Mes: enero 2011

Vibraciones: 25 años después

Ayer tuve la ocasión de reencontrarme con muchos de quienes cerramos en 1985 nuestro paso formativo por la que entonces se denominaba Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao. Algunos de los que siempre se encargaron de organizar las cosas no esencialmente académicas entre nosotros, fueron los que volvieron a tomar la iniciativa rastreando, por el boca a boca, contactos, e-mails, empresas…

De los casi 900 que nos preguntábamos cómo sería la vida universitaria al ocupar por primera vez las viejas aulas de la Escuela, en 1979, poco más de 200 terminamos 6 años más tarde en una suma de quienes habíamos recorrido el camino en ese periodo de tiempo… y de quienes se fueron incorporando a lo largo del mismo, porque las bajas sobre la configuración inicial fueron aún más numerosas que lo que las cifras indican si consideramos la variable tiempo.

Les confieso que había perdido la relación con casi todos mis compañeros en estos 25 años. Es más, mis contactos con algún colega de promoción en este tiempo pueden contarse con los dedos de una mano y todos ellos (salvo uno) fueron breves y circunstanciales.

Me resulta sorprendente que en un mundo interconectado, donde las fronteras de las empresas hace tiempo que dejaron de ser físicas, donde son multitud las diarias relaciones con nodos externos, cambiantes y múltiples que forman hoy parte intrínseca de lo que conocemos como empresa extendida, ni siquiera la casualidad haya cambiado ese hecho. No a todo el mundo le pasaba lo que a mí, pero sí a muchos.

La lista que pudieron configurar contenía más de 70 nombres. Faltaban, por lo tanto, muchos por localizar, pero de los que se encontraron… apenas media docena faltaron a la cita y creo que todos ellos disculparon y justificaron su ausencia, lo que incluso puede sorprender en sentido contrario.

La agenda del día fue sencilla, pero adecuada, suficiente: comenzó con una visita a parte de lo nuevo y de lo viejo de la vieja Escuela, una rápida cadeneta de quiénes éramos cada uno y dónde estabamos ahora (mientras antiguas fotografías nuestras de entonces se reproducían en un ppt)… y un par de potes por Pozas camino del Club Deportivo de Bilbao, donde teníamos reservada la comida.

A ver… nadie tenía interés en hacer networking. Se trataba sin más de buscarnos entre nuestros recuerdos y de reconocer gestos, canciones (por llamarlo de alguna forma) y episodios que se convirtieron en hitos de nuestra promoción sin saber porqué y sin que a veces podamos explicar cómo se originaron, pero que hacía 25 años que no habíamos visto ni escuchado. Un ejercicio de pura nostalgia que, más allá de haber sido buscado (que al llegar ni lo parecía), se convirtió en inevitable.

Todos estamos en la barrera de los 50 (alguno la acaba de desbordar y otros lo haremos este año) y la verdad… nos hemos hecho mayores. Diría, incluso, que bastante mayores. 😉

Las calvas, algunos kilos de más, las canas… aparecían abundantes en buena parte de nosotros. Visto el grupo por detrás, a veces podías pensar que habías entrado en una iglesia… 😐

Bueno… salvo ellas, claro. Las chicas. Pocas, pero créanme que en perfecto estado de forma. Literalmente estupendas.

Respecto a dónde nos había llevado la vida… pues a muy diversos sitios, como no podía ser de otra manera. La mayoría ligados a empresas industriales (aunque muchos habíamos perdido el contacto con la técnica hace años), un pequeño pero selecto grupo aún trabajando en contacto directo con la ingeniería más pura, algunos sufrientes empresarios y unos pocos que definitivamente orientaron su vida profesional a mundos de servicios radicalmente alejados a lo que había sido su formación académica.

Hijos… los justos, aunque con mucha variación en edades entre los que se dieron prisa y los que nos reservamos para más tarde.

Pero lo más interesante de este encuentro fue el ejercicio de reconocimiento.

Me explico…

Al llegar yo, me encontré que ya habían llegado unas 30 ó 40 personas. En mi primer golpe de vista, apenas pude reconocer a la mitad (visualmente, me refiero, porque la asociación con los nombres rebajaría claramente el porcentaje, aunque eso puede ser debido a mi habitual falta de capacidades en este sentido).

Sin embargo, pronto advertí que fijando la vista con detenimiento en las facciones de la cara y en la forma de gesticular o de moverse cada uno, la capacidad de bucear en la memoria tras 25 años y encontrar la luz… existe. Poco a poco, uno a uno, iban encontrando su sitio entre mis recuerdos.

Luego descubres que hay algo que en nadie ha cambiado: la voz. Todas las voces eran exactamente iguales, en timbre, en tono y en modulación, a las que yo conocí.

Tampoco en la conversación: si alguien gritaba, susurraba, corría o resbalaba con su voz… lo sigue haciendo; si alguien gesticulaba, acompañaba de sus manos, pausaba o aceleraba su discurso, conserva el hábito; si alguien tomaba la iniciativa, acompañaba, interrumpía o profundizaba en la conversación… sigue practicando ese mismo modo de estar.

Igual de reconocible era el lenguaje corporal: ninguna sorpresa, ni siquiera derivada de los cambios físicos que han acompañado al hecho de duplicar la edad.

Así que yo me pregunto… Si el ser humano es un ser lingüístico, ¿cabe mejor ejercicio de experimentación práctica de lo poco que, una vez cimentada nuestra estructura de coherencia, en esencia conseguimos cambiar?

Permítanme un último apunte.

La noche anterior me armé de paciencia y pasé los más de 70 nombres de la lista por el filtro de LinkedIn. Sólo 15, contándome a mí, mostraban un perfil abierto en esa red… y sólo a 4 se nos podría considerar activos en ella… estirando mucho.

Hablamos de profesionales de alto nivel, no lo olviden, pero con esta edad… no están en la red.

Así que, definitivamente… soy todo un friki.

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