Mes: septiembre 2012

Vibraciones: start-up, emprendimiento, producto y circo.

Este verano estamos viviendo la auténtica eclosión del fenómeno start-up, que ya asomaba sus fauces desde hace meses. El asunto está alcanzando tal dimensión mediática que llena palacios de congresos, auditorios, periódicos, espacios singulares e instituciones feriales, de discursos políticos, congresos, talleres y propuestas formativas, en infinitas formas.

Clusters, parques tecnológicos, agentes sociales, administraciones públicas… todos empujando el mismo carro. Se está convirtiendo en el nuevo mantra, tras excelencia, innovación y emprendimiento, que por repetición nos traerá un futuro mejor… así que si no saben decir “estartap” de un tirón, estimados lectores, tienen un problema. 😉

La blogosfera hierve: solo en la última semana, Julen Iturbe, Mario Dehter o Juan Freire, por poner solo tres ejemplos, han escrito sobre el fenómeno del emprendimiento en alguna de sus facetas, con visiones analíticas… o críticas.

La explosión start-up, en primera persona.

Mis propias vivencias de las últimas semanas han estado rodeadas del fenómeno start-up.

Tras la reconversión de la gran fiesta anual de infonomia en un “Co-Fest” donde el núcleo lo formamos las empresas miembro de Co-Society, el pasado julio disfruté de dos días en el Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, rodeado de ideas, ciencia y personas, un entorno que cada año me empuja a caminar con la mirada aún más inquieta por la vida.

Este año tuvo un carácter muy especial: una fusión con otra iniciativa, el Benasque Brain Boost (BBB), que pretendía ser el punto de encuentro de las start-up españolas, reunir a más de 100 emprendedores con sus proyectos empresariales entre sí (para compartir visiones, enfoques, recursos y penas) y entre ellos y las empresas Co-Society (para quizás algo parecido y puede que también para encontrar algún sólido compañero de viaje).

No les contaré en esta ocasión qué tal fue el Co-Fest ni les haré ahora una crónica del mismo. Hay numerosas y excelentes referencias en la red (como ésta, ésta o ésta) y no creo que pueda aportarles grandes novedades sobre ello. Pero sí me interesa contarles que tuvimos ocasión de conocer docenas de proyectos empresariales, algunos ya germinados y otros en plena ebullición… y de conversar o al menos escuchar en primera persona a muchos de los emprendedores al frente de los mismos.

Hace un par de semanas tocaba el Emprende 2012. Un gran evento organizado ya por tercer año consecutivo por el Gobierno Vasco, que reunió a casi 3.000 personas en el BEC. Esta vez desde la iniciativa pública, de nuevo cientos de emprendedores con su start-up bajo el brazo; de nuevo una ocasión personal para conversar o escuchar sus propuestas de valor, sus proyectos, sus ilusiones, sus necesidades, sus realidades…

Hace solo unos días, el Polo de Innovación Garaia cerraba su serie de 3 talleres de emprendizaje ordenados alrededor de la idea de “Aprendiendo a emprender con emprendedores“.

En un plazo de un mes, y ya a nivel más interno, el BAC (Business Acceleration Center) de MONDRAGON ha lanzado dos talleres de exploración de oportunidades en intercooperación y otro taller para compartir experiencias de intraemprendimiento desarrolladas en los últimos años en la corporación, contadas por los propios emprendedores.

Y les aseguro que podría seguir.

Oigan… esto abruma…

El lado positivo.

