Vibraciones: la AP-1, 6 meses, 2 semanas y algunas dudas

Estoy que desbordo de gozo. Llevo un par de semanas, por lo menos, en las que la mayoría de los días he recorrido mis 15 km. habituales en la AP-1 con los dos carriles abiertos en cada metro de los mismos.

La autopista AP-1 es un proyecto original de 1974 diseñado para unir Burgos y Eibar (en Maltzaga, en conexión con la AP-68), que hasta 1984 sólo se había sido construido entre la capital castellana y la localidad alavesa de Armiñón. Las diputaciones vascas de Gipuzkoa y Araba relanzaron una década después el tramo vasco pendiente, puesto en servicio entre los años 2003 y 2009.

El tramo entre el cruce de Eibar-Maltzaga y Arrasate-Mondragón (los extremos que delimitan mis 15 km.) terminó de abrirse en julio de 2005, año y medio después del primer uso de la autopista que hoy une Eibar y Vitoria-Gasteiz, habilitando definitivamente la conexión de las tres capitales vascas entre sí a través de autopistas de peaje.

Se trata, por tanto, de una infraestructura muy reciente, de impresionante construcción entre grandes viaductos y largos túneles que sortean una orografía complicada.

En esos 15 km., casi sin solución de continuidad, se suceden:  el imponente viaducto de Larreategi sobre el Deba, los breves túnel de Eitza y viaducto de Sagarrereka, los 2’5 km. del túnel de Gallastegi, que mediante el miniviaducto de Belastegi se conecta con los 1’2 km. del túnel de Lezarri… antes del primer respiro a cielo abierto que (viaducto sobre el Ubera incluido) lleva hasta el túnel de San Martzial, 1’5 km. de tubo que conduce al segundo tramo sobre suelo (brevemente interrumpido por el túnel de Aristi), que lleva hasta el túnel de Ikastaundi previo a la salida de Mondragón.

El caso es que desde que volví de las vacaciones de verano del año pasado, a finales de agosto, me fue llamando progresivamente la atención las continuas obras que, día sí y día también, se sucedían sobre esos 15 km. de autopista de peaje. Son muy pocos los días que, bien a la ida, bien a la vuelta o en ambos casos, no conduzco por esa vía en mis desplazamientos entre casa y trabajo.

Lo sorprendente es que en esa ruta, entre finales de agosto de 2010 y finales de febrero de 2011 (prácticamente 6 meses) no recuerdo ni un solo día sin que se produjeran cortes parciales de un carril o de un sentido completo de la marcha.

Peeero…

… obviamente pagando religiosamente el peaje completo de cada uno de esos días, que actualmente supone nada menos que unos 2€ para esos breves 15 km.

Y no es que hubiera una importante obra de ingenería que requiriera de esos 6 meses para su desarrollo (una reforma integral de uno de los túneles, por ejemplo) que pudiera justificar con facilidad ese hecho… No. Se trataba (aparentemente, pues reconozco que no he podido contrastarlo) de pequeñas intervenciones en muy diferentes puntos del tramo y por diferentes motivos.

El caso es que, entre el mosqueo por esos continuos incordios a la conducción y por la sangría diaria del bolsillo, llevaba una temporada rumiando malicias mentales que me van a permitir que traduzca en una serie de dudas que paso a compartir:

  • ¿Necesidad o subempleo?

Disculpen si me excedo en los términos con la primera de mis “dudas”, pero me explico… Hace unas semanas, inmerso en esas insufribles colas de espera del control de equipajes del aeropuerto de Stansted (no creo que pueda evitar hablar en poco tiempo del trato en los aeropuertos) quien me acompañaba, mirando los cientos de personas ocupadas en palpar botes de champú, bolsas de aseo, mudas planchadas, ropa de conveniencia, portátiles fuera de sus fundas y modernos e indefinibles gadgets electrónicos, vomitaba desde dentro del alma: “puro subempleo”.

La verdad es que son miles de horas de trabajo, quizá necesarias, pero que no crean valor económico para la sociedad. Desde esa perspectiva social, son realmente un subempleo que esconde menores capacidades de ocupación de lo que los índices oficiales de un país publicitan.

Así que me pregunto si también en los numerosos “organismos gestores” o sociedades públicas o público-privadas de las que nos hemos dotado nosotros en los últimos años, no se esconden bolsas de subempleo al que de alguna forma hay que ocupar…

  • ¿Planificación o imprevisión?

La continuidad tan sostenida de trabajos de mantenimiento requiere de una planificación de medios y de recursos que permita su distribución ordenada. Eso, al menos, parece que deberíamos reconocer de esa situación. Sin embargo, hago notar que todos esos trabajos conviven con un penoso estado del asfalto en varios viaductos (o, por ejemplo, en el túnel de conexión con la salida de Eibar), con numerosos baches que no han sido re-asfaltados, aprovechando que la vía estaba cortada, en ninguna de las ocasiones en que eso ha ocurrido. Y les recuerdo que hablamos de una autopista de peaje.

Así que me cabe la duda de si realmente se habrá realizado una planificación de tareas bien coordinada para minimizar las molestias al usuario, o simplemente una búsqueda de trabajos a realizar…

  • ¿Clientes o fuentes de financiación?

Pues nada, lo que apuntaba antes: ¿creen que es de recibo pasar casi 200 días seguidos en obras, en una infraestructura pública de peaje con sus servicios sistemáticamente restringidos, y seguir cobrando a los usuarios las mismas tasas, como si tal cosa?

Pues yo creo que no, que no debiera. Que el concepto de peaje como “derecho de paso” debiera asignarse definitivamente al medievo y ser sustituido por la idea de pago por servicio.

Así que, una vez más, me entra la duda de cuál es el concepto real de cliente para los servicios públicos en pleno siglo veintiuno…

  • ¿Consecuencia inevitable o defectos de ejecución?

Esta también es clara: ¿creen ustedes que una autopista llena de túneles y viaductos tiene que asumir servidumbres de mantenimiento como las que les apunto de estos seis meses, por la propia naturaleza de la misma? O dicho de otra forma, ¿es éste el estado del arte de la construcción actual de túneles y grandes viales, a los 5-7 años de su inauguración?

Pues aunque les reconozco que mi ignorancia es quizá demasiado atrevida, intuyo que no.

Así que me da por pensar que quizá se deba todo esto a fallos de diseño o ejecución… que debería por tanto estar asumiendo la empresa constructora, más que los impuestos de todos…

Me debo haber vuelto susceptible, porque no deberían ser normales mis dudas. Fijo que es eso. Además, seguro que hay razones normativas y legales, presupuestarias e incluso técnicas y de gestión que coloquen argumentos más que de sobra para demostrar que lo mío es una pataleta de ciudadano molesto.

Pero qué quieren que les diga… pues que molesta.

Así que estoy gozando de estas últimas semanas en que de nuevo me encuentro 15 km. seguidos de doble carril. Aunque tenga que vigilar el 110, que más de una vez se me despista…

4 comments

    1. ¡Pero es que lo hay…!

      Aquí se llama “Like”, pero sólo se ve si entras en el post. Aunque no creo que la cuenta llegue a “cienes”…😉

      Gracias, Yuri. Curioso lo de los carteles.

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