Vibraciones: Francisco

FranciscoLa Navidad es hoy por hoy una doble fiesta: por un lado es el mayor (y a veces único) hito de encuentro familiar del año… y por otro es el gran momento de celebración en compañía de esa especie de cierre de etapa que convenimos en hacer cada 365 días.

Nuestra vida de Occidente ha ido ligando ambas muy íntimamente al consumo (fiestas, comidas, regalos, viajes…) hasta el punto de que para muchas personas dedicadas al comercio (y para otras ocupadas en actividades en las que pensamos menos, como peluquerías, bodegas, hostelería, loterías…) esta época genera una parte muy importante de los ingresos que les permiten seguir pagando facturas y sostener su nivel de vida.

Pero entre nosotros, aunque en cierta decadencia, la Navidad tiene también una raíz cristiana profunda que caracteriza la forma en que la hemos vivido durante siglos y que, se quiera o no, es la que ha hecho perdurar este periodo como algo diferente (y me atrevo a decir que formalmente mejor, en el sentido “bueno” del término) que otros momentos festivos de cada año.

Vuelvo un diciembre más a poner acento en revertir esa decadencia de los valores que para los cristianos deberían estar presentes en la Navidad… y que creo deberían poder extrapolarse sin demasiada dificultad a cualquier otra confesión, incluidos agnósticos y ateos, solo con que hablemos de personas de buena voluntad.

Este año no he elegido una palabra concreta. Bueno… ninguna que se refiera a un valor, ningún nombre común. Me quedo con un nombre propio, Francisco, tras vivir más de dos años al frente de una Iglesia que heredó en buena parte endogámica y acomodada en sus ritos, anquilosada en la conversación con las personas e incompetente para conectar con las mentes y las almas en una sociedad hiperconectada.

Una Iglesia que sigue siendo incapaz de atraer a mucha gente volcada en el servicio a los demás por sus limitaciones para adaptar y adoptar el mensaje de la caridad, el compromiso de servicio, la justicia social, el respeto por la naturaleza y por la dignidad humana, la humildad, la integridad moral y la solidaridad, a la velocidad y el lenguaje de la sociedad en la que vivimos.

Francisco llegó con la intención declarada de recuperar la iglesia del servicio a los demás y en especial a los que más necesitan ayuda. También consciente de que la tarea no iba a ser fácil.

Hoy, cuando ya no llama tanto la atención mediática y no sorprende tanto su posición frente al poder o el dinero (mejor dicho, frente a quienes lo ejercen o lo poseen, o a la forma en que lo ejercen o lo utilizan), tengo que reconocerles que mi escepticismo inicial ha ido transformándose en reconocimiento por una labor tenaz y comprometida, que está ejerciendo desde la humildad de quien se sabe solo un ser humano.

Estos días disfruto de un pequeño periodo de vacaciones y he tenido tiempo para bucear un poco en su último gran viaje, a Kenia, Uganda y República Centroafricana. Un viaje que profundiza en claves desgranadas también en viajes anteriores a Brasil, Turquía, Sri Lanka, Filipinas, Bosnia Herzegovina, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba o Naciones Unidas. Un viaje de riesgo en lo personal y en el resultado de su mensaje.

Hay muchos cambios pendientes en la vida de la Iglesia Católica y muchos de ellos se le reclaman desde hace tiempo, desde dentro, desde personas de fuera comprometidas con las necesidades de la sociedad… y también desde quienes no hacen otra cosa que criticar (apoltronados en el sofá de sus casas y acomodados en sus respetables vidas burguesas) a aquéllos que medio bien o medio mal dedican una parte de sus vidas a prestar servicio a los demás, por el simple hecho de que les incomodan los reclamos morales y ven en la falta de ejemplo una invitación a cebarse con ello desde la descalificación, el escarnio o el desprecio.

Es necesario arriesgar en lo personal y dar ejemplos de vida y compromiso a los primeros y a los segundos. También (sí, claro que sí…) combatir “la paja en el propio ojo” que se esconde tras los terceros. Y es imprescindible para todo ello un rearme moral y, por qué no, dialéctico, basado en el ejemplo, en comportamientos observables y en cambios estructurales de funcionamiento de la propia Iglesia, de sus procesos de intervención social y de sus mecanismos de comunicación y relación con la vida pública y política.

Creo que Francisco es muy consciente de todo esto. Aunque creo, también, que se le va notando que está más cerca de los 80 que de los 70… y que le va a faltar tiempo.

Les dejo más abajo algunos vídeos, que por cierto son un buen ejemplo de que la comunicación no es una fortaleza de hoy en la iglesia, a los que creo que merece la pena dedicar unos minutos y ver de principio a fin (incluso los más largos) para entender qué trato de transmitir.

Podía haber elegido la forma en que desde el principio coloca a la pobreza en el centro de su acción, desde el centro mismo de la institución eclesial (“cómo me gustaría una iglesia pobre para los pobres“), su contacto con barrios azotados por la delincuencia y la droga, su dedicación a los ancianos, los niños, los enfermos, los presidiarios, la comprometida y sorprendente encíclica sobre la naturaleza y el cambio climático, el discurso de Naciones Unidas, su impactante visita al barrio del Bañado Norte en Asunción, su afán por la transformación de la curia, su lucha por limpiar las finanzas vaticanas… pero necesariamente tenía que seleccionar y he optado por algunos aldabonazos que nos da a los que vivimos vidas en sociedades acomodadas.

Hay vídeos del viaje a África y de otros momentos con mensajes que me han parecido comprometidos y muy relevantes. En varios de ellos asoman con fuerza algunos de los que deberían ser un signos cristianos en Navidad.

Y sin más, mis estimados lectores… les dejo con el sincero deseo de que estén pasando muy felices fiestas y que vivan con intensidad un magnífico nuevo año que ya llama a la puerta.

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¿Cómo puede una persona, consciente al mismo tiempo de su pequeñez y de los condicionamientos impuestos por un stablisment y un cargo, llevar la compasión como esencia de la vida cristiana, a las almas cerradas y hedonistas de Occidente?

[Noviembre de 2005, en visita no programada a niños enfermos, en un hospital de Bangui, capital de la República Centroafricana] (00:45)

[Febrero de 2015, haciendo un alto en el camino no previsto, tras visitar una parroquia de Roma, en un campamento de chabolas ocupadas por inmigrantes latinoamericanos] (03:11)

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¿Cómo puede una persona, consciente al mismo tiempo de su pequeñez y de los condicionamientos impuestos por un stablisment y un cargo, atizar la conciencia de los poderosos, “mordiendo la mano que le da de comer”?

[Noviembre de 2014, en una entrevista de NetSpirit.TV, sobre las causas de la desigualdad social en el mundo] (05:04)

[Marzo de 2015, en Nápoles, en un brutal alegato contra la corrupción desde el corazón del degradado barrio de Scampi, territorio de la Camorra] (03:13)

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¿Cómo puede una persona, consciente al mismo tiempo de su pequeñez y de los condicionamientos impuestos por un stablisment y un cargo, inducir en nuestras sociedades acomodadas la conciencia universal basada en que compartimos un único planeta y que las fronteras no hacen distinciones en la dignidad humana?

[Julio de 2015, en Bolivia, denunciando los silencios de los gobiernos frente al cambio climático y reclamando la movilización de los ciudadanos para forzar la acción frente a ello] (02:23)

[Noviembre de 2015, abriendo la Puerta Santa de la Catedral de Bangui, por primera vez fuera de Roma, haciendo de ese lugar y en ese momento la capital espiritual del mundo, como símbolo de todos los países que sufren la guerra] (06:52)

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¿Cómo puede una persona, consciente al mismo tiempo de su pequeñez y de los condicionamientos impuestos por un stablisment y un cargo, provocar un intento de cambio en un infierno olvidado del mundo?

[Noviembre de 2005, en visita a un campo de refugiados en la República Centroafricana, un estado violento y fallido] (26:29)

[Noviembre de 2005, en la visita a la República Centroafricana, o cómo hacer que una presidenta pida perdón en público por el mal creado] (00:59)

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