No lo negaré. Hay un lado muy positivo en esta eclosión del fenómeno start-up. Un lado positivo que se desdobla en varias facetas de las que no podemos sino sentirnos todos gratificados:

  • Ya son muchas las personas que están decidiendo tomar las riendas de su vida profesional como protagonistas principales de su destino. Son personas como las que hemos conocido todos entre nuestros compañeros de facultad o de escuela o como las que nos rodean en nuestro trabajo, pero en esta ocasión, quienes tienen voluntad y deseo de asumir una iniciativa personal, lo están haciendo con menores barreras personales que las que teníamos en nuestras generaciones. Los patrones mentales sociales están cambiando y de este fenómeno podrán salir iniciativas empresariales nuevas que regeneren a medio y largo plazo un tejido empresarial demasiado dormido durante demasiados años.
  • Este fenómeno se está extendiendo, debido a la crisis, a capas de población de muy diversas edades. A pesar de que en los “saraos” mediáticos es abrumadora la presencia visible de gente joven, en las sillas de los asistentes hay muchas personas más mayores, calladas, pero igualmente con su proyecto empresarial bajo el brazo. Contrariamente a lo que se piensa, el fenómeno emprendedor (y especialmente las iniciativas con mayores índices de supervivencia) tiene un componente fortísimo entre personas que han superado los 40, con experiencia y visión sistémica de las claves de lo que es un negocio. Pues muy bienvenidos sean.
  • El impulso de las administraciones seguramente remitirá cuando salgamos de esta crisis, porque las empresas absorberán de nuevo las atenciones oficiales, pero habrá un conjunto de normativas, leyes y regulaciones que habrán cambiado y que harán más fácil embarcarse en el reto de emprender. Pero lo más importante es que de las escuelas y universidades saldrá mucha gente que considerará que poner en marcha su propia iniciativa empresarial es una opción más de entre las posibles. Y aún más, que lo seguirá considerando así durante toda su carrera profesional, lo que significa que visiones diferentes del mercado y del mundo podrán salir a la luz con mayor facilidad.
  • El concepto del trabajo está cambiando socialmente. Cierto es que las empresas tenderán a no darse por enteradas, pero este fenómeno y otros paralelos y no tan gratificantes están colocando semillas que terminarán por germinar entre las grietas de las relaciones laborales del interior de la empresa. Creo firmemente que veremos dentro de unos años formas diferentes de organización del trabajo, de cómo se adoptan decisiones y se desarrollan proyectos, de cómo una persona crece y desarrolla su propio camino profesional, dentro o fuera de una empresa, suya o ajena.

La feria de las vanidades.

Antes ya lo había enlazado, pero como es casi seguro que la mayoría no se habrá parado en ello, les invito a que lean la definición que la Wikipedia da para el concepto start-up.

Hay una cara oscura también en esta luna. A su alrededor, las estrellas se llaman grandes expectativas de beneficio a corto plazo, business angels, crecimiento acelerado, rápido retorno de la inversión, durabilidad de la rentabilidad limitada… Correr, “forrarse” y salir. Demasiado cerca del tradicional “pelotazo”, aunque en este caso no se sepa siempre a ciencia cierta para quién va.

En cualquier caso, tras la inevitable vanidad romántica hay un fondo de macho-alfa en la épica del emprendedor… y eso hace que con demasiada frecuencia se observen comportamientos ligados al “lo que importa no es poner en marcha un proyecto que genere riqueza, sino que quien lo ponga en marcha sea yo”.

En el otro lado está la inmadurez de pensar que todo el monte debería ser orégano, que si uno no lo consigue es porque los demás (la administración, el inversor, el socio o quien sea) “no me escucha”, “no se entera”, “es un inútil” o directamente “un cabrón” o “un imbécil”.

Hay veces que la posición frente al enemigo exterior es puramente pueril. Frase real, tuiteada: “¿Cómo se emprende cuando eres recién titulado, no te dan créditos y mucho menos trabajo? La idea es buena, pero no tenemos recursos”. Pero… ¿no es precisamente cuando eres recién titulado, cuando se supone que toca hacer cosas sin créditos fáciles y sin que te den trabajo? ¿No les resulta candoroso? 🙄

Y eso me lleva al valor de las ideas. Uno tiene una idea y tiene un tesoro… o eso cree. Pues no señor: las ideas tienen un valor más bien escaso, en mi modesta opinión. ¿Quiere una idea? Yo le doy 100 gratis y le aseguro que al menos una cuarta parte, sea usted quien sea, le parecerá buena.

Además de desarrollar técnicamente el producto o servicio (en lo que siempre se ocupa el tiempo que cada uno considera preciso), para transformar una idea en un negocio:

  • hay que asumir normalmente (y despejar si se puede) incertidumbres industriales, financieras, tecnológicas y de mercado;
  • hay que buscar los socios y la financiación precisa para poner en marcha el proyecto empresarial;
  • hay que mantener la moral de la tropa cuando las cosas no parezca que van bien;
  • hay que saber comprar y saber explotar los medios de producción;
  • hay que cerrar acuerdos vinculantes con inversores y aliados;
  • hay que definir una estrategia de mercado;
  • hay que crear una red de distribución…

Y más:

  • hay que crear condiciones de diferenciación competitiva sostenida, que establezcan algún tipo de barrera a competidores al menos durante la fase de maduración del negocio;
  • hay que conocer los umbrales de rentabilidad;
  • hay que saber cuánto tiempo puede uno aguantar sin que la sociedad se estrese financieramente hasta su ahogamiento…

En fin, que no se trata de tener una buena idea.

Pero basta ya de hablar de los emprendedores. A pesar de todo lo dicho, casi de forma universal hay que reconocerles el valor de enfrentarse a lo desconocido, de asumir un riesgo personal de hacer las cosas de forma diferente a lo que hay. Y casi en ningún caso tienen la culpa… ni siquiera de equivocarse.

La financiación es uno de los elementos más importantes de de los ecosistemas de emprendimiento. Capital riesgo, privado y público, capital semilla, viveros de empresas, inversores de variados pelajes, business angels

Creo honestamente que hace falta una severa profesionalización de muchos de estos “entes” financieros en España. No todo pueden ser ventas inmediatas y exponenciales en un negocio, porque si es ese el único criterio de selección, solo serán apoyadas iniciativas de bajo riesgo inversor y, por lo tanto, de baja capacidad de generación de empleo (eso pone, por ejemplo, negras perspectivas para una oportunidad industrial).

Creo que estamos replicando un modelo norteamericano pero desde una dimensión minúscula. Y reconociendo que una parte del mismo debe seguir satisfaciendo la oferta actual, hay carencias notables que cubrir.

Sería muy deseable un proceso de consolidación y concentración que diera mucha mayor dimensión a algunas de estas entidades, lo que les permitiría diversificar su cartera de inversiones y establecer diferentes políticas de soporte financiero en función del riesgo de proyecto y de su tipología.

Otro agente fundamental: las administraciones públicas. Salvo el capital privado que esté dispuesto a arriesgar, parece que solo el capital riesgo público está en disposición de apoyar el nacimiento de grandes iniciativas empresariales en las que el retorno de la inversión solo pueda darse a medio y largo plazo.

Pero el apoyo de las administraciones podría ir mucho más allá: intermediando en los acuerdos de propiedad industrial o de financiación público-privada, aplicando exención de impuestos y otros beneficios fiscales a las sociedades en fase de maduración, o fomentando desde los CEI la incorporación de “potenciales”, embarcados desde el origen en la exploración de mercados.

Solo me detendré en otro apartado más: la política. Es lo que toca, es lo que se lleva esta temporada, ya que no hay mucho más que se pueda hacer porque no quedan ni céntimos en la cosa pública para invertir en nada. Así que vamos a llevar emprendedores al escaparate de la opinión pública… y si puede ser en grandes volúmenes, mejor. Aunque se rellene de iniciativas que vayan poco más allá del autoempleo.

