Vibraciones: conseguir subvenciones

Hace pocos días, Amalio Rey abordaba en un post la cuestión de los “peajes a pagar” (en términos de pérdida de libertad para el consultor) que suponía en muchas ocasiones la búsqueda de proyectos con la Administración, cuestionándose si merecía la pena… o dónde estaban los límites.

Me resultó sorprendente que alguna de las prácticas públicas que describía aún pervivieran como comportamiento habitual (censura de  contenidos o imposición de ponentes, por ejemplo, a cambio del deseado “dinerito”).

Más allá de las comprensibles cuestiones de imagen, no pensé que esas otras fueran práctica corriente… y creo que no hay que tolerarlas mientras se pueda. Pero a lo que íbamos… estuve de acuerdo con su artículo: mejor “vender” un producto semielaborado en vez de “financiar” un proyecto nonato, para así tener la libertad de decidir por dónde debe caminar.

Lo que pasa es que, al hilo de su argumentación, como suele ser habitual, a mí la mente se me iba “a lo mío”.

Yo no me veo implicado habitualmente en la búsqueda de “socio financiero” para arrancar un proyecto o de ayudas para que otros lo hagan, aunque sí en otro territorio muy diferente (lidiar con la gestión de subvenciones públicas a proyectos de innovación o de transformación en que nos embarcamos)… pero que desde mi punto de vista acaba teniendo mucho que ver con el asunto que Amalio trata, en algunos comportamientos que induce.

Le decía a Amalio: “Desde mi pequeño rincón de gestión de subvenciones, hay algo que me preocupa mucho.

Vale, planteas un proyecto, incluso lo “vistes” de la forma más adaptada a las condiciones del programa de ayudas sin perder la esencia de lo que necesitas (al fin y al cabo, el marketing tradicional funciona aquí muy bien).

Mirando a la empresa que va a desarrollar el proyecto (la mía por ejemplo), la búsqueda de ayuda pública es, las primeras veces, una acción añadida, al margen del proyecto. Sin embargo, según pasa el tiempo y con él varios proyectos, el peligro de que acabe siendo un objetivo tan importante como el del proyecto en sí mismo crece… y muchas veces interfiere de tal manera en las prioridades que se asignan o en la orientación de los objetivos que no sé… no sé si la búsqueda sistemática de ayudas no nos hace en realidad un flaco favor.”

Sobre el tema de las subvenciones, parafraseando una célebre sentencia, “he visto cosas… que ustedes no creerían”. Bueno, ya sé que sí… pero me apetece hacer una lista no exahustiva de comportamientos que no suelo encontrar publicados:

  • empresas que tienen proyectos de transformación que no encuentran programas de subvenciones a que acogerse (créanme, los hay), que buscan la forma de disfrazarlos con el vestido que mejor le siente a los criterios que se especifican en los programas públicos (en uno o en cincuenta, que el objetivo buscado por la administración es lo de menos…).
  • empresas que encuentran cinco vestidos para el mismo santo, al que presentan con cinco lavados de cara para que no se note que el niño es el mismo.
  • empresas que trocean sus proyectos para poner cada huevo en una cesta, a pesar de que el objetivo (y el proyecto) es sólo uno.
  • empresas que dedican recursos específicos a la búsqueda y justificación de subvenciones… que se convierten en el mayor centro de beneficio de la organización.
  • empresas que captan subvenciones para unos proyectos… y luego emplean los recursos para lo que les haga falta (normalmente proyectos con más dificultades para subvencionar), justificando luego los gastos “como sea”.
  • empresas que deciden quién o qué parte de su organización (o de una externa) lidera un proyecto en función de cuánto más fácil es lograr así una subvención.
  • administraciones que sólo se preocupan por que las empresas justifiquen exactamente sus previsiones, porque si se justifica más o menos (aunque sea lo que realmente se ha dedicado), supone un “follón” administrativo (es especialmente sorprendente lo que pasa si quieres decir que realmente sólo has necesitado la mitad de lo que esperabas).
  • administraciones que te piden que justifiques gastos de un proyecto subvencionado para librarte la cantidad concedida… 5 años después de haberlo cerrado (con o sin éxito… y a lo peor sin éxito por ese plazo tan largo).
  • administraciones que subvencionan recursos que saben positivamente que no va a ser posible justificar fundamentadamente (ni que se han usado… ni lo contrario).
  • administraciones que conceden subvención a empresas de un grupo por proyectos que son rechazados para otras o para el grupo.
  • administraciones que “negocian” (obviamente sin compromisos firmados y sin seguridad plena… o eso espero) volúmenes subvencionables para sectores o para grupos sin que se hayan presentado aún proyectos (ya se encontrarán…).
  • administraciones incapaces de trazar colaborativamente un mapa de subvenciones coherente, que aflore duplicidades e “ingenierías de las subvenciones”.

Obviamente, la realidad no es necesariamente como la percibimos, así que esta es sólo una interpretación de lo que creo haber visto u oído de muchas empresas, pero intuyo que buena parte de la lista anterior estará respaldada por otros numerosos ejemplos que conozcan.

Y no quiero caer en el tópico fácil del cascarrabias para el que todo se hace mal…

La verdad es que muchas empresas hacen esfuerzos significativos por transformarse y por innovar y reciben como maná del cielo el alivio financiero de la aportación pública, independientemente de que sea en los proyectos prioritarios o también en otros.

Pero empresas y administraciones sobrevuelan sobre el asunto sin querer mirarlo, asumiendo que estas reglas difusas en que ambas partes se mueven son parte del paisaje… y eso es una invitación para caraduras y vividores.

Sé también que no puedo generalizar: hay programas muy serios que realizan un control exahustivo de los proyectos que se presentan o de los costes de los beneficiarios de las ayudas concedidas. Hace unos meses recibimos una denegación de ayuda esquisitamente fundamentada, hasta el punto de que, en el fondo, me produjo una cierta satisfacción (estoooo… que si alguien de lo público me está leyendo no me malinterprete, no vaya a ser que se “esfuerce” en repetirlo conmigo los próximos diez años… 😉 ) por un trabajo bien hecho. Pensé incluso en enviar un mail de felicitación por ello, aunque finalmente no me atreví.

Pero ambas cosas creo que son verdad.

Se empieza pensando “ya-está-bien-de-hacer-el-tonto, de-ir-de-paladín-del-mercado-libre”, se continúa pensando que buscar subvención es parte del trabajo (¿se reconocen ahí?)… y se termina pensando que casi es “el” trabajo.

Y así llegamos a mi preocupación desde el comentario al post de Amalio: “muchas veces, [la búsqueda de subvenciones] interfiere de tal manera en las prioridades que se asignan o en la orientación de los objetivos que no sé… no sé si la búsqueda sistemática de ayudas no nos hace en realidad un flaco favor”.

De la misma manera que hay muchas empresas que consideran a las personas como recursos, las hay que consideran a la administración también como un simple recurso y no como un grupo de interés orientado a dar servicio público al gasto público.

Y de la misma forma que hay administraciones que cierran los ojos a los derechos individuales frente a otros intereses más cercanos al mercado, las hay que prefieren no entrar en harina y quedarse en “lo macro” a la hora de conceder las ayudas.

Si les parece que las conductas anteriores son “bastante” normales, tolerables… es que tenemos un problema. Como mínimo, un problema de complacencia.

Creo sinceramente que habría que reformar por completo la forma en que se conceden ayudas públicas a proyectos. Ya sé que en muchos casos, muchas empresas “no pueden” aventurarse en algunas historias sin un cierto apoyo enconómico o financiero, pero… ¿de verdad que no?

Venga, seamos radicales… les ofrezco dos ideas:

  • Suprimir todas las ayudas a empresas por proyectos: los proyectos que una empresa decidiera afrontar deberían formar parte de su juego en el mercado.

Si un sector completo estuviera en crisis por factores estructurales y se deseara intervenir desde lo público para salvaguardar un bien común (léase empleo), hágase de forma abierta, a manera de Plan de Competitividad (véase sector de automoción), contra “paquetes” completos de proyectos orientados a la reconversión de cada empresa del sector, con un límite de tiempo improrrogable y con condiciones mínimas que permitan un cierto nivel de confianza en que la “inversión” pública es de riesgo limitado.

Ya sé que nada es perfecto, pero a mí me parece más limpio, más transparente.

  • Si se desea seguir subvencionando proyectos, suprimir las subvenciones a fondo perdido: si lo que las empresas requieren es financiación para un proyecto, los préstamos sin interés (y si fuera necesario, con años de carencia), resuelven el problema.

En este sentido, debería también impedirse que fuera posible “negociar” un préstamo sin interés con una entidad bancaria para convertirlo ‘de facto’ en una subvención a fondo perdido, para evitar así convertir la subvención en una vía para conseguir liquidez.

Como alternativa, si se otorgaran cantidades a fondo perdido, el objeto de dicho proyecto y el conocimiento desarrollado deberían ser bienes públicos, de dominio público, al menos tras un plazo razonable de años, tanto más corto cuanto mayor hubiera sido la aportación de la ayuda.

¿Qué tal? ¿Cómo lo ven?

8 comments

  1. Es importante reconocer el mal uso de ayudas que se ha venido haciendo hasta el punto de que torna a estándar la idea de que la viabilidad de un proyecto está determinada por la subvención.

    Buen post, necesario para dar luz al cachondeo vigente con el tema ayudas (en Andalucia que yo conozca), vamos a estar en gallumbos en 2013 que es cuando terminan y entonces alguien hablará de quien se ha llevado mi queso, como si no fuera ya evidente incluso años atrás, para cualquiera que se acerque a los fueros de un insensato sistema de ayudas que fue montado por personas con escasa formación o aun peor con nula percepción del impacto de su trabajo en el posicionamiento de Andalucía con respecto al mundo.

    Escribí un post acerca del verbo ayudar y las subvenciones http://www.enriqueserrano.es/el-verbo-ayudar-y-las-subvenciones/

    Acerca de las ideas radicales, si que son radicales! yo sencillamente me orientaría a crujir a quienes están guiados por el concepto “pelotazo”. Incrementaría las auditorías y enfriaría la flexibilidad con respecto a los cambios a la hora de justificar, excepto proyectos de I+D. Pondría un formato unificado y simple para presentar solicitudes para cazar sastres. Me pregunto de que manera la administración coteja facturas/pagos presentados para justificar, en fin se pueden hacer tantas cosas.

    También asignaría RRHH especializados a cada ayuda, como últimamente siento que ocurre en el MICINN y el CDTI que han mejorado bastante, al estilo de un National Contact Point de un tema de cooperacion de los programas marco, gente preparada que domina su trabajo, no como con la consejería de innovación http://www.enriqueserrano.es/el-telefono-de-la-innovacion-y-%E2%80%9Cel-otro-lado%E2%80%9D/ donde los funcionarios pueden ir de un lado para otro sin amortizar su experiencia http://www.enriqueserrano.es/tag/conocimiento-encerrado/ en fin puedes ver que es un tema que me preocupa.

    Saludos !

    1. Ya sabía yo que habría alguien más con ejemplos concretos que aportar… 😉

      He leído tus post, muy claros… y muy tristes. Ya veo que el tema de las subvenciones te preocupa, pero que en general lo que te corroe el ánimo es el desperdicio evidente que se observa en muchas actividades de lo público. Y no es exclusivo de ello, porque en la empresa privada, también las normas y reglamentos internos, los sistemas retributivos, los acuerdos de derechos laborales mal entendidos e incluso algunas prácticas sindicales, introducen factores que se escapan al razonamiento básico de utilizar los recursos disponibles de la mejor forma posible, de exigir a cada uno que actúe con una mínima responsabilidad, del derecho de pedir que todo el mundo sepa para qué quiere hacer las cosas que pide o de aprovechar el talento de las personas en donde mejor puedan hacer valer sus capacidades.

      Sí, yo también encuentro diferencias entre administraciones a la hora de gestionar ayudas… Tu idea de especializar la administración, pero yo añado que desde la visión sistémica del área completa de que cada uno tenga que dar cuenta, me parece buena. Pero insisto en la visión global del área, porque cuidado… habrá gente que te diga que lo que te pasó es que diste con personas hiperespecializadas: sólo sabían del apartado 4 del programa C… de este año. 😀

      De todas formas… releyendo mis ideas “radicales”… no me lo parecen tanto.

      Muy bienvenido a esta casa. Saludos.

  2. Hola,

    Entiendo perfectamente lo que se comenta en este post y los comentarios al respecto. En mi caso por el momento “la búsqueda de ayuda financiera es una acción añadida al margen del proyecto”. Veo los riesgos que decís, y que lo de buscar ayuda financiera se convierta en sí en un trabajo. Yo no creo que caiga ahí y no porque sea la más legal del mundo sino porque es absolutamente aburrido la cantidad de papeleo que hay que rellenar, la de veces que hay que repetir lo mismo y lo que hay que vestir. Ahora mismo estoy elaborando una petición para un proyecto europeo y me siento perder el tiempo de manera importante y ¿ por qué lo hago? pues porque no estoy en situación o no me veo capaz de convencer a mi organización de que se invierta dinero en ese proyecto de la manera que lo queremos realizar. Si esto sale creo que el proyecto puede ganar mucho porque nos permite colaborar con entidades importante que nos pueden aportar mucho pero que no podemos o no estamos en situación de financiar.
    Así que espero que nos lo den, después del esfuerzo realizado porque sino mi “tirria por pedir subvenciones va a ir aumentando”.

    En definitiva, estoy de acuerdo con mucho de lo que habeís comentado, como no, pero hay veces que es el único camino.

    1. Hola, Eva.

      ¿Verdad que sí? ¿Verdad que es difícil pensar en algo más aburrido que documentar una solicitud o una justificación de subvenciones? 🙂

      Intuyo que es porque es un trabajo sin valor, entendido desde el punto de vista del análisis del desperdicio en la empresa: no crea nada, no genera conocimiento, no produce nada que un cliente pudiera comprar.

      Nadie pagaría por ese esfuerzo… salvo la administración como forma más sencilla de justificar su gasto en ese proyecto que no es suyo. Si un proyecto se hace de verdad, la documentación que se entrega a la administración no aporta nada, sino que resta recursos.

      Pero es un mal necesario porque lo que sí tiene… es el valor de financiación: pura pero sabrosa captación de recursos.

      Yo sólo digo que debería poder hacerse de otra manera.

      Gracias por pasarte y dejar tu comentario.

  3. Gracias,Jesus, por la mención. Toda la casuistica que comentas que se produce en el folclore de las subvenciones es así, tal cual. Es un problema más grave de lo que parece. Es totalmente cierto que muchas empresas terminan traicionando sus objetivos por “adaptarse” a los parametros de las convocatorias, con el fin de conseguir un dinero que al final se digiere como un “caramelo envenenado”.
    Interesante tema el que tratas, del que tendriamos que aprender tanto las empresas como los decisores públicos.
    un abrazo
    Amalio

    1. Hola, Amalio.

      La verdad es que cuando tienes oportunidad de acercarte a otras empresas, pero sobre todo a centros tecnológicos o universidades para trabajar juntos en un proyecto de investigación, es casi una constante encontrarte con personas que de lo primero que te hablan es de las grandes posibilidades de captar financiación vía subvenciones que tiene el proyecto.

      Es tan frecuente que no puede sino ser una perversión del sistema, porque se advierte como una práctica extendida de marketing de captación de partners.

      En fin… que gracias por tu comentario. Un abrazo.

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