Mes: noviembre 2009

Reflexiones: una propuesta práctica para comunidades de aprendizaje en la empresa

Etienne Wenger, Richard McDermott y William Snyder establecieron en Cultivating Communities of Practice (2002) que “Una comunidad de práctica es un grupo de personas que comparten una preocupación, un conjunto de problemas o un interés común acerca de un tema, y que profundizan su conocimiento y pericia en este área a través de una interacción continuada“.

Los esfuerzos por encontrar formas alternativas de trabajo (en un mundo donde el principal valor procede del trabajo de conocimiento, que choca con estructuras jerarquizadas) y por dar respuestas pragmáticas a la idea de “organización que aprende” de Peter Senge (o a teorías evolutivas posteriores), han sido muy variados en nuestro entorno en los últimos años.

El trabajo de investigación en torno a lo que en el cambio de siglo supuso la expresión “gestión del conocimiento” dio lugar a variadas construcciones teóricas, pero también a numerosas experiencias prácticas con diverso grado de penetración en las realidades empresariales, que sin embargo no constituyeron (salvo excepciones) gérmenes relevantes de transformación del trabajo y de la organización de la empresa.

Saliendo de la teoría.

La de Wenger, McDermott y Snyder es probablemente una definición académicamente impecable y respetada de lo que es una CoP. El propio Wenger da una posterior más simple y más clara en su web. Pero a mí me parecen ambas demasiado teóricas como pista eficaz para su traducción a la empresa: dicen qué es una CoP, pero no cómo o dónde aplicarla prioritariamente en un marco empresarial.

Y como me propongo hacer de este post un texto eminentemente práctico, les ahorraré mi frecuente tentación de teorizar…

Ya les había dicho con anterioridad que creo firmemente que las CoP pueden ser una vía práctica y transversal de elevar los niveles de autogestión en una empresa. Asumamos simplemente que las comunidades de práctica sirven para aprender de la práctica conjunta o compartida en torno a un propósito común. Es un aprendizaje informal, que frecuentemente carece de metas concretas o incluso plazos predefinidos, pero que promueve el aprendizaje:

  • practicando en común, es decir, a través de la co-creación, abordando pequeños proyectos decididos en libertad y desarrollados en cooperación;
  • compartiendo los aprendizajes de las experiencias personales de los individuos que componen la comunidad.

Me interesa en esta ocasión abrir una distinción entre comunidades de práctica y comunidades de aprendizaje. Hay numerosas referencias a ambos términos, que se confunden o diferencian por sutiles matices o por el ámbito en el que aplican: las segundas suelen encontrarse más asociadas a actividades educativas o a modelos académicos alternativos, de lo que no es difícil encontrar referencias en la red.

La verdad… les reconozco que ni siquiera estoy seguro de si debería existir una diferencia, pero como les he tranquilizado renunciando a teorizar, permítanme establecer como hipótesis la mía: por derivada de la CoP, la comunidad de aprendizaje (community of learning – CoL) surge cuando el foco de ese propósito compartido es precisamente el aprendizaje en sí mismo.

A partir de aquí, les ofrezco tres posibilidades reales, sencillas de explicar y de aplicar, de comunidades de aprendizaje en la empresa. Tres alternativas viables a las que he llegado a través de tres experiencias personales que también les narro, vividas en este deambular profesional que, ya a estas alturas, empieza a ser largo:

  • Comunidades de intercambio.
  • Comunidades de acogida.
  • Comunidades virtuales.

Comunidades de intercambio.

Trabajaba hace aproximadamente 10 años también en mi actual empresa, pero con una función diferente: era el responsable del departamento de calidad de una de las plantas productivas de la cooperativa.

Dado que nuestra ocupación principal es la de fabricar componentes de automoción, pueden hacerse una idea de que la tarea no era precisamente agradable, muy centrada en la poco gratificante actividad de responder a reclamaciones de cliente, en un mercado muy exigente y con demasiada frecuencia prepotente.