Paletadas de emprendedores para cubrir las carencias de una sociedad que no es capaz de generar empleo desde iniciativas empresariales ni de poner las bases legales para renovar el tejido empresarial y la propia función y concepción del trabajo en nuestras organizaciones. La política sirviéndose de un circo mediático: si no hay empleo, créatelo tú, venga, las oportunidades están al doblar la esquina, búscalas, no será fácil pero tú puedes, te sentirás “todo un hombre” si lo consigues y te habrás forjado el carácter si no…

Ya que no hay dinero, lo que necesitas es motivación, coraje, resiliencia, generosidad, capacidad de superación… y hasta sentido del humor. No te preocupes, que no te voy a dejar solo: yo te lo explico. 😆

Y para el dinero, también resuelto: rondas de financiación en la feria de las start-up. Pasen, señores inversores…: nuestras start-up están en el lineal del pasillo quinto, junto a los yogures; los elevator pitch, en los probadores de la zona de confección; el intercambio de tarjetas, en las cajas; y hoy como oferta especial… ¡networking en el pasillo central!

No niego que esta feria de vanidades no sea útil para quienes emprenden, pero suena tanto a gestión de mercancía…

Queridos emprendedores: más os vale cuidar el packaging.

Las grandes carencias.

¿Qué tipo de ideas creen que están detrás de la mayoría de los proyectos empresariales?

Les diré qué he visto, mayormente, entre las cientos de start-up que he visto recientemente:

  • soluciones de formación: en píldoras, en bocados, en pastillas…;
  • aplicaciones para redes sociales, para comunidades conectadas al comercio electrónico;
  • servicios web para los ciudadanos, para el deporte, para las compras, para el turismo, para el ocio…;
  • soluciones para la compra electrónica;
  • servicios de marketing on line;
  • plataformas colaborativas para iniciativas de innovación social;
  • y en general… servicios web, para todo lo imaginable.

Verán… 😯 ¿no echan de menos algo?

Yo echo de menos al señor don PRODUCTO.

Hubo un tiempo en que emprender era embarcarse en una iniciativa empresarial cuyo objeto era transformar la materia y crear valor en ello. Cierto es que los servicios aportan igualmente valor al consumidor o al usuario, pero si los miramos desde una perspectiva social, generan una actividad económica que se debilita cuando el sector secundario se tambalea.

Dicho de otra forma, con frecuencia no es sencillo entender el significado de competitividad de un servicio frente al mundo, sino solo frente a quien compite conmigo en local. Pero eso, estimados lectores, no aporta gran cosa a la competitividad de la economía ligada a un territorio… y ya se está viendo que el asunto no es baladí.

Detrás de un servicio hay valor, pero es más discutible si hay creación sostenible de riqueza. Y en las start-up que uno se encuentra en general (quizá por su propia naturaleza como apuntaba la Wikipedia), no es fácil encontrar ni siquiera servicios asociados a producto, cuando menos proyectos industriales.

Una plataforma web es un riesgo muy limitado y un reto más ligado al éxito personal que a la función social de la empresa. Digamos que, en la perspectiva del tiempo, la épica del emprendedor ha perdido solidez. 😉

¿Cuántas, de entre los varios cientos de start-ups que he conocido en estos meses, creen ustedes que ligaban su proyecto empresarial a la fabricación de un producto?

Aciertan: (casi) ninguna.

Pues a mi modesto modo de ver, aquí tenemos un problema.

Y otro, que en cierto modo lo complementa… Vale que es mi opinión, pero una opinión contrastada con muchas otras y muy recientemente: necesitamos reivindicar socialmente la figura del empresario.

Porque es muy duro poner en marcha una empresa y sacar adelante un proyecto en el que pocos creen, pero no lo es menos sostener el riesgo durante años en el proceloso océano rojo del mercado global.

Más aún cuando además, esta labor no es espectacular sino callada y discreta… y solo se ve desde fuera si uno se fija muy bien.

Vivimos en una sociedad donde se confunde al gran directivo con el empresario, a quien en general se desconoce, o a quien se desprecia casi tanto y casi tan fácil y gratuitamente como hoy en día al banquero. Pero por contra, el territorio vasco está siendo un buen caso de comparación con otras áreas del estado para mostrar que el mantenimiento de un tejido empresarial productivo establece diferencias que necesitamos aprender a valorar.

Así que aquí, estimados lectores, lo que tenemos es todo un reto social.

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