Autor: jesusfdezblog

He definido ya demasiados perfiles en demasiados sitios... ¿soy demasiados yo? Suelo decir que soy ingeniero, pero que hace tiempo que dejé de ser un técnico. Nacido en el 61, vivo en Bilbao con mi mujer y nuestros dos hijos. Cada vez me gusta más la red y las emociones: las dos me parecen muy humanas. He descubierto que el poder que cada uno puede desarrollar consiste en modificar el pasado que tendremos mañana mismo... construyendo futuro ahora. Soy socio de una empresa cooperativa. Me gusta trabajar con libertad y sigo aprendiendo a disfrutar de hacerlo en cooperación.

Reflexiones: el famoso “propósito”

Empresas con propósito. Una expresión que no dudo habrán escuchado o incluso utilizado más de una vez (más bien muchas veces) a lo largo al menos de los últimos 6 u 8 años.

Las existencia de una empresa siempre ha tenido un propósito al margen del económico (o al menos, la de la que se crea desde la iniciativa de un empresario con ojos y cara), pero antes de ahondar en ello, déjenme traer aquí un recuerdo de la vieja asignatura de Administración de Empresas en la Escuela de Ingenieros de Bilbao: hace ya creo que la friolera de 36 años, aquél a quien reconocíamos como John Wayne metía en mis meninges, por primera vez, la idea de la “función social de la empresa”.

La noción de empresa era entonces para mí un constructo en el más estricto sentido del término, etéreo y además intrascendente para el momento en el que estaba. De hecho, el principal aprendizaje que reconozco de mi primera etapa laboral remunerada es precisamente el de empezar a entender lo que era y cómo funcionaba una empresa.

Para mí, en aquel momento no pasaba de ser el lugar en el que tiempo de trabajo y remuneración económica se intercambiaban según sus particulares reglas de mercado. Algo que como mucho pertenecía al futuro de mis preocupaciones.

Por eso, entender su “función social” de creación y distribución de la riqueza, de ser vehículo de generación de empleo y herramienta de desarrollo personal, la razón en definitiva por la que merecía ser una institución socialmente protegida, fue un auténtico fogonazo de lucidez.

O sea… que incluso en el caso de que el propósito de crear una empresa fuera fundamental e incluso únicamente el de “forrarse” con ello… resulta que ejercería una función respetable, lo deseara o no su propietario…

Pues interesante, ¿no?

Mi recorrido profesional me llevó después por otros vericuetos camino de las cooperativas, entidades en que el propósito está integrado en su propia razón de existir… pero sin llegar a este punto, hay un par de historias que creo interesante compartir.

La primera tiene que ver con una empresa fundada en 1957 por un ingeniero catalán que por avatares de la vida, llegó a Bilbao con un contrato que le ocupaba en la coordinación de las actividades de construcción de una nueva planta de producción industrial. Ese mismo año fundó su propia empresa, con el objetivo de funcionar como un servicio empresarial encargado de ese tipo de menesteres.

Conocí esta historia en 1995, solo unos meses después de que se produjera el fallecimiento del fundador, en una colaboración circunstancial con la organización que había creado y a través de una conversación con su responsable de recursos humanos.

1957 era un año complicado para muchas cosas. Franco estaba en el apogeo de su poder, Seat fabricaba su primer 600, el racionamiento de la posguerra hacía poco que había acabado, las empresas estaban fuertemente jerarquizadas y burocratizadas, el trabajo se basaba en el control y la iniciativa era para cualquier trabajador un concepto desconocido, el mercado era de oferta, el cliente no era de gran importancia (“vuelva usted mañana”) y el conocimiento, un patrimonio personal protegido (“lo que he aprendido en 20 años no te lo voy a contar a ti en dos semanas”).

Frente a ello, la empresa de nuestro hombre tenía diferencias muy notables, la primera de las cuales fue nacer con el propósito de mostrar que era posible generar con éxito actividad económica desde la asociación de profesionales libres e independientes, como características derivadas simplemente de la dignidad humana.

Así, en su empresa, la propiedad empezó pronto a estar repartida, nunca hubo relojes de fichar, se preservó a toda costa la independencia comercial (rechazando activamente maniobras y componendas para la obtención de negocio) y se impulsó un funcionamiento interno abierto y colaborativo donde casi no existían niveles jerárquicos.

Para él, la empresa no era sino un simple vehículo para que las personas pudieran desarrollar su capacidad de trabajo y desarrollarse humana y profesionalmente, un espacio en que la comunicación y la transmisión de conocimiento debían ser fluidas y continuas (con mayor responsabilidad para los más veteranos y aunque solo fuera por la condición de socios de todos ellos), un lugar donde el cliente es la razón de ser de cualquier profesional y la confianza la base en la que se sustenta todo.