La maleta preparada y el vuelo de urgencia eran parte del juego. Viajar, en esas condiciones, no era precisamente una propuesta de placer, aunque también daba la oportunidad de encontrar realidades diferentes y de apreciarlas cuando lo merecían.

Ir a la planta de fabricación de cajas de cambio que Volvo tenía en Köping daba la tranquilidad de que, al menos, tendrías que tratar con gente educada y abierta a trabajar conjuntamente para resolver los problemas. Un placer dentro de ese mundo.

Recuerdo que el viaje era entonces largo. Tres vuelos: Bilbao-Bruselas, Bruselas-Copenhague, Copenhague-Västerås, pequeñísimo aeropuerto a 40 km de Köping donde aprendí por primera vez que aterrizar en un turbohélice sobre una pista nevada era algo que podía hacerse sin problemas.

Para llegar a la planta desde el aeropuerto solían utilizar los servicios de una mujer (lamento no recordar su nombre) que hacía las veces de taxista en su Volvo familiar, cuadrado y seguro, de los de antes. Como al final del año siempre hacíamos varios viajes, llegamos a desarrollar una cordial familiaridad con ella y a conocer por referencias a buena parte de su familia.

Un día nos recibió muy satisfecha, insistió en invitarnos a un café y nos explicó por qué: la última persona que quedaba sin conseguirlo en su grupo, acababa de obtener esa misma mañana el carnet de carretillero. Ese día nos enteramos (o al menos yo me enteré entonces) que en realidad era una trabajadora de Volvo.

El grupo en cuestión estaba formado por personas de la planta que trabajaban en puestos diferentes.

El compromiso de cada uno para con los demás era formarle y adiestrarle en su propio puesto hasta conseguir su homologación para ocuparlo: una potente forma de autogeneración de polivalencias y de desarrollo personal en comunidad.

Ella, carretillera en planta, había cumplido son su compromiso comunitario y eso era lo que la había dejado tan satisfecha.

¿No les impacta la simplicidad de la propuesta? ¿No les tienta ponerla en marcha mañana mismo?

Comunidades de acogida.

Entre los años 2001 y 2003 desarrollamos varios proyectos de experimentación activa en torno a la idea de “gestión del conocimiento”.

Uno de ellos se ocupaba de encontrar vías de participación en la gestión a través del trabajo en equipo del personal directo de fabricación. El equipo de proyecto estaba formado por varios maquinistas de células de inyección, el responsable del grupo, el de mantenimiento de utillajes y el de mantenimiento de instalaciones.

Uno de los temas sobre los que trabajaron fue el despliegue del denominado “plan de acogida”. El equipo operaba sobre un área de taller en crecimiento y, por otra parte, en pocos años era esperable (por frecuente) una significativa rotación de sus componentes, lo que significaba que varias personas se iban a ir incorporando al grupo a medio plazo.

El proceso de inyección a alta presión tiene una curva de aprendizaje prolongada, con gran parte de conocimiento tácito sólo aprehendible por la acción. Los propios maquinistas cifraban entre 1 y 2 años el tiempo que había pasado hasta que ellos mismos habían empezado a sentir dominio sobre el trabajo.

La formación de acogida de un maquinista nuevo tenía una parte de formación teórica y otra (de hasta dos meses) de adiestramiento acompañado por un “solape”, un veterano teóricamente experto en el proceso.

No voy a entrar ahora en explicarles las debilidades del sistema de acogida, pero sí que los propios maquinistas se plantearon dividir por dos la duración de la curva de aprendizaje. Para ello desarrollaron varias piezas básicas, una de las cuáles fue la denominada “matriz QSQ”.

“QSQ” es un acrónimo que corresponde a la expresión “Quién Sabe Qué”. Entre ellos, definieron cuáles eran las competencias básicas necesarias para el trabajo, técnicas y genéricas, que estratificaron abundantemente. Colocadas como filas de una matriz, se colocaron en columnas ellos mismos, identificando las casillas en las que cada uno era “experto”, pero no porque él lo considerara de sí mismo, sino porque los demás lo reconocían como tal, entendiendo que en esa valoración se incluía tanto la competencia técnica como la capacidad didáctica de la persona.

