Reflexiones: no soy normal

En las conversaciones de padres en el patio del colegio, en las de vecindad, en las crónicas post-vacaciones compartidas o festejos sociales… Es bastante frecuente oir en una conversación intrascendente, sobre cualquier tema, algo así como “qué difícil es encontrar gente normal“.

Como pequeña provocación, yo suelo responder algo así como “¿Normal? ¿qué es ser normal? Nadie es normal. Ni yo… ni nosotros mismos somos ‘normales’. De hecho, todos somos en realidad bastante raros y además eso se acentúa con la edad, porque estamos cada vez menos dispuestos a filtrar nada“.

Vale, no es tanto provocación, porque se compadece mucho con lo que pienso… pero sobre todo creo que hay distintas formas de ver el tema y que hay una que se dibuja desde una perspectiva muy positiva.

Les refiero una historia preciosa, de hace muchos años, que cuenta mi mujer sobre este asunto. Por lo visto, en algún momento ella le reclamaba a su padre un cambio de postura sobre no sé qué tema diciéndole eso tan clásico de “Eso es lo que hace todo el mundo, es lo normal“. Pues revestido de lógica demoledora, su padre le debió responder: “Hija mía, nunca he pretendido que fueras alguien normal“. 

¿Saben qué les digo? Pues que aunque obviamente no estuve… me gusta verme ahí. Me encanta esa visión de la educación de un hijo…

El caso es que, como ya les he dicho que creo que a casi nadie, cuando se le conoce bien, puede colgársele el adjetivo de “normal”… eso debería ser un hecho extensible a mí mismo. Y así parece ser. Me he puesto un pequeño examen y aquí tienen mis respuestas:

  • Aún voy a misa. Aunque ha habido unos años en que dejamos de hacerlo porque los peques eran peques y era un lío, hemos recuperado la vieja costumbre (el hábito,  😉 habrá que decir…). La verdad es que resulta un poco descorazonadora una misa en invierno, pero creo que es bueno de vez en cuando dejar que te recuerden que es bueno ser bueno… aunque luego uno haga lo que pueda.
  • Mi blog no cumple la mayoría de las recomendaciones para escribir un blog. Mis post son con frecuencia extremadamente largos, demasiado serios a veces, poco efectistas la mayoría… En fin, nada que no sepan.
  • No me gusta el deporte. Bueno, verlo sí, en televisión o en directo… pero a mí, el deporte, lo que fundamentalmente me produce es cansancio. Se me ocurren docenas de formas de relajarme sin tener que machacar el cuerpo antes.
  • No tengo un cartucho pirata con “tropecientosmil” juegos para la DS. Al contrario que con la música, aún no me siento estafado por esta industria… aunque todo se andará. Además, creo que el producto de la creación de un software es precisamente el software.
  • Creo tener una visión social y libre del trabajo a la que no veo encaje ni en la izquierda ni en la derecha ni en la que no-se-sabe-dónde-está. Pero lo peor es que no se encaja en las empresas capitalistas… ni tampoco, por lo que parece, en las cooperativas… 😯
  • Soy fundamentalmente legalista. Si hace falta, doy mil vueltas para no aparcar el coche mal, para que me entiendan. Creo que las cosas hay que cambiarlas respetando las normas legítimamente acordadas. Ergo… hay que cambiarlas sin “chanchullos”, sin “enchufes”, sin “compensaciones ilícitas”… pero hay que cambiarlas. Hay que ser inteligente para influir lícitamente. No creo que de otra forma sea más fácil cambiarlo todo.
  • Soy serio. Las transacciones acordadas y los compromisos hay que cumplirlos. Vamos, que si se te olvida pagar en un bar, hay que regresar y hacerlo… y si te cobran de menos, reclamarlo también.
  • Creo que es a los buenos amigos  a quienes, precisamente, hay favores que no se deben pedir. Clarito, clarito: hablo de aquellos favores que comprometen sus principios, por mucho que nos vengan bien.
  • Me gusta la gente educada: gente que ceda el paso al que peor lo tenga y que en cualquier caso sepa siempre cuándo debe cederlo, que salude en el portal, que aunque a veces “jure en hebreo” sepa no hacerlo cuando no hay que hacerlo, que coma con unos mínimos modales, que sepa decir “gracias”, “buenos días” o “disculpe” con naturalidad, que vista bien cuando visita a un cliente o va de boda… Gente que muestre señales visibles de respeto en las ocasiones especiales. Así de anticuado, sí…
  • Me gusta el trabajo. Me gusta trabajar en algo que me guste, claro. Hay que tratar de encontrarlo: en mi caso, algo que haga pensar, que permita decidir, que invite a ser creativo…
  • Y hasta me gusta hablar de trabajo cuando el trabajo cumple con lo anterior. Afortunadamente, tengo con quién disfrutar de ello… 😉

