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Vibraciones: arte y Bilbao (y 4) – El arte de la ciudad

Bilbao se ha llenado de diseño y de arte. No es la primera vez: el proyecto del Ensanche de finales del siglo XIX y su ampliación de principios del XX salpicaron ya entonces la ciudad de grandes edificios firmados por arquitectos de gran prestigio, entonces necesariamente cercanos.

Pero la construcción del Museo Guggenheim a finales del siglo pasado fue la punta de lanza de una nueva transformación gigantesca de la ciudad, que había venido dando la espalda a la ría en su ya maltrecho pasado industrial y que decidió revertir esa situación convirtiendo las márgenes en la piedra angular de nuevos espacios urbanos dedicados al ciudadano, definidos desde el urbanismo y la arquitectura de diseño.

Arquitectos como Arata Isozaki, César Pelli, Santiago CalatravaFrank Gehry, Álvaro Siza, Rafael Moneo, Philippe StarckDiana Balmori, Ricardo Legorreta o Federico Soriano, han firmado la gran arquitectura de Bilbao en los últimos 20 años, a la que se han sumado arquitectos locales de estudios tan interesantes como Idom, Coll-Barreu o IMD.

Junto con la intensiva rehabilitación integral del Casco Viejo tras las inundaciones de 1983, la profunda restauración de numerosos edificios públicos y privados, o el cosido subterráneo del la ciudad con el hilo del metro firmado por Norman Foster, Bilbao es una ciudad para vivir, para pasear y para visitar.

Una ciudad inmersa en seguir construyendo futuro, en una nueva fase de transformación urbana ya en construcción, diseñada sobre la futura isla de Zorrotzaurre bajo el concepto creado por Zaha Hadid.

Una huella marcada por nada menos que 5 premios Pritzker (el considerado Nobel de la Arquitectura), de entre los 40 nominados a lo largo de toda su historia.

Este último artículo de la serie “arte y Bilbao” aborda las expresiones artísticas que llenan sus calles, singularmente en el ámbito de la arquitectura pero también en el de la escultura y el de la pintura.

En ese denso puente del Pilar pasado hubo tiempo para más que museos y restaurantes. Por ejemplo, decidimos acompañar a nuestros visitantes en el paseo por la ría a bordo de uno de los barcos de Bilboats. Desde el embarcadero en el paseo de Uribitarte (casi frente al Ayuntamiento) y hasta el final de la actual península de Zorrotzaurre, se consigue una síntesis panorámica de buena parte de los edificios emblemáticos anteriores y de varios exponentes de la edificación de finales del siglo XIX, varios de los cuales pueden ver en las fotografías que siguen.

Por supuesto, no se acaban con ese paseo fluvial las posibilidades de disfrute de arte entre las calles de Bilbao. Sin ánimo de abusar de su paciencia y sin afán de ser exhaustivo, voy a recoger para terminar una muestra adicional de arquitectura, junto a dos selecciones de escultura y pintura de las que puede un visitante disfrutar paseando por la ciudad.

ARQUITECTURA

Al margen de la arquitectura religiosa, también abundante y rica, el modernismo, el eclecticismo, el racionalismo… todas las tendencias arquitectónicas de los siglos XIX, XX y XXI tienen presencia en la edificación civil de la villa, habiendo sido protagonista en las décadas más recientes de la transformación de una ciudad industrial a una de servicios, con un marcado componente cultural y un elevado impacto a nivel internacional.

ESCULTURA

No hace muchos años que los bilbainos nos retábamos a descubrir esculturas encajadas en los muros y cubiertas de los edificios de la ciudad. Entonces, en ese pasado industrial que aún muchos recuerdan y que definía a la ciudad por la suciedad de sus fachadas, nadie buscaba belleza artística en sus paseos urbanos.

Cómo hemos cambiado… Hoy, esas estatuas son parte de nuestro paisaje e incluso las reconocemos si nos muestran su imagen. Somos capaces hasta de acertar su ubicación.

Pero el cambio más importante de los últimos años en el campo de la escultura se ha producido fuera de los muros, directamente sobre las plazas, los jardines, los paseos y las calles de la ciudad. Mi selección para este artículo solo contiene escultura con ese carácter: con voz propia.

PINTURA

¿También pintura? ¿Sorprendidos?

Pues sí: también la pintura tiene sitio en la ciudad, fuera de lo que encierran los muros de los edificios, me refiero. Bien… quizá con mayor polémica… pero es indudable que son obras que empiezan a ser catalogadas, con algunos autores internacionalmente reconocidos que empiezan a dejar su impronta artística en varias ciudades del mundo y cuyo potencial creativo se remunera por parte especialmente de las administraciones locales.

No es Bilbao una excepción… y algunos de los murales que pueden disfrutarse en la villa tienen calidad como para traerlos a modo de cierre de la serie.

Pasen, vean… y díganme luego qué opinan de esto…

Hemos terminado.

Con un “añadido publicitario”, esto fue el resumen no exhaustivo de tres días de octubre alrededor del arte en la Villa de Bilbao. Espero que hayan disfrutado de los cuatro posts de la serie y, sobre todo, que les haya dejado con ganas de visitar la ciudad con los ojos puestos en la belleza.

Quizá, incluso, lo puedan hacer en la suya… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

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Vibraciones: arte y Bilbao (3) – Reflections y Eneko, ¿arte efímero?

Esta tercera entrega de la serie “arte y Bilbao” es un tanto especial.

La Wikipedia define el concepto de “arte” como “cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos“.

Para el diccionario de la RAE, es una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros“. 

Además de las visitas guiadas a los museos de Bellas Artes y Guggenheim que describía en los dos posts anteriores, el puente del Pilar dio para muchas otras actividades en las que, a mi modo de ver, el arte se expresa a través de propuestas en cierto modo efímeras, destinadas a no ser reproducidas nunca más o a desaparecer tras ser disfrutadas o consumidas por el observador.

La primera la habrán adivinado quizá por las imágenes de cabecera. Ha inundado redes sociales (me consta que no solo en nuestro entorno) y medios de comunicación, así que a muchos de ustedes no les resultará extraño que la traiga hasta aquí. Se trata del espectáculo de proyección de luz y sonido que sobre la fachada fluvial del museo Guggenheim, se diseñó y representó a modo de celebración del vigésimo aniversario de un museo que ha sido pieza clave en la transformación de la ciudad.

Como un fenómeno recursivo, la piel de titanio fue reflejando durante 20 minutos su entronque con la cultura del hierro, las analogías con el universo naval al que sustituyó, los primeros bocetos, el diseño imposible, la construcción desafiante de su armadura interior, el crecimiento de su epidermis metálica… y sus obras, claro, a través de elementos simbólicos como arañas, pensamientos, gamas cromáticas, geometrías…

El montaje, que se tituló “Reflections“ y que se proyectó del 11 al 14 de octubre, fue diseñado y desplegado por 59 Productions, una empresa británica especializada en espectáculos de mapping.

He leído que se utilizaron 900.000 lúmenes de luz de proyección, casi 5 km de cable de fibra óptica, 120 toneladas de equipo, 160.000 vatios de potencia de altavoz y más de 1 millón de lúmenes de equipo de iluminación. La cifra más importante, con todo, es que más de 300.000 personas asistieron en directo a la representación a lo largo de los 4 días de proyecciones.

No es vídeo-arte, no es cine, no es música… pero es una indudable mezcla de arte y tecnología cuyo propósito es despertar sensaciones detrás de un significado, detrás de una historia. Una pieza artística efímera, que nunca podrá volver a verse en vivo.

Pónganse cómodos, activen el sonido, suban el volúmen y proyecten a pantalla completa los 20 minutos que siguen a continuación. Podrán ver… una gran copia. 😉

Esperen… que esta vez hay más.

Dos por el precio de uno y en esta ocasión, arriesgando. ¿Creen que la gastronomía es arte?

Bueno… no me refiero a cocinar… sino a esa cocina que vive para alcanzar las tres estrellas Michelín. Sin entrar en la polémica del enlace anterior, permítanme defender que sí: de la misma manera que dibujar un croquis del salón de casa o silbar una melodía distraidamente mientras hacemos cualquier otra cosa no son manifestaciones de arte en pintura o música, admito sin discusión que cocinar unas alubias hogareñas no es arte aunque pueda “tenerlo”. 😉

Pero es que hay cosas… En uno de esos tres días nos regalamos el placer de disfrutar de uno de los menús del Eneko, uno de los restaurantes del complejo del Azurmendi que dirige Eneko Atxa desde su atalaya de Larrabetzu (a tiro de taxi, si pueden).

Creo que esa cocina es arte, que trata de provocar emociones en quien se acerca a ella, que utiliza materiales orgánicos, sí… pero que lo hace desde la técnica artística, construyendo texturas, jugando con la luz, con los aromas, elaborando geometrías y gamas cromáticas para el deleite de la vista, diseñando los espacios y generando, en definitiva, sensaciones para la mente que uno descubre por primera vez allí.

No es solo una efímera experiencia sensorial, sino que también es evocativa. Y también es heredera de quien la construye, de su experiencia vital, de sus raíces, del mensaje que con ello quiere transmitir… que lo hay (e importante, me consta por una experiencia previa) en un cocinero de autor como Eneko Atxa.

Déjenme decirles que hay pocas cosas más voluptuosas que el “huevo de caserío sobre estofado de trigo” que probamos, pocas cosas tan sorprendentes como la explosión en la boca de cada “aceituna helada”, pocas tan esenciales como la “gatzatua de foie”, pocas tan intensas como la niebla aromática de fresas para dar la bienvenida al postre…

Pero si aún piensan que el párrafo anterior es solo un conjunto de experiencias sensoriales, echen un vistazo a las siguientes imágenes… y luego hablamos.

   

Mantequilla de cebollino y sal rosa del Himalaya        Aceituna helada con tierra de oliva negra

   

Gatzatua de foie y vino tinto                                         Vermut de Zerratia

Huevo de caserío sobre estofado de trigo y jugo de pimientos a la brasa

   

Rabo de vaca Betizu envuelto en pan crujiente        Merluza al carbón con emulsión de salazones

   

Secreto ibérico “Joselito” al sarmiento, crujiente                 Niebla aromática de fresa

Mmmm… ¿Opinión?

¿Sí? ¿No? Ya ven que tres días dan para diversificar extraordinariamente la aproximación al arte, hasta extremos insospechados pero muy apetecibles, jejeje… y eso que me he propuesto no ser exhaustivo. 😉

Venga… Ya solo queda la cuarta y última entrega: la ciudad.


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (2) – Baselitz, Viola y el Guggenheim

Era viernes y 13… en este mes de octubre de Bilbao.

En el post anterior les invitaba a acercarse cuanto antes a la ciudad para ver una exposición extraordinaria. Hoy les voy a dar una razón más para hacerlo con extrema urgencia… y no podré darles dos, porque parte de lo que ese día podía visitarse, hoy ya no puede verse.

De nuevo era una visita guiada, pero en esta ocasión a dos exposiciones temporales en el Museo Guggenheim: “Los Héroes” de Georg Baselitz (lo siento, ya no podrán verla) y la retrospectiva de Bill Viola (aún abierta, pero solo hasta el 9 de noviembre).

Impresionante la muestra de Baselitz, uniendo la serie de obras originales de sus “héroes” (realmente antihéroes, tras la posguerra y en plena guerra fría en los 60), con la reinterpretación 40 años más tarde denominó Remix y con el paso intermedio de sus composiciones fracturadas.

Sin ánimo de ser muy pesado, les introduzco brevemente en el asunto: en la serie inicial, sus “Héroes” son soldados o pastores deformes y desproporcionados, vestidos con andrajosos uniformes militares, desgastados, con frecuencia con objetos recurrentes, siempre destrozados, inútiles, pintados con gamas cromáticas muy identificables con el feísmo alemán… para mostrar un mundo siempre a medio camino entre el fracaso y la resignación. Las manchas y los trazos firmes no escapan de lo figurativo, sino que lo refuerzan.

Entender a Baselitz (su vida en el este y oeste de Alemania, su crítica al “hombre nuevo” del realismo socialista y su revisión del papel alemán en la posguerra) es, una vez más, adquirir una nueva forma de mirar su obra.

No… no sabía nada de esto antes de verla. Solo tenía en mente su nombre entre la nebulosa de nombres de artistas que en algún momento sé que han existido. Nada de qué avergonzarse: imagino que les pasa algo similar a la mayoría de ustedes, queridos lectores… con la honrosa excepción de quienes sean realmente conocedores del arte de nuestro tiempo.

Por eso me pareció una vez más indispensable la visita guiada. No son ya guías a la vieja usanza, declamantes de textos aprendidos, perfectamente encapsulables en un gadget de visita guiada… son personas que saben de arte, de artistas… personas con las que, disponiendo de tiempo, la conversación se hace más rica cuanto más indaga en la comprensión de sus vidas y de sus obras. Personas que ayudan a que la belleza aparezca, casi insultante, desde el fondo de desolación y melancolía de una obra, precisamente por ellas.

Si quieren probar un aperitivo de cómo puede entenderse y disfrutarse uno de los trabajos de Baselitz (“La Señora Lenin y el Ruiseñor”, ahora perteneciente a la colección permanente del Guggenheim Bilbao), les recomiendo encarecidamente que vean el breve vídeo disponible en la propia página del museo.

No ahondaré más en Baselitz porque, desgraciadamente para quien quiera aún verla, el pasado 22 de octubre cerró sus puertas, pero aún hay tiempo (poco… apenas 10 días), para disfrutar enormemente de la retrospectiva de Bill Viola. Es espectáculo puro, sensibilidad, experimentación, provocación…

¿Han visto alguna vez una exposición de vídeo-arte? Les reconozco que yo había hecho dos o tres intentos de disfrutar de alguna en el pasado… sin conseguirlo. Frías, ininteligibles, a menudo desasosegantes sin contrapartidas de emoción o belleza…

Nada que ver con la brutal retrospectiva de Viola: limpia, sensible, sorprendente, serena, reflexiva, provocadora… muy humana.

De nuevo entender al personaje es clave, aunque en esta ocasión, son los comentarios sobre la obra (no muy del agrado al parecer de Bill Viola, que prefiere que su obra se disfrute sin explicación alguna) los que permiten vestirla de significados que tiñen la luz que se imprime en nuestras retinas.

El mito de Sísifo disfrazándose entre las pantallas, la naturaleza humana del sutil lenguaje del cuerpo, la ruta de la vida hacia la levedad de la muerte o la suspensión etérea de los sueños se muestran en una exposición de la que quizá convenga disfrutar en soledad, aunque se vaya acompañado.

Vean los vídeos que les dejo más abajo para hacerse una idea de lo que se pueden encontrar.

Si no están a tiempo, seguro que nuevas exposiciones temporales ocuparán el sitio de éstas con brillantez, pero es que además, la colección permanente del museo es espectacular: la descomunal obra paseable de Richard Serra, los neones de Holzer en el atrio, la propia arquitectura del museo… Con un buen guía, hasta puede que alcancen a traducir el mensaje detrás de la obra viva que es la “Tierra De Los Dos Ríos” de Kiefer, a entender cómo Rothko consigue recrear espacios luminosos por la simple superposición de infinitas capas cromáticas o, ya en el colmo de los colmos… hasta comprender a Motherwell 😀 .

No digo más… En un par de artículos les he propuesto un fin de semana perfecto: una mañana en el Bellas Artes, otra en el Guggenheim… y en las tardes y noches libres, una ciudad para pasear su arquitectura o disfrutar de su gastronomía, en una sucesión de muchos momentos convertidos en un deleite de arte.

Pero eso lo contaré dentro de unos días… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (1) – Koplowitz y el Museo de Bellas Artes

Han pasado ya 15 días y aún queda el regusto inquieto de un puente del Pilar disfrutado desde los sentidos. Un grupo diverso y de origen diverso se reunía en Bilbao para ver la ciudad desde sensaciones traducidas por la luz, el color, los aromas, la imagen, los sabores, los sonidos y las formas ligadas al arte, en su pleno sentido.

La agenda cubría tres días, con nivel de actividad descendente pero siempre intensa, llena de experiencias que uno no se permite con asiduidad, o simplemente suceden de forma efímera.

Van a ser varios post… pero suele ser buena práctica empezar por el principio, ¿verdad? 😉

A las 10 y media de la mañana del 12 de octubre nos esperaba la colección particular de Alicia Koplowitz en el Museo de Bellas Artes. Una visita guiada.

La muestra exhibe pinturas, dibujos y esculturas desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, sin un hilo conductor más allá de una permanente búsqueda de la belleza.

Nada menos que 90 piezas de una colección que hasta ahora se había expuesto solo una vez (recientemente y de forma más reducida, en julio, en el museo Jacquemart-André de París) y que es una de las colecciones privadas más impresionantes que existen en Europa.

Por lo que nos contaron, la orientación de la colección o al menos su composición era hasta ahora desconocida y desde luego inédita.

Impensable ese estreno en Bilbao, probablemente, de no ser por la excelente relación personal de Alicia Koplowitz con Miguel Zugaza, otra vez director del museo bilbaíno tras la larga y fructífera etapa de saneamiento, modernización y relanzamiento del Prado.

La experiencia de una visita guiada por el arte contemporáneo es única, espectacular. Para un profano como es este escribidor, entender la forma en que cada autor construye su obra, siempre ligada al entorno y los avatares de su vida, abre una inmensa puerta a ver cada pieza desde una perspectiva radicalmente distinta, a absorber una belleza que explota más allá de los cánones de la estética, la armonía o el equilibrio muchas veces invisibles desde la mirada incompetente.

En la colección de Alicia Koplowitz están Miquel Barceló, Modigliani, Rothko, Bacon, Giacometti, Louise Bourgeois, De Kooning, Warhol, Twombly, Van Gogh, Gauguin, Canaletto, Picasso, Juan Gris, Toulouse-Lautrec, Goya, Zurbarán… pero no es esta abrumadora acumulación lo que más hace recomendable la visita.

Es entender…

Entender el camino hacia el desvanecimiento de lo figurativo de muchos autores, admirar la desproporcionada dimensión de la mano de una mujer picassiana, sentir la desolación de las obras de Bacon desde su necesidad de estar sobrio para expresarla, preguntarse por qué se percibe esa extraordinaria belleza en la mujer pelirroja de Modigliani, apenarse en el contraste de la muchacha con su abrigo de pieles de Freud, entender la compleja relación con el comportamiento de la madre y su significado tras las arañas de Bourgeois

La experiencia es extraordinaria, créanme.

Si se han intentado acercarse alguna vez como profanos a este mundo de percepciones intangibles… ¿qué opinan de Miquel Barceló, de su estética y de la utilización de materiales orgánicos? ¿Pondrían un Francis Bacon en su casa si tuvieran la posibilidad de hacerlo? Quizá la respuesta sea no: por la tristeza de la que se impregna cada mirada, por el desasosiego que genera solo el sentir que está al lado, vigilante, o incluso por un simple y subjetivo criterio de fealdad estética o cromática…

Pues hoy yo sí lo haría. Sin dudarlo, disfrutando de entender la tragedia o la belleza que hay detrás de cada trazo, de cada elemento, de cada sombra… como no hubiera sido capaz de ver nunca por mí mismo.

Reconozco que aún hay artistas y obras que se me resisten: Juan Gris, Tàpies… Su dureza me aleja, pero…

TIENEN que ir, están a tiempo: se ha prorrogado, de momento, hasta el próximo 12 de noviembre. Cojan su coche, reserven hotel o vuelo, compren las entradas… y hagan una visita guiada, por favor: llamen o hagan lo que sea necesario para que esté disponible.

Entenderán el arte, en especial el arte contemporáneo, como nunca lo habían entendido.

Y disfrutarán de un museo que es mucho más que la colección de Alicia Koplowitz, en una ciudad que ya es un lugar al que hay que ir.

 


Los cuatro post de la serie son: