Mes: marzo 2015

Reflexiones: principios cooperativos

Quien lea con cierta asiduidad este blog sabrá probablemente que mi trabajo se desarrolla cada día dentro de en una empresa que está en el corazón de la “Experiencia Cooperativa de Mondragón” (ECM).

Las empresas cooperativas son una parte de lo que se denomina “economía social” y se muestran en diferentes formas en función de su actividad o del fin que desempeñan, calificándose como cooperativas de consumo, de ahorro, de crédito, agrarias, de vivienda, de artesanos, de enseñanza o de trabajo asociado, entre otras.

Mi empresa (y en este caso, ese “mi” tiene sentido real) es una cooperativa de trabajo asociado, lo que significa que los trabajadores somos al mismo tiempo socios que nos organizamos en esa forma para desarrollar una actividad económica basada en la producción de bienes o servicios para terceros, una realidad singular por varias de las prácticas de funcionamiento interno… que aún resulta realmente extraña para las formas de entender la empresa o las relaciones de las personas con sus empresas más habituales.

Cara al exterior, el funcionamiento de una cooperativa se enmarca en la libre competencia del mercado, como cualquier otra organización, realidad que se constata por el hecho de que las cooperativas de MONDRAGON conforman hoy el mayor grupo cooperativo del mundo y constituyen el primer grupo industrial vasco y uno de los diez mayores en España.

Por cierto… he calificado de “singular” el sector cooperativo, pero aún siendo minoritario, no es en modo alguno desdeñable: según la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA), entre sus representados se genera un volumen de negocio superior a los 22.000 millones de euros, con un tejido de más de 17.000 cooperativas que solo en empleo directo ocupan a unas 210.000 personas, en “un modelo ético de participación y gestión económica y empresarial que contribuye al crecimiento socioeconómico de la localidad en que se ubica, a la creación de empleo estable, a la lucha contra la exclusión, a la cohesión social y a la integración igualitaria de las personas”.

De esas cifras, MONDRAGON supone la gran realidad cooperativa del país (en números redondos, 12.500 millones como cifra de negocio, 75.000 personas, 250 empresas, presencia en 40 países y ventas en más de 150) y simboliza muy bien esa frase de que “otra forma es posible”… aunque el concurso de Fagor Electrodomésticos (origen histórico de la ECM y hoy con sus restos en manos de Cata), ha mostrado que como realidad humana que es, el modelo también puede ser vulnerable ante una severa crisis económica y financiera… y quizás de valores.

Como corporación, MONDRAGON aún está recomponiendo su figura, en una fase probablemente muy conducida por emocionalidades no muy lejanas a la prudencia o al miedo a volver a tener que enfrentarse a impactos como los que se han derivado de la caída de Electrodomésticos, orientada a la protección de las cooperativas frente a fenómenos indirectos que pudieran acontecer en el futuro, aunque siempre tratando de guardar un delicado equilibrio con el sostenimiento de los mecanismos compartidos o de redistribución de resultados que la caracteriza.

Porque hay que recordar una vez más que MONDRAGON no es un holding, que no hay un poder central en el grupo sino que es la libre adhesión de cooperativas soberanas e independientes la que le da forma, que todas las estructuras y mecanismos corporativos que existen se mantienen porque las propias cooperativas así lo deciden, en función de que compartir determinados principios de funcionamiento interno como empresas las llevan a entender que configurar esa realidad común aporta un valor singular.

La clave de la existencia de MONDRAGON (y no por conocido no debemos recordarlo con frecuencia) está en la naturaleza de trabajo asociado de su actividad empresarial, en la regulación y función del trabajo, en la solidaridad económica y retributiva, en ese funcionamiento interno que basa su desarrollo ordinario en los denominados principios cooperativos.

MONDRAGON contempla más de 50 años de mirada hacia atrás y está en un momento crucial para definir lo que será en los 50 siguientes. Los próximos 2-4 años marcarán  hasta qué punto de ambición las cooperativas decidirán recorrer caminos paralelos o compartidos… y no va a ser fácil.

En mi modesta opinión, convendría mucho reflexionar sobre los principios cooperativos precisamente en este momento, porque son la razón de ser y de estar en MONDRAGON… y porque probablemente necesiten de una lectura actual y avanzada que dibuje con sana ambición el cooperativismo de este siglo.

Creo además que puedo hacerlo desde mi intrascendente opinión personal porque, aun estando en una posición de cierta relevancia dentro de una de las cooperativas de mayor dimensión, estoy indudablemente en los márgenes de quienes están trabajando en la operativa de la reconstrucción corporativa.

Y finalmente y sin más comentarios… pienso que puedo hacerlo desde una cierta posición cultural de equilibrio.

Es importante comenzar recordando que los “principios cooperativos” no son únicos ni inmutables. A lo largo de la historia del cooperativismo han ido variando en número, en contenido o en significados… e incluso hay declaraciones de principios diferentes y paralelas en función de las distintas experiencias cooperativas que conocemos.

Evolución principios cooperativos

Baste el cuadro adjunto (obviamente, no exhaustivo) para entender que, si bien hay un cuerpo común reconocible, los principios y sus significados evolucionan con los tiempos, así que… ¿cómo no reflexionar sobre ellos, si son la base de un modelo de economía social que hunde sus raíces en la transformación social a través del trabajo, cuando la actividad económica y la propia sociedad están evolucionando a un ritmo nunca antes vivido en la historia?

Se dice que las cooperativas de MONDRAGON se identifican con estos principios a través de sus valores cooperativos (cooperación, participación, responsabilidad social e innovación) y ello tiene sentido desde la comprensión de que los valores transducen en comportamientos… así que sobre eso también conviene reposar.

Bien… vamos a ello. Cada principio, una entrada; y cada uno, filtrado a través de los valores y leído desde los significados que hoy podría adoptar… si es que soy capaz de hacerlo con un mínimo de sentido.

Quiero cerrar este post resaltando que, dentro de Mondragon Unibertsitatea, el centro de investigación cooperativa Lanki hace una extraordinaria labor de estudio y permanente reflexión sobre el modelo. No pretendo en modo alguno acercarme a ello, ni profundizar desde el análisis intelectual o científico en algunas de sus publicaciones que considero de gran valor analítico y reflexivo. Esta serie de artículos solo desgranará mi reflexión abierta, personal y necesariamente incompleta… e incluso quizá contradictoria en ocasiones (que seguro que sí), sobre los principios y significados que crea que debieran impulsar el cooperativismo de hoy y de mañana.

Comienza por tanto aquí una serie de entradas cuya mirada estará puesta en bosquejar una posible comprensión actualizada de los principios cooperativos de MONDRAGON. Seguro que acaba siendo la más larga de las que han ido apareciendo por esta bitácora.

Luego, sobre el valor que la lectura de la serie les reporte… no puedo sino quedar en sus manos. 🙂

Alea jacta est.