Reflexiones: el principio cooperativo de la soberanía del trabajo

trabajoSoberanía del trabajo.

La Experiencia Cooperativa de Mondragón considera que el Trabajo es el principal factor transformador de la naturaleza, de la sociedad y del propio ser humano y, por consiguiente:

1.- Renuncia a la contratación sistemática de trabajadores asalariados.

2.- Adjudica al Trabajo plena soberanía en la organización de la empresa cooperativa.

3.- Considera al Trabajo acreedor esencial en la distribución de la riqueza producida.

4.- Manifiesta su voluntad de ampliar las opciones de trabajo a todos los miembros de la sociedad.

Comienzo por reconocer que la primera frase es mi favorita de todas las que se ocupan de describir los principios cooperativos en MONDRAGON. Es una idea tan poderosa, sencilla e incontestable, que en sí misma ensombrece cualquier otra referencia a los motivos por los que el cooperativismo pasó a ser la principal herramienta de transformación social en la comarca del Alto Deba hace ya más de medio siglo.

En varias ocasiones, en los últimos años, hemos pedido a algunos compañeros de trabajo que nos hablaran de algunas dedicaciones desconocidas para el resto de nosotros, pero que ocupaban buena parte de sus vidas fuera del trabajo remunerado. Sin entrar hoy en detalles, en solo cinco minutos cada uno, todos fueron capaces de compartir verdaderas pasiones sobre las que planificaban acciones y destinaban recursos, esfuerzos e ilusiones cada día. En definitiva… sobre las que trabajaban, en el sentido más estricto del término. Sin remuneración económica, en la mayoría de los casos, pero con un efecto transformador sobre las personas que en ese momento eran, perfecta analogía hipotética sobre lo que puede ocurrir con el trabajo cuando la actividad laboral se alinea con nitidez con los valores personales.

Las implicaciones de esta idea se extienden a todos los principios por su condición ontológica, intrínseca a lo humano, pero sobre todo nacen de una visión social íntimamente ligada a valores como cooperación, participación y responsabilidad social.

La evolución de nuestras sociedades hace que también sea también interesante observarlo desde la perspectiva de las decisiones que adoptamos en materia de innovación… y por ello empezaremos.

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Hablemos otra vez de emprendimiento.

La creación de nuevas realidades empresariales presenta hoy en día serias dificultades para asumir desde el principio la naturaleza jurídica cooperativa: en especial cuando se requiere de un volumen importante de inversión (caso de la mayoría de las operaciones de carácter industrial) es muy difícil pretender que socios trabajadores de una cooperativa tengan la suficiente capacidad financiera o de endeudamiento como para abordar nuevos proyectos de esa naturaleza.

Además, lo normal es que en el nacimiento de una nueva empresa y en las primeras fases de crecimiento se trate de iniciativas empresariales tuteladas desde una cooperativa matriz y de hecho propiedad de la misma. En definitiva, que no está demostrándose muchas veces posible la implicación de socios en estos proyectos empresariales de nueva creación y que todo ello conduce a la contratación de personal exterior para ellas, con contratos laborales ordinarios.

No existe, por consiguiente, ningún tipo de participación en resultados (que por otra parte suelen ser negativos durante varios años) por parte de los trabajadores implicados en el proyecto.

Debería explorarse con los poderes públicos la creación de una figura jurídica especial, al estilo de lo que sucedió con las “junior cooperativas” o en otra manera alternativa, para apoyar el nacimiento de entidades de economía social desde el comienzo de cualquier iniciativa de intraemprendimiento nacida de un entorno cooperativo.

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La renuncia a la contratación sistemática de trabajadores asalariados es un postulado con frecuencia debatido en las organizaciones cooperativas.

La ley obliga a que un 80% de la plantilla esté ocupada por socios para considerar a una cooperativa fiscalmente protegida y es por ello que ese límite se utiliza con profusión en las conversaciones. La realidad es que no es sencillo, porque hay muchos factores que inciden continuamente en ese límite, como por ejemplo que muchos sectores (automoción, por poner un ejemplo que conozco) obligan a mantener continuamente un margen de flexibilidad que puede cifrarse hasta en un 15% por encima y por debajo de las cantidades contratadas. Cuando se trata de variaciones de marcas o plataformas, un fabricante con suficiente dimensión puede equilibrar subidas y bajadas de sus diferentes productos, pero cuando el sector entero está en expansión o retroceso y lo hace de forma sostenida en el tiempo, la necesidad de encontrar una fórmula que permita esa flexibilidad es imperiosa… y la única alternativa al inconcebible despido de socios es contratar una bolsa de trabajadores eventuales.

En las cooperativas hay mecanismos que proporcionan cierta flexibilidad (calendarios móviles al alza y a la baja, modalidades de trabajo cambiantes en el tiempo, etc.), pero cuando las variaciones son persistentes, todos estos mecanismos no son capaces de dar respuestas satisfactorias.

A eso hay que añadir que la plantilla de socios activos se va renovando orgánicamente o que la empresa crece… y eso supone un volumen importante de personas nuevas que llegan a la cooperativa (muchas veces más que un 5% permanente) para arrancar su correspondiente periodo de aprendizaje y prueba, antes de alcanzar la consolidación societaria.

Así, se da la paradoja de que cuando aparece una crisis y la actividad empresarial se retrae durante largo tiempo, es cuando las cooperativas tienen más fácil superar esa barrera del 80% (prescinden de eventuales) y es cuando crecen cuando tienen que hacer auténticos esfuerzos para alcanzarla (los incorporan).

Dicho esto, aún hay cosas que se pueden hacer:

  • A nivel interno, no existen mecanismos ágiles de desplazamiento de trabajadores de unas cooperativas a otras. No es que esto sea imposible de hacer, pero hoy en día pasa por la declaración de desempleo estructural o cosas similares, con un control y gestión complejos e impacto en la imagen de la cooperativa afectada. Y es un auténtico problema.
  • También es muy cuestionable, a mi modo de ver, la burocratización de derechos que se ha ido imponiendo con normas internas referidas al lugar de trabajo: créanme que es increíble lo complicado que resulta a veces trasladar personas de una planta a otra separadas unos cientos de metros o ubicadas en ciudades separadas por unos pocos kilómetros… Y no hablo de movilidad entre dos regiones o dos países, no… sino de pura vecindad. Si no fuera tan triste esa defensa de comodidad personal, a veces daría hasta risa.
  • De nuevo creo que procede sacar a colación nuevas formas de regular el trabajo: ¿por qué no definir formas infinitamente simples de trabajo a tiempo parcial, de cesión de trabajadores para proyectos específicos en otras organizaciones, de trabajo asociado a más de una entidad, de figuras societarias nuevas que permitan la adscripción de “artesanos” o freelances a las cooperativas? Todo ello redundaría en aumentar la capacidad de flexibilizar la masa de trabajadores no directos, siempre la más complicada de ajustar a las necesidades de cada momento por el conocimiento y el capital relacional que atesora… y al mismo tiempo humanizar el trabajo de quienes ya no se sienten cómodos en estructuras tradicionales de empresa pero están dispuestos a poner valor en ellas de otras maneras. Un valor, además, de extraordinaria riqueza.

Habrá quien me diga que siempre llego a mis obsesiones, pero es que… ¡es la clave! Si no entendemos que el trabajo importa solo porque es la herramienta transformadora de las personas… y que son las personas las que están cambiando, ellas mismas y el mundo en el que viven… es que nos quedaremos fuera de juego mientras a nuestro alrededor otros modos de creación de valor lo entienden y lo desarrollan.

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He hablado de ello en el artículo sobre organización democrática, así que no me extenderé más en éste, pero en cómo operan las cooperativas en sus implantaciones en el exterior hay una contradicción irresoluble con este principio declarado.

Con sus poderosas razones, sí… pero en contradicción inequívoca.

Sin más.

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Dejo para el final una reflexión casi existencial: ¿qué significa hoy “trabajo”? Y aún más, ¿qué significados de “riqueza” son hoy relevantes para las personas cuando hablamos de “riqueza producida”?

A pesar de lo que la palabrería actual de gestión identifica una y otra vez como signo de nuestra era, en realidad siempre el trabajo ha sido sinónimo de “aportación de valor”. Es el valor que el trabajo aporta el que va cambiando con los tiempos. Algo parecido sucede con la noción de riqueza, que especialmente desde la perspectiva cooperativa alcanza dimensiones al menos paralelas pero distintas a la riqueza material, cuando se interpreta desde una realidad social.

Se usa en la actualidad con cierta reiteración el término “cooperativismo del bienestar” para referirse a ese punto evolutivo al que parecía haber llegado nuestro cooperativismo. Es un término que se contrapone al de “cooperativismo de la autoexigencia y de la corresponsabilidad”, que trata de definir la nueva etapa que debe abrirse para corregir los vicios de nuestro presente.

Entiendo lo que se trata de decir con ambas expresiones, cómo no… pero aun respondiendo a una necesidad, no estoy seguro de que sea acertado referirse a los cambios necesarios para el momento actual en esos términos. Desde luego, ya les digo que este modesto escribidor se niega en redondo a abandonar la aspiración a disfrutar otra vez (y si puede ser, eternamente) de la “sociedad del bienestar”.

Pero sí creo necesario decir (y bien alto)… que la sociedad del bienestar ha habido muchas formas de vivirla, que no todo el mundo ha tenido los mismos comportamientos, personales y colectivos, que en la educación de nuestros hijos ha habido prácticas muy diversas (y distantes) en las familias, en las escuelas o en la propia comunidad… y que en definitiva, no todos hemos actuado igual.

En definitiva, hablamos de valores. Cerramos el círculo.

En estos tiempos líquidos y de mercados globales, el bienestar va a estar condicionado por factores que no son los mismos que han acompañado nuestras vidas: las nuevas generaciones tienen otras formas de relacionarse y de abordar proyectos, el crecimiento y desarrollo personal pasa por otras formas de crecer como profesional y como ser humano, las necesidades de transformación social tienen cauces formales pero insuficientes y los informales son de nuevo diferentes, sometidos a la voluntad de los individuos y cambiantes…

Lo que uno puede tener y lo que puede ser tienen hoy otros significados, pero igual de importantes que siempre. Y como en cualquier otro momento, muy dependientes de aquello a lo que legítimamente cada uno se ve con derecho a aspirar, en un “entorno al que mirar” que hoy es el mundo.

Hablar de autoexigencia y corresponsabilidad es necesario, pero no puede ser un arma arrojadiza para decirle a todo el mundo que la culpa la tenemos por igual todos (por “aburguesados”), que la apuesta es ahora gravedad y sacrificio ilimitados… y que así, como se enseña en los libros de autoayuda, cada uno (y todos juntos en un colectivo cooperativo) va a poder llegar sin duda alguna hasta donde se lo proponga.

Pues va a ser que no… que no solo será eso necesario. Mirar a todos es muy parecido a no mirar a nadie. Hay algunas personas (muy pocas) que tienen la responsabilidad de conducir el autobús, de activar cambios estructurales desde una visión renovada, de arriesgar y decir que hay un camino que recorrer personal y colectivamente… y que la autoexigencia y la corresponsabilidad se transformarán en valor en la medida en que cada uno aporte libremente sus propias capacidades a recorrerlo… sin saber muy bien en cada curva qué paisaje aparecerá, pero sabiendo bien que la ruta nunca acaba.

A pesar del estado de desigualdad y de acuciantes necesidades sociales que se palpaba cuando Arizmendiarrieta y los pioneros de la ECM abrieron un camino que presumo que nunca imaginaron que llegaría hasta donde ha llegado hoy, es casi seguro que sin su iniciativa, este valle no habría sido muy diferente de mil otros valles cercanos.

Avisados quedan…😉

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