Me paro….

Pero así podría seguir un buen rato.

Hay muchas de estas cosas que ya “no se llevan”, que no son cool. Así que, a pesar de estar cada día rodeado de más gadgets, de esforzarme por no quedar descolgado del todo de todo y de hacerlo disfrutando de ello, debe ser que voy haciéndome mayor.

Y miren… eso sí, debe ser lo único normal. 🙂

12 comments

  1. Coincido en casi todas tus “rarezas”, excepto en lo de la misa (no soy creyente) y el “cartucho” de la DS (de mi hijo) que le hemos regalado , eso sí, con juegos más educativos como “Profesor Leyton” y otros similares. Buen post y buen blog.

    1. Gracias y bienvenido a la cola de los comentarios inquietos…

      No sé… Lo que yo me encuentro es que cosas que hace no demasiados años serían frecuentes de encontrar son cada vez más inusuales a poco que escarbes. Tal vez las apariencias nos permitan pensar que existe una especie de mediana de comportamientos sociales a los que una mayoría se adhiere, pero se diluye con rapidez cuando rascas un poco la pintura.

      Más bien creo en lo que digo al final, que a medida que crecemos perdemos el interés por filtrar nuestros comportamientos sociales y que, al mismo tiempo, la sociedad también ha evolucionado hacia su relativización, lo que hace lo anterior más fácil.

      Para terminar… si coincides en “casi” todo… me da por sospechar: a lo mejor es que Ibai, justo aquí debajo, tiene razón y es que esto de leer blogs es para gente rara… 😉

    1. Hola, Ibai. Pues mira…

      Hablábamos hace sólo unos pocos días en una conversación informal, tras una reunión de trabajo, sobre si es cool ser friky hoy en día, y sobre lo que significaba ser friky. Creo que hemos perdido la perspectiva: @abediaga defendía que todos nosotros éramos unos frikys, incluso aunque tuviéramos un discreto papel en la red. O sea, que el simple hecho de tener una cuenta y ser activo en Twitter es ser un friky.

      Perdemos con facilidad la noción de que seguimos siendo una minoría, no los que estamos en la red, sino los que hacemos de ella un espacio de aprendizaje personal y de conversación no banal. Es un matiz que no acostumbra a hacerse y que cada vez me parece más relevante, porque significa que concebir la red como creo que la concebimos forma parte de una auténtica minoría a la que pertenecemos.

      Tal vez eso haga que haya una parte de nuestros perfiles que pueda convivir con facilidad en determinadas rarezas… sobre todo si nos vamos decantando por tribus como apunta a continuación @arati… y así nos resulte todo más familiar. O tal vez no. Sinceramente… ni idea.

      Pero todo sea por volcar lo que me pasa por la mente…

      Gracias y saludos.

  2. Con un índice de coincidencia muy alto (digamos que soy agnóstica y tampoco tengo cartucho pirata de la DS

    … ¿será que todos andamos buscando coincidir con otros raros como nosotros?, ¿que de algún modo nos gusta encontrar una tribu donde sentirnos un poco “normales”?

    1. Hola, Arati.

      Lo de agnóstica… es muy tolerable… 😉 … pero lo de no tener un cartucho pirata para la DS… mira que eres rara ¿eh? Para mí que quedamos cuatro…

      Me han recomendado ya varias veces leer el “Tribus” de Godin y aún no lo he hecho, pero intuyo que va por ahí, sí. Lo que no sé es si solo nos gusta o si además y en el fondo, lo necesitamos.

      Gracias por pasarte. Un placer.

      1. Hola Jesús, lo de agnóstica me lo apropio en un amplio sentido wikipédico: “El agnosticismo (del griego α- a-, sin + γνώσις gnōsis, conocimiento) es aquella postura filosófica o personal que, a grandes rasgos, considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o va más allá de lo experimentado o experimentable”.

        Y la referencia a la tribu no era la de Godin, sino a una acepción común y familiar: la tribu como conjunto de semejantes, un lugar donde uno se puede sentir uno más y acogido.

        Somos seres sociales: todos necesitamos sentirnos parte de una tribu. Aunque nos sepamos “raros” y la nuestra sea una tribu de miembros dispersos y poco gregarios… al final acabamos por encontrar puntos de encuentro, algunas hogueras en torno a las cuales reunirnos.

        Léase hogueras, libros, blogs…

        Un placer leerte.

        1. Hola, Arati. A esa definición de agnóstica es a la que me refería. Fíjate que, aun siendo creyente como reconozco arriba, me encuentro bien en ella… Y es que somos seres contradictorios, como diría el maestro artesano…

          Me gusta ese matiz de tribu porque me gusta sentirme así. Mirando a mi entorno más familiar, por ejemplo, supongo que hemos dedicado muchas horas a convertir nuestra familia de cuatro en una tribu, porque mi intuición me dice que los peques la sienten así. Pero más allá de ese núcleo más íntimo de nuestra existencia social, con frecuencia cuando leo tus textos, por ejemplo, me siento que comparto algo, que me tocan en un sitio que suele estar reservado. No soy parte de nada (¿o sí?), pero siento serlo.

          Y eso cubre algo que necesito, sí.

          Como dices, dispersa, gregaria, pero… creo que a eso le llamas también tribu… y en esa hoguera… conforme, nos juntamos. Placer mutuo.

  3. Todos los puntos que has puesto me describen perfectamente. Y, como veo que hay otros casos por aquí, entonces resulta que es probable que seamos normales, a fin de cuentas. 😉

    Felicidades por este blog.

    1. Gracias por tu comentario, Jaime. Y como siempre, con el primero y con los que vengan, siéntete muy bienvenido a esta casa.

      Ya ves… un par de líneas y uno se encuentra menos sólo ;-). Gracias también por tu felicitación por el blog… que devuelvo para el tuyo, que acabo de descubrir: me parece que en él voy a encontrar con frecuencia cosas que me fascinen. Un abrazo.

  4. Llego con retraso al hilo de los comentarios y lo hago con una cita de Susan Sontang “la vida corriente es ridícula, si te distancias lo suficiente para verla “.
    Bueno… el eterno dilema ¿Que es normal? ¿Es normal la realidad? o ¿Que hay de realidad en nuestra pretendida normalidad? ¿Es real la realidad?
    Y bueno, lamento no tener mas tiempo para pasarme mas a menudo por este blog que me está gustando…
    Saludos insulares.

    1. Hola, Manuel.

      Una de las grandes ventajas de un blog es el asincronismo de la conversación, así que… nunca es tarde. La alegría del comentario es igual que si fuera el día de edición, o por lo menos la mía.

      Me incomoda la cita de Susan Sontag, porque me parece incompleta. A la vez que comparto el ridículo que procede de mirar la vida corriente de lejos, es precisamente cuando te alejas cuando sientes (que no observas), que al mismo tiempo es eso lo que puede hacerla deliciosa, a poco que te haya ido medianamente bien en ella.

      Y por lo demás, no sé si es real la realidad, pero sí creo que no podemos saberlo. Así que lo de normal… tampoco.

      ¿Valdrá para algo pensar en ello?
      Saludos… agridulces.

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