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Reflexiones: un grave e inminente problema demográfico… y laboral

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Entre nosotros, el proceso de envejecimiento de la población forma parte del paisaje cotidiano desde hace ya muchos años. Desde la política, la empresa y los medios de comunicación se nos alerta de que este fenómeno traerá consecuencias sobre el sostenimiento del sistema de pensiones, sobre la estructura productiva, sobre los flujos de inmigración o sobre el propio perfil socio-político del país, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo y en paralelo, se da la paradoja de la inconsciencia real de que sus efectos están ya produciéndose entre nosotros y que como consecuencia vamos a sufrir inminentes problemas de orden práctico.

O eso… o es que cerramos los ojos por no querer ver, ¿no creen?

Esta misma semana, Julen Iturbe escribía un artículo glosando otro de Guillermo Dorronsoro titulado “Lo que la verdad esconde“, que exponía una serie de gráficos relacionados, entre otros factores, con las diferencias en la evolución de empleo público y privado en España en los años de la crisis, las diferencias en cuantías y crecimiento de los salarios en ambos segmentos… y cómo las titulaciones universitarias orientadas a trabajar en el sector público se habían ido colocando entre las más demandadas en estos últimos años, según los datos del EUSTAT, en paralelo al espectacular aumento de la deuda pública.

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Su conclusión era que las ‘verdades’ que justifican la preferencia por parte de la población del empleo público (“es más estable, ofrece ventajas claras para la conciliación y está mejor pagado“) “esconden una realidad silenciosa, oculta bajo la superficie: un sistema público que no consigue reducir un déficit estructural que va en aumento”. Una trampa para el futuro.

Julen prefería en su post centrar su mirada en otro factor también derivable del análisis de los gráficos (la aparente creciente predilección por las titulaciones de carácter “social”), en volver a clamar contra ese marketing empresarial contemporáneo en el que las etiquetas visibles (incluida de forma relevante “lo social”) lo son todo y en reclamar un propósito digno para la evolución y el uso de la tecnología.

Hace unos días, el gobierno en funciones (a través de Fátima Báñez, ministra del ramo), anunciaba la intención de plantear en la próxima legislatura que se pueda cobrar el 100% de la jubilación y trabajar a la vez, pocas fechas después de que la prensa aireara las declaraciones de Marcos Peña anticipando el agotamiento en 2017 de la hucha de las pensiones, fondo del que la ministra se encargó de recordar que no es un fin en sí mismo sino un instrumento de gestión meramente temporal.

Otra noticia también publicada recientemente anunciaba que, en un periodo de tan solo 30 años, España tendrá más jubilados que trabajadores y en concreto que mientras que “hoy hay casi 2’5 empleados por cada persona mayor de 67 años, a partir de 2046 habrá menos de uno” y que “el número de jubilados se multiplicará por dos en este periodo”.

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Para terminar con las referencias a la hemeroteca más reciente, y acortando los plazos de las previsiones, se publicaba también que Euskadi perderá nada menos que 80.000 habitantes en los próximos 15 años, descenso se producirá por una menor natalidad que mortalidad y a pesar de que hasta entonces llegarán más inmigrantes extranjeros y de otras comunidades que personas abandonarán el país.

Quizá, amables lectores, piensen que “largo lo fiáis”, que 15 o 30 años es un periodo, a estas alturas, en el que cualquier cosa puede predecirse sin riesgo de quedar en evidencia y con cuestionable probabilidad de que las cosas acaben sucediendo así… pero los datos demográficos se basan en la realidad de la pirámide poblacional que, salvo cataclismo bélico, se irá cumpliendo puntual e inexorablemente.

Y es más… ya se está cumpliendo en las franjas bajas de edad y ya han empezado las consecuencias, aunque aún no las percibamos social o empresarialmente.

Les invito a observar con detenimiento la siguiente gráfica (compartida en nuestra reflexión estratégica), que no está extraída de ningún artículo periodístico y que se basa también en datos oficiales contrastados. Se representan dos diagramas de barras cruzados, uno de ellos formado por las personas que cada año, en la CAPV, alcanzan la edad de 65 años (la referencia de jubilación) y otro formado por las personas que cada año alcanzan la edad de 24 (la teórica de incorporación al trabajo de titulados universitarios).

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Frente a una historia pasada en la que cada año se jubilaban menos personas que las que se incorporaban en esa edad de 24 al mercado laboral… desde hace ya 6 años está sucediendo lo contrario. Y las perspectivas demográficas nos dicen que además, en los próximos 20 años este hecho se seguirá produciendo a un ritmo espectacular: cada año, se incorporarán entre 8 y 10.000 personas menos que las que se jubilarán.

O sea, que en los próximos 5 años estarán a disposición de las empresas 50.000 personas menos de las que se jubilen, para entendernos mejor. Y en 20 años… 200.000.

Solo en Euskadi.

Las medidas para alargar la vida laboral se van a volver imprescindibles, en la forma anunciada por Fátima Báñez, o en otras más o menos agradables para las personas según a cada una le vaya en ello.

Añadiendo a esto la reducción continua de alumnos en carreras técnicas y tecnológicas en beneficio de otras titulaciones universitarias, como veíamos en el post de Guiller… y teniendo en cuenta la importancia del sector industrial en nuestro territorio… habremos perfilado la tormenta laboral perfecta.

Y además, en tiempos de disrupción; donde el problema, más en la línea de las reflexiones habituales de Julen, se puede agravar con extrema celeridad.

Así que…

… Señoras Empresas…

… Respetadas y Distinguidas Empresas…

… más les vale construir una propuesta de trabajo atractiva para las nuevas generaciones (que además, en una parte muy relevante -la de mayor potencial creativo- no van a sentirse atraídas por modelos laborales acartonados donde encuentren difícil o poco gratificante aplicar su capacidad, desde un amplio grado de libertad, en la creación de valor)…

… porque VA A HABER TORTAS POR CAPTAR TALENTO.

Sin ninguna duda.

Y no se están enterando… o están ustedes cerrando los ojos.

Reflexiones: innovación empresarial hacia modelos sostenibles / (5) Propuestas operativas para avanzar

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Cerraré esta serie de cinco artículos sobre innovación empresarial y sostenibilidad con un post en el que pretendo exponer cuatro líneas de trabajo, con distinto grado de “disrupción” pero todas aún innovadoras, para empezar a generar un cambio importante en los modos de hacer de la mayoría de las empresas. Una de ellas, un regalo para quien quiera hacerse con él… 😛

Advierto que hoy no encontrarán exposiciones detalladas, sino solo un esbozo de cada línea de trabajo y conexiones para profundizar en ella, si lo desean.

No, no lo he olvidado… Les veo atentos y con buena memoria, jejeje…

En el primero de los artículos me guardé el secreto de quién y con qué propósito había organizado el seminario en el que conté todo esto.

Hoy toca desvelarlo… y será al final.

Vamos.

ECODISEÑO

No muy innovadora, pero sí una excelente manera de empezar a cambiar. Quienes estén habituados a la existencia de procesos de diseño en su empresa probablemente sabrán más que yo de este asunto, así que me limitaré a introducirlo para los no iniciados… y a decir que, a pesar de la belleza del concepto, el ecodiseño impone disciplinas traducibles a costes que no todo el mundo está dispuesto a mantener, incluso después de haberlo probado e incluso después de haberlo probado con éxito, porque aún los mercados no están dispuestos a reconocerlo económicamente.

El ecodiseño consiste, en síntesis, en abordar los procesos de diseño de un producto pensando en el ciclo completo de vida del mismo, desde la obtención de las materias primas utilizadas, hasta su procesamiento, los consumos de energía y materiales auxiliares, el embalaje y envío, la utilización del producto fabricado y su reciclaje tras perder su utilidad, incluyendo la gestión de los residuos generados en el conjunto del ciclo.

Los procesos de ecodiseño están ya normalizados, tras unos orígenes en cuyo impulso tuvieron bastante que ver algunas empresas de MONDRAGON, como en la pionera UNE 150.301, actualmente UNE-EN ISO 14006.

