Reflexiones: la diversificación como modelo de estrategia empresarial (3)

Como ya hemos visto en el artículo precedente, la decisión de crear nuevos negocios o actividades empresariales desde el interior de una empresa (esto es, intraemprender) debe venir acompañada de una más: la de si hacerlo apalancándose en competencias o conocimientos ya existentes o arriesgando una apuesta de innovación más radical.

Caracol-saltamontes

No hemos mencionado, sin embargo, la dimensión de la apuesta.

Y el tamaño (en este caso el de la apuesta estratégica)… importa, vaya que sí…

Aclaro que no me refiero al riesgo económico que la empresa deba realizar, porque eso va a depender de la situación económica y financiera de cada empresa, de su volumen de negocio, del riesgo o del nivel de endeudamiento que esté dispuesta a asumir (cada caso es un mundo y no hay ni siquiera recomendación posible)…

Me refiero a si el reto debe ser de apuesta discreta (diversificar a un único sector adicional, incorporar una tecnología más a las que ya se dominan o comprometer el desarrollo de un nuevo producto), para decidir después (de nuevo desde cero), si se hace una nueva apuesta o no… o si se trata de una dinámica estratégica continua, una forma permanente de conducir la estrategia de negocio de la empresa.

Fíjense bien que la primera de las opciones es independiente de la cifra de iniciativas que se acometan: aunque en los ejemplos he reforzado el concepto de UNO (un único sector, una tecnología más o un nuevo producto),  el mismo concepto se esconde en realidad si la decisión implica cualquier número discreto (dos sectores, tres tecnologías o cuatro productos).

Como concepto estratégico, diversificar desde un modelo discreto o desde un modelo continuo es la alternativa realmente diferencial y trascendente de cómo entender este asunto  en la empresa.

The Alchemy of Growth”, libro escrito en 1999 por Mehrdad Baghai, Steve Coley y David White (un equipo de consultores que trabajaban para la firma McKinsey & Co.), introdujo un concepto muy interesante que posteriormente ha sido adoptado por grandes compañías (quizá IBM sea la más paradigmática, pero más cerca de nosotros también lo han asumido organizaciones como Telefónica, Endesa o Abengoa, por poner ejemplos): el modelo de los tres horizontes.

El propio Steve Coley, director emérito de la oficina de McKinsey en Chicago, explica los fundamentos del modelo en una presentación interactiva más reciente, publicada en la propia página de la firma.

En el modelo de tres horizontes, los autores postulan que una empresa debe mantener una cartera dinámica de negocios para asegurar la sostenibilidad a largo plazo de su proyecto empresarial. Negocios en grados de madurez muy diferentes, que tienen por delante propósitos y retos igualmente muy diferentes.

La justificación es sencilla: cualquier negocio de cualquier empresa recorrerá inevitablemente su camino hacia la madurez… y en ese punto, el crecimiento se demostrará inviable y la inercia desarrollada por la gestión de las operaciones tomará el testigo que hubiera dejado la innovación en la fase de crecimiento. Más tarde o más temprano, esa fase acabará por decaer hasta convertir al negocio en inviable o al menos hasta que su rentabilidad y su dimensión le hagan perder interés estratégico.

Ciclo vida negocio Geoffrey Moore

La propuesta del modelo de tres horizontes consiste en una idea muy simple: será necesario, en paralelo a la gestión de las operaciones más tradicionales, trabajar en la construcción y crecimiento de nuevos negocios que, en el momento en que sea necesario, estén en condiciones de sustituir tejido industrial caduco y mantener así el crecimiento y el rendimiento empresarial.

El modelo distingue en realidad entre tres tipos de negocio (en función de su nivel de madurez y con retos de distinta naturaleza, como decía antes) que deberían existir en paralelo:

  • Los negocios de Horizonte-1 (H1) representan al “core business” tradicional de la compañía. Son los negocios que se identifican de inmediato al mencionar el nombre de la empresa y los que proporcionan los mayores beneficios y el cash-flow. En ellos, el foco debe ponerse en maximizar el valor remanente. Su reto es rentabilizar al máximo sus activos y su presencia en el mercado.
  • Los negocios de Horizonte-2 (H2) abarcan las oportunidades emergentes, los proyectos empresariales recientemente lanzados que se espera generen sustanciales beneficios en el futuro, pero que para su crecimiento pueden requerir inversiones considerables. Su reto es crecer fuertemente y construir el negocio, adquiriendo una posición relevante en el mercado al que se dirijan y con modelos de negocio de alta rentabilidad.
  • Los negocios de Horizonte-3 (H3) contienen ideas para generar nuevos beneficios que están siendo trabajadas. Por ejemplo, embriones de empresas que tratan de testar la respuesta del mercado a los resultados de un proyecto de investigación, prototipos de negocio o participaciones minoritarias en nuevos negocios o start-ups con potencial. Su reto es crear oportunidades de negocio viables, que vayan alimentando sistemáticamente de negocios H2 a la organización.

3horizontes

La gráfica que lo representa es muy simple, pero deben advertir que el eje horizontal no representa el momento en que cada horizonte debe abordarse (ya hemos mencionado que deben gestionarse en paralelo y en continuo) sino el horizonte temporal en que se espera que el negocio aporte beneficios… y que el eje vertical debe leerse acumulativo (es decir, que el rendimiento del modelo a largo plazo es mayor si se abordan los dos primeros que solo el primero de los bloques y mayor aún si se aborda empresarialmente el impulso de negocios en los tres horizontes).

Los autores apuntan a algunas claves que podrían ser también notablemente diferentes en negocios de los tres tipos y que representan en una tabla como la que sigue.

3horizontes-claves

Hasta aquí la teoría… que no es lo mismo que su práctica. En mi entorno, en los últimos años han proliferado los ejemplos de empresas que optaron por abrir una puerta a la diversificación, a penetrar con nuevas actividades empresariales en sectores y mercados que no les eran conocidos.

Supongo que la crisis hizo a muchos gerentes y responsables de negocio dudar, por primera vez en muchos años (tal vez por primera vez en su vida profesional) de que el negocio por cuya defensa y crecimiento le pagaban quizá no fuera el que garantizara el futuro de la compañía. Por primera vez (quizá) los responsables de las operaciones no tenían la convicción absoluta de que el futuro era suyo.

Pero los años van pasando, la dura realidad de los bajos ratios de éxito de las iniciativas de innovación se muestran como un espejo cada día y las organizaciones y las personas que sobreviven van situándose de nuevo en los espacios mentales que les son propios. No lo critico: es lo natural. Si un gerente no creyera que el futuro de su empresa está en lo que él y su equipo pueden conducir en su negocio… no debe seguir en esa responsabilidad.

Pero lo mismo que observaba hace cuatro años muchas puertas abriéndose… estoy observando en el último muchas de ellas volviéndose a cerrar para limitar la diversificación quizá a un ejercicio único, conseguido estos años con esfuerzo… o a veces cerrándose del todo y retornando al 100% al negocio tradicional.

Desde mi punto de vista, la inmensa mayoría de las empresas han asumido, como mucho, un ejercicio discreto de diversificación (lo que mejora sin duda su resiliencia organizativa para el futuro), pero no han entendido, no han querido o no se han arriesgado a adoptar el enorme potencial que como modelo de estrategia empresarial supone la adopción de una cartera dinámica de negocios.

Nos acercamos al punto en que debamos reflexionar sobre el cómo, porque no cabe duda de que la tarea no es sencilla. El mismo Geoffrey Moore que dibujaba la curva de madurez de negocio que veíamos antes, en un magnífico artículo publicado en el HBR en 2004 titulado “Darwin and the Demon“, ya postulaba en la segunda parte de su artículo que para poder desarrollar actividades de innovación radical o para poner en marcha nuevos negocios en clave de diversificación, era imprescindible concentrar las operaciones tradicionales y orientarlas a la pura eficiencia y desarrollar una estructura paralela que se ocupara de impulsar lo nuevo sin que la inercia de las operaciones lo devorara.

Quizá coincidan con Mr. Moore… quizá lo encuentren muy radical y prefieran otros equilibrios…

Hablaremos de ello en la siguiente entrega.

De momento, llegados a este punto… me van a permitir abandonar aquí el territorio de los conceptos para entrar en la provocación de la reflexión, más propia de este modesto blog.

La verdad… es que no hacía falta irse tan lejos como a McKinsey para enfocar este asunto…

Entre nosotros y muchos años atrás, José Mª Arizmendiarrieta ya dejó dicho que “toda obra humana, por perfecta que sea, lleva impresas las huellas de su caducidad”. Todos los negocios terminan por morir, más tarde o más temprano… y cuando la madurez del mercado, de la tecnología o del producto hace declinar la rentabilidad hasta llevar al negocio a la fase de agonía, conviene estar en condiciones de matar al enfermo antes de que se muera tras largo sufrimiento. La eutanasia de negocio no solo es una alternativa lícita, sino que se puede convertir en la opción deseable.

Es más, si fuera posible, en muchas ocasiones es hasta innovador practicarla mucho antes (y me permito desvestir de ironía el comentario que Carlos García Pando realizaba al post anterior) de que lo hagan los competidores.

¿Les sorprende esta última reflexión, o tal vez están de acuerdo con ella?

Les pido un minuto más para leer algunas reflexiones adicionales, antes de formarse una opinión definitiva:

  • IBM fue la empresa responsable de expandir por todo el mundo el concepto de ordenador personal. Siempre fue una empresa de hardware… hasta que en 2004 se desprendió, mediante venta, precisamente de la que había sido su seña de identidad durante casi 30 años: la división de PC’s. Hace solo unos días ha vendido también gran parte de su división de servidores y hoy es, en la práctica, una empresa básicamente ligada a los servicios y al software.
  • IBM se transformó así de forma radical, pero lo que quizá no sepan ustedes es que dos años antes de vender su división de PC’s y para preparar su ataque a otros mercados con otros negocios de los que desconocía casi todo… se compró nada menos que toda la división de consultoría de Price Waterhouse Coopers, una de las cuatro más importantes del mundo.
  • Desde RIM con su Blackberry, Nokia, Kodak, American Airlines o Barnes & Noble, hasta Panrico, Orizonia o Fagor Electrodomésticos, pasando por fabricantes de máquinas de fax, de lámparas incandescentes o de televisores, comercios de discos o vídeo clubs… todos fueron negocios, en infinita variedad de tamaños y sectores, que tuvieron la oportunidad de sostener su éxito durante muchos años. Todos han caminado o caminan hacia la quiebra. Todos optaron por reforzar su core business y renunciar a aventuras “de riesgo”.
  • De las oportunidades de diversificación que las grandes empresas analizan con seriedad, muy pocas acaban lanzándose al mercado. De ellas, pocas sobreviven a los 5 años de ese momento. La mortalidad a lo largo del proceso roza en muchas ocasiones el 85-90%, con pérdida completa del esfuerzo económico, organizativo y humano puesto en juego en ello. Diversificar es un proceso altamente ineficiente.
  • De las 10 primeras empresas del mundo, 4 no existían en el año 2000. Pero es más, por si les surgen suspicacias sobre la relación entre dimensión y tejido productivo, más del 20% del PIB norteamericano procede de empresas que no existían hace 20 años (o sea, que nacieron cuando muchos de ustedes, estimados lectores, ya estaban probablemente trabajando)… ¡y el porcentaje sube hasta el 40% si consideramos empresas de menos de 30 años! En un país tan distinto como Suecia suceden cosas similares y, en general, en cualquier sector tecnológico en que se fijen el dato es aún más acusado.

Quítense la venda de los ojos: la muerte, por el momento, sigue siendo ley de vida… 😉

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Les invito a leer esta entrevista reciente a Jay Rao, profesor en el Babson College y coautor de un libro que, por referencias muy directas y fiables, es muy recomendable a pesar de un título que quizá tienda a confundir (Innovación 2.0, escrito junto a Fran Chuán).

Me hubiera gustado responder así si me hubieran hecho esas preguntas.

Para finalizar, un vídeo. No es de muy buena calidad, pero ya les digo que me ha costado encontrarlo.

Aplíquense… 🙂

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Tabla resumen de la serie sobre “diversificación como modelo de estrategia empresarial”:

  1. Intraemprender, emprender, innovación… y el concepto de start-up.
  2. La matriz de Ansoff, el concepto de diversificación y su naturaleza estratégica para la sostenibilidad de cualquier proyecto empresarial.
  3. La maduración de cualquier negocio, el modelo estratégico de tres horizontes de McKinsey como cartera dinámica de negocios y la mortalidad… como ley de vida.
  4. Las condiciones habilitadoras para la puesta en marcha de una estrategia de diversificación y los elementos constituyentes de un modelo de promoción de nuevos negocios.
  5. La integración de competencias a través de alianzas, el papel de la hibridación como un origen posible y las alternativas de construcción de nuevos negocios para una empresa.

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