Lecturas de estío

veranoReivindicaba casi al principio de esta aventura el conservar el placer de la lectura de libros como fuente de emoción, de traslación mental a otros mundos o edades en liberadora alternativa a la fugacidad, de espacios de reflexión diferentes, con tempos propicios a la concentración y a la tranquilidad… no siempre sinónimo de calma.

Mi año laboral es largo y denso. Deja pocos paréntesis de agenda donde ese “tempo propicio” pueda instalarse.

Por eso el verano, brisa fresca que se lleva la agenda en volandas, es mi gran momento para la lectura reposada. Cada año más. La obligada vida familiar de los agostos vacacionales me ha enseñado a disfrutar de la sombrilla y la hamaca, en ese paraíso de las temperaturas, el aire limpio y el mar abierto que son las Islas Canarias.

Cuando se acercan los días de San Juan y San Pedro empiezo a sentir la inquietud de elegir los libros del verano. Peregrinar por los largos pasillos de las grandes librerías del centro de Bilbao (La Casa del Libro, El Corte Inglés, Topak, fnac…) es un pequeño y excitante placer adicional en sí mismo, un preludio de lo que esconden las páginas de los libros que elegiré de entre los miles que aguardan expectantes las manos buscadoras de sus potenciales lectores.

Pero llegar a casa con una flamante bolsa de libros nuevos es aún como llegar con una mercancía, como recibir por correo un paquete con un pedido… Aún no me he apropiado de la fibra que sostiene a las palabras. Por eso estampo un ex-libris en la primera o la segunda página de cada uno, buscando el lugar donde el dominio de la estética permita un equilibrio más armónico con la entrega editorial.

La vida de los libros prueba el tacto de muchas manos. Pero me gusta esa sensación de propiedad inicial porque la lectura de un libro es siempre una experiencia personal e intransferible. Reabrir ese libro, con mi ex-libris, años después… es reabrir “mi” lectura del libro, mucho más allá de lo que hubiera querido transmitir el autor, que aunque reproducido miméticamente en todos los ejemplares, probablemente no sea captado nunca con fidelidad por ninguno de sus lectores.

Elijo siempre mezcla: novela y libro de empresa, lectura ligera (mucha) y más densa (poca), títulos recientes y clásicos…

La sombrilla y la hamaca, la terraza de la primera hora de la mañana, la modorra de las tardes calurosas, los caprichos del tiempo… son momentos diferentes que invitan a sabores y lecturas diferentes.

Todos no caerán, doce son demasiados… Porque este año he seleccionado, de entre la literatura “de empresa”…

Y como novelas…

Olvidaba decirles que, por alguna suerte de arte mágica, la fotografía de arriba está tomada de mí mismo dentro de unos días. Los niños no salen, están un poco más a la derecha… 😉

¿Llegará alguno de los libros de este año a tener un impacto práctico en mi vida real? ¿Se convertirá su imagen de portada en la cabecera de uno de los post de “Libros que inquietan“?

Se lo cuento.

En meses que siguen al verano…

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3 comments

    1. Vaya agradable sorpresa encontrar tu rastro en forma de conversación, Santi…
      Tengo un pequeño problema para seguir tu recomendación: lo está leyendo mi mujer… y le gusta leer despacio. 😉
      Pero prometo estar ojo avizor para cuando se libere.
      Gracias por tu comentario… y bienvenido.

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