Mes: junio 2010

Vibraciones: MONDRAGON Citycar (y +)

En los casi 70 posts que a lo largo de año y medio han ido dando forma a este blog, va a ser la primera vez, aunque sea de forma indirecta como verán, en que me refiera al negocio de mi empresa.

El viernes pasado se presentaba en sociedad el proyecto de la Corporación MONDRAGON para diseñar y fabricar un vehículo eléctrico tipo “city car“.

La rueda de prensa tuvo la esperada cobertura de los medios tradicionales (prensa y televisión), aunque me da que la única información “oficial” directa de la Corporación en la red a día de hoy, un anuncio previo a través de Twitter, también fue una muestra de que sus (nuestros) canales de la web social recientemente abiertos (Vimeo, Flickr, Twitter, LinkedIn, SlideShare y Delicious), aún necesitan entender que la inmediatez importa… si se aspira a tener algo que hacer en la construcción de la imagen y reputación corporativas.

Pero vamos al post… que no va de eso.

Quizá esto les sorprenda, pero el proyecto tiene, a mi modo de ver, una gran importancia por varios factores que son independientes incluso de que ese coche acabe o no por fabricarse industrialmente y por recorrer nuestras calles… que espero que sí.

Destacaré tres.

El primero es que es un proyecto desarrollado en cooperación. En el camino que lleva recorrido, en el proyecto Citycar han participado ya personas de casi 30 organizaciones, incluyendo cooperativas industriales, centros tecnológicos y de diseño y la universidad del grupo, además de Lotus Engineering como socio tecnológico.

Prácticamente la totalidad de los proyectos de emprendizaje en que nos estamos embarcando son proyectos en cooperación, donde el mundo es el lugar más pequeño que hemos encontrado para hacernos con compañeros de un viaje… “glocal“.

El mundo es co-… 😉

El segundo es que, más que un proyecto de fabricación de un vehículo eléctrico, lo que se ha puesto en marcha es un “proyecto tractor”.

El propósito de afrontar un “vehículo eléctrico” al completo es sobre todo una idea tractora que pretende ser el polo que aglutine voluntades y recursos de las cooperativas relacionadas con el automóvil en un conglomerado tan peculiar como el de MONDRAGON.

Un cambio de estrategia sustentado en experiencia acumulada por cada cooperativa del sector de automoción y en un conocimiento disperso que hasta ahora, curiosamente, encontraba difícil alinearse entre estrategias y prioridades marcadas desde el campo del negocio de cada uno.

El concepto de “proyecto tractor” puede permitirnos visualizar con claridad las oportunidades de negocio que para cada uno tiene embarcarse en una empresa común… y se pretende extender, más allá de automoción, como estrategia corporativa para otros sectores en los próximos años. El caso del Citycar podrá, además, servir a la innovación y al diseño de nuevos componentes y soluciones para el automóvil, puesto que constituirá el mejor “demostrador” que uno pudiera desear: un vehículo.

No quiero pecar de visión endógena: no somos los únicos en impulsar “proyectos tractores”, claro.

Actualmente nos hemos desenganchado, pero estuvimos también embarcados en el arranque del proyecto Hiriko, que hoy sigue su propio rumbo auspiciado por DenokInn, promovido desde AFYPAIDA y soportado tecnológicamente en Epsilon Euskadi como centro tecnológico y en los desarrollos del MIT Media Lab. Pero más allá de Hiriko, lo que DenokInn impulsa son “proyectos-país”, un concepto en dirección similar pero en clave de territorio, proyectos en torno a los cuales se crea a medio y largo plazo tejido industrial y económico, que produce riqueza… y empleo.

Creo que los principales grupos industriales del país están desde hace tiempo preparados para poner ambición en papeles más relevantes que el de buenos fabricantes. No es difícil encontrar ejemplos de ese salto en el mundo de los servicios o de la energía, por poner casos que resultan claros sin dar nombres, pero no hay demasiado a donde agarrarse en el terreno fabril.

Así que es el momento de salir de la crisis con ambición empresarial, de dejar de poner muy bien las piedras… para atreverse a construir las catedrales.

Desde mi punto de vista, también los recursos de financiación y el apoyo público deberían contemplar esta estrategia, para facilitar un salto que se me antoja imprescindible para los próximos 20 años en esta economía globalizada que pone a las actividades de fabricación en occidente en la tesitura de encontrar su significado. ❗

El tercero y último de los factores que creo interesante destacar es que el proyecto comienza por una importante inversión en ingeriería y diseño.

No son frecuentes los casos de empresas de mi entorno que hayan comprometido inversiones relevantes en intentar aumentar significativamente el conocimiento de las personas.

Encontrar un aliado con el que cooperar en ello porque los intereses confluyen y no compiten no es sencillo, pero buscarlo debiera ser un “must” de la actual estrategia empresarial. Desde la tecnología, desde el diseño… y desde la ciencia, orientando la actividad investigadora universitaria, apalancando sus medios, hacia investigación aplicada y la innovación. 💡

Sólo me queda una pequeña inquietud (¿desazón?) personal en este asunto: sigo sin ver cómo se generaría todo esto desde un mundo de [no] empresas… así que habrá que seguir trabajando en transformarlas desde dentro. 🙂

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Les dejo con lo que está siendo la principal contribución de mi cooperativa (no la única) a este proyecto tractor: rediseñar este motor de Lotus, con Lotus, para hacerlo industrialmente fabricable…

¡Que no, que no…!

Sin aburrirles con la diferencia entre un eléctrico, un híbrido, sus subtipos y la función de un motor “range extender“, trataré de traducirlo mejor…

[ Les dejo con lo que está siendo la principal contribución de mi cooperativa (no la única) a este proyecto tractor ]: pasar de ser sólo un buen fabricante de componentes… a invertir en función, a invertir en conocimiento.

Vibraciones: conseguir subvenciones

Hace pocos días, Amalio Rey abordaba en un post la cuestión de los “peajes a pagar” (en términos de pérdida de libertad para el consultor) que suponía en muchas ocasiones la búsqueda de proyectos con la Administración, cuestionándose si merecía la pena… o dónde estaban los límites.

Me resultó sorprendente que alguna de las prácticas públicas que describía aún pervivieran como comportamiento habitual (censura de  contenidos o imposición de ponentes, por ejemplo, a cambio del deseado “dinerito”).

Más allá de las comprensibles cuestiones de imagen, no pensé que esas otras fueran práctica corriente… y creo que no hay que tolerarlas mientras se pueda. Pero a lo que íbamos… estuve de acuerdo con su artículo: mejor “vender” un producto semielaborado en vez de “financiar” un proyecto nonato, para así tener la libertad de decidir por dónde debe caminar.

Lo que pasa es que, al hilo de su argumentación, como suele ser habitual, a mí la mente se me iba “a lo mío”.

Yo no me veo implicado habitualmente en la búsqueda de “socio financiero” para arrancar un proyecto o de ayudas para que otros lo hagan, aunque sí en otro territorio muy diferente (lidiar con la gestión de subvenciones públicas a proyectos de innovación o de transformación en que nos embarcamos)… pero que desde mi punto de vista acaba teniendo mucho que ver con el asunto que Amalio trata, en algunos comportamientos que induce.

Le decía a Amalio: “Desde mi pequeño rincón de gestión de subvenciones, hay algo que me preocupa mucho.

Vale, planteas un proyecto, incluso lo “vistes” de la forma más adaptada a las condiciones del programa de ayudas sin perder la esencia de lo que necesitas (al fin y al cabo, el marketing tradicional funciona aquí muy bien).

Mirando a la empresa que va a desarrollar el proyecto (la mía por ejemplo), la búsqueda de ayuda pública es, las primeras veces, una acción añadida, al margen del proyecto. Sin embargo, según pasa el tiempo y con él varios proyectos, el peligro de que acabe siendo un objetivo tan importante como el del proyecto en sí mismo crece… y muchas veces interfiere de tal manera en las prioridades que se asignan o en la orientación de los objetivos que no sé… no sé si la búsqueda sistemática de ayudas no nos hace en realidad un flaco favor.”

