ciencia

Vibraciones: tesis doctoral, un respeto

Ayer tuve la fortuna de asistir a la defensa de la tesis doctoral desarrollada por Eneko Odiaga en el aula magna del campus de Oñate de MU.

Al parecer, Eneko había optado por algo poco frecuente últimamente: enfrentarse a la construcción de evidencias desde una investigación centrada en información no cuantitativa de la que, de alguna manera y a través de un par de largas entrevistas, yo había formado parte.

Nada tiene que ver este artículo con la tesis expuesta (“Diversificación e innovación abierta en el grupo MONDRAGON. Un estudio de casos“), ni con sus contenidos o con el juicio que me merece un asunto que me resulta muy cercano y con frecuencia amargo… sino con el acto en sí mismo.

Tengo que advertirles de que era la primera vez que yo asistía a la defensa de una tesis y, por consiguiente, que es de mi ignorancia subyacente de la que nacen estos párrafos… 😉 … y es que mi aproximación al acto fue exactamente la misma que la que habría tenido para asistir a una conferencia.

Y no…

No es lo mismo.

Muy posiblemente hay otras formas de defender y calificar una tesis de la que yo viví ayer, probablemente mucho más rígidas, más tensas, más formales… pero no cabe duda de que participé de algo muy diferente a la dinámica de una conferencia:

  • En primer lugar, la asistencia. Apenas una docena de personas nos podíamos denominar “público” en una sala con capacidad para más de 100; pero es que entre esa docena estábamos los dos directores de tesis, algunos familiares, tres compañeros de trabajo del doctorando y algunos de los que aportamos información sobre nuestras experiencias para la investigación.
  • En segundo lugar, el papel del tribunal. No solo porque existiera (lógico), sino porque asumió el rol protagonista que en ese acto le correspondía desempeñar. Tuve la impresión, equivocada o no, de que los 5 miembros del tribunal se habían leído la tesis 😮 y aún más, de que al menos 4 de ellos lo habían hecho con cierto detalle. Una buena parte del acto se centró en sus valoraciones sobre lo positivo del trabajo realizado y sobre aspectos que a su modo de ver hubieran aportado más solidez a la investigación o a sus conclusiones, o recomendaciones para futuros proyectos de investigación que hipotéticamente pudieran derivarse del presentado.
  • En tercer lugar, el papel del doctorando (hoy ya doctor). Su defensa de tesis fue firme, sobria, sólida y sintética, con dedicación de espacios tanto a la cuestión metodológica (la construcción de evidencias sobre información cualitativa) como a las conclusiones. Una exposición desde la sencillez, pero con una presencia y una autoridad que solo puede asumir quien habla desde la convicción sobre el trabajo desarrollado. Su respuesta a las aportaciones del tribunal fue igualmente ordenada, coherente y bien estructurada, pero sobre todo holística, centrada en el auténtico corazón de los postulados de la tesis.
  • En cuarto lugar, la emocionalidad dominante. Nada cercano a la curiosidad por descubrir o por aprender (a pesar de que existiera), nada tampoco relacionado con un espíritu de celebración (a pesar de que lo pareciera), ni nada ligado al juicio crítico sobre los postulados defendidos (a pesar de que se vertieran y de que formaran parte esencial del momento): desde mi punto de vista y sin lugar a duda, la emocionalidad dominante fue el reconocimiento. Todos tenían bien presente el esfuerzo continuado que exige la redacción de una tesis bien trabajada y eso se manifestaba a cada minuto del acto.
  • En quinto lugar, la idea de equipo. Para mí un pequeño descubrimiento porque visualizaba el doctorado como un reto esencialmente individual. Sin restar ni un ápice de valor al esfuerzo personal del doctorando, cuyo trabajo se desarrolló además en paralelo a su actividad profesional, salí con la idea de que había un cierto espíritu de equipo que incluía a los directores de la tesis. Los miembros del tribunal (obviamente todos doctores y con esa misma experiencia previa en primera persona), se encargaron de ponerlo de manifiesto en varias ocasiones y, lo que es más importante, los directores de la tesis desbordaban de orgullo por el broche al proceso del que sin duda se sentían partícipes.
  • Y en sexto y último lugar, la liturgia. Obviamente, nadie entra en la sala antes de que lo haga el tribunal. La palabra la tienen solo los miembros del tribunal y el doctorando (cada uno en el momento procesal que corresponde) y cuando el tribunal cede la palabra a alguien ajeno a ese proceso, solo lo hace con los directores de la tesis: el resto somos, realmente, solo observadores invitados. En la valoración del tribunal sobre la tesis defendida, todos salimos de la sala y finalmente y para mi sorpresa, fruto sin duda de la ignorancia… el dictamen del tribunal, al volver a entrar todos en el aula magna, se lee y escucha con todo el mundo de pie.

Me encantó haber tomado la decisión de asistir. Me hizo recordar algunas cosas que, a pesar de resultar con frecuencia obvias, olvidamos cara vez con mayor asiduidad por la cultura dominante del igualitarismo y lo políticamente correcto:

  • No es necesario, ni conveniente, ni deseable, que todo el mundo pueda asistir a cualquier cosa. Como en el gato de Schrödinger, la simple observación puede alterar el estado de realidad. 😉
  • No todo el mundo hace el mismo esfuerzo en la vida por alcanzar una meta. No todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Y por lo tanto, no todo el mundo tiene derecho a un reconocimiento equivalente. :-/
  • El esfuerzo que alcanza metas reconocibles devenga en valor. Y eso significa que lo contrario también aplica. La igualdad debe defenderse en las oportunidades… pero la diferencia en las mismas no es justificación de casi nada: es raro que la vida no te permita de alguna manera acumular méritos y, si alguien no quiere hacerlo, debería notarlo. 😡
  • Los ritos y las liturgias son esencialmente respeto. Por una persona, por un momento, por un acontecimiento, por un trabajo… Y están bien: ayudan a reconocer y ser justos con lo diferente y bueno. Si se producen desde la honestidad y la sencillez y se alejan de lo casposo, no solo están bien… es que están muy bien. 😎

Enhorabuena, Eneko.

Sin duda alguna… no estuve en una conferencia, sino en un acto esencialmente académico.

Oigan, una tesis doctoral.

Un respeto.

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Vibraciones: envejecimiento

regeneración óseaAcabo de leer en la edición digital de El Correo un artículo sobre la presentación pública de una vía de regeneración de tejidos óseos mediante un nuevo biomaterial patentado por científicos de la Universidad de Granada. Por resumir, básicamente se trata de una combinación de células madre que crecen y se diferencian sobre una tela de carbón activado, dando lugar a un producto que permite la regeneración del hueso porque lo simula extraordinariamente bien.

Barato y eficaz, por lo que parece. Y para los que estamos en el mundo industrial… mediante un composite vivo, vamos… 😉

Al parecer, aún no se han realizado ensayos en seres vivos, pero los resultados de las pruebas de laboratorio han debido de ser espectaculares, hasta el punto de generar gran confianza en los resultados definitivos, que se prevén obtener de las pruebas que arrancarán tras el verano.

Me ha llamado la atención la referencia que los investigadores hacen a que no han identificado productos alternativos en el mercado, ni tampoco nada similar descrito en la bibliografía científica.

Imagino que no es la única investigación en el mundo orientada a soluciones para humanos de las que no haya referencia alguna, así que esa frase de que “veremos cosas extraordinarias” vuelve a mi mente con fuerza, no solo relacionada con la tecnología de los objetos y las comunicaciones, sino con la evolución real del ser humano hacia el “cyborg”, un concepto que ya es hoy una realidad y que Raymond Kurzweil anunciaba ya hace unos años en una entrevista de Redes simplemente alucinante.

Pero al mismo tiempo, por mi mente transcurrían en paralelo otras imágenes, las de personas que conozco y que empiezan a vivir pequeños, medianos o grandes problemas relacionados con la salud, que surgen de forma inesperada una vez pasada esa barrera que parecen ser los 50 años

Yo, que desde ya-hace-tanto-tiempo-que-no-me-acuerdo vengo diciendo que voy a vivir 100 buenos años, hace casi dos que he comenzado esta segunda parte de la vida. En mi entorno social y laboral, muchos de mis conocidos están también ahí.

Parece que las sorpresas inesperadas ligadas a problemas cardiovasculares o a degeneración celular multiplican sus posibilidades de forma médicamente muy significativa a partir de esa barrera de los 50. Y me disculparán por la ignorancia, pero les reconozco que no acabo de entender por qué los mecanismos de regeneración celular tienen que estar sometidos a un momento bisagra… y no a un proceso de degeneración más lineal.

Supongo que una mente acomodada a los procesos mecánicos de desgaste en entornos industriales es la que dibuja el marco de esa incomprensión y que otro tipo de conocimiento científico me daría un entendimiento preciso del asunto, porque fuera de ello solo queda asumir que “es lo que hay”… que “es ley de vida”.

No me preocupa hoy. No es eso lo que me mueve a la escritura en esta ocasión.

Se trata más bien de la idea de ser eterno. Ya sé que me dirán que siempre hemos sabido que somos finitos, que morir es un hecho inevitable (alguna vez he llegado a postular que incluso es sano 🙂 )… pero creo sinceramente que no se es igual de consciente de ello con 30 años que con el doble. No de la misma manera.

Lo que me ha sorprendido es que, quizá por esos pequeños incidentes vitales que comienzan a aflorar con más frecuencia tras los 50, la conciencia de “cuenta atrás” comience tan pronto, que la necesidad de ir “atando” cosas se manifieste con una vitalidad diferencial, a veces desencadenada por un hecho concreto y a veces por una simple reflexión personal que se va asentando lenta pero inexorablemente dentro de nuestras cabezas.

CyborgDecía Kurzweil en la entrevista que les citaba que “somos la primera generación que trabaja por aumentar su propia esperanza media de vida”. Por las noticias que recibimos cada poco tiempo, sé que probablemente tenga razón… pero no dejo de preguntarme para cuántos de nosotros todo eso va a llegar de verdad a tiempo.

Cuántos de nosotros (¿afortunadamente?), de mil maneras invisibles… acabaremos siendo cyborgs-cuasi-infinitos. 😉

Vibraciones: inútil, pero curioso

Muchos de los “viejos rockeros” de la blogosfera seguro que lo conocen. En especial aquéllos inquietos a quienes entender el porqué de las cosas que despiertan de vez en cuando nuestra curiosidad y hacerlo disfrutando del estilo de un divulgador científico les atrae.

Pero para muchos de los lectores de esta bitácora es posible que esta entrada signifique el descubrimiento de un lugar para el ejercicio neuronal, para la sonrisa inteligente y el deleite de entender de forma sencilla acontecimientos sorprendentes pero que con frecuencia asumimos sin hacernos preguntas, como parte de nuestro mundo cotidiano.

Hoy cierro este agosto veraniego presentándoles un blog.

Antes de enlazarlo o darles su nombre, permítanme mostrarles algunos datos que creo convendrán conmigo en que lo califican, al menos, como un blog singular:

  • Nació nada menos que en agosto de 2004. Es decir, tiene ya la friolera de 8 años, que para una bitácora no está nada mal. En su post inicial (que se queda muy, pero que muy corto prediciendo en qué va a consistir) anuncia: Este blog surge como intento de poner por escrito muchas de las cosas graciosas, curiosas y, por supuesto, inútiles, con las que me voy topando. No creo que a mucha gente le interese saber que “helicóptero” significa “ala redonda” en griego, pero a mi me encantó saberlo. O cuántos escritores que han descrito un viaje a la luna han cometido errores de bulto. O lo impresionante que es la novela “Criptonomicón”, de Neal Stephenson. O que es inevitable tener (al menos) un remolino en la cabeza (incluidos los calvos), o que tras remover un café al menos una de sus moléculas está (grosso modo) en el mismo sitio donde estaba antes de removerlo, o que es mentira que el agua gire en los lavabos en un sentido u otro según el hemisferio en el que estemos…
  • De su autor (hubo un tiempo en que no fue el único) a quien no tengo el gusto de conocer, solo puedo adelantar que es un físico aeroespacial reconvertido en “trader”, divulgador científico y violinista, según su propia definición.
  • Desde el principio, la relación con sus lectores fue intensa. De hecho, muchos de los post de divulgación científica son respuestas elaboradas contra los desafíos planteados por sus lectores y compañeros de conversación.
  • Presten atención, por favor, a estos datos:
    • 883 entradas.
    • 18.067 comentarios.
    • 4.033 comentaristas.
  • Lo siguiente impresiona aún más: el 31 de mayo de 2008 publica un post bastante intrascendente dedicado a una simple novela y, sin aclaración ni aviso de ningún tipo, no vuelve a publicar hasta el 24 de septiembre de 2011, tres años más tarde. En ese artículo de 2008 recibe 272 comentarios… ¡que se prolongan durante nada menos que 12 meses!
  • Tras esos tres años de sequía y silencio, el post de reencuentro, de un único párrafo, recibe 196 comentarios.

Señoras y señores… tengo el honor de introducirles a CPI (Curioso Pero Inútil) y de presentarles a Remo, su autor.

Si quieren saber la respuesta a una pregunta como “¿Por qué cuando te subes a una escalera mecánica que NO funciona y sabes que NO funciona, los primeros pasos en ella parece que se mueva y lo mismo al salir (por qué hay una especie de tiempo de recuperación al entrar y salir si sabemos de sobra que no funciona)?”, si les tienta entender por qué se corta el ali-oli si se cambia la dirección de giro, si quieren conocer el por qué son posibles los concursos de camisetas mojadas (por qué la ropa mojada transparenta)… ese es su sitio.

Porque CPI ha vuelto.

A 2 por año, pero ha vuelto.

¿Apetece un vistazo rápido a qué tipo de temas se responden en CPI?: pasen por su esencia. Hay más cosas, pero les dejo que las descubran.

Se lo recomiendo, además, porque Remo adorna en CPI el rigor divulgativo con retazos de humor inteligente.

Y no tengo nada más que añadir.