará en él líneas relacionales débiles, que implicarán que parte de la energía de las personas se desperdicie en preservar información o en protegerse de un temor al “fracaso” derivado de dudas sobre la competencia o el compromiso de otras personas que formen parte de los flujos de trabajo. Así:

  • si creemos que un miembro de nuestro equipo es incompetente, dedicaremos esfuerzos a supervisar su actividad y evitaremos que asuma tareas relevantes para el proyecto;
  • si creemos que es irresponsable, no le cederemos capacidad autónoma de acción y protegeremos nuestro trabajo de las consecuencias potenciales de graves negligencias en el suyo;
  • si creemos que no es sincero, protegeremos la información y los hitos clave, buscaremos “aliados” internos y vigilaremos continuamente sus “intereses” escudriñando su hipotética “conversación privada”;
  • si tememos mostrar nuestras debilidades, las ocultaremos impidiendo que nuestra propia aportación al logro colectivo se vea libre de ellas… y quizá buscaremos culpables fuera cuando las cosas se tuerzan.

Puro desgaste, puro desperdicio.

Por eso el preguntarme cómo anida la confianza en lo 2.0… si tiene normas diferentes… o si su influencia en la creación colectiva es tan relevante aquí como en el mundo “real”.

Confianza 2.0

¿Sustentan las comunidades virtuales y las redes sociales relaciones de confianza en su uso profesional?

Pues… mi conclusión tras la reflexión de los cuatro posts anteriores… es que en principio NO. Al menos cuando la relación es directa o indirectamente entre empresas o personas que las representan… no. Vamos a ser si se lo explico, porque lo preocupante es que eso, teóricamente y según lo anterior, debería limitar la capacidad de acción colectiva.

Para ello, déjenme introducir una sutil diferencia entre dos términos, quizá semánticamente equivalentes, pero con usos populares a menudo diferentes: “confío” y “me fío“. Ambos son formas de la confianza, pero para que me entiendan:

  • Confío en mi banco. Significa que creo que no va a quebrar, que es una entidad sólida, solvente, donde se toman decisiones sobre su futuro desde criterios de prudencia y donde aplican además mecanismos de control y de garantía públicos que me permiten no preocuparme por ello.
  • No me fío de mi banco. Significa que no me creo que esté a mi servicio y que actúe siempre en defensa de mis intereses… y por eso vigilo las comisiones, reviso mis extractos bancarios y escucho sin perder el juicio crítico lo que me “recomienda” mi “asesor personal”.

Vaaale… Me dirán que no he escogido el mejor ejemplo, en especial al hablar de “confío en mi banco”, tras la crisis financiera que nos ha caído.

cocktailLa verdad es que, haciendo un paréntesis, sus consecuencias derivadas no están siendo sino las de una crisis de confianza: gente que se ha sentido engañada por lo que consideraban inversiones en activos financieros con unas garantías tendenciosamente falsas y con ocultación de información relevante para valorar la solidez de la inversión (¿sinceridad?), soportadas en productos que se han demostrado finalmente no materializables (¿competencia?), con instituciones bancarias y financieras donde también aparece la estafa (¿vulnerabilidad?), vigiladas por mecanismos de regulación públicos que se han mostrado ineficaces (¿responsabilidad?). El cocktail completo, como ven.

¿Les extraña que el miedo, la emocionalidad opuesta a la confianza, se haya impuesto como base de las relaciones económicas, retrayendo el consumo, el crédito y la producción industrial, en lo individual y en lo empresarial?

No… ¿verdad?

Pero volvamos al hilo del post. El ejemplo me sirve para explicarme. Creo que en la web social:

  • Las personas se fían de las personas: cuando los intereses coinciden, incluso desde posiciones diferentes… ¡esto funciona! Las blogosferas, los movimientos solidarios o el cyberactivismo se apoyan en esto. El binomio tiempo-coherencia hace que la intuición o la observación de los hechos funde juicios de responsabilidad, sinceridad y competencia sobre otras personas.
  • Confiar en ellas… no hay aún grandes intereses que de momento se pongan en las manos de una relación exclusivamente P2P (y tardará), así que no se puede decir.
  • Las personas no se fían de las empresas. Por eso cuando detrás de una persona se advierten los intereses mercantiles de una empresa, un muro invisible se intuye entre las líneas de la conversación. Pero, por contra, cuando en la relación sólo aparece la ayuda al trabajo personal o la creación conjunta… ¡funciona también!
  • Las empresas no se fían de las empresas. La conversación es siempre entre personas, pero cuando esos intereses empresariales son la sombra de la relación, se aplica lo anterior… multiplicado por dos. Claro que no hablo del uso de la web social entre personas asociadas a empresas entre las que ya existiera una relación de confianza: en ese caso, o no afecta o incluso la refuerza. Me refiero a entablar una relación a través de la web social.
  • Las empresas no confían en las personas. Necesitan seguridades, certificados de solvencia, garantías… Esconden sus debilidades. Defienden sus intereses. Protegen su conocimiento.

La conclusión aparente no es muy gratificante, porque supone que la capacidad de lo 2.0 de movilizar la acción colectiva en el terreno profesional está limitada a la relación entre individuos y, por lo tanto, el poder económico que es capaz de desplegar es muy reducido en lo que respecta a la producción física de valor.

Pero en el fondo… ¡sonrían! El mundo cambia y cada vez depende más del valor que cada persona es capaz de crear como individuo en cooperación. Julen Iturbe lo planteaba al cruzar competitividad y conocimiento.

¿Las empresas también? ¿Las “tradicionales”? Creo firmemente que sí, aunque las dificultades son aún hoy enormes, como apunta kikeba-wakaru. Y Mario Dehter lo lleva incluso más aguas arriba.

labelCreo que nos vendría bien inyectar alguna dosis de seguridad en las empresas sobre la noción de “empresa abierta”, el trabajo en libertad y la cooperación en la web social. Hibridar lo que viene con la cultura PDCA, los procesos y los procedimientos que dan sustento de garantía (¿falsa?) donde no hay confianza. Les propongo crear un label, incluso certificable, que avale prácticas éticas de individuos y empresas a la hora de utilizar profesionalmente la red.

Sí… ya sé que es contra-2.0 y además una tontería. Pero “si no puedes con tu enemigo, únete a él”…

Y ayudaría.

Venga… aquí habría negocio… ¿alguno se anima?

Crowdsourcing o la sabiduría de las multitudes.

En los posts anteriores ya advertía que el crowdsourcing y la open innovation como caso particular deberían ser tratados aparte en términos de confianza.

Esta será una de las aristas que quede pendiente de mostrar para más adelante, porque el ciclo sobre la confianza se cierra hoy… de momento. Pero no me gustaría dejar de advertir un aspecto significativo, que es que las reglas de la confianza probablemente aquí se transforman:

  • La competencia no se apoya sobre nadie en concreto sino sobre una gran masa en la que hay suficiente talento colectivo como para que alguien tenga una respuesta adecuada (¡qué bien lo explica en su caparazón Dreig!).
  • La responsabilidad, como en una democracia representativa, se regula por los “guardianes” tácitos de la red… y se autorregula en “el barrio”, donde se ningunean e incluso se arrinconan los incordios, si hace falta.
  • La sinceridad, difícil de medir, se fomenta por la tolerancia e incluso el respeto, al permitir las relaciones desde el trabajo entre iguales.

__________

Lo dejamos aquí.

No es la última arista que queda: analizar cómo se hace crecer o se daña la confianza a través de cómo se gestionan los compromisos también tiene su espacio propio. En lo 2.0, la ruptura de la confianza tiene un doble efecto perverso: además de pérdida de capacidad de acción, establece barreras proteccionistas en quien la sufre a la hora de abrir una nueva conversación.

Pero por el momento cerramos el ciclo, ya lo advertía.

Espero que, si me han seguido hasta aquí, hayan disfrutado de unos cuantos minutos de reflexión y lectura. Y si es así… muchas gracias por compartirlos.

Reflexiones: confianza 2.0 / responsabilidad

responsabilidad1Nos acercamos a las conclusiones de esta serie de posts sobre la confianza filtrada por el mundo dospuntocerista, tras haber revisado cómo conviven con él la vulnerabilidad, la competencia y la sinceridad.

Hablemos ahora del último juicio-soporte: la responsabilidad.

¿Cuáles son las condiciones por las que asociamos el uso que una persona hace de una red social con “comportamientos responsables”?

O, dicho de otra forma, ¿qué comportamientos de participación en redes, de opinión en un blog, de  comentario en blogs ajenos o foros… podríamos calificar de “irresponsables”?

Pues aparentemente… de partida pocos.

Pero los hay. Aparecen a medida que profundizamos en la reflexión… y no hay que ahondar mucho.

En lo que aquí nos ocupa, se entiende habitualmente por responsabilidad la capacidad de dar respuesta de los propios actos, de asumir las consecuencias de decisiones libremente tomadas.

Se distinguen muchos tipos de responsabilidad: penal, moral, social, jurídica, civil, profesional, política

leyLa exigencia de responsabilidad implica una ley o una norma frente a la que se puedan juzgar los actos. Desde las distintas concepciones del “hombre” como ser libre, sólo Dios, él mismo u otros seres humanos pueden dictarle normas.

Es en este último caso en el que hablamos de responsabilidad jurídica ante las leyes (y por tanto civil o de reparación del daño causado a quienes se identifiquen como víctimas, o penal, que implica sanción, incluso de privación de libertad y a veces independiente del daño causado, por haber actuado en contra de una ley).

La web social es por naturaleza libre: las personas actuan, opinan… participan en ella desde su libre albedrío. La responsabilidad jurídica es, por tanto, exigible a los actos humanos en la web social en la misma manera que en la “vida real”, es decir, con relación a las leyes con que regulamos la convivencia entre nosotros.

No analizaremos ahora más este asunto: sería muy sencillo deslizarnos aquí hacia la valoración de los delitos de opinión, de la propiedad intelectual y del intercambio de archivos P2P, hoy tan presente en la red… Huyamos de la perspectiva más popular. Esta serie de post se está centrando más en el uso profesional de la red social y en su relación con la confianza… así que vayamos a ello.

La responsabilidad moral entra de nuevo en el terreno de la ética (y por propia definición, en el de la moral, claro). Se deriven o no de nuestros actos responsabilidades jurídicas, las responsabilidades profesional, política o social tienen en esencia una base moral, exigible por uno mismo o por los demás con independencia de su adecuación a la legislación vigente. Tiene por tanto un impacto indudable en el establecimiento de relaciones de confianza, afecta a los valores por los que las personas se implican, son indiferentes o combaten la acción.

Responsabilidad, individuo y empresa

cyberactivismoA nivel general, la web social se configura a sí misma como territorio y el cyberactivismo comienza a ser la forma en que se estructura (a modo de crowdsourcing autoemergente de opinión y reproche ético) la exigencia de responsabilidad moral.

Las consecuencias observables de la actividad empresarial son una gran fuente de valoración de responsabilidad.

En el terreno profesional más alejado de los impactos sociales y mediáticos, la actuación de profesionales independientes y sobre todo de empresas, tiene ya sus “mecanismos de vigilancia”. Una simple reflexión abierta, con preguntas sin respuesta, hecha por un blogger con un número relevante de seguidores configurantes de una blogosfera particular, tiene una gran capacidad de formar juicios de responsabilidad positivos o negativos en sus miembros sobre una “marca” personal o comercial. Juicios que además se enraízan en la parte tácita… la más relevante para la generación de confianza, ¿no creen?

Claro que también aquí… la cosa “va por barrios”…

Preguntábamos al principio sobre comportamientos irresponsables de un individuo. Al margen de potenciales incumplimientos contractuales, debería haber exigencias socialmente activas en muchos campos de actividad profesional en la red: la medicina, la farmacia, la psicología, la política, la explotación del sexo, la producción cultural, la economía, la inversión financiera, la compra-venta de artículos, la consultoría…

persona-empresa1Cada vez es más difícil encontrar una actividad económica al margen de la red. La excepción es la producción industrial en sí misma, inevitablemente ligada al átomo y no al bit… pero igualmente, en todos sus procesos de gestión, interacciona con cada vez mayor frecuencia con las redes.

Y no olviden que cuando al individuo se asocia una empresa, la implica: por mucho que haya intentado no delegar su responsabilidad personal en la organización… sucede. Es inevitable.

Si una persona trabaja para una empresa y este hecho acaba por hacerse visible, cuando intervenga en una red social profesional no lo hará a título personal (aunque sea su intención), sino que detrás estará siempre la sombra de su empresa, que todos verán cuando haga preguntas, cuando las responda y, en general, cuando actúe (o cuando no lo haga y se espere que sí). Por ello, el ejercicio de responsabilidad implicará ser consciente de ello, respetando al menos los siguientes criterios:

  • no poner en riesgo ni siquiera con acciones privadas los intereses de su empresa pero, sobre todo, los intereses comunes que se establezcan en una relación profesional;
  • en particular, no atacar las legítimas expectativas que de la actividad de su empresa tuvieran los distintos grupos de interés (stakeholders) de la organización;
  • actuar en coherencia con la estrategia de su organización hacia lo 2.0 (si es que ha sido tácita o explícitamente fijada, claro).

En definitiva, si responsabilidad implica tener capacidad de asumir las consecuencias de los propios actos, tengan en cuenta que en los objetivos compartidos por una red de relaciones (y la empresa lo es), no siempre será sencillo, porque inevitablemente implicará a la responsabilidad refleja de la organización a la que se adscribe.

Responsabilidad, blogs… y ego

blogsQuizá desde la creencia de ser aún un recién llegado a este mundo, todavía no me parece difícil ver en muchos blogs mayor regusto en la búsqueda del halago, la coba y la felicitación permanente y empalagosa del blogger (que se convierte así en un pequeño ídolo de la red), que el afán por el debate y la confrontación abierta de ideas. Más que seguidores o contertulios de su “café virtual” de cada día, lo que tienen son auténticos fans.

No me entiendan mal, no lo estoy demonizando: es una actitud muy humana y respetable.  Hasta Facebook lo explota explícitamente en el aspecto lúdico, desde una perspectiva bastante infantil pero ligada a las pasiones humanas básicas y, por tanto… con aceptación popular.

Pero el concepto “ego” tiene implicaciones importantes en el aspecto profesional y en la capacidad de establecer relaciones efectivas o al menos de influencia en la opinión y en la acción. Nadie está libre de ello (este pequeño escribidor tampoco, por lo tanto…), ni siquiera si honestamente uno forma parte de quienes tratan de basar el éxito de sus palabras en el poder de la conversación que generan.

Ser twitteadoretwitteado, linkado, referenciado… halaga el ego (¿alguien se atreve a discutirlo?). Siempre queda un resquicio personal para ello, aunque sea pequeño, así que tengan cuidado: es la semilla del fenómeno fan. Todo dependerá después del abono que le pongan…

Otra arista… En casos extraordinarios, cuando un blog llega a niveles de notoriedad hasta el punto de convertirse en un auténtico fenómeno de masas, con miles de visitas que incluyen visitantes “ilustres”, con contenidos que se vigilan y difunden viralmente o desde medios de comunicación de forma masiva… el blogger llega a adquirir una responsabilidad adicional que llega, a mi modo de ver, a equipararse con la responsabilidad pública que asumen los media tradicionales.

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El camino más rápido para ejercer la responsabilidad en la red es hacerse consciente de que de nuestros comportamientos pueden depender cosas importantes para otros.

Hemos terminado de esta manera la reflexión sobre los juicios que, según Rafael Echeverría, sustentan la confianza. Dejemos las conclusiones para el siguiente post.

Ya iba siendo hora… ¿no creen?