Personas inquietas: ¿de quién hablar?

inquietosEste va a ser otro post endógeno (el último por una temporada), casi una justificación personal de por qué, cuando empecé este blog hace hoy exactamente 3 meses, decidí que “personas inquietas” iba a ser una categoría específica de la bitácora.

Porque ya sabía que no iba a ser fácil… Mis contactos con “personajes” de la ciencia, la economía, la política, la imagen, el arte, los medios o la red, por poner ejemplos, no han sido muy abundantes ni directos.

Aunque mi actividad profesional ha estado centrada en la empresa industrial casi sin excepción,  sí es cierto que, en ese camino, me he topado con algunas personas con las que he compartido aunque sólo sea el placer de una conversación (con algunas incluso colaboración en proyectos), que me han dejado recuerdos que me apetece abrir… porque creo que definen rasgos que hacen de ellos seres que se compadecen fielmente con la marca de este blog.

Como decía en el tradicional “acerca de” de aquel 28 de Febrero de 2009:

“Mi declaración de intenciones se resume en la palabra “inquietos”: personas que combaten la complacencia con el “cómo son hoy las cosas”, que ambicionan transformarse y transformar a la sociedad a través de la principal fuerza transformadora de que los seres humanos disponemos: el trabajo. Personas que sienten la necesidad de influir en los cambios que se suceden a nuestro alrededor y de implicarse en ello como parte de su camino a la felicidad”.

Supongo que siento necesidad de justificarme… porque en estos 3 meses no hay ninguna entrada que vaya completando este casillero. Y porque a pesar de ello, me resisto a borrarlo de la lista.

A ver…

No se trata de aportar una biografía. La red estará llena de ellas si mi personaje ha alcanzado relevancia social… y tendrá que ser él mismo quien decida qué cuenta de su vida y de sus intereses en caso contrario… si es que decide hacerlo. Lo que me apetece mostrar es aquello que me llevó a “etiquetar” a cada uno entre los “combatientes de la complacencia”.

Pongo normas: hay que cuidar la sensibilidad de las personas, un deber exigible a quien las aprecia.

Marco tres reglas:

  1. No hablaré de compañeros de trabajo. Me falta perspectiva y probablemente… objetividad.
  2. Sólo aparecerán por aquí aquéllos con quienes haya tenido oportunidad al menos de intercambiar un rato de conversación que recuerde con impacto y con agrado. No se trata de glosar personajes, sino impactos.
  3. Sólo hablaré de personas accesibles, con las que aún pueda contactar. No le veo mucho sentido a lo contrario.

Así de simples. La lista no será muy grande, ya lo advertía unos párrafos atrás, pero espero que disfruten de mis pequeñas memorias personales.

Línea de salida. Arrancamos.

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