Hoy es una ingeniería de prestigio que, extendida desde su su centro a orillas del Nervión, desarrolla grandes proyectos en todo el mundo. Todavía hoy sostiene un modelo de funcionamiento interno ligado a los principios y propósito fundacionales, al que no todos los que lo intentan se consiguen adaptar.

La segunda habla de una pequeña empresa canadiense con la que tuvimos relación hace unos años. Al norte de Montreal y cerca de Quebec capital, fue fundada dos años después que la anterior y creció como empresa familiar a lo largo de casi toda su historia. Era una calderería de nivel, especializada en la fabricación de equipamiento para el sector minero.

La crisis del asbesto paralizó sin futuro enormes explotaciones mineras a cielo abierto y colocó al borde de la desaparición a nuestra empresa a finales de los 80. De haber ocupado a más de 100 trabajadores llegó a contar solo con 5, pero desde el firme propósito de sobrevivir, aprovechó la crisis industrial para reinventarse, adquirir tecnología y volver a crecer. Fueron momentos en que el propietario pudo vender o cerrar, pero en un momento de destrucción de empleo y emigración hacia el gran-atractor-local (Montreal), su propósito fue siempre sostener la posibilidad de seguir creando valor en su entorno y retener todo el talento posible a través de una actividad económica que evitara la transformación de la región en un desierto social.

Hoy ha vuelto a crecer hasta ocupar a casi 400 personas, ha accedido a mercados internacionales, ha adquirido tres empresas como vía de crecimiento y diversificación y es un puntal de desarrollo y crecimiento profesional relevante en su territorio natural.

Hace solo 7 años se retiraba de toda actividad su dueño (venta de acciones incluida), tras más de 53 años presidiendo ejecutiva u honoríficamente la compañía. Alguien a quien, con 83 años y ya sin responsabilidades ejecutivas, pude ver yendo cada mañana a su despacho.

Muchos habrán reconocido a Idom en la primera de las historias y a Rafael Escolá como su fundador (pueden encontrar más detalles en este artículo) y les completo la información con los nombres de Les Industries Fournier y Renaud Fournier como protagonistas de la segunda.

¿Dirían que son empresas con propósito? ¿Tiene propósitos una empresa?

Mis queridos lectores… pues no; las empresas no tienen propósitos, de la misma forma que no tienen valores.

Son las personas las que tienen un propósito por el cuál crean una empresa, o por el que la mantienen funcionando. Hablo de quienes ostentan la propiedad de la misma… pero no afecta solo a ellos. Quienes trabajan allí tienen también un propósito por el que embarcarse en ese proyecto empresarial.

Ya sé que esto es una poco sutil trampa dialéctica y puede que me digan que no tiene ningún significado práctico… pero a mi modo de ver, sí lo tiene. Porque los propósitos están ligados a la voluntad de querer y por tanto solo pertenecen a las personas.

Eso significa que, como los valores, las empresas solo pueden declarar un propósito formal para su existencia… pero será la alineación o la disfunción con los comportamientos que se observen de quienes la dirijan o trabajen en ellas lo que las haga atractivas para vertebrar un proyecto vital… o candidatas a escapar pronto de ellas.

Mi mundo cooperativo responde a un esquema similar, aunque con consideraciones importantes, porque la propiedad es colectiva, indivisible e individualmente no enajenable… pero hay un propósito que se supone comparten las personas que se asocian a ellas: la voluntad de dejar un legado para las generaciones sucesivas y transformar la sociedad para ello a través del propio trabajo. Y ese, la transformación de la sociedad y de la propia persona a través del trabajo, también desde el respeto a la dignidad de la persona, se convierte así en el propósito formal de su existencia.

Pero qué casualidad… todo empezó con alguien apellidado Arizmendiarrieta, que llega a una comarca interior de Guipúzcoa, observa un desigual acceso a la educación que impide la igualdad de oportunidades, conecta con necesidades de desarrollo social y económico acuciantes, lleva en la médula el respeto a la dignidad de cada persona encarnada en el trabajo como fuerza transformadora, adopta una figura legal (la de las cooperativas de trabajo asociado) que encaja en lo que siente… y encuentra un grupo de gente que es capaz de moverlo todo por un propósito así.

De nuevo, los propósitos en las personas… y la organización (la empresa) como mero vehículo de conversión.

Este, como creo que coincidirán, es un propósito trascendente, porque no pertenece a nadie en particular, pero díganme si una persona no puede sentirse igual de bien por trabajar en una empresa con dueño cuyos valores y propósitos personales sean como las de los dos ejemplos anteriores.

Solo un apunte: ningún propósito egoísta atrae ni sujeta, como es lógico, a nadie.

Una obviedad… pero recuérdenlo.

La crisis de 2008 puso sobre el tapete la revalorización de la idea de “empresas con propósito”, un fenómeno muy ligado también a la llegada de los valores de las nuevas generaciones millenial y a la progresiva necesidad de la empresa de ser un polo de atracción del nuevo talento.

Sin embargo, estas generaciones han sido muy conscientes de la realidad escondida detrás de las grandes declaraciones de “marketing de empresa” y pronto, el “capitalismo emocional” que trataba de digerir el concepto como en general lo ha digerido e integrado todo, quedó desnudo como el rey del cuento a los ojos de aquellos a quienes les resultaba sencillo mirar hacia el interior, porque era la forma en que habían aprendido a hacerlo.

Al margen del tercer o del cuarto sector, donde el propósito es, como en las cooperativas aunque de forma muy distinta, consustancial al modelo de empresa, las declaraciones de propósito de cualquier otra empresa se vuelven transparentes en minutos y las que no pasan del marco en la pared tiene pocas posibilidades de que les sea de alguna utilidad.

Pero déjenme decirles que también entre las empresas de tercer y cuarto sector pueden esconderse propósitos no precisamente ligados a los declarados, o en paralelo con ellos. Y existen porque es lo que impulsó a sus promotores a poner en marcha la iniciativa, o porque nuevas inquietudes fueran surgiendo con el tiempo. Como en cualquier organización humana, no son las declaraciones sino los hechos los que conforman las realidades… y las organizaciones como tales, constructos jurídicos pero intangibles… no sienten, no padecen, no opinan… no deciden.

Por eso vuelvo al propósito de las personas que las crean y las sostienen, porque es la forma en que impregnen de verdad a “la organización”… y a quienes dejan que ella impregne parte de sus vidas.

La función social se seguirá prestando, incluso en las malas empresas. Pero el propósito… es otra cosa.

Que el trabajo, además de proporcionar retribución y de llenar el anhelo profesional, ofrezca a las personas la posibilidad de sentir que merece la pena hacerlo por un propósito más trascendente, que va más allá de la actividad de cada día, porque es lo que palpan en la forma en que actúan quienes conducen el barco, puede ser el factor que vehicule una nueva vertebración de la vida desde la empresa… aunque ya no volverá a ser de por vida, ni estará adscrita a una marca, ni será inquebrantable. Nunca más. Nunca como las empresas vertebraban la vida para muchas personas en el pasado.

Pero será (en caso de ser) más libre, más consciente… y muy volátil.

Ténganlo en cuenta…

 

Vibraciones: esto es un sinvivir…

Tiene más de 40 años.

La saqué de la funda hace ahora cerca de seis semanas, pensando que, sin duda, este confinamiento por el covid-19 iba a dejarme generosos huecos para recuperar esta vieja afición.

40 días más tarde, solo ha sonado en mis manos tres momentos… apenas 30 breves minutos en total. Puede uno pensar que es por haber perdido el callo en los dedos de la mano izquierda. Pero no, no es eso…

Vibraciones: oda liberal

La fotografía de cabecera está tomada hace algo más de un mes, en el tablón de anuncios de la Sociedad Bilbaina, tras una celebración familiar a la que fui invitado.

Hoy he decidido recuperarla para el blog al toparme con ella mientras clasificaba mis últimas fotos. Como verán, se trata de una serie de actos organizados para celebrar el 180 aniversario de la entidad. Pero fíjense, fíjense bien en a quiénes habían decidido invitar para ello solo en este mes de febrero pasado:

  • Ramón Tamames, licenciado en Económicas y Derecho por la UAM, con especializaciones en el Instituto de Estudios Políticos y la London School of Economics, catedrático de Estructura Económica y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. A sus 86 años y aunque con una clara evolución hacia el conservadurismo en lo económico, siempre fue un brillante intelectual de la izquierda política.
  • Juan José Padilla, torero singular, Premio Nacional de Tauromaquia, retirado definitivamente a los 46 años tras 25 de pisar los ruedos, con 1.400 corridas en su cuenta y 39 cornadas con serias secuelas. Leyenda viva y a veces polémica de un arte, fiesta, espectáculo o cultura cada vez más políticamente incorrecta en nuestro mundo de hoy.
  • Pedro Luis Uriarte, economista de Deusto, ya jubilado con 77 años, ha sido entre otras cosas consejero delegado y vicepresidente del Consejo de Administración del BBV, consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Vasco y primer Presidente de Innobasque. Nacionalista y uno de los más firmes y brillantes defensores el Concierto Económico vasco, tarea a la que presta gran dedicación.
  • Mario Vargas Llosa, escritor, político y periodista peruano, Premio Nobel de Literatura en 2010, a sus 84 años ha recibido los más prestigiosos reconocimientos literarios y es doctor honoris causa por numerosas universidades en todo el mundo. A pesar de sus simpatías por el comunismo en su juventud, hace ya 50 años derivó decididamente hacia la militancia en el liberalismo social, político y económico, llegando a ser candidato a la presidencia de Perú por el partido conservador. Antinacionalista, es activo combatiente contra todo signo de dictadura.
  • Javier Bardají, licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Comunicación Audiovisual por la UN, suma además numerosos másteres por ESADE e IESE. A sus 54 años y tras haber pasado por puestos directivos en Punto Radio, Vocento, Telecinco-Mediaset o El Mundo, es en la actualidad el director general de Atresmedia Televisión (Antena 3, La Sexta, Neox, Nova, Mega, Atreseries y Atresplayer).

Como ven (y salvo en cuestiones de género, lo que no es menor en este caso) de todos puede decirse que son profesionales de éxito, pero desde una gran diversidad, ¿no creen?: de edad (varias generaciones), de pensamiento político (izquierdas y derechas), de pensamiento identitario (nacionalistas y no nacionalistas), de alineamiento social (del anatema al mito), e incluso del tipo de éxito que representan (de lo popular a lo económico, pasando por lo académico).

Desde la razón, aunque a veces también desde la ignorancia y con frecuencia y en paralelo desde la simple envidia, a la Sociedad Bilbaina se la ha criticado con frecuencia sobre asuntos como su clasismo (como detalle tópico, aún es obligado llevar chaqueta, y salvo en verano corbata, cualquier día ordinario) o su machismo (hasta no hace demasiados años solo podían ser socios los hombres, teniendo incluso las mujeres restricciones de acceso).

Pero viendo esta fotografía en positivo, me ha apetecido hacer un canto a ese espíritu liberal que también ha sido una de sus señas de identidad. Muchos de los socios hacen y han hecho siempre gala de libertad de pensamiento, de capacidad de escucha y atención a las ideas bien argumentadas (independientemente de que sean o no coincidentes con las propias), de afán por conocer, por leer, por conversar, por debatir, por entender, desde el juicio crítico pero desde el respeto, el mundo visto por ojos ajenos.

Seguro que no es ese un perfil universal dentro de la Sociedad (como creación humana, entre sus miembros habrá de todo, ya lo sé), pero orgánicamente, como entidad… qué gozada ese disfrute intelectual y respetuosamente libre, ¿no creen?

Y cuánto lamento observar cómo lo vamos perdiendo como sociedad, habiendo estado tan cerca de ello…

A lo mejor… este post tampoco es políticamente correcto. 😉

Año.11: balance y resumen

El número 11 me trae siempre a la memoria una enorme casualidad que puedo prometer y prometo que es de verdad verdadera. Un 11 de noviembre de hace a lo mejor 40 años, se me ocurrió mirar a ver qué hora era en mi reloj, un Casio digital y de muñeca (infinitamente más antiguo que el de la imagen de cabecera)… para sorprenderme con la imagen visual desconcertante de una pantalla llena de “palitos” que pareció no moverse durante segundos… En efecto, marcaba las 11 horas, 11 minutos y 11 segundos de ese día 11-11.

He visto una imagen parecida otras dos veces en mi vida, pero es verdad que en estas ocasiones era muy consciente de que era el día en que se iba a producir y por tanto no puede hablarse estrictamente de casualidad en ello.

Se cumplen 11 años de este blog, que ha sumado en los últimos 12 meses 1 artículo cada mes, con la precisión de un reloj.

Al número 11 se le suele asociar espiritualidad y fortaleza: como número maestro, se asocia a la responsabilidad de qué hacer con los dones que se poseen… aunque a veces, también con castigarse por la sensación de no haber correspondido suficientemente a la misma.

Algo de esa mezcla de espiritualidad y fortaleza ha estado presente este año en inquietos. Muchas “vibraciones” fruto de sucesos desencadenantes y solo 4 “reflexiones”, tres de ellas sobre la compleja y necesaria relación entre las empresas consolidadas y las startups… más un añadido, con la marca 5.0, sobre la respuesta de Japón ante el modelo alemán “cuatrocerista”. Esta es la lista:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, un año más mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con miles de nuevas visitas. Me ha gustado ver que dos de los artículos nuevos, la introducción a la idea japonesa de “sociedad 5.0” y la reflexión sobre cómo se vive un cambio de etapa profesional se han situado en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses.

Solo los registros de LinkedIn suman 9.000 visitas a los artículos de este año, donde el total de WordPress dice apenas 1.200, así que como ya anuncié el año pasado si no cambiaban las cosas en las estadísticas de WordPress, no voy a volver a publicar los gráficos y tablas que he ido publicando año a año durante los 10 primeros de la bitácora…

La suma-resta de suscripciones controladas sigue subiendo ligeramente, hasta las 138 y en la conversación (que además se ha activado en distintas redes), el mayor número de comentarios ha surgido, casi como cabía esperar, en torno al cambio de etapa.

Hala… a por la docena. 🙂

Vibraciones: el trabajo va cambiando

Tanto anunciarlo… y va llegando a la vida “real”: les voy a citar en este artículo tres anécdotas que he vivido personalmente en relación al mercado de trabajo, solo en lo que llevamos de año.

Y lo haré sin comentarios ni valoraciones personales, aunque advirtiendo de que la literalidad del texto puede que no se compadezca fielmente con cada detalle (la memoria no da para tanto)… lo que por otra parte considero franca y absolutamente irrelevante.

Solo pasen… y juzguen.

  • Caso 1 – Empresa industrial vizcaína, dedicada al sector eléctrico. Proceso de selección de un nuevo ingeniero para el área técnica.

El primer candidato seleccionado (trabajando en la actualidad y con experiencia previa en trabajos homologables al ofertado en un par de empresas) renuncia finalmente a la propuesta de trabajo porque busca un entorno de desarrollo de proyectos con mayor autonomía de gestión y decisión, con estructuras ágiles y no tradicionales.

El segundo candidato al que se le ofrece el trabajo (un ingeniero joven con poca experiencia laboral pero buena proyección) declina finalmente aceptarlo porque aspira a un trabajo “más creativo”.

Contrataron al tercer intento. ¿??

  • Caso 2 – Empresa industrial con plantas en varios países. Comentario de un alto directivo con responsabilidad sobre una planta situada en México.

Tenemos problemas para contratar ingenieros que se han formado en USA.

Llegan esperando encontrar entornos móviles de trabajo, documentos consultables desde su tablet, monitorización de datos en tiempo real… y se encuentran con modelos lean, eso sí, pero con aplicaciones a medias, estándares en papel y registros a bolígrafo.

A nosotros, los de la industrial pero vieja Europa… ¡nos ven anticuados!

  • Caso 3 – Constructor de automoción con planta de montaje de vehículos en una capital española. Comentarios de antiguo directivo de RR.HH. sobre captación de talento en su empresa para el desarrollo de soluciones de fabricación avanzada (o industria 4.0).

Como todas las empresas, hemos definido y desplegado nuestra estrategia de fabricación avanzada, incluyendo analítica de datos e inteligencia artificial. Sin embargo, hemos tenido muchas dificultades para captar el talento necesario, a pesar de ser la empresa deseada, el referente de la ciudad y la región durante décadas.

Hemos tenido que abrazar un cambio muy importante en la forma en que gestionamos nuestros proyectos y en especial los relacionados con estos temas, porque ya no éramos atractivos. Los ingenieros especializados en ello ya no quieren trabajar en estructuras de trabajo tradicionales y, sencillamente, no conseguíamos contratarlos. En definitiva, estamos implantando con gran intensidad esquemas de trabajo ágiles con retos que aporten otro sentido a su trabajo.

¿Cómo lo ven?

¿Me cuentan alguna de las suyas?

Vibraciones: diferente Navidad

Diciembre ha sido siempre el mes en que uno de los artículos de este blog se relaciona con la Navidad. Es quizá el único periodo del año al que se reconoce universalmente un sentido (o al menos un barniz) espiritual, tanto si se mira desde lo religioso, para quien lo sea, como incluso desde lo profano, entendiendo como espiritual la llamada a la celebración familiar y social, el compromiso con buenos propósitos personales alineados con el cambio de año o incluso el intercambio de regalos como demostración de afectos, cariños y amores… al margen de exhibicionismos comerciales.

Voy a repetir que me gusta la Navidad. Nada es perfecto, pero para mí, queridos lectores, disfrutarla tiene mucho (pero mucho) más de bueno que de mirada negativa, a poco que uno lo desee… y ablandarse para aceptar el juego ñoño de villancicos y la sobrecarga de adornos que extendidos al año saturarían nuestra capacidad de percepción, es volver a la conciencia de que ser buena gente (al menos moderadamente) es posible, genera una íntima satisfacción… y merece la pena.

Aunque canse un poco… 😉

Este año me he dedicado a bucear por la red buscando formas diferentes de celebrar estas fechas, con la idea de compartir aquí las cuatro que me han resultado más atractivas, en la combinación de la palabra “diferente” con el espíritu tradicional de la Navidad.

A ver qué les parecen…

SER TURISTA EN TU PROPIA CIUDAD (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Esto es para planteárselo uno en serio, es decir, asumir que está en una ciudad que no es la propia y plantearse los días vacacionales como si fuera un viaje a una capital desconocida.

¿Qué harían si decidieran ir a pasar las navidades a Amsterdam, a Berlín o a Venecia? Imagino que la mayoría echarían un vistazo a lo que uno puede hacer allí antes de ir, ¿no? Pues lo mismo… pero “reservando” el alojamiento y desayuno en un “hotel” que es su propia casa, que sale mucho más barato. 🙂

Como si se tratara de un lejano viaje, deben empezar estudiándose previamente la ciudad en la red, hasta dar con rincones, monumentos o bares con encanto de los que no tenían ni idea, para después planificar qué lugares merece la pena visitar y diseñar las rutas de cada día, tras reservar entradas a museos imprescindibles a los que hace mil años que no han ido (si lo hicieron alguna vez), descubrir los restaurantes y locales más cool del momento donde comer, cenar o tomar una copa, consultar el programa de actividades navideñas que se hubiera organizado desde su ayuntamiento y elegir lo que les sorprenda, revisar la lista de mercados navideños tradicionales en cuyos puestos bucear al caer la tarde, elegir un horario de bus turístico si hubiera o apuntarse a un tour alternativo de esos que les aseguren que enseñarán cosas “que no salen en las guías turísticas” (o a esos tours nocturnos o temáticos que a veces se organizan, como los basados en escenarios de libros, series o películas), asistir a algún espectáculo programado para estas fiestas (musicales, teatro, conciertos…)… y hacerlo todo, además, con una cámara de fotos o el móvil en la mano, para almacenar cómo es su ciudad en Navidad y el recuerdo de haberla disfrutado como nunca.

Aviso: está prohibido volver a su “hotel” hasta la hora de dormir. Si sostener esta vida se les hace muy duro… programen solo 2 o 3 días… 🙂

COMPARTIR UNA CASA RURAL… Y UN ÁRBOL (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Del artículo que enlazo… “El calor de una chimenea, una cena en un paisaje memorable, un paseo por el campo, el placer de pasar unos días con esos amigos que nunca puedes ver durante el año… hay un montón de razones por las que escaparse en Navidad a una casa rural con los amigos” es una gran idea.

La verdad es que no es una propuesta que a mí me atraiga con este formato de cuadrilla de amigos, si se trata de pasar precisamente Nochebuena o Navidad, los días más familiares del año… pero eso va en el gusto de cada uno y la aceptación es creciente. Otra cosa es esos días intermedios que a veces quedan, para quienes los puedan disfrutar libres de compromisos… o la Nochevieja… 😉

A veces con un par de días basta, quizá con tres. Ponerse al día, recordar anécdotas, recuperar el olvidado rito del “amigo invisible”, llevar la vieja guitarra y cantar las canciones de toda la vida, desayunar juntos, discutir de madrugada sobre lo humano y lo divino con una buena y larga copa en la mano…

Voy a añadir un ingrediente especial, extraído de la misma fuente: ¿qué les parece incluir, como parte del programa de actividades, el llevar desde su lugar de origen (o adquirirlo en destino) el retoño de un árbol de verdad, decorarlo entre todos para esos días… y plantarlo en el monte antes de regresar?

Puede ser el tradicional abeto… o mejor un árbol característico de la zona. Exige un poco de planificación y algo de esfuerzo, pero también llena de sentido los preliminares… y deja además un recuerdo imborrable al que poder volver.

Déjenme ampliar la propuesta a hacer algo parecido, pero en familia. Algunos conocidos lo han hecho con sus personas mayores… y cuentan que la experiencia resulta para ellos y para todos excitante los días antes… y memorable más adelante.

¿Imaginan a esos niños volviendo 30 años después a ver el árbol que plantaron con sus padres o abuelos?

Siendo así, pasar la misma noche de Navidad de esta manera, sí me resulta francamente atractivo… 🙂

VIVIR LA NAVIDAD DE OTRO PAÍS (de lo visto aquí)

En familia

Quizá es la propuesta más rara de las cuatro, pero… me parece a mí que también puede ser francamente distinta e interesante. Se trata de elegir un país y tratar de celebrar el periodo navideño inspirándose en cómo lo celebran allí.

El comienzo es poner a toda la familia a investigar… ❓ 😎 😀

Hay que averiguar con antelación cómo decoran las casas, cuáles son los dulces navideños, las comidas típicas, las tradiciones más antiguas, los villancicos o canciones de Navidad, las celebraciones más especiales… y tratar de reproducirlas después en casa.

Nuevas recetas, adornos hechos a mano, nuevas tradiciones…

La cosa no debe acabar ahí: busquen películas en el cine hechas o relacionadas con el país o con su historia para verlas en familia (o en el Netflix o equivalente de su hogar), escuchen la música de sus músicos, averigüen si en su propia ciudad hay iniciativas o asociaciones de amistad con ese país y conozcan a su gente, visiten exposiciones de arte relacionadas o reserven mesa en restaurantes basados en su gastronomía

Hasta sería bonito que los regalos de Navidad tuvieran algo que ver, por remoto que fuera, con el país elegido.

En fin, la idea es disfrutar de sumergirse por unos días en una cultura diferente, procurando poner gusto, olfato, vista, oído y hasta tacto, en sensaciones de otro mundo. 🙂

SER, ADEMÁS, SOLIDARIO… PRACTICANDO VOLUNTARIADO (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Ya habrán caído en la cuenta de que ésta es una propuesta realmente diferente. Diferente a la que la mayoría de nosotros practicamos y a cualquiera de las tres anteriores. Pero no nos pongamos serios… quizá descubramos que es la mayor fuente de alegría y el mayor “chute” de energía positiva que podemos encontrar en Navidad.

Lo mejor de todo es que es compatible con cualquier otra forma de disfrutar el periodo navideño, porque siempre hay un día (al menos uno) en que lo podemos practicar.

Casi siempre pensamos en las navidades como fechas de encuentro, de compartir momentos y celebraciones con familiares o amigos… siempre con conocidos. ¿Por qué no reservar un tiempo, por breve que sea, para extender ese espíritu a desconocidos que tendrán difícil hacerlo así?

Las organizaciones de voluntariado también hacen un esfuerzo especial en estas fechas y eso significa más trabajo y más necesidad de apoyos.

Donar y empaquetar ropa, libros o juguetes (en buen estado) para un rastrillo solidario y colaborar en las labores de montaje o directamente en las de venta, implicarse en la recogida, clasificación y distribución de alimentos en las campañas del Banco de Alimentos, participar de la entrega de juguetes a niños (¿no les apetece hacer de Rey Mago? 😉 ) o de actividades de acompañamiento a ancianos en soledad, colaborar con los comedores sociales en las cenas más especiales (donde hacen falta más manos que nunca)…

Las opciones son muchas y diversas. Plantearse el hacerlo con amigos o en familia, además, aporta un ingrediente adicional que puede ser extraordinariamente gratificante.

Y por añadidura… igual es el comienzo de una gran amistad… 🙂

¿Se apuntan a alguna?

Vibraciones: cambio de etapa

Mi vida profesional bien puede dividirse en una concatenación de ciclos más o menos dispersos, en los que 6 años ha sido la duración dominante. Aparte de los 6 años de carrera, más o menos así fue la duración de mi etapa de fabricación en Tubos Reunidos… o ya en Fagor Ederlan, la del área de calidad de producto, la de dirección de organización y sistemas, o la de la primera fase realmente intensa de promoción de nuevos negocios e innovación.

Me dirán que no es nada extraordinario, que es quizá lo más común en la vida de muchos profesionales que deciden conducir sus carreras por el ámbito de la gestión y la estrategia empresarial… Lo sé, lo sé… no importa…

Me sirve tan solo de marco para contarles que éste es un momento consciente de estar en los albores de una nueva etapa (probablemente la última de mi carrera profesional), que contando el año en curso tendrá previsiblemente la misma duración.

Desde la perspectiva que da la edad, me resulta curioso pensar en los elementos catalizadores de los cambios de etapa y las distintas formas de abrazarlos.

En mi caso, como factor desencadenante ha funcionado de todo: cambios libremente decididos, forzados… y en los últimos años, dentro ya de mi empresa actual, simplemente aceptados después de recibir una propuesta: en las últimas cuatro ocasiones ha sido de esta forma.

Cuando la nueva responsabilidad, y en paralelo la nueva preocupación, llega a tu mesa a través de una “propuesta” de la organización (muchas veces un eufemismo de “decisión”), al menos en mi caso comienza un proceso mental que hoy me he permitido el capricho de descomponer… para comprobar que responde en realidad a todo un patrón de comportamiento:

  1. Escucha y aceptación: sabes que no hay elección, así que ni te lo planteas. Y lo sabes… porque además y en el fondo, aunque quizá no te habías dado cuenta, los 6 años que llevas en donde has estado necesitarían una nueva orientación o un nuevo impulso. Otra cosa es que tu cambio resulte finalmente positivo o negativo para ese asunto, o que ese impulso se dé o no en la dirección adecuada… pero ese es otro cantar. Esta fase dura poco; muchas veces, apenas unas horas. 😐
  2. Impotencia: “nonononono… aún no, por favor…”. Enseguida te haces consciente de que vas a dejar cosas empezadas, retos sin alcanzar… y no puedes evitar la sensación de que te falta aún algo de tiempo, de que parte de tu esfuerzo se va a perder, que muchas horas gastadas en impulsar cambios se quedarán a falta de los empujones definitivos… porque nadie lo hará después de ti. Lo sabes. Y también sabes que cosas que te ha costado construir… se derrumbarán en solo unas semanas. Porque quien te sustituya tendrá otra mirada, otras capacidades, otras prioridades, otros criterios… Lo sabes y punto.  😥
  3. Duelo: en paralelo al anterior. Vas a tener que abandonar ámbitos en los que te consideras altamente competente, títulos en los que proyectas una imagen pública en la que te ves bien, o áreas en las que te habría apetecido trabajar con pasión toda tu vida. La sensación, además, es que no volverán a ti. Si sientes apego por el entorno con el que convives… es algo parecido a desprenderte de tu hogar familiar de los últimos 30 años, antes de haberte instalado en el nuevo. Para más inri, lo que tú hacías lo hará otro… y en poco tiempo te explicará cómo son las cosas… Él, ella, a ti… 🙄
  4. Inquietud: sobre qué ambición real existirá sobre las nuevas misiones encargadas, sobre el dimensionamiento del equipo necesario, sobre dónde estarán tus iniciativas en el marco de poder y de prioridades de la organización… e incluso sobre qué significados encierran los desafíos planteados. Ocurre muy poco tiempo después de lo anterior… y va in crescendo. Depende cómo sea uno, incluso estresa. 😕
  5. Calma chicha: la vida se para a tu alrededor. Todo el mundo entiende que te tienes que situar, así que nadie te pide nada todavía y tú estás ahí, como esperando a que algún tipo de ectoplasma se materialice frente a tus ojos en forma de solución mágica, retos y prioridades, mapa de proyectos, recursos y estructura organizativa. En el fondo, sabes que no va a pasar, pero no te importa: es tu momento zen, tu derecho al nirvana… Tranquilo: como el duelo, hay que pasarlo, es imprescindible para limpiar la mente y prepararla para pensar otra vez. Disfruta del momento: durará menos de lo que creerás merecer… 😆
  6. Despertar: ocurre un día cualquiera, sin nada de especial. De repente, sientes la necesidad de coger una hoja y empezar a garabatear todo: esquemas, ideas, líneas de conexión que dan mil y una vueltas entre círculos, nubes, palabras subrayadas y tachones. Ya no tiene marcha atrás: estás comenzando a engancharte a lo que vas a construir, a dar forma a los primeros modelos mentales sobre los que edificarás tu razonamiento, a definir una lógica de cómo ver las nuevas cosas… y en sentido contrario, aunque no te des cuenta, al mismo tiempo a dibujar los que serán tus propios límites. 😮
  7. El momento creativo: vas a transformar el universo. Cada minuto que pasa tienes más claro qué necesita la organización, qué deberías hacer y cómo. Poco a poco aportas solidez a una visión estratégica de tu nuevo ámbito de responsabilidad y a un modelo organizativo y operativo que servirá para alcanzarla. Cuando terminas, te sientes como un dios: lo vas a conseguir, provocarás un impacto importante con tu trabajo y el de tu equipo, sabes lo que hay que hacer. Casi estás impaciente por ponerte a ello, porque el cielo no espera. 😎
  8. La cruda realidad: alguien que suele responder a la denominación de jefe (pero también de compañero o colaborador) te dice algún no. Hay muchas formas: que esto no le gusta, que prefiere otra cosa, que no lo quiere, que no lo ve, que esperes un poco, que no has entendido, que no hay recursos, que no lo vas a tener… Vas entendiendo lo que realmente serás capaz de hacer o de conseguir. Y eso siendo, casi con seguridad… tan optimista de “hacer más con menos”… que rayarás en la ingenuidad. 🙂
  9. Negociación: lo quieras o no, aquí te vas a “jugar los garbanzos”. En esta fase se van a definir los recursos con los que podrás contar y quedarán fijadas las expectativas sobre las que se valorará tu trabajo y el de tu equipo. Es la fase crucial: los cimientos reales sobre los que pondrás muchas horas de dedicación, de ilusión y de sufrimiento. Lo que salga de ahí es lo que los ingleses denominarían pomposamente “framework”. 😛
  10. Embarque: la aventura comienza, el camino empieza aquí. Hay que alinear equipos, gestionar presupuestos, orientarse al logro… Me salgo del post.
  11. Pelos en la gatera: solo entonces te das cuenta de tu paupérrimo perfil comercial, de lo malo que eres defendiendo intereses. El trabajo ya ha comenzado y aunque en el saco de la negociación metiste todo lo realmente importante y de ahí saliste de la mejor forma que supiste, es ahora cuando te das cuenta que pasaste de puntillas por algunos temas “menores” pero que en positivo saben muy ricos: “asuntillos” tales como ubicación física, equipamiento y condiciones de trabajo, inserción en los mecanismos de decisión… Bueno, tranquilo, has llegado tarde y ya hay poco que puedas hacer, al menos a corto plazo. Toca convivir con lo que hay… y esperar la oportunidad, si llega. Total, ya te había pasado otras veces… 😉

Por un momento he pensado que me iba a salir un decálogo, jejeje…

No sé si este asunto les resultará de interés (más bien tiendo a dudarlo), pero me ha apetecido compartir esta lista de divagaciones sobre mi propio momento personal, que podríamos decir que está entre las fases 6 y 7 en este momento actual.

¿Cómo se ven en ello? ¿Se reconocen? ¿Ven, en sus propias historias, variantes significativas?