Mes: julio 2021

Vibraciones: siento que debo disculpas, pero…

Cruce reciente de mails:

  • DÍA 1 – «Hola, Jesús, espero que te encuentres bien. Yo soy XXXXX, Fundador y Regional Manager de YYYYY North America. Hemos creado una solución de Trade y Distributors Engagement y trabajamos con clientes como British American Tobacco, McCain Foods y Heineken en 4 continentes y más de 25 países. Creo que también podemos contribuir con vosotros. ¿Vamos a programar una web conference de 15 minutos? ¿Tienes disponibilidad el miércoles? Gracias».
  • (Busco la web de YYYYY, veo que es para negocios muy distintos al nuestro y no respondo nada)
  • DÍA 6 – «Yo soy XXXXX, Fundador y Country Manager de YYYYY España. Jesús, Espero que te encuentres bien. Me gustaría establecer una reunión contigo para presentar soluciones de Consumer y Trade engagement y marketing digital, que creo que son interesantes para tu empresa. ¿Te interesa? Hazme saber tu disponibilidad y te enviaré una invitación para una call. Nos vemos pronto».
  • (Sigo sin responder nada)
  • DÍA 14 – «Hola, Jesús, Espero que te encuentres bien. Nuevamente soy XXXXX de YYYYY. He intentado contactarte por correo electrónico, pero no he obtenido ninguna respuesta. Creo que tu agenda estará muy ocupada. Si es más conveniente para ti, puedo llamarte.  Infórmame tu teléfono y tu horario disponible y te llamaré, para hablar de nuestra Plataforma de Trade & Distributors Engagement. Si tú no eres la persona más adecuada para hablar sobre este tema en la empresa, ¿podrías indicarme el contacto ideal? Gracias.»
  • DÍA 14 – Respondo, finalmente: «Hola, XXXXX. Nosotros no usamos distribuidores, ni tenemos una red comercial como tal (sino de gestores de cuentas), ni nuestros productos van destinados a mercados de consumo. Fabricamos componentes metálicos para el sector del automóvil y suministramos directamente a los constructores, como un Tier-1, desde varias plantas de fabricación en distintos países. Me tendrás que disculpar, pero no te había respondido porque, con esa discrepancia tan notoria con lo que he creído entender que es vuestra propuesta de valor, había pensado que era un mailing comercial bastante estándar. Un saludo. Jesús».

Desde entonces, ya han pasado dos semanas sin nuevos mails.

Sinceramente… mi interlocutor podía haberse molestado en entender nuestro negocio en lugar de reiterar sus mensajes, pero la verdad es que mi falta de respuesta no es precisamente un ejemplo de educación… y cuando respondo, tengo que reconocer que lo hago con una respuesta «pelín borde»… 😳

No siempre ha sido ese mi comportamiento. Durante muchos años he tratado de responder a todo lo que me llegaba. Por supuesto a cualquier mensaje con una petición o propuesta de colaboración, por supuesto a cualquier consulta, por supuesto a una felicitación de cumpleaños o de trabajo, por supuestísimo a cualquier comentario de este blog… pero también a cualquier mensaje que, como los anteriores, respondía al que reconozco como legítimo intento de vender el producto de la empresa para la que uno trabaja.

De hecho, yo mismo he impulsado en el pasado acciones comerciales vía mailing o vía redes sociales y sé lo que significa que no te respondan, si bien tengo que decir, en mi descargo, que se trataba de propuestas de valor abiertamente innovadoras, que jugaban en mercados aún no bien configurados o que aportaban nítidos diferenciales competitivos con otras ofertas que pudiera haber en el mercado.

Hablando de redes sociales y como un argumento adicional de este artículo de hoy… déjenme compartir un pequeño análisis que acabo de hacer de los 50 últimos mensajes que he recibido a través de LinkedIn:

Como ven, solo 3 de ellos (un 6% del total) han sido mensajes con un contenido específicamente elaborado y destinado a mi empresa o a mí… y nada menos que 37 (el 75%) han sido mensajes genéricos puramente comerciales, claro objetivo (y me atrevo a intuir que único) de su solicitud de contacto en esta red.

Y la verdad… para la práctica totalidad de ellos no hay en realidad ninguna oportunidad: propuestas estándar, ofertas de productos o servicios en materias que son una commodity, que tenemos sobradamente cubiertas con el panel de proveedores en quienes venimos confiando, o para las que tenemos suficientes redes de contactos como para acudir a otros en caso de necesidad.

Mantener una reunión de media o una hora sobre un asunto ordinario en una materia con abundancia de oferta en el mercado, con alguien que lo único que aporta es que no le conoces, es hoy en día un lujo si no responde a un interés específico que puedas identificar.

Y basta con que alguna temática se ponga de actualidad, se sume al mainstream (da lo mismo que se trate de soluciones de ciberseguridad, tratamiento de datos, consecución de subvenciones o IoT) para que, pasada la etapa inicial protagonizada por pioneros, el bombardeo de seguidores se despliegue.

Esto lleva pasando años… y me siento cansado de esta práctica que en el fondo es un spam, así que personalmente llevo ya muchos meses instalado en una reacción que consiste en recibir los mensajes con liviandad… y no responder.

Obviamente esto es algo que pasa constantemente, que le pasa a todo el mundo, así que me digo a mí mismo que, incluso para los remitentes, mi «no-respuesta» se recibe simplemente como parte del juego… pero no acabo de sentirme bien con ello.

Me enseñaron otras cosas cuando se trata de educación.

Por eso aprovecho estas líneas para hacer una disculpa pública hacia la persona que hay detrás, aun sabiendo que no sirve de nada, ni para ninguno de mis remitentes ni para mí… porque tengo claro que lo seguiré haciendo, mal que me siga pesando… y aún siendo consciente de que, en más de una ocasión, pasaré por alto por error alguna propuesta realmente bien orientada.

Supongo que ya es una cuestión de supervivencia, asumiendo que pueda ser una consecuencia más de haberme hecho mayor… 😉

Tiempo muerto. Time out. Lo siento… pero no, por favor.