Mes: mayo 2022

Reflexiones: la necesaria evolución de los eventos de emprendimiento

En el marco de las estrategias de diversificación e innovación que hemos definido, hace unos días tuve la ocasión de asistir al Asturias Investor’s Day (AID), viaje para el que asumí el rol de inversor (dada la naturaleza de la jornada), aunque la mirada estuviera siempre puesta en oportunidades, más allá de los propósitos de partida.

Quizá por ser ésta solo la quinta edición, pero con un paréntesis de tres años desde la cuarta, no teníamos registrado este evento entre la lista de los que a cada año prestamos atención y trabajamos con una cierta sistemática.

Mi experiencia fue muy satisfactoria en comparación con otras previas similares, por varias razones entre las que destacaré las siguientes:

  • Se incluyeron startups puras (alguna incluso apenas llegaba a ello), pero no se cerró la puerta a empresas jóvenes con cierto recorrido ya en el mercado y que necesitaban financiar su crecimiento. Desde la perspectiva de un gestor de fondos de inversión, me atrevo a decir que quizá esa mezcla standup-startup-scaleup no sea de especial interés dada la frecuente especialización de cada fondo… pero desde la de una empresa que trata de mover «corporate venture capital«, resulta muy interesante a la hora de ir configurando una cartera de inversión equilibrada en su composición y en la gestión del riesgo.
  • La organización hizo un esfuerzo por documentar previamente en su web las propuestas de valor, los modelos de negocio y las necesidades de crecimiento de cada una de las 75 iniciativas preseleccionadas, lo que se agradece especialmente a la hora de preparar una asistencia efectiva y eficiente.
  • Prestó igualmente atención previa a los inversores, tanto individuales como institucionales o corporativos, preocupándose también por que cada uno tuviéramos públicamente descritos nuestros propósitos y objetivos de inversión en la misma web del evento, buscando ya desde antes del «día D» el que empresas e inversores identificaran potenciales contactos de interés.
  • Realizó un importante trabajo de planificación previa de encuentros, de duración limitada, en función de las demandas que los inversores pudieran haber realizado a través de la web (en mi caso, 6 reuniones de media hora y 3 de un cuarto de hora a lo largo del día, desarrolladas con puntualidad británica).
  • Reservó espacios para la serendipia, en encuentros no programados de 2 escasísimos minutos, que te llegaban uno detrás de otro en varias rondas a lo largo del día, lo que siempre es una ocasión (por improbable que sea) de encontrar un valor inesperado a cambio de un esfuerzo prácticamente nulo.

No es sin embargo el objetivo de este artículo loar la organización del AID (no es una de mis «vibraciones»), sino que simplemente lo uso como introducción a una reflexión que me viene rondando desde hace tiempo, pero que con la frialdad del retorno a la actividad presencial tras los años de pandemia, me parece bastante clara: muchos de los eventos de emprendimiento de carácter general que han venido proliferando en los últimos años, tienen hoy más de encuentro social que de fomento de canales de colaboración o inversión en el ya vasto «universo startup«.

A lo largo de los dos años de pandemia, cada uno de la mejor manera que ha podido, se han abierto canales telemáticos de conexión con startups para profundizar en sus propuestas y necesidades. Espoleados muchas veces por foros de inversión y eventos online como punto de partida, los contactos a través de una pantalla se han multiplicado, pero mi percepción es que la efectividad no ha sido todo lo alta que ha aparentado ser.

Es verdad que, desde la perspectiva inversora, parece haber habido bastante dinero disponible estos dos últimos años y se han cerrado numerosas operaciones… pero nada sustituye a tocar el producto o la tecnología, a conocer en persona al equipo que hay detrás de cada proyecto, a observar cómo interactúan en el espacio natural de trabajo y sobre todo a permitir que largas horas sustenten un nivel de indagación y un conocimiento tácito que no se adquiere con la intermediación de una pantalla o con el contacto solo con el promotor.

Todo apunta en la actualidad a un periodo de vacas flacas, donde la actividad inversora se va a retraer, donde las valoraciones van a ser mucho menos generosas y donde muchas startups, en consecuencia, no van a poder financiar sus necesidades de supervivencia con la fluidez con que venía sucediendo hasta ahora.

En este escenario donde la relación física va a cobrar renovada importancia en las decisiones, la semana pasada dediqué un cierto tiempo a revisar, una por una, la lista de las 100 startups seleccionadas para concurso por el South Summit que se celebrará en Madrid en breves días. Déjenme contarles la experiencia como contraste…

Segmentadas en 10 bloques (comunicaciones, conectividad, tendencias de consumo, negocio digital, educación, transición energética, finanzas, salud, industria 5.0 y movilidad), en la web se ofrece una breve reseña de a qué se dedica cada una de las 100 finalistas.

Revisadas todas ellas, mi selección de las startups en las que he podido identificar algún factor de especial interés o de diferenciación ha ascendido a la extraordinaria cifra de… 0.

Bueno, miento… había una, pero ya la conocíamos desde hacía tiempo y de hecho estamos en contacto directo con ella. Espero que no lo perciban como una muestra de arrogancia o prepotencia… pero que ninguna de las 100 startups elegidas por el que me atrevo a decir que es el evento más importante de emprendimiento del sur de Europa haya captado mi atención… me resulta francamente llamativo.

He estado en dos ediciones del South Summit con anterioridad… y tampoco es que haya encontrado allí grandes cosas, pero siempre me ha pasado algo curioso: he encontrado más atractivo en las startups con presencia física en el espacio expositor, que entre la lista de finalistas al premio del año.

El problema es… que unas y otras no coinciden (o no lo han hecho en pasadas ediciones). O sea, que hay startups en la lista sin stand y hay startups con stand que no están en la lista, lo que no sería mayor problema sino fuera porque no se divulga (o yo no soy capaz de encontrarla) la lista de empresas físicamente presentes en el área de exposición.

Y eso que una entrada de «visitante cotilla», la más barata, cuesta 120 € (la tarifa media se sube a los 700… y no les hablo de la premium), frente a la asistencia al AID, que fue totalmente gratuita.

El South Summit siempre ha tenido una buena parte de exhibicionismo, de «postureo», pero si en las primeras ediciones tenía cierto sentido porque se trataba de poner el «universo startup» en el mapa (y colaboró en ello), el persistir en el modelo, con conferencias en salas de 500 personas a las que asisten 15, donde es más importante el marketing que se construye sobre ellas que la conferencia en sí, con visitas institucionales que no tienen nada valioso que aportar, con concursos más movidos por la ambición de encontrar «unicornios» que de impulsar iniciativas de gran valor para la industria o para la sociedad… creo que no aporta demasiado, aunque sus ingresos sigan rindiendo bien las cuentas.

Vale… admito que, viniendo de la industria, puedo estar viéndolo todo desde una mirada muy sesgada. A fin de cuentas, el mundo de los unicornios también tiene que tener su espacio, claro está. Y además, en mi doble propósito de impulsar estrategias de colaboración e inversión con startups, no pierdo de vista nunca tampoco el primero, que implica acceder a un espectro amplísimo de propuestas de valor, porque su aportación innovadora puede tocar a cualquiera de los procesos de gestión de una compañía.

Pero creo que va siendo el momento de que, al menos para los intereses del mundo empresarial, los eventos de emprendimiento se vayan progresivamente retratando en un propósito y vayan mostrando cada vez más vocación de servicio en contraposición al afán de escaparate.

Tanto para proyectos en colaboración (ser «smart client«) como de inversión (ser «smart money«), creo por tanto que tienen que evolucionar en dos direcciones importantes:

  • Especialización. Pretender encontrar un unicornio y que al mismo tiempo la industria encuentre su nicho de atención, son cosas incompatibles a mi modo de ver. No quiero decir que no puedan ser asuntos coincidentes en una misma startup, por supuesto… pero sí que el diseño del evento no puede hacerse mirando a esos dos extremos a un tiempo, que si confluyen en algún caso será más por casualidad que por causalidad.
  • Transparencia e información. Al modo de lo sucedido en el AID, es muy importante ofrecer de forma transparente información de valor previamente a la celebración del evento, de forma que un trabajo serio de preparación pueda favorecer conexiones fructíferas y eficientes en el mismo. Los promotores no solo deben ser expertos en la organización de eventos, sino en la comprensión de las propuestas de valor presentadas y en mostrar su atractivo para los inversores adscritos. En definitiva, deben ponerse más al servicio de las necesidades de startups e inversores que del evento en sí mismo.

Tampoco propugno foros absolutamente verticales («el evento de emprendimiento en el sector náutico de deporte fluvial más importante de Europa»), sino de una segmentación de ámbitos que son de una naturaleza muy distante: el universo de la tecnología de materiales, propiedad intelectual, servicios de ingeniería, o producto físico es muy diferente del de las plataformas de consumo, marketing, turismo, ocio y conexiones sociales; el de la tecnología de sensorización, computación cuántica, aprendizaje automático o inteligencia artificial es muy distinto del de marketing de eventos, soluciones de streaming, gestión de eventos o gestión de activos.

Creo que la proliferación de eventos demanda ya dar este paso, que puede evitar que la frustración, que en muchos casos empieza a ser palpable hasta el punto de que se empieza a asumir como un peaje inevitable, acabe pasando una factura demasiado cara para muchos de los promotores de estos foros.

Me dirán que algunos de ellos son privados y que sus intereses de escaparate son lícitos para ellos… Pues sí, les reconozco esa verdad, pero ellos en especial deberían entender que rendimientos pasados no suponen garantía de rendimiento futuro… más o menos como nos advierten los bancos respecto de los intereses históricos de un fondo. 😉

Hay que mejorar la eficiencia del sistema.