Mes: julio 2022

Vibraciones: distopía estival

Imaginen que…

  • Su gobierno decide que todos los ciudadanos del país, de 40 millones de habitantes, no salgan de su casa durante dos meses. Decreta el cierre de comercios, teatros, restaurantes y bares, solo les permite salir de casa un par de horas para comprar medicinas y alimentos y les obliga a obtener un permiso firmado y por escrito para poder ir a trabajar, que controlará la policía en las carreteras y en las calles.
  • Nadie se opone porque la razón es que un virus ha llegado a la Tierra. A pesar de lo anterior, solo en su país el virus infecta a casi 15 millones de ciudadanos, mata a más de 120.000 personas, colapsa los hospitales hasta el punto de que se tienen que suspender decenas de miles de operaciones quirúrgicas de gente con enfermedades graves y solo se medio controla después de vacunar tres veces a toda la población.
  • Su casa está en un tercer piso de un edificio de la Plaza de la Marina de la ciudad de Málaga. Una vivienda luminosa, con vistas al puerto, para su familia con dos hijos ya universitarios, cómodamente amueblada. Está así… o estaba, hasta que un misil procedente de Marruecos entró por la ventana del salón hace dos meses, como entró por centenares de otras ventanas de sus vecinos, destruyendo media ciudad, además de las de Almería, Cartagena, Alicante, Valencia y otras 100 poblaciones que han visto pasar carros de combate por sus calles, encerrando a su habitantes en sótanos o haciéndoles huir o incluso exiliarse para evitar la muerte que les ha llegado a quienes no lo han hecho. Bueno, obviamente esto es un ejercicio de ciencia ficción… pero imaginen que es una analogía de lo que ha pasado de verdad en otro país en Europa, solo imaginen…
  • Muchas de las empresas en que trabajan sufren desabastecimiento de componentes y materias primas. Algunos materiales básicos tienen precios un 100 o 200% superiores a los de 12 meses atrás. También los fletes marítimos… y en solo unos meses se cuestiona el sacrosanto modelo de globalización, a nivel de producción industrial, que se ha ido construyendo en el mundo desde el siglo pasado.
  • La inflación ya alcanza en su país valores del 11% y hay quien piensa que no es descabellado que sea aún mayor, como la que conocimos algunos (de niños) del orden del 15%. El precio del gas se ha cuadruplicado en solo un año. La electricidad ha subido 4 veces más que los sueldos y 6 más que las pensiones, su precio ha llegado a ser un 400% superior al de un año antes y es un 60% mayor que el de los últimos 12 años. El precio la gasolina ha subido un 80% en un año y el del gasóleo se ha duplicado… sin que haya ninguna huelga general y salvaje de transporte.
  • Para ahorrar, el gobierno ha decidido prohibir que se regule el aire acondicionado por debajo de los 27º en transportes públicos, comercios, centros comerciales o establecimientos hosteleros y ha instado a empresas, oficinas y negocios a hacer lo mismo, dejando solo al margen los hogares… en una primera fase. Trabajar en verano a menos de 27º se convierte en una actitud insolidaria.

En realidad, todo esto no ha pasado, porque estamos en agosto de 2019 y esas cosas no son más que distopías, ¿verdad? Hoy estamos empezando nuestras vacaciones de verano, para muchos de nosotros es el primer día y ya tenemos plan hecho: día de playa, paseo por el puerto, cena de picoteo en una terraza y cerrar con unos mojitos o unos gin-tonics en algún local con buena música.

En la cabeza solo nos caben los chiringuitos, el mar, la playa, las excursiones familiares, las terracitas, las paellas con los amigos, un par de conciertos y mil maneras de disfrutar de la naturaleza y la buena compañía durante las siguientes semanas.

La verdad es que, si ocurriera alguna de las tonterías de antes (algo, claro, extraordinariamente improbable), habría toda una revolución. No creo que lo interiorizáramos según sucediera y lo digiriéramos como parte de la normalidad (de una nueva normalidad) para irnos de veranito a disfrutar del buen tiempo. Vamos, imposible.

Aunque ahora que lo pienso… ese escenario, combinado con este veranito de verdad, sí que es una auténtica distopía… 😉