Reflexiones: resiliencia a relevos

Hacerse mayor tiene por virtud el que uno puede reconocer en su actividad profesional momentos ya vividos… desde el otro lado de la barrera.

Cada poco tiempo, uno tiene la posibilidad de observar cómo una persona incorporada a la empresa en generaciones posteriores intenta poner en marcha un plan de mejora, con el objetivo de poner “patas arriba” una situación de rendimiento insuficiente, o de poner orden en un ámbito en el que las cosas distan mucho de estar como debieran estar.

No se trata, en muchas ocasiones, de introducir grandes innovaciones disruptivas en el quehacer de la empresa.

Todo lo contrario.

Los proyectos a los que me refiero son fundamentalmente adaptativos, con objetivos que tienen mucho que ver con ese “hacer las cosas bien de una vez por todas”, muy cercanos a los buenos propósitos de cambio de comportamientos a los que nos hemos enfrentado casi todos al menos alguna vez a lo largo de nuestra carrera profesional… al menos una vez cada año.😉

Uno ve a uno de esos gestores o técnicos aún a mitad de la escalera, buscando información, acudiendo a talleres de trabajo, cursos y conferencias relacionadas con el asunto, planificando el proyecto, consiguiendo aprobaciones y medios, tejiendo compromisos… y se reconoce a sí mismo o a los compañeros de otras épocas recorriendo un camino paralelo.

Es que esta vez sí… esta vez lo vamos a hacer bien… ahora tenemos las herramientas precisas…🙂

La verdad es que, cuando veo uno de estos proyectos que se acometen con la misma ilusión y con similares ganas con que se acometieron (con ese disfraz o con otro parecido) en numerosas ocasiones en etapas pasadas de mi vida profesional, lo que siento es una mezcla de cansancio, comprensión, ganas-de-contar-cuentos-de-abuelete… y también curiosidad, no-sea-que-esta-vez-sea-que-sí, combinación a su vez de ingenua expectativa y quizás de pequeño orgullo herido.

Pero hoy, además, me ha parecido que éste es un mecanismo muy eficiente para sostener en el tiempo proyectos adaptativos, esos que requieren de aportaciones periódicas de gasolina para que no se pare el motor. Piensen en prevención de riesgos laborales y en ese propósito repetido cada cierto número de años de volver a evaluar todos los riesgos de todos los puestos para hacer una puesta a cero del sistema en condiciones y luego hacer las cosas bien. O con ese propósito reiterado de rediseñar el sistema de auditorías para relanzarlo y que nos sirva para algo por fin. O con esos proyectos de orden y limpieza, de 5S, que necesitamos hacer para construir la base sobre la que edificar luego la mejora…

Cada vez que alguien asume un proyecto de esta naturaleza recibe el feedback de los intentos precedentes, diseña conversaciones para salvar la desidia de quienes ya lo vivieron sin éxito en ocasiones anteriores, e intenta definir las claves de proyecto que hagan que esta vez sí termine implantado.

Es más, las explicará y contará cuáles fueron los errores que se cometieron (o que cometiste) en el pasado. Incluso, si te dejaste el pellejo en el intento, puede que “te toque las narices” el asunto…

Y tú lo entenderás o no lo entenderás, lo compartirás o no lo compartirás… pero en el fondo sabrás que lo más probable es que vuelva a pasar.

Y dará igual el examen analítico que se haga a posteriori de las razones, porque las verdaderas nunca serán técnicas. Simplemente, la condición humana demostrará de nuevo su tozudez, siempre más allá de la lógica racional de los planteamientos gestores.

Pero son proyectos necesarios, ¿verdad?

Las empresas necesitan mantener al menos un nivel mínimo porque viven de la eficiencia de sus procesos, requieren que, en cada intento, al menos quede un cierto poso en los comportamientos que permita construir sobre cimientos tolerables.

Pero díganme… si han pasado por varias etapas diferenciadas en su vida profesional… ¿no les parece cansino volver la vista a sus preocupaciones de hace años, aunque el nuevo intento tenga una factura de proyecto impecable?

Pues para evitar que ese cansancio generacional ahogue nuevos intentos es por lo que hoy me ha parecido hasta saludable que, cada responsable nuevo, cuestione el trabajo precedente… incluso si ese cuestionamiento fuera injusto.

Porque es imprescindible que una nueva generación pueda seguir manteniendo el tipo, aunque fuera haciendo lo mismo que ya se hizo con anterioridad.

Hace ya años que la palabra resiliencia se asentó en nuestro vocabulario empresarial, pero ésta que menciono es una forma en que las organizaciones se dotan de ella, que todos conocemos pero de la que hasta ahora no me había hecho consciente: el relevo continuo en el intento, que impide que nos aburramos hasta la saciedad de persistir en ello.

El día de la marmota en versión cine.

Así, en la perspectiva de los años.

14 comments

  1. Agobiante esa película😛

    Mientras leía se me ocurría pensar si no sería bueno empezar cada vez justo por donde la condición humana muestra su tozudez, pero luego ya he visto la sugerencia de cuestionar por sistema el plan anterior.

    Me apropio de esto:
    “mezcla de cansancio, comprensión, ganas-de-contar-cuentos-de-abuelete… y también curiosidad, no-sea-que-esta-vez-sea-que-sí, combinación a su vez de ingenua expectativa y quizás de pequeño orgullo herido”

    Abrazos!🙂

    1. “Oigo otra vez lo mismo de siempre, no hay ningún planteamiento nuevo de cómo abordarlo”… “Te puedo enseñar la reflexión estratégica del 94 y ya estábamos pensando en hacer esto”…
      Son comentarios en los que no es difícil reconocerse. Volver sobre lo que trabajaste durante 3 años hace 8… es como digo yo cansino, o como dices tú agobiante. Pero creo que hay que mirarlo con otros ojos, más que tolerantes respetuosos con quien se enfrenta a algo que es necesario (aún hoy) acometer.
      Me resulta curioso tu extracto: ¿por qué destacar precisamente esa frase que “te apropias”? ¿Es que quizá… también te ves ahí?😉
      Mil gracias por pasarte y comentar, Isabel.

      1. ¿Un secreto? Es que estar volviendo atrás, si quien empieza no se molesta en revisar esas pasadas tozudeces (cuando un@ mism@ sí lo tiene como autodisciplina) ya me predispone al aburrimiento. Es como el ritmo de lectura que ya captas en la primera página de un libro o en las primeras notas de una melodía. Pero, claro, como siempre puede ser…

        Lo de los cuentos-de-abuelete hay que reprimirlo porque vaya que si entran ganas. De todas formas ya sabes que me había apuntado a lo de ser militantes de lo posible😉

  2. Lo leo en positivo, Jesús. Me gusta lo de “resiliencia a relevos” porque creo que lo expresa genial. Pero además, el que llega nuevo ademas de tener el tanque de gasolina a tope, y puede tirar millas, también tiene como ventaja la posibilidad de hacer las cosas de un modo diferente. Es cierto que tendrá que aprender de los errores de los anteriores, otra ventaja, pero su reto será volver a “vender” algo que en su momento no se compró. Para que lo consiga, tendrá que demostrar que es un “producto” distinto, que ahora sí ha llegado el momento o que el “proceso” que propone es mejor. Por cierto, mientras escribo me doy cuenta que a veces los “fracasos” anteriores se deben a que no era el momento para que saliera bien.
    Un abrazo!!

    1. Así es, Amalio. Ese círculo vital en términos organizativos se recorre una y otra vez y parece que siempre vuelve al mismo punto de partida. Pero introduces un matiz que también es cierto… o que quiero creer que lo es: como apuntaba en otro post hace un par de meses, no recorremos continuamente un círculo, sino que el camino es una espiral ascendente vista desde arriba, donde cada retorno aparente al origen es en realidad un punto de mayor valor.
      Aunque también es verdad que, cuanto más arriba se sube en la espiral, la energía potencial crece, la velocidad a la que te pegas el guantazo si te caes también crece… y como consecuencia, la decisión de subir una vuelta más está cada vez más presa del miedo a volver a fracasar.
      Gracias por comentar, un placer…

  3. Hola Jesús,

    He leído varias veces el post y cada vez he identificado las situaciones y las sensaciones y coincido absolutamente en la conclusión a la que llegas. Me gusta especialmente que hayas utilizado la expresión “cansancio” generacional.

    Desde mi punto de vista parto conceptualmente de que hacerse mayor y envejecer pueden tomarse por dos cosas distintas si se las sitúa a una en el plano físico y a la otra en el plano mental [hay gente que envejece pronto y hay ancianos que mueren jóvenes] y, personalmente, pongo todo mi empeño en madurar procurando “no envejecer” o al menos frenar un poco el proceso. Quizás será porque huí de una empresa donde su líder decidió que ya era viejo y buscaba reconocimiento personal a partir de un estar de vuelta de todo y de desmontar por sistema [eso sí, muy amablemente y bien argumentado siempre, perversamente argumentado diría incluso] cualquier aportación que plantease una novedad o una posibilidad ante cualquier aspecto donde anteriormente había un fracaso. Recuerdo haber calado, entre diferentes factores más “asépticos”, la necesidad narcisista de que nadie triunfase donde alguien había fracasado, incluso daba la impresión de que sentaba fatal al orgullo que alguien osase mejorar algo o triunfar donde uno de los “experienciados” no lo había hecho. En este sentido, toda la sabiduría anterior se confabulaba para desanimar “sabiamente” al “novato” haciéndole “tocar de pies a tierra” y aconsejándole que desistiera. Un consejo que de no seguirse también generaba malestar por interpretarse como una falta de reconocimiento a una experiencia que quería darse ya por concluida. En fin… que si alguien quería hacer algo, no ya nuevo, sino “algo”, lo mejor era irse. La “senectud” tiende gravitatoriamente al “Tánatos” y le molesta enormemente de la vida que desvele la falta de ganas con la que disfraza su impotencia para responder a los retos que le plantea.

    Pero hay algo en el post que no acabo de encajar y creo que es el salto que das con el párrafo [y la pregunta que se desprende] del “Pero díganme”… a la conclusión del post. Después de argumentar la falta de fe en los “reintentos” ¿hay que justificarlos por un tema de salud organizativa, de un mantener el tipo o de resiliencia? ¿Crees que realmente se trata de resiliencia cuando, en el fondo, no hay expectativas de mejorar o recuperar algo que se ha perdido?

    Y he vuelto al principio, donde hablas de “momentos ya vividos” y entiendo lo que dices aunque muy probablemente todos los vivimos de manera distinta y ahí radica realmente la posibilidad de que la diferencia de enfoque añada valor a un mismo tema. Me pregunto hasta qué punto se intenta -por activa o por pasiva- alinear, mediante la “experiencia”, perspectivas hasta igualarlas o hasta qué punto la necesidad de cuadrar un momento actual con uno del pasado no lo distorsiona a favor de nuestra memoria para reducir nuestra incertidumbre y, en consecuencia, los niveles de estrés que nos genera afrontar una posibilidad desconocida.

    Los momentos vividos nos vuelven prudentes, quizás la única forma socialmente aceptada del miedo, y el miedo como consejero poca cosa más consigue que infectar y transmitirse…Quizás haya ahí una explicación más a la perpetuación de ciertas parálisis.

    Uf, me he pasado Jesús, he pensado que preferías el comentario aquí y no en un mail. En fin, el post me ha gustado, muchas gracias! Un abrazo.

    1. Hola, Manel.

      No sé si esta respuesta saldrá desde el alma o desde el recuerdo racional, porque comienzo por decir que mi gastada batería acaba de decir basta hace solo un par de minutos… y en consecuencia, media hora de elaborar un texto sobre tu comentario se ha volatilizado en apenas 5 segundos…

      Intentaré repetir… aunque ya nada será lo mismo.😉

      He tenido que volver a leer varias veces tu comentario para interiorizar bien inquietudes tras palabras. Yo también he conocido personas que, en el ejercicio del mando, e incluso en el ejercicio del liderazgo (sustentado en otros pilares) han actuado como describes. Y no pocas. Con frecuencia, se trataba de personas que afrontaban la última gran etapa de su vida profesional (en una perspectiva que, no quiero que se confunda, podría abarcar aún 10 o más años), desde el reconocimiento de la organización por los logros alcanzados.

      Un aspecto que me parece relevante de estas situaciones es que, con frecuencia, las organizaciones se hacen masivamente conscientes de ellas tarde, a veces años después de que el entorno más próximo al implicado lo hubiera ya vivido con nitidez. Y entonces, una reacción habitual es una extraña mezcla de tolerancia y reconocimiento a su trayectoria profesional que se traduce, en definitiva, en una espera tácitamente asumida, junto al lánguido Tánatos, por su final.

      Coincido contigo en que, envuelto en un momento así, lo mejor que quizá uno pueda hacer es irse de ese lugar.

      Pero lo que sobre todo quiero destacar al hilo de la lectura de tu comentario es que, a cada pasada por el texto, lo que inevitablemente me produce es un pensamiento sobre si a mí me estará sucediendo algo así…

      Y concluyo que no. Pero a veces, la línea que separa una acción encaminada a favorecer el desarrollo y la maduración profesional de un colaborador y la de cercenar de raíz su capacidad de asunción de riesgos y de aprender en ciclos de prueba-error, no es tan nítida como pudiera parecer. Uno de los aprendizajes que creo puedo apuntar en mi recorrido profesional es que las equivocaciones sólo son buenas si se utilizan para aprender (hasta ahí está claro), pero sobre todo que equivocarse rápido y barato no es solo una característica deseable del error, sino que debe formar también parte del proceso de aprendizaje, porque de lo contrario, e incluso si el balance fuera globalmente positivo, el desperdicio se torna creciente.

      El equilibrio entre aprendizaje y desperdicio de recursos es siempre inestable. Yo no compro esa teoría tácitamente implantada en los últimos tiempos de que el error es bueno de “per se” (independientemente de su magnitud) siempre que el aprendizaje se produzca. Lo que sí creo que que la experimentación y su inherente error, sobre todo la capacidad de asumir el riesgo de errar, son necesarios.

      Pero en fin… volviendo al meollo del asunto, otra cosa que me pregunto es si los protagonistas de estas situaciones son siempre conscientes de las mismas y de los efectos perniciosos que sobre lo que será su imagen definitiva producen. No me parece evidente que eso ocurra, o al menos no en todas las personas que puedo tener ahora en mente.

      Así que una conclusión que saco es que conviene dotarse de “sensores” en nuestro entorno que nos indiquen que estamos en el borde del precipicio… no sea que Tánatos nos preste esa agradable sensación lánguida de adormecimiento dulce hasta la muerte…

      La frase de “la senectud conduce gravitatoriamente al Tánatos” es tremenda. Sin paliativos. Con tu permiso, me la quedo para repetirla… pero sobre todo me la quedo para no olvidarla.

      Vamos con la segunda parte.

      Puede que haya algo que no he explicado del todo bien en mi argumentación. En ese ciclo recursivo de intentos, primo de Sísifo más que de Tántalo, cada episodio que fracasa no es inútil, no es baladí. Deja eso que llamo “poso”, que tiene mucho valor para una organización porque le permite mantenerse en un suelo de mínimos que está justo por encima de la línea de flotación de los estándares de su mercado. Lo que queda tras el fracaso medido sobre los objetivos no alcanzados es un aprendizaje organizacional tácito de fundamentos muy básicos que no permiten el logro pero evitan el desmoronamiento del sistema.

      Pero ese “poso” solo se “deposita” en el suelo, no fragua, no es un cemento. Eso quiere decir que los vientos y las tormentas generacionales pueden arrastrarlo, borrarlo del mapa físico del taller… y eso es un desastre. Por eso, frente a las deformaciones que producen los acontecimientos, la organización vuelve a poner en marcha los mecanismos de proyecto. Volverá a marcarse objetivos mucho más ambiciosos que los del “poso”, que probablemente se quedarán de nuevo sin lograr… o que se perderán con el paso del tiempo si es que se logran. Pero quedará de nuevo el “poso” que corrija la deformación intolerable y que permita otra vez pisar suelo sin despeñarse por el barranco. Por eso lo llamo resiliencia.

      Aunque forzando un poco… ¿también podría llamarlo “cultura”…?😉

      Termino con otra frase para meditar: “la prudencia es, quizá, la única forma socialmente aceptable del miedo”. ¿La única? ¿Y… deseable?

      Gracias por tu tiempo y tu comentario.

      Un abrazo.

  4. Inicio mi comentario con el concepto de Spriral Innovation Process, que haces mención en el comentario tuyo.

    Te voy a contar (por n-sima vez, quizá), lo que siento sobre esta carrera cansino pero bonito, que describes en el post.
    Nosotros… somos seres adaptativos (evidente🙂 ).

    Empezamos un proyecto, damos círculos, pero “elevamos del nivel”. De forma que, como dice Amalio, el mismo planteamiento que en el pasado no funcionó, puede que funcione en un nuevo contexto con un nuevo planteamiento y/o venta. Pero el eje sobre el cual sigue fijo…. Yo lo llamaría… “visión” o “propósito”.
    Lo que pasa, es que como somos unos seres adaptativos, vamos adaptando nuestras acciones y actuaciones a nuestro contexto… ¿verdad?

    Sin embargo, yo pienso que nuestra mente se va adaptando en base a la experiencia tanto de la vivencia real como la emocionalidad causada por dicha vivencia. De modo que un día, te levantas y te das cuenta que el “eje” sobre el cual sustentaba el espiral se ha movido ligeramente.

    Creo que un “leve” cambio de posición no pasa nada. Pero… si empiezas a tomar consciencia de que el eje ha cambiado notablemente… como un individuo…. ha llegado la hora de cambiar del proyecto adaptativo. En este caso no es “cansancio generacional”. No se tratan de que hayas dejado de creen en aquello que creías (el eje), sino que como persona, como un ser humano… piensas que tienes que trabajar sobre “otro propósito”, en “otro eje”.

    ¿Qué pasa si esto ocurre en una organización como fruto de cambio generacional o por parte de los líderes?

    Creo que la resilencia organizacional no se garantiza con el relevo continuo si en cada relevo estamos cambiando la posición del eje. Porque eso significaría que empezamos del nivel cero.

    Entonces ¿qué?
    Pues creo que lo ideal es que el proyecto adaptativo tenga un eje lo suficientemente robusto (ancho de diámetro), de forma que cada generación joven (o no), pueda colocar su propio eje (propósito personal) sin alterar la dirección del espiral.
    Un ejemplo claro es tu y yo. Creo que tanto tú como yo estamos tratando de construir el mismo espiral. Aunque el eje básico (tronco o el perímetro) lo compartimos, creo que el eje personal es ligeramente distinto. ¿no opinas lo mismo?

    Como ves, tu post me ha provocado hacer pajas mentales🙂

    1. Hola, Yuri.

      Muchas ideas y muchas reflexiones al hilo de la lectura de tu comentario. Como siempre, tu reflexión… más desde el lado del individuo que de la organización. Y eso está bien…🙂

      Es verdad que el eje central de la espiral se desplaza. Casi siempre de forma sutil, pero real. Pero para quienes están dentro de la espiral, ese movimiento es imperceptible de la misma forma que los que pisamos el suelo de este Tierra no percibimos su desplazamiento en el espacio. Para nosotros (para quienes están recorriendo el camino espiral en su organización) la tierra (la espiral) es en la práctica algo fijo en el espacio.

      Para ver cómo se desplaza la espiral hay dos caminos: estar fuera (es desde fuera de una organización desde donde se identifican los cambios reales) o estar dentro pero mirando permanentemente hacia afuera (que es lo que hacemos los “consultores internos”, con lo que vemos el movimiento relativo de nuestra espiral respecto de otras y concluimos que o nosotros o los demás se les mueve la espiral… lo que al menos nos lleva a pensar sobre ello). Si estás dentro y tu trabajo te conduce a mirar hacia adentro… percibir el lento desplazamiento de la espiral es muy difícil.

      Y es que en una organización, probablemente, lo que hay son muchas espirales. Incluidas las espirales personales, que se recorren subidas cada una de ellas en el camino espiral de los procesos organizativos… y que igualmente van desplazando su propio eje sin que nos demos cuenta.

      Cuando yo hablo de resiliencia, hablo de la propiedad de la organización para recorrer una de las espirales ascendiendo en valor, superando los fracasos precedentes. Los desplazamientos de espiral están más en el terreno de la innovación… y a lo mejor tenemos que empezar a matizar los significados de dos términos que normalmente tratamos como sinónimos: radical y disruptivo. Ahora soy yo el que pregunta: ¿te dice algo esto?

      No sé si este comentario responde a tus preguntas… pero igual sí…

      Pero al menos, redunda en el lío mental en el que me metes.😉

      Un abrazo.

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