Aunque hubo diferencias, todos acabaron teniendo áreas de experticia reconocida en algún área. Crearon igualmente un carnet formativo y diseñaron un proceso de despliegue y evaluación de la capacitación de acogida que abordaba en cooperación no sólo la formación técnica de cada nuevo entrante de modo eficaz, sino su integración social en el equipo.

Sin entrar en más detalles… brillante ¿no creen?

Tengo que reconocerles que este proceso no se sostuvo en el tiempo: formaba parte de un conjunto de cambios tan disruptivos… que no fue posible entonces convertirlos en lo que hoy se llamaría mainstream del negocio. Pero tengo también que advertirles que no pienso renunciar a recuperarlos.

Comunidades virtuales.

La tercera propuesta es supuestamente más sencilla de exponer en un medio como éste. Sobre “comunidades virtuales de aprendizaje” hay tanto escrito… que no me creo en disposición de aportarles algo diferencial.

Así que opto de nuevo por ofrecerles una propuesta en clave de simplicidad.

¿Han ido construyendo su propio “entorno personalizado de aprendizaje” en los últimos meses? Pues se trata sólo de interconectarlo con otros, una vez identificada una comunidad de intereses.

Pónganse de acuerdo en un interés compartido, un asunto a vigilar en la red, un tema que les apasione como comunidad… y a partir de aquí, cuatro cosas simples:

  • Reconózcanse en su Reader y compartan la información que consideren relevante en su comunidad.
  • Organícense, sindiquen y especialicen las búsquedas para socializar el esfuerzo.
  • Estratifiquen un etiquetado común y creen una red (network) en delicious donde compartir la información destacada y en donde remitir individualmente información referente a intereses más personales.
  • Abran y compartan una wiki como punto de encuentro, de debate y de recogida de información no residente en la red.

Ya sé que se puede completar y enriquecer la lista con facilidad, pero con esto vale.

Yo ya formo parte de una comunidad así en mi empresa, pero no acabo de entender la razón por la que los “entornos personalizados de aprendizaje” no han derivado de forma natural a “entornos colectivos de aprendizaje” (quizá pequeños pero muy interesantes), donde la pertenencia a una empresa no sea el constituyente esencial.

Hay numerosas y honrosas excepciones, sí… También las redes sociales verticales o los grupos de debate de redes generalistas buscan una respuesta a todo ello… Pero recuperando el “palabro” de antes… no son mainstream.

¿Me explican por qué?

En resumen.

Pocos subrayados en esta entrada, pero tres propuestas sencillas para desplegar comunidades de aprendizaje en la empresa. Algunas fortalezas que me gustaría destacar de cada una de ellas:

  • Comunidades de intercambio:
    • Por su transversalidad al trabajo habitual, enriquecen la visión sistémica y son fuente de desarrollo personal.
    • Promueven el reconocimiento horizontal.
  • Comunidades de acogida:
    • Se implantan en comunidades naturales y las refuerzan, al crearse en entornos laborales ya existentes.
    • Favorecen el crecimiento armónico y el sostenimiento de la comunidad natural en los ciclos de renovación de sus miembros.
  • Comunidades virtuales:
    • Promueven el debate, el contraste de opiniones y la reflexión colectiva, y facilitan el enfoque múltiple de los temas.
    • Hacen más eficiente la búsqueda y el filtrado de la información relevante, que conforma una base de conocimiento compartido.

Pues… es todo por hoy.

¿Irán a por ello?

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Vibraciones: ignorancia y felicidad

Muchas veces he dado vueltas a la idea de si la ignorancia es un aliado de la felicidad, entendida no como emoción instantánea, sino como estado de ánimo subyacente a una época (o a la totalidad, si ello fuera posible) de una vida.

De nuevo ha sido Julen Iturbe quien me ha hecho “vibrar” tras más de dos semanas de ausencia de esta bitácora en las que, simplemente, no me apetecía escribir. Y lo ha hecho por medio de uno de esos post que comienzan sin un aparente fin, en torno a la relación de la felicidad con la inconsciencia de poder manejar sus hilos, pero cruzando los territorios de la sociedad hedonista de consumo y de la “empresa emotiva” del homo economicus.

También Alberto Barbero había tenido la amabilidad de citar este modesto blog sólo tres días antes, en un interesante artículo en el que se declaraba investigando sobre qué es lo que produce la felicidad.

Y como entre los dos me han revuelto el dilema existencial, en lugar de hacer los habituales comentarios me he lanzado esta vez, por variar, a volcarlos en todo un señor post.

Para comenzar por algún lado, se me ha ocurrido la poco original idea de buscar frases célebres sobre el tema, así que me he topado con un prolífico sector italiano con sentencias como “La ignorancia es la mayor fuente de felicidad” (Leopardi Giacomo), o desde el humor en serio, “La ignorancia es la madre de la felicidad… y de la bienaventuranza sexual” (Giordano Bruno).

Claro que no sólo con italianos nos las tenemos que ver… Una de Sigmund Freud es clarificadora: “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y otra serlo“.

Ojos que no ven…

Veamos…

Para mí que la felicidad de una persona (para seguir y sin pensarlo demasiado), sí tiene que tener algo que ver con eso de que “ojos que no ven, corazón que no siente“, porque cuando alguien moderadamente bueno toma conciencia de las realidades de este mundo, más se le tornan intolerables las desigualdades y más real visualiza su personal acomodo incómodo frente a ellas.

Julen traía a colación la idea de felicidad en nuestra sociedad asociada al culto al hedonismo en todas las facetas de nuestra vida, desde los diferentes entornos en que ésta se desenvuelve.

La idea es profunda y me temo que yo me voy a limitar a sobrevolarla, pero esa idea le permitía volver sobre las empresas, para él ese monstruo incurable (aunque quizá ya evitable) que condiciona la vida actual de nuestro mundo con su adaptabilidad camaleónica a las variaciones de los anhelos sociales… de forma que nada, en sustancia, pueda cambiar.

Empresas que son necesarias para sostener una civilización sujeta en un entramado de consumo sin el que se caería con estrépito: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…“, que diría Groucho Marx ;-).

Empresas que procuran nuestra felicidad cómplice también dentro de ellas porque sólo así nos alinearemos en el logro de los objetivos que necesitan sean colectivos.

Pues les voy a decir una cosa: en todo caso, ese es un mal menor.

Porque aún hay empresas en que la persona es un mero factor económico (y no en tiempos de crisis sino habitualmente), personas para quienes el trabajo será siempre sólo un medio para poder vivir y que proclamarán que “la vida está fuera”… y trabajos que no permiten sentir que a eso se le pueda llamar “vida”.

A mí me da que, en cualquiera de estos casos, arrinconar el trabajo en la esquina de las 8 horas vuelve a ser “ojos que no ven“, una claudicación, unas orejeras que ponerse mientras se camina por la otra parte de la existencia.

Y también es “ojos que no ven” el llenar de actividad los tiempos de ocio, o el esconder los problemas de relación en obligaciones cotidianas, cobijo de nuestras cobardías personales y de silencios. Todo eso es también consumo, aunque no de bienes materiales, sino de algo más importante por escaso: consumo de tiempo.

Pero lo que sí parece, es que para muchas personas resulta más fácil alcanzar la felicidad cuando se cierran los ojos a la desigualdad social, al trabajo como pesada carga o a los problemas relacionales.

Huir, mirar para otro lado… lo hace mucha gente, así que parece que ayuda, ¿no?

(…) corazón que no siente.

Que no siente… ¡o que no sufre!, habría que decir mejor para preservar el sentido de la frase.

Hablar de ser feliz respecto de uno mismo o de cualquier otra persona es establecer un juicio. Para valorar si es un juicio fundamentado, suele ser recomendable hacer el ejercicio de fundar el juicio contrario… y no vendría mal para ello ponerle orígenes a la infelicidad: sufrimiento, por un lado (la resignación entra en juego) y emociones negativas que te esclavizan, por otro (con el resentimiento como “rey del mambo”).

 

El resentimiento te atrapa, condiciona tu vida, te llena de rabia sin posibilidad de reclamar lo que en justicia crees que te corresponde. Hace daño, te ciega, te vigila, está siempre al acecho para saltar al campo a la mínima ocasión que se presente.

La resignación habla de expectativas y deseos… a cuyo logro renunciamos definitivamente, porque llega un momento en que las etiquetamos como imposibles para nosotros.

La resignación es de la familia de la tristeza, el antónimo de la ambición, y colorea en gris el estado de ánimo de una persona incluso si ésta consigue ocultarlo a su mente y a su vida cotidiana. Algún día quizá hablemos más sobre ello…

Pero ambas cosas son origen de sufrimiento y por tanto de infelicidad como trasfondo emocional.

Por eso les planteo si realmente piensan que cerrar los ojos ayuda a ser más feliz, o si solo lo parece.

No voy a cuestionar ahora el que Freud acertara ligando la felicidad al hecho de ser idiota. Pero sí me pregunto seriamente si funciona el hacerse…

Ojos que ven… lo que al corazón hace sentir bien.

No crea felicidad tener una meta en la vida, sino creer que es posible, sentirla aún deseable y, sobre todo, verse en marcha hacia ella: sentir que se avanza o que esta vez sí que se avanzará, aunque sea poco, aunque sea sin saber muy bien hacia dónde… pero con el impulso suficiente como para ser consciente de ello.

No crean felicidad los sueños rotos, los anhelos que sentimos incumplibles, las renuncias conscientes y dolorosas a posibilidades que se cierran sin que nosotros lo deseemos.

Como modelo, podemos asumir la inconsciente felicidad de la primera infancia, pero cuando puede contemplarse… me ha encantado siempre la felicidad de la madurez.

Una felicidad serena, basada en la duplicidad del querer y apreciar a quienes sentimos que nos quieren y nos aprecian. Con perspectiva vital, ambas cosas nos permiten desprendernos de otros factores que pasan a ser definitivamente superfluos.

“No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”… Creo que esta frase preciosa, citada en uno de los comentarios al post de Julen, evita un círculo ontológico que se vicia con frecuencia: en términos de felicidad, también hay “posesiones” inmateriales tan valiosas… que hacen que el resto del mundo nos parezca menos necesario.

O lo que es lo mismo, cerrando con otra cita, esta vez de Ralph Waldo Emerson: “El éxito consiste en obtener lo que se desea; la felicidad, en disfrutar lo que se obtiene“. Aunque no olviden que eso exige que lo que cada uno obtenga… lo sienta como suficientemente valioso.

Las expectativas vitales de cada uno se forjan en función de lo que conoce, de lo que ha probado… o de lo que interpreta que significa para él lo que sabe que existe pero no ha probado. Se anhela aquello de lo que uno es consciente que desea y carece… pero sobre todo se añora lo que se ha tenido y se pierde sin desearlo.

Hay otra ignorancia, absoluta (la que se da sobre lo que ni siquiera sé que existe), que sí ayuda a la felicidad, aunque sólo sea por el simple hecho que que es incapaz de generar expectativas.

Disculpen las citas. Cuando hay más de una en un texto me generan repelús… pero hoy me he concedido una licencia.

El conocimiento nos hace más comprometidos y mejores personas… pero en la dimensión social del ser humano. Por tanto, no es evidente que nos haga más felices. Y un obvio descubrimiento: la felicidad es individual.

Por eso no les voy a hablar de la mía, ni les preguntaré sobre la suya.

¿Se lo preguntan ustedes?

Vibraciones: los dos bordes de la tecnología (Re’09)

Alrededor de la tecnología ronda mi última entrega del Re’09, porque la tecnología, muy presente en el Parc de Belloch, está siendo protagonista indiscutible de nuestra época.

picassoDigo con frecuencia de mí mismo que hace tiempo que dejé de ser un técnico, no tanto por el hecho nada dudoso de haber ido perdiendo mis competencias técnicas (que también), sino porque cada día me interesa más la comprensión de la utilidad y menos la comprensión tecnológica que, francamente, ya me desborda.

Creo que fue Picasso quien dijo algo así como que se necesitaban varios años para pintar como en el Renacimiento pero toda una vida para volver a pintar como un niño… y me gusta pensar que estoy en un camino paralelo… 🙂

Por eso en este post me gustaría hablar de tecnología, pero sobre todo de los dos bordes que conecta: la ciencia, su madre natural, la que le da la vida… y los seres humanos, su destino, quienes le dan sentido.

Porque, en el fondo, la tecnología no es sino el producto híbrido del descubrimiento y la utilidad… y ambas cosas son esencialmente humanas.

cienciatecnologiagoogleSe me ha ocurrido hacer un ejercicio intrascendente pero muy simple: buscar el número de referencias en Google para las palabras “tecnología” y “ciencia”… pero en inglés y en castellano.

Vean las significativas diferencias…

Creo sinceramente que le estamos privando a la ciencia y a la investigación científica de la relevancia que necesitaríamos que tuviera. Mantenemos apartados a los hombres de ciencia en sus discretas esquinas. Allí no les vemos y quizá con ello nos quitamos de encima la poco orgullosa carga de la ignorancia.

Somos una sociedad que exige igualdad y que se instala en la reclamación, poco humilde para acercarse a quienes están en lugares de los que ni siquiera podemos hablar, porque de ellos no entendemos nada. La humildad de decir “no sé, te escucho” está mucho más ausente de lo que tópicamente reconocemos… y las justificaciones son fáciles.

updateEn el Update de Updates, Alfons Cornella y Antonella Broglia nos introdujeron varias ideas relacionadas con esta entrada. Una de ellas la denominaron “The venturesome economy”, siguiendo la obra de Amar Bhidé, quien postula que la riqueza de un país estará en sus emprendedores y no en sus patentes.

Simplificando, trivializa el lugar en el que el conocimiento científico o tecnológico se pueda producir y refuerza la importancia de ser capaz de transformarlo en valor de mercado, que identifica con creación de riqueza.

Amalio Rey lo explica tan bien en su blog que desisto de intentar hacer algo parecido. Amalio hace algo más: cuestionarlo como desequilibrado… Y yo lo comparto. Aún más, me parece a mí que ningún país puede dedicarse siquiera a la competición entre territorios como apuesta estratégica absoluta. Le comentaba yo al propio Amalio: “… la capacidad tecnológica de un territorio no debería fiarse a que aparezca un Steve Jobs, creo. Me parece muy cortoplacista. Ni los que se reclaman liberales en economía reniegan de la conveniencia de políticas públicas (inevitablemente ligadas a un territorio)… y al menos en ‘lo público’, la labor de descubrimiento científico debería ser tenida en cuenta, como proveedor de equilibrios y ‘abridor’ de posibilidades a largo plazo“. Creo, por añadidura, que hay naciones con responsabilidad exigible en el descubrimiento científico y en el progreso de la humanidad. Me llamarán utópico… ya, ya, pero… aún lo creo.

Sobre ciencia propiamente dicha abrió el fuego Alfonso López Borgoñoz, acercándonos la figura de Galileo como artífice del método experimental, espoleta de la explosión renacentista, para reclamar la satisfacción por el “descubrimiento” que constituye la pasión de cualquier científico.

latorreJosé Ignacio Latorre nos contó cosas muy interesantes en un lenguaje de divulgación alejado de su también interesante-pero-en-otra-manera blog.

Una de ellas fue la que se refería al Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual que dirige, un centro que ha orientado su actividad a la celebración de reuniones científicas entre investigadores de alto nivel, que deciden concentrarse en Benasque, entre una y tres semanas, para la discusión de un tema. Una forma diferente, también, de generar riqueza en un entorno marcado por una muy distinta y estacional actividad económica…

En aras a recuperar atención y valoración social para la ciencia, nos presentó también un interesantísimo proyecto de divulgación científica consistente en crear una serie de televisión para medios generalistas, desde la visión de sus protagonistas, así como una televisión IP especializada en temas científicos en 3 idiomas (inglés, español y mandarín) en colaboración con la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la National University (NUS) de Singapur.

Pero finalmente, también nos contó algo inquietante: mostró su enorme preocupación porque “el conocimiento científico es cada vez más propietario, va a generar cada vez más elementos de poder y de conflictos éticos”. Mencionó que estaba habiendo intentos de patentar el conocimiento científico, de protegerlo para su explotación privada, en una forma que nunca antes se había conocido.

Odilas me decía que no, que eso no era algo nuevo… No sé, pero de verdad, piénsenlo… ¿hubiera sido admisible patentar la ley de la gravitación universal, el principio de Arquímedes o el teorema de Pitágoras?

La simple ley de Ohm es un descubrimiento científico en el campo de la física, que responde (como los demás) a leyes naturales que explican los fenómenos de nuestro mundo y que son, a mi modo de ver (estos sí que sí), auténtico patrimonio de la humanidad. Otra cosa es averiguar cómo medir la intensidad de una corriente eléctrica o tener una idea sobre para qué se puede utilizar una resistencia… Eso es ingenio humano aplicado a la creación de objetos por parte del hombre; eso es tecnología, eso es innovación, eso es diferenciarse, eso… se puede patentar.

Pues llegados aquí, aparquemos momentáneamente en el post la “conciencia trágica”.

revaTecnología y patentes de construcciones humanas también recorrieron el Re’09 en las ponencias y en realidades físicas que pudimos tocar y probar. Varias bicicletas o un Reva eléctricos, los ya conocidos Segways, la espectacular mesa táctil Microsoft Surface (multitáctil, dialogante con personas y objetos: natural user interface – NUI)… Otras pasaron por vídeo. Hubo varios, no es fácil elegir…

Aunque no suelo embeber vídeos en esta bitácora, haré una excepción: les dejo uno de los sorprendentes que llegaron de la mano de Microsoft, su proyecto “Natal” de control de movimientos aplicado a la próxima generación de la consola Xbox 360.

Va éste por dos razones: porque es posible que acaben con la boca abierta y porque… puede que se sientan bien al teminar…

Pues va a ser que no… que no me resisto…

Porque independientemente de la que sea su posición personal frente al gigante de Redmond… de verdad… que no es propaganda… pero hay cosas de Microsoft que merece la pena ver.

Los grandes descubrimientos científicos han posibilitado siempre la aparición de nuevas tecnologías que han impulsado el progreso, a veces desigual y traumático, a veces grandioso, a veces simplemente inimaginable de la humanidad.

¿Merece o no la pena ver el vídeo que sigue, aunque sólo sea como ejercicio de prospección de un futuro diferente…?

Citando a Clayton M. Christansen y como marco de su intervención, Carlos Domingo describió el concepto de tecnología disruptiva como “aquélla que, de forma inesperada, desplaza a otra ya existente”.

tecnología-reComentó las tecnologías que había detrás de las 5 ideas en las que sustentó su ponencia, todas ellas funcionando gracias a Internet, pero sobre todo recordó que eran tecnologías ya existentes cuyo único freno real sólo podría ser la aceptación social.

