identidad

Vibraciones: sinrazones para guardar

Sinrazón: f. Acción hecha contra justicia y fuera de lo razonable o debido. [Diccionario de la RAE]

Siempre me ha gustado guardar cosas ligadas a etapas pasadas, fundamentalmente debido a dos razones: la primera, el valor sentimental, cuando se trata de objetos unidos a recuerdos de momentos o personas, cuyo disfrute ocasional, cada cierto tiempo, me sigue causando satisfacción; la segunda, el valor práctico, cuando se trata de materiales que en algún momento consideré relevantes, entendiendo que en sí mismos eran un «tesoro» que, de ser necesario en el futuro, podría ser de gran utilidad y de muy difícil o costosa recuperación en caso de haberlo perdido.

Hoy quiero hablar de esta segunda razón y de cómo acabo de hacerme consciente de cómo varía con el tiempo… o cuando menos de cómo varía cuando uno se hace «mayor»… 😉

Al hilo de eso que aún se llama fiestas patronales en la localidad de trabajo (y que por estar todo el resto del universo en su ritmo habitual, tienen un sabor especial al menos en mi caso, porque no me siento con la obligación de disfrutarlas de alguna manera especial más allá del hecho de no tener que trabajar por obligación), estos días suelen ser un paréntesis para mí en el que suelo dedicar algo de tiempo a ordenar y limpiar la casa, actualizar los almacenes de fotografías o cualquier otro tema similar que se va dejando atrás con demasiada frecuencia.

El caso es que este año me ha tocado sobre todo «orden y limpieza», lo que me ha invitado a enfrentarme a alguno de esos «tesoros» que permanecían inmutables desde hace años, sin dedicarles un solo minuto de uso… y sin un solo minuto tampoco de mis pensamientos.

Y claro, surgen las preguntas: ¿hubo motivos reales para almacenar? ¿Sigue habiendo? ¿O percibo esa necesidad ya diferente a día de hoy?

Les voy a ilustrar muy brevemente algunos casos… porque intuyo que más de uno, queridos lectores, podrá reconocerse al menos en alguno de los de la lista.

Así que espero que, si sucede… sonrían. 🙂

FOLLETOS TURÍSTICOS

¿Conocen Expovacaciones?

Si viven en una gran ciudad, estoy seguro de que el porcentaje de ustedes que haya paseado muchos años por una feria de muestras dedicada al turismo vacacional no será pequeño. Al menos, es el caso de Expovacaciones y Bilbao. Cada año era una fecha clave para explorar destinos de vacaciones… y para recopilar información sobre los mismos: rutas, paisajes, fiestas, hoteles y restaurantes, monumentos…

Era (y aún sigue siendo) casi un acontecimiento social, al que literalmente miles de personas acudíamos cada 12 meses para salir del recinto ferial con varias bolsas llenas de regalos promocionales… y de folletos turísticos que servían para madurar los destinos y las decisiones de viaje, o para preparar la estancia y las excursiones a realizar en vacaciones, en puentes o en simples fines de semana.

Fue claramente mi caso durante años, con el añadido particular de que los fui acumulando hasta que su volumen me llevó, incluso, a archivarlos en un A-Z al menos por cada comunidad autónoma, en lo que se refiere al turismo estatal.

Esta semana me he dado cuenta de que hace años que no voy a mirarlos cuando pienso en un destino. Internet es imbatible, por calidad y volumen de información, por su permanente actualización y por la componente social, además que que siempre está disponible estés donde estés cuando cambian las circunstancias inesperadamente.

Aunque la verdad… tengo que reconocerles que me está costando desprenderme de los 20 A-Z’s dedicados al turismo: además de información seleccionada, hay belleza en ellos, tiempo pasado… y el papel… ah, el papel… ese soporte que te entrega una calidez que la pantalla nunca tendrá… 🙄

MÓVILES

A ver…

Entre cajones, cajas y rincones de su vivienda familiar… ¿cuántos móviles viejos, estropeados o de alguna manera fuera de uso creen que tienen almacenados en su casa?

Al menos en mi caso familiar, hay una razón para almacenar un móvil que se retira de uso, simplemente, porque su pérdida de velocidad con lo años y su creciente incapacidad de admitir actualizaciones, recomienda su honrosa retirada: si surge un problema con el nuevo que le sustituya, siempre podemos transitoriamente volver a colocarle la tarjeta SIM y salir del paso en este momento traumático en que pensamos que tendremos que vivir unas horas o unos días sin móvil.

El problema está, al menos en nuestro caso, en que a un móvil sucede otro, la razón para conservar el retirado sigue mandando… pero nadie se acuerda del anterior.

Nada menos que una docena ha sido la colecta familiar de esta semana.

El Garbigune ha tenido la amabilidad de acoger, como última morada, ese ramillete de móviles retirados a los que añadimos alguna vieja tablet, un navegador casi vintage para el coche cuya batería ya no aguantaba ni un minuto y que requería conexión a un ordenador para actualizarse, o alguna calculadora de propaganda de esas que dejan de funcionar a los 10 días…

Será una cosecha de… ¿10, 12 años? Me ha hecho pensar en algo que conocemos todos, en el altísimo ritmo de obsolescencia de los equipos electrónicos, que hemos convertido ya en un hábito de nuestro tiempo. Algo que, visto desde lejos, resulta intolerable. 😡

REVISTAS TÉCNICAS

Vale, esto no aplica a todos.

Vaya por delante esa definición que suelo hacer de mí mismo sobre que soy ingeniero, pero no técnico, porque esa es una etiqueta que hace mucho tiempo que dejé de tener.

Aún colegiado (la verdad, nunca he acabado de entender por qué), una de las compensaciones a la cuota es recibir la revista Dyna, una publicación ya casi centenaria dedicada en cuerpo y alma a la ingeniería.

Siempre me ha parecido una revista valiosa… a la que nunca le he entregado suficiente dedicación. Es verdad que, durante los primeros años de vida profesional, al menos la ojeaba sistemáticamente y leía con mayor detenimiento los artículos que más captaban mi atención, pero con los años y a medida que mi orientación a las labores de gestión empresarial me iban alejando de la técnica, la atención se ha convertido en una variable tendente a cero.

Archivar las revistas tenía la explicación de que, consciente de que había algunos artículos de interés, podrían ser de utilidad en el futuro ante un cambio de trabajo o de función profesional… ¡Me llegué a hacer un índice de referencias a artículos de interés que mantuve actualizado algunos años!

Hoy, de nuevo, esa razón suena a «cosas de una era pasada»: como en los equipos electrónicos, en general, en el conocimiento, la sospecha de obsolescencia se ha acelerado y la accesibilidad que da internet y las redes profesionales a cada necesidad de saber lo necesario y en el momento necesario es imbatible.

Percibir esto con claridad solo es una parte de la ecuación: al borde de los 60, el horizonte profesional parece definitiva y robustamente alejado de volver a un mundo donde la tecnología tenga un papel predominante… y lo peor es notar que se ha diluido el interés.

Triste descubrimiento… 😦

Pero está meridianamente claro.

¿Queda alguna razón para mantener esos estantes llenos?

Y… ¿TAMBIÉN LIBROS?

Como una extensión del punto anterior, la mirada se va a los libros de la carrera: de ellos se deriva buena parte de lo que he sido no solo como profesional, sino también como perfil de persona, en los últimos 35 años.

Son libros usados, trabajados… Las razones no son muy distantes de las anteriores, pero de nuevo… ¿cuántas veces los habré abierto en estos mismos años? ¿Ninguna? O sea, ¿cero?

No, no… tanto no. Creo que a finales de los 80, les hice consultas para elaborar un programa escrito en Basic para el cálculo de una turbina Kaplan (como hobby) y para hacer el análisis de resistencia mecánica de una cola de milano del rotor de un alternador (afortunadamente, porque permitió prever y evitar una situación crítica).

Pero ya ven: de eso hace ya más de 30 años. 😯

Y cuesta mucho pensar que vuelva a ocurrir, aunque en este asunto juega también otro factor: desde pequeño tengo grabada a fuego la frase de que «los libros no se tiran nunca». También debe ser cosa de la edad… 😀

¿Y MÁS?

Pues sí…

Han aparecido más cosillas en mi actividad 5S que podrían lícitamente reclamar un puesto en el post:

  • Postales: aunque abandonada desde hace décadas, probablemente no ha perdido sentido mi colección de sellos usados, atesorada con un propósito, documentada, construida pacientemente desde la búsqueda por filatelias, el despegado de sellos o el intercambio en el mercado dominical de la Plaza Nueva o hasta esporádicamente alrededor de la Plaza Mayor de Madrid, pero… ¿qué sentido tiene una colección de postales compradas, aunque haya sido en gran parte adquiridas en lugares en donde he estado? ¿En razón de qué puede aguantar la competencia con las fotos del viaje o las imágenes y vídeos de ese lugar, accesibles mediante un click y en alta calidad en la red?
  • Regalos: esas cajas con pequeños regalos de «complemento» del principal, o «amigos secretos» pretendidamente divertidos, o «ideas felices» que en su caso no acababan de conectar bien con la necesidad, o artículos «promocionales»… y que están más o menos bien, porque funcionan y tienen una utilidad… pero que en realidad no te atraían especialmente y nunca te hicieron ninguna falta. Algunos objetos esperan a que llegue el momento adecuado para tener un rato libre y meterse con ellos para sacarles jugo, pero otros… ¿por qué siguen ahí?
  • O los apuntes y el trabajo fin de carrera: si no tiene sentido conservar libros o revistas técnicas, ¿lo tiene el conservar los apuntes manuscritos de la carrera universitaria?

Bueno, digamos que en estos últimos aún lo tiene para mí, pero la razón que aún me vale es sobre todo emocional: veo esos apuntes y me parece imposible que, en algún momento, haya sido capaz de escribirlos… y de entenderlos. 😎

En realidad, les confieso que en todos hay algún pequeño barniz emocional… 😀 así que, si les parece, lo dejamos aquí.

¿Cómo llevan este asunto en sus casas?

Vibraciones: 25 años, día a día

No recuerdo la hora exacta que era en la mañana del pasado viernes, pero sí que había transcurrido buena parte de la misma y que estaba compartiendo algún tema relacionado con los proyectos que tenemos este año en nuestra mano con una colaboradora muy cercana.

No sé por qué, pero me fijé en la fecha y no en la hora al mirar el móvil: 5 de febrero de 2021. Y como en días pasados había sido consciente de ello, enseguida me vino a la mente que tal día como ese, 25 años atrás, había sido mi primer día de trabajo en la cooperativa.

Casi 5.500 días de dedicación formal a ella (los de casa no merece la pena contarlos) y 700.000 km recorridos solo para ir a trabajar o volver a casa cada día… que suponen nada menos que 200.000 € gastados, groso modo, solo por usar un coche para ir a trabajar durante ese tiempo.

25 años son casi la mitad de la vida que recuerdo… y la verdad es que, visto así… abruma.

Más aún… no sé si hay mejor ejemplo de esa expresión que Julen Iturbe usaba antes con asiduidad, que es que en el pasado «la empresa vertebraba la vida de las personas».

Pues no sé yo si es algo que pertenece al pasado.

Tal vez no… o tal vez es que formo parte del segmento ya viejuno, en el que este factor aún podría estar muy presente.

Y va a ser que sí… 🙄 🙂

Vibraciones: privacidad en pago de salud

El creciente desarrollo de tecnologías embebidas o adheridas al cuerpo humano, con propósitos bien ligados al control de la salud o bien a la corrección o incremento de las capacidades naturales de una persona (el llamado «augmented human«), se han asomado ya algunas veces a estas páginas, desde el fenómeno del envejecimiento, desde el sentido de la vista, desde nuestra evolución hacia la noción de cyborg

Creo que han pasado algunos años desde mi última incursión en este terreno, pero en los últimos días se han dado varias circunstancias que me invitan de nuevo a acercarme a ello.

La primera fue un vídeo que ha corrido viralmente por Whatsapp y redes sociales, así que es muy probable que ya lo hayan visto.

José Luis Corcuera fue Ministro de Interior durante 5 años en uno de los gobiernos de Felipe González. Tras abandonar el partido, muy crítico con el liderazgo de Pedro Sánchez, exponía sus argumentos en una entrevista que Susanna Griso le hacía sobre la gestión gubernamental de la crisis sanitaria en el programa «Espejo Público» de Antena 3. Vean el vídeo si no lo han hecho porque impacta… o al menos el brevísimo extracto que les inserto a continuación.

José Luis Corcuera llevaba un desfibrilador interno (un S-DCI, «desfibrilador cardioversor implantable subcutáneo») que detecta arritmias con alto riesgo de provocar parada cardiorrespiratoria, por la aparición de fibrilaciones o taquicardias venticulares potencialmente mortales.

El S-DCI tiene dos elementos principales: el generador de pulso (aproximadamente del tamaño de un reloj de bolsillo grande, con una pila y circuitos eléctricos que leen la actividad eléctrica del corazón) y los electrodos que generan la descarga eléctrica (alambres, también llamados derivaciones, que pasan a través de las venas hasta el corazón).

Los primeros aparatos, voluminosos e implantables en operaciones de riesgo, se instalaron en Estados Unidos en pacientes en 1980, pero no fue hasta 2009 en que el desarrollo tecnológico de los denominados subcutáneos recibió el sello CE y por tanto la autorización para ser implantados en Europa.

Hoy se colocan ya con el paciente despierto… pero lo importante que quiero destacar es que, como derivada, no hubiera sido desde luego improbable que José Luis Corcuera se hubiera muerto en directo, delante de todo el mundo, solo 11 años atrás.

Impacta ver cómo la tecnología no solo salva una vida, sino que lo hace mediando solo un simple sobresalto…

El segundo impulso para este artículo fue un vídeo publicado por Marc Vidal en LinkedIn. Sobre él comenta cómo «investigadores del Laboratorio de Física Aplicada (APL) y la Facultad de Medicina (SOM) de The Johns Hopkins University demostraron, por primera vez, el control simultáneo de dos de las prótesis más avanzadas del mundo a través de una interfaz cerebro-máquina» y cómo «el equipo actualmente está desarrollando estrategias para proporcionar retroalimentación sensorial para ambas manos al mismo tiempo mediante la estimulación neuronal«, o sea, cómo, además, el sistema devuelve a la persona el sentido del tacto a través de sus «manos».

Si le echan un vistazo al vídeo que inserto a continuación (publicado hace aproximadamente hace un año), no verán nada parecido a una acción espectacular, solo torpes movimientos de un par de brazos robóticos que actúan a impulso de señales cerebrales de un ser humano… pero la clave está en que dichas señales han conseguido mover esos brazos simultánea y armónicamente hacia objetivos paralelos y diferentes, al modo en que naturalmente lo hacemos cada día.

Quizás hayan visto cosas más espectaculares en términos de movimientos (vean este vídeo o éste, de hace ya 5 años, también de desarrollos de la Johns Hopkins), pero a veces la clave, como en el caso del que les he insertado, no está en el espectáculo… y lo importante es entender que este es un camino de largo recorrido (el programa «Revolutionizing Prosthetics» nació nada menos que en 2006), que en el tiempo transcurrido desde esta grabación se han seguido produciendo desarrollos significativos y que éstos son solo el preludio de los que vendrán.

El tercer catalizador de este post es un artículo de Yuval Noah Harari que mi amigo Txus Santos compartió conmigo y que les recomiendo encarecidamente leer.

En él, el autor reflexiona acerca de la revolución tecnológica que de la mano de la inteligencia artificial nos inunda cada día con avances y amenazas, pero que considera que, paradójicamente, está lejos de nuestra comprensión en cuanto a la naturaleza del fenómeno en sí y de las implicaciones que puede suponer para nuestras vidas. Lo hace a través de cinco ideas que les resumo:

  1. Nadie sabe cómo será el trabajo en 2040. La revolución tecnológica no se producirá como un fenómeno lineal actualidad-transición-nueva estabilidad, sino que nos vamos a ver abocados a una serie continua de revoluciones cada vez mayores, más aceleradas, cada una sobre la anterior.
  2. La casa de bloques de piedra vs. la carpa. Ésta va a ser la naturaleza del aprendizaje, que no se parecerá a ir construyendo una casa de piedra sobre cimientos profundos y sólidos, como ha sido tradicionalmente, sino mucho más a montar una carpa que podamos doblar y trasladar con rapidez y facilidad a otro lugar.
  3. El ser humano ya es un sistema hackeable. Ya existe la tecnología que permite descifrar a los humanos como sistema, “saber qué pensamos para anticipar nuestras elecciones, para manipular nuestro deseos humanos de maneras que nunca antes fueron posibles”… y solamente hacen falta dos cosas: “un montón de datos, en particular biométricos (no solo sobre dónde vamos y qué compramos, sino qué sucede dentro de nuestros cuerpos y dentro de nuestras mentes) y mucho poder de computación”. Uniéndolas, «podemos crear algoritmos que me entienden mejor de lo que yo me comprendo a mí mismo, que no solo pueden predecir mis elecciones sino también manipular mis deseos y venderme cualquier cosa, ya sea un producto o un político».
  4. Conócete a ti mismo (porque el algoritmo ya te conoce bien). La mente humana es una máquina que produce relatos constantemente, de modo que lo que creemos conocer de nosotros mismos no es la realidad de como somos, sino el relato que nos hemos construido. Los algoritmos, por el contrario, se basan en datos y eso permite que, más temprano que tarde, puedan conocer a una persona mucho más de lo que ella se conoce a sí misma. Las implicaciones de esto son extraordinarias y no necesariamente positivas, pues plantean un escenario de asalto a la privacidad de un individuo en el que es posible que una corporación conozca y explote pensamientos o emociones profundas precisas que, preso de su relato, ni él mismo es capaz de identificar.
  5. Nuevos enemigos: la salud y la privacidad. El escenario anterior no solo es plausible, sino que puede que el ser humano lo abrace voluntariamente… y el culpable es el cuidado de la salud. A través de implantes y sensores biométricos que funcionen en continuo, la tecnología puede brindarnos un nivel de vigilancia y protección de nuestra salud tan brutal, tan único en la historia de la humanidad… que aceptaremos entregar buena parte de nuestra privacidad a cambio de sentirnos cuidados, seguros y sanos.

Coincido básicamente con la visión de Yuval Noah Harari. No sé si seremos capaces de encontrar un punto de equilibrio razonable, pero pienso, como él, que esto ocurrirá… y que es un gran reto para estas nuevas generaciones.

¿Qué opinan? Me encantarán sus comentarios…

Vivimos tiempos muy volátiles, donde lo prioritario, lo atractivo o lo importante deja de serlo en solo un instante; tiempos inciertos en los que nadie es capaz de predecir, no ya el futuro, sino cómo prepararse para afrontarlo; tiempos complejos, hasta el punto en que solo las máquinas parece que serán capaces de gestionar las interacciones de los sistemas, desde luego muy por delante de las que ya vemos como limitadas capacidades del ser humano para comprender el mundo que construimos; y tiempos, además, de ética ambigua, donde cada vez con mayor frecuencia el fin justifica los medios y los principios no van primero.

Tiempos VUCA, en definitiva.

No sé si me gustará el destino… pero ya a esta edad cada vez más cerca de la observación que de la pura ejecución… espero que el camino, al menos, sea apasionante. 🙂

Reflexiones: la diferenciación en producto vs servicio en negocios B2B

producto vs servicio'

Vaya por delante que me voy a referir a cómo trabajar la diferenciación competitiva desde una empresa de carácter industrial, es decir, una empresa que fabrica productos industriales para otras empresas y por tanto enmarcable en un mercado que convenimos en denominar B2Bbusiness to business«).

Para que lo entiendan mejor los no iniciados en este universo industrial:

  • B2B es fabricar reglas ópticas para instalar en las máquinas de corte de chapa que fabrica un cliente (que serán finalmente utilizadas de nuevo por otras empresas industriales para sus procesos fabriles).
  • B2B2C es fabricar teclados para un fabricante de ordenadores de sobremesa (que finalmente cualquiera de nosotros adquiriremos en una tienda o un centro comercial).
  • B2C es fabricar prendas de vestir, latas de cerveza, libros o sartenes (que son productos directamente destinados a un mercado de consumo).

La distinción B2B es muy relevante, porque a la hora de hablar de diferenciación competitiva, muchos de los criterios de usabilidad del producto, estética, marca o tendencias de moda o consumo quedan excluidos o muy matizados por las características del mercado industrial. A veces, el comportamiento de dicho producto físico ni siquiera es percibido u observado por el cliente o el usuario (ni lo ve, ni lo siente, ni lo escucha, ni lo toca), por lo que incluso el pensamiento de diseño debe ser abordado desde otras lógicas.

Como en todo en la vida (no se sorprenderán), es posible segmentar nuevamente esa distinción de forma igualmente relevante, por ejemplo entre quienes fabrican componentes simples (una tapa de motor, de aluminio), quienes fabrican módulos funcionales (un motor eléctrico donde se monte la tapa anterior), o quienes fabrican sistemas complejos (una prensa que, entre otros elementos, contenga varios motores de accionamiento).

Las empresas que fabrican componentes industriales tienen un serio problema de innovación sobre el propio producto, porque el universo de posibilidades que se abre implica rediseño de geometrías, nuevos materiales o nuevos procesos de producción ligados a los anteriores, que suponen sostener la inversión en I+D en el tiempo y que aúna incertidumbres tecnológicas (si se conseguirá o no el objetivo) y de mercado (si el coste de desarrollo y los logros obtenidos generarán suficiente diferencial en prestaciones o costes para que el mercado lo admita)… lo que implica como consecuencia incertidumbre económica.

En estas condiciones, escapar de competir por precio o como mucho por calidad… es difícil. Cuando se trata de productos que pueden ser fácilmente suministrados por varios proveedores, el fenómeno conocido como commodity se extiende más allá de su significado original y condiciona las relaciones… y las decisiones de compra.

Las empresas que se dedican a la fabricación de módulos funcionales o bienes de equipo tienen una característica común que las diferencia de los fabricantes de componentes: en general son «empresas de producto», lo que significa que tienen una marca reconocible en el mercado que identifica lo que podríamos considerar «producto propio», que a su vez implica disponer de una potente ingeniería de producto y un marketing de producto específico.

Es importante entender que esa división de las empresas industriales conlleva profundas diferencias en varios de los elementos de sus modelos de negocio más característicos. Por ejemplo… en cosas tan trascendentales como la acción de venta («comerciales» vs «vendedores»), el proceso de diseño del producto (orientado más «a la fabricación» o «al uso»), o finalmente el tipo de servicio que se puede construir y ofrecer al mercado. Procesos, relaciones y propuestas de valor… nada menos.

Cuando hablamos de diferenciación competitiva en productos industriales, hablamos generalmente de muy pocos factores de competitividad: siempre están presentes calidad, coste y plazo, naturalmente, pero aparte de ellos, solo queda la diferencia que puede establecer la innovación tecnológica (habilitando prestaciones diferenciales del producto frente a los estándares del mercado, sea en características mecánicas, durabilidad o algo tan sencillo y tan revalorizado en nuestros días en algunos sectores como el peso) o la prestación de nuevos servicios (habilitando una extraordinaria eficiencia postventa, por ejemplo, que reduzca o incluso prevenga y elimine el impacto de potenciales problemas de explotación).

DIFERENCIACIÓN POR PRODUCTO

Por innovación tecnológica me refiero a innovación en producto (nuevas geometrías, nuevos materiales, nuevos conceptos de diseño con funcionalidades integradas, nuevos recubrimientos o acabados…) porque las innovaciones en procesos redundan normalmente en los factores clásicos de competitividad del producto (singularmente el coste).

Cuando uno trabaja en un negocio B2B y aspira a tener una posición relevante en el mercado, el esfuerzo en I+D+i es inevitable, o al menos lo es en cualquier mercado altamente competitivo. Nadie duda de ello, porque quien no lo aborda con un cierto éxito se queda fuera… o queda condenado casi a ser un maquilador eficiente de los productos desarrollados por otros, lo que siendo un posicionamiento muy digno si se hace bien, no soporta desde luego la etiqueta de «posición relevante en el mercado».

Los negocios B2B2C dejan otro margen a la diferenciación competitiva en producto, porque el packaging, la distribución o el diseño, como he comentado antes, dejan mucho margen creativo para la personalización o la singularidad… pero en un B2B puro, las cosas son muy distintas.

Existen pocas alternativas más allá de las mencionadas.

No creo que sea el momento, estimados lectores, de abrir el debate sobre el potencial retroceso o viraje del modelo de globalización que hemos venido construyendo… pero de lo que nadie puede dudar ya a estas alturas es de que casi todos los grandes mercados industriales son hoy globales, en la forma en que cada uno haya ido definiendo.

Y en esos grandes mercados… lo que hay son grandes players.

Electrónica, componentes de automoción, fabricación de maquinaria, industria química, cementos, fabricación de tubo, de herramientas o de cableado… En todas ellas, las empresas que ejercen el liderazgo del mercado son empresas globales y casi siempre de gran dimensión.

Llevamos muchos años ya de apuestas importantes en el ámbito de la I+D. Apuestas financiadas desde las administraciones públicas locales, nacionales y supranacionales, por programas de ayuda generosamente dotados desde figuras que van desde la subvención directa hasta la exención fiscal. Apuestas que se han extendido a centros tecnológicos, progresivamente más cuestionados en su capacidad de conectar con los intereses reales de las empresas y de los mercados para transformar la «I+D» en «i».

Y mirando hacia atrás, hacia décadas ya de esfuerzo sostenido… la verdad es que, en estos mercados, es difícil identificar empresas que sean reconocidas y que se diferencien de las demás con claridad por la innovación de sus productos, ¿no creen?

Y las pocas que existen… no son grandes, sino enormes, con capacidad financiera para alimentar grandes ingenierías de producto capaces de mantener un ritmo de innovación elevado y sostenido en el tiempo. Y sus casos se estudian en las escuelas de negocios y se refieren en publicaciones técnicas en todo el mundo.

¿Cuál es el problema?

Imposible hacer un diagnóstico certero que además cuente con su aprobación generalizada, de eso estoy seguro… pero sí me gustaría dejar un par de reflexiones que creo pueden ser de su interés.

En primer lugar, el producto industrial se ha hecho complejo, cada vez más complejo. Debe responder a funcionalidades numerosas y diversas… y muchas de ellas son lo suficientemente importantes como para ser cuidadosamente valoradas en una decisión de compra. En mercados, productos y tecnologías que casi todos ellos podrían alinearse con el calificativo de «maduros», la innovación tecnológica en producto será difícil que suponga un salto competitivo en todas las funcionalidades. Es más, casi siempre implicará alguna renuncia en algún otro factor… o en términos de costes, lo que hará de la decisión siempre un balance donde la clave estará en identificar el punto de equilibrio más adecuado a cada caso.

Puede que no estén muy conformes con este postulado, voy a admitirlo… pero dejen que introduzca entonces el siguiente.

Mi observación en los últimos años es que, en la mayoría de los mercados que responden a esta tipología, ese escenario competitivo repleto de grandes empresas lleva a que, cuando una de ellas consigue un salto de competitividad a través de la innovación en producto, ese diferencial… dura poco.

Con suerte… un par de años.

Aunque se patenten materiales, procesos, productos completos o incluso modelos de utilidad, en un corto plazo de tiempo, si realmente esa innovación ha hecho «daño» a ese escenario competitivo, el resto de gigantes habrá desarrollado soluciones similares o alternativas que vuelvan a cuestionar los puntos de equilibrio de las decisiones de adquisición.

Pasa un poco como cuando en el mercado de consumo de todos nosotros, tratamos de adquirir un automóvil nuevo. Salvo perfiles abiertamente frikis… nuestra decisión será difícil que se base en cualquiera de las innumerables y espectaculares innovaciones tecnológicas de producto que constantemente introducen los fabricantes de vehículos, ¿verdad?

Pues piénsenlo, porque es importante.

Y cuidado… no quiere esto decir que no sea necesario sostener e incluso incrementar el esfuerzo en I+D+i de producto. La tecnología domina los cambios de nuestro mundo… y si uno no es capaz de seguir el ritmo, al menos el ritmo medio del sector, estará fuera del mercado, como apuntaba antes, en menos tiempo del que le gustaría.

Por si acaso les han aflorado tentaciones de relajar este esfuerzo… esto es un must. Ya lo siento.

DIFERENCIACIÓN POR SERVICIO

Ya les he querido avanzar que diferenciarse a través de la prestación de servicios tampoco es un chollo. Entramos en un terreno complicado, que es el de la valoración de intangibles en un mundo industrial donde factores como el CAPEX, el OPEX o como derivada el TCO son monarquías casi absolutas.

Cuando hablamos de fabricar bienes de equipo, hay una salida: la postventa. El servicio postventa es un factor crítico porque su falla genera problemas de gran dimensión, en términos de costes, de compromiso con cliente y finalmente de posición misma de mercado.

El desarrollo masivo que estamos viviendo de la sensorización de bienes de equipo, seguida del tratamiento de los datos generados mediante procesos de machine y deep learning y algoritmos de inteligencia artificial, están permitiendo desarrollar servicios de predicción de fallos… e incluso de modelos presciptivos que los eviten.

En la fabricación de bienes de equipo ya no es sostenible no pensar en clave de servitización de la oferta de valor, porque el valor percibido por el cliente es de tal magnitud que condiciona, sin duda, sus decisiones de compra.

La guerra se sirve aquí en el terreno de la propiedad o el derecho de uso de los datos. Lo que en un principio parecía el nuevo maná de los fabricantes de equipos, una forma de incrementar sus ingresos pero sobre todo sus márgenes, pronto se vio cuestionado por la aparición de propuestas de intermediación, que gestionaban transversalmente un parque de maquinaria de diversos proveedores y por ende tecnologías, con un lenguaje único para el cliente al que atendían. Y el siguiente paso está siendo la conciencia de ese cliente de que esa información es lo suficientemente crítica para su eficiencia productiva como para mantenerla dentro de sus dominios como una de sus competencias core.

En cualquier caso, no falta mucho para que lo que quede de este movimiento quede convertido, casi… en una commodity. Una commodity de servicios.

Todo el mundo 4.0, en realidad, está en mi opinión abocado a recorrer ese camino en el entorno B2B.

¿De qué otra cosa podemos hablar, entonces, si queremos intentar diferenciarnos a través de servicios?

Pues de algo muy poco trabajado, la verdad, en el universo industrial… y con la incertidumbre aún de si el retorno (muchas veces intangible), podrá ser razonablemente valorado o de si el esfuerzo se justificará con un ROI aceptable.

O sea, de algo relacionado con innovación… en gestión. 🙂

Las relaciones de un proveedor con su cliente industrial tienen un fuerte componente técnico. La acción comercial se basa casi siempre en una conversación técnico-comercial y el producto se entrega frente a unas especificaciones definidas y a veces particulares, objeto de protocolos de homologación.

Y esa característica, a lo largo de las fases de diseño, desarrollo, industrialización, fabricación, suministro y postventa del producto, se reproduce.

Pues cada una de estas fases está repleta de touchpoints con el cliente, que pueden ser rediseñados desde una perspectiva UX/CX en modo servicio.

Fácil no es…

Y no lo es porque con frecuencia resulta muy complicado encontrar un valor diferencial que el cliente reconozca… y que al mismo tiempo genere un retorno para quien lo provee, confiable y atractivo.

Pero es el camino.

Los intentos en los que he participado en los últimos años no han fructificado, en buena medida porque la apuesta o ha sido real por parte de la organización y nos hemos quedado en la conceptualización… y en parte porque es necesario un buen nivel de ambición en el valor prestado para despertar el atractivo del mercado y quizá tampoco lo hayamos conseguido. Al menos no hemos despertado el hambre interno suficiente como para pensar que eso pudiera ser así.

Pero mi valoración es que había propuestas realmente interesantes y que es un camino a transitar.

Porque (y en algo de ello profundizaremos a continuación), a diferencia de la innovación tecnológica en producto, lo que de verdad fideliza a un cliente es el servicio.

Y eso es imprescindible si, por ejemplo, nos interesa pasar de ser un proveedor a ser un partner… 😉

PRODUCTO vs SERVICIO

Llegamos al último capítulo del post, quizá la aportación más importante que puedo hacerles desde mi reflexión, si es que les vale de algo.

Si la diferenciación a través de la innovación tecnológica en producto es un must, entonces… ¿hay que abordar ambas?

Mi respuesta es bastante obvia, en derivada al apartado anterior, pero hay un factor adicional a considerar que me parece muy interesante.

Recientemente hemos realizado en mi empresa un ejercicio de caracterización de la diferenciación en producto frente a la diferenciación en servicio. Para ello valoramos, en una escala de 1 a 6 («bajo» a «alto») las siguientes 10 características para ambos modos:

  • Lead-time de desarrollo de proyecto.
  • Incertidumbre de mercado (tiempo medio estimado hasta conseguir entrada).
  • Incertidumbre técnica o tecnológica.
  • Costes de desarrollo.
  • Vulnerabilidad (tiempo que tardaría la competencia en ofertar algo similar).
  • Transversalidad de la solución y fidelización del cliente.
  • Impacto en el posicionamiento competitivo.
  • Alineamiento con las tendencias de percepción de valor de los clientes.
  • Potencial del volumen de negocio generado.
  • Rentabilidad esperada (comparada solo con servicios con retorno económico).

Con los resultados trazamos las curvas de valor correspondientes a producto y servicio y el resultado fue el siguiente:

Las características sobre la banda roja son aquéllas en las que es mejor cuanta más baja es la valoración y las características sobre la banda verde al contrario (mejor cuanto mayor).

En general, la curva de producto tiene valoraciones más extremas, tanto en los aspectos positivos como en los negativos, como por otra parte parece tener sentido, al enfrentar una diferenciación en negocio frente a otra en gestión.

Pero más allá del grado de acuerdo o no que cada uno pueda tener con cara valoración en cada característica, lo interesante del caso es que las curvas de valor de la diferenciación en producto y servicio son enormemente complementarias, con pocas fortalezas coincidentes.

No sé si esto les generará alguna reflexión sobre sus decisiones futuras al respecto, pero a mí me resulta francamente atractivo.

¿A ustedes?

Reflexiones: el famoso «propósito»

Empresas con propósito. Una expresión que no dudo habrán escuchado o incluso utilizado más de una vez (más bien muchas veces) a lo largo al menos de los últimos 6 u 8 años.

Las existencia de una empresa siempre ha tenido un propósito al margen del económico (o al menos, la de la que se crea desde la iniciativa de un empresario con ojos y cara), pero antes de ahondar en ello, déjenme traer aquí un recuerdo de la vieja asignatura de Administración de Empresas en la Escuela de Ingenieros de Bilbao: hace ya creo que la friolera de 36 años, aquél a quien reconocíamos como John Wayne metía en mis meninges, por primera vez, la idea de la «función social de la empresa».

