Vibraciones: de sencillos acontecimientos, aparentemente intrascendentes

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Entre mis recuerdos de la Navidad están los villancicos.

Digo entre mis recuerdos porque, aunque en mi casa aún se escuchan algunos por estas fechas, suenan a través del lector de CDs… y mi memoria es de villancicos cantados en familia, guitarra en mano y zambomba improvisada con un bote de Cola-Cao disfrazado para la ocasión, amén de una pandereta comprada en una tienda de juguetes, cuando aún no se habían inventado los “todo a 100”.

Se me ha ocurrido buscar la palabra “villancico” en la red (que acabó siendo noel en Francia o carol en Gran Bretaña)… y como no podía ser menos, la red me ha devuelto mil ensayos sobre esta práctica cultural de musicar viejos poemas. Por pura casualidad, en varios de ellos me he encontrado textos que mencionan al famosísimo “Adeste fideles” junto a un desconocido para mí “Stabat Mater Speciosa”, como dos referentes históricos escritos de un género que llegó a ser dominante en la cultura musical europea pero que se había sostenido hasta entonces desde la tradición oral.

Ahí es cuando me he puesto a pensar en las razones que hayan hecho que uno llegue esplendoroso a nuestras casas tras varios siglos de cambios y revoluciones cada vez más intensos y acelerados… y el otro haya caído en el más silencioso olvido.

Aunque se mantienen muchas dudas al respecto, se atribuye el “Stabat mater speciosa” a Jacopone da Todi, un poeta italiano del s. XIII que decide ingresar en un convento tras la trágica muerte de su mujer, en un baile. Al parecer, lo pudo haber escrito al mismo tiempo que el “Stabat mater” sin más (que comienza por “stabat mater dolorosa”), éste sí más claro en su autoría y tremendamente conocido porque ha sido musicalizado por numerosos grandes compositores a lo largo de la historia, prácticamente hasta nuestros días.

Los “Stabat mater” reflejan el estado emocional de María en dos momentos cumbre de su vida: la muerte de Jesús en la cruz (el “dolorosa”) y su nacimiento (el “speciosa”), motivo por el que este último acabó convertido en villancico.

Hago aquí un paréntesis para recomendar encarecidamente la lectura de un magnífico texto de Juan de Dios Tallo (un profesor de secundaria y tenor, al que no tengo el gusto de conocer) sobre los “Stabat mater”: una agradable sorpresa en mi navegación por la red que merece que le dediquen unos minutos de lectura reposada.

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Volviendo al villancico, ya se imaginarán que sucumbí de inmediato a  la tentación de saber cómo sonaba… y no fue tarea sencilla, créanme. En la red he encontrado versiones radicalmente distintas de muy diversas épocas (la más reciente es de Koldo Pastor Arriazu, estrenada mundialmente nada menos que ¡hace año y medio y en la catedral de Pamplona!) y quizá la más popular sea una versión extendida por Polonia y otras regiones del este de Europa, creo que musicada como canción navideña desde finales del s. XIX. Una versión reciente de Paweł Bębenek es la que se ha hecho acompañar a un fragmento de la película “La Natividad” (Catherine Hardwick, 2006), que es lo que les dejo más abajo.

La elección de este fragmento de película como soporte al villancico no es casual: refleja igualmente un momento de la historia en que un hecho aparentemente intrascendente para su devenir, el nacimiento de un bebé en unos establos de la pequeña ciudad palestina de Belén (parte hoy de la convulsa Cisjordania, a la sombra sur de Jerusalén) acabó por tener una influencia gigantesca en todo un planeta, hasta el punto de que ha condicionado lo que le ha sucedido a la especie humana durante, por el momento, más de 20 siglos. Para bien y para mal, según cada uno lo interprete.

En ese vídeo que les dejo (cuidado con el “Stabat mater speciosa”, que se acaba pegando…) verán igualmente a la figura más aparentemente intrascendente de ese acontecimiento, José: Jesús es la figura estelar del cuadro, María ha sido objeto de veneración durante siglos… pero casi nadie ha escrito cánticos a José. Sin embargo, es él quien conduce a la familia hasta la ciudad del empadronamiento, él quién se encarga de encontrar y acondicionar un cobijo para esa noche especial, él quien enseñará después y durante años un oficio a ese hijo singular… que apareció en su vida para enfrentarle a la más humana de las dudas.

La película de Hardwick muestra esa humanidad de su duda hasta el el mismo momento del nacimiento, pero engrandece precisamente su figura, mientras que desdibuja de forma incluso decepcionante la de María, puede que como consecuencia de su confesión presbiteriana.

En cualquier caso, no hay duda de que el carpintero nazareno es clave en la historia desconocida de Jesús, en los 30 años que precedieron a sus 3 de vida pública como predicador revolucionario entre el pueblo y frente al desinterés del poder, que se solo decide intervenir en el episodio que acaba conduciendo a su muerte.

Y sin embargo, José solo fue un hombre sencillo, un hombre humilde en el sentido más grande de este término.

Hace dos años, mi tradicional post navideño trataba también sobre cosas pequeñas, sobre gestos de bondad intrascendentes pero que desencadenan un contagio viral cuyas consecuencias nadie puede percibir, ni siquiera quienes las protagonizan.

Y es ahora Francisco (este “papa raro” cuyo nombre es el más buscado cada mes en Google y que hoy dirige el camino de los católicos), quien acentúa la importancia de enfermedades de los miembros de la curia eclesiástica que se han trivializado por estar presentes en nuestras sociedades de bienestar sin que les prestemos demasiada atención: “pecados” muy menores, irrelevantes para la mayoría de nosotros, pero cánceres en la capacidad de la Iglesia de mantenerse en el corazón de nuestro tejido social y referentes morales de una forma mucho más humana de entender la vida.

Quizá las grandes cosas son las que identifican a los héroes… pero es en los acontecimientos sencillos, aparentemente intrascendentes, donde mejor identificamos a las personas buenas.

Así que cuiden, por favor, de las pequeñas cosas.

Ya sé que, a estas alturas, yo ya no soy el mejor ejemplo… pero sé seguro que cuidarlas nos dará muchas alegrías en el nuevo año que está a punto de comenzar.

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