Entre esas ideas incluyó la sensorización de las personas mayores y el mundo de la realidad aumentada, dos aspectos sobre los que volveremos enseguida porque ambos, como los vídeos anteriores, nos acercan al otro borde de la tecnología, a su interación con el ser humano y a la utilidad para el mismo.

La ponencia de Oriol Torres sobre robótica humanoide de PAL Robotics dibujaba aplicaciones para las personas, robótica de servicios, más allá de los conocidos usos industriales.

Las ambiciones que Julen Burgoa dibujó desde FIK Advanlife incrustaban la tecnología en las necesidades vitales de una generación de personas que viven una vejez prolongada en la que necesitan afrontar problemas de dependencia que la sociedad aún no ha resuelto.

Varias patentes están ya en marcha en un proyecto interesante y singular por las características de quienes lo impulsan, por el potencial de negocio y por el componente social e innovador de la iniciativa.

Para terminar, en el mismo Update de Updates se volvió a hablar de “realidad aumentada“.

Otra vez tengo que citar a Dolors Reig para mencionar la que suele ser mi fuente más habitual de novedades sobre algo que me atrae como un imán, que intuyo será omnipresente en unos años.

Sus posibilidades creativas y operativas son enormes y apasionantes. Hay imágenes en el blog de Dreig que ayudan a entender de qué hablamos casi sin explicar. También algún otro artículo que no deberían perderse porque se refiere a tecnologías y aplicaciones colaborativas ya disponibles, como nos muestra el vídeo sobre la cámara Sekai para iPhone.

La realidad aumentada está ya abriendo un mercado que empieza a aparecer en medios de comunicación cercanos al consumo (por ejemplo, en la revista Consumer Eroski), en aplicaciones que no sólo se desarrollan sobre dispositivos de telefonía móvil, sino sobre múltiples soportes y objetos cotidianos.

Permítanme ahora hacer un breve inciso en el discurso del Re’09 para volver enseguida desde otro “hilo”.

denokinnRecientemente tuve la ocasión de participar en un taller organizado por DenokInn para la delimitación de tendencias emergentes.

Una de las trabajadas era la miniaturización (mini y no micro ni nano), donde curiosamente se habían alcanzado logros espectaculares en el campo la mecánica… ¡no acompañados por la electrónica de potencia!

Son necesarios avances tecnológicos en ese territorio, así como en las características de compatibilidad de nuevos materiales con el cuerpo humano, incluyendo su aptitud de biomímesis, porque la sensorización de las personas y en concreto de las personas mayores, también apareció por allí.

cienciatecnologia1Volvemos…

Cierro esta tercera entrega sobre el Re’09 con un retorno a una posibilidad inquietante: la unión de las soluciones de miniaturización de sensores biomiméticos, con materiales que se integran en el tejido humano, con la potencialidad de la realidad aumentada. La posibilidad, que no creo lejana, de que no solo las ciudades, las vías públicas, los edificios, los comercios o las empresas, sino también las personas, cada uno de nosotros, puedan ser objetivo de una realidad aumentada cuyas aplicaciones respecto de seres humanos son las que no alcanzo a adivinar… y que no sé si prefiero no hacerlo.

¿Creen que exagero? Lean este artículo, aún desde el lado opuesto al “lado oscuro”, o sea, aún desde el lugar en donde la persona es quien observa y no desde donde es observada…

Y luego piensen si va a haber o no tentaciones insuperables desde ese “lado oscuro”.

__________

Dos semanas después de su finalización, cierro aquí la serie de entradas dedicadas a resumir reflexivamente los mayores impactos que me llevé del Re’09. Hubo más cosas interesantes, pero muchas de ellas tienen que ver con emociones… y en gran medida se quedarán entre quienes estuvimos allí. Con un excelente balance global, para la organización también hay retos de reinvención del formato para el próximo año: espacio, apertura, participación, co-creación, más asombro…

Pero ellos lo harán, no me cabe duda, y a ustedes seguro que no les interesa tanto…

El año que viene se lo vuelvo a contar.