Vibraciones: diferente Navidad

Diciembre ha sido siempre el mes en que uno de los artículos de este blog se relaciona con la Navidad. Es quizá el único periodo del año al que se reconoce universalmente un sentido (o al menos un barniz) espiritual, tanto si se mira desde lo religioso, para quien lo sea, como incluso desde lo profano, entendiendo como espiritual la llamada a la celebración familiar y social, el compromiso con buenos propósitos personales alineados con el cambio de año o incluso el intercambio de regalos como demostración de afectos, cariños y amores… al margen de exhibicionismos comerciales.

Voy a repetir que me gusta la Navidad. Nada es perfecto, pero para mí, queridos lectores, disfrutarla tiene mucho (pero mucho) más de bueno que de mirada negativa, a poco que uno lo desee… y ablandarse para aceptar el juego ñoño de villancicos y la sobrecarga de adornos que extendidos al año saturarían nuestra capacidad de percepción, es volver a la conciencia de que ser buena gente (al menos moderadamente) es posible, genera una íntima satisfacción… y merece la pena.

Aunque canse un poco… 😉

Este año me he dedicado a bucear por la red buscando formas diferentes de celebrar estas fechas, con la idea de compartir aquí las cuatro que me han resultado más atractivas, en la combinación de la palabra “diferente” con el espíritu tradicional de la Navidad.

A ver qué les parecen…

SER TURISTA EN TU PROPIA CIUDAD (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Esto es para planteárselo uno en serio, es decir, asumir que está en una ciudad que no es la propia y plantearse los días vacacionales como si fuera un viaje a una capital desconocida.

¿Qué harían si decidieran ir a pasar las navidades a Amsterdam, a Berlín o a Venecia? Imagino que la mayoría echarían un vistazo a lo que uno puede hacer allí antes de ir, ¿no? Pues lo mismo… pero “reservando” el alojamiento y desayuno en un “hotel” que es su propia casa, que sale mucho más barato. 🙂

Como si se tratara de un lejano viaje, deben empezar estudiándose previamente la ciudad en la red, hasta dar con rincones, monumentos o bares con encanto de los que no tenían ni idea, para después planificar qué lugares merece la pena visitar y diseñar las rutas de cada día, tras reservar entradas a museos imprescindibles a los que hace mil años que no han ido (si lo hicieron alguna vez), descubrir los restaurantes y locales más cool del momento donde comer, cenar o tomar una copa, consultar el programa de actividades navideñas que se hubiera organizado desde su ayuntamiento y elegir lo que les sorprenda, revisar la lista de mercados navideños tradicionales en cuyos puestos bucear al caer la tarde, elegir un horario de bus turístico si hubiera o apuntarse a un tour alternativo de esos que les aseguren que enseñarán cosas “que no salen en las guías turísticas” (o a esos tours nocturnos o temáticos que a veces se organizan, como los basados en escenarios de libros, series o películas), asistir a algún espectáculo programado para estas fiestas (musicales, teatro, conciertos…)… y hacerlo todo, además, con una cámara de fotos o el móvil en la mano, para almacenar cómo es su ciudad en Navidad y el recuerdo de haberla disfrutado como nunca.

Aviso: está prohibido volver a su “hotel” hasta la hora de dormir. Si sostener esta vida se les hace muy duro… programen solo 2 o 3 días… 🙂

COMPARTIR UNA CASA RURAL… Y UN ÁRBOL (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Del artículo que enlazo… “El calor de una chimenea, una cena en un paisaje memorable, un paseo por el campo, el placer de pasar unos días con esos amigos que nunca puedes ver durante el año… hay un montón de razones por las que escaparse en Navidad a una casa rural con los amigos” es una gran idea.

La verdad es que no es una propuesta que a mí me atraiga con este formato de cuadrilla de amigos, si se trata de pasar precisamente Nochebuena o Navidad, los días más familiares del año… pero eso va en el gusto de cada uno y la aceptación es creciente. Otra cosa es esos días intermedios que a veces quedan, para quienes los puedan disfrutar libres de compromisos… o la Nochevieja… 😉

A veces con un par de días basta, quizá con tres. Ponerse al día, recordar anécdotas, recuperar el olvidado rito del “amigo invisible”, llevar la vieja guitarra y cantar las canciones de toda la vida, desayunar juntos, discutir de madrugada sobre lo humano y lo divino con una buena y larga copa en la mano…

Voy a añadir un ingrediente especial, extraído de la misma fuente: ¿qué les parece incluir, como parte del programa de actividades, el llevar desde su lugar de origen (o adquirirlo en destino) el retoño de un árbol de verdad, decorarlo entre todos para esos días… y plantarlo en el monte antes de regresar?

Puede ser el tradicional abeto… o mejor un árbol característico de la zona. Exige un poco de planificación y algo de esfuerzo, pero también llena de sentido los preliminares… y deja además un recuerdo imborrable al que poder volver.

Déjenme ampliar la propuesta a hacer algo parecido, pero en familia. Algunos conocidos lo han hecho con sus personas mayores… y cuentan que la experiencia resulta para ellos y para todos excitante los días antes… y memorable más adelante.

¿Imaginan a esos niños volviendo 30 años después a ver el árbol que plantaron con sus padres o abuelos?

Siendo así, pasar la misma noche de Navidad de esta manera, sí me resulta francamente atractivo… 🙂

VIVIR LA NAVIDAD DE OTRO PAÍS (de lo visto aquí)

En familia

Quizá es la propuesta más rara de las cuatro, pero… me parece a mí que también puede ser francamente distinta e interesante. Se trata de elegir un país y tratar de celebrar el periodo navideño inspirándose en cómo lo celebran allí.

El comienzo es poner a toda la familia a investigar… ❓ 😎 😀

Hay que averiguar con antelación cómo decoran las casas, cuáles son los dulces navideños, las comidas típicas, las tradiciones más antiguas, los villancicos o canciones de Navidad, las celebraciones más especiales… y tratar de reproducirlas después en casa.

Nuevas recetas, adornos hechos a mano, nuevas tradiciones…

La cosa no debe acabar ahí: busquen películas en el cine hechas o relacionadas con el país o con su historia para verlas en familia (o en el Netflix o equivalente de su hogar), escuchen la música de sus músicos, averigüen si en su propia ciudad hay iniciativas o asociaciones de amistad con ese país y conozcan a su gente, visiten exposiciones de arte relacionadas o reserven mesa en restaurantes basados en su gastronomía

Hasta sería bonito que los regalos de Navidad tuvieran algo que ver, por remoto que fuera, con el país elegido.

En fin, la idea es disfrutar de sumergirse por unos días en una cultura diferente, procurando poner gusto, olfato, vista, oído y hasta tacto, en sensaciones de otro mundo. 🙂

SER, ADEMÁS, SOLIDARIO… PRACTICANDO VOLUNTARIADO (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Ya habrán caído en la cuenta de que ésta es una propuesta realmente diferente. Diferente a la que la mayoría de nosotros practicamos y a cualquiera de las tres anteriores. Pero no nos pongamos serios… quizá descubramos que es la mayor fuente de alegría y el mayor “chute” de energía positiva que podemos encontrar en Navidad.

Lo mejor de todo es que es compatible con cualquier otra forma de disfrutar el periodo navideño, porque siempre hay un día (al menos uno) en que lo podemos practicar.

Casi siempre pensamos en las navidades como fechas de encuentro, de compartir momentos y celebraciones con familiares o amigos… siempre con conocidos. ¿Por qué no reservar un tiempo, por breve que sea, para extender ese espíritu a desconocidos que tendrán difícil hacerlo así?

Las organizaciones de voluntariado también hacen un esfuerzo especial en estas fechas y eso significa más trabajo y más necesidad de apoyos.

Donar y empaquetar ropa, libros o juguetes (en buen estado) para un rastrillo solidario y colaborar en las labores de montaje o directamente en las de venta, implicarse en la recogida, clasificación y distribución de alimentos en las campañas del Banco de Alimentos, participar de la entrega de juguetes a niños (¿no les apetece hacer de Rey Mago? 😉 ) o de actividades de acompañamiento a ancianos en soledad, colaborar con los comedores sociales en las cenas más especiales (donde hacen falta más manos que nunca)…

Las opciones son muchas y diversas. Plantearse el hacerlo con amigos o en familia, además, aporta un ingrediente adicional que puede ser extraordinariamente gratificante.

Y por añadidura… igual es el comienzo de una gran amistad… 🙂

¿Se apuntan a alguna?

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .