Vibraciones: arte y Bilbao (2) – Baselitz, Viola y el Guggenheim

Era viernes y 13… en este mes de octubre de Bilbao.

En el post anterior les invitaba a acercarse cuanto antes a la ciudad para ver una exposición extraordinaria. Hoy les voy a dar una razón más para hacerlo con extrema urgencia… y no podré darles dos, porque parte de lo que ese día podía visitarse, hoy ya no puede verse.

De nuevo era una visita guiada, pero en esta ocasión a dos exposiciones temporales en el Museo Guggenheim: “Los Héroes” de Georg Baselitz (lo siento, ya no podrán verla) y la retrospectiva de Bill Viola (aún abierta, pero solo hasta el 9 de noviembre).

Impresionante la muestra de Baselitz, uniendo la serie de obras originales de sus “héroes” (realmente antihéroes, tras la posguerra y en plena guerra fría en los 60), con la reinterpretación 40 años más tarde denominó Remix y con el paso intermedio de sus composiciones fracturadas.

Sin ánimo de ser muy pesado, les introduzco brevemente en el asunto: en la serie inicial, sus “Héroes” son soldados o pastores deformes y desproporcionados, vestidos con andrajosos uniformes militares, desgastados, con frecuencia con objetos recurrentes, siempre destrozados, inútiles, pintados con gamas cromáticas muy identificables con el feísmo alemán… para mostrar un mundo siempre a medio camino entre el fracaso y la resignación. Las manchas y los trazos firmes no escapan de lo figurativo, sino que lo refuerzan.

Entender a Baselitz (su vida en el este y oeste de Alemania, su crítica al “hombre nuevo” del realismo socialista y su revisión del papel alemán en la posguerra) es, una vez más, adquirir una nueva forma de mirar su obra.

No… no sabía nada de esto antes de verla. Solo tenía en mente su nombre entre la nebulosa de nombres de artistas que en algún momento sé que han existido. Nada de qué avergonzarse: imagino que les pasa algo similar a la mayoría de ustedes, queridos lectores… con la honrosa excepción de quienes sean realmente conocedores del arte de nuestro tiempo.

Por eso me pareció una vez más indispensable la visita guiada. No son ya guías a la vieja usanza, declamantes de textos aprendidos, perfectamente encapsulables en un gadget de visita guiada… son personas que saben de arte, de artistas… personas con las que, disponiendo de tiempo, la conversación se hace más rica cuanto más indaga en la comprensión de sus vidas y de sus obras. Personas que ayudan a que la belleza aparezca, casi insultante, desde el fondo de desolación y melancolía de una obra, precisamente por ellas.

Si quieren probar un aperitivo de cómo puede entenderse y disfrutarse uno de los trabajos de Baselitz (“La Señora Lenin y el Ruiseñor”, ahora perteneciente a la colección permanente del Guggenheim Bilbao), les recomiendo encarecidamente que vean el breve vídeo disponible en la propia página del museo.

No ahondaré más en Baselitz porque, desgraciadamente para quien quiera aún verla, el pasado 22 de octubre cerró sus puertas, pero aún hay tiempo (poco… apenas 10 días), para disfrutar enormemente de la retrospectiva de Bill Viola. Es espectáculo puro, sensibilidad, experimentación, provocación…

¿Han visto alguna vez una exposición de vídeo-arte? Les reconozco que yo había hecho dos o tres intentos de disfrutar de alguna en el pasado… sin conseguirlo. Frías, ininteligibles, a menudo desasosegantes sin contrapartidas de emoción o belleza…

Nada que ver con la brutal retrospectiva de Viola: limpia, sensible, sorprendente, serena, reflexiva, provocadora… muy humana.

De nuevo entender al personaje es clave, aunque en esta ocasión, son los comentarios sobre la obra (no muy del agrado al parecer de Bill Viola, que prefiere que su obra se disfrute sin explicación alguna) los que permiten vestirla de significados que tiñen la luz que se imprime en nuestras retinas.

El mito de Sísifo disfrazándose entre las pantallas, la naturaleza humana del sutil lenguaje del cuerpo, la ruta de la vida hacia la levedad de la muerte o la suspensión etérea de los sueños se muestran en una exposición de la que quizá convenga disfrutar en soledad, aunque se vaya acompañado.

Vean los vídeos que les dejo más abajo para hacerse una idea de lo que se pueden encontrar.

Si no están a tiempo, seguro que nuevas exposiciones temporales ocuparán el sitio de éstas con brillantez, pero es que además, la colección permanente del museo es espectacular: la descomunal obra paseable de Richard Serra, los neones de Holzer en el atrio, la propia arquitectura del museo… Con un buen guía, hasta puede que alcancen a traducir el mensaje detrás de la obra viva que es la “Tierra De Los Dos Ríos” de Kiefer, a entender cómo Rothko consigue recrear espacios luminosos por la simple superposición de infinitas capas cromáticas o, ya en el colmo de los colmos… hasta comprender a Motherwell 😀 .

No digo más… En un par de artículos les he propuesto un fin de semana perfecto: una mañana en el Bellas Artes, otra en el Guggenheim… y en las tardes y noches libres, una ciudad para pasear su arquitectura o disfrutar de su gastronomía, en una sucesión de muchos momentos convertidos en un deleite de arte.

Pero eso lo contaré dentro de unos días… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

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