felicidad

Libros que inquietan: “La insoportable levedad del ser”

Esta vez no es un libro de empresa. Ni siquiera es un libro práctico. En realidad, lo que traigo hoy al blog es formalmente una novela sobre el amor. Y eso significa, como recoge la contraportada de mi edición, que también lo es sobre los celos, el sexo, la traición, la felicidad… y hasta la muerte.

Hacía tiempo que quería leer esta obra de Milan Kundera, pero la perspectiva de enfrentarme a un ensayo sobre la psicología de la condición humana desde la necesidad de no estar solo me disuadía de ello.

Pero no… Aceptable incluso como lectura de verano, la historia te atrapa y los medidos párrafos de discutibles postulados psicológicos que intercala te piden volver sobre ellos, aunque solo sea para cuestionarlos desde tu razón.

Lo que empieza pareciendo una historia de un personaje o de una pareja singular (como todas) acaba siendo una obra coral, no porque la narrativa se llene de otros personajes importantes, sino porque se va contando desde dentro de cada uno de ellos, cambiando así de observador y llevando a los anteriores al exterior de su universo.

Les confieso que me siento identificado con esa idea de micromundo que envuelve la soledad de cada ser humano, con esa necesidad de buscar permanente sentido a la existencia y de aproximarse por ello a abismos que mantienen viva la pasión… para descubrir un día que no son un seguro de felicidad interior; pero en inevitable contradicción, también de que instalarse en la felicidad de lo cotidiano conduce igualmente, de manera inexorable, a que la propia levedad de una existencia así adquiera un peso insoportable.

Como cita en el texto el personaje de Tomás, extraído de la última frase del último cuarteto de Beethoven, “Muss es sein? – Es muss sein!” (¿Tiene que ser? – ¡Tiene que ser!).

Me costó encontrar su sentido, pero ahora su peso me resulta demoledor como razón de muchas decisiones. Alguien a quien conozco muy bien… seguro que incluso identificará también ahí el eterno conflicto entre el querer y el deber, aunque sea solo una parte de ese sentido.

Kundera nos lleva por tanto a una conclusión que no les sorprenderá: somos seres contradictorios. Y postulado así, no será el amor, sino sólo el miedo o la propia disciplina, quienes puedan resolver vitalmente esa contradicción. Pero esa resolución tampoco será leve.

El universo de personajes que aquí dibuja Kundera está formado por individuos cuyo recorrido vital se enlaza desde su soledad como seres humanos que son. Y su necesidad es radicalmente diferente. Por eso aparece ante nuestros ojos que la compasión, en el sentido más etimológico y positivo de un término de naturaleza triste, es un pegamento que finalmente empasta nuestras vidas compartidas.

Tengo que confesarles algo… quizá la razón verdadera de que haya escrito este post

Ya he dicho que los personajes de esta obra son radicalmente diferentes entre sí, en sus necesidades y en sus renuncias. Algunos incluso opuestos. Y en todos ellos me siento muy lejos de verme representado.

¡Pero los entiendo a todos!

Los entiendo profundamente: sus motivos, sus emociones, sus sacrificios, sus sufrimientos, su decisión de vivir o de romper con ellos…

Los entiendo tan bien… que me sorprende hasta qué punto.

Y de pronto… he caído en la cuenta de que eso es un síntoma más de que me estoy haciendo mayor.

Termino con una última reflexión. La historia nace en el entorno temporal de la Primavera de Praga. No se puede decir, se lo aseguro, que los últimos 50 años hayan cambiado gran cosa la condición humana en la vieja Europa, ni en los hábitos, ni en las conciencias. El mundo… cambia más deprisa que nosotros.

La insoportable levedad del ser“. Milan Kundera, 1984. 327 páginas. Tusquets Editores (colección Andanzas), ed. 2013. ISBN: 978-84-8383-512-8

Reflexiones: sobre el ‘coaching’ y el cuestionamiento de juicios maestros

Dando por sentado el conocimiento de la importancia de los juicios en la práctica del coaching, es necesario reconocer, sin embargo, que no todo juicio tiene la misma relevancia.

Como las emociones, los juicios se producen, lo queramos o no, asociados a cualquier situación que nos acontezca. Pero es indudable que los hay de diferente intensidad y peso: unos más distantes… y otros más cercanos a la forma particular de ser de una persona, que son los que convenimos en denominar juicios maestros, lugares en los que nos refugiamos cuando la incertidumbre se nos hace insoportable.

Por ellos entendemos aquellos juicios que definen la particular forma de ser de una persona y que se encuentran en la base de otras múltiples emociones y juicios.

De alguna forma, los juicios maestros sustentan la existencia global de un individuo. Así que, cuando una conversación de coaching penetra en ese territorio (es decir, cuando se hace adecuadamente, ya que el coach necesita con frecuencia llegar a ello), la pregunta que me hacía y que necesitaba responder era tan básica que casi me molestaba en su obviedad: ¿qué pasa cuando el coachee se ve conducido a cuestionarse sus juicios maestros? (además de que se abra la posibilidad de que se produzca un cambio en él, claro, que esa es la parte buena).

¿Qué ocurre con esos juicios, que eran la base en que sustentaba su forma de ver el mundo, la que le permitía afrontar esa incertidumbre insoportable?

¿Se destruyen, se sustituyen, se enriquecen, se completan, se matizan…?

¿Siempre?

¿Qué ocurre entonces con su nueva estructura de coherencia? ¿Le da mayor seguridad y confianza para afrontar el futuro? ¿Quizá más posibilidades de ser feliz?

¿Siempre?

¿También en los ámbitos en que no se identifica el quiebre que lo origina?

Y sobre todo: si los cambios se desencadenan cuando la ansiedad de supervivencia supera a la ansiedad conservadora, ¿no habría que esperar a que esto se produjera antes de atentar contra el equilibrio alcanzado sobre los cimientos de los juicios maestros que cada uno tuviéramos?

Reflexiono con ello sobre la idoneidad de provocar el cuestionamiento de los juicios maestros como consecuencia de intervenir localmente (trabajando un quiebre “local”) cuando el equilibrio “global” parece existir y manifestarse con solidez para uno mismo y su entorno.

Cuando veo la evolución en los años de personas que pasaron por ese proceso y lo sumo a la tozudez de retorno de las viejas y sólidas estructuras de coherencia… mi duda crece.

Reflexiones: trabajo 2.0 y libertad

Un hombre, que disfrutaba de la estética de la vida, contrató a un campesino para que se instalara dentro de su castillo y fuera y viniera con el pico en la mano, como lo haría en el campo.

El noble obtenía un gran placer de contemplar la simple elegancia de los movimientos del campesino y pagaba bien a éste por su “trabajo”. Sin embargo, después de entretener al noble durante varios días, el campesino se negó a continuar.

“Pero yo te pago generosamente”, dijo el noble sorprendido, “mucho más de lo que podrías ganar en el campo. Y no tienes que esforzarte tanto.”

El campesino le respondió: “Usted no parece comprender: no puedo seguir haciendo algo que no produzca, aunque no me cueste ningún esfuerzo. Prefiero trabajar mucho más duro y ser productivo que recibir una buena paga y hacer algo que no da frutos.”

Esta pequeña y tópica historia me sirve para comenzar este post ligando las nociones de dignidad y trabajo: su traducción es que una persona no se sentirá en plenitud, no estará satisfecha, si no se siente productiva. Dicho de otra manera, la narración postula que ninguna persona se sentirá feliz de recibir sistemáticamente algo a cambio de nada.

No se me escapa que la idea es perfectamente discutible, que es una provocación a la ironía y que no faltará quien sea capaz de ponerme de inmediato ejemplos que le sean cercanos y que contradigan esa hipótesis. La noción de trabajo ha sido un tema recurrente en la reflexión abierta por numerosísimos libros y blogs, amén de por la totalidad de ideologías y teorías económicas, políticas y sociales que puedo recordar.

Si abro esta reflexión ahora es porque varios post y otras lecturas me han hecho llegar a ella en los últimos meses. Por ejemplo, de varios de quienes se han estado moviendo en torno a #REDCA (y, más en concreto, de Julen Iturbe en su visión crítica de la empresa, incluyendo la cooperativa, o de  Amalio Rey, Nacho Muñoz u Odilas, dándole vueltas al concepto de [no]empresa), pero también fuera de ella: la más reciente, la de Juan Carrión, cuando abría su caja de los truenos reconociendo como vigente el concepto de Karl Marx sobre el trabajo asalariado en muchas empresas de hoy aunque afortunadamente no en todas… y tenía que explicarse mucho. 😉

Comenzaré por reproducir un comentario que le hacía en su blog:

Trabajo en una empresa cooperativa.

Uno de los principios que nos identifican, el de “soberanía del trabajo”, se describe en la actualidad con un texto que del que me gustaría extraer esta frase: “El trabajo es el principal factor transformador de la naturaleza, de la sociedad y del propio ser humano”.

Yo creo en ello, más cada día que pasa. Tanto en lo bueno como en las consecuencias negativas de hacer un mal uso de nuestra capacidad de trabajo, en la naturaleza, en la sociedad y en el propio ser humano…

Recientemente hemos tenido la fortuna de que varias personas nos cuenten una pasión en sus vidas (fuera de su trabajo), la razón por la que les apasiona y la razón por la que lo cuentan… delante de decenas de compañeros a quien mayoritariamente ni siquiera conocían. Habían dedicado esfuerzo, formación, muchas horas de dedicación y de práctica, planificado tareas, buscado aliados e incluso invertido dinero… sin remuneración económica alguna. O sea, habían trabajado (siguen trabajando) sin cobrar.

Aunque puede que en el fondo Marx tuviera razón… La clave está en la palabra “libre”: no es sencillo compaginar libertad y trabajo asalariado, pero hemos recorrido un camino… y seguimos caminando.

Desde el concepto de la física hasta el puro sufrimiento, he sido capaz de encontrar con facilidad más de una docena de definiciones de la palabra “trabajo”. Sin embargo, creo que muchos de los debates en torno al mismo vienen precedidos por una distinción entre dos de ellas:

  • Actividad o dedicación que requiere un esfuerzo físico o mental.
  • Oficio o profesión que realiza una persona a cambio de un salario.

Y es que cuando se mete el dinero por medio… lo puede estropear todo.

Les explico un poco más de eso que le decía a Juan Carrión sobre la experiencia de varias personas contando públicamente una pasión en sus vidas. Con alcance a todas las empresas del grupo, cada año y desde hace siete, organizamos un evento centrado en experiencias de mejora que puedan mostrar logros significativos y en proyectos de innovación o de cambio que previsiblemente tendrán un impacto importante en lo que podamos ser a medio plazo. El taller, de día completo (o día y medio según los años), cuenta además con otras secciones a las que en cada edición incorporamos novedades, buscando también la innovación en la dinámica de la jornada.

Aprovechando un formato de infonomia, nosotros adaptamos la experiencia del “Mostrarme”, a nivel interno de las empresas del grupo, en las ediciones de los años 2008 y 2009.

De entre un colectivo fuertemente ligado a la producción industrial que apenas alcanza las 4.000 personas, 25 de ellas (operarios directos trabajando a relevo, directivos, responsables de línea, analistas informáticos, ingenieros, responsables de almacén…) dieron el paso adelante de participar en nuestro “Mostrarme”.

Como decía con anterioridad, les pedimos que nos contaran, que respondieran en público, en tan sólo 5 minutos cada uno, a tres preguntas:

  • Qué me apasiona.
  • Por qué me apasiona.
  • Por qué me apetece contarlo.

Lo que deseábamos con todo esto es mostrar que, cuando algo apasiona a una persona hasta el punto de dedicarle voluntariamente enormes cantidades de tiempo, esfuerzo e ilusiones, cuando ese algo se convierte en realidad y por ello en un trabajo, aunque sea no remunerado (planifica actividades, se capacita, distribuye o busca recursos, se marca retos y objetivos, etc.), se convierte igualmente en un factor de crecimiento personal que colabora activamente en su felicidad.

Es decir que, cuando puede darse en esas condiciones, el trabajo dignifica a la persona y es una muestra viva de su potencial de transformación, en coherencia con la noción de trabajo derivada del hecho cooperativo.

Se sorprenderían. La experiencia no es explicable en un texto. Innovar en la escuela, mantener vivos pueblos pequeños, inventar, escribir microrrelatos, retarse deportivamente en distancias extremas, montar un negocio web o un portal, diseñar programas, impulsar el open software, imbuirse en el mundo de las terapias naturales, digitalizar partituras de música antigua en contacto con centros europeos, recuperar la memoria histórica, convertirse en apicultor, impulsar iniciativas solidarias, atreverse a ser productor televisivo, usar la tecnología para captar atención, construir objetos efímeros…

De todo ello nos hablaron, pero no fue eso lo que nos transmitieron: simplemente nos asombraron… y nos emocionaron con una pasión al margen de su trabajo retribuído, a la que dedican sin obligación alguna buena parte de su esfuerzo y sus ilusiones porque creen en ello, porque les llena esa parte de cada uno donde se depositan las cosas valiosas.

Indudablemente, dos inolvidables experiencias en las secciones más valoradas de todas las ediciones hasta ahora celebradas.

Este año descansamos. No porque no haya más personas que pudieran estar ahí (que sabemos que las hay), sino porque no es fácil encontrar a quien quiera dar el paso de mostrarse de esta manera, en una especie de “facebook 1.o” entre 100 personas físicas que disfrutan de un momento especial en el que, aunque sea por esos escasos 5 minutos, se transforman realmente en “amigos”.

Si Julen Iturbe está leyendo esto, es casi seguro que le revolotee de nuevo cerca la visión ácida de la “extimidad”, pero… les aseguro que lo que yo viví… fue un acto íntimo.

Bien… llega el momento de la reflexión.

Creo que en la naturaleza del ser humano hay algunos anhelos básicos que toda persona busca satisfacer. Sin ánimo de ser exahustivo y sin pretender establecer ninguna teoría indiscutible, me permito apuntar los siguientes:

  • Superación: necesidad de enfrentar retos personales.
  • Identidad y servicio: necesidad de trabajar y vivir en comunidad.
  • Conectividad: necesidad de trabajar junto a otros.
  • Sabiduría: necesidad de satisfacer la inquietud intelectual.
  • Libertad: necesidad de elegir el lugar y el momento para hacer lo que quiero hacer… e incluso lo que debo hacer.

A mi modo de ver, la empresa es (debería ser) un lugar especialmente propicio para encauzar buena parte de esos anhelos del ser humano en una no desdeñable parte de su vida. En ella hay retos, se puede acceder a la experimentación y al conocimiento, se trabaja en equipos, se presta y se recibe servicio…

No, no soy ingenuo… Ya sé que las cosas no son así y que lo que precisamente discutimos últimamente mucho es si la empresa ha dejado de vertebrar nuestras vidas, sin encontrar nuevas maneras de que, como norma general, el estar dentro de ella sea un factor coadyuvante de la felicidad.

Como organización social, toda empresa (y más si es cooperativa), debería ser un campo fértil para ello… y no lo es para muchos.

Pues creo que una de las claves está en que, en el trabajo asalariado, no se ha desarrollado al ritmo que en la sociedad lo está haciendo el anhelo de libertad.

Decía recientemente Manel Muntada al hilo de las jornadas #REDCA de Girona:

No comparto la idea de que el 2.0 se vea siempre con la tecnología como fin. El dospuntocerismo es una manera de pensar que basa en el escuchar, el compartir, el conversar y el colaborar su manera de hacer. La tecnología sólo permite llevar a la práctica estos principios de manera más extensa y eficiente. En Girona nos hemos escuchado, hemos conversado, hemos compartido experiencias, materiales, técnicas y conocimientos y hemos colaborado tod@s con tod@s en construir algo común. Desde mi punto de vista y, me atrevo a decir que en el de mis compañer@s, el encuentro ha sido dospuntocero como el que más… Hasta había una pizarra!!!“.

Pues totalmente de acuerdo. Eso fue trabajo 2.0.

Eso… es “co-“.

Pero se olvidaba Manel de la capacidad de decidir que tuvo cuando se acercó hasta Girona, empleando dos días de su seguro escaso tiempo en aprender junto a otros, esta vez físicamente, pero como cada día a través de la red.

A las personas nos cuesta encontrar un equilibrio personal y profesional en nuestras vidas. Cuanto más abierta sea la actividad profesional, más se confunden ambos ámbitos (en mi caso ya son difícilmente distinguibles)… y es el momento en el que uno ya no sabe distinguir ni si está en trabacaciones o en travacaciones… 😉

Hay que reconocer que no toda la responsabilidad de “sufrir” un trabajo 1.0 radica en la empresa, en sus horarios o en sus normas, sino que en buena medida está en nosotros mismos (“lo que importa no es lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa”)… pero la empresa, para conseguir sus objetivos, debe buscar alinearlos con las inquietudes de las personas… y no lo hace, no pone los suficientes huevos en la cesta para que el trabajo artesano, por ejemplo, pueda sobrevivir y germinar en su interior.

Así que propongo a las empresas trabajar en el ámbito de la libertad… si no quieren que lo mejor esté fuera… en muy poco tiempo. Por ejemplo:

  • Liberalizando los horarios de forma decidida: sin horarios, posibilitando el teletrabajo, con reserva de tiempos para proyectos de iniciativa propia y, sobre todo, reconociendo el trabajo por proyectos, por objetivos… y no por “tiempo de culo“.
  • Fomentando decididamente la autogestión de personas y equipos.
  • Protegiendo las comunidades de práctica como forma transversal y libre de aprendizaje y creación de valor.
  • Impulsando el trabajo en red y el concepto de empresa abierta, tecnológica y culturalmente.
  • Desterrando con valentía el “café para todos y el igualitarismo mal entendido.

Qué… Esto sí es una buena quimera, esperar algo así de la mayoría de nuestras empresas, ¿eh?

Pues entonces déjenme que vuelva otra vez la mirada a los poderes públicos. Si las empresas no quieren… las políticas públicas deberían servir para eso, para “animarlas”.

Legislen. Generen figuras nuevas de contratación más “artesanas”. Incluso (por qué no) de contratación en red. Si quieren ser “ligeros” con los despidos en empresas en grave crisis financiera, séanlo… pero también extremadamente rigurosos con quienes se opongan a nuevas formas de trabajo flexible y de funcionamiento interno que se habiliten. Y utilicen las ayudas en la forma adecuada para que el trabajo 2.0 pueda ser una realidad infinitamente más extendida, para que crezca la libertad en la noción del trabajo.

Esa sería una auténtica política pública de fomento de la innovación, que forzaría la transformación de muchos comportamientos internos anquilosados.

He dejado unas pistas…

A lo mejor, así, muchas personas volverían a contemplar a una empresa (o a varias) como un eje vertebrador de sus vidas.

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Nota: la pequeña historia que recojo al principio la había leído aquí.

Vibraciones: emociones que no quiero perder (futuro)

Termina aquí la trilogía dedicada a emociones que no quisiera perder. La verdad es que en el camino he ido dejando numerosísimas que tendrían que sumarse a la lista… y es que cuanto mayor sea la capacidad de sentir, más rica resulta la vida.

En total han sido 13.

Dicen que es un mal número “si no crece”, pero la verdad es que como la cola de las que han quedado fuera de la lista es tan amplia, el haberme parado en esa cifra no es sino un mero hecho circunstancial que podría corregir con facilidad, así que… no voy a hacerlo.

No solo emociones sino también grandes vídeos se han quedado en la recámara. Algunos, simplemente, porque ya aparecen en otros post de este blog (“Kurzweil“, “Project Natal“…) y otros, por simple descarte (“Stand by me“, “Padre e hija“…), a los que ya les llegará el turno.

La tercera y última entrega incluye algunas muy recomendables para afrontar el siempre incierto futuro. Son todas emociones positivas, claro, porque amplían posibilidades.

Curiosamente, también me gustaría conservar con intensidad algunas formas de varias emociones negativas: porque ayudan a disfrutar de las positivas, porque son útiles en la supervivencia… y porque en ellas también son posibles acciones de las que aprender.

Si les apetece contar su lista de emociones o sus vídeos mejor guardados… los comentarios, como es habitual, son más abajo.

EMOCIONES PARA AFRONTAR EL FUTURO

Ambición

  Ambición en el sentido sajón del término: plantearse metas para crecer, para aprender, para crear… e ir a por ellas. Puro afán de superación, antítesis del pozo sin fondo de la resignación, ese cementerio de ilusiones de personas y equipos.

El vídeo es el resumen de la “Última Conferencia” de Randy Pausch. Como probablemente lo conocerán, no comento más: pura ambición por la vida… y una gran herencia.

Optimismo

No el optimismo ingenuo y sin fundamento, sino más bien ese optimismo vital que permite trivializar los pequeños encontronazos de cada día, si en el balance de la vida uno es “moderadamente feliz”: ese optimismo que va de la mano con la liviandad.

Incluso a pequeñas dosis, es abono para la confianza a la hora de alcanzar una meta; hace el camino más fácil… aunque no sea mucho, no vamos a discutir.

No sé el origen real de este vídeo, que me llegó proyectado dentro de una ambientación “taurina”… 😉 Digamos que tvsat tuvo algo que ver en que encontrara “Marcianitos”  de nuevo… No es que hable en especial de optimismo, pero verlo me deja una sensación que por lo menos se le parece…

Rebeldía

Inconformismo, guerra continua a la complacencia. Rebeldía interior, a veces contenida, a veces estallada, frente a lo que no está bien, a lo que resulta manifiestamente injusto, fatuo o inútil, a los silencios cómplices, a los tupidos velos, a quienes se esconden en los tópicos, a quienes siempre esperan a que otro dé el paso adelante… a quienes no le dicen al emperador que en verdad está desnudo.

 El vídeo corresponde a la conocida arenga final de un barbero en un sitio equivocado: Charles Chaplin en su película de 1940, “El Gran Dictador“.

Respeto

Respetar a una persona es aceptarla como un ser diferente, legítimo y autónomo. Entre el respeto y la tolerancia… media un abismo.

El vídeo es “What is that”, de Constantin Pilavios. Como los anteriores, muy conocido: una historia de gorriones… o con ellos.

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” está formada por tres artículos:

  • Infancia: asombro, ternura, compasión, curiosidad.
  • Presente: paz, relajación, amor, ironía, resolución.
  • Futuro: ambición, optimismo, rebeldía, respeto.

Vibraciones: emociones que no quiero perder (presente)

La segunda entrega de la serie trata de las emociones que sirven para vivir con plenitud el presente. Concretar mi selección personal me ha resultado mucho más difícil, porque el número de emociones que componían la lista inicial de esta parte era mucho mayor. Hay muchas que me parecen importantes y que me gustaría seguir sintiendo intensamente cuando hay motivo para ello… pero he tenido que filtrarlas en aras de una dimensión razonable del post. No recojo en particular algunas que tienen un caracter de inevitabilidad, como la diversión, la irritación… o el miedo. Que suceden con intensidad cuando se las provoca y que por tanto… es más difícil que se diluyan. Lamento que, si les sorprende que desee conservar alguna de esas, se vayan a quedar sin la explicación… 😉

VIVIR EL PRESENTE

Paz

No es bueno vivir arrastrado por el pasado. En especial, el resentimiento esclaviza, impide que la energía personal se dedique a crear y a seguir creciendo. Celebrar la vida es vivir desde la paz todos los momentos que la componen: alegres, entrañables, duros, exultantes, tristes, amargos, felices, dolorosos, brillantes…

El vídeo es “16: Moments”, de Will Hoffman. Sin más…

Relajación

Saber desconectar, tomarse un respiro para no pensar en nada, evadir cuerpo y mente, dormir bien… es la mitad del camino que hay que recorrer para mantenerse mentalmente sano.

El vídeo es de Jon Rawlison y corresponde al Okinawa Churaumi Aquarium de Japón. Cierren la puerta y pónganse cómodos. Véanlo en la mejor definición que su conexión permita y a pantalla completa… y regálense 4 minutos y medio de auténtico gozo.

Amor

Me lo dijeron al principio de mi formación como coach y creí entenderlo, pero… sólo cuando pude realmente “sentir amor por el coachee” intuí que, al fin, estaba siendo capaz de ayudar a alguien. No es lo único necesario pero, en sus diferentes formas y acepciones, es imprescindible interiorizar que sin él… no hay relación sana, profunda y satisfactoria con el ser humano.

El vídeo es “World Builder”, de Bruce Branit. Si uno hace cosas por los demás… ¿no es siempre por amor?

Ironía

La otra mitad que hace falta para una mente sana es una mente activa. La ironía, bien entendida, ejercita la inteligencia desde el lado del humor. A veces es fuente de conflictos, a veces traspasa la barrera y se convierte en un estúpido sarcasmo… y entonces lo estropea todo. Pero cuando el juego de la ironía inteligente es aceptado, se convierte en un juego de complicidad, en un juego de inteligencia.

El vídeo es conocido pero me sigue pareciendo brillante: John Bird y John Fortune explican en “The Last Laugh” la crisis subprime, muy poco después de que estallara…

Resolución

Uno puede diseñar un plan fabuloso, puede plantearse un gran reto desde la ambición y planificar cuidadosamente todos los detalles… pero siempre hay un momento en que lo que se necesita es tomar la decisión. Cuando te lanzas… o cuando los accidentes del camino te detienen o te desvían de la ruta. Es el momento de actuar, de arrinconar la queja, la resignación o la espera.

El vídeo es “Tree”, de la serie TOI LeadIndia. ¿No les entran ganas de mojarse, de llegar hoy enfangados a su trabajo?

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” estará formada por tres artículos:

Vibraciones: emociones que no quiero perder (infancia)

Estos días he estado repasando algunos trabajos que realicé en esa búsqueda introspectiva que supone afrontar una formación como coach. Me han venido a la mente muchos recuerdos de lo que fueron 9 intensos meses de 2004… y muchas emociones compartidas con quienes se embarcaron conmigo en el mismo viaje.

Así que de eso quiero hablar: de emociones. Pero no de lo que son o lo que significan, sino de algunas emociones con las que me siento a gusto, que creo que forman parte de mi registro emocional y que no me gustaría perder.

Lo voy a hacer en tres partes:

  • las primarias ligadas a la infancia, que quisiera preservar (el post de hoy);
  • las que ayudan a vivir y disfrutar del presente;
  • las que permiten afrontar el futuro con las manos abiertas.

No sé si coincidirán conmigo o si no: son las mías. He hecho una pequeña lista inicial y salen demasiadas, así que he hecho un esfuerzo por seleccionar más o menos una docena (ya veremos cuántas quedan al final) que son las que creo que las personas vamos dejando más fácilmente en el camino.

La razón para convertirlo en una trilogía es la forma en que pretendo abordarlo: una breve reconstrucción lingüística de cada emoción o una razón de por qué la he escogido… y un vídeo seleccionado de entre mis favoritos. Y no me gustaría abrumarles con el consumo de tiempo… 😉

Que lo disfruten.

LA INFANCIA QUE QUISIERA PRESERVAR

Asombro

Asombrarse es despertar con incredulidad a lo impensado, a lo inaudito que transforma la sorpresa en pasmo.

No me lo puedo creer, mis ojos o mi mente me engañan… ¿será posible?… Déjame… déjame que vuelva a verlo… Dame un minuto… para asimilar esto… El vídeo es uno de los que periódicamente nos regala Microsoft como su visión del futuro (para llevar el asombro hasta los 5 minutos, descárguense el vídeo extendido aquí).

No me gustaría que el ritmo de los cambios y de la tecnología me haga perder capacidad de asombro. Hoy… aún no ocurre.

Ternura

No sabría cómo definir la ternura de forma que me sienta bien con ello. Sensibilidad hacia las emociones primarias y buenas, reclamo de la inocencia de la infancia, desarme que ablanda, que extrae lo mejor… lo más protegido de cada uno.

El vídeo, de la asociación Afanoc, fue premiado en el festival de publicidad de Cannes: no es para que se fijen en la emoción que siente la niña… sino en la suya al verlo.

Compasión

Com-padecerse es compartir la emoción de otra persona: la compasión describe el entendimiento del estado emocional de otro, y es con frecuencia combinada con un deseo de aliviar o reducir su sufrimiento. La solidaridad y la generosidad no se entenderían sin ella.

El vídeo, de Ukraine’s Got Talent, recoge una animación con arena de Kseniya Simonova (que recrea la tragedia de la Segunda Guerra Mundial)… y la emoción que surge entre el público.

Curiosidad

Ganas de entender, obsesión por hacerse preguntas y por encontrar respuestas que sirvan para seguir adelante… o simplemente para comprender aún sin saber… cómo funcionan las cosas, cómo son, cómo afectan a lo que las rodea.

El vídeo de Francis Vachon resume y acelera 4 horas de un bebé (su hijo) en poco más de 2 minutos: ningún objeto queda sin tocar, ningún rincón sin recorrer…

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La serie completa de “emociones que no quiero perder” estará formada por tres artículos: