Vibraciones: 25 años después

Ayer tuve la ocasión de reencontrarme con muchos de quienes cerramos en 1985 nuestro paso formativo por la que entonces se denominaba Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao. Algunos de los que siempre se encargaron de organizar las cosas no esencialmente académicas entre nosotros, fueron los que volvieron a tomar la iniciativa rastreando, por el boca a boca, contactos, e-mails, empresas…

De los casi 900 que nos preguntábamos cómo sería la vida universitaria al ocupar por primera vez las viejas aulas de la Escuela, en 1979, poco más de 200 terminamos 6 años más tarde en una suma de quienes habíamos recorrido el camino en ese periodo de tiempo… y de quienes se fueron incorporando a lo largo del mismo, porque las bajas sobre la configuración inicial fueron aún más numerosas que lo que las cifras indican si consideramos la variable tiempo.

Les confieso que había perdido la relación con casi todos mis compañeros en estos 25 años. Es más, mis contactos con algún colega de promoción en este tiempo pueden contarse con los dedos de una mano y todos ellos (salvo uno) fueron breves y circunstanciales.

Me resulta sorprendente que en un mundo interconectado, donde las fronteras de las empresas hace tiempo que dejaron de ser físicas, donde son multitud las diarias relaciones con nodos externos, cambiantes y múltiples que forman hoy parte intrínseca de lo que conocemos como empresa extendida, ni siquiera la casualidad haya cambiado ese hecho. No a todo el mundo le pasaba lo que a mí, pero sí a muchos.

La lista que pudieron configurar contenía más de 70 nombres. Faltaban, por lo tanto, muchos por localizar, pero de los que se encontraron… apenas media docena faltaron a la cita y creo que todos ellos disculparon y justificaron su ausencia, lo que incluso puede sorprender en sentido contrario.

La agenda del día fue sencilla, pero adecuada, suficiente: comenzó con una visita a parte de lo nuevo y de lo viejo de la vieja Escuela, una rápida cadeneta de quiénes éramos cada uno y dónde estabamos ahora (mientras antiguas fotografías nuestras de entonces se reproducían en un ppt)… y un par de potes por Pozas camino del Club Deportivo de Bilbao, donde teníamos reservada la comida.

A ver… nadie tenía interés en hacer networking. Se trataba sin más de buscarnos entre nuestros recuerdos y de reconocer gestos, canciones (por llamarlo de alguna forma) y episodios que se convirtieron en hitos de nuestra promoción sin saber porqué y sin que a veces podamos explicar cómo se originaron, pero que hacía 25 años que no habíamos visto ni escuchado. Un ejercicio de pura nostalgia que, más allá de haber sido buscado (que al llegar ni lo parecía), se convirtió en inevitable.

Todos estamos en la barrera de los 50 (alguno la acaba de desbordar y otros lo haremos este año) y la verdad… nos hemos hecho mayores. Diría, incluso, que bastante mayores.😉

Las calvas, algunos kilos de más, las canas… aparecían abundantes en buena parte de nosotros. Visto el grupo por detrás, a veces podías pensar que habías entrado en una iglesia…😐

Bueno… salvo ellas, claro. Las chicas. Pocas, pero créanme que en perfecto estado de forma. Literalmente estupendas.

Respecto a dónde nos había llevado la vida… pues a muy diversos sitios, como no podía ser de otra manera. La mayoría ligados a empresas industriales (aunque muchos habíamos perdido el contacto con la técnica hace años), un pequeño pero selecto grupo aún trabajando en contacto directo con la ingeniería más pura, algunos sufrientes empresarios y unos pocos que definitivamente orientaron su vida profesional a mundos de servicios radicalmente alejados a lo que había sido su formación académica.

Hijos… los justos, aunque con mucha variación en edades entre los que se dieron prisa y los que nos reservamos para más tarde.

Pero lo más interesante de este encuentro fue el ejercicio de reconocimiento.

Me explico…

Al llegar yo, me encontré que ya habían llegado unas 30 ó 40 personas. En mi primer golpe de vista, apenas pude reconocer a la mitad (visualmente, me refiero, porque la asociación con los nombres rebajaría claramente el porcentaje, aunque eso puede ser debido a mi habitual falta de capacidades en este sentido).

Sin embargo, pronto advertí que fijando la vista con detenimiento en las facciones de la cara y en la forma de gesticular o de moverse cada uno, la capacidad de bucear en la memoria tras 25 años y encontrar la luz… existe. Poco a poco, uno a uno, iban encontrando su sitio entre mis recuerdos.

Luego descubres que hay algo que en nadie ha cambiado: la voz. Todas las voces eran exactamente iguales, en timbre, en tono y en modulación, a las que yo conocí.

Tampoco en la conversación: si alguien gritaba, susurraba, corría o resbalaba con su voz… lo sigue haciendo; si alguien gesticulaba, acompañaba de sus manos, pausaba o aceleraba su discurso, conserva el hábito; si alguien tomaba la iniciativa, acompañaba, interrumpía o profundizaba en la conversación… sigue practicando ese mismo modo de estar.

Igual de reconocible era el lenguaje corporal: ninguna sorpresa, ni siquiera derivada de los cambios físicos que han acompañado al hecho de duplicar la edad.

Así que yo me pregunto… Si el ser humano es un ser lingüístico, ¿cabe mejor ejercicio de experimentación práctica de lo poco que, una vez cimentada nuestra estructura de coherencia, en esencia conseguimos cambiar?

Permítanme un último apunte.

La noche anterior me armé de paciencia y pasé los más de 70 nombres de la lista por el filtro de LinkedIn. Sólo 15, contándome a mí, mostraban un perfil abierto en esa red… y sólo a 4 se nos podría considerar activos en ella… estirando mucho.

Hablamos de profesionales de alto nivel, no lo olviden, pero con esta edad… no están en la red.

Así que, definitivamente… soy todo un friki.

11 comments

  1. Cuanto me alegro de la experiencia tan emocional… que como no, has sido capaz de vivir también de forma racional.

    Me ha llamado mucha la atención el tema del lenguaje corporal. Yo creía y creo que si uno se desarrolla “interna/espiritualmente” eso se refleja también en el lenguaje corporal. Y si mantengo dicha idea, tras leer tu post, me lleva a concluir que no todos maduran con el paso de los años ni por haber alcanzado un éxito profesional. Cosa que me cuesta mucho admitir. Yo siento que mi lenguaje corporal es diferente al de hace años… pero quien sabe.

    La pregunta aquí es… ¿Te ha dicho que has cambiado mucho?😀

    1. Hola, Yuri, muy bienvenida de nuevo y muchas gracias por tu comentario.

      Yo sólo cuento lo que ví y como lo ví. Esas fueron las sensaciones que tuve, también para mí en cierto modo inesperadas.

      Sobre tu pregunta, alguno me dijo que había engordado un poco… pero otros me dijeron que (con alguna cana más y quizá por la barba, eso sí) era uno de los más reconocibles, que estaba exactamente igual que entonces.

      Creo que tienen razón estos últimos…🙂

  2. Jesus:
    ¡¡precioso post, compañero!! Me siento muy identificado con lo que cuentas. Además, lo has hecho de forma soberbia, es que me sentía allí compartiendo la experiencia. El guiño a las chicas es estupendo. Y eso que comentas de que al llegar te parecía que no recordabas a nadie pero que una vez que fijabas bien la vista, empezabas a reconocerlos, me parece de una sutileza impecable.
    Mira, por seguir la conversación, te contaré algo. Yo intenté hacer lo mismo con mis compañeros de carrera, al cumplirse los 15 de terminarla. En un viaje de vacaciones a Cuba, donde estudié, me puse en contacto con varios compañeros y los invité a casa para celebrar juntos esos 15 años. Me moría de ganas de verlos, no te imaginas. ¿y sabes lo que pasó? Pues que solo fueron dos al convite, y me quedé allí prácticamente solo, con mis cervezas y bocadillos. Una gran frustración.
    Las razones de la estampida no eran afectivas, sino políticas. Sería muy largo explicarlo aquí, pero muchos de mis amigos estaban demasiado comprometidos para ir a verme (aunque les apeteciera, como después me lo hicieron saber underground), así que pasó lo que pasó.
    Te cuento esto para que entiendas por qué me identifico tanto con tu post, y me haces sentir un montón de envidia sana. ¡¡cuanto me gustaría a mí pasar por una experiencia parecida!!
    un abrazo

    1. Mil gracias, Amalio. Gratifica mucho encontrarte entre estas páginas… y más para escuchar tu comentario desde el lado más personal.

      Siempre he pensado que esa parte de tu historia vital que normalmente apenas apuntas (intuyo que reservada para ser compartida sólo en pequeño y en buenos momentos), tiene que contener historias de grandísimo interés.

      La verdad es que me dan ganas de pillar un par de bocadillos “vegetal con pollo”, de unos que preparan aquí al lado y que están que te mueres de buenos… y de un golpe llegarme a Málaga o a donde quiera que hoy estés para invitarte a cenar.

      A bocadillos y cervezas, que hoy no me vale otra cosa.🙂

      Un abrazo.

  3. Hola Jesús, me has dejado impresionado con tu descripción de lo que fue el reencuentro de la promoción, tienes alma de poeta, me da envidia (sana) lo bien que has reflejado con la palabra los sentimientos que fluyeron el Sábado.

    Al día siguiente me desperté a las 7 de la mañana y estuve dos o tres horas dándole vueltas en la cama a lo que fue el día, con la gente que hablé, con los que no, con los que hablé mucho y con los que fue sólo un breve comentario, llegué incluso a emocionarme recordando el día y también por unos instantes sentir tristeza por que después de estar 6 años en la Escuela hay gente a la que no había visto en 25, y parece que fue ayer. Por cierto repasando fotos del viaje a Roma, oye, estás igual, efectivamente la barba tiene mucho que ver.

    Un abrazo,
    Txotxe

    1. Un placer, un placer recibirte en esta casa.

      Ya ves que mis “vibraciones” nacieron igualmente en domingo, hasta el punto de ponerme a escribir… cuando llevaba ya demasiados días sin alimentar este blog por una agenda que ahora no me deja espacios ni para tomar aire.

      Y también por cierto… ahora que casi nadie lo escucha… yo, que soy el que está debajo de la barba, te tengo que reconocer que igual, igual… pues no. Es una pena, pero igual-igual no estoy…😉

      Un abrazo.

  4. Aquí estoy de nuevo Jesus,

    Pues esta vez tu post me ha hecho recordar un gran momento para mí que fue similar al tuyo, el reencuentro con compañeras de estudio que no nos veíamos hacía 25 años. Memorable, me he sentido perfectamente identificada con lo que comentas.

    El fluir de sentimientos fue continuo durante toda la comida, por lo que percibí no solo míos sino de todas las que estábamos allí. Las preguntas, las risas y los mejores recuerdos transcurieron constantemente.

    En nuestro caso, parece que muchas de nosotros esperábamos no reconocernos y fue todo lo contrario, en cuanto nos vimos fue automático, y yo en particular encontré a muchas de mis compañeros con un aspecto muy semejante al que yo recordaba.

    Me encantó conocer la vida de las demás, así como ellas escuchaban la mía, fue maravilloso y como postre……… fuimos al colegio dónde estuvimos estudiando todas juntas, impresionante qué recuerdos bastantes cosas permanecían de forma semejante: el claustro oscuro de baldosas con dibujos, algunas de las clases me parecía que hasta la pizarra era la misma, la que entonces era “la vieja sala de los profesores” seguía siendo igual de vieja…

    En fin, una experiencia estupenda que ya nos hemos propuesto repetir.

    Eva

    1. Hola, Eva.

      Es curioso cómo quedan en nuestras retinas detalles marginales de las cosas que suceden, como ese claustro oscuro de baldosas con dibujos que, así descrito, me traslada a un lugar imaginario en el que compartir tus sensaciones, sin saber si son las mismas que que tú percibes…

      Precioso comentario. Gracias por él.
      Un abrazo.

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