En España ya hay más de 200 empresas certificadas en ecodiseño, aunque muchas otras han corrido experiencias en ese sentido. No es mucho, la verdad… aunque aún es más decepcionante es saber que solo una pequeña parte de ellas han acabado incorporando el ecodiseño como parte de su sistema estándar de gestión.

Un buen ejemplo que tengo cerca: LKS.

Y una excelente página para profundizar en el tema, que incluye incluso herramientas técnicas de apoyo, la del IHOBE.

EURO-NVEAP

Bueno… seguro que a muchos amables lectores les resulta familiar la expresión “5 estrellas EURO-NCAP”, en especial si recientemente se han embarcado en la compra de un coche. NCAP es un acrónimo que significa “New Car Assessment Program” y EURO-NCAP es un estándar europeo de pruebas y ensayos que califican el nivel de seguridad ante colisión de cualquier automóvil nuevo que se oferte en el mercado.

Pues algo similar es EURO-NVEAP. ¿Alguno que lo conozca? ¿Alguien a quien le resulte familiar el logo de cabecera?

Jejeje…

Ya me gustaría saber si alguien ha respondido que sí a alguna de esas dos cuestiones… porque EURO-NVEAP (“New Vehicle Environmental Assessment Program“)… no existe. Me lo he inventado. 😄

Este es el regalo para quien quiera apropiarse de la idea y ponerla en marcha.

Se trataría de un sistema de clasificación de todo tipo de vehículo, no solo automóviles: ferrocarril, suburbano, avión, tranvía, motocicleta… Todos ellos pasarían un examen técnico que mediría su impacto medioambiental, también a lo largo de todo el ciclo de vida del producto y en especial durante su etapa de uso.

A lo mejor, un sistema de esta naturaleza cambiaba nuestra percepción de lo que es verdaderamente sostenible

Y quién sabe si nos sorprende.

(SHARING) (COLLABORATIVE) ¿COOPERATIVE? ECONOMY

Supongo que a nadie le descubro nada si digo que la economía colaborativa o “sharing economy” es ya probablemente el modelo económico de mayor impacto surgido tras la dualidad comunismo-capitalismo en el mundo. Su dimensión es enorme y creciente, muchas personas de talento están generando cada día nuevos negocios basados en compartir y no en poseer, en disponer y no adquirir bienes y servicios… y comunidades y bien preparados lobbies trabajan activamente para que la economía colaborativa haga frente a las barreras legales y sociales que tratan de impedir su avance en todo el mundo.

Les aseguro que en mi actividad de promoción de nuevos negocios tengo bien presente que una alternativa a un modelo de negocio innovador e incluso disruptivo en el campo de la prestación de servicios… puede ser barrido mañana de un plumazo si alguien encuentra el modelo “sharing” que funcione en ese sector, a pesar de lo cuál, no acabamos de dar el paso de ser nosotros quienes lo propongamos. (?)

Las discusiones sobre Uber han puesto sobre la mesa el desafío que un modelo de esta naturaleza supone para los modelos de negocio tradicionales: los números de los lugares por donde ha pasado, cantan. El impacto, abrumador.

Pero también han puesto de manifiesto prácticas discutibles desde el deseo de protección social del trabajo, de aseguramiento de la prestación y calidad del servicio con el paso del tiempo, o de competencia desleal, que han supuesto barreras legales y críticas sociales importantes.

No hay, a mi modo de ver, ni una mínima posibilidad de que esas barreras detengan el crecimiento de estos modelos de negocio, que ya se extienden por innumerables sectores. Es una realidad imparable. Nick Wadell lo define bien: “los economistas han hablado durante décadas de la idea de redistribuir los recursos no utilizados en la economía… y ahora está ocurriendo, y a una escala masiva“.

Sin embargo, sí creo que hay parte de sentido en algunas de las visiones más críticas, que también pienso que con el tiempo encontrarán un cauce de solución.

Visto este movimiento desde la empresa tradicional, ¿no sería inteligente entender la inevitabilidad de la evolución e interiorizar que la economía colaborativa es una gran oportunidad?

Llevo tiempo pensando que una forma de que los beneficios de una iniciativa como Uber reviertan en la mejora de las condiciones de trabajo y en el aseguramiento y calidad del servicio de manera sostenida y sostenible, radicarían en impulsar estas iniciativas desde la figura de las cooperativas de consumo, donde los socios de trabajo son los prestatarios de un servicio soportado en un bien que se abre al uso de los demás, la comunidad de socios de consumo que permite que el negocio funcione en beneficio de todos y desde la máxima dignidad del trabajo.

¿Quién quiere empezar?

ECONOMÍA CIRCULAR

Está de moda… y eso hay que aprovecharlo.

La economía circular es un concepto económico que propone desarrollar un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza los stocks y los flujos de materiales, energía y residuos para, desde la eficiencia del uso de los recursos, asegurar el suministro de materias primas por reutilización o aprovechamiento de los residuos y por reducción de los consumos.

Eso aporta como ventajas al menos dos muy importantes:

  • Reduce la necesidad de consumir recursos naturales al mínimo imprescindible.
  • Genera empleo, en una economía que al tratar de cerrar el ciclo de vida del producto se convierte en no deslocalizable.

Para el desarrollo de una economía circular, es necesario que desde el mismo diseño del producto se piense en su “deconstrucción”, su utilización máxima posible y su reaprovechamiento en todo su ciclo de vida.

Por ello, el ecodiseño o el “sharing” son parte inherente de la economía circular. Con mayor detalle, para la Fundación para la Economía Circular, el concepto implica lo siguiente:

  • El ecodiseño: considera los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto y los integra desde su concepción.
  • La ecología industrial y territorial: establecimiento de un modo de organización industrial en un mismo territorio caracterizado por una gestión optimizada de los stocks y de los flujos de materiales, energía y servicios.
  • La economía de la “funcionalidad” (donde se enmarca el “sharing” y el consumo colaborativo): privilegiar el uso frente a la posesión, la venta de un servicio frente a un bien.
  • El segundo uso: reintroducir en el circuito económico aquellos productos que ya no se corresponden a las necesidades iniciales de los consumidores. En escala de idoneidad:
    • La reutilización: reutilizar ciertos residuos o ciertas partes de los mismos, que todavía pueden funcionar para la elaboración de nuevos productos.
    • La reparación: encontrar una segunda vida a los productos estropeados.
    • El reciclaje: aprovechar los materiales que se encuentran en los residuos.
    • La valorización: aprovechar energéticamente los residuos que no se pueden reciclar.

La Unión Europea puso en marcha en 2014 un gigantesco vehículo de financiación de proyectos relacionados con la promoción de la economía circular en Europa.

En el núcleo del plan de inversión se encuentra el Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE), que financia proyectos con un perfil de riesgo, maximizando de esta forma el impacto del gasto público y desbloqueando la inversión privada, con el objetivo global de movilizar la inversión de 315.000 millones de euros, como mínimo, durante tres años.

Este vehículo de inversión no es el único: se suma al esfuerzo ya realizado en esta dirección por el BEI en la última década, a prioridades ya establecidas en el programa Horizonte 2020, el programa LIFE, el programa para la competitividad de las empresas y las pymes (COSME), o los Fondos Estructurales y de Inversión.

Es difícil concretar la apuesta global financiera… pero tampoco es necesario para valorar su dimensión, ¿verdad?

Vamos… que no será por falta de ayudas.

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idtp

El secreto… 😎

El seminario había sido organizado por el IDTP, el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao :-o, un organismo centrado en “promover el diálogo entre la fe cristiana y la sociedad de Bizkaia, especialmente en el ámbito del debate actual sobre los valores éticos, las nuevas formas de religiosidad y el análisis cultural”.

El programa estaba organizado alrededor de la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si“, un escrito no dirigido específicamente a los cristianos cuya enorme repercusión no creo que se le escape a nadie y que apela a “reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío” que presenta la crisis ecológica.

Las cinco sesiones en tres meses se organizaron desde la idea de “Empresas y consumo en el cuidado de la casa común y se ordenaron en torno a los siguientes temas:

  1. Por una Ecología integral. La crítica al paradigma tecnocrático. (Visión desde la universidad)
  2. De los impactos del cambio climático en el País Vasco a la economía verde. (Visión desde organismos especializados)
  3. Políticas públicas de apoyo: empresas más sostenibles. (Visión desde el gobierno y la acción pública)
  4. Innovación empresarial hacia modelos sostenibles. (Visión desde la estrategia de las empresas privadas)
  5. El poder de los consumidores en el cambio de las empresas a la sostenibilidad. (Visión desde organizaciones solidarias de consumo)

La invitación llegó a mi empresa y me tocó a mí preparar la presentación. Ni conocía la existencia del IDP, ni su amplia sede de la Plaza Nueva de Bilbao, ni la capacidad de convocatoria (en el seminario se habían inscrito unas 15 personas, provenientes de la empresa privada, ingenierías medioambientales, universidades o administración pública), pero sobre todo… no conocía en profundidad la “Laudato Si“.

Les reconozco que empecé a preparar mi ponencia un par de veces apoyado en lo que creía entender que trataba la encíclica, pero un resumen que encontré en internet me hizo ver que no estaba captando realmente su dimensión.

Me enfrenté entonces a la lectura de sus casi 200 páginas, la manera de hacerme plenamente consciente de que versa en realidad sobre una visión holística del planeta, que incluye la reivindicación de la dignidad del trabajo humano y del ser humano en sí mismo, la denuncia de la desigualdad, de la reducción de la biodiversidad y del paradigma tecnocrático como fuente exclusiva de progreso. O de la hipocresía de estados, empresas e incluso organizaciones ecologistas y medios de comunicación, que se observan satisfechas con esfuerzos realizados pero miran hacia otro lado cuando se trata de entender cómo todo se interrelaciona y cómo se producen inequidades en las relaciones comerciales norte-sur, en el cortoplacismo político, en la protección de la vida o en el sometimiento de la política a la economía.

Es así como empecé por tercera vez a dibujar mi intervención. Ésta, la definitiva, es la fuente que ha dado origen (una pequeña parte de ella) a los artículos de estos últimos meses del blog.

“Laudato Si” es una proclama de ecología integral y humanística que les recomiendo vivamente leer. No se asusten por las 200 páginas: un breve vistazo y verán que no es una tarea complicada.

Les aseguro que la pequeña disciplina de acercarse al lenguaje, que aunque sencillo hay que reconocer que conserva un inevitable barniz ecuménico… merece la pena.

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La serie completa de posts de estos meses sobre innovación empresarial y sostenibilidad, al hilo de la “Laudato Si”, es la siguiente:

Reflexiones: innovación empresarial hacia modelos sostenibles / (1) Regeneración del tejido industrial

regeneracion industria

Hace diez días tuve el placer de participar en un seminario organizado en Bilbao, con un motivo inesperado y por una organización cuya existencia y actividad desconocía… que desvelaré en su momento para mantener un punto de sorpresa final… 😉

El asunto era explorar cómo las empresas nos relacionamos con el planeta en que vivimos, cómo entendemos la sostenibilidad desde nuestra actividad de producción o consumo y, en mi caso, cómo orientamos la innovación empresarial hacia modelos sostenibles… si es que lo hacemos.

La estructura del seminario era de 5 sesiones de trabajo entre febrero y abril, cada una de ellas con dos ponencias de “expertos” (función que en mi caso compartí con Lander Jiménez, quien expuso la experiencia de LKS) y un debate posterior.

No voy a aburrirles con la exposición que hice sobre la evolución de los factores que han guiado, tecnológicamente y en materia de gestión, la visión de actividad medioambiental, social y económicamente sostenible de mi empresa en los últimos 20 años, ni tampoco los ejes de lo que pretendemos abordar en el futuro más próximo, pero sí compartir algunas reflexiones que me pareció procedente dejar abiertas, tanto hacia quienes deciden el rumbo de las empresas, como hacia la administración y su política industrial o directamente hacia quienes trabajamos en ellas.

Voy a romper la tradición de esta bitácora y optar por escribir cinco artículos cortos en vez de uno largo. Será una reflexión abierta por artículo, alguna más tradicional (como esta primera) y otras más disruptivas… pero todas ellas sin respuesta o con respuestas insuficientes, a mi modo de ver, a día de hoy.

Comencemos por esa necesidad imperiosa de regeneración de una buena parte del tejido industrial del país…

La industria en general pero la vasca en particular, ha avanzado extraordinariamente en las últimas décadas hacia una actividad mucho más respetuosa con el medio ambiente y con el entorno en que se ubica, aunque el factor económico lastra muchas veces la utilización de las mejores técnicas disponibles (ver base documental), la optimización al límite de los consumos de energía y agua, la reducción radical de la producción de emisiones, vertidos y residuos o las posibilidades de su reutilización.

Pero mirando a la esencia de la empresa industrial en nuestro territorio, me gustaría destacar algunas características esenciales que la identifican:

  • Aún está conformada en torno a un alto porcentaje de negocios maduros (productos, tecnologías, procesos…).
  • En los buenos casos, despliega estrategias centradas en la excelencia en la gestión y en la innovación tecnológica.
  • Cultura de gestión de recursos, no de emprendimiento.
  • Desaparición de liderazgos que asuman grandes riesgos empresariales.
  • Desconfianza e impaciencia frente a la incertidumbre de creación de nuevos negocios.
  • Desprecio o infravaloración de la innovación en gestión, servicios y modelos de negocio.

Así que, ante el tsunami de cambios radicales que comienza a aceptarse que viviremos en el próximo decenio… una pregunta para quienes gobiernan nuestras empresas:

  • ¿Estamos realmente poniendo las bases de que en nuestro entorno siga existiendo trabajo sostenible y digno en el futuro?

Y para las administraciones públicas:

  • ¿No es momento de promover y favorecer una intensa cultura de emprendimiento entre las empresas, más allá de la iniciativa individual?
  • ¿Es posible provocar una explosión social de diversificación y de innovación en servicios y modelos de negocio entre el tejido industrial?
  • ¿Cómo forzarlo?

El asunto, como ven, no es precisamente nuevo: toca fenómenos cruciales para el futuro de nuestras empresas como la diversificación de sus negocios o la “servitización” de su propuesta de valor, ambos conceptos muy conocidos.

Pero… ¿alguien defiende que los estemos gestionando bien?

Reflexiones: lo que cuesta tener coche y el “carsharing”

El “carsharing” es ya una realidad en casi todas las grandes ciudades europeas, alguna de las cuales puede mostrar una penetración de este modelo de utilización de automóviles que empieza a ser relevante en su mercado de  movilidad urbana.

La verdad es que la tendencia que se observa (en especial entre nuevas generaciones) de bascular el “tener” hacia el “disponer”, es incuestionable en algunos casos y se acentúa en el centro de Europa, donde (por ejemplo en Alemania) el porcentaje de jóvenes que no encuentra un valor especial en eso de tener un coche propio crece año tras año y empieza a alcanzar porcentajes que, siendo aún pequeños, conviene no desdeñar.

Quizá la evolución sea aún lenta (en España es aún algo mayor del 90% el porcentaje de jóvenes que aspiran a tener coche propio), pero los porcentajes son mucho más significativos si hablamos del segundo vehículo familiar: ahí es donde en Europa los porcentajes crecen sólidamente.

La prueba de ello es que muchos de los grandes fabricantes europeos de automóviles y las grandes empresas de alquiler han lanzado iniciativas de alquileres por minutos y sin reserva previa, solos o en alianza, en muchos casos ligadas a pequeños modelos eléctricos y urbanos.

En definitiva, que por estas razones, por las restricciones que están empezando a imponer las grandes urbes, por la larga crisis que atravesamos o por la mejora de las alternativas disponibles, los que estamos en el sector del automóvil sabemos que el consumo y como derivada la producción de vehículos en Europa y más en concreto en Europa Occidental, va a estancarse, como poco, e incluso pudiera descender ligeramente en los próximos años.

Pero admitido esto… me ha dado por preguntarme cómo está a estas alturas el balance económico del asunto desde la perspectiva del usuario.

Ya hace tiempo que hice cuentas y concluí (entonces) que tener coche propio en mis circunstancias personales significaba gastarme casi un millón de las antiguas pesetas cada año. Hoy he querido rehacer y actualizar las cuentas, haciendo las mías, a pesar de que por internet circulan análisis similares abundantes e incluso hojas de cálculo para adaptar los números a la realidad de cada uno.

Vaya por delante que yo hago un uso bastante intensivo del coche, básicamente porque lo utilizo para desplazarme cada día a mi punto de trabajo, que está a 65 km. de distancia de mi casa. Mi perfil, por lo tanto, podría definirse como sigue:

  • Berlina de nivel medio-alto, para asegurar la durabilidad y seguridad del vehículo en condiciones.
  • 40.000 km/año.
  • Uso diario para traslado al trabajo, parte autopista parte carretera.
  • Seguro a todo riesgo con franquicia.

Considerando, para estandarizar cálculos, un alquiler de garaje y no una amortización de uno en propiedad, el coste anual podría calcularse como sigue (click sobre cada tabla para verla más clara):

coste coche 40000

¿Sorprendidos?

¿O asustados?

Ya… que lo que pasa es que mi caso es una barbaridad… Bueno, veamos, supongamos un perfil de uso muy distinto:

  • Berlina de nivel medio.
  • 15.000 km/año.
  • No uso diario para traslado al trabajo, o si es así, breve recorrido urbano o por carretera.
  • Seguro a todo riesgo con franquicia.

Con el mismo supuesto anterior pero con reducciones de coste en varios conceptos, ligadas a tratarse de un vehículo más modesto y de uso más reducido, las cuentas dan como sigue:

coste coche 15000

Ahora ya no hay excusa para que hagan una valoración, aun suponiendo que haya errado un 10-15% en mis cálculos: ¿no les parece que es una pequeña y quizá inconsciente barbaridad?

No me interpreten mal, no estoy llamando a una insumisión vial 😉 : de esos 6.000 (u 11.000) euros por coche y año viven miles de personas hoy en día… y no sería malo que al menos durante unos añitos eso siguiera ocurriendo.

Pero me ha dado por pensar que tal vez del “pago por servicio” del automóvil también podrían vivir muchas personas… y que quizá un coste ventajoso podría ayudar a convencer de la idoneidad de un cambio más acelerado.

Pues dicho y hecho. He buscado tarifas por internet de un operador de carsharing ya presente en varias ciudades españolas (es Bluemove… y solo espero no haber tenido la mala fortuna de elegir el más caro por azar) y he realizado una aproximación muy grosera para aplicarla a los dos perfiles anteriores. Los resultados son como sigue:

coste carsharing 40000

coste carsharing 15000

¿Cómo lo ven? A pesar de lo que dice la propaganda, hiper-caro, ¿verdad?… Implanteable para perfiles como éstos, por mucha conciencia medioambiental que uno posea… salvo que les salga el dinero por los bolsillos.

Lo siguiente resulta obvio: probar perfiles muy diferentes, en los que la necesidad de uso del vehículo sea algo ocasional y no estructural. Como verán, las cosas cambian bastante, aunque en ningún modo vamos a encontrarnos con un chollo, ni siquiera si se trata de usar un coche pequeño 40 días al año:

coste carsharing ocasional-1

coste carsharing ocasional-2

Conclusiones

  • Solo si son de los que van a necesitar un coche 20, 30, 40… 50 días al año, el carsharing les saldrá a cuenta, con las tarifas que hoy se barajan. Si necesitan usarlo cada día, olvídense.
  • Si ese es el caso de su segundo coche familiar y sobre todo si para eso solo necesitan un coche pequeño y urbano, mírenlo con cariño, porque quizá sea una gran y ecológica alternativa. Si sus varios hijos empiezan a pedirle el coche con demasiada frecuencia, puede que también… 😉
  • Si son de los que solo van a necesitar esporádicamente un coche para una o dos horas y en recorrido urbano o peri-urbano, no lo duden: si hay una buena red de carsharing en su ciudad, el modelo es suyo.
  • Aún así… tengan en cuenta que en lo del “coche propio”, yo he considerado costes de garaje, precios de vehículo medio-altos, seguro a todo riesgo y otros factores de coste… que son una opción: se puede tener coche con menos. En sentido contrario, seguro que buscando también se pueden encontrar tarifas y ofertas de carsharing más baratas.
  • El sector del carsharing debe hacer un esfuerzo inmenso de reducción de sus costes si quiere ganarle de verdad la partida en un pedazo de tarta relevante al coche en propiedad. Seguros, mantenimiento, combustible, costes de personal, leasing y costes financieros,  alquiler de locales, limpiezas, sistemas de gestión y logística de flotas… El sector debería, a mi modo de ver, trabajar muy en profundidad cada capítulo de costes, establecer alianzas y acuerdos de colaboración y ganar en dimensión empresarial… para alcanzar como objetivo el dividir por dos el coste actual para el usuario. Y si creen que planteo un imposible, les diré que ya hay quien empieza a hacer la revolución.

Les dejo también la hoja de cálculo para que hagan sus propios números si quieren… y hasta aquí llego con mi rato reflexivo.

Gracias por acompañarme hasta el final… 🙂

Reflexiones: la dimensión de la tragedia

La crisis se ha convertido en un mantra negro que se ha adherido a nuestro cuerpo y del que no vemos forma de escapar.

caldero'La definición de crisis que aparece en la Wikipedia, así, sin “desambiguar”, es descriptiva de una situación que inevitablemente nos coloca en el mismo centro de un caldero en plena ebullición, un punto desde el que cualquier dirección que tome nuestra mirada está exenta de pistas para orientarnos y en donde cualquier camino que tracemos carece de horizonte visible y parece desatar las mismas alarmas.

Pero esa incertidumbre, cuyas impredecibles burbujas parecen al principio de naturaleza volátil aunque amenazante, con el tiempo va ganando en densidad y aparece como la cerveza más negra, como un chocolate que espesa al enfriarse y en el que desplazarse cuesta cada vez mayor esfuerzo hasta el punto de que la tentación de quedarse quieto se convierte en la única opción deseada.

A medida que cada ingrediente absorbe caldo, precipita hacia el fondo, aporta al cocido espesura… y pierde sabor personal.

Esta es una dimensión de la tragedia de la crisis económica que subyace a los datos de portada de cada día, a la evolución de los parámetros macroeconómicos, a la discusión social o política, a la vida y desaparición de empresas o incluso a los casos personales que, por su impacto, riegan pertinazmente los medios de comunicación. Es una dimensión sorda, porque afecta individualmente, aunque en distinto grado, a todos y cada uno de los que vivimos aquí, afecta a las posibilidades que vemos para conducir cualquier futuro.

Hace casi dos años volví impactado de un viaje a Barcelona. Desde el primer taxista que nos llevó del aeropuerto a la ciudad, hasta el último que nos llevó hasta el vuelo de regreso, todo el mundo nos habló de lo mal que estaba la situación económica en Cataluña y en particular en Barcelona.

taxiBCN

Entonces, los niveles de desempleo aún provocarían la envidia de quienes vivían en los territorios más al sur del estado, pero créanme que la atmósfera que se respiraba en Barcelona (y que aún hoy se respira) era deprimente: “todo se está destruyendo, la gente no tiene trabajo, todo va a peor, mucha gente se está yendo, los políticos no hacen nada, esto está fatal, para el taxi la ciudad ha muerto, esto va a reventar por algún lado…”.

Curiosamente y desde entonces, la única nota positiva que he recibido en varios viajes a Cataluña procede de otro taxista, un paquistaní que nos contaba con cierto orgullo que ya eran 5.000 los paquistaníes con taxi en Barcelona. Y eso me llevó a recordar que una de las grandes diferencias en cómo vivimos lo que nos sucede está en las expectativas defraudadas; que en la espera pasiva, la sensación de pérdida es más negativa que lo que pueda indicar la realidad de los hechos…

La pérdida material

Cierto es que el impacto no puede (ni debe) igualarse. Nadie ha escapado sin consecuencias de esta etapa y de una u otra manera, la crisis ha afectado a nuestras costumbres, a hábitos que nunca nos habíamos cuestionado y a los que hemos tenido que renunciar, a privilegios y comodidades que ni siquiera reparábamos que lo fueran. Pero para algunas personas, en un número creciente, ha supuesto aproximarse demasiado o entrar de lleno en situaciones que bordean la pobreza.

Volvamos primero a la dimensión individual de la crisis y hablemos para empezar de la universalidad: ¿piensan que exagero, que hay mucha gente que conserva su trabajo y que no ha notado cambios significativos en su vida?

La verdad es que pueden fundamentarse bastante certeramente las razones por las que todos nos sentimos empobrecidos. Y es básicamente porque es verdad.

La mayoría de nuestros salarios se consumen en gastos que hemos ido consolidando como costes fijos: la comunidad, el club o el txoko, suscripciones y abonos, la hipoteca, el colegio de los hijos, las extraescolares, las pagas semanales, un modesto servicio doméstico, el gas y la electricidad, el agua, el seguro del coche, los kilómetros de combustible y los peajes de autopista hasta el trabajo, el comedor laboral…

Si a eso le sumamos alimentación y vestido, todo lo que queda es lo que destinamos al ocio y al ahorro.

¿Me admiten como hipótesis que eso sea un 20% de los ingresos?

Pues verán…

Cuando uno admite rebajarse un 8% el salario, o se queda sin una paga extraordinaria, o deja de cobrar la retribución variable… o todo a la vez, toda esa reducción no sale en la realidad práctica del total del salario, sino que hay que sacarlo de ese 20%.

Y en ese entorno, el IPC no se da por enterado… y además, los impuestos suben.

O sea, que esa reducción de un 8-10-15%… significa dividir por dos (o mucho más) el gasto variable disponible. O anularlo por completo. Significa, de partida, dejar de ahorrar. Enseguida, tener que decidir si prescindir del ocio o tirar de lo ahorrado antes. Y según el ahorro decrece, revisar los hábitos de alimentación y vestido… y hacer limpieza de algunos fijos que, en estas circunstancias, quizá nos parezcan todo un desperdicio.

Y eso se nota, ¿verdad que sí? Y lo peor… es que eso es un privilegio.

pobrezaPorque cuando eso es insuficiente, o cuando los ingresos no se reducen sino que desaparecen (la sombra del desempleo es muy alargada), la eliminación de esos costes fijos llega a elementos de desintegración social. Cuando ya nada queda por suprimir y las deudas afectan a las hipotecas o a lo que debemos a los demás, el equilibrio familiar y social se desmorona alrededor de cada ser humano.

Y es entonces cuando la crisis asoma sus rasgos más trágicos, con situaciones que me ahorro describir porque están en la mente de todos.

Puede ser verdad que muchas personas asumieron riesgos que no estaban en situación de asumir. Quizá sea cierto que muchas familias tradujeron alegre e irresponsablemente que tener los mismos derechos significaba tener derecho a la misma calidad de vida material que cualquier otro, independientemente de su seguridad hacia el futuro, de la estabilidad de sus ingresos o de su empleabilidad…

Personalmente creo que eso ha ocurrido en muchos casos… y que en muchos otros no. En otros, solo pusieron sobre la mesa riesgos que eran asumibles con aparente sensatez: la dimensión y duración de esta crisis ha alcanzado también a personas que han actuado con prudencia y honestidad, si lo valoramos en lo que han sido los estándares de nuestra sociedad.

Pero aún más… Unos y otros, con errores mayores o menores, o sin ellos, están (junto a todos) en el corazón de un profundo socavón sistémico aderezado por comportamientos indignos o irresponsables de nuestras estructuras políticas y sociales, en una posición que exige que demostremos, más que nunca, que disponemos de mecanismos de cohesión social y que si no son suficientes estamos dispuestos a incrementarlos, porque el sacrificio debe compartirse aunque sea desigualmente (porque en los resultados individuales, desigual es la sociedad y desiguales somos las personas)… pero compartirse.

Y junto a la solidaridad necesaria, la radical exigencia.

Porque la insensibilidad es patente entre muchos con responsabilidades en la conducción del esfuerzo solidario.

La pérdida social

Me refiero a lo social en toda su dimensión: a las estructuras de poder a cualquier nivel (legislativo, ejecutivo y judicial), a los agentes sociales (sindicatos, patronales y partidos políticos), al tejido empresarial (banca, industria, comercio y asociaciones), al mundo de la cultura y el espectáculo (agentes y lobbies), al cuarto sector y las ONG, o al sector público (administración, organismos y empresas).

Los tiempos de vacas gordas daban para que, como en las familias, muchos de los elementos de esta dimensión social interiorizaran que vivíamos en un mundo de capacidad infinita.

Pero en estos casos, con existencias al abrigo del dinero de todos, subvencionados, protegidos o con asignaciones presupuestarias de dinero público y con las personas mirando hacia otro lado porque había para todos… el desperdicio, la estulticia en el gasto, el despilfarro y hasta directamente la malversación, el soborno y la estafa han ido ganando un terreno de cuya magnitud hoy nos asombramos.

Mirando hacia atrás, yo al menos veo la actividad pública de estos agentes como una praxis endógena y exhibicionista, plagada de actividades corporativistas, declaraciones inútiles, desvergonzadas posiciones populistas, propuestas conscientemente tendenciosas… y siempre acciones y omisiones encaminadas a preservar el statu quo, aprovechando la inacción cuando no estupidez colectiva.

No es que la crisis haya generado la enorme pérdida de confianza en las estructuras sociales que hoy lamentamos, pero nos ha hecho conscientes a todos de que eso se había producido… y la ha reforzado con evidencias incuestionables y dolorosas.

No quiero identificarme con ello con ninguna ideología: la crisis es general y no distingue muchos colores.

15MTampoco me identifico con quienes vieron (y ven) en movimientos como el 15M una vía de futuro: para mí no es sino una burbuja insostenible, porque el stablishment que no está en el poder oficial se apropiará de ella y la adoptará travestida a sus intereses, pero sobre todo porque es insostenible, porque se basa en una emoción de quiebre, de “basta ya”, que no es soportable infinitamente por personas normales cuya labor ordinaria en la vida debe ser y es otra bien distinta.

Entonces… ¿qué queda por hacer?

Yo creo que la democracia, en la forma en que la hemos ido dibujando en occidente, tiene mucho de salvable. Y además me gustaría que su evolución no repitiera hechos traumáticos de la historia, donde quizá muchas revoluciones condujeron al progreso con el tiempo, pero pasando por generaciones de penuria y sufrimiento que afortunadamente fueron capaces de ahogar los frutos perversos de aquéllas.

Creo que es tiempo de que quienes manifiestan su vocación política como afiliados a un partido o su compromiso social como miembros activos de una organización no gubernamental o a una asociación profesional, tomen la iniciativa.

Creo que es hora de que se produzca una rebelión dentro de esas estructuras que vertebran ordenadamente la acción social, una rebelión que conduzca a implantar verdaderos mecanismos internos pero independientes de vigilancia ética de los comportamientos de quienes ostentan responsabilidades sobre dineros públicos o compartidos.

En las policías de todo el mundo se les conoce popularmente como los de “asuntos internos”. De alguna manera, en las cooperativas es el papel de la comisión de vigilancia y, en cierto modo, hasta de los consejos social y rector. En algunas empresas se llama comité de ética. Creo que, por ejemplo, en los partidos políticos debería haber comités de vigilancia o de ética formados por afiliados de base, sin cargos y sin remuneraciones, que tuvieran capacidad y competencia para auditar las cuentas del partido y pedir cuentas de ello a sus responsables. Creo que deberían exigir que sus partidos incorporaran a sus programas la implantación de listas abiertas. Creo que deberían imponer la limitación en el tiempo también de cargos internos.

Pero más allá de mis opiniones y de su opinión sobre ellas, que hoy no vienen al caso, me gustaría destacar que la dimensión de la pérdida de confianza en las estructuras sociales es enorme y difícilmente reversible en amplias capas de la ciudadanía: habrá generaciones cuyo desencanto les acompañe hasta el final de sus días, personas que optarán por desengancharse o por apuntarse a una radicalidad reactiva.

Los comportamientos faltos de ética se han extendido con tanta amplitud y discrecionalidad, que han impregnado a toda su clase, ensuciando la hoja de servicios de miles de trabajadores honestos y extendiendo como una mancha de aceite la sombra de la sospecha sobre todo aquél que dependa del dinero de todos.

Me viene muchas veces a la mente una anécdota que me contaron hace algunos años: una persona de nacionalidad alemana, pareja de quien me contaba la historia, decía que le gustaría que sus hijos aspiraran de mayores a ser funcionarios. La razón es que, en Alemania, la imagen del funcionario se identifica con alguien extremadamente competente y con vocación de servicio: un bien social.

Algo no hemos hecho como debiéramos.

La pérdida moral

En realidad, es de la que comenzaba hablando en este post. La más dañina a largo plazo porque es la que abre y cierra posibilidades.

corrupcionA nuestro alrededor todo parece que haya sido una mentira: en la política, en los partidos, en los sindicatos, en la monarquía, en la banca, en las empresas, en las sociedades de autor, en el deporte, en la universidad, en la policía, en la iglesia, en el periodismo y hasta en la investigación científica. Miremos a donde miremos, vemos basura, trampas y tramposos. Pocas veces el escándalo continuo nos coloca tan cerca de una descomposición moral tan pegada a la idea de que “el poder corrompe”.

Cierto es que quienes tienen la oculta intención de beneficiarse del dinero ajeno sin atender a escrúpulos éticos y legales, ven en la actividad política y pública el terreno mejor abonado para progresar en ello… y por ello es ese un oficio especialmente castigado. Pero no es menos cierto que la extensión es tal que todos tenemos la sensación de que es la condición humana la que muestra con demasiada facilidad esa debilidad a poco que el poder empiece a otorgar cierta sensación de impunidad.

Así que es verdad que los mecanismos de control pueden haber sido insuficientes o haber estado ausentes, pero también parece que deberíamos revisar que en estos tiempos líquidos el relativismo moral no se nos haya ido de las manos…

No hace mucho tiempo que debatíamos profusamente sobre la idea de liquidez o sobre la no-empresa como conceptos de los que podía depender el futuro de la vida y del trabajo. Paradójicamente, ideas como esas podrían ser hoy más necesarias que nunca, al mismo tiempo que la sensación de trivialidad las oculta.

Porque esta crisis ha demostrado que para la gran mayoría de la gente son necesarias estructuras económicas reconocibles que permitan dar un cierto orden a nuestro recorrido vital. Porque casi nadie arriesga mucho para crear algo. Porque no vamos a salir de ésta con millones de start-ups de poco más que autoempleo.

Pero sin embargo, necesitamos un rearme moral que nos impulse a abrir posibilidades, desde nuestra iniciativa o colaborando con la de otro. Necesitamos no olvidar que lo superfluo es prescindible… y que ese no-olvido no solo nos dure al menos unos cuantos años, sino que consigamos inculcarlo en al menos una generación. Dependemos, no solo como sociedad sino como individuo, de seguir creyendo que podemos hacer cosas magníficas con las que sentirnos bien.

Si no lo consiguiéramos, la dimensión de la tragedia sería incalculable. Así que no nos lo podemos permitir.

Vibraciones: start-up, emprendimiento, producto y circo.

Este verano estamos viviendo la auténtica eclosión del fenómeno start-up, que ya asomaba sus fauces desde hace meses. El asunto está alcanzando tal dimensión mediática que llena palacios de congresos, auditorios, periódicos, espacios singulares e instituciones feriales, de discursos políticos, congresos, talleres y propuestas formativas, en infinitas formas.

Clusters, parques tecnológicos, agentes sociales, administraciones públicas… todos empujando el mismo carro. Se está convirtiendo en el nuevo mantra, tras excelencia, innovación y emprendimiento, que por repetición nos traerá un futuro mejor… así que si no saben decir “estartap” de un tirón, estimados lectores, tienen un problema. 😉

La blogosfera hierve: solo en la última semana, Julen Iturbe, Mario Dehter o Juan Freire, por poner solo tres ejemplos, han escrito sobre el fenómeno del emprendimiento en alguna de sus facetas, con visiones analíticas… o críticas.

La explosión start-up, en primera persona.

Mis propias vivencias de las últimas semanas han estado rodeadas del fenómeno start-up.

Tras la reconversión de la gran fiesta anual de infonomia en un “Co-Fest” donde el núcleo lo formamos las empresas miembro de Co-Society, el pasado julio disfruté de dos días en el Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, rodeado de ideas, ciencia y personas, un entorno que cada año me empuja a caminar con la mirada aún más inquieta por la vida.

Este año tuvo un carácter muy especial: una fusión con otra iniciativa, el Benasque Brain Boost (BBB), que pretendía ser el punto de encuentro de las start-up españolas, reunir a más de 100 emprendedores con sus proyectos empresariales entre sí (para compartir visiones, enfoques, recursos y penas) y entre ellos y las empresas Co-Society (para quizás algo parecido y puede que también para encontrar algún sólido compañero de viaje).

No les contaré en esta ocasión qué tal fue el Co-Fest ni les haré ahora una crónica del mismo. Hay numerosas y excelentes referencias en la red (como ésta, ésta o ésta) y no creo que pueda aportarles grandes novedades sobre ello. Pero sí me interesa contarles que tuvimos ocasión de conocer docenas de proyectos empresariales, algunos ya germinados y otros en plena ebullición… y de conversar o al menos escuchar en primera persona a muchos de los emprendedores al frente de los mismos.

Hace un par de semanas tocaba el Emprende 2012. Un gran evento organizado ya por tercer año consecutivo por el Gobierno Vasco, que reunió a casi 3.000 personas en el BEC. Esta vez desde la iniciativa pública, de nuevo cientos de emprendedores con su start-up bajo el brazo; de nuevo una ocasión personal para conversar o escuchar sus propuestas de valor, sus proyectos, sus ilusiones, sus necesidades, sus realidades…

Hace solo unos días, el Polo de Innovación Garaia cerraba su serie de 3 talleres de emprendizaje ordenados alrededor de la idea de “Aprendiendo a emprender con emprendedores“.

En un plazo de un mes, y ya a nivel más interno, el BAC (Business Acceleration Center) de MONDRAGON ha lanzado dos talleres de exploración de oportunidades en intercooperación y otro taller para compartir experiencias de intraemprendimiento desarrolladas en los últimos años en la corporación, contadas por los propios emprendedores.

Y les aseguro que podría seguir.

Oigan… esto abruma…

El lado positivo.

No lo negaré. Hay un lado muy positivo en esta eclosión del fenómeno start-up. Un lado positivo que se desdobla en varias facetas de las que no podemos sino sentirnos todos gratificados:

  • Ya son muchas las personas que están decidiendo tomar las riendas de su vida profesional como protagonistas principales de su destino. Son personas como las que hemos conocido todos entre nuestros compañeros de facultad o de escuela o como las que nos rodean en nuestro trabajo, pero en esta ocasión, quienes tienen voluntad y deseo de asumir una iniciativa personal, lo están haciendo con menores barreras personales que las que teníamos en nuestras generaciones. Los patrones mentales sociales están cambiando y de este fenómeno podrán salir iniciativas empresariales nuevas que regeneren a medio y largo plazo un tejido empresarial demasiado dormido durante demasiados años.
  • Este fenómeno se está extendiendo, debido a la crisis, a capas de población de muy diversas edades. A pesar de que en los “saraos” mediáticos es abrumadora la presencia visible de gente joven, en las sillas de los asistentes hay muchas personas más mayores, calladas, pero igualmente con su proyecto empresarial bajo el brazo. Contrariamente a lo que se piensa, el fenómeno emprendedor (y especialmente las iniciativas con mayores índices de supervivencia) tiene un componente fortísimo entre personas que han superado los 40, con experiencia y visión sistémica de las claves de lo que es un negocio. Pues muy bienvenidos sean.
  • El impulso de las administraciones seguramente remitirá cuando salgamos de esta crisis, porque las empresas absorberán de nuevo las atenciones oficiales, pero habrá un conjunto de normativas, leyes y regulaciones que habrán cambiado y que harán más fácil embarcarse en el reto de emprender. Pero lo más importante es que de las escuelas y universidades saldrá mucha gente que considerará que poner en marcha su propia iniciativa empresarial es una opción más de entre las posibles. Y aún más, que lo seguirá considerando así durante toda su carrera profesional, lo que significa que visiones diferentes del mercado y del mundo podrán salir a la luz con mayor facilidad.
  • El concepto del trabajo está cambiando socialmente. Cierto es que las empresas tenderán a no darse por enteradas, pero este fenómeno y otros paralelos y no tan gratificantes están colocando semillas que terminarán por germinar entre las grietas de las relaciones laborales del interior de la empresa. Creo firmemente que veremos dentro de unos años formas diferentes de organización del trabajo, de cómo se adoptan decisiones y se desarrollan proyectos, de cómo una persona crece y desarrolla su propio camino profesional, dentro o fuera de una empresa, suya o ajena.

La feria de las vanidades.

Antes ya lo había enlazado, pero como es casi seguro que la mayoría no se habrá parado en ello, les invito a que lean la definición que la Wikipedia da para el concepto start-up.

Hay una cara oscura también en esta luna. A su alrededor, las estrellas se llaman grandes expectativas de beneficio a corto plazo, business angels, crecimiento acelerado, rápido retorno de la inversión, durabilidad de la rentabilidad limitada… Correr, “forrarse” y salir. Demasiado cerca del tradicional “pelotazo”, aunque en este caso no se sepa siempre a ciencia cierta para quién va.

En cualquier caso, tras la inevitable vanidad romántica hay un fondo de macho-alfa en la épica del emprendedor… y eso hace que con demasiada frecuencia se observen comportamientos ligados al “lo que importa no es poner en marcha un proyecto que genere riqueza, sino que quien lo ponga en marcha sea yo”.

En el otro lado está la inmadurez de pensar que todo el monte debería ser orégano, que si uno no lo consigue es porque los demás (la administración, el inversor, el socio o quien sea) “no me escucha”, “no se entera”, “es un inútil” o directamente “un cabrón” o “un imbécil”.

Hay veces que la posición frente al enemigo exterior es puramente pueril. Frase real, tuiteada: “¿Cómo se emprende cuando eres recién titulado, no te dan créditos y mucho menos trabajo? La idea es buena, pero no tenemos recursos”. Pero… ¿no es precisamente cuando eres recién titulado, cuando se supone que toca hacer cosas sin créditos fáciles y sin que te den trabajo? ¿No les resulta candoroso? 🙄

Y eso me lleva al valor de las ideas. Uno tiene una idea y tiene un tesoro… o eso cree. Pues no señor: las ideas tienen un valor más bien escaso, en mi modesta opinión. ¿Quiere una idea? Yo le doy 100 gratis y le aseguro que al menos una cuarta parte, sea usted quien sea, le parecerá buena.

Además de desarrollar técnicamente el producto o servicio (en lo que siempre se ocupa el tiempo que cada uno considera preciso), para transformar una idea en un negocio:

  • hay que asumir normalmente (y despejar si se puede) incertidumbres industriales, financieras, tecnológicas y de mercado;
  • hay que buscar los socios y la financiación precisa para poner en marcha el proyecto empresarial;
  • hay que mantener la moral de la tropa cuando las cosas no parezca que van bien;
  • hay que saber comprar y saber explotar los medios de producción;
  • hay que cerrar acuerdos vinculantes con inversores y aliados;
  • hay que definir una estrategia de mercado;
  • hay que crear una red de distribución…

Y más:

  • hay que crear condiciones de diferenciación competitiva sostenida, que establezcan algún tipo de barrera a competidores al menos durante la fase de maduración del negocio;
  • hay que conocer los umbrales de rentabilidad;
  • hay que saber cuánto tiempo puede uno aguantar sin que la sociedad se estrese financieramente hasta su ahogamiento…

En fin, que no se trata de tener una buena idea.

Pero basta ya de hablar de los emprendedores. A pesar de todo lo dicho, casi de forma universal hay que reconocerles el valor de enfrentarse a lo desconocido, de asumir un riesgo personal de hacer las cosas de forma diferente a lo que hay. Y casi en ningún caso tienen la culpa… ni siquiera de equivocarse.

La financiación es uno de los elementos más importantes de de los ecosistemas de emprendimiento. Capital riesgo, privado y público, capital semilla, viveros de empresas, inversores de variados pelajes, business angels

Creo honestamente que hace falta una severa profesionalización de muchos de estos “entes” financieros en España. No todo pueden ser ventas inmediatas y exponenciales en un negocio, porque si es ese el único criterio de selección, solo serán apoyadas iniciativas de bajo riesgo inversor y, por lo tanto, de baja capacidad de generación de empleo (eso pone, por ejemplo, negras perspectivas para una oportunidad industrial).

Creo que estamos replicando un modelo norteamericano pero desde una dimensión minúscula. Y reconociendo que una parte del mismo debe seguir satisfaciendo la oferta actual, hay carencias notables que cubrir.

Sería muy deseable un proceso de consolidación y concentración que diera mucha mayor dimensión a algunas de estas entidades, lo que les permitiría diversificar su cartera de inversiones y establecer diferentes políticas de soporte financiero en función del riesgo de proyecto y de su tipología.

Otro agente fundamental: las administraciones públicas. Salvo el capital privado que esté dispuesto a arriesgar, parece que solo el capital riesgo público está en disposición de apoyar el nacimiento de grandes iniciativas empresariales en las que el retorno de la inversión solo pueda darse a medio y largo plazo.

Pero el apoyo de las administraciones podría ir mucho más allá: intermediando en los acuerdos de propiedad industrial o de financiación público-privada, aplicando exención de impuestos y otros beneficios fiscales a las sociedades en fase de maduración, o fomentando desde los CEI la incorporación de “potenciales”, embarcados desde el origen en la exploración de mercados.

Solo me detendré en otro apartado más: la política. Es lo que toca, es lo que se lleva esta temporada, ya que no hay mucho más que se pueda hacer porque no quedan ni céntimos en la cosa pública para invertir en nada. Así que vamos a llevar emprendedores al escaparate de la opinión pública… y si puede ser en grandes volúmenes, mejor. Aunque se rellene de iniciativas que vayan poco más allá del autoempleo.

Paletadas de emprendedores para cubrir las carencias de una sociedad que no es capaz de generar empleo desde iniciativas empresariales ni de poner las bases legales para renovar el tejido empresarial y la propia función y concepción del trabajo en nuestras organizaciones. La política sirviéndose de un circo mediático: si no hay empleo, créatelo tú, venga, las oportunidades están al doblar la esquina, búscalas, no será fácil pero tú puedes, te sentirás “todo un hombre” si lo consigues y te habrás forjado el carácter si no…

Ya que no hay dinero, lo que necesitas es motivación, coraje, resiliencia, generosidad, capacidad de superación… y hasta sentido del humor. No te preocupes, que no te voy a dejar solo: yo te lo explico. 😆

Y para el dinero, también resuelto: rondas de financiación en la feria de las start-up. Pasen, señores inversores…: nuestras start-up están en el lineal del pasillo quinto, junto a los yogures; los elevator pitch, en los probadores de la zona de confección; el intercambio de tarjetas, en las cajas; y hoy como oferta especial… ¡networking en el pasillo central!

No niego que esta feria de vanidades no sea útil para quienes emprenden, pero suena tanto a gestión de mercancía…

Queridos emprendedores: más os vale cuidar el packaging.

Las grandes carencias.

¿Qué tipo de ideas creen que están detrás de la mayoría de los proyectos empresariales?

Les diré qué he visto, mayormente, entre las cientos de start-up que he visto recientemente:

  • soluciones de formación: en píldoras, en bocados, en pastillas…;
  • aplicaciones para redes sociales, para comunidades conectadas al comercio electrónico;
  • servicios web para los ciudadanos, para el deporte, para las compras, para el turismo, para el ocio…;
  • soluciones para la compra electrónica;
  • servicios de marketing on line;
  • plataformas colaborativas para iniciativas de innovación social;
  • y en general… servicios web, para todo lo imaginable.

Verán… 😯 ¿no echan de menos algo?

Yo echo de menos al señor don PRODUCTO.

Hubo un tiempo en que emprender era embarcarse en una iniciativa empresarial cuyo objeto era transformar la materia y crear valor en ello. Cierto es que los servicios aportan igualmente valor al consumidor o al usuario, pero si los miramos desde una perspectiva social, generan una actividad económica que se debilita cuando el sector secundario se tambalea.

Dicho de otra forma, con frecuencia no es sencillo entender el significado de competitividad de un servicio frente al mundo, sino solo frente a quien compite conmigo en local. Pero eso, estimados lectores, no aporta gran cosa a la competitividad de la economía ligada a un territorio… y ya se está viendo que el asunto no es baladí.

Detrás de un servicio hay valor, pero es más discutible si hay creación sostenible de riqueza. Y en las start-up que uno se encuentra en general (quizá por su propia naturaleza como apuntaba la Wikipedia), no es fácil encontrar ni siquiera servicios asociados a producto, cuando menos proyectos industriales.

Una plataforma web es un riesgo muy limitado y un reto más ligado al éxito personal que a la función social de la empresa. Digamos que, en la perspectiva del tiempo, la épica del emprendedor ha perdido solidez. 😉

¿Cuántas, de entre los varios cientos de start-ups que he conocido en estos meses, creen ustedes que ligaban su proyecto empresarial a la fabricación de un producto?

Aciertan: (casi) ninguna.

Pues a mi modesto modo de ver, aquí tenemos un problema.

Y otro, que en cierto modo lo complementa… Vale que es mi opinión, pero una opinión contrastada con muchas otras y muy recientemente: necesitamos reivindicar socialmente la figura del empresario.

Porque es muy duro poner en marcha una empresa y sacar adelante un proyecto en el que pocos creen, pero no lo es menos sostener el riesgo durante años en el proceloso océano rojo del mercado global.

Más aún cuando además, esta labor no es espectacular sino callada y discreta… y solo se ve desde fuera si uno se fija muy bien.

Vivimos en una sociedad donde se confunde al gran directivo con el empresario, a quien en general se desconoce, o a quien se desprecia casi tanto y casi tan fácil y gratuitamente como hoy en día al banquero. Pero por contra, el territorio vasco está siendo un buen caso de comparación con otras áreas del estado para mostrar que el mantenimiento de un tejido empresarial productivo establece diferencias que necesitamos aprender a valorar.

Así que aquí, estimados lectores, lo que tenemos es todo un reto social.

Vibraciones: 110 (o 120) en autopista

Después de 30 años de carnet de conducir y acercándome a pasos agigantados al millón de km. al volante… hace unos meses creí que me habían puesto mi primera multa de tráfico.

Conducía con tranquilidad por la autovía, conversando con una compañera de trabajo que me acompañaba, en un día despejado y sin tráfico notable.

Supongo que me despisté en la limitación de mi velocidad y que también lo hice en la atención a los puntos de vigilancia del tráfico, porque de pronto me pareció ver el flash de un radar con nitidez. Desde entonces he esperado, semana a semana (y van ya casi 20), a que me llegue una notificación o a enfrentar la vista al oportuno registro de pantalla en esas consultas a internet que he estado haciendo cada 3 o 4 días (ahora más distantes) por si algún boletín la publica.

Creo que iría algo por debajo de 140 km/h, no más, pero en cualquier caso eso está fuera de los límites permitidos, así que si me llega la multa (aún no lo he desechado), la pagaré, porque en éstas como en algunas otras cosas… “soy muy legal”.

No se me escapa, por otro lado, que sin haber rebajado temporalmente el límite a 110 km/h en autopistas y autovías, en una discutible decisión gubernativa cuyo final ha llegado hoy, probablemente “habría librado”, pero es lo que hay. Pero eso me ha llevado a pensar que, al nivel al que ha llegado ya la tecnología de los automóviles y de las infraestructuras viales, hay adaptaciones que brillan por su ausencia desde hace mucho tiempo y que no acabo de entender por qué no se producen… o por qué al menos no se acaba por abrir un debate serio sobre el asunto.

Déjenme poner, una al lado de otra y por partes, dos imágenes simples separadas 25 años, como representación de estos meses pasados de fijación visual en el cuentakilómetros del coche…

LOS PUNTOS DE CONTROL DE MIS COMPARACIONES

MIS AUTOMÓVILES

“MIS” AUTOPISTAS

SUS LÍMITES DE VELOCIDAD

No es mi objetivo polemizar sobre la medida, pero aún suponiendo que el país se haya ahorrado 450 millones de euros en pagar petróleo y haya reducido con ello el déficit comercial, no es menos cierto que la mitad (en números redondos) de ese gasto hubiera revertido en forma de impuestos al propio estado, en un momento en que los ingresos no vienen nada mal… y sabiendo que quien no tiene ingresos a nivel particular no es quien gasta su dinero en combustible.

Por otra parte, la accidentalidad, las víctimas y los accidentes mortales, o cualquier otro indicador que imaginemos, han venido descendiendo significativamente durante años (las tasas de mortalidad se han reducido un 60% en 20 años, por ejemplo), pero obviamente, no lo han hecho a causa de reducciones en la velocidad en las autopistas (que se ha mantenido constante), sino como consecuencia de las mejoras en vías y vehículos que refleja la comparativa de imágenes anterior.

Podríamos incluso añadir que el 80% de los accidentes mortales se dan en carreteras normales y sólo un 5% se producen en autopistas y muchos otros datos para la polémica, pero desde el propio gobierno se advirtió que la siniestralidad no estaba en el punto de mira… y yo reitero que polemizar en esta cuestión tampoco es mi objetivo de hoy.

Lo que sí demando desde aquí es una reflexión técnica y serena sobre límites de velocidad. Las opiniones sobre aumentar los límites por encima de los 120 km/h, llegando a los 130 o incluso a los 140 se multiplican… y las encuestas son abrumadoras.

Alemania es el bien conocido ejemplo de que en largos tramos es posible incluso eliminar los límites de velocidad sin menoscabo de la seguridad… y sin perder el rigor donde hace falta. El análisis técnico debe tener en cuenta que las imágenes anteriores muestran la realidad evidente de una evolución tecnológica brutal que no se compadece con la evolución de las normas.

Y quien se estampa a 180 lo va a hacer igual si el límite está en 110 o en 140…

La disminución radical de los consumos de combustible ha venido dada por la mejora de eficiencia, rendimiento y prestaciones de unos motores que nada tienen que ver con los de hace 25 años… y vendrá definitivamente marcada por la electrificación del parque de vehículos.

Un tema más, les concedo que éste menor, que debería ser objetivo de la política real. Un pequeño paso para que nadie nos diga qué podemos o no podemos hacer… si no es necesario decirlo.