Sobre el tema de las subvenciones, parafraseando una célebre sentencia, “he visto cosas… que ustedes no creerían”. Bueno, ya sé que sí… pero me apetece hacer una lista no exahustiva de comportamientos que no suelo encontrar publicados:

  • empresas que tienen proyectos de transformación que no encuentran programas de subvenciones a que acogerse (créanme, los hay), que buscan la forma de disfrazarlos con el vestido que mejor le siente a los criterios que se especifican en los programas públicos (en uno o en cincuenta, que el objetivo buscado por la administración es lo de menos…).
  • empresas que encuentran cinco vestidos para el mismo santo, al que presentan con cinco lavados de cara para que no se note que el niño es el mismo.
  • empresas que trocean sus proyectos para poner cada huevo en una cesta, a pesar de que el objetivo (y el proyecto) es sólo uno.
  • empresas que dedican recursos específicos a la búsqueda y justificación de subvenciones… que se convierten en el mayor centro de beneficio de la organización.
  • empresas que captan subvenciones para unos proyectos… y luego emplean los recursos para lo que les haga falta (normalmente proyectos con más dificultades para subvencionar), justificando luego los gastos “como sea”.
  • empresas que deciden quién o qué parte de su organización (o de una externa) lidera un proyecto en función de cuánto más fácil es lograr así una subvención.
  • administraciones que sólo se preocupan por que las empresas justifiquen exactamente sus previsiones, porque si se justifica más o menos (aunque sea lo que realmente se ha dedicado), supone un “follón” administrativo (es especialmente sorprendente lo que pasa si quieres decir que realmente sólo has necesitado la mitad de lo que esperabas).
  • administraciones que te piden que justifiques gastos de un proyecto subvencionado para librarte la cantidad concedida… 5 años después de haberlo cerrado (con o sin éxito… y a lo peor sin éxito por ese plazo tan largo).
  • administraciones que subvencionan recursos que saben positivamente que no va a ser posible justificar fundamentadamente (ni que se han usado… ni lo contrario).
  • administraciones que conceden subvención a empresas de un grupo por proyectos que son rechazados para otras o para el grupo.
  • administraciones que “negocian” (obviamente sin compromisos firmados y sin seguridad plena… o eso espero) volúmenes subvencionables para sectores o para grupos sin que se hayan presentado aún proyectos (ya se encontrarán…).
  • administraciones incapaces de trazar colaborativamente un mapa de subvenciones coherente, que aflore duplicidades e “ingenierías de las subvenciones”.

Obviamente, la realidad no es necesariamente como la percibimos, así que esta es sólo una interpretación de lo que creo haber visto u oído de muchas empresas, pero intuyo que buena parte de la lista anterior estará respaldada por otros numerosos ejemplos que conozcan.

Y no quiero caer en el tópico fácil del cascarrabias para el que todo se hace mal…

La verdad es que muchas empresas hacen esfuerzos significativos por transformarse y por innovar y reciben como maná del cielo el alivio financiero de la aportación pública, independientemente de que sea en los proyectos prioritarios o también en otros.

Pero empresas y administraciones sobrevuelan sobre el asunto sin querer mirarlo, asumiendo que estas reglas difusas en que ambas partes se mueven son parte del paisaje… y eso es una invitación para caraduras y vividores.

Sé también que no puedo generalizar: hay programas muy serios que realizan un control exahustivo de los proyectos que se presentan o de los costes de los beneficiarios de las ayudas concedidas. Hace unos meses recibimos una denegación de ayuda esquisitamente fundamentada, hasta el punto de que, en el fondo, me produjo una cierta satisfacción (estoooo… que si alguien de lo público me está leyendo no me malinterprete, no vaya a ser que se “esfuerce” en repetirlo conmigo los próximos diez años… 😉 ) por un trabajo bien hecho. Pensé incluso en enviar un mail de felicitación por ello, aunque finalmente no me atreví.

Pero ambas cosas creo que son verdad.

Se empieza pensando “ya-está-bien-de-hacer-el-tonto, de-ir-de-paladín-del-mercado-libre”, se continúa pensando que buscar subvención es parte del trabajo (¿se reconocen ahí?)… y se termina pensando que casi es “el” trabajo.

Y así llegamos a mi preocupación desde el comentario al post de Amalio: “muchas veces, [la búsqueda de subvenciones] interfiere de tal manera en las prioridades que se asignan o en la orientación de los objetivos que no sé… no sé si la búsqueda sistemática de ayudas no nos hace en realidad un flaco favor”.

De la misma manera que hay muchas empresas que consideran a las personas como recursos, las hay que consideran a la administración también como un simple recurso y no como un grupo de interés orientado a dar servicio público al gasto público.

Y de la misma forma que hay administraciones que cierran los ojos a los derechos individuales frente a otros intereses más cercanos al mercado, las hay que prefieren no entrar en harina y quedarse en “lo macro” a la hora de conceder las ayudas.

Si les parece que las conductas anteriores son “bastante” normales, tolerables… es que tenemos un problema. Como mínimo, un problema de complacencia.

Creo sinceramente que habría que reformar por completo la forma en que se conceden ayudas públicas a proyectos. Ya sé que en muchos casos, muchas empresas “no pueden” aventurarse en algunas historias sin un cierto apoyo enconómico o financiero, pero… ¿de verdad que no?

Venga, seamos radicales… les ofrezco dos ideas:

  • Suprimir todas las ayudas a empresas por proyectos: los proyectos que una empresa decidiera afrontar deberían formar parte de su juego en el mercado.

Si un sector completo estuviera en crisis por factores estructurales y se deseara intervenir desde lo público para salvaguardar un bien común (léase empleo), hágase de forma abierta, a manera de Plan de Competitividad (véase sector de automoción), contra “paquetes” completos de proyectos orientados a la reconversión de cada empresa del sector, con un límite de tiempo improrrogable y con condiciones mínimas que permitan un cierto nivel de confianza en que la “inversión” pública es de riesgo limitado.

Ya sé que nada es perfecto, pero a mí me parece más limpio, más transparente.

  • Si se desea seguir subvencionando proyectos, suprimir las subvenciones a fondo perdido: si lo que las empresas requieren es financiación para un proyecto, los préstamos sin interés (y si fuera necesario, con años de carencia), resuelven el problema.

En este sentido, debería también impedirse que fuera posible “negociar” un préstamo sin interés con una entidad bancaria para convertirlo ‘de facto’ en una subvención a fondo perdido, para evitar así convertir la subvención en una vía para conseguir liquidez.

Como alternativa, si se otorgaran cantidades a fondo perdido, el objeto de dicho proyecto y el conocimiento desarrollado deberían ser bienes públicos, de dominio público, al menos tras un plazo razonable de años, tanto más corto cuanto mayor hubiera sido la aportación de la ayuda.

¿Qué tal? ¿Cómo lo ven?

Vibraciones: emociones que no quiero perder (futuro)

Termina aquí la trilogía dedicada a emociones que no quisiera perder. La verdad es que en el camino he ido dejando numerosísimas que tendrían que sumarse a la lista… y es que cuanto mayor sea la capacidad de sentir, más rica resulta la vida.

En total han sido 13.

Dicen que es un mal número “si no crece”, pero la verdad es que como la cola de las que han quedado fuera de la lista es tan amplia, el haberme parado en esa cifra no es sino un mero hecho circunstancial que podría corregir con facilidad, así que… no voy a hacerlo.

No solo emociones sino también grandes vídeos se han quedado en la recámara. Algunos, simplemente, porque ya aparecen en otros post de este blog (“Kurzweil“, “Project Natal“…) y otros, por simple descarte (“Stand by me“, “Padre e hija“…), a los que ya les llegará el turno.

La tercera y última entrega incluye algunas muy recomendables para afrontar el siempre incierto futuro. Son todas emociones positivas, claro, porque amplían posibilidades.

Curiosamente, también me gustaría conservar con intensidad algunas formas de varias emociones negativas: porque ayudan a disfrutar de las positivas, porque son útiles en la supervivencia… y porque en ellas también son posibles acciones de las que aprender.

Si les apetece contar su lista de emociones o sus vídeos mejor guardados… los comentarios, como es habitual, son más abajo.

EMOCIONES PARA AFRONTAR EL FUTURO

Ambición

  Ambición en el sentido sajón del término: plantearse metas para crecer, para aprender, para crear… e ir a por ellas. Puro afán de superación, antítesis del pozo sin fondo de la resignación, ese cementerio de ilusiones de personas y equipos.

El vídeo es el resumen de la “Última Conferencia” de Randy Pausch. Como probablemente lo conocerán, no comento más: pura ambición por la vida… y una gran herencia.

