Vibraciones: Navidad en la ciudad

En esta pequeña casa, diciembre es siempre mes reservado para un post de Navidad. Unas veces más y otras menos «navideño», eso sí, pero siempre centrado en hacer una parada y mirar al mundo, a la familia o en general a la espécimen humano, desde otro punto de vista al habitual.

Y en general, mejor.

Confieso que esperaba que este año pudiéramos volver a celebrar estas fechas en un ambiente bastante cercano a lo que siempre conocimos como entrañable normalidad… pero la sexta ola es un hecho y, aunque el impacto en la salud en términos de gravedad ya no es el mismo, las cifras de nuevos infectados covid se disparan y la prudencia se va a imponer un año más. Al menos en mi caso.

Quizá por eso me gustó ver cómo hace unos días las ciudades encendían sus luces de Navidad. No comparto esa carrera de algunas urbes por ser las que más millones de leds instalan en sus calles, pero sí soy de los que piensan que parte de la vida es darse un capricho de vez en cuando y en ocasiones especiales… y que aunque lo políticamente correcto hoy en día es cuestionar todo lo que no sea estrictamente necesario según criterios racionales (criterios que por otro lado son fáciles de compartir, precisamente por racionales), la vida está hecha también de otras sustancias menos justificables, menos «disciplinadas», que dan otro sentido a vivirla.

Un regalo, si uno se lo puede permitir, debería elegirse pensando en el destinatario más desde el lado del capricho que de la necesidad (aunque con ello el riesgo de no acertar se acreciente). Las ciudades, por Navidad, tienen el capricho de vestirse de luces. Para fomentar el comercio, sí… pero también para recordarnos que estamos de fiesta, que la vida (como los años) son etapas concatenadas que se cierran y se abren, que hay cosas que importan y que no cambian en lo sustancial y que hay valores, relaciones y momentos que merecen la pena y que por ello somos capaces todos (casi todos) de reservar un momento colectivo para simplemente celebrar.

He elegido para adornar estas letras algunas imágenes de las luces navideñas de Bilbao, mi ciudad. No serán seguramente las más espectaculares del universo… pero tampoco hace falta. Ya tenemos otras muchas razones para ser la capital del mundo… 😉

También un par de vídeos de anuncios (tranquilos, que ninguno es de Campofrío que estos días habrá inundado sus grupos de whatsapp… 😅), de esos que tocan la fibra sensible de mucha buena gente de esta rara especie animal que somos, aunque detrás se escondan otras inquietudes más comerciales… que también me parecen lícitas, qué caray.

Que los disfruten…

Y muy Feliz Navidad.

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