Libros que inquietan: “La insoportable levedad del ser”

Esta vez no es un libro de empresa. Ni siquiera es un libro práctico. En realidad, lo que traigo hoy al blog es formalmente una novela sobre el amor. Y eso significa, como recoge la contraportada de mi edición, que también lo es sobre los celos, el sexo, la traición, la felicidad… y hasta la muerte.

Hacía tiempo que quería leer esta obra de Milan Kundera, pero la perspectiva de enfrentarme a un ensayo sobre la psicología de la condición humana desde la necesidad de no estar solo me disuadía de ello.

Pero no… Aceptable incluso como lectura de verano, la historia te atrapa y los medidos párrafos de discutibles postulados psicológicos que intercala te piden volver sobre ellos, aunque solo sea para cuestionarlos desde tu razón.

Lo que empieza pareciendo una historia de un personaje o de una pareja singular (como todas) acaba siendo una obra coral, no porque la narrativa se llene de otros personajes importantes, sino porque se va contando desde dentro de cada uno de ellos, cambiando así de observador y llevando a los anteriores al exterior de su universo.

Les confieso que me siento identificado con esa idea de micromundo que envuelve la soledad de cada ser humano, con esa necesidad de buscar permanente sentido a la existencia y de aproximarse por ello a abismos que mantienen viva la pasión… para descubrir un día que no son un seguro de felicidad interior; pero en inevitable contradicción, también de que instalarse en la felicidad de lo cotidiano conduce igualmente, de manera inexorable, a que la propia levedad de una existencia así adquiera un peso insoportable.

Como cita en el texto el personaje de Tomás, extraído de la última frase del último cuarteto de Beethoven, “Muss es sein? – Es muss sein!” (¿Tiene que ser? – ¡Tiene que ser!).

Me costó encontrar su sentido, pero ahora su peso me resulta demoledor como razón de muchas decisiones. Alguien a quien conozco muy bien… seguro que incluso identificará también ahí el eterno conflicto entre el querer y el deber, aunque sea solo una parte de ese sentido.

Kundera nos lleva por tanto a una conclusión que no les sorprenderá: somos seres contradictorios. Y postulado así, no será el amor, sino sólo el miedo o la propia disciplina, quienes puedan resolver vitalmente esa contradicción. Pero esa resolución tampoco será leve.

El universo de personajes que aquí dibuja Kundera está formado por individuos cuyo recorrido vital se enlaza desde su soledad como seres humanos que son. Y su necesidad es radicalmente diferente. Por eso aparece ante nuestros ojos que la compasión, en el sentido más etimológico y positivo de un término de naturaleza triste, es un pegamento que finalmente empasta nuestras vidas compartidas.

Tengo que confesarles algo… quizá la razón verdadera de que haya escrito este post

Ya he dicho que los personajes de esta obra son radicalmente diferentes entre sí, en sus necesidades y en sus renuncias. Algunos incluso opuestos. Y en todos ellos me siento muy lejos de verme representado.

¡Pero los entiendo a todos!

Los entiendo profundamente: sus motivos, sus emociones, sus sacrificios, sus sufrimientos, su decisión de vivir o de romper con ellos…

Los entiendo tan bien… que me sorprende hasta qué punto.

Y de pronto… he caído en la cuenta de que eso es un síntoma más de que me estoy haciendo mayor.

Termino con una última reflexión. La historia nace en el entorno temporal de la Primavera de Praga. No se puede decir, se lo aseguro, que los últimos 50 años hayan cambiado gran cosa la condición humana en la vieja Europa, ni en los hábitos, ni en las conciencias. El mundo… cambia más deprisa que nosotros.

La insoportable levedad del ser“. Milan Kundera, 1984. 327 páginas. Tusquets Editores (colección Andanzas), ed. 2013. ISBN: 978-84-8383-512-8

5 comments

  1. Coincido Jesús, es curiosa esa sensación de entender a otras personas/personajes, y en ese sentido sentirnos cerca, pero no reconocernos en ninguno.
    Hace tiempo que leí el libro, recuerdo que me había gustado pero apenas podría hablar sobre él. Supongo que también es síntoma de que me estoy haciendo mayor…
    Un saludo!

    1. Creo, Isabel, que es un libro sobre el que se debe hablar al poco de haberlo leído. No ha pasado ni un mes desde que escribí esta entrada y poco más de dos desde que lo leí… y ya me parece que todo corresponde a un pasado lejano.

      Es curioso, porque lo que sobre todo se me ha desdibujado es la sensación que me produjo, algo que me suele quedar pegado al cuerpo (aunque incluso olvide la historia), a veces durante años.

      Gracias, como siempre, por comentar.

    1. El ser humano es un hecho extraordinario. Incluso en la aberración, porque detrás de ella se esconde la grandeza de la libertad que cada uno tenemos para convertirnos en un monstruo. O en lo contrario.
      Pero dicho esto, si destruimos nuestro mundo… para el conjunto del universo no habrá pasado gran cosa: seremos un episodio insignificante en su camino. Si desaparecemos como especie, ¿a quién le va a importar?
      Nuestra existencia es leve, brutalmente leve, así que desde mi punto de vista y a nivel individual, conviene no tomarse la vida con especial gravedad, ser consciente de nuestra pequeñez y ver la belleza al mismo lado de la aberración. Distinguir, no superponer: ni la una a la otra ni la otra a la una. Y luego poner la mirada en cada extremo y en todo lo que hay en el medio, pero en cada caso con el cariño que merece.
      El equilibrio es personal… y yo lamento que tu balance sea el que describes.
      Yo no lo comparto, en absoluto.
      Un abrazo y gracias en cualquier modo por tu comentario.

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