Optimismo

No el optimismo ingenuo y sin fundamento, sino más bien ese optimismo vital que permite trivializar los pequeños encontronazos de cada día, si en el balance de la vida uno es “moderadamente feliz”: ese optimismo que va de la mano con la liviandad.

Incluso a pequeñas dosis, es abono para la confianza a la hora de alcanzar una meta; hace el camino más fácil… aunque no sea mucho, no vamos a discutir.

No sé el origen real de este vídeo, que me llegó proyectado dentro de una ambientación “taurina”… 😉 Digamos que tvsat tuvo algo que ver en que encontrara “Marcianitos”  de nuevo… No es que hable en especial de optimismo, pero verlo me deja una sensación que por lo menos se le parece…

Rebeldía

Inconformismo, guerra continua a la complacencia. Rebeldía interior, a veces contenida, a veces estallada, frente a lo que no está bien, a lo que resulta manifiestamente injusto, fatuo o inútil, a los silencios cómplices, a los tupidos velos, a quienes se esconden en los tópicos, a quienes siempre esperan a que otro dé el paso adelante… a quienes no le dicen al emperador que en verdad está desnudo.

 El vídeo corresponde a la conocida arenga final de un barbero en un sitio equivocado: Charles Chaplin en su película de 1940, “El Gran Dictador“.

Respeto

Respetar a una persona es aceptarla como un ser diferente, legítimo y autónomo. Entre el respeto y la tolerancia… media un abismo.

El vídeo es “What is that”, de Constantin Pilavios. Como los anteriores, muy conocido: una historia de gorriones… o con ellos.

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” está formada por tres artículos:

  • Infancia: asombro, ternura, compasión, curiosidad.
  • Presente: paz, relajación, amor, ironía, resolución.
  • Futuro: ambición, optimismo, rebeldía, respeto.

Vibraciones: emociones que no quiero perder (presente)

La segunda entrega de la serie trata de las emociones que sirven para vivir con plenitud el presente. Concretar mi selección personal me ha resultado mucho más difícil, porque el número de emociones que componían la lista inicial de esta parte era mucho mayor. Hay muchas que me parecen importantes y que me gustaría seguir sintiendo intensamente cuando hay motivo para ello… pero he tenido que filtrarlas en aras de una dimensión razonable del post. No recojo en particular algunas que tienen un caracter de inevitabilidad, como la diversión, la irritación… o el miedo. Que suceden con intensidad cuando se las provoca y que por tanto… es más difícil que se diluyan. Lamento que, si les sorprende que desee conservar alguna de esas, se vayan a quedar sin la explicación… 😉

VIVIR EL PRESENTE

Paz

No es bueno vivir arrastrado por el pasado. En especial, el resentimiento esclaviza, impide que la energía personal se dedique a crear y a seguir creciendo. Celebrar la vida es vivir desde la paz todos los momentos que la componen: alegres, entrañables, duros, exultantes, tristes, amargos, felices, dolorosos, brillantes…

El vídeo es “16: Moments”, de Will Hoffman. Sin más…

Relajación

Saber desconectar, tomarse un respiro para no pensar en nada, evadir cuerpo y mente, dormir bien… es la mitad del camino que hay que recorrer para mantenerse mentalmente sano.

El vídeo es de Jon Rawlison y corresponde al Okinawa Churaumi Aquarium de Japón. Cierren la puerta y pónganse cómodos. Véanlo en la mejor definición que su conexión permita y a pantalla completa… y regálense 4 minutos y medio de auténtico gozo.

Amor

Me lo dijeron al principio de mi formación como coach y creí entenderlo, pero… sólo cuando pude realmente “sentir amor por el coachee” intuí que, al fin, estaba siendo capaz de ayudar a alguien. No es lo único necesario pero, en sus diferentes formas y acepciones, es imprescindible interiorizar que sin él… no hay relación sana, profunda y satisfactoria con el ser humano.

El vídeo es “World Builder”, de Bruce Branit. Si uno hace cosas por los demás… ¿no es siempre por amor?

Ironía

La otra mitad que hace falta para una mente sana es una mente activa. La ironía, bien entendida, ejercita la inteligencia desde el lado del humor. A veces es fuente de conflictos, a veces traspasa la barrera y se convierte en un estúpido sarcasmo… y entonces lo estropea todo. Pero cuando el juego de la ironía inteligente es aceptado, se convierte en un juego de complicidad, en un juego de inteligencia.

El vídeo es conocido pero me sigue pareciendo brillante: John Bird y John Fortune explican en “The Last Laugh” la crisis subprime, muy poco después de que estallara…

Resolución

Uno puede diseñar un plan fabuloso, puede plantearse un gran reto desde la ambición y planificar cuidadosamente todos los detalles… pero siempre hay un momento en que lo que se necesita es tomar la decisión. Cuando te lanzas… o cuando los accidentes del camino te detienen o te desvían de la ruta. Es el momento de actuar, de arrinconar la queja, la resignación o la espera.

El vídeo es “Tree”, de la serie TOI LeadIndia. ¿No les entran ganas de mojarse, de llegar hoy enfangados a su trabajo?

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” estará formada por tres artículos:

Vibraciones: emociones que no quiero perder (infancia)

Estos días he estado repasando algunos trabajos que realicé en esa búsqueda introspectiva que supone afrontar una formación como coach. Me han venido a la mente muchos recuerdos de lo que fueron 9 intensos meses de 2004… y muchas emociones compartidas con quienes se embarcaron conmigo en el mismo viaje.

Así que de eso quiero hablar: de emociones. Pero no de lo que son o lo que significan, sino de algunas emociones con las que me siento a gusto, que creo que forman parte de mi registro emocional y que no me gustaría perder.

Lo voy a hacer en tres partes:

  • las primarias ligadas a la infancia, que quisiera preservar (el post de hoy);
  • las que ayudan a vivir y disfrutar del presente;
  • las que permiten afrontar el futuro con las manos abiertas.

No sé si coincidirán conmigo o si no: son las mías. He hecho una pequeña lista inicial y salen demasiadas, así que he hecho un esfuerzo por seleccionar más o menos una docena (ya veremos cuántas quedan al final) que son las que creo que las personas vamos dejando más fácilmente en el camino.

La razón para convertirlo en una trilogía es la forma en que pretendo abordarlo: una breve reconstrucción lingüística de cada emoción o una razón de por qué la he escogido… y un vídeo seleccionado de entre mis favoritos. Y no me gustaría abrumarles con el consumo de tiempo… 😉

Que lo disfruten.

LA INFANCIA QUE QUISIERA PRESERVAR

Asombro

Asombrarse es despertar con incredulidad a lo impensado, a lo inaudito que transforma la sorpresa en pasmo.

No me lo puedo creer, mis ojos o mi mente me engañan… ¿será posible?… Déjame… déjame que vuelva a verlo… Dame un minuto… para asimilar esto… El vídeo es uno de los que periódicamente nos regala Microsoft como su visión del futuro (para llevar el asombro hasta los 5 minutos, descárguense el vídeo extendido aquí).

No me gustaría que el ritmo de los cambios y de la tecnología me haga perder capacidad de asombro. Hoy… aún no ocurre.

Ternura

No sabría cómo definir la ternura de forma que me sienta bien con ello. Sensibilidad hacia las emociones primarias y buenas, reclamo de la inocencia de la infancia, desarme que ablanda, que extrae lo mejor… lo más protegido de cada uno.

El vídeo, de la asociación Afanoc, fue premiado en el festival de publicidad de Cannes: no es para que se fijen en la emoción que siente la niña… sino en la suya al verlo.

Compasión

Com-padecerse es compartir la emoción de otra persona: la compasión describe el entendimiento del estado emocional de otro, y es con frecuencia combinada con un deseo de aliviar o reducir su sufrimiento. La solidaridad y la generosidad no se entenderían sin ella.

El vídeo, de Ukraine’s Got Talent, recoge una animación con arena de Kseniya Simonova (que recrea la tragedia de la Segunda Guerra Mundial)… y la emoción que surge entre el público.

Curiosidad

Ganas de entender, obsesión por hacerse preguntas y por encontrar respuestas que sirvan para seguir adelante… o simplemente para comprender aún sin saber… cómo funcionan las cosas, cómo son, cómo afectan a lo que las rodea.

El vídeo de Francis Vachon resume y acelera 4 horas de un bebé (su hijo) en poco más de 2 minutos: ningún objeto queda sin tocar, ningún rincón sin recorrer…

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” estará formada por tres artículos: