creatividad

Reflexiones: crítica de la creación colectiva

Estoy un poco cansado de la banalización a la que hemos llegado en los procesos de creación de pensamiento.

Cualquiera a quien se asigne la responsabilidad de conducir a un grupo hacia un objetivo de generación de ideas, con la simple experiencia de haber participado ya a estas alturas de la vida en unas cuantas dinámicas de grupo y con ello perdida la vergüenza… se pone en situación, se atreve a conducirlo y casi puedo afirmar que lo cierra con un nivel de autocomplacencia y satisfacción pública colectiva razonablemente altas, aunque el resultado real, en la práctica, se aproxime posteriormente a cero.

No se confundan, no critico la actitud de quien se atreve a dar el paso, es imprescindible para empezar el camino. Todos lo hemos hecho.

Pero nos hemos acostumbrado con extraordinaria facilidad a asumir que un proceso participativo, respetuoso con la opinión y la aportación de cada uno, generador de cientos de ideas, emocionalmente positivo y razonablemente orientado a un propósito, es todo un éxito en sí mismo, un trabajo bien hecho.

Y no.

Todo eso puede ser “muy guay” y dejarnos a todos muy contentos del esfuerzo creativo teóricamente desplegado… pero dista mucho de ser un éxito. Al menos, la mayoría de las veces en que desde la distancia observo, tras años de experiencias y prácticas, el impacto que esos procesos han tenido en las decisiones de responsables y organizaciones, impacto que valoro como más bien ineficiente y hasta escaso, cuando no nulo.

La generación de ideas y el proceso de mejora o innovación en que puede derivar asume, sin cuestionar, muchos “mantras” introducidos en nuestras prácticas por simple repetición de quienes han sido o hemos considerado expertos. Pero un servidor, desde su modesta experiencia, está empezando a darle muchas vueltas.

Un proceso típico de ideación conlleva sucesivas fases divergentes y convergentes. Las primeras están destinadas a abrir caminos diversos e inexplorados y las segundas tratan de filtrar y “bajar a tierra” las anteriores. Se supone que se esta sucesión de ciclos de abrir-cerrar se debe llegar a seleccionar posibilidades:

  • alineadas con la cultura de la organización;
  • con implicación emocional y racional de los participantes;
  • sistémicas, si el grupo de trabajo ha sido multidisciplinar y representativo de los stakeholders del asunto;
  • diferenciales respecto a otras vías exploradas en el pasado;
  • suficientemente poderosas como para resolver o atajar el problema o el reto planteado.

Sin embargo, la realidad dista muchas veces mucho de este ideal, o no termina de concretarse en acción con el suficiente poder como para transformar las cosas. ¿Por qué?

Vamos con algunas reflexiones al respecto…

CUANTAS MÁS IDEAS, MEJOR…

Esssse “momento brainstorming“… 😉 Este es un “mantra” que aparece en las fases divergentes, una petición que se hace sistemáticamente a cada grupo de trabajo: “No importa la calidad ahora, lo que necesitamos son muchas ideas, cuantas más, mejor…“; “Luego ya filtraremos y seleccionaremos…

Y claro… ya hemos comprobado lo fácil que resulta recoger decenas si no cientos de “ideas” en un cuarto de hora. Porque la gente… cuando se pone a colaborar, colabora, vaya que sí… 😀

Claro que “mejorar la comunicación”, “dar más formación”, “practicar la escucha activa”, “ser más rigurosos”, “actuar con determinación”, o no digamos nada de “cambiar el chip”, “realizar un cambio cultural” o “apoyarnos en nuestros valores”… son ejemplos de miles de ideas que todos ustedes habrán protagonizado o recogido ya numerosas veces en docenas de procesos de generación de ideas, sean sobre el tema que sean.

Y por regla general, claro está, son aportaciones notoriamente inútiles.

Muchos conductores de procesos creativos desprecian con frecuencia una recomendación que alguien me hizo hace ya mucho tiempo: el brainstorming simple es útil cuando se aplica a un foco concreto, cuanto más mejor; si se aplica a una propuesta genérica, los resultados suelen ser decepcionantes.

Sobre todo esto hay mucho que decir:

  • Muchos participantes en estos procesos no entienden como importante su participación en ellos. Todo el mundo ha interiorizado ya, a estas alturas, que “participar” es inevitable y además que es “bueno”, así que asiste cuando se le convoca aunque no entienda muy bien por qué. Pero si se siente “material de relleno”, no pondrá su potencial creativo al servicio del proceso.
  • Cuando no hay necesidad ni sentido de urgencia, resulta demasiado sencillo esconderse tras los lugares comunes, las vaguedades y todo aquello que permita escribir unos cuantos post-its “sin desentonar de la manada”, que es la única presión real que una persona siente cuando se percibe observado en un grupo de este tipo. “Llego, sigo el juego, me voy”. Todo muy aséptico, muy políticamente correcto.
  • Cuando se ha recogido una bolsa de decenas de ideas, muchas de las cuales son de las del tipo anterior, y se encarga de la síntesis un grupo de facilitadores o responsables del proceso, resulta extremadamente difícil y cansino escudriñar entre posibles mensajes entre líneas o pistas ocultas que potencialmente pudieran derivarse de las originales… sin que nadie pueda saber si ese valor escondido estaba en realidad en las meninges de quien escribió lo que escribió (que tiendo a pensar que no). La sensación, con demasiada frecuencia, es que poco de lo recogido sirve para algo.
  • Cuando por el contrario la labor de síntesis y filtrado se conduce a través de la labor del propio grupo, la necesidad de consensos o la realización de votaciones ponderadas va eliminando todo aquello que es diferencial, contracultural o diferente a los marcos mentales dominantes, lo que produce como resultado agrupaciones nuevamente genéricas o ya recorridas en el pasado: es algo extraordinario y excepcional encontrarse converger en resultados que realmente abran nuevas vías de trabajo o propuestas diferentes y poderosas de acción.

TODOS SOMOS CREATIVOS

Vale, no diré que esta frase no es cierta… pero con frecuencia es intrascendente. Porque lo que importa no es lo que somos sino el valor que entregamos en el momento en que se nos demanda.

El hecho de que el potencial creativo sea o no un factor ontológico del ser humano no sirve de gran cosa, la verdad.

Para que las ideas generadas en una dinámica aporten algo, es muy conveniente:

  • que quien las emita haya adiestrado con los años su capacidad de pensamiento lateral,
  • que la conexión mental con sus vivencias del pasado le permita hacer isomorfismos de negocio o hibridación de activos sin tener que pensar en ello,
  • que tenga una ligera idea, al menos, de cómo funcionan los aspectos esenciales del asunto sobre el que se trabaja y, finalmente,
  • que su background experiencial habilite que su intuición encaje como un guante en las restricciones del reto cuando se lo proponga… o que las desafíe con sentido.

Y eso, mis queridos lectores, no abunda, ¿verdad?

Las dinámicas creativas insisten en contar con grupos multifuncionales, con agentes de las distintas fases de un proceso, pero como ese se convierte en el único condicionante de diseño, con frecuencia se llenan de personas para las que el tema tratado nunca fue un problema, que saben poco de ello y no les interesa, que no han ejercitado el pensamiento lateral durante años o que incluso tienen intereses contrapuestos al logro del objetivo.

Y claro, en muchos de esos casos, el producto de la dinámica está lleno de esos tópicos, lugares comunes y vaguedades inconducentes de las que hablábamos antes.

Y lo que es peor… como estamos en el hype de la participación y de que todas las ideas son igual de válidas… muchos asumen genuinamente que su aportación es igual de valiosa que cualquier otra (es lo que durante años, “los que saben de esto” le han repetido reiteradamente hasta que se lo ha creído).

Y no. Nuevamente no.

La del “café para todos” es una de mis obsesiones de batalla… y en este caso, como en cualquier otro que se les ocurra, un auténtico devorador de la eficacia del sistema.

El problema se complica de otras maneras incluso cuando se trata de seleccionar personas con el perfil más adecuado para trabajar sobre un reto determinado (una buena práctica ya muy extendida), porque acaba derivando en vicios tampoco demasiado satisfactorios:

  • el de los consultores metidos a creativos cuyo pensamiento lateral es incapaz de conectar con la esencia del negocio sobre el que trabajan,
  • el de las organizaciones en que acaban siendo siempre los mismos a los que se demanda su implicación hasta que se saturan,
  • o el de las empresas que dejan estos temas a un reducto de frikis que siempre se encuentran más adelante “más solos que la una”, sin el poder y sin el liderazgo necesarios para llevar cualquier cosa a la práctica y a veces ni siquiera para que se les escuche.

Mis últimas experiencias satisfactorias tienen mucho que ver con grupos muy pequeños, donde cada componente es importante, aporta una competencia o experiencia sólida y bien relacionada con el reto a afrontar, está determinado a alcanzar la meta y se somete desde su libertad a procesos de trabajo creativo bien diseñados y orientados al logro… y bien conducidos.

Cierto es que el producto obtenido puede tener luego más dificultades de encontrar terreno abonado en los agentes operativos de las áreas afectadas, por no haber participado en su construcción, pero al menos será más probable que no hablemos de lo mismo de siempre o de ideas vagas o inanes… sino de algo que merezca la pena… que además puede compensar ese déficit mediante contrastes periódicos con los decisores internos.

Como toda competencia, la habilidad creativa requiere adiestramiento de la mente. Y mentes acostumbradas durante años a orientarse a la acción ejecutiva, al rigor operacional o al logro planificado tienen un largo camino de adaptación para transformarse en herramientas de alto rendimiento creativo.

CUANTA MÁS DIVERSIDAD, MEJOR…

Pues depende.

Resulta obvio que un vendedor de seguros ve diferente el mundo que una enfermera de hospital, que un niño lo ve diferente que su padre, que un senegalés que con 20 años llega a Europa lo ve diferente a su hermano que se ha quedado y diferente a quien le acoge en nuestra ciudad, que una mujer de 19 años lo ve diferente que un hombre de 57…

Pero cada vez me resulta menos obvio que esa diversidad sea muy útil en una dinámica de grupo al uso. Por justificar mis dudas en una frase corta: se trata de desplegar un proceso creativo, no una lotería creativa.

O sea, no niego que de una diversidad extrema puedan surgir propuestas disruptivas e incluso disruptivas por simples pero inexploradas… pero lo que vengo observando es que eso es como encontrar agua en medio de un gran desierto: algo muy valioso, pero extremadamente improbable.

También en este caso, además, observo dificultades derivadas: tratando de centrar en el objetivo marcado una gran diversidad, es frecuente introducir en el equipo un par de personas con reflexiones previas o responsabilidades sobre el área a tratar, lo que les convierte en un inhibidor del resto, porque o bien imponen su relato ya elaborado, o bien funcionan como auténticos killers de las ideas divergentes, al pasarlas inevitablemente por sus filtros de factibilidad.

NECESITAMOS METODOLOGÍAS

Pues sí, claro, pero lo que en realidad necesitamos… son buenos metodólogos. O mejor facilitadores.

Me encuentro cada vez más con facilitadores que ponen el foco en el rigor metodológico en vez de en conducir el proceso hacia un resultado final poderoso.

Un buen facilitador diseña un proceso metodológico, claro está, que cree adaptado al reto planteado, a los recursos disponibles y a las condiciones de contorno que se establecen. Pero sobre todo, lee lo que sucede en el grupo en cada minuto de la dinámica de trabajo, cambia el proceso en cuanto lo considera necesario, propone metodologías no previstas cuando lo considera útil… y todo ello desde un dominio de las técnicas que le permiten no pensar en ellas y concentrarse en lo que verdaderamente importa, que es explotar y encauzar todo el potencial creativo de las personas.

Cuando te encuentras un día con un facilitador así, te das cuenta de las carencias con las que has convivido hasta entonces.

______________________________________________

Releo lo escrito y me veo muy negativo, jejeje… Vaya por delante que llevo muchos años convencido de las bondades de la creación colectiva, así que no voy a seguir más, aunque me tienta continuar con ese otro “mantra” inmenso que es la “inteligencia colectiva”, que hoy por hoy y al margen de academicismos interesantes pero poco útiles, no sé si realmente existe o si es la materia prima con la que los que usan su inteligencia trabajan… 😉

Quizá merezca otro post hablar, en positivo, de lo que creo haber aprendido que ayuda a que la creación colectiva funcione… Lo pensaremos. 🙂

Anuncios

Vibraciones: “makers”

makers-bilbaomakerfaire16
Hace solo una semana se celebró en Zorrozaurre, en el Espacio Open de la Antigua Fábrica de Galletas de Artiach, la Bilbao Maker Faire. Casi 100 “inventores” se dieron cita en este evento anual (aquí aún no excesivamente popular), cuyo espíritu pueden percibir en los 2 minutos de este vídeo de A3media.

No pude esta vez acercarme personalmente, pero he recibido referencias que describen una “desahogada” asistencia de visitantes alrededor de una interesante atmósfera que solo podía percibirse allí… hasta el punto de recordarme algunos apuntes realizados en el marco de una reciente reflexión estratégica y de provocarme ganas de compartirlo aquí.

maker-fairelogo

La definición exacta de “makers” es un poco imprecisa, pero se puede pensar en ellos como “la generación web creando cosas físicas en lugar de sólo pixels en pantallas”. El Media Lab del MIT se refiere a ellos como personas que tratan a los átomos como a los bits, utilizando las poderosas herramientas de la industria del software para revolucionar la forma en que se hacen los objetos tangibles.

Lo que ahora llamamos el movimiento “maker”, es un término acuñado por Dale Dougherty, de O’Reilly Media. En 2005, este editor de tecnología hizo una apuesta en éste sentido no sólo con el lanzamiento de Make, una revista trimestral sobre proyectos “Do It Yourself” (DIY), sino también, en 2006, con una serie de Maker Faires en Estados Unidos que se convirtieron en las primeras exhibiciones para el movimiento emergente.

Una Maker Faire es una feria de inventores y creadores, un escaparate de invenciones, creatividad e ingenio pensado para todos los públicos, además de una celebración del movimiento maker. Es un lugar en el que la gente enseña al mundo sus creaciones y comparte su conocimiento con quienes quieren aprender, con el objetivo de divertir, informar y conectar a la gente de esta comunidad para que crezca.

Además de la feria original de San Mateo (California) se celebran otras 35 Maker Faires de alcance regional en el mundo (como la de Bilbao) y cerca de 200 Mini Maker Faires locales. Lo que empezó siendo en muchos lugares una especie de mercadillo tecnológico alimentado por frikis está alcanzando una dimensión y preparación que a veces abruma, como la feria de Londres (échenle un vistazo a las imágenes de pasadas Maker Faire UK)… o la de Shenzhen, ciudad que se ha convertido en su mayor escaparate mundial en el camino de transformarse en el “Silicon Valley” mundial del hardware (ver mapa), cuya mejor muestra puede ser el siguiente vídeo.

 

Voy a tratar de resumir a continuación, a lo largo de este artículo, varias lecturas que he realizado en los últimos meses sobre todo ello. Encontrarán fragmentos de textos, ordenados e ilustrados, sobre un fenómeno creciente en dimensión e importancia que bien podría ser uno de los pilares que nos sirva, como sociedad, para afrontar en condiciones este futuro incierto pero transformador que se avecina. Dejo en su mano, amables lectores, la valoración de hasta dónde consigo que esta síntesis tenga sentido propio o al menos obtenga el valor de su atención.

Entre los makers hay todo tipo de gente, con todo tipo de edades y orígenes: fans de la tecnología, artesanos, científicos o “inventores de garaje”. Sin embargo, lo que distingue a los makers contemporáneos de los inventores y de los artesanos de otras épocas, es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución. El software digital de gran alcance les permite diseñar, modelar, y dirigir sus creaciones, reduciendo al mismo tiempo la curva de aprendizaje para utilizar herramientas de tipo industrial de producción. Los makers tienen acceso a materiales sofisticados y piezas de máquinas de todo el mundo. Foros, redes sociales, listas de correo y sitios de publicación de vídeo les permiten formar comunidades y hacer preguntas, colaborar, compartir sus resultados, e iterar para alcanzar nuevos niveles de desempeño.

El movimiento maker ya no descansa más en el do-it-yourself… sino definitivamente en el do-it-together, como resaltan de manera muy simple los principios del “The Maker Movement Manifesto“, que se pueden sintetizar en cuatro ideas:

  1. “Making makes us human” (hacer nos hace humanos).
  2. “Do it together” (hazlo juntos).
  3. “Play, participate, support” (juega, participa, apoya).
  4. “Share your success, give back” (comparte tu éxito, devuelve… regala).

Los makers de hoy pueden crear hardware capaz de explorar las profundidades del océano, ir al espacio, y solucionar problemas críticos que antes eran del dominio de las grandes y bien financiadas organizaciones. Inventan nuevas soluciones, llevan innovaciones al mercado, y obtienen una perspectiva interesante a través de la ciencia ciudadana. Comparten, inspiran y motivan, y en el proceso, están transformando la educación, la economía y la ciencia.

Como veremos más adelante, alejados cada vez más de la artesanía y el hobby, están pasando de ser una actividad de ocio en un garaje, a una auténtica nueva fuerza económica.

¿Sorprendidos? ¿Incrédulos? Acompáñenme hasta el final…

He tratado de reflejar en la siguiente imagen los ingredientes que configuran el fenómeno maker, ingredientes que iré desgranando y completando a continuación.

makers-resumen

Comencemos por decir que, siendo heredero del DIY, añade dos elementos fundamentales que lo caracterizan como movimiento:

  • La tecnología, donde el “open source” es la clave de acceso.
  • La conectividad, o facilitar y promover que el conocimiento fluya y esté disponible para construir sobre él.

makers-opensourceEl hardware de código abierto (“open source”), consiste en artefactos físicos derivados de  tecnología diseñada y ofrecida por el movimiento de diseño abierto, entendiendo que el software y el hardware de código abierto se aplican tanto al concepto como a los componentes físicos.

Por lo general, el término implica que la información sobre un hardware se entrega fácilmente accesible para que otros puedan “hacerlo”, lo que lo une estrechamente al movimiento maker.

El diseño del hardware (es decir, dibujos mecánicos, esquemas, listas de materiales, datos de diseño, el código fuente o los datos de trazado de un circuito integrado), además del software que gestiona el hardware, están liberados de forma gratuita o uso libre. Para muchos, el término “libre” hace referencia al hecho de adquirir un software, por ejemplo, de manera gratuita… pero más que eso, la libertad se refiere al poder modificar la fuente del programa sin restricciones de licencia.

Aunque a algunos aún les sorprenda y no nos detengamos hoy en ello, en la actualidad existe evidencia significativa de que el open source puede generar un alto retorno de la inversión.

Las posibilidades son enormes… y sorprendentes. Si no conocen OSVehicle, piérdanse un rato disfrutando del Tabby EVO.

Y luego dejen de imaginar, que hay que seguir leyendo… 😉

makers-makerplaces

Una de las señas de identidad de los makers es el espacio compartido, con recursos de cuyo uso pueden disponer. Un “makerspace” es un lugar en el que un maker puede crear objetos o artefactos haciendo uso de las herramientas que se encuentran disponibles para él en los diferentes talleres que lo conforman.

Un maker puede disponer ahí de equipos como impresoras para fabricación aditiva, cortadoras láser, máquinas CNC, máquinas de soldar y hasta máquinas de coser, pero también puede ser que todo ese equipamiento o parte de él no exista en un makerspace determinado, porque se trata más de facilitar la mentalidad de crear algo desde cero… y para eso a veces basta con medios mucho más rudimentarios, o centrarse en apoyar el emprendimiento (por ejemplo mediante el prototipado), constituyéndose en un espacio desde el que se facilita la incubación y aceleración de startups.

Herederos de los hackerspaces y de la ética hacker, lo que sí es inherente a un makerspace es que se compartan conocimientos y experiencias entre makers, algo sobre lo que profundizaré más adelante.

Los makers pueden apoyarse también en los FabLabs, talleres makerspace de fabricación digital auspiciados por el MIT, que forman ya una enorme red en la que es factible producir casi cualquier producto único. El mapa de los FabLab existentes en el mundo es ya impresionante, con miles en todo el planeta o más de 100 solo en Alemania o de 200 en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos.

makers-stem

Los makerspaces también ayudan a prepararse a quienes necesitan competencias que se asumen van a ser críticas en el siglo XXI, en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Hablamos de STEM, acrónimo formado por dichos campos en inglés (science, technology, engineering and mathematics), cuyo aprendizaje continuo se facilita con frecuencia a través del desarrollo de las habilidades necesarias para resolver problemas que requieren integrar electrónica, modelado 3D, programación de código… pero también por ejemplo trabajado de la madera.

El movimiento maker proclama que la educación STEM contribuye a conseguir una mayor competitividad y por consiguiente que ayudará en el futuro a conseguir una mayor prosperidad económica, constituyéndose como claro índice de la capacidad de un país para mantener un crecimiento sostenido.

No se confundan… También conocido por acrónimos como MINT (en alemán), CTIM (en castellano, en parte de Latinoamérica) o STEAM (incorporando la “A” de “arts” para indroducir las disciplinas del diseño y las artes), hablamos de un aprendizaje continuo desde la experimentación integrada, que está al margen y es posterior a la fase de estudios académicos: un proceso de formación permanente análogo al que los buenos médicos practican a lo largo de toda su vida.

Para que se hagan una idea de la importancia que está cobrando en otras sociedades, en varios estados de los Estados Unidos existen políticas públicas de promoción de actividades STEM. En concreto, a principios de este mismo año:

  • 13 estados habían aprobado legislación específica para favorecer el aprendizaje post-académico.
  • 22 estados destinaban fondos a promoverlo.
  • 34 estados estaban trabajando en iniciativas de mejora de la calidad del mismo.

makers-plataformas

Como avanzábamos al comienzo del post, el elemento diferencial del movimiento maker en su capacidad de impactar en los movimientos económicos de la sociedad es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución.

Los canales se multiplican y diversifican, cubriendo toda la cadena de valor:

  • Plataformas de crowdfunding para financiar el nacimiento o el desarrollo de una idea, como Kickstarter, quizá la más famosa de ellas, que en solo 7 años de vida ha conseguido que 11 millones de personas contribuyan con 2.400 millones de dólares y, lo más importante en mi opinión… ¡apoyando la realización de más de 100.000 proyectos!
  • Plataformas de aprendizaje donde se comparte conocimiento, como la impresionante Instructables, un lugar donde publicar, documentar en detalle y compartir proyectos libremente, que en 2015 recibía más de 100.000 nuevas aportaciones de makers… y lograba nada menos que 30 millones de visitantes únicos a sus contenidos.
  • Plataformas para fabricar productos únicos o de serie corta y media, que permiten subcontratar la fabricación de un diseño con garantías de calidad (muchas veces desde la fabricación aditiva y equipos robotizados especializados), como Shapeways o Ponoko, entre otras muchas.
  • Empresas de manufacturing services, con fuerte implantación en China, que permiten gestionar online la subcontratación de la producción de grandes series de un producto (varios cientos de miles de unidades si se desea) a empresas especializadas en fabricación, sin interés alguno por la propiedad intelectual del producto hasta el punto de que se ofrecen a colaborar en su desarrollo a cambio de garantizarles el contrato de fabricación. Son numerosas. Dos ejemplos: Titoma o Iti Manufacturing.
  • Plataformas para comercializar los diseños hacia fabricantes o usuarios, como la interesantísima iniciativa europea Kazzata, que se propone disrumpir los mercados de repuestos, ofreciendo almacenamiento y descarga controlada de los diseños CAD para que cualquiera que lo desee pueda adquirirlos e imprimirlos en una impresora 3D en cualquier lugar del mundo, resolviendo así mismo la problemática de componentes raros y obsoletos.
  • Plataformas dedicadas a comercializar los productos, como Etsy o The Grommet. El éxito de Etsy es paradigmático: dedicada al vertical de artículos textiles, complementos y hogar, ha superado los 50 millones de usuarios registrados y alcanzó en 2015… ¡casi 2.000 millones de dólares en ventas!

La magnitud de este movimiento económico está teniendo además efectos inesperados: empieza a haber grandes tiendas offline y cadenas de retail especializadas que reservan espacios importantes para la comercialización de productos lanzados desde startups conectadas al movimiento maker. Un ejemplo reciente es el de las tiendas de la cadena norteamericana RadioShack de material electrónico, que ha identificado un espacio en sus más de 2.000 almacenes para productos fabricados por startups seleccionadas, permitiendoles el envío de  material directamente a las tiendas para evitar costes de distribución y almacenamiento.

En cifras… les invito a echar un vistazo a la siguiente infografía con datos recogidos hasta mediados de 2014, no sin advertir previamente que en sus números se incluyen artesanos y aficionados, a pesar de lo cual su dimensión es lo suficientemente grande como para que, dividida si quieren por dos o por tres… nadie se la tome a broma.

makers-infografia

En resumen, el movimiento maker está creciendo aceleradamente en el mundo porque dispone de un ecosistema de soluciones tecnológicas y de red que lo hace posible:

  • Herramientas de diseño y fabricación “de escritorio”: impresoras 3D, cortadoras láser, escáneres 3D y software CAD, disponibles en tamaño personal y a precios asequibles.
  • Medios digitales colaborativos de diseño, disponibilidad de recursos y financiación: innovación colaborativa, open source y apoyo en el resto de las fuerzas sociales en línea (el crowdfunding permite utilizar la red para recaudar dinero y los talleres alrededor del mundo ahora están conectados).
  • Fábrica de alquiler (manufacturing services): oferta de fabricación aditiva para lotes pequeños, o empresas especializadas en grandes series que incluso te ayudan con el diseño pero no quieren su propiedad.

makers-cerca

El movimiento maker está muy cerca de nosotros, en todas nuestras ciudades, con mayor o menos intensidad, con iniciativas embrionarias o ya camino de consolidarse. Pueden acercarse y hablar con ellos como primer paso, o asistir a una de las Maker Faire (en formato completo o mini) que se celebre en su proximidad.

Aunque transversal, es un movimiento de perfil urbano, que permite el retorno de la fábrica a la ciudad y que puede ofrecer una actividad productiva eficiente y sostenible.

Si les apetece aprender más y estar al día de lo que sucede, les recomiendo suscribirse al blog Makezine, al de The Grommet o al universo mexicano de hacedores.com y las comunidades de su makerspace.

Para terminar, les invito a ver un último vídeo. Es un vídeo imprescindible, no se lo pueden perder. Habla de lo que está sucediendo en el interior de unos almacenes ubicados en el embarcadero nº 9 de la bahía de San Francisco. Pier 9 es una iniciativa de una empresa que enseguida descubrirán y el desafío que les propongo a todos, mis estimados lectores, es intuir cuál creen que es es el propósito que la lleva a hacer algo así.

Si se atreven a compartirlo más abajo, en los comentarios, podremos conversar sobre ello… 🙂

Cierro con algunas preguntas al aire y un recordatorio en forma de imagen:

  • ¿Puede ser el movimiento maker la vía para sembrar de innovación industrial y de producto nuestro territorio?
  • ¿Puede ser el camino para generar y consolidar talento industrial innovador, en un mundo que se va a ver sacudido por las tecnologías de fabricación avanzada o manufacturing 4.0?
  • ¿No debería ser MONDRAGON, con su integración profesional, su universidad y sus centros tecnológicos, un referente de todo ello para el mundo?
  • ¿No debería, en consecuencia y por ejemplo, promoverse un ambicioso proyecto equivalente al Pier 9 en nuestro entorno, entre otras iniciativas?

Recuerden… 😉makers-weall

Libros que inquietan: “Atrévase a pensar como Leonardo da Vinci”

Les presento aquí otro libro cuyas cualidades literarias puras, se lo adelanto, me parecen más bien limitadas.

Se puso de moda entre nosotros hace 3 ó 4 años por un acompañamiento mediático inusual para un libro de estas características, que ni alcanzará nunca el nobel de literatura, ni revolucionará el mundo de ninguna empresa, ni probablemente será el libro de autoayuda de cabecera de ningún aficionado a los mismos.

Pero como varios de los libros que traigo a esta sección, ha tenido para mí una aplicación práctica… y he disfrutado mucho de ello.

Y puedo decir, por qué no, que he aprendido varias cosas de sus páginas.

Michael J. Gelb es también un personaje bastante mediático, ocupado en buena parte de su tiempo en dar conferencias por todo el mundo. Pero, además de profesor universitario, escritor e investigador, es también un hombre de consultoría que ha conducido seminarios y prácticas en el campo de la creatividad y la innovación en empresas tan relevantes como General Electric, Mattel, Microsoft, Merck, Alcatel-Lucent, IBM, KPMG, Pfizer, AT&T, Dupont, Nike, Unilever, Xerox…

Aún no lo he leído, pero su último libro parece ofrecer, en torno al vino como otra de sus pasiones, un recorrido sensorial que enlaza con algunas propuestas del que nos ocupa.

En “Atrévase a pensar como Leonardo da Vinci”, Gelb nos propone una visión lúcida del genio renacentista (tengo que advertirles que en ocasiones llega al punto de loa empalagosa), a través de la que nos invita a crecer como personas y a desarrollar un poder personal cercano a lo que Rafael Echeverría (a quien ya he mencionado en numerosas ocasiones en esta bitácora) denominaría la “concepción ontológica del poder”.

Comienza por analizar cómo pudo abrirse una etapa creativa como la del Renacimiento después de 1.000 años de Edad Media y de asfixia del pensamiento independiente: drástica sacudida de los cimientos de la fe de entonces, o inventos que hicieron accesible el acceso al conocimiento a numerosas personas, que aportaron una visión global del comercio, que permitieron el control del tiempo…

¿Les suena?

De ahí, Michael J. Gelb nos conduce a preguntarnos si no estaremos abriéndonos a un nuevo “renacimiento” y, como consecuencia, a la revitalización de la figura del “uomo universale“, por nadie mejor encarnada que por Leonardo da Vinci, cuya vida también recorre pero cuyo comportamiento, sobre todo, trata de escrutar a través de siete principios que, según el autor, explican la forma en que observaba la vida.

Los siete principios son:

  • Curiosità: tomarse la vida con una insaciable curiosidad y buscar implacablemente el aprendizaje continuo.
  • Dimostrazione: el compromiso de contrastar el conocimiento con la experiencia, la persistencia y la voluntad de aprender de los errores.
  • Sensazione: el continuo refinamiento de los sentidos, especialmente la vista, como modo de vivificar la experiencia.
  • Sfumato (literalmente «esfumarse»): el deseo de abrazar la ambigüedad, la paradoja, la incertidumbre.
  • Arte / Scienza: el desarrollo del equilibrio entre la ciencia y el arte, entre la lógica y la imaginación. «El cerebro íntegro» en acción.
  • Corporalità: el cultivo de la gracia, lo ambidiestro, la salud, el equilibrio.
  • Connessione: el reconocimiento y el aprecio por la interconexión de todas las cosas y los fenómenos. Los sistemas piensan.

No les cuento más ya: saben que no es el objetivo de mis post sobre libros el describirlos. Pueden encontrar un extracto del comienzo del libro aquí… y les dejo, más abajo, 10 minutos de vídeo por si quieren que el propio autor les resuma su obra.

Sólo me centraré, para terminar, en contarles muy brevemente mi experiencia con el texto.

Cada uno de los capítulos anteriores viene regalado con prácticas que el autor nos propone realizar. Aparte de que les reconozco mi amor a primera vista por el concepto de “sfumato“, alguno de esos ejercicios me resultó lo suficientemente atractivo como para realizarlo… y el resultado fue extremadamente gratificante.

Les recomiendo, por ejemplo, realizar la próxima visita a un museo que hagan con sus hijos en la forma en que él la plantea, o seguir las instrucciones del curso de dibujo si consideran que nunca serán capaces de dibujar algo de lo que se sientan orgullosos.

Pero, sobre todo, les recomiendo vivamente que sean audaces para jugar al juego de los sentidos que propone con la simple condición de desterrar el que más utilizamos (la vista), para excitar la atención a los restantes.

Yo he podido guiarlo varias veces… y les aseguro que lo disfrutarán.

Más incluso de lo que esperan.

Sólo una cosa más…

Con este libro me acerqué por primera vez a los mapas mentales. No es una herramienta que utilice con mucha frecuencia, pero el texto me guió por algunas claves que me permiten disfrutar sensorialmente cada vez que me enfrento a uno.

Más adelante descubrí, previamente advertido por una persona cercana que precisamente fue quien me introdujo en este libro, que el mapa mental le sirve básicamente a uno mismo… y que es sobre todo útil en el momento en que se construye. De ahí el brevísimo cruce twittero con Alfonso Alcántara de hace no mucho… sobre el paso de los “mapas de servilleta de papel” a los “mapas 2.0″… 😉

Pero esa… es otra historia.

Atrévase a pensar como Leonardo da Vinci“. Michael J. Gelb, 1998. 400 páginas. Punto de lectura (edición en castellano de 2006). ISBN: 978-84-66316-95-8

 

Libros que inquietan: “La alquimia de la innovación”

alquimiaFue uno de los mejores regalos que recibí de aquel fructífero renacer’06 del que tanto les he hablado estos meses.

Como muchos de ustedes conocerán ya a estas alturas, el libro está planteado como una la transcripción de una conversación entre Alfons Cornella, fundador de infonomia, y Antonio Flores, en aquel momento alma máter de Node (una factoría de innovación aplicada) y hoy en otras interesantes iniciativas empresariales.

La conversación la recoge en texto Epi Amiguet, y la ordena en torno a 10 ideas-fuerza que va poniendo sobre la mesa una por una para que los dos autores conversen sobre ellas.

Vaya por delante que es uno de los libros que más me ha impactado en los últimos años, a pesar de que un amigo mío me advirtió enseguida que innovación y alquimia son términos que se compadecen mal…

Pero asumido el título como licencia literaria, estamos ante el que a mi entender es uno de los mejores libros sobre innovación con que pueden topar.

Es sencillo encontrar en Internet información sobre el mismo e incluso resúmenes que describen muy bien sus contenidos o que glosan en detalle alguno de sus capítulos, como hacía en un reciente post Aitor Bediaga.

Así que no voy a ofrecerles mi resumen para pasar directamente a lo que puedo aportarles de forma diferencial. Me limitaré por tanto a continuación a listar las ideas-fuerza del libro y a decirles que, sin prejuicio de otras pequeñas joyas, el capítulo de hibridación, no muy lejano a las ideas del pensamiento lateral, justifica por sí mismo la totalidad de la obra. Las 10 ideas son las siguientes:

  1. Hibridación: combinar lo existente… o lo contrapuesto.
  2. Auténtico / honesto: el valor de lo natural, lo artesano.
  3. Teamdividualism: equipo desde y para el talento.
  4. Territorio / frontera: espacio abonado para innovar.
  5. Efímero / efervescente: fugacidad para el consumo.
  6. Capilaridad: liquidez, capacidad de flujo.
  7. Catálisis: los activadores del momento mágico.
  8. Fracaso: los errores controlados del camino.
  9. Radical: identificar y enfrentarse a los límites.
  10. Innovadores: no hay innovación sin ellos, no lo olviden.

A partir de aquí… mi experiencia de uso práctico del texto, lo más interesante que probablemente pueda aportarles. He tratado de traducir el libro a la acción en dos ocasiones:

  • La primera puede describirse como hacer un simple uso desestructurado del mismo para la generación de ideas.

En un grupo de amigos que desde hace años formamos una pequeña comunidad, nos planteamos en un momento de 2006 abordar un proyecto de emprendizaje social.

Para empezar pusimos algunos condicionantes, porque para encontrar algo suele ser deseable saber qué es lo que se está buscando.

Una vez marcados los límites de partida, bastaron unas fotocopias del capítulo de “hibridación” junto a un papel y un lápiz. Fijados los límites en mente, el método fue tan simple como leer sus párrafos y los numerosos ejemplos que salpican sus páginas, para ir anotando “a vuelapluma” las ideas nuevas que surgían al hilo de su lectura. En tan sólo unas horas teníamos una lista de varias decenas de ideas trabajadas en “conversación azul“.

Unos meses más tarde habíamos sido capaces de filtrar, sintetizar e incluso integrar (“hibridar”) esa lista hasta definir un proyecto que aún conserva su particular “océano azul” (y perdonen la cacofonía del color).

La verdad es que los condicionantes de partida eran simples, pero no precisamente un aval para la buena marcha del proyecto: debía ser compatible con nuestros trabajos y no requerir inversión, o al menos no un nivel de inversión reseñable. O sea, una señal evidente de que ninguno de nosotros éramos emprendedores… 😉

Dicho esto, no es dificil adivinar que el intento no llegó a buen puerto, pero si un día oyen hablar de un proyecto de innovación en el trabajo llamado “lanha”… acuérdense de esta entrada.

  • La segunda historia tiene un calado diferente. Se trataba en esta ocasión, ocupando primer semestre de 2007, de diseñar un proceso de definición de un Plan Tecnológico que implicara el trabajo en red de los centros tecnológicos y de las unidades de I+D empresariales de las cooperativas que conformaban la División de Automoción de la actual Corporación MONDRAGON. El proyecto además incluía un segundo objetivo: la identificación de potenciales proyectos de generación de nuevas actividades.

El equipo de trabajo: los responsables de las áreas de mercado, los de los propios centros tecnológicos y los gerentes de las cooperativas, además de algunas personas procedente de la universidad o de centros tecnológicos externos.

No voy a desmenuzar los pormenores del proceso, que obviamente tuvo un diseño particular dado que se circunscribía a oportunidades en torno al mercado de automoción y que incluía varios subprocesos y bastante material de trabajo, tanto individual como para dinámicas de grupo.

Sólo les dejo el esquema de los dos primeros talleres, donde verán que de nuevo la “hibridación” pero además los conceptos de “máximos – mínimos” y “estrés”, que aparecen con detalle en el libro, adquieren un peso específico. Si lo leen, seguramente lo interpretarán mucho mejor…

El plan de nuevas actividades no tuvo un posterior recorrido por esta vía, pero varios proyectos del plan tecnológico sí han tenido un recorrido interesante que aún no se ha agotado.

Obviamente, no puedo achacar al proceso diseñado, desde ningún punto de vista, el impacto que alguno de esos proyectos pueda llegar a tener. Sería sumamente pretencioso mantener algo parecido. Simplemente jugó su papel en ese momento.

Pero lo que sí me interesa destacar es que la traducción a la práctica operativa de las ideas del texto es sencilla, se puede hacer sin más que aportar algo de imaginación y mantener la orientación al objetivo buscado.

Lo dejamos aquí. Un libro importante, de los que verdaderamente inquietan, que se lee con avidez y que tiene poco precio… pero mucho valor.

La alquimia de la innovación“. Alfons Cornella y Antoni Flores, original 2006 y edición ‘Reloaded’ 2007. Ediciones Deusto. ISBN: 978-84-23424-62-7