Reflexiones: el talento necesario que la industria hoy no tiene (aunque no se sepa cuándo lo necesitará)

Hace unos días, en el marco de un proyecto que en mi empresa se está desarrollando sobre la atracción de talento, los consultores de People Matters que lo apoyan me pidieron que reflexionara sobre qué perfiles podía intuir, hoy no existentes, que podía necesitar una empresa industrial como la nuestra en el futuro.

Ya sé que de cosas parecidas está la red llena y que probablemente, lo que aparecerá a continuación pertenecerá a estas alturas a lugares comunes para muchos, pero ya que hice el esfuerzo de sintetizar mi punto de vista, me he decidido a compartirlo, eliminando las particularidades de mi texto original y añadiendo un par de matices aclaratorios.

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Con carácter general, es indudable que STEM lo dominará todo, pero claro, se trata de concretar competencias específicas y centrarse en las que hoy no existen o no son especialmente frecuentes en la industria, así que vamos a ello.

Parte de las competencias necesarias no deberían ser muy extrañas a los perfiles tradicionales de técnicos e ingenieros de cualquier empresa industrial… aunque quizá deban de aprender algunas de esas competencias técnicas que les resulten más novedosas… o nuevas formas de utilizarlas.

En principio y a nivel exclusivamente técnico, en lo que a procesos fabriles inteligentes y conectados se refiere, siempre hay un primer paso que es la automatización de los mismos… y un segundo que es la integración automática de la información (sistemas MES), que es la base de la fabricación avanzada o industria 4.0.

De automatización se supone que la industria (y singularmente la vasca, que me resulta más cercana) sabe ya mucho, o puede resolverlo con una amplia red de proveedores muy cualificados. La integración automática de información es ya otro cantar, pues no se trata de un mero proyecto de automatización de la gestión de la información, sino de saber qué es lo que se quiere hacer con ella, qué objetivos o retos estratégicos se quieren alcanzar:

  • ¿cero defectos?
  • ¿eliminación de operaciones?
  • ¿supresión de la realización de muestras?
  • ¿reducción de las pérdidas internas?

Cada uno de esos objetivos requeriría de tecnologías diferentes… y de competencias diferentes.

Si elevamos un poco la mirada, desde el proceso puramente fabril ascendemos hasta considerar la fábrica entera. Y elevándola más, desde la fábrica subimos hasta la empresa, conectada al mercado. En realidad caben tres niveles:

  • La línea de producción, con máquinas que “conversan” entre ellas y deciden qué es lo mejor para el producto y el proceso.
  • La fábrica, compuesta de líneas de producción que forman un sistema conectado que consume recursos y genera valor añadido.
  • La empresa, que abarca la cadena de valor completa y se inserta en el ecosistema que forma el mercado de venta y el de proveedores.

Estas tres capas configuran necesidades en torno al talento también muy diferentes, pero con algunos rasgos comunes cuyo acento se pone en lugares diferentes en función de los objetivos buscados. En cuando a competencias técnicas, aparecerán necesidades aún no cubiertas o insuficientemente cubiertas en la actualidad:

  • Científicos de datos: personas especializadas en el tratamiento de datos, en entender o aflorar relaciones no lineales de causa-efecto, en encontrar patrones de comportamiento sobre los que diseñar algoritmos de decisión. Un científico de datos podría ser una persona perteneciente a lo que hoy se puede denominar metodista, técnico de línea o ingeniero de procesos.
  • Gestores de datos: en trabajo conjunto con los anteriores, personas especializadas en entender el valor de cada algoritmo de decisión y su encaje en los objetivos estratégicos de planta o empresa, en entender y diseñar la interconexión entre los sistemas línea-fábrica-empresa y de esta última con clientes y rendimiento de calidad de productos en el mercado, por un lado, y con proveedores y suministradores de materiales por otro. Un gestor de datos podría encontrarse en las direcciones de una minifábrica o una planta de dirección, o incluso en un área comercial o de devops.
  • Expertos en sensórica y programación de automatismos, que permitan mejorar continuamente la calidad e idoneidad de la información capturada. Estos expertos deberían encontrarse, a distintos niveles, en personas que van desde las ingenierías de métodos hasta los operadores más directos de la producción.
  • Expertos en simulación, que manejen tanto el diseño preliminar de nuevas líneas o incluso plantas de producción y que sean capaces de transformar los resultados en especificaciones de diseño, o testar las capacidades de un nuevo equipo o de una modificación física del proceso (equipos principales, auxiliares o incluso parámetros de regulación) a modo de “hardware in the loop”.
  • Expertos en infraestructuras de comunicaciones, que optimicen el almacenamiento y tráfico de información y que securicen el sistema, incluyendo redes y plataformas extensas de aplicaciones móviles.

Estas competencias técnicas deberán estar presentes en muchos ámbitos de la gestión, porque afectarán a áreas tales como:

  • La gestión del consumo de energía y la de la propia compra de energía, que se derivará de la monitorización en tiempo real de los consumos y la simulación de los mismos con las herramientas de planificación de la producción.
  • El diseño ergonómico de los puestos de trabajo que mantengan la necesidad de presencia humana, desde la fase inicial de simulación (fábrica virtual) y teniendo en cuenta la futura existencia de entornos de trabajo dotados de robótica colaborativa o de logística automatizada y autónoma.
  • La implantación de modelos de predicción del comportamiento, en muchos ámbitos (consumos, stocks…) pero singularmente en el ámbito del mantenimiento predictivo.
  • El control y gestión de los embalajes.
  • El diseño de productos y procesos, pues deberán tener en cuenta la sensorización de equipos, la identificación unitaria de productos que permitan su trazabilidad en todo su ciclo de vida, la recopilación de los parámetros de rendimiento interno y de calidad externa del producto… y la integración de toda esa información, cerrando el ciclo, en los propios estándares de diseño de productos y procesos, de forma que realimenten su optimización continua.
  • El flujo de mantenimiento y revisión continua de estándares, de producción y de gestión, que se actualizarán en tiempo real en función de los rendimientos y de workflows de aprobaciones, si fuera el caso, ágiles e igualmente desencadenados en tiempo real.
  • La homologación de procesos y productos, incluidos los procesos de homologación por el cliente.
  • La formación de acogida y el adiestramiento de nuevas incorporaciones.
  • El control y aseguramiento del reciclaje o reutilización de los productos y materiales auxiliares fuera de uso.
  • Etc.

Al margen de las competencias más “técnicas”, creo que aflorará una creciente necesidad de competencias más soft, ligadas al concepto de servitización de la actividad, que se irá convirtiendo cada vez más en un factor de diferenciación competitiva. Estas competencias, muchas hoy ya de absoluta actualidad, pero no todas en la industria, podrían ser:

  • Pensamiento de diseño (“design thinking”) como forma de aproximarse al diseño de servicios o a la innovación.
  • Relacionado con lo anterior, metodologías “user / customer experience” (UX / CX) para trabajar los procesos de diseño de experiencias en los “touchpoints” con el mercado (tanto del producto como de los procesos de gestión como ofertas, planificación o asistencia post venta, además de la gestión de la reputación corporativa), con los proveedores (vigilancia competitiva e integración en la cadena de valor), o incluso internamente (diseño de la relación hombre-máquina, comunicación interna, o satisfacción, implicación y desarrollo de personas).
  • Metodologías ágiles para la gestión, desde procesos de integración de la cadena de valor, hasta SCRUM para la gestión de proyectos o la integración de la observación competitiva en las decisiones (“responsive organization”).
  • Mentalidad “lean”, en todos los ámbitos, desde los más tradicionales de gestión de la producción y de la fábrica, hasta los conceptos de “lean startup” para el despliegue de proyectos estratégicos de diversificación o innovación.
  • Pensamiento creativo, la capacidad humana más difícil de ser sustituida por un robot y el verdadero potencial de diferenciación y competitividad de las organizaciones.
  • Trabajo en red, como símbolo del concepto de empresa abierta y conectada, desde numerosas perspectivas: aprendizaje continuo individual, trabajo colaborativo, “open innovation”, incorporación de “startups” y de profesionales “freelance” en proyectos estratégicos y operativos…
  • Pensamiento sistémico, que se hará imprescindible en cualquier ámbito: diseñando algoritmos de inteligencia artificial para las líneas de producción, manejando información para el gobierno de la fábrica, integrando cadena de valor, identificando valor apreciado por el mercado en procesos de innovación, diseñando servicios, productos o procesos, definiendo orientaciones estratégicas…
  • Actitud emprendedora, al menos para una parte significativa de las personas, que entenderán que su función no es administrar o gestionar recursos, sino crear valor
  • Pensamiento de negocio, lo que significa que el retorno de valor para la compañía debe estar permanentemente presente en cada paso que se da, en los proyectos de innovación, en los procesos de comunicación, en el marketing estratégico, en la resolución de problemas…

Creo que todo lo anterior responde a lo que entiendo serán muchas empresas industriales en el futuro, incluyendo como es lógico competidores y clientes. No sé, por el contrario, cuánto de lejos o de cerca estará ese futuro ni si habrá un lugar para quienes se nieguen a que sea el suyo. Pero para que una empresa cualquiera se aproxime a él, hay algunas barreras que romper en el camino intermedio, barreras que son importantes porque tienen fundamentos para existir e incluso razones para no ser removidas o cambiadas:

  • En las empresas industriales, la cultura organizativa suele estar fuertemente anclada a las “tareas asociadas al puesto” y al rigor en el cumplimiento de esas tareas, que es un esquema de funcionamiento demasiado rígido para la innovación abierta, la prestación de servicios avanzados y la creación continua de nuevo valor… pero hay que reconocer que muy necesario y productivo para la explotación eficiente de los recursos hoy disponibles.
  • Una parte relevante del talento que llega, busca “proyecto”, “reto”, “creación de valor” como esencia de su desarrollo profesional. Chocará con mecanismos de control del trabajo que hoy son el corazón del funcionamiento interno y del equilibrio social… y con la esencia de la mayoría del trabajo que hoy se desarrolla en la industria. De hecho, cuando esporádicamente a personas internas se les ofrece un proyecto para recorrer ese camino de creación de valor y ese proyecto agota su vida, suelen aparecer serias dificultades para encontrar huecos que les permitan continuar por el mismo camino, lo que concluye (con demasiada frecuencia últimamente) en la fuga de ese tipo de talento.
  • En definitiva, las necesidades más acuciantes de hoy no son las anteriores, sino otra mucho más básica: encontrar gente con ingenierías técnicas o CFGS para cubrir las necesidades de trabajo. De hecho, casi ninguna de las competencias anteriormente descritas (todas, aunque especialmente las técnicas) es vista como necesaria para el día a día de hoy… y si se incorporaran personas con ese perfil no tendrían fácil encaje.
  • Los conceptos de empresa ágil, responsive o emprendedora chocan también con una cultura asentada en el tiempo, que no gestiona bien los entornos de fuerte incertidumbre o los procesos de valor ligados a intangibles.
  • Y para finalizar, tampoco se acaba de saber muy bien cómo gestionar los entornos de movilidad e interculturalidad que son inherentes al tipo de empresa que viene.

¿Qué opinan? ¿Algo que echen a faltar?

¿Creen que estamos aún a años luz de necesitar todo esto? ¿Discrepan de los problemas que adelanto? O simplemente… ¿tienen otra visión del futuro?

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