Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀

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3 comments

  1. Hola Jesús, feliz año!
    Has hecho una radiografía rápida de mis viajes pasados y futuros… 😀
    Mis peques ahora tienen tres años y ya llevamos un par de veranos cambiando cromos de Nueva York o Estocolmo por Cádiz y Castellón… Como dices, sólo distinto. A desearías volver al pasado en una máquina del tiempo y otras rezas para que el tiempo se detenga.
    Un abrazo y a seguir con el viaje!

    1. Largo, complejo y sobre todo vital viaje, porque no tiene un punto final. El tiempo… ni se detiene ni vuelve atrás, así que queda solo seguir a su lado. Ánimo, que tres años ya son muchos… 😉
      Muchas gracias por comentar, Sergio. Un abrazo.

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