emociones

Vibraciones: sueño de una noche de verano

Mi anfitrión caminaba distraídamente a mi lado, mientras me acompañaba al interior de su casa. Era un pasillo ancho, luminoso, de techos altos y grandes ventanales a la izquierda tras los que se adivinaba un frondoso jardín. Supongo que atardecía ya avanzado, porque la luz era tenue, matizada, sin estridencias.

Deduzco que la conversación era en ese momento intrascendente, porque no la recuerdo, pero sí que conservo en mi memoria cómo, en ese momento, frente a nosotros se acercó una figura pequeña, vestida con una túnica marrón oscura que dejaba asomar por la capucha una cara húmeda de lágrima, con la tristeza instalada en cada facción de la misma pero sin emitir sonido ni gesto alguno. Nos desbordó sin mirarnos. Me di la vuelta y seguí su caminar unos breves segundos. La figura pequeña alcanzó un recodo oscuro y se acercó a una especie de caja sin tapa, como una cama cuadrada en cuyos bordes se levantara una pequeña muralla de paredes gruesas pero de baja altura. Se acostó boca arriba en su interior con movimientos modulados, suaves, continuos, casi imperceptibles. Y sin decir ni una palabra, en solo unos segundos se fue confundiendo con el aire hasta desaparecer.

– “¿Quién era?”, pregunté a mi anfitrión.
– “Un sueño que ha muerto”, me respondió. Y me pareció una imagen bellísima.

– “¿Y los sueños vivos?”, volví a preguntar.
– “Depende”, volvió a responder. “A los sueños a corto plazo los verás cuando menos lo esperes. Son unas figuras blancas que están siempre correteando entre ellos, riendo y jugando… Nunca paran, así que aunque los veas en un lugar de la casa, si vuelves a mirar solo un instante más tarde, probablemente ya no los veas, porque ya no estén allí. Pero no te preocupes… estarán en cualquier lado”.
“Los sueños blancos son así. Si miras sus caras, verás que son todos diferentes, pero no podrás recordar ninguna ni serás capaz de decirme qué rasgos diferencian una de otra. Eso es porque la memoria suele cargarse de pasado y ellos no están ahí”.

– “¿Y los sueños a largo plazo?”, terminé como obviedad.
– “Ah…”, sonrió. “Esos son invisibles. No podrás ver su cara, por tanto, pero siempre sabes dónde están: a tu lado. Un sueño a largo plazo no puedes verlo pero lo sientes, siempre contigo, siempre fiel. Dime la verdad, ¿no están aquí?”.

Mi anfitrión se dirigió entonces al interior, más en penumbra, mientras me dejaba un instante disfrutar de la plenitud de la paz…

– “Recuerda solo que los sueños que mueren son tanto a corto como a largo plazo”, me dijo dándose la vuelta.

Y entré.

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PD: Transcripción de mi recuerdo de un sueño real de una noche de verano. No quiero que tenga ningún significado. Ya no recuerdo mis sueños al despertar.

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Vibraciones: contrastes

Llevo unos días rodeado de contrastes. La mayoría inesperados… o al menos inesperada la sensación que me produjeron. Son muy diversos: no todos los he vivido personalmente y no tienen nexo común de ningún tipo. Es verano y no son días para escribir sesudas reflexiones, así que prometo no ser exhaustivo ni en la relación ni en los detalles… a ver si consigo que cosas que no les importan en absoluto, al menos les llamen un poco la atención. 😉

A modo de cinco futesas, cinco… empecemos.

FAMILIA Y TRABAJO

Sin entrar en porqués, que no vienen al caso, la semana pasada tenía previsto haber estado miércoles y jueves de actividad familiar en la isla de Mallorca, o más concretamente en Palma capital. Y así fue… casi.

Solo dos veces había tenido que ir a Baleares por razones laborales en toda mi vida… y oh casualidad… resultó inevitable que tuviera que ocupar el jueves en una reunión de trabajo ciertamente importante… en Palma.

El contraste entre el paseo nocturno del miércoles entre Porto Pi y Es Baluard, la cena en una terraza junto a la bahía, o el desayuno del mismo jueves mirando los perfiles de la catedral o la terminal de cruceros… frente a la sala de reuniones de media hora más tarde… fue desconcertante.

La verdad… Cuando llegué y vi a dos compañeros allí, tuve la certeza de que estaban fuera de sitio, puedo jurarlo. Como yo mismo.

Treinta minutos antes estaba en familia mirando el mar. Está claro que el cambio de ubicación física fuerza tonos de contraste…

EL TAXI, BILBAO Y PALMA

Sí, sigo en Palma.

Nuestras gestiones familiares nos llevaron al entorno del Parc de Ses Fonts, en el barrio de L’Oliverar. Puro ensanche, un área residencial, plenamente urbano… nada cutre o degradado, como pueden ver en las imágenes.

Habíamos advertido ya la dificultad de encontrar un taxi en Palma en esta temporada estival, donde con frecuencia los disponibles son escasos por el contrapeso que supone para la profesión la temporada baja. De hecho, nos habíamos descargado la correspondiente app para saltarnos el trámite de la telefonista y la saturación de las líneas telefónicas.

Pues ni por esas… El teléfono imposible, en las dos asociaciones de radio-taxi más reconocidas no cogía nadie. Probamos con la app junto al Parc de Ses Fonts, en la calle de Miquel Arcas, en la de Alfonso el Magnánimo… Más de 20 minutos de espera.

Y al día siguiente, tras una larga reunión de trabajo y a eso de las 3 de la tarde en el barrio de Son Oliva, ni en la calle de la Concordia, ni en Eusebio Estrada… Más de media hora para, finalmente, conseguir conectar por teléfono con la operadora de una de las empresas… que nos explica que se han anulado las peticiones de la app… ¡¡¡porque esa zona no tiene cobertura de radio-taxi!!!

Tengan ustedes la santa paciencia de introducir en Google Maps cualquiera de esas calles, vean dónde están situadas… y alucinen con esa respuesta.

Aparte de la penosa experiencia de usuario con la app, que de eso no toca hablar hoy… tratándose de un servicio público, todavía estoy con los ojos como platos.

Eso en Bilbao, desde luego, no pasa.

MUJER Y TAXI

Ya ven que voy enlazando una cosa con otra. 🙂

Esta vez es una simple observación. En los últimos 10 días, además del viaje a Palma he tenido que hacer otro a Valencia, lo que en ambos casos me ha obligado a coger numerosos taxis.

Han sido 8, para ser preciso: 2 en Valencia y 6 en Palma.

Uno de los de Valencia y cuatro de los de Palma fueron conducidos por mujeres. El contraste con la situación que vivo en mi entorno de Bilbao o en el mismo Madrid es más que llamativo: encontrar una mujer detrás del volante es en estos sitios poco más que una anécdota.

Para que se hagan una idea, mi hija, con 19 años, no pudo contenerse al bajar del primer taxi de Palma: “es la primera vez que cojo un taxi que conduce una mujer”.

La proporción de mujeres taxistas debe estar en España por debajo del 2%.

Y es que no entiendo muy bien por qué, pero desde luego eso que me ocurrió en Valencia y Palma… al menos en Bilbao aún no pasa. 😦

AMAIA Y EL REAL

Regreso de Palma y leo la noticia de que el sábado 28, Amaia Romero, reciente ganadora de OT, iba a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid.

Les supongo conocedores, aunque sea vagamente, del fenómeno OT 2017 y de la propia Amaia Romero, Eurovisión mediante… pero si no es así, les recomiendo dedicarles unos minutos en internet o, en caso contrario, simplemente saltar de capítulo.

No me dirán que Amaia Romero y el Teatro Real de Madrid, en sus propios términos, no son en sí mismos un fabuloso contraste…

A ver… a los 19 años, Amaia, una mujer aún sin salir del todo de la adolescencia, que acaba de ganar un concurso de televisión en busca de intérpretes musicales con talento, anuncia que, acompañada de una banda con cierta solvencia (The Free Fall Band), va a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid. Sin material propio, presentará versiones de temas con un programa esencialmente ecléctico.

Dicho un poco a lo bruto (que no se me enfade nadie), es como si una de las numerosas bandas que tocan por los pueblos en esas noches festivas de romería de verano, anunciara su concierto en el Real.

Pues oigan… lo ha hecho. Llenazo, con todas las entradas vendidas en pocas horas. Y no crean que el Teatro se llenó de adolescentes fanatizados por OT, no… Si tienen el gusto de buscar algunos vídeos de su recital, observarán al menos en las primeras filas muchas calvas, canas y teñidos cuidadosamente cardados como los que van adornando cada vez con más frecuencia las testas de mi respetuosa generación. 🙂

Pero lo que más impresiona es la valoración posterior del concierto: sesudos críticos unánimes sobre la grandeza del espectáculo que se hizo corto, mágico, emocionante… Y ella, humilde, exquisita, sencilla, sublime…

Sin material propio. Y en el Real.

AMAIA ROMERO

Déjenme que termine con Amaia de nuevo… porque esta mujer es un contraste en sí misma… 😉

No tengo que dar muchas explicaciones. Basta con que escuchen el Zorongo Gitano (la canción de Lorca interpretada en su día con la voz de la Argentinita) y el Bang Bang (el tema de Cher escrito por Sonny Bono) interpretados en el citado concierto del Teatro Real, para descubrir el significado de lo ecléctico, desde la diversidad pero con estilo propio. Se lo dejo fácil, en dos vídeos que van al final de este post.

Un último detalle: algunas de sus compañeras de OT no han perdido ocasión en las últimas semanas de tachar al compositor e intérprete de reguetón Maluma de machista y de declarar que no cantarían con él por sus letras y por contenidos que denigran a la mujer (opinión que, sinceramente, con cierta frecuencia no es difícil compartir).

Solo han pasado unas semanas de esas críticas… y Amaia Romero se lleva nada menos que al Real una versión del “Felices los cuatro” de Maluma, convirtiendo el reguetón original en una deliciosa versión poppy

Con un par.

Pa’ carácter, yo, oigan…

Verano de contrastes…

¿Gustan?

Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀

Vibraciones: arte y Bilbao (3) – Reflections y Eneko, ¿arte efímero?

Esta tercera entrega de la serie “arte y Bilbao” es un tanto especial.

La Wikipedia define el concepto de “arte” como “cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos“.

Para el diccionario de la RAE, es una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros“. 

Además de las visitas guiadas a los museos de Bellas Artes y Guggenheim que describía en los dos posts anteriores, el puente del Pilar dio para muchas otras actividades en las que, a mi modo de ver, el arte se expresa a través de propuestas en cierto modo efímeras, destinadas a no ser reproducidas nunca más o a desaparecer tras ser disfrutadas o consumidas por el observador.

La primera la habrán adivinado quizá por las imágenes de cabecera. Ha inundado redes sociales (me consta que no solo en nuestro entorno) y medios de comunicación, así que a muchos de ustedes no les resultará extraño que la traiga hasta aquí. Se trata del espectáculo de proyección de luz y sonido que sobre la fachada fluvial del museo Guggenheim, se diseñó y representó a modo de celebración del vigésimo aniversario de un museo que ha sido pieza clave en la transformación de la ciudad.

Como un fenómeno recursivo, la piel de titanio fue reflejando durante 20 minutos su entronque con la cultura del hierro, las analogías con el universo naval al que sustituyó, los primeros bocetos, el diseño imposible, la construcción desafiante de su armadura interior, el crecimiento de su epidermis metálica… y sus obras, claro, a través de elementos simbólicos como arañas, pensamientos, gamas cromáticas, geometrías…

El montaje, que se tituló “Reflections“ y que se proyectó del 11 al 14 de octubre, fue diseñado y desplegado por 59 Productions, una empresa británica especializada en espectáculos de mapping.

He leído que se utilizaron 900.000 lúmenes de luz de proyección, casi 5 km de cable de fibra óptica, 120 toneladas de equipo, 160.000 vatios de potencia de altavoz y más de 1 millón de lúmenes de equipo de iluminación. La cifra más importante, con todo, es que más de 300.000 personas asistieron en directo a la representación a lo largo de los 4 días de proyecciones.

No es vídeo-arte, no es cine, no es música… pero es una indudable mezcla de arte y tecnología cuyo propósito es despertar sensaciones detrás de un significado, detrás de una historia. Una pieza artística efímera, que nunca podrá volver a verse en vivo.

Pónganse cómodos, activen el sonido, suban el volúmen y proyecten a pantalla completa los 20 minutos que siguen a continuación. Podrán ver… una gran copia. 😉

Esperen… que esta vez hay más.

Dos por el precio de uno y en esta ocasión, arriesgando. ¿Creen que la gastronomía es arte?

Bueno… no me refiero a cocinar… sino a esa cocina que vive para alcanzar las tres estrellas Michelín. Sin entrar en la polémica del enlace anterior, permítanme defender que sí: de la misma manera que dibujar un croquis del salón de casa o silbar una melodía distraidamente mientras hacemos cualquier otra cosa no son manifestaciones de arte en pintura o música, admito sin discusión que cocinar unas alubias hogareñas no es arte aunque pueda “tenerlo”. 😉

Pero es que hay cosas… En uno de esos tres días nos regalamos el placer de disfrutar de uno de los menús del Eneko, uno de los restaurantes del complejo del Azurmendi que dirige Eneko Atxa desde su atalaya de Larrabetzu (a tiro de taxi, si pueden).

Creo que esa cocina es arte, que trata de provocar emociones en quien se acerca a ella, que utiliza materiales orgánicos, sí… pero que lo hace desde la técnica artística, construyendo texturas, jugando con la luz, con los aromas, elaborando geometrías y gamas cromáticas para el deleite de la vista, diseñando los espacios y generando, en definitiva, sensaciones para la mente que uno descubre por primera vez allí.

No es solo una efímera experiencia sensorial, sino que también es evocativa. Y también es heredera de quien la construye, de su experiencia vital, de sus raíces, del mensaje que con ello quiere transmitir… que lo hay (e importante, me consta por una experiencia previa) en un cocinero de autor como Eneko Atxa.

Déjenme decirles que hay pocas cosas más voluptuosas que el “huevo de caserío sobre estofado de trigo” que probamos, pocas cosas tan sorprendentes como la explosión en la boca de cada “aceituna helada”, pocas tan esenciales como la “gatzatua de foie”, pocas tan intensas como la niebla aromática de fresas para dar la bienvenida al postre…

Pero si aún piensan que el párrafo anterior es solo un conjunto de experiencias sensoriales, echen un vistazo a las siguientes imágenes… y luego hablamos.

   

Mantequilla de cebollino y sal rosa del Himalaya        Aceituna helada con tierra de oliva negra

   

Gatzatua de foie y vino tinto                                         Vermut de Zerratia

Huevo de caserío sobre estofado de trigo y jugo de pimientos a la brasa

   

Rabo de vaca Betizu envuelto en pan crujiente        Merluza al carbón con emulsión de salazones

   

Secreto ibérico “Joselito” al sarmiento, crujiente                 Niebla aromática de fresa

Mmmm… ¿Opinión?

¿Sí? ¿No? Ya ven que tres días dan para diversificar extraordinariamente la aproximación al arte, hasta extremos insospechados pero muy apetecibles, jejeje… y eso que me he propuesto no ser exhaustivo. 😉

Venga… Ya solo queda la cuarta y última entrega: la ciudad.


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (2) – Baselitz, Viola y el Guggenheim

Era viernes y 13… en este mes de octubre de Bilbao.

En el post anterior les invitaba a acercarse cuanto antes a la ciudad para ver una exposición extraordinaria. Hoy les voy a dar una razón más para hacerlo con extrema urgencia… y no podré darles dos, porque parte de lo que ese día podía visitarse, hoy ya no puede verse.

De nuevo era una visita guiada, pero en esta ocasión a dos exposiciones temporales en el Museo Guggenheim: “Los Héroes” de Georg Baselitz (lo siento, ya no podrán verla) y la retrospectiva de Bill Viola (aún abierta, pero solo hasta el 9 de noviembre).

Impresionante la muestra de Baselitz, uniendo la serie de obras originales de sus “héroes” (realmente antihéroes, tras la posguerra y en plena guerra fría en los 60), con la reinterpretación 40 años más tarde denominó Remix y con el paso intermedio de sus composiciones fracturadas.

Sin ánimo de ser muy pesado, les introduzco brevemente en el asunto: en la serie inicial, sus “Héroes” son soldados o pastores deformes y desproporcionados, vestidos con andrajosos uniformes militares, desgastados, con frecuencia con objetos recurrentes, siempre destrozados, inútiles, pintados con gamas cromáticas muy identificables con el feísmo alemán… para mostrar un mundo siempre a medio camino entre el fracaso y la resignación. Las manchas y los trazos firmes no escapan de lo figurativo, sino que lo refuerzan.

Entender a Baselitz (su vida en el este y oeste de Alemania, su crítica al “hombre nuevo” del realismo socialista y su revisión del papel alemán en la posguerra) es, una vez más, adquirir una nueva forma de mirar su obra.

No… no sabía nada de esto antes de verla. Solo tenía en mente su nombre entre la nebulosa de nombres de artistas que en algún momento sé que han existido. Nada de qué avergonzarse: imagino que les pasa algo similar a la mayoría de ustedes, queridos lectores… con la honrosa excepción de quienes sean realmente conocedores del arte de nuestro tiempo.

Por eso me pareció una vez más indispensable la visita guiada. No son ya guías a la vieja usanza, declamantes de textos aprendidos, perfectamente encapsulables en un gadget de visita guiada… son personas que saben de arte, de artistas… personas con las que, disponiendo de tiempo, la conversación se hace más rica cuanto más indaga en la comprensión de sus vidas y de sus obras. Personas que ayudan a que la belleza aparezca, casi insultante, desde el fondo de desolación y melancolía de una obra, precisamente por ellas.

Si quieren probar un aperitivo de cómo puede entenderse y disfrutarse uno de los trabajos de Baselitz (“La Señora Lenin y el Ruiseñor”, ahora perteneciente a la colección permanente del Guggenheim Bilbao), les recomiendo encarecidamente que vean el breve vídeo disponible en la propia página del museo.

No ahondaré más en Baselitz porque, desgraciadamente para quien quiera aún verla, el pasado 22 de octubre cerró sus puertas, pero aún hay tiempo (poco… apenas 10 días), para disfrutar enormemente de la retrospectiva de Bill Viola. Es espectáculo puro, sensibilidad, experimentación, provocación…

¿Han visto alguna vez una exposición de vídeo-arte? Les reconozco que yo había hecho dos o tres intentos de disfrutar de alguna en el pasado… sin conseguirlo. Frías, ininteligibles, a menudo desasosegantes sin contrapartidas de emoción o belleza…

Nada que ver con la brutal retrospectiva de Viola: limpia, sensible, sorprendente, serena, reflexiva, provocadora… muy humana.

De nuevo entender al personaje es clave, aunque en esta ocasión, son los comentarios sobre la obra (no muy del agrado al parecer de Bill Viola, que prefiere que su obra se disfrute sin explicación alguna) los que permiten vestirla de significados que tiñen la luz que se imprime en nuestras retinas.

El mito de Sísifo disfrazándose entre las pantallas, la naturaleza humana del sutil lenguaje del cuerpo, la ruta de la vida hacia la levedad de la muerte o la suspensión etérea de los sueños se muestran en una exposición de la que quizá convenga disfrutar en soledad, aunque se vaya acompañado.

Vean los vídeos que les dejo más abajo para hacerse una idea de lo que se pueden encontrar.

Si no están a tiempo, seguro que nuevas exposiciones temporales ocuparán el sitio de éstas con brillantez, pero es que además, la colección permanente del museo es espectacular: la descomunal obra paseable de Richard Serra, los neones de Holzer en el atrio, la propia arquitectura del museo… Con un buen guía, hasta puede que alcancen a traducir el mensaje detrás de la obra viva que es la “Tierra De Los Dos Ríos” de Kiefer, a entender cómo Rothko consigue recrear espacios luminosos por la simple superposición de infinitas capas cromáticas o, ya en el colmo de los colmos… hasta comprender a Motherwell 😀 .

No digo más… En un par de artículos les he propuesto un fin de semana perfecto: una mañana en el Bellas Artes, otra en el Guggenheim… y en las tardes y noches libres, una ciudad para pasear su arquitectura o disfrutar de su gastronomía, en una sucesión de muchos momentos convertidos en un deleite de arte.

Pero eso lo contaré dentro de unos días… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (1) – Koplowitz y el Museo de Bellas Artes

Han pasado ya 15 días y aún queda el regusto inquieto de un puente del Pilar disfrutado desde los sentidos. Un grupo diverso y de origen diverso se reunía en Bilbao para ver la ciudad desde sensaciones traducidas por la luz, el color, los aromas, la imagen, los sabores, los sonidos y las formas ligadas al arte, en su pleno sentido.

La agenda cubría tres días, con nivel de actividad descendente pero siempre intensa, llena de experiencias que uno no se permite con asiduidad, o simplemente suceden de forma efímera.

Van a ser varios post… pero suele ser buena práctica empezar por el principio, ¿verdad? 😉

A las 10 y media de la mañana del 12 de octubre nos esperaba la colección particular de Alicia Koplowitz en el Museo de Bellas Artes. Una visita guiada.

La muestra exhibe pinturas, dibujos y esculturas desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, sin un hilo conductor más allá de una permanente búsqueda de la belleza.

Nada menos que 90 piezas de una colección que hasta ahora se había expuesto solo una vez (recientemente y de forma más reducida, en julio, en el museo Jacquemart-André de París) y que es una de las colecciones privadas más impresionantes que existen en Europa.

Por lo que nos contaron, la orientación de la colección o al menos su composición era hasta ahora desconocida y desde luego inédita.

Impensable ese estreno en Bilbao, probablemente, de no ser por la excelente relación personal de Alicia Koplowitz con Miguel Zugaza, otra vez director del museo bilbaíno tras la larga y fructífera etapa de saneamiento, modernización y relanzamiento del Prado.

La experiencia de una visita guiada por el arte contemporáneo es única, espectacular. Para un profano como es este escribidor, entender la forma en que cada autor construye su obra, siempre ligada al entorno y los avatares de su vida, abre una inmensa puerta a ver cada pieza desde una perspectiva radicalmente distinta, a absorber una belleza que explota más allá de los cánones de la estética, la armonía o el equilibrio muchas veces invisibles desde la mirada incompetente.

En la colección de Alicia Koplowitz están Miquel Barceló, Modigliani, Rothko, Bacon, Giacometti, Louise Bourgeois, De Kooning, Warhol, Twombly, Van Gogh, Gauguin, Canaletto, Picasso, Juan Gris, Toulouse-Lautrec, Goya, Zurbarán… pero no es esta abrumadora acumulación lo que más hace recomendable la visita.

Es entender…

Entender el camino hacia el desvanecimiento de lo figurativo de muchos autores, admirar la desproporcionada dimensión de la mano de una mujer picassiana, sentir la desolación de las obras de Bacon desde su necesidad de estar sobrio para expresarla, preguntarse por qué se percibe esa extraordinaria belleza en la mujer pelirroja de Modigliani, apenarse en el contraste de la muchacha con su abrigo de pieles de Freud, entender la compleja relación con el comportamiento de la madre y su significado tras las arañas de Bourgeois

La experiencia es extraordinaria, créanme.

Si se han intentado acercarse alguna vez como profanos a este mundo de percepciones intangibles… ¿qué opinan de Miquel Barceló, de su estética y de la utilización de materiales orgánicos? ¿Pondrían un Francis Bacon en su casa si tuvieran la posibilidad de hacerlo? Quizá la respuesta sea no: por la tristeza de la que se impregna cada mirada, por el desasosiego que genera solo el sentir que está al lado, vigilante, o incluso por un simple y subjetivo criterio de fealdad estética o cromática…

Pues hoy yo sí lo haría. Sin dudarlo, disfrutando de entender la tragedia o la belleza que hay detrás de cada trazo, de cada elemento, de cada sombra… como no hubiera sido capaz de ver nunca por mí mismo.

Reconozco que aún hay artistas y obras que se me resisten: Juan Gris, Tàpies… Su dureza me aleja, pero…

TIENEN que ir, están a tiempo: se ha prorrogado, de momento, hasta el próximo 12 de noviembre. Cojan su coche, reserven hotel o vuelo, compren las entradas… y hagan una visita guiada, por favor: llamen o hagan lo que sea necesario para que esté disponible.

Entenderán el arte, en especial el arte contemporáneo, como nunca lo habían entendido.

Y disfrutarán de un museo que es mucho más que la colección de Alicia Koplowitz, en una ciudad que ya es un lugar al que hay que ir.

 


Los cuatro post de la serie son: