Mes: diciembre 2010

Reflexiones: “El ciclo de la reflexión” y el PDCA

Tras el aperitivo de un post anterior sobre el artículo “El ciclo de la reflexión” de Rafael Echeverría, en el que descubríamos al trabajo reflexivo de aprendizaje como el tercer vértice del triángulo que completan el trabajo individual y el trabajo de coordinación, arranco esta segunda y última parte discrepando de su visión sobre el significado del ciclo SDCA y, además, sobre la relación entre los ciclos SDCA-PDCA… que es, a mi modo de ver, la mejor (¿la única?) forma de entender el concepto de mejora continua.

¿Sorprendidos? Pues es que, aunque les parezca curioso, Echeverría dedica los dos últimos apartados de su texto a analizar “la importancia del trabajo reflexivo en la gestión de calidad total (TQM): el ciclo PDCA“.

En ellos reconoce que una de las principales contribuciones del movimiento de calidad total ha sido el énfasis que ha colocado en el trabajo reflexivo o de aprendizaje, con un numerosas herramientas dedicadas precisamente a elevar el desempeño de este tipo de trabajo.

Lo que hace Echeverría a continuación es cuestionarlo y proponer una modalidad alternativa al tradicional ciclo de mejora Plan-Do-Check-Act (planificar la mejora, ejecutarla, comprobar los resultados y ajustar los nuevos estándares).

Para ello, introduce el segundo de los ciclos que, combinados, explican el concepto de mejora continua: el ciclo de control o SDCA (Standardize-Do-Check-Act), que se diferencia del anterior en que su objetivo es mantener un proceso bajo los estándares establecidos, con lo que la fase de estandarización se limita al establecimiento de un estándar, la de ejecución es aplicarlo, la de verificación es la comprobación periódica de que se respeta efectivamente… y el ajuste es devolverlo al estándar en caso de que se hubiera detectado que no estaba siendo así.

La relación entre ambos ciclos la representa Echeverría como se muestra en la figura adjunta.

Sobre ella, identifica el ciclo PDCA con la reflexión de diseño, pero al mismo tiempo cuestiona la claridad de la fase “A”: “Nos parece que esa fase sólo se justifica en ciclos que permitan desarrollar primero experiencias pilotos o experimentales y busquen una estandarización posterior. Muchas experiencias no lo permiten. Pero incluso cuando ese es el caso, creemos que esta fase del actuar (A) es confusa. Ella es sólo un punto de decisión que conduce sin otra mediación, según funcione o no funcione la experiencia piloto, ya sea a la estandarización (S), en cuyo caso nos salimos del ciclo, o a la vuelta a la planificación (P), en cuyo caso lo que se ha hecho es pasar directamente del verificar (C) al planificar (P). Preferimos, por tanto, mantener nuestra propuesta original que concibe al ciclo en la sucesión de diseño, ejecución y evaluación”.

A continuación, Echeverría propone una modalidad alternativa sobre la base del ciclo de reflexión, que incluye una fase de “Viabilización” entre “Diseño” y “Ejecución”.

Dice así: “Esta es una fase particularmente importante dentro de las organizaciones. Una vez que se ha completado el diseño, muchas veces es necesario asegurar el conjunto de condiciones y recursos que permitan su posterior ejecución.

El carácter de esta tarea es significativamente diferente de aquellas requeridas tanto en el diseño como en la ejecución. La emocionalidad y consecuentemente las acciones requeridas por las tareas de viabilización son muy diferentes. Se trata de un espacio conversacional distinto.

Esta es una fase que exige liderazgo, capacidad de seducción, posiblemente mucha negociación, para así obtener los respaldos políticos, los recursos financieros, materiales y humanos que hagan posible la posterior ejecución de lo diseñado“.

Bueno, pues me dirán que es un tema menor… pero me apetece explicar (dado el tiempo que dediqué a esta reflexión, fundamentalmente) por qué no comparto esas tesis.

Veamos… Se entiende mejor, desde mi punto de vista, la relación entre los ciclos de control y de mejora si se visualizan de la siguiente forma:

Para entender el ciclo de control hay que darle un sentido a la “S”, a la fijación de estándares, que no es fijar una referencia para el sistema, sino fijarla desde la identificación de una mejor práctica contrastada.

En competencias conversacionales, este estándar es el fruto del aprendizaje vital de cada uno, fundamentalmente de un aprendizaje de primer nivel, consecuencia de la observación de sucesivos ciclos de acción – resultado.

Sólo una vez identificado el estándar (o estructura de coherencia si elevamos el listón por encima de ámbitos específicos) puede comenzar el ciclo de control, que no permite el aprendizaje por sí mismo, pero sí el mantenimiento del sistema. Si el estándar responde a una buena práctica y está bien definido, incluso permite la estabilidad. La traducción al ser lingüístico parece fácil.

El ciclo SDCA lo único que propone es eso: mantener. Por eso, definido el estándar (’Standardize’), se trata de aplicarlo (’Do’), controlar los resultados (’Check’), y ajustar el proceso al estándar (’Act’) si esos resultados no son los esperados. ¿Por qué?: porque si el estándar estuviera bien definido, se entiende que este ciclo daría suficiente respuesta simplemente con mantenerlo.

Claro, el problema surge cuando manteniendo el estándar no se obtienen los resultados esperados (“siempre hay variables que se escapan”), o cuando los resultados que antes nos satisfacían ahora nos resultan insuficientes.

Es decir, traducido, cuando la estructura de coherencia de una persona le hace incompetente para afrontar un quiebre, tanto si la propia persona se lo plantea como si se ve forzada a hacerle frente.

Es en este momento cuando arranca el ciclo PDCA, donde debe planificarse (’Plan’) la mejora, ejecutarse (’Do’), controlar los resultados de la intervención (’Check’), y actuar (’Act’), acción que puede consistir en ajustar un nuevo estándar que reavive el ciclo de control, o relanzar un nuevo ciclo PDCA si los resultados son aún insatisfactorios. En cualquier caso la recurrencia no es nunca eterna, porque siempre debe finalizar en un nuevo estándar, aunque sea en base a medidas de control.

Este final es el que cierra el ciclo de la mejora continua, esa flecha que va del “A” del PDCA al “S” del SDCA tanto en mi dibujo como en el que aparece en el texto de Rafael Echeverría. Pero en este último falta la flecha desde el “A” del SDCA al “P” del PDCA que termina de dar sentido al “invento”.

La traducción parece de nuevo sencilla: el ciclo PDCA es el que permite el aprendizaje, tanto si estamos hablando de aprendizaje de primer nivel como de segundo, que en términos de procesos industriales estaría más relacionado con la experimentación (la innovación) que con el ensayo. En realidad y aunque parezca paradójico, ciclos PDCA son siempre previos a la posibilidad de desarrollar ciclos SDCA: como no podía ser de otra manera, nuestra estructura de coherencia es fruto del aprendizaje, y el hecho de seguir aprendiendo modifica nuestra estructura de coherencia actual, nuestro estándar.

Puedo, por tanto, seguir viviendo desde mi sitial de observación hasta que un quiebre me conduzca a saltar a otro.

Una curiosidad: ¿dónde estaría el ’coaching’ en términos de TQM? Pues, salvando las distancias, donde debe estar, en las “herramientas”: humanas (los “facilitadores” de los equipos) y metodológicas. Muchas de las herramientas de calidad total no son sino un impulso a los procesos de reflexión de diseño (diría que una mayoría) o de evaluación. Cuando se desarrollan en equipo con un buen “facilitador”, ayudan a planteamientos de enfoque múltiple y favorecen la escucha y el aprendizaje, que en ocasiones puede ser incluso de segundo nivel.

Nos queda ahora eso de que nos sobre la ”A”. Creo que con la interpretación anterior le damos sentido a esta fase (que por otra parte cobra un significado importante en la realidad física de los procesos, cuando se constata la dificultad que supone asegurar que se produzca). Sentido que sobre todo depende de entender que SDCA y PDCA no son posibles en estado puro: un SDCA aislado está condenado a degenerar o a ser superado por el entorno; un PDCA aislado lleva a un proceso absolutamente inestable, con una variabilidad insoportable y riesgo de derrumbe no recuperable en determinadas condiciones del entorno. Y esto también me parece que tiene una fácil traducción al ser conversacional.

El texto de Rafael Echeverría dice que muchas experiencias no permiten una estandarización, pero a mi modo de ver eso es por un entendimiento limitado de la distinción del estándar. Para mí siempre se acaba llegando a un estándar, un nuevo sitial de observación: si no somos capaces de fijarlo sobre las condiciones reguladoras de un proceso para que nos ofrezca resultados estables y satisfactorios, lo haremos sobre los controles que estableceremos sobre los resultados. Si aún no es suficiente, lo haremos sobre los niveles de error que estamos dispuestos a tolerar.

Traducido al lenguaje que nos ocupa, la resignación en algunos ámbitos de la existencia (por ejemplo) forma parte de la estructura de coherencia de una persona. Por supuesto que nos limita (en nuestra capacidad de actuar y en los resultados que podemos obtener), pero configura realmente parte de nuestro estándar de juzgar la vida.

Pero eso sí, nadie nos garantiza que todos los sitiales de nuestra existencia vayan a ser sólidos. ¡Qué le vamos a hacer! Tampoco los procesos industriales son perfectos.

Nos queda la distinción de la “Viabilización”. En mi opinión, forma parte inseparable de la fase de planificación: no puede haber un proyecto bien gestionado que no incluya en su fase de planificación un estudio de viabilidad, que no es un simple certificado de defunción (sí / no) sino un planteamiento interactivo con el diseño que permite hacerlo viable.

Claro es que en ocasiones resulta muy relevante (¿en qué gran proyecto, donde el riesgo sea alto, no lo es?), pero es un “P” como una casa. De hecho, siguiendo con la teoría básica de TQM, el proceso denominado “Historia de Calidad” define al menos 7 fases dentro de las cuatro del PDCA, y las iniciales buscan la “viabilización” del esfuerzo que se adivina.

Pero a mi modo de ver, la “viabilización” se produce adicionalmente en un segundo momento del ciclo: precisamente en el “A”, que recorre un subciclo de comprobación del nuevo estándar presuntamente encontrado hasta que realmente se confirman los resultados. Hablamos, por tanto, de una “viabilización” del estándar que se comprueba sobre todo cuando se procede a la industrialización de un nuevo proceso, cuando se pasa del prototipo a la producción serie.

Esto no corrige en modo alguno la relación de los procesos reflexivos de diseño y evaluación con la acción, pero creo que no cuestionan la validez interpretativa de los ciclos SDCA–PDCA ni siquiera pasados por el filtro del ser ontológico: sólo es un punto de vista diferente.

Vibraciones: el poder, el sistema, WikiLeaks y la Navidad

No sé si finalmente Time declarará a Julian Assange personaje del año, pero es evidente que su historia (llena de curiosidades) y la de WikiLeaks estará en todos los anuarios de 2010 que se encuentren ustedes en las próximas fechas.

Los acontecimientos de los últimos meses, y más en concreto de los últimos días, han ofrecido un recorrido apasionante para quien haya querido unirse a la corriente. Que miembros relevantes de gobiernos de medio mundo y de sus redes de poder criminalicen públicamente la actividad no violenta de un pequeño grupo de activistas cuya ilegalidad aún no ha sido demostrada (creo que ni siquiera formalmente denunciada) y que intervengan mediante fuertes presiones sobre entidades supuestamente privadas para lograr el ahogo financiero de la organización y en definitiva su silencio sin intervención judicial alguna… es tan inhabitual como sorprendente e intolerable.

Ataques ya tan impúdicamente abiertos, que creo que incluso en algún caso incurren en un delito de amenazas con muchísima mayor claridad que el supuesto caracter delictivo de la actividad de WikiLeaks.

Les reconozco que la cadena de acontecimientos me está dejando atónito. Más allá de los silencios de muchos países ante actitudes democráticamente intolerables, los comportamientos de otros como Estados Unidos (pero no sólo: Gran Bretaña o las mismas Francia o Suecia parecen estar prestando un apoyo activo), me desconciertan. Ha habido que esperar hasta hoy para percibir un primer signo de cordura en un gobierno occidental, cuando Australia ha comprometido públicamente asistencia consular a Julian Assange y ha recordado que la única responsabilidad penal que cabe es la de quien filtró los documentos, a la sazón y por lo que parece en esta ocasión, un ciudadano norteamericano. Tendría que haber dicho que, siendo Assange ciudadano australiano, “hasta ahí podríamos llegar”, pero en los tiempos que corren, confieso que me ha resultado hasta inesperado.

Sólo recuerdo un comportamiento tan vergonzoso y a la vez una actuación tan desvergonzada como ésta ante la opinión pública por parte del poder en una democracia occidental: el hundimiento del Rainbow Warrior (homicidio de un fotógrafo incluido) ejecutado por Francia en Nueva Zelanda, hace ahora 25 años… no tanto por el deplorable acto cometido por los servicios secretos franceses, sino por la chulería en el reconocimiento y la forma en que sus principales ejecutores fueron tratados política y socialmente con posterioridad a la resolución judicial de los hechos.

No digo que haya sido el único caso (ejemplos peores de terrorismo de estado, corrupción a gran escala, asesinatos políticos, promoción de golpes de estado en países extranjeros, favorecimiento de lobbies por intereses espurios, espionaje político o manipulación de la información con fines electorales pueden sospecharse con cierta facilidad… también en occidente…), pero al menos los poderes públicos jugaban con la estética de que nada era demostrado, apoyados en el “mirar para otro lado” de la mayoría de la sociedad.

El descaro se autoimponía ese límite formal.

Supongo que la actividad de Greenpeace suponía una amenaza para el poder, entonces, en cierto modo análoga a la de WikiLeaks hoy.

Pero creo que WikiLeaks ha aprendido del pasado y ha convertido este asunto en fenómeno mediático de forma consciente e inteligente (¿?), a un tiempo como forma de protección y como forma de incidir masivamente en el sistema.

Es, en el fondo, el mismo dilema que aparece cuando hablamos de actuar desde dentro o desde fuera del sistema en cualquier otro orden de la vida, porque ya no dudamos (creo) de que “fuera” es sólo un concepto para entendernos, que el no-sistema no es sino el borde tolerado por el propio sistema, en el que quienes quieren vivir algo al margen del mainstream pueden hacer sus “juegos”, aspirando a ser 1.000 en lugar de 4… en un mundo de millones. Y en el fondo (y con frecuencia desde la inconsciencia), aspirando simplemente… a que les dejen jugar en paz.

Las dos posturas son lícitas. Yo creo que también necesarias. Las sociedades se adormecen porque la mayoría de los humanos aceptan un status que cubre sobradamente sus necesidades higiénicas de convivencia en cada momento de la historia, o porque, habiendo otros humanos que tratan de incidir en las reglas de juego que tienen efecto sobre la estructura de la sociedad, lo consiguen por la imposición largamente sostenida o por la aceptación social.

Cuando no se alcanzan extensivamente esas condiciones higiénicas, nacen revoluciones o se toleran masivamente golpes de estado.

Cuando éstos o aquéllas se promueven sin suficiente demanda social pero con el objetivo de incidir significativamente en los comportamientos sociales, económicos o culturales… sólo se sujetan en el miedo.

Cambiar las reglas de juego sin aspirar a alcanzar el poder es un fenómeno extremadamente anormal en la historia… y sólo sucede al principio del movimiento.

Pero siempre se mueve desde un hiperliderazgo, porque la gente necesita ídolos con los que identificarse, otras personas en quienes confiar para que hagan lo que debe hacerse “sin que yo lo haga”, porque así ya hay alguien que “sabe lo que hay que hacer”, porque así ya hay alguien que está “dispuesto a arriesgarse” por los demás.

La unión de la ambición y la determinación es siempre más escasa que la capacidad de adhesión o de resistencia. La gran masa prefiere observar y juzgar, antes que tener que actuar… y como consecuencia arriesgar. Son (somos) lurkers del sistema… y eso, más que bueno o malo, es simple y puramente algo humano, ontológico. No lo critico aquí.

A fin de cuentas, el instinto de supervivencia cimienta uno de sus pilares en que, como decía Kotter, las personas encontramos con facilidad miles de ingeniosas maneras de oponernos discreta pero eficazmente a los cambios que consideramos honestamente innecesarios o equivocados.

Bien, pues… lo que yo me pregunto ahora, en sentido contrario… es si también de apoyarlos.

El mecanismo del voto, en las sociedades democráticas occidentales, es posiblemente un activador básico para ventilar habitaciones demasiado cerradas para lo que una sociedad puede tolerar. El vuelco de una parte importante del electorado español hacia la opción política contraria a la dirección de su último voto (como se vió en las caídas de Felipe González en 1996 o de José Mª Aznar en 2004, por muy diferentes motivos) es la manifestación visible de ello.

Pero ese es un mecanismo que sanea la vida pública desde el sostenimiento de las reglas del sistema: es el propio sistema el que se dota de mecanismos de aireación. Y eso hace que el sistema democrático, sin duda el mejor que hemos conocido, no pueda trabajar en reinventarse, sino simplemente… en irse adaptando.

Y fíjense bien que digo “no puede”. No me sitúo, por tanto, en el terreno de quienes ven al mal anidado en las estructuras de poder. Tampoco digo que no esté ahí (el mal trata de situarse siempre en donde encuentra terreno fértil y el poder es una tentación insuperable), pero sí que muchas personas acceden al mismo desde una convicción honesta de hacer bien las cosas… y se ven forzadas, cuando lo alcanzan, a defender el status quo porque literalmente “no pueden” ver ya las cosas desde un sitio diferente al que han llegado.

En términos de comportamiento individual, esas personas sólo serán capaces de protagonizar ciclos de aprendizaje de primer nivel, no de bucle doble. Cuando hablamos de individuos o de equipos, el coaching es una respuesta a esa carencia: una intervención externa que ayuda a la persona a desplazar la estructura de coherencia de sus juicios, a cambiar su pedestal de observación.

Pero… ¿quién hace de coach de las clases dirigentes de nuestras sociedades?

WikiLeaks puede estar jugando a desempeñar este papel. Tiene un líder convertido en héroe (para buena parte de la sociedad activa) o en villano (para el poder, o incluso para la parte de la sociedad a la que  “le revientan los salvadores”), pero que no aspira a detentar el poder, sino a que éste, sea del signo político que sea, cambie sus comportamientos esenciales y los alinee realmente con valores teóricamente aceptados. Va “a por ellos”, a por la letra pequeña de las reglas de juego que tácitamente hemos venido aceptando como inevitable, como peaje necesario de “mirar hacia otro lado” porque garantiza tranquilidad. Creo por eso que la entrevista que Chris Anderson (TED), le hizo el pasado julio a Julian Assange (les dejo al final el vídeo, francamente interesante), tiene un elemento clave en la pregunta que le hace sobre valores (que por otra parte bien es cierto… que éste no acaba de responder).

Me resulta patético ver cómo los medios de prensa tradicionales que han recibido los documentos filtrados se ponen medallas y afirman que el periodismo tradicional, al final, sigue siendo la forma en que se da credibilidad a la información. Ellos no corren riesgo aparente (nadie presiona sobre su cierre ni amenaza personalmente a sus redactores) a pesar de estar haciendo lo mismo por lo que se demoniza a WikiLeaks: difundir una información a la que han tenido acceso.

Su única tarea es la de realizar tareas de análisis, síntesis y difusión de los contenidos de los documentos filtrados, apoyados (eso sí), por potentes herramientas de tratamiento de información y por horas de personas trabajando a destajo. Pero no han tenido que tomar la decisión de ser agente de cambio: hasta ahora (¿?) han podido limitarse a tomar una decisión (casi) puramente empresarial, de aplicación de simples criterios de negocio… apoyados además en que la decisión se adopta en conjunto con otros importantes medios mundiales de prensa generalista.

No es un problema de credibilidad: nadie duda de la verosimilitud de las informaciones de WikiLeaks. De hecho, nadie las ha cuestionado ni desmentido.

Creo que los medios tradicionales sí tienen que estar siendo sometidos a presión… pero no sobre su existencia o la seguridad de sus redactores, sino sobre los contenidos que divulgan y los que no. Nadie habla de esto, pero… tiene que estar ocurriendo. Algún día se filtrará… 😉

Pero como le comentaba a Dolors Reig en uno de sus recientes artículos, “creo que lo importante es que WikiLeaks ha usado inteligentemente los resortes mediáticos tradicionales para proteger su supervivencia. También que lo que inquieta al poder no es lo que se ha divulgado, sino la pérdida del control, temor ante un futuro en que los secretos nunca va a ser evidente que sigan siéndolo, en que las consecuencias sociales pueden acabar siendo inciertas“.

Me resulta apasionante estar viviendo este episodio en directo.

Ya ven que he huído de una valoración personal sobre el fondo de la acción de WikiLeaks: me quedan muchas dudas sobre los límites a saltarse la privacidad de las comunicaciones a través de la web. La lucha moral entre ese principio (en el que creo profundamente)… y el derecho a divulgar lo que me llegue, si ello implica aflorar comportamientos deshonestos o maquiavélicos de los poderes públicos. Es una frontera complicada, pero no quiero entrar hoy en ello porque lo diferencial está situándose en otro lado.

No sé si el abrumador desequilibrio de los poderes que se están enfrentando conducirá a corto plazo al aplastamiento de lo que hoy conocremos como WikiLeaks. Creo que es muy probable que sea así, pero también que muy posiblemente, como ocurrió con Napster, otros continuarán la partida.

Soy consciente de que su futuro se escribe ahora mismo, cada minuto. Que posiblemente estén pasando ahora mismo cosas que dejen obsoleto este mismo post antes de nacer, porque los acontecimientos se están precipitando a un ritmo desbocado.

Así que no sé si se acabará diluyendo, digerido por los mecanismos de absorción de límites de nuestras gobernanzas occidentales, o si supondrá un hito, entre otros importantes, que configure un futuro aún más humano para nuestra sociedad.

Eso sólo lo podremos ver con la perspectiva de los años (los puntos sólo pueden conectarse hacia atrás, nos decía Steve Jobs), pero de momento, y salvando las tragedias personales que se fueran dando, es todo un espectáculo al que estamos invitados como actores secundarios.

Aunque por si acaso… recuerdo que los papeles secundarios también tienen su Oscar. Y que la red neutral puede ser el siguiente campo de batalla.

Nos acercamos a esa especial época del año que, en nuestra civilización, convenimos en llamar Navidad.

Hace 2.000 años, la figura de Jesucristo y, posteriormente, la labor de sus discípulos, consiguieron introducir cambios fundamentales en la sociedad de su tiempo, hasta el punto de que nuestra cultura, nuestros valores y nuestra forma de ver el mundo, está hoy inevitablemente teñida de ello, sea cual sea (casi) nuestra posición política o nuestra convicción religiosa.

Se trató, como pueden ver, de uno de esos raros episodios de la humanidad en que se procura una transformación social por parte de personas que no desean ocupar el poder político. No en aquel momento histórico.

Entonces no dispusieron de los medios de difusión de información de los que hoy disponemos. Su mecanismo de expansión fue necesariamente viral, apoyado en ejemplos de vida entregados en comunidad, en el trabajo en red…

Hago aquí un paréntesis para recordar que en una de las formas que adopta nuestro ideal de sociedad de hoy, que me permitirán denominar simbólicamente dospuntocerismo, hablamos de “porosidad”, de “entre iguales”, de “compartir”, de “masividad”…

Pues… no parece que hayamos descubierto nada.

La diferencia es que, como a los túneles de Artxanda en la historia de Bilbao (60 años hablando de ellos)… a algunas cosas les llega el momento en el que finalmente ocurren.

Si como consecuencia de esta lucha desigual, WikiLeaks acaba siendo una pieza importante o no de cambio social, lo iremos viviendo.

Hace 2.000 años, el sencillo nacimiento de un niño fue un detonante gigantesco.

Claro que, en ese caso, contaba con la ayuda divina… 🙂

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Reflexiones: “El ciclo de la reflexión”, el optar y la acción

En un artículo escrito en 1999 titulado “El ciclo de la reflexión”, Rafael Echeverría aborda la reflexión como una forma particular de conversación recursiva, que resulta propia y singular del lenguaje humano.

Adelanto que me pareció un excelente artículo sobre la reflexión y la acción y que me considero una persona con alta capacidad de reflexión, por lo que el texto captó de inmediato mi atención. Al hilo de su lectura, varias de sus ideas me dejaron una herencia reflexiva… 😉 … que en algunos casos pude elaborar de forma más o menos coherente y que en otros se quedó dentro simplemente como una inconcreta incomodidad.

Ya ven que, para mí, el artículo daba mucho de sí… así que trataré de traer mis evocaciones a dos posts, para hacerlo más digerible.

Siguiendo a Humberto Maturana, Rafael Echeverría deriva que “en el proceso de vivir nuestra experiencia, que acompaña a todo ser vivo, los seres humanos añadimos una dimensión especial que le confiere a nuestra existencia, a nuestra forma de vivir, algunos rasgos particulares. Hacemos de la propia experiencia un objeto de observación. Somos capaces de reflexionar sobre ella. Al hacerlo, surge la capacidad de conferirle sentido a la vida. Desde ese momento, los seres humanos entrelazan su experiencia de vivir con la experiencia de conferir sentido. Una vez que lo hacemos, la vida pasa a ser vivida según el sentido que le conferimos“.

Recuerda también que “[Albert Camus ya estableció que] los seres humanos son los únicos seres vivos que se suicidan, que pueden optar por continuar viviendo o terminar con sus vidas. En esta opción fundamental observamos dos factores decisivos y ambos remiten al lenguaje humano. En primer lugar está el fenómeno del optar, de tomar una decisión, a que los seres humanos tenemos acceso por cuanto somos seres lingüísticos. Escoger es un acto fundado en la capacidad reflexiva del lenguaje, a través de la cual observamos y sopesamos opciones diferentes. Otros seres vivos no tienen la capacidad de escoger, de plantearse opciones y decidirse por una de ellas. En sus acciones, carecen precisamente de la capacidad reflexiva que es inherente a los seres humanos. Por ello, carecen también del sentido de la responsabilidad“.

La primera duda que me suscita el artículo es respecto a la relación que se presenta como inequívoca entre el optar, la capacidad reflexiva y el lenguaje (y en derivada, sobre la imposibilidad de optar de otros seres vivos). También sobre si el suicidio es el resultado inapelable del juicio de sinsentido de la vida, como una relación causa – efecto en la que nada más puede interferir si se manifiesta.

No me interesa aquí ahondar en los casos de los supuestos comportamientos “suicidas” entre animales (léase perros, lemmings, ballenas…). Ese aspecto de la discusión, que suele centrarse en razonamientos tan variados como el seguimiento al líder o la orientación genética, queda en todo caso muy lejos del resultado de escoger la muerte como opción ante la reflexión de que la vida ya no tiene sentido.

Pero sí queda algo que me inquieta, aunque no sepa definirlo con precisión, relacionado con ese juicio inapelable de que “el suicidio es el resultado extremo de la ausencia de sentido“. Tal vez tenga que ver con las emociones y con su interferencia en los juicios racionales, para lo bueno y para lo malo: el miedo, el amor a los demás o hasta la cobardía, juegan muchas veces un papel relevante en nuestras decisiones… y en esa también, o eso supongo. A fin de cuentas, las emociones no son sino predisposiciones a la acción.

Y si eso es así en una situación tan al límite… ¿cómo juegan las emociones, en general, en los procesos de reflexión?

Y si las emociones “nos pasan”, sin que seamos capaces de evitarlo, ¿no habrá alguna clave que escudriñar en el análisis de cómo incide nuestro entorno, y en definitiva el sistema al que pertenecemos, en nuestra capacidad de optar y como derivada en nuestra libertad condicionada para la reflexión? ¿Cómo escapamos de ahí? ¿A través de la fundamentación de juicios…? ¿Solos…?

En el mismo artículo, Rafael Echeverría identifica la conciencia como proceso reflexivo, pero creo que, por extraño que les parezca, lo hace confundiendo en parte conciencia con toma de conciencia o consciencia, desprovistas éstas últimas de toda consideración ética y quedando remitidas a su identidad fenomenológica de observación de nosotros mismos, de nuestra experiencia y de lo que acontece a nuestro alrededor.

Relacionar así la reflexión con los acontecimientos que nos rodean o con nuestra propia experiencia, es relacionarla con la acción. Así que me van a permitir que sobrevuele ese asunto concreto de la conciencia… porque no quiero alargarme más antes de analizar es el valor de la reflexión previa a la acción en estado puro.

Echeverría distingue dos ciclos de reflexión en función de su posicionamiento temporal frente a la acción: si se produce antes de ésta, hablamos de una reflexión de diseño; si es posterior, de una reflexión de evaluación.

Partiendo de los postulados de Donald Schön (ex-profesor del MIT), afirma que la progresiva y natural separación de la reflexión y la acción directa ha sido la base del alejamiento de la ciencia y la técnica… y que parte de los problemas que la formación universitaria tiene para formar profesionales nacen también de ahí.

Así, afirma que uno de los resultados de esta disociación “es la atrofia relativa de la capacidad reflexiva autónoma de los profesionales y, por lo tanto, su falta de entrenamiento para encarar exitosamente situaciones críticas no anticipadas y sus dificultades para desarrollar procesos autónomos de aprendizaje fundados en su propia experiencia profesional. Sin desmerecer la importancia de la reflexión científica, el mundo de hoy exige el incremento de la capacidad reflexiva de los profesionistas. Dados el nivel de complejidad que encaramos en la actualidad, la aceleración del cambio que registra nuestro entorno, los niveles de incertidumbre que ello genera y la necesidad de un aprendizaje permanente que evite la obsolescencia de nuestras competencias, no es posible que un profesional se desempeñe efectivamente en el mundo de hoy si no desarrolla capacidad autónoma de reflexión. Todo ello obliga a replantear la relación existente entre reflexión y acción profesional, a disolver la separación entre ambas y a buscar un modelo que permita desarrollar diferentes modalidades de reflexión a partir de los requerimientos que surgen directamente de la acción. A este desafío responde la propuesta de la reflexión en la acción“.

Hoy, al volver a leer este texto, me ha venido a la mente el artículo que escribí hace ahora un año sobre universidad y empresa. En él me cuestionaba la bondad a largo plazo de modelos altamente integrados de universidad-empresa y recuperaba un valor que durante años le había negado a modelos formativos alejados de la aplicabilidad práctica en buen grado. O al menos… dejaba mis dudas sobre la mesa porque, de alguna forma, sentía que había algo en la minusvaloración social de esta característica que no me acababa de encajar: al contrario que lo que muchos expresamos sobre, por ejemplo, la utilidad de muchas de las acciones formativas que yo viví entre los años 1979 y 1985 en la Escuela de Ingenieros de Bilbao (negativa en el sentido de su falta de utilidad, su falta de conexión con el mundo industrial… ¡su falta de ligazón con la acción!), hoy puedo calificarla como un entrenamiento espléndido para mi capacidad reflexiva.

Y claro está… hablamos de una reflexión de diseño pura, hasta el punto de que la formación universitaria se da en una etapa de la vida en la que es muy difícil contrastarla con la acción (ni siquiera con la acción pasada, que no existe en un individuo aún “virgen”), porque aunque se diera, la madurez en que normalmente se produce no permite una visión sistémica y comprensible de ese tipo de organización que llamamos empresa.

En el fondo, y sin cuestionar el concepto de “reflexión en la acción” que propugna Echeverría (por otra parte absolutamente imprescindible en un mundo que nos exige bucles de aprendizaje continuos), reivindico el papel de un fuerte entrenamiento básico de la persona en los procesos reflexivos de diseño, como fundamento para el posterior aprendizaje permanente (reflexiones de diseño y evaluación) y como derivada la innovación.

No es elegir uno u otro. Son necesarios los dos.

A la sociedad debería importarle. A la empresa… le debería interesar.

Vibraciones: Manifiesto por una Red Neutral

Son momentos donde se juegan piezas importantes en Internet, donde la batalla entre su uso como herramienta de libertad social o de control social se libra de forma clara y oscura al mismo tiempo…

Momentos en que utilizar los bordes difusos de las leyes, aún dentro de ellas, parece ser una sorprendente necesidad para defender que los límites a la libertad del individuo los marquen precisamente leyes basadas en la defensa de derechos que son inherentes a la singular y extraordinaria condición humana… y no en un afán de control social derivado de intereses o manejos políticos o económicos.

O en definitiva, de juegos de poder.

Y es que es importante entender que quizás, por primera vez, podamos jugar un papel muy activo en ello, mantener expectativas reales de que nuestros trazos se distingan en el dibujo final.

Si entienden y comparten la importancia del principio de neutralidad de la red y se sienten identificados con el siguiente manifiesto, les invito encarecidamente a que lo copien y lo publiquen en su blog, o que lo enlacen, etiqueten, voten, compartan, traduzcan o difundan de cualquier otra forma que se les ocurra y les apetezca utilizar. Y a que, a pesar de ser una contradicción en sí misma, si lo mencionan en su cuenta de Twitter o en Facebook, usen el hashtag #redneutral.

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MANIFIESTO POR UNA RED NEUTRAL.

Los ciudadanos y las empresas usuarias de Internet adheridas a este texto manifestamos:

  1. Que Internet es una Red Neutral por diseño, desde su creación hasta su actual implementación, en la que la información fluye de manera libre, sin discriminación alguna en función de origen, destino, protocolo o contenido.
  2. Que las empresas, emprendedores y usuarios de Internet han podido crear servicios y productos en esa Red Neutral sin necesidad de autorizaciones ni acuerdos previos, dando lugar a una barrera de entrada prácticamente inexistente que ha permitido la explosión creativa, de innovación y de servicios que define el estado de la red actual.
  3. Que todos los usuarios, emprendedores y empresas de Internet han podido definir y ofrecer sus servicios en condiciones de igualdad llevando el concepto de la libre competencia hasta extremos nunca antes conocidos.
  4. Que Internet es el vehículo de libre expresión, libre información y desarrollo social más importante con el que cuentan ciudadanos y empresas. Su naturaleza no debe ser puesta en riesgo bajo ningún concepto.
  5. Que para posibilitar esa Red Neutral las operadoras deben transportar paquetes de datos de manera neutral sin erigirse en “aduaneros” del tráfico y sin favorecer o perjudicar a unos contenidos por encima de otros.
  6. Que la gestión del tráfico en situaciones puntuales y excepcionales de saturación de las redes debe acometerse de forma transparente, de acuerdo a criterios homogéneos de interés público y no discriminatorios ni comerciales.
  7. Que dicha restricción excepcional del tráfico por parte de las operadoras no puede convertirse en una alternativa sostenida a la inversión en redes.
  8. Que dicha Red Neutral se ve amenazada por operadoras interesadas en llegar a acuerdos comerciales por los que se privilegie o degrade el contenido según su relación comercial con la operadora.
  9. Que algunos operadores del mercado quieren “redefinir” la Red Neutral para manejarla de acuerdo con sus intereses, y esa pretensión debe ser evitada; la definición de las reglas fundamentales del funcionamiento de Internet debe basarse en el interés de quienes la usan, no de quienes la proveen.
  10. Que la respuesta ante esta amenaza para la red no puede ser la inacción: no hacer nada equivale a permitir que intereses privados puedan de facto llevar a cabo prácticas que afectan a las libertades fundamentales de los ciudadanos y la capacidad de las empresas para competir en igualdad de condiciones.
  11. Que es preciso y urgente instar al Gobierno a proteger de manera clara e inequívoca la Red Neutral, con el fin de proteger el valor de Internet de cara al desarrollo de una economía más productiva, moderna, eficiente y libre de injerencias e intromisiones indebidas. Para ello es preciso que cualquier moción que se apruebe vincule de manera indisoluble la definición de Red Neutral en el contenido de la futura ley que se promueve, y no condicione su aplicación a cuestiones que poco tienen que ver con ésta.

La Red Neutral es un concepto claro y definido en el ámbito académico, donde no suscita debate: los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

Europa, y España en particular, se encuentran en medio de una crisis económica tan importante que obligará al cambio radical de su modelo productivo, y a un mejor aprovechamiento de la creatividad de sus ciudadanos. La Red Neutral es crucial a la hora de preservar un ecosistema que favorezca la competencia e innovación para la creación de los innumerables productos y servicios que quedan por inventar y descubrir. La capacidad de trabajar en red, de manera colaborativa, y en mercados conectados, afectará a todos los sectores y todas las empresas de nuestro país, lo que convierte a Internet en un factor clave actual y futuro en nuestro desarrollo económico y social, determinando en gran medida el nivel de competitividad del país. De ahí nuestra profunda preocupación por la preservación de la Red Neutral. Por eso instamos con urgencia al Gobierno español a ser proactivo en el contexto europeo y a legislar de manera clara e inequívoca en ese sentido.

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Algunos enlaces interesantes:

Reflexionen… y decidan: es su turno.