Autor: jesusfdezblog

He definido ya demasiados perfiles en demasiados sitios... ¿soy demasiados yo? Suelo decir que soy ingeniero, pero que hace tiempo que dejé de ser un técnico. Nacido en el 61, vivo en Bilbao con mi mujer y nuestros dos hijos. Cada vez me gusta más la red y las emociones: las dos me parecen muy humanas. He descubierto que el poder que cada uno puede desarrollar consiste en modificar el pasado que tendremos mañana mismo... construyendo futuro ahora. Soy socio de una empresa cooperativa. Me gusta trabajar con libertad y sigo aprendiendo a disfrutar de hacerlo en cooperación.

Vibraciones: “agilismo” y esquemas limitados

El pasado 22 de mayo asistimos al tercer congreso BAC (Business Agility Corporation, club del que formamos parte) en el impresionante auditorio de la Ciudad Financiera que el Santander tiene en Madrid.

Nuestra aproximación al BAC es reciente, como lo es a los conceptos que anidan tras las palabras “DevOps”, “Agile” o “Responsive”, entre otras… y ya les aseguro que las distinciones conceptuales no son sencillas al margen de la práctica.

Como a estas alturas ya saben los lectores habituales de este blog, en mi empresa no nos dedicamos precisamente al mundo del software sino a la producción de componentes metálicos de automoción, así que podríamos decir que el concepto de “Agile” nos ha llegado tarde y mal.

Agile” nació como un manifiesto promovido por un grupo de desarrolladores de software que proclamaron lo siguiente:

Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software

Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar
software tanto por nuestra propia experiencia como
ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos
aprendido a valorar:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas
Software funcionando sobre documentación extensiva
Colaboración con el cliente sobre negociación contractual
Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Esto es, aunque valoramos los elementos de la derecha,
valoramos más los de la izquierda.

Se dotaron de unos principios fundamentales que, si tienen la curiosidad de leer (se lo recomiendo vivamente), creo que les conducirán inevitablemente a interpretaciones que van mucho más allá del corsé del software y que les propondrán revisar mentalmente algunas de las seguridades que culturalmente tenemos asumidas desde hace tiempo.

Para poner en práctica el manifiesto y sus principios, las empresas de software comenzaron a desarrollar metodologías y formas de trabajo con notables dosis de contraculturalidad, por lo tanto, así como a integrar algunas prácticas desarrolladas en paralelo en el territorio de la gestión empresarial en general.

Entre las primeras, destacan con fuerza SCRUM, como modelo metodológico y de organización para la gestión de equipos de proyecto, o DevOps, una especie de marco general de trabajo que descansa sobre la integración de desarrolladores y sistemas (u operaciones, en terminología de software, que conceptualmente no va mucho más allá que los ya históricos equipos interdisciplinares de desarrollo de proyectos que integran la ingeniería de proyectos, la producción y la ingeniería de instalaciones), aunque en este caso con el añadido de herramientas de automatización de procesos que permiten a los desarrolladores centrarse en su core y hacerlo con seguridad y calidad del producto.

Entre las segundas, hay que mencionar inevitablemente todo concepto lean (lo que incluye desde el kanban hasta el lean startup y el concepto de MVP) y el design thinking como modelo de aproximación a la resolución de problemas y al desarrollo de retos, configurado en forma de propuesta iterativa de observación y de orientación permanente a clientes y usuarios (basada en ciclos continuos de experimentación, prototipado rápido y aprendizaje desde las mismas) y en una amplia colección de herramientas metodológicas que ayudan a recorrer el camino y a configurar la salida.

Ejem… ya empezamos con la ensalada de palabros que vamos echando al puchero de la gestión de la empresa sin aparente sentido, ¿no creen?

A ver…

Elevándonos a un plano no demasiado estricto, podemos decir que una empresa “agile” es equivalente a decir “una empresa ágil”, entendiendo por tal una empresa capaz de adaptarse con gran rapidez, productividad y eficacia a los cambios que en su entorno se fueran produciendo, de forma previsible o imprevisible.