La noción de empresa era entonces para mí un constructo en el más estricto sentido del término, etéreo y además intrascendente para el momento en el que estaba. De hecho, el principal aprendizaje que reconozco de mi primera etapa laboral remunerada es precisamente el de empezar a entender lo que era y cómo funcionaba una empresa.

Para mí, en aquel momento no pasaba de ser el lugar en el que tiempo de trabajo y remuneración económica se intercambiaban según sus particulares reglas de mercado. Algo que como mucho pertenecía al futuro de mis preocupaciones.

Por eso, entender su «función social» de creación y distribución de la riqueza, de ser vehículo de generación de empleo y herramienta de desarrollo personal, la razón en definitiva por la que merecía ser una institución socialmente protegida, fue un auténtico fogonazo de lucidez.

O sea… que incluso en el caso de que el propósito de crear una empresa fuera fundamental e incluso únicamente el de «forrarse» con ello… resulta que ejercería una función respetable, lo deseara o no su propietario…

Pues interesante, ¿no?

Mi recorrido profesional me llevó después por otros vericuetos camino de las cooperativas, entidades en que el propósito está integrado en su propia razón de existir… pero sin llegar a este punto, hay un par de historias que creo interesante compartir.

La primera tiene que ver con una empresa fundada en 1957 por un ingeniero catalán que por avatares de la vida, llegó a Bilbao con un contrato que le ocupaba en la coordinación de las actividades de construcción de una nueva planta de producción industrial. Ese mismo año fundó su propia empresa, con el objetivo de funcionar como un servicio empresarial encargado de ese tipo de menesteres.

Conocí esta historia en 1995, solo unos meses después de que se produjera el fallecimiento del fundador, en una colaboración circunstancial con la organización que había creado y a través de una conversación con su responsable de recursos humanos.

1957 era un año complicado para muchas cosas. Franco estaba en el apogeo de su poder, Seat fabricaba su primer 600, el racionamiento de la posguerra hacía poco que había acabado, las empresas estaban fuertemente jerarquizadas y burocratizadas, el trabajo se basaba en el control y la iniciativa era para cualquier trabajador un concepto desconocido, el mercado era de oferta, el cliente no era de gran importancia («vuelva usted mañana») y el conocimiento, un patrimonio personal protegido («lo que he aprendido en 20 años no te lo voy a contar a ti en dos semanas»).

Frente a ello, la empresa de nuestro hombre tenía diferencias muy notables, la primera de las cuales fue nacer con el propósito de mostrar que era posible generar con éxito actividad económica desde la asociación de profesionales libres e independientes, como características derivadas simplemente de la dignidad humana.

Así, en su empresa, la propiedad empezó pronto a estar repartida, nunca hubo relojes de fichar, se preservó a toda costa la independencia comercial (rechazando activamente maniobras y componendas para la obtención de negocio) y se impulsó un funcionamiento interno abierto y colaborativo donde casi no existían niveles jerárquicos.

Para él, la empresa no era sino un simple vehículo para que las personas pudieran desarrollar su capacidad de trabajo y desarrollarse humana y profesionalmente, un espacio en que la comunicación y la transmisión de conocimiento debían ser fluidas y continuas (con mayor responsabilidad para los más veteranos y aunque solo fuera por la condición de socios de todos ellos), un lugar donde el cliente es la razón de ser de cualquier profesional y la confianza la base en la que se sustenta todo.

Hoy es una ingeniería de prestigio que, extendida desde su su centro a orillas del Nervión, desarrolla grandes proyectos en todo el mundo. Todavía hoy sostiene un modelo de funcionamiento interno ligado a los principios y propósito fundacionales, al que no todos los que lo intentan se consiguen adaptar.

La segunda habla de una pequeña empresa canadiense con la que tuvimos relación hace unos años. Al norte de Montreal y cerca de Quebec capital, fue fundada dos años después que la anterior y creció como empresa familiar a lo largo de casi toda su historia. Era una calderería de nivel, especializada en la fabricación de equipamiento para el sector minero.

La crisis del asbesto paralizó sin futuro enormes explotaciones mineras a cielo abierto y colocó al borde de la desaparición a nuestra empresa a finales de los 80. De haber ocupado a más de 100 trabajadores llegó a contar solo con 5, pero desde el firme propósito de sobrevivir, aprovechó la crisis industrial para reinventarse, adquirir tecnología y volver a crecer. Fueron momentos en que el propietario pudo vender o cerrar, pero en un momento de destrucción de empleo y emigración hacia el gran-atractor-local (Montreal), su propósito fue siempre sostener la posibilidad de seguir creando valor en su entorno y retener todo el talento posible a través de una actividad económica que evitara la transformación de la región en un desierto social.

Hoy ha vuelto a crecer hasta ocupar a casi 400 personas, ha accedido a mercados internacionales, ha adquirido tres empresas como vía de crecimiento y diversificación y es un puntal de desarrollo y crecimiento profesional relevante en su territorio natural.

Hace solo 7 años se retiraba de toda actividad su dueño (venta de acciones incluida), tras más de 53 años presidiendo ejecutiva u honoríficamente la compañía. Alguien a quien, con 83 años y ya sin responsabilidades ejecutivas, pude ver yendo cada mañana a su despacho.

Muchos habrán reconocido a Idom en la primera de las historias y a Rafael Escolá como su fundador (pueden encontrar más detalles en este artículo) y les completo la información con los nombres de Les Industries Fournier y Renaud Fournier como protagonistas de la segunda.

¿Dirían que son empresas con propósito? ¿Tiene propósitos una empresa?

Mis queridos lectores… pues no; las empresas no tienen propósitos, de la misma forma que no tienen valores.

Son las personas las que tienen un propósito por el cuál crean una empresa, o por el que la mantienen funcionando. Hablo de quienes ostentan la propiedad de la misma… pero no afecta solo a ellos. Quienes trabajan allí tienen también un propósito por el que embarcarse en ese proyecto empresarial.

Ya sé que esto es una poco sutil trampa dialéctica y puede que me digan que no tiene ningún significado práctico… pero a mi modo de ver, sí lo tiene. Porque los propósitos están ligados a la voluntad de querer y por tanto solo pertenecen a las personas.

Eso significa que, como los valores, las empresas solo pueden declarar un propósito formal para su existencia… pero será la alineación o la disfunción con los comportamientos que se observen de quienes la dirijan o trabajen en ellas lo que las haga atractivas para vertebrar un proyecto vital… o candidatas a escapar pronto de ellas.

Mi mundo cooperativo responde a un esquema similar, aunque con consideraciones importantes, porque la propiedad es colectiva, indivisible e individualmente no enajenable… pero hay un propósito que se supone comparten las personas que se asocian a ellas: la voluntad de dejar un legado para las generaciones sucesivas y transformar la sociedad para ello a través del propio trabajo. Y ese, la transformación de la sociedad y de la propia persona a través del trabajo, también desde el respeto a la dignidad de la persona, se convierte así en el propósito formal de su existencia.

Pero qué casualidad… todo empezó con alguien apellidado Arizmendiarrieta, que llega a una comarca interior de Guipúzcoa, observa un desigual acceso a la educación que impide la igualdad de oportunidades, conecta con necesidades de desarrollo social y económico acuciantes, lleva en la médula el respeto a la dignidad de cada persona encarnada en el trabajo como fuerza transformadora, adopta una figura legal (la de las cooperativas de trabajo asociado) que encaja en lo que siente… y encuentra un grupo de gente que es capaz de moverlo todo por un propósito así.

De nuevo, los propósitos en las personas… y la organización (la empresa) como mero vehículo de conversión.

Este, como creo que coincidirán, es un propósito trascendente, porque no pertenece a nadie en particular, pero díganme si una persona no puede sentirse igual de bien por trabajar en una empresa con dueño cuyos valores y propósitos personales sean como las de los dos ejemplos anteriores.

Solo un apunte: ningún propósito egoísta atrae ni sujeta, como es lógico, a nadie.

Una obviedad… pero recuérdenlo.

La crisis de 2008 puso sobre el tapete la revalorización de la idea de «empresas con propósito», un fenómeno muy ligado también a la llegada de los valores de las nuevas generaciones millenial y a la progresiva necesidad de la empresa de ser un polo de atracción del nuevo talento.

Sin embargo, estas generaciones han sido muy conscientes de la realidad escondida detrás de las grandes declaraciones de «marketing de empresa» y pronto, el «capitalismo emocional» que trataba de digerir el concepto como en general lo ha digerido e integrado todo, quedó desnudo como el rey del cuento a los ojos de aquellos a quienes les resultaba sencillo mirar hacia el interior, porque era la forma en que habían aprendido a hacerlo.

Al margen del tercer o del cuarto sector, donde el propósito es, como en las cooperativas aunque de forma muy distinta, consustancial al modelo de empresa, las declaraciones de propósito de cualquier otra empresa se vuelven transparentes en minutos y las que no pasan del marco en la pared tiene pocas posibilidades de que les sea de alguna utilidad.

Pero déjenme decirles que también entre las empresas de tercer y cuarto sector pueden esconderse propósitos no precisamente ligados a los declarados, o en paralelo con ellos. Y existen porque es lo que impulsó a sus promotores a poner en marcha la iniciativa, o porque nuevas inquietudes fueran surgiendo con el tiempo. Como en cualquier organización humana, no son las declaraciones sino los hechos los que conforman las realidades… y las organizaciones como tales, constructos jurídicos pero intangibles… no sienten, no padecen, no opinan… no deciden.

Por eso vuelvo al propósito de las personas que las crean y las sostienen, porque es la forma en que impregnen de verdad a «la organización»… y a quienes dejan que ella impregne parte de sus vidas.

La función social se seguirá prestando, incluso en las malas empresas. Pero el propósito… es otra cosa.

Que el trabajo, además de proporcionar retribución y de llenar el anhelo profesional, ofrezca a las personas la posibilidad de sentir que merece la pena hacerlo por un propósito más trascendente, que va más allá de la actividad de cada día, porque es lo que palpan en la forma en que actúan quienes conducen el barco, puede ser el factor que vehicule una nueva vertebración de la vida desde la empresa… aunque ya no volverá a ser de por vida, ni estará adscrita a una marca, ni será inquebrantable. Nunca más. Nunca como las empresas vertebraban la vida para muchas personas en el pasado.

Pero será (en caso de ser) más libre, más consciente… y muy volátil.

Ténganlo en cuenta…

 

Vibraciones: en todo el mundo

No serán este año las mejores voces, esas que nos dejan atónitos ante la delicadeza, la sensibilidad o la perfección vocal, las que nos acompañen en este tradicional post navideño.

Esta vez he preferido elegir 8 villancicos que tienen un valor en su conjunto: se acaban de subir a la red desde muy diferentes lugares del mundo.

Porque más allá de la abrumadora comercialización de estas fechas, más allá de los credos que cada uno tenga o no tenga, más allá del virtuosismo artístico… algo debe tener la Navidad que hace que tanta gente y en tantos lugares culturalmente distantes, nos pongamos a cantar sobre cosas sobre las que no cantaríamos el resto del año, recordando que hay valores que son buenos y que hacen que como humanos coincidamos en ello con carácter universal.

Disfruten de la diversidad. Algo… debe haber de bueno en ponerse un poco cursi al celebrar estos días. 😉

¡Feliz Navidad!

LITTLE DRUMMER BOY – For King & Country, christian rock de australianos de US

CAROL OF THE BELLS – Adioses Jazz Coral, un coro asturiano volando desde Asturias

TRUE CHRISTMAS – Ikay Rocks, cantando un gospel de hoy para el mundo, desde Nigeria

PULKOOTTILEESOW PIRANNU – Sam Kadammanitta, creando uno nuevo desde Malasia

CHOLITO JESÚS – Los Toribianitos, bien acompañados en el villancico peruano por excelencia

JINGLE BELLS – Joshua Edelman, un americano enseñando y haciendo jazz en Bilbao

SANTAN CLAUS IS COMING TO TOWN – Korean Unnie, versionando al humor coreano

CHRISTMAS SONG – Kwan Pa, ritmos africanos, desde Ghana… para poner en bucle

Vibraciones: Cataluña

Mi muchas veces admirado Manel Muntada, ha abrazado definitivamente la defensa pública en las redes del referéndum catalán convocado por la Generalitat para este domingo.

La mayoría de mis amigos y conocidos catalanes lo ha ido haciendo a lo largo de los últimos meses, y aunque en su caso me había parecido que de forma más tardía (algunos de mis contactos llevan al menos dos años haciendo proselitismo del «problema catalán» y ya hace mucho que no hablan ni comparten otra cosa), ayer enlazaba en Facebook un artículo de Jordi Galves, publicado por elnacional.cat, que les invito a leer antes de seguir con este post.

¿Ya?

¿Lo han leído?

Pues sí es así…

  • En efecto. Todo eso y mucho más (pero más serio) es lo que muchos miles (¿millones?) de personas y toda una generación de dirigentes políticos han decidido arriesgar jugándose la partida a un órdago a la grande.
  • Y sin embargo… ya hace mucho, pero mucho tiempo que observé que los viejos jugadores de mus juegan «a la piedra»… y es la forma en que parece que siempre… terminan ganando.

Hace ya más de cuatro años que conversaba con Alfons Cornella y Josep Lluis Sánchez en un acto que organizamos en Mondragón sobre lo que entonces ya estaba en marcha, al hilo de la convocatoria de Artur Más para el fallido referéndum de noviembre de 2014. Ellos ya estaban convencidos del camino a seguir, a pesar de que mi visión (distante, no podía ser de otra forma) se aproximaba más la de una generación de políticos catalanes que había decidido conducir a sus ciudadanos por el abismo de las emociones… que es un camino que percibo que siempre acaba mal.

Como mínimo, como un ejercicio de gigantesca frustración social y colectiva.

Con suerte.

Muchos meses más adelante, quizá un par de años, manifestaba públicamente mi estupor (creo que fue mediante un tuit) por la forma en que mi mil veces envidiada, culta e inteligente Cataluña seguía haciendo ruta hacia un suicidio colectivo. «No lo entiendo», decía yo… Alfons se ofreció: «Te lo explico». Y yo: «Gracias, pero creo que no me apetecen explicaciones».

En realidad, creo que sí lo entendía… Lo entiendo. Pero me siguen sin apetecer las explicaciones, porque no tienen ningún valor.

No he escrito prácticamente nada sobre Cataluña en estos años de tensión y desafío político, ni en forma de artículos, ni de enlaces, ni siquiera de comentarios a las publicaciones de los demás. No creo que en total haya más de una decena de modestas y brevísimas intervenciones mías en las redes sobre este tema… y un par de ellas (les aseguro que honestamente creo que MUY educadas y hasta discretas) han tenido como consecuencia que alguien me ha dejado de seguir.

La mentira egoísta es infinitamente menos dañina que la que se envuelve en papel de regalo. La verdad y la honestidad intelectual son conceptos mutilados en las discusiones que observo y la manipulación más descarada camina desnuda entre las justificaciones sin que nadie se atreva a decírselo al rey. Y no encuentro que NADA de lo que ha venido sucediendo en la vida pública en estos años, por poco que me satisfaga o por mucho que me repugne, lo justifique.

Veo a amigos y conocidos embarcados en una etapa emocionante y «trascendente» de sus vidas. También alguno por aquí, aunque la distancia predomina. Pero a mí me genera una profunda tristeza. Qué pena…

Vibraciones: a veces… esa imagen

En algún momento de hace ya más de treinta años, decidí por fin acoplar un trípode a mi querida y espléndida Minolta (analógica, por supuesto) y salir en solitario por la ciudad. Unas veces de noche y entre juegos con el tiempo de apertura del obturador, otras de madrugada para captar esa luz blanca que despierta a la ciudad…

El trípode me acompañó con frecuencia durante algunos años en mis viajes y mi cámara siempre estuvo preparada buscando el detalle, el desenfoque, ese momento que siempre aparece cuando lamentas no tener tu máquina a mano.

Casi nadie a quien doble en edad entenderá esto, porque los smartphones lo han cambiado todo, pero conservo esa capacidad de disfrutar de los detalles escondidos en lo que veo. A veces… esa imagen que penetra por la retina… te pide de algún modo que la protejas, que conserves su belleza adoptándola para ti, que guardes su diferencia o su efímera presencia más allá del momento en que muestra visible su singularidad.

Ahora desde el móvil, sin la calidad ni el trabajo artesano de entonces, pero con el mismo espíritu de capturar el momento, con frecuencia sigo tomando fotografías de objetos e imágenes que no tienen más sentido que ése. No son instantáneas de obras de arte ni edificios históricos, no son de amigos ni familiares ni personas con las que he compartido unas horas, no son de paisajes grandiosos ni escondidos, no son puestas de sol, ni marinas, ni bodegones, ni mercados, ni abarrotadas calles comerciales, ni espectáculos, ni fiestas, ni alimentos, ni flores…

Todo eso también llena mi archivo de fotos, pero no hablo de ello en este post. O sí pero no… Me refiero más bien a objetos cotidianos, vistos por un momento de una forma diferente que me invita a sumergirme en ellos desde esa ilusión visual.

No busquen calidad en las imágenes que vienen a continuación. Ni siquiera he hecho una buena selección de las muchas instantáneas que guardo en infinitas carpetas de fotos…

Ayer, alguien me dijo que en el ámbito profesional, y a pesar de mi carácter sanguíneo y apasionado, mi desempeño es siempre infinitamente racional, 100% racional.

Que no había «arte».

Y yo pienso que quien me lo dijo… no supo buscar bien. 😉

Y también que a mi pesar… puede que lo tenga bien escondido.

AGUA

CIELO

DEVOCIÓN

FAMILIA

FRESCO

FUEGO

HIELO

HOGAR

HUECO

HUMEDAD

LUZ

MEDICINA

MEDUSA

MÉXICO

MOLDE

NOCHE

RITO

SOL

Y sí… son 18. 😉

 

Vibraciones: tres joyas de Navidad

Como cada año, reservo en diciembre un hueco en este blog para dedicárselo a la Navidad, o al menos a algún detalle que tenga que ver con lo más bello, solidario o intrínsecamente bueno que se relacione con su naturaleza más original.

joya-navidadNavidad es realmente el único momento singular que celebramos con universalidad (hoy incluso desprovisto de carácter religioso si así se desea) cada 365 días.

Sé que hay personas que no son capaces de disfrutar de ella, que incluso, por razones personales, muchas veces familiares, la viven como una carga de tristeza, pero no puedo entender a quienes, desde la caricia de una vida afortunada, no son capaces de extraer un balance positivo de este momento en el que, por una vez y por derecho, reclamamos la grandeza de ser buenos.

El correo, Facebook, Twitter o Whatsapp nos acercan cada año docenas de vídeos, frases, memes e imágenes de felicitación de la Navidad. Admito que a veces desbordan el punto de saturación, pero estarán conmigo en que esa molestia no tiene comparación posible con el perturbador e hipotético caso de un año en el que no reciban nada, pero absolutamente nada, ¿verdad?

Los amigos, los conocidos e incluso los contactos profesionales dedican unos minutos  a desearnos momentos entrañables y un fructífero año nuevo… y en realidad a recordarnos con ello que siguen ahí, que les importamos de algún modo. Nada es más fisiológicamente necesario para un ser humano que sentir que alguien se acuerda de él…

Pero para mí hay más… Preparar la cena de Nochebuena en familia, vestir la casa de nuevo de fiesta, con el árbol, las guirnaldas o el belén, recorrer la ciudad en busca de un regalo personal con el que mostrar tu cariño a tus seres más queridos (y luego esconderlo), engañar a tus sobrinos o a tus hijos pequeños en la cabalgata, pasear estas noches de calles entre luces, partir el turrón («yo lo parto, yo lo parto…»), cantar villancicos aunque sea desafinando… sentir al menos una vez al año la belleza de compartir un tiempo solo porque tenemos un intangible lazo en común.

Ya hay más de trescientos cincuenta días, cada año, para dedicarlos a otras cosas.

Les dejo esta vez tres joyas para una Navidad que, no lo puedo negar, a mí me gusta. Espero haber acertado con una selección emotiva pero contenida, festiva pero elegante… y sobre todo universal.

Para todos.

Porque así debería ser: para todos. Incluyan en ese «todos» lo que deseen, porque no debería tener excepción.

Fue Judith Gallimó la que me acercó este vídeo alojado en catorze.cat, en que se versiona el magnífico Hallelujah de Leonard Cohen.

Tiene diez años, se llama Kaylee Rogers y estudia en Killard House School, un centro de educación especial en Donaghadee (Irlanda del Norte). Está diagnosticada con autismo y TDAH.

Su madre dice que a través de la música se ha abierto y ha encontrado la confianza que necesitaba para hacer… esto:

Back to basics.

La segunda joya me llega a través de Ángel Lequerica, un incondicional del disfrute de la vida… y de Scott Bradlee y su Postmodern Jukebox, un lugar donde la esencia de la música se reinventa en un pasado que suena siempre personal, natural, y absolutamente próximo.

A los mandos, hace un par de años, Cristina Gatti.

Pasen y vean…

Solo voz, muchas voces, una voz.

Confieso: no me «llegó» la primera vez. Pero ya a la mitad de la segunda me encontré a mí mismo haciendo los coros en alto.

Peter Holens es un cantante y productor norteamericano especializado en música a capela con un diverso y a veces divertido canal en YouTube. Pocas cosas hay tan esencialmente humanas como nuestro lenguaje y el uso que podemos hacer de nuestra voz. Cantar a capela lo desnuda de artificios para buscar la armonía como perfección, como absoluta belleza.

Si no caen, repitan…

Feliz Navidad.  🙂

Vibraciones: hacer limpieza

trastero-orden2

Ponerse a hacer limpieza de lo acumulado en el tiempo es de ese tipo de decisiones que uno suele tomar sabiendo por dónde empieza… pero no siempre por dónde va a acabar. Limpiar es una actividad con frecuencia realimentante: una vez que uno vence la pereza del arranque y se mete en faena, un cajón le lleva al siguiente, los cajones a los altillos y el armario a la habitación.

Mis limpiezas del fondo de los armarios son lentas y cansadas. Ponerme a ello significa revisar decisiones y sentimientos sobre lo acumulado, sobre lo que en algún momento fue considerado suficientemente útil, importante, emocionante o simplemente bello como para permanecer durante mucho tiempo en el archivo continuo de mi vida. Significa por tanto enfrentarme a recuerdos, a valores… y a pérdidas, porque muchos de los instantes pasados no me pertenecen y no puedo gobernar su regreso.

Esos son momentos de añoranzas, de felicidades melancólicas, de retorno a instantes del pasado y de filtrado de emociones por el cedazo de la realidad de hoy, que devuelve con crudeza significados y valoraciones de distinto signo, no siempre en la forma esperada.

Por eso es por lo que, además de lentas y cansadas, mis limpiezas son también a veces tristes, aunque de un tipo de tristeza en la que uno puede instalarse y disfrutar.

Me siento en los últimos meses con la creciente necesidad de hacer limpieza en los inventarios de varios de mis almacenes, aunque como la pereza es un enemigo formidable, no sé si acabaré entrando en todos.

Mi red es uno de esos almacenes… uno de los no muy grandes pero en los que paso bastante tiempo. Empecé por cambiar el tema del blog, como ya han visto, tras más de siete años de fidelidad al origen. Eso me llevó a revisar la maquetación de las imágenes frente a los textos en los más de 170 artículos que he escrito o a revisar y rehacer enlaces a vídeos incrustados que habían desaparecido o habían sido desactivados. Y eso me está llevando a revisar la información adicional que aparece en inquietos… y singularmente la lista de los blogs que alguna vez he seguido y disfrutado desde el afán de aprender o desde la simple admiración.

Este apartado está siendo el perfecto paradigma de lo anterior: revisar la lista declarada de blogs que sigo, implica revisar la coherencia con Feedly, mi agregador heredero del viejo Reader al que cada vez soy más infiel desde las rutinas de cada día; almacén (cada vez más) de lugares en los que quiero estar en vez de lugares en los que estoy, un apoyo básico… que cada mes es más amigo de mi interesante pero olvidado delicious. Implica visitarlos de nuevo para ver cuándo fue su última entrada, comprobar las mudanzas, verificar que en esos cambios no he perdido ningún cuerpo que aún respire con fuerza…

En definitiva, que he vuelto a entrar en esas páginas, una por una. Mi vista se ha parado además en algunos post que formaron parte de mi enamoramiento por la red, desde cien ángulos, desde docenas de miradas, desde personas diferentes con cosas que contar.

Me he encontrado con muchos blogs colgados de un hilo de tiempo al momento en el que su motor se quedó sin combustible, en el que dejaron de tener el suficiente sentido para quienes los crearon. Y he encontrado una forma de salvar la tristeza de saber que esas bitácoras, que en su momento tuvieron una vida intensa, vagan ahora almacenadas en algún perdido rincón de ese inconmensurable archivo virtual que envuelve la red.

Ese salvavidas va a ser este post: a medida que les dé de baja en mi lista, algunos de ellos van a formar parte de la relación de viejas glorias que iré configurando a continuación. Será como una lista de recomendaciones de esas que circulaban antaño como memes, pero con el absurdo de que no tendrá ningún sentido que las sigan… porque ya no es previsible que vayan a ofrecer nunca nada más.

Ésta es por tanto mi particular brocante llena de viejas «joyas de blog» (un oxímoron perfecto), mi forma de borrarlos de la lista, de sacarlos del almacén, de desprenderme de ellos… pero sin condenarlos al olvido:

  • Amb lletra de palAnna Cabañas escribía siembre en catalán y (traducido) en castellano… pero en realidad en el idioma en el que siempre escribía era en el de la belleza. No importaba el tema de que se tratara, su escritura era esencialmente bella. Un diciembre, el de 2011, despedía el año con un agradecimiento a todos los que, como lectores, amigos o clientes habían compartido con ella esos meses. Y después, nada. Ya no se puede ni bucear en sus viejos textos… Te echo de menos, Anna.
  • Botellas de luz – A Elena Acín no tengo el gusto de conocerla, a pesar de amigos comunes… y reconozco que me cuesta entenderla en un marco. Pero me gustaba encontrarme sus esporádicos y breves posts con algo siempre inesperado en su tema o en su particular observación. Me encantaba el título. Era uno de los focos de digresión en el tono de mis lecturas que dejó de iluminar en septiembre de 2014, curiosamente con una invitación a nacer… Creo que huyó a nee.
  • BsideDavid Sánchez Bote pasó por esta «cara B» de la consultoría artesana en una breve etapa de su vida. Le vi esforzándose en encontrar su sitio, sin tener nunca claro dónde debía y dónde quería estar. Hoy está en MIK y se le ve bien. Más que lo que contaba en el juego de palabras que titulaba su blog, que ya no es accesible, lo interesante era la forma en que abría caminos para la reflexión. «¿Cómo hacemos para desaparecer?» fue su bitácora de la prehistoria y una pregunta que me sigo haciendo cada día. Aquí estoy salvado: todo ello ha fluido hacia donde cuenta hoy las cosas, a su página personal.
  • Congestión de personasNacho Muñoz volcó en sus páginas los mundos de la empresa, la innovación en las relaciones humanas, la psicología y la sociología. Mente inquieta y escritura cuidada y reflexiva, traduciendo a texto una mirada profunda e inquisitiva hacia lo que sucede a su alrededor. Muchos comentarios cruzados en una época pasada… y un silencio de bitácora que se impuso desde principios de 2015, cuya razón no pudo ser su integración Emotools, sino más bien la Innovación Colectiva.
  • El blog de Carme Pla – Entrar en la casa de Carme Pla era siempre un placer entrañable, quizá solo y simplemente por la luminosa imagen que te recibía al entrar, seguro reflejo de la belleza de las tierras del Delta del Ebro. Carme escribe sencillo, educado, ordenado, brillante… y no hay que despistarse: el turismo como pasión, pero la gestión de la empresa como dominio, en territorios tan duros como el automóvil. Nos desvirtualizamos un día en Eutokia, pero me quedé con las ganas de conocerla mejor. Su acogedora casa enmudeció hace ya más de 5 años… Una pena que falte su calor.
  • Florecejonia Ada Galán era el espíritu de la transformación por la filosofía. Una mirada diferente, sugerente, divergente… Un recorrido de maduración de los pecados de juventud al hilo de la maternidad y, en general, de la vida. Un escenario móvil entre la filosofía, el erotismo y la poesía, no necesariamente en ese orden ni por separado. La filosofía sigue su camino en equánima.
  • Genís Roca – Más de un año sin publicar es mucho tiempo sin la opinión de un profesional como Genís Roca, una de las pocas referencias de personas que juzgan públicamente, desde la frialdad de los hechos, la realidad del interés sobre la tecnología y lo digital que hay tras las grandes empresas. Una bitácora para desmontar los «postureos dospuntoceristas», la innovación de couché, los castillos en el aire, la ingenuidad con la que a veces asumimos nuestros deseos de transformar la realidad. Y también para entender las claves para que algo funcione.
  • Jano 2.0 – Más de un año lleva ya también sin entradas el blog de Juan Carrión, un profesional al que empecé a leer muy pronto, cuando su impresionante curriculum académico eclipsaba aún el crecimiento de su madurez profesional, a pesar de que su carrera en este apartado mostrara también rasgos de interés. Quizá con la carencia de no haber experimentado la vida operacional de una empresa, de no haber «pisado taller», siempre fue un buen acopio de referencias en materia de liderazgo y gestión de personas.
  • Blog de JoseMPelaez – A José María Peláez siempre se le ha notado que su vida ha estado ligada a la empresa. También, en lo social y en lo político, que trata de preservar su independencia de opinión en unas redes que respiran con frecuencia por otros derroteros. Por varios lados. Pero es esa visión desde la empresa, desde la información contrastada, los datos y la experiencia la que siempre me había interesado. Hace más de 6 años ya que se apagó…
  • Juan Palacios – A la casa de Juan Palacios llegué tarde… y él se marchó enseguida. Justo coincidimos en sus postreros juegos, a cuenta de sus «eneanigmas». Pero fue una pena, porque revisando su bitácora no era difícil encontrar perlas de reflexión sobre las relaciones entre humanos y singularmente dentro de las empresas. Artículos siempre sugerentes, provocadores, siempre apetecibles de leer con la mente despejada, palabras que siempre dejaban un reto perturbador para el pensamiento y un destello de luz para la comprensión. Otra pena…
  • kikeba-wakaru – Ayyy… ¡cómo me duele que incluir la creación de Yuri Noda en esta lista! Puedo decir que la dueña de esta casa es la única de las dieciséis con quien me une una relación de amistad. Son muchos años, que incluyen reflexiones, debates e incluso discusiones previas. El cuaderno de bitácora de Yuri Noda siempre trajo más preguntas que respuestas, miradas diferentes a las cosas, una capacidad de observación impregnada de una cultura a la que nosotros nunca podremos acceder. Cuando le da por mostrarse activa en Twitter, siempre aflora contenidos sorprendentes… Síganla.
  • Los sueños de la razón – El blog de Miquel Rodríguez es uno de los cinco que más siento haber perdido. Su subtítulo («blog de poca fe») solo es de una brillantez comparable al título sobre el que se construye el encabezado («El sueño de la razón produce monstruos», uno de los Caprichos de Goya), frase que como la de David Sánchez Bote me acompaña cada día. Los posts de Miquel eran desnudos, limpios, a veces irónicos… para leer de noche, en penumbra, a la luz de una buena lámpara de lectura y en compañía de un buen malta. De los de una copa, una hora.
  • Nómada – Conocí a Juan Freire cuando era demasiado joven para escribir como escribía o para hablar de lo que hablaba… La universidad, el aprendizaje en general, la cultura digital y la innovación siempre han estado entre sus pensamientos y sus acciones, pero al menos desde fuera, en los últimos 5 años se ha embarcado en una vorágine de creación que me desborda. Sigue escribiendo un blog en su página personal, pero aunque es mucho mejor, ya no es lo mismo…
  • Pasión por innovar – Recuerdo haber discutido alguna vez con Aitor Bediaga sobre cuándo uno es o no es un blogger. Su apuesta era que había que mostrar continuidad y dedicación mínima de un post por semana como referencia… pero yo estaba más bien en la liviandad de decir que un blogger es simplemente quien sostiene vivo un blog, que con un artículo al mes podría bastar… De eso hace ya muchos años y hoy lo recuerdo con frecuencia mirándome a mí mismo. A Aitor nunca le vi la vocación de escribidor más allá de sus recaídas en intentarlo, pero echo de menos sus síntesis y sus trabajos…
  • Proyectos personas pasiones – Nadie como María Jesús Salido para transportarme a cada viaje en el que habitaba. Antes de la política,  su bitácora era quizá ese lugar favorito al que siempre entraba cuando recibía la invitación. Una mezcla extraordinariamente valiosa de proyectos profesionales con la experimentación consciente de abrirse en canal para dejarse impregnar por todo, en cada viaje profesional o personal en que se embarcaba. Conexión íntima con cada ser humano, a veces muy cercana pero a veces también desde el exterior de la escena, como si su espíritu pudiera sobrevolar a ese trozo de mundo para conectarlo todo. Podría elegir muchos de sus artículos como ejemplo, pero para que me entiendan, dudo que nadie hubiera sabido llevarme tan intensamente a «Katogi«… Nunca.
  • Tic-TacLuis Carrasco era un consultor tecnólogo, iconoclasta ligero de Twitter metido a blogger (nunca le vi la vocación), ciudadano contracorriente. Sus artículos rendían pleitesía a Springsteen cuando cuadraba y a la música y el cine de una época gloriosa que es la nuestra. Nunca sabías por dónde iba a venir…

Aclaremos… La mayoría de los que sus autores derivaron a sus páginas personales seguirán renovados en mi Feedly (y a lo mejor alguno de esta lista del que no pienso renunciar a una potencial resurrección). Del lugar de donde salen, es de mi lista de inquietos… donde también entran otros, claro.

A mi agregador también le llegará su turno en las tareas de limpieza, pero será un poco más tarde… que todo a la vez se me atraganta. Y es que estoy en un momento, como avanzaba ya antes, con necesidad de revisar inventarios en muchos aspectos de mi vida, unos triviales, otros más relevantes… Nada trágico. A estos momentos se les ve venir, creo yo, aunque con frecuencia cerremos los ojos y nos aposentemos tranquilamente a ver que pasa sin querer saberlo.

En mi vida profesional, he dedicado muchos años a la ambición de cambiar las cosas, de construir valor para un futuro incierto… desde la seguridad de que lo íbamos a conseguir, al menos en parte.

A los 55… siento que me quedo sin tiempo.

Así que no sé si es hierba segada bajo los pies, cambios de decorado, astenia profesional, limitaciones asumidas, convicción de que todo a nuestro alrededor va a cambiar demasiado deprisa, o simplemente haber alcanzado la lenta categoría de viejuno que dice el maestro Iturbe (éste es un factor seguro)… pero miro el armario de la limpieza, ese donde infinitos botes de colores se acumulan hasta el fondo hasta encontrar el momento y lugar adecuados para ser usados, con la sensación de que me tengo que poner…