En ese sentido, “Agile” tiene mucho que ver con la idea de “Responsive” que ya citamos en el post anterior y que ya habíamos trabajado en Co-Society, pero el hecho de que el origen sea diferente (desde el lado operacional hasta el estratégico en el caso de agile… e inverso en responsive), hace muy visible que aún no se ha convergido suficientemente y que por tanto queda camino por recorrer.

El intento de “Agile” de llegar hasta la estrategia tiene su base precisamente en su origen. Nace ligado al desarrollo de producto… en empresas cuya tecnología operativa es precisamente el software y el hardware ligado a las TIC. Eso hace que el paso de lo operativo a lo estratégico se dé de forma muy natural, porque está en la naturaleza de su negocio.

Por eso también, las empresas más avanzadas en agile (aparentemente), son bancos, aseguradoras, empresas de telefonía… que en el fondo soy hoy “empresas TIC”. Si observamos realidades agile avanzadas en otro tipo de empresas, es raro encontrarlas al margen de su área TIC.

Todas ellas, no obstante, visualizan con claridad que en un entorno extraordinariamente cambiante, marcado por la velocidad, la reducción de los lead-time y los ciclos de vida y, sobre todo, por la incertidumbre creciente que rodea toda actividad empresarial actual, la idea de “agilidad” responde a una absoluta necesidad, sea cual sea el sector en el que se opere.

Construido desde la experiencia y la reflexión de las “empresas TIC” que antes mencionaba (es una humilde hipótesis personal, no contrastada), BAC ha elaborado un muy interesante esquema visual que reproduzco a continuación:

Acierta en muchas cosas, en mi opinión, como en el cimiento lean, los pilares de personas y cultura (cuidado con la cultura), la permanente orientación a la idea de valor y, sobre todo, el esquema de Organización / Infraestructuras / Producción / Negocio como elementos necesariamente ágiles en una organización ágil.

Aclara también cuál es el lugar que primordialmente corresponde a piezas concretas del puzzle, incluida la importancia de mimar los elementos de trasformación de cultura o la de los cambios que suponen en el ámbito de compras o finanzas la “contratación agile“.

Pero, desde la analogía “agile” y “responsive” que antes les proponía… se queda corto. Una empresa “no-TIC” ve el desafío de agilidad desde lugares de prioridad que para las empresas TIC son más secundarios. Para las “no-TIC”, la integración de proveedores en la cadena de valor y singularmente en la mejora e innovación de procesos, es un elemento de agilidad muy poderoso… incluso (permítanme la provocación) si se realiza desde planteamientos waterflow o clásicos de gestión de proyectos. Lo mismo podríamos decir de los procesos de innovación abierta, de inteligencia competitiva o de otros aspectos relevantes de la gestión empresarial.

En el III Congreso BAC, solo la ponencia de Siemens-Gamesa pertenecía a esa categoría de “no-TIC”. Trataba sobre una iniciativa de “open innovation”… y parecía un marciano verde en un campo de amapolas (perdóname, Mónica 🙄 ). Casi que hubiera sido necesario explicar por qué había una ponencia así en ese congreso…

Y sin embargo… son asuntos que aportan una innegable agilidad a la organización.

Dentro de nuestro equipo, Yuri Noda ha construido recientemente aportaciones interesantes desde este punto de vista. No incluiré aquí los mapas mentales que ha elaborado (son intelectualmente suyos… 😉 ) pero sí me voy a tomar la licencia de citar algunos de los conceptos clave que incorpora, como (además de los tres anteriores), el trabajo con startups, el marketing o el aprendizaje desde la idea de agilidad, los modelos de gobernanza, la automatización sobre tecnologías “no-TIC”, el trabajo en redes, las relaciones de transparencia y confianza

Nuestros esquemas mentales son siempre un limitante, ya lo ven… Incluso para quienes van por delante. 😉

Queda camino por recorrer… y eso siempre está bien. 🙂

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Reflexiones: el talento necesario que la industria hoy no tiene (aunque no se sepa cuándo lo necesitará)

Hace unos días, en el marco de un proyecto que en mi empresa se está desarrollando sobre la atracción de talento, los consultores de People Matters que lo apoyan me pidieron que reflexionara sobre qué perfiles podía intuir, hoy no existentes, que podía necesitar una empresa industrial como la nuestra en el futuro.

Ya sé que de cosas parecidas está la red llena y que probablemente, lo que aparecerá a continuación pertenecerá a estas alturas a lugares comunes para muchos, pero ya que hice el esfuerzo de sintetizar mi punto de vista, me he decidido a compartirlo, eliminando las particularidades de mi texto original y añadiendo un par de matices aclaratorios.

———

Con carácter general, es indudable que STEM lo dominará todo, pero claro, se trata de concretar competencias específicas y centrarse en las que hoy no existen o no son especialmente frecuentes en la industria, así que vamos a ello.

Parte de las competencias necesarias no deberían ser muy extrañas a los perfiles tradicionales de técnicos e ingenieros de cualquier empresa industrial… aunque quizá deban de aprender algunas de esas competencias técnicas que les resulten más novedosas… o nuevas formas de utilizarlas.

En principio y a nivel exclusivamente técnico, en lo que a procesos fabriles inteligentes y conectados se refiere, siempre hay un primer paso que es la automatización de los mismos… y un segundo que es la integración automática de la información (sistemas MES), que es la base de la fabricación avanzada o industria 4.0.

De automatización se supone que la industria (y singularmente la vasca, que me resulta más cercana) sabe ya mucho, o puede resolverlo con una amplia red de proveedores muy cualificados. La integración automática de información es ya otro cantar, pues no se trata de un mero proyecto de automatización de la gestión de la información, sino de saber qué es lo que se quiere hacer con ella, qué objetivos o retos estratégicos se quieren alcanzar:

  • ¿cero defectos?
  • ¿eliminación de operaciones?
  • ¿supresión de la realización de muestras?
  • ¿reducción de las pérdidas internas?

Cada uno de esos objetivos requeriría de tecnologías diferentes… y de competencias diferentes.

Si elevamos un poco la mirada, desde el proceso puramente fabril ascendemos hasta considerar la fábrica entera. Y elevándola más, desde la fábrica subimos hasta la empresa, conectada al mercado. En realidad caben tres niveles:

  • La línea de producción, con máquinas que “conversan” entre ellas y deciden qué es lo mejor para el producto y el proceso.
  • La fábrica, compuesta de líneas de producción que forman un sistema conectado que consume recursos y genera valor añadido.
  • La empresa, que abarca la cadena de valor completa y se inserta en el ecosistema que forma el mercado de venta y el de proveedores.

Estas tres capas configuran necesidades en torno al talento también muy diferentes, pero con algunos rasgos comunes cuyo acento se pone en lugares diferentes en función de los objetivos buscados. En cuando a competencias técnicas, aparecerán necesidades aún no cubiertas o insuficientemente cubiertas en la actualidad:

  • Científicos de datos: personas especializadas en el tratamiento de datos, en entender o aflorar relaciones no lineales de causa-efecto, en encontrar patrones de comportamiento sobre los que diseñar algoritmos de decisión. Un científico de datos podría ser una persona perteneciente a lo que hoy se puede denominar metodista, técnico de línea o ingeniero de procesos.
  • Gestores de datos: en trabajo conjunto con los anteriores, personas especializadas en entender el valor de cada algoritmo de decisión y su encaje en los objetivos estratégicos de planta o empresa, en entender y diseñar la interconexión entre los sistemas línea-fábrica-empresa y de esta última con clientes y rendimiento de calidad de productos en el mercado, por un lado, y con proveedores y suministradores de materiales por otro. Un gestor de datos podría encontrarse en las direcciones de una minifábrica o una planta de dirección, o incluso en un área comercial o de devops.
  • Expertos en sensórica y programación de automatismos, que permitan mejorar continuamente la calidad e idoneidad de la información capturada. Estos expertos deberían encontrarse, a distintos niveles, en personas que van desde las ingenierías de métodos hasta los operadores más directos de la producción.
  • Expertos en simulación, que manejen tanto el diseño preliminar de nuevas líneas o incluso plantas de producción y que sean capaces de transformar los resultados en especificaciones de diseño, o testar las capacidades de un nuevo equipo o de una modificación física del proceso (equipos principales, auxiliares o incluso parámetros de regulación) a modo de “hardware in the loop”.
  • Expertos en infraestructuras de comunicaciones, que optimicen el almacenamiento y tráfico de información y que securicen el sistema, incluyendo redes y plataformas extensas de aplicaciones móviles.

Estas competencias técnicas deberán estar presentes en muchos ámbitos de la gestión, porque afectarán a áreas tales como:

  • La gestión del consumo de energía y la de la propia compra de energía, que se derivará de la monitorización en tiempo real de los consumos y la simulación de los mismos con las herramientas de planificación de la producción.
  • El diseño ergonómico de los puestos de trabajo que mantengan la necesidad de presencia humana, desde la fase inicial de simulación (fábrica virtual) y teniendo en cuenta la futura existencia de entornos de trabajo dotados de robótica colaborativa o de logística automatizada y autónoma.
  • La implantación de modelos de predicción del comportamiento, en muchos ámbitos (consumos, stocks…) pero singularmente en el ámbito del mantenimiento predictivo.
  • El control y gestión de los embalajes.
  • El diseño de productos y procesos, pues deberán tener en cuenta la sensorización de equipos, la identificación unitaria de productos que permitan su trazabilidad en todo su ciclo de vida, la recopilación de los parámetros de rendimiento interno y de calidad externa del producto… y la integración de toda esa información, cerrando el ciclo, en los propios estándares de diseño de productos y procesos, de forma que realimenten su optimización continua.
  • El flujo de mantenimiento y revisión continua de estándares, de producción y de gestión, que se actualizarán en tiempo real en función de los rendimientos y de workflows de aprobaciones, si fuera el caso, ágiles e igualmente desencadenados en tiempo real.
  • La homologación de procesos y productos, incluidos los procesos de homologación por el cliente.
  • La formación de acogida y el adiestramiento de nuevas incorporaciones.
  • El control y aseguramiento del reciclaje o reutilización de los productos y materiales auxiliares fuera de uso.
  • Etc.

Al margen de las competencias más “técnicas”, creo que aflorará una creciente necesidad de competencias más soft, ligadas al concepto de servitización de la actividad, que se irá convirtiendo cada vez más en un factor de diferenciación competitiva. Estas competencias, muchas hoy ya de absoluta actualidad, pero no todas en la industria, podrían ser:

  • Pensamiento de diseño (“design thinking”) como forma de aproximarse al diseño de servicios o a la innovación.
  • Relacionado con lo anterior, metodologías “user / customer experience” (UX / CX) para trabajar los procesos de diseño de experiencias en los “touchpoints” con el mercado (tanto del producto como de los procesos de gestión como ofertas, planificación o asistencia post venta, además de la gestión de la reputación corporativa), con los proveedores (vigilancia competitiva e integración en la cadena de valor), o incluso internamente (diseño de la relación hombre-máquina, comunicación interna, o satisfacción, implicación y desarrollo de personas).
  • Metodologías ágiles para la gestión, desde procesos de integración de la cadena de valor, hasta SCRUM para la gestión de proyectos o la integración de la observación competitiva en las decisiones (“responsive organization”).
  • Mentalidad “lean”, en todos los ámbitos, desde los más tradicionales de gestión de la producción y de la fábrica, hasta los conceptos de “lean startup” para el despliegue de proyectos estratégicos de diversificación o innovación.
  • Pensamiento creativo, la capacidad humana más difícil de ser sustituida por un robot y el verdadero potencial de diferenciación y competitividad de las organizaciones.
  • Trabajo en red, como símbolo del concepto de empresa abierta y conectada, desde numerosas perspectivas: aprendizaje continuo individual, trabajo colaborativo, “open innovation”, incorporación de “startups” y de profesionales “freelance” en proyectos estratégicos y operativos…
  • Pensamiento sistémico, que se hará imprescindible en cualquier ámbito: diseñando algoritmos de inteligencia artificial para las líneas de producción, manejando información para el gobierno de la fábrica, integrando cadena de valor, identificando valor apreciado por el mercado en procesos de innovación, diseñando servicios, productos o procesos, definiendo orientaciones estratégicas…
  • Actitud emprendedora, al menos para una parte significativa de las personas, que entenderán que su función no es administrar o gestionar recursos, sino crear valor
  • Pensamiento de negocio, lo que significa que el retorno de valor para la compañía debe estar permanentemente presente en cada paso que se da, en los proyectos de innovación, en los procesos de comunicación, en el marketing estratégico, en la resolución de problemas…

Creo que todo lo anterior responde a lo que entiendo serán muchas empresas industriales en el futuro, incluyendo como es lógico competidores y clientes. No sé, por el contrario, cuánto de lejos o de cerca estará ese futuro ni si habrá un lugar para quienes se nieguen a que sea el suyo. Pero para que una empresa cualquiera se aproxime a él, hay algunas barreras que romper en el camino intermedio, barreras que son importantes porque tienen fundamentos para existir e incluso razones para no ser removidas o cambiadas:

  • En las empresas industriales, la cultura organizativa suele estar fuertemente anclada a las “tareas asociadas al puesto” y al rigor en el cumplimiento de esas tareas, que es un esquema de funcionamiento demasiado rígido para la innovación abierta, la prestación de servicios avanzados y la creación continua de nuevo valor… pero hay que reconocer que muy necesario y productivo para la explotación eficiente de los recursos hoy disponibles.
  • Una parte relevante del talento que llega, busca “proyecto”, “reto”, “creación de valor” como esencia de su desarrollo profesional. Chocará con mecanismos de control del trabajo que hoy son el corazón del funcionamiento interno y del equilibrio social… y con la esencia de la mayoría del trabajo que hoy se desarrolla en la industria. De hecho, cuando esporádicamente a personas internas se les ofrece un proyecto para recorrer ese camino de creación de valor y ese proyecto agota su vida, suelen aparecer serias dificultades para encontrar huecos que les permitan continuar por el mismo camino, lo que concluye (con demasiada frecuencia últimamente) en la fuga de ese tipo de talento.
  • En definitiva, las necesidades más acuciantes de hoy no son las anteriores, sino otra mucho más básica: encontrar gente con ingenierías técnicas o CFGS para cubrir las necesidades de trabajo. De hecho, casi ninguna de las competencias anteriormente descritas (todas, aunque especialmente las técnicas) es vista como necesaria para el día a día de hoy… y si se incorporaran personas con ese perfil no tendrían fácil encaje.
  • Los conceptos de empresa ágil, responsive o emprendedora chocan también con una cultura asentada en el tiempo, que no gestiona bien los entornos de fuerte incertidumbre o los procesos de valor ligados a intangibles.
  • Y para finalizar, tampoco se acaba de saber muy bien cómo gestionar los entornos de movilidad e interculturalidad que son inherentes al tipo de empresa que viene.

¿Qué opinan? ¿Algo que echen a faltar?

¿Creen que estamos aún a años luz de necesitar todo esto? ¿Discrepan de los problemas que adelanto? O simplemente… ¿tienen otra visión del futuro?

Reflexiones: la cara “B” de los modelos para la gestión

Un modelo solo sirve para quien no sabe. Y no siempre le sirve para algo que sea útil.

Hala… hoy toca provocar.

Intentaré ser breve y conciso, para variar… aunque sea tirando de viejos recursos “ingenieriles”, llenando el texto de apartados con viñetas para “distinciones precisas y clave”… 😉 😛

30 años de idas y venidas alrededor de la gestión empresarial me han dado para construir varios modelos de muy diversos pelajes, descubrir alguno desconocido, aprender de otros ya experimentados y, finalmente, asistir a varios solemnes funerales… fruto de defunciones por muerte natural o violenta, que de todo ha habido.

Se supone que un modelo de gestión (de gestión-de-lo-que-sea) es algo que uno debería configurar desde las experiencias vividas, desde el conocimiento de la cultura en que se trata de desarrollar y desde el aprendizaje de lo que otros hubieran ya experimentado antes, pero SOBRE TODO, se supone que es algo debería plantearse como una reflexión previa a su despliegue, como un mapa de carreteras que ayudara a la organización a recorrer un proceloso camino desconocido para ella, o como mínimo para ordenar las cosas que debiera llevar en la maleta.

Se supone… y no lo voy a discutir. Pero el tiempo me ha enseñado también otras cosas:

  • A veces, definir un modelo es una forma de autoengaño: pensar que “EL problema” es “que no tenemos un modelo” es en numerosas ocasiones un error, pues el verdadero problema es que la organización no desea realmente enfrentarse a ese asunto en cuestión, o no hay suficiente poder o liderazgo interno para ello, o no hay una visión realmente compartida sobre la necesidad de abordarlo. Pero claro, el simple hecho de ponernos a definir “el modelo”:
    • nos tranquiliza (“ya hemos empezado, se calmen todos, ya estamos en ello”).
    • nos ilusiona (“esta vez sí que lo vamos a hacer bien”).
    • nos da la sensación de que avanzamos (definir el modelo es la fase que siempre se consigue acabar).
  • A veces, el encargo a terceras partes (aka consultores) de construir un modelo, encubre una falta de confianza: alguien que no tiene ni idea del tema te encarga que lo contrates… entre otras cosas porque, además de desear que se avance en ese terreno (vamos a reconocerle honestidad), no cree que tú tampoco la tengas (idea del tema, me refiero). [Tú que vas a saber, claro, si aquí nunca lo hemos hecho… y además, si no sé yo, por qué vas a saber tú…]
  • A veces, definimos un modelo que responde a lo que ya estábamos haciendo. Digo “a veces”… pero igual tendría que decir “muchas veces”. En especial, cuando tratamos de poner en marcha una disciplina de gestión que no es tradicional, que debe ser definida de manera específica, o que responde a una necesidad nueva y sin demasiados referentes externos (en temas tan diversos como diversificación, política industrial, gestión estratégica o transformación social, por poner algunos ejemplos):
    • primero recorremos un camino y aprendemos a base de observar los resultados que vamos consiguiendo,
    • y es luego… cuando resulta que un buen día, mirando hacia atrás, descubrimos que lo que hacemos se puede describir y contar como “un modelo”, que todo cobra sentido y que “los puntos se conectan“. 🙂

Luego está la semántica… y la nomenclatura de gestión que nos inunda cada día. Echen un vistazo a este cuadro que he completado sobre la marcha:

No voy a explicarles por qué deberíamos hablar de un “sistema de gestión de compras” y no de un “proceso de gestionar las compras”, ni por qué de un “modelo de promoción” y no de un “proceso de promoción”, ni por qué de un “sistema de innovación” y no de un “modelo de innovación”: estaría lleno de matices y no es el momento ni el caso. Pero sigan las instrucciones, por favor:

  1. Elijan del cuadro anterior una columna cualquiera.
  2. Elijan a continuación una fila cualquiera.
  3. Lean el encabezado de la primera seguido del título de la segunda… y díganme si no tiene sentido.
  4. Repitan el ejercicio “n” veces.
  5. Sustituyan los puntos suspensivos de la última fila por cualquier ámbito de gestión que se les ocurra y prueben de nuevo tantas veces como deseen. 😉 😛

¿Han conseguido distinguir las frases? ¿Les ha generado esto algún nivel de confusión mental?

Con el caos hemos topado (jejeje…) —> terreno de consultores ávidos de ayudarles, deseosos de aclararles las ideas:

  • para que las entiendan y las pongan en orden en sus casas “con sencillez”. 😎 😡
  • para que piensen que con el proyecto de definición del modelo ya han hecho lo que debían y asuman que, “como es tan bueno y está tan bien hecho”, cuando se lo encarguen a alguien, al fin y al cabo “solo se trata de desplegarlo”. 😥 😡
  • para que puedan dedicarse personalmente a definir nuevos modelos y a poner más orden en sus casas, “que falta hace”. 🙄 😡

Con demasiada y creciente frecuencia, los proyectos de consultoría se plantean últimamente con una primera fase que consiste en “definir el modelo”. Incluso cuando ya hay un modelo establecido, que igual alguien piensa que “no es bueno” o que peca de haber sido definido por compañeros “no expertos”, pero que en realidad podría funcionar muy bien…

  • si el liderazgo de la implantación fuera el que debería ser,
  • si la persistencia y la paciencia organizativas en el asentamiento del cambio fueran las necesarias,
  • si el ejemplo de los que ejercen el papel de liderazgo mostrara la urgencia e importancia precisas al resto de la organización…

Sin cuestionar el trabajo de consultoría, que valoro muchas veces como necesario y que uso con frecuencia, conviene no olvidar que:

  • Un modelo de gestión de cualquier cosa, sea la que sea, nunca es LA clave para conseguir un objetivo o introducir un cambio. No digo que no haga falta, ni que no sea útil… pero si piensan que es la clave de todo o simplemente la clave principal, es que aún no han experimentado lo suficiente.
  • “La cultura se come a la estrategia para desayunar”. La frase de Drucker aplica muy bien aquí: es infinitamente más efectivo (a pesar de que parezca que todo se alarga en el tiempo), aprender de la observación y la experimentación para después, solo después, definir el modelo propio.
  • El clamor por disponer de un gran modelo respaldado por “expertos”, o la crítica destructiva de uno ya existente, esconden muchas veces una atroz falta de visión o confianza.

Bueno… no caigamos en el tremendismo tampoco… Construir un modelo siempre aporta “grandes beneficios”:

  • Recuerden: tranquiliza, ilusiona y da sensación de que avanzamos… 😉 😀
  • Permite a las empresas de consultoría facturar algo más, paquetizar su oferta… y entregar al menos una parte de lo contratado con la seguridad de que:
    • se hará,
    • se hará bien,
    • y se hará en plazo. 😉 😉

Termino diciendo que los modelos de los que más orgulloso me siento de entre los que he creado, han sido los definidos mirando hacia atrás: “conectando los puntos”.

Cuando explican el orden que ha emergido como forma de ordenar el caos.

Porque, que conste, yo soy muy de hacer modelos… 😀 😀

Año.9: balance y resumen

Desde el rol de escribidor, el número 9 me lleva a esas 9 musas, nacidas en 9 noches de amor, que a veces se entretienen bailando con Apolo y dejan de iluminar la inspiración necesaria para escribir.

Y es que 9 años hace ahora esta bitácora, con frecuencia abandonada al baile de esas musas.

Suma uno más los escritos al registro del año anterior, para cerrar con el 15 el número de artículos publicados en estos últimos 12 meses, quizá los de menor contenido profesional de la pequeña historia del blog (ya decía hace un año que se avecinaba un 2017 de crisis en el terreno profesional… y se nota) y casi con seguridad los de mayor contenido en imágenes.

En sentido radicalmente contrario a anteriores balances anuales, esta vez casi todo lo he escrito como respuesta a lo que me ha ido sucediendo. Dos ciudades (Barcelona… y sobre todo Bilbao) dibujan un escenario yin y yang para este año, en el que también una palabra lo ha llenado todo y exige ser nombrada por derecho propio: arte. Esta es la lista:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con otras 1.500 nuevas visitas (ya son más de 15.000 acumuladas). Ninguno de los del año se sitúa en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses, aunque un par de ellos, la noche en blanco en El Prat y la hibridación entre SCRUM y 5M sí aparecen entre los 20 primeros.

Eso sí, definitivamente… esto de las estadísticas de WordPress no hay por dónde agarrarlo, así que lo seguiré como a una tradición y no como a una referencia de lo que realmente sucede. Ya hace un año, en el paralelo ejercicio de balance, apunté mi extrañeza sobre las discrepancias notables observadas en la contabilización de visitas al artículo sobre Solana, entre LinkedIn y WordPress (818 frente a 134, en aquel momento).

Hace 3 meses confirmaba esa misma contradicción en el artículo sobre los números del blog, en el que me maliciaba de que este asuntillo solo podría estar pasándonos a los “pobres” de WordPress.com frente a los “profesionales” del .org.

Y en esta ocasión me reafirmo en ello. Vean en el siguiente cuadro la comparación entre las supuestas visitas totales registradas por WordPress en los últimos 8 artículos y las registradas solo por LinkedIn en sus páginas:

Añado más. Para una última comprobación, hace tan solo unos días volví a publicar en LinkedIn (y solo ahí) un enlace al artículo que sobre SCRUM y 5M escribí hace 10 meses. Pues bien, esto es lo que observé:

  • WordPress: 35 visitas (34 en sitio + 1 distribuida).
  • LinkedIn: 745 visualizaciones (con 4 recomendaciones).

No tengo más que decir.

La suma-resta de suscripciones controladas sigue subiendo ligeramente, hasta las 133, aunque lo más satisfactorio ha sido la aparición de algunos “brotes verdes” que han reverdecido los comentarios, casi un recuerdo de tiempos pasados que sigue resultando para mí lo más valioso y gratificante del blog.

Termino con los ya sospechosos y oscuros números de costumbre y con un agradecimiento enorme a quienes, amables lectores, continúan pasando por estas páginas… sean los que sean. 😉

Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀

¿Números de blog?

Solo habían transcurrido tres meses de la vida de esta bitácora cuando escribí el artículo “Números de blog” para celebrar las 1.000 primeras páginas vistas.

Desde entonces, cada año he ido haciendo balance de cómo me va en esta historia, incluyendo los datos de visitas y la evolución del grado de atención que esta modesta casa despierta en su apreciada comunidad… aunque en varias ocasiones advirtiendo de las dudas que las “estadísticas” de WordPress me ofrecían en cuanto a fiabilidad de los datos.

Hoy ya no me cabe ninguna duda.

Desde la última gran renovación de LinkedIn, esta red profesional contabiliza las visualizaciones que dentro de ella se realizan a las publicaciones que uno hace allí. Como tengo ligada la publicación de artículos del blog desde el propio WordPress a mi perfil en LinkedIn, dispongo de una contabilización específica del tráfico que llega a mi bitácora exclusivamente en ese origen… hecha por ese origen.

El pasado viernes día 10 hice un balance de vistas en ambas fuentes de datos, desde la fecha de publicación de cada uno de los últimos 5 artículos, hasta dicha fecha… y el resultado fue el siguiente:

Como ven, LinkedIn registra 775 páginas vistas desde su propia plataforma (de la que no tengo por qué desconfiar, porque me he ido fijando en cómo iba creciendo cada una día a día hasta estancarse, en este periodo de control), algo imposible si WordPress me dice que sólo se han visualizado 111 en el conjunto de todas las fuentes de acceso en el mismo periodo.

Fuentes que para mí son:

  • Facebook (en mi caso desde luego con un tráfico nada desdeñable),
  • Twitter (que ha ido disminuyendo, pero que aún me sostiene una cierta actividad de enlace),
  • otras redes como Viadeo o Xing donde también publico (admito que en estos casos, cantidades despreciables),
  • Whatsapp (sí, también aquí… y en este caso, por ejemplo, he podido verificar que solo entre los días 12 y 13 hubo casi 100 páginas vistas de la serie “Arte y Bilbao” por este canal),
  • búsquedas de términos o imágenes (siempre hay una cantidad modesta, pero continua, de visitas a través de los motores de búsqueda como Google),
  • feeds sindicados (los Feedly de rigor, que “haberlos hailos”),
  • suscripciones al blog (a través de WordPress, por correo electrónico o por Networked Blogs).

Así que… no solo LinkedIn me muestra que debería multiplicar por 7 los registros de las estadísticas de WordPress, sino que, en función de las otras fuentes de visitas que no puedo controlar, ¿por cuánto tendría que multiplicarlos? ¿Por 10? ¿Por 15? ¿Por…?

Ya… ya sé que los pobres de WordPress.com no tenemos derecho a quejarnos, que todo es gratis y que se trata de un asuntillo amateur… que si uno quiere conectar su blog a Google Analytics u otros servicios, “hay que profesionalizarse” y pasar a WordPress.org…

Bueno, pues no.

Cuando a uno le ofrecen estadísticas desde quien es el indiscutible número 1 del mundo en su campo, espera fiabilidad.

Y si no, que las quiten.

¿No crees, WordPress.com?