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Vibraciones: futuros para el imperio de la vista

Se me había escapado este vídeo de “Redes” (debería verlos todos… y no lo hago ¡ay!… como tantas otras cosas) y ha sido Gloria Quinonez (¿adivino Quiñónez?) quien afortunadamente me lo ha dejado a la puerta de casa mediante un enlace por DM en Twitter.

Mi respuesta“, me dice… “al post del imperio de la vista“.

Se trata de una entrevista que Eduard Punset le hizo a Raymond Kurzweil hace casi dos años. Son 27 minutos de vídeo… pero no tienen desperdicio. No suelo embeber material videográfico en esta bitácora, como quizá sepan, pero creo que merece la pena que vuelen con el futuro que dibuja Kurzweil soportado por hechos del presente y por intuiciones que no sé si asustan más por su contenido o por la sensación de ser un hecho inevitable.

Les adelanto que yo no sé qué pensar. Desde luego… es una respuesta a mis temores

Antes me habían avisado Dolors Reig (en octubre de 2007 lo hizo aquí, aquí, aquí… y muy recientemente aquí) o Andrés Schuschny (esta trilogía de vídeos sobre el transhumanismo es para no perdérsela tampoco).

Pero el hieratismo de Kurzweil inquieta y su historia impacta por su contenido, por lo que ya son hechos… y por los plazos. Incluso el joven tatuado, en cuya aparición parece más falso que una moneda de dos caras, acaba siendo una pieza interesante para entender un Matrix imaginable.

Les dejo con el vídeo. Esta vez… yo me callo.

Gracias, Gloria.

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Actualización (29 de marzo de 2010)

Ya están aquí.

Sólo unos días después de mi post, Julio Coppola introducía desde Twitter un artículo publicado en el excelente sitio que él dirige (fontem.com), que incide directamente sobre las predicciones e informaciones de Kurzweil.

Según informa la revista Nature este mismo mes, investigadores del Instituto Tecnológico de California han desarrollado nanobots que viajan por la sangre para luchar contra el cáncer, atacándolo célula por célula. Les recomiendo la lectura de este breve artículo para palpar lo cercanas que pueden estar las enormes posibilidades que la biotecnología nos abre a los humanos.

El artículo original de Nature no es el único que esta revista recoge, y muy recientemente, sobre la utilización de nanopartículas en general y en la salud en particular.

Los nanobots… han llegado.

Vibraciones: mis derechos de autor

Comienzo por una declaración… y una petición.

Realmente, no conozco la legislación aplicable a la protección de derechos de autor o de la propiedad intelectual y, como me interesa tirando a poco, no he dedicado suficiente tiempo a informarme sobre el marco legal establecido al respecto. Tampoco sé de tecnología digital. Pero escucho… y reflexiono.

Ergo… para variar, pido a los amables lectores que vayan a seguir adelante con la lectura de este post que se centren en las ideas y no en los datos (que en esta ocasión considero no van a ser relevantes para mis opiniones) y que disculpen si en algún caso cometo con ellos algún error de bulto, que no será intencionado.

Vamos a ello.

EL MANIFIESTO (“En defensa de los derechos fundamentales en internet”).

Estas “vibraciones” arrancan con la masiva publicación, difusión y adhesión pública a este manifiesto que, a raíz de la posibilidad de que el estado arbitrara fórmulas por las que un ente administrativo sin control judicial pudiera proceder al cierre de páginas web (impulsada por la ministra Ángeles González-Sinde en el marco del anteproyecto de ley de “economía sostenible”), estallara inundando internet (e incluso luego los medios de comunicación tradicionales) el pasado 3 de diciembre.

No voy a reproducir el manifiesto aquí porque este artículo ya va a ser bastante largo y porque ha sido profusamente distribuido… pero me sumo a él. Me sumo globalmente porque globalmente lo comparto, a pesar de que en él se pueden encontrar puntos que para mí son indiscutibles (1-2-7-8), puntos que apoyo sin ambages (9-10) y puntos en los que caben opiniones y matices, pero que también comparto (3-4-5-6).

Si esto es Matrix, esperaré a que alguien me ofrezca píldoras. Pero si interpreto lo que veo de forma más o menos próxima a la realidad, internet es hoy un espacio de libertad increíble, pero sobre todo… tiene un potencial de transformación del hecho social en libertad enorme, aún más increíble… y con posibilidades aún sin explotar de que se desarrolle al margen de un control férreo de los estados. Probablemente, como nunca antes en la historia.

Así que supongo que por eso preocupa a los que legislan y a los que gobiernan… y supongo también que por eso estamos asistiendo con creciente frecuencia a múltiples intentos en la Unión Europea y en sus países miembros de impulsar mecanismos de control sobre la red, desde múltiples frentes.

La neutralidad de la red de comunicaciones y el control judicial de toda suspensión de actividad que pudiera afectar a derechos fundamentales son claves para la conservación de la libertad en la red y, en mi modestísima opinión, deberían ser asumidos universalmente como principios simples de salud democrática.

EL PRINCIPIO FUE EL CD (o la información se hace digital).

Es que se veía venir…

Mis primeros y adolescentes contactos con la música se relacionan con las cintas de cassette. Comprar un radiocassette era asequible para las familias medias no solo por el precio sino por el poco espacio que requería (nótese la ventaja de llevar sus altavoces integrados) y por la portabilidad que te permitía llevártelo hasta de vacaciones.

La llegada del cassette hizo que “salida de auriculares” o “entrada de audio” fueran términos que se incorporaran al lenjuaje coloquial… y que los cables empezaran a tener otro sentido más allá que el de conectar un aparato a la corriente eléctrica.

¿Recuerdan aquellas horas gastadas en conectar dos aparatos con la cinta de un amigo, o cómo rebobinábamos ya entonces hasta encontrar el comienzo de cada tema que nos gustaba para copiarlo, en lo que fue la primera vez que el usuario podía configurar un producto (una cinta) con lo que realmente le interesaba y no con el paquete que le vendían en la tienda?

Visto con la perspectiva de hoy, el cassette no sólo supuso una revolución por el hecho de que por primera vez se posibilitara de forma extremadamente barata aunque insufriblemente lenta la copia privada de música (luego también datos), sino que, algo que hasta hoy me había pasado desapercibido, también significó la primera oportunidad de creación casera de contenidos sonoros archivables y reproducibles.

Me asoma la sonrisa pensando cómo grababa guitarra de acompañamiento, por ejemplo, en una cinta… y cómo la reproducía luego en un aparato y cantaba y tocaba punteos, grabando todo a la vez en otro, como pura diversión hogareña. Incluso llegué a realizar un tercer ciclo cargando la batería… 🙂

¿Significó el cassette la desaparición del soporte anterior, a causa de estos cambios revolucionarios?

Pues… no. Aún guardo en casa (y escucho de vez en cuando) “viejos” vinilos de cuando pude empezar a gastar mi dinero en música y mi oído ya exigía calidad… Porque la aparición del cassette significó más la popularización y la extensión del disfrute de la música (la calle, el colegio, la playa, el coche…) que la sustitución del disfrute más íntimo del salón de casa, que siguió reservado al disco de vinilo durante muchos años, hasta que las pletinas de cassette pudieron ofrecer niveles de calidad y de reducción de ruido aceptables.

¿Significó una amenaza para la industria discográfica?

Pues… tampoco. Todo lo contrario, porque en realidad el negocio de la música creció extraordinariamente. El deterioro del soporte era relativamente rápido, la calidad de copia era mediocre y el proceso tan lento, que no se podía aplicar a escala industrial. Así que no tardaron en comercializarse equipos con doble pletina, en un curioso precedente de mercado que animaba a la copia.

Pero… llegó el CD.

Portabilidad aplicada a una calidad extraordinaria, reducción de consumo de espacio…

Una maravilla que supuso un cambio trascendental en el mercado de la música: el CD mató al vinilo… y la industria lo hizo conscientemente, porque, entre otras cosas, ofrecía un potencial de reducción impresionante de los costes de producción y comercialización.

Pero, ¿qué hizo la industria con los consumidores? Pues déjenme decirles… que engañarnos. Aprovecharse de la creciente demanda para, literalmente, “forrarse”.

Siempre me pareció un escándalo que la salida del CD al mercado fuera a un precio superior al del vinilo, aprovechando su mayor calidad y la novedad, pero explotando al consumidor en el fondo porque los costes eran (e iban a ser) claramente inferiores. Por añadidura: ¿no les resulta sospechoso que los precios de todos los CD fueran durante muchos años uniformes en el lanzamiento, independientemente del artista, del estudio de grabación, de la casa discográfica, de la calidad del producto o de los complementos que añadían? ¿Es eso un mercado de libre competencia… o un lobby que tácitamente fija un precio de referencia?

Yo, que trabajo en el mercado de automoción, aprendí hace tiempo que si el mercado es libre es él el que fija el precio, de forma que, si el fabricante quiere obtener beneficio, sólo puede actuar sobre los costes.

Pues el mercado de la música, no sé por qué extraño motivo, escapó de esta máxima incuestionable en otros.

Pero la digitalización de contenidos y el desarrollo tecnológico que supuso la utilización de un haz de luz (el láser) como elemento de lectura y transporte de información (el sonido) sin soporte físico, cambió el mercado para siempre… en otros sentidos a los deseados por la industria discográfica: la copia casera reproducía fielmente la calidad del original, se podía copiar de forma industrial casi en la sala de estar y a un coste despreciable y, sobre todo, la información, la música (o luego la imagen o los datos)… podían transportarse, copiarse o intercambiarse de forma privada a través de un hilo telefónico.

Sólo era cuestión de tiempo que la tecnología y la banda ancha invadieran el mercado y que se desarrollaran de forma extraordinariamente eficiente, pero la industria de contenidos no lo vió. Se aferró defensivamente a un mundo privilegiado en el que había estado viviendo en la abundancia y con la sensación de control absoluto, donde la competencia estaba en quién se hacía con el glamour o en quién se hacía más grande… y no en respetar al cliente.

Así que no me dan pena. De aquellos fangos… vienen estos lodos.

EL CASO iTUNES (y similares).

Salgamos del pasado. Saltemos al mundo actual donde parece que la ley de la selva impera en la copia de contenidos. El modelo de negocio de Apple con iTunes ha sido divulgado, comentado, explicado… ensalzado hasta la saciedad como un modelo innovador, viable y alternativa “legal” al modo de hacer negocio tradicional en el mundo de la música.

Pues déjenme decirles que a mí me parece un modelo con rasgos inadmisibles. Un modelo que peca de muchos de los mismos defectos que tenía el antiguo mercado de los CD’s, que ha sido fruto de acuerdos con las multinacionales de contenidos que creen que es una forma, de nuevo, de controlar el mercado. Y por las mismas razones, creo (y espero) que tenga un futuro bien distinto al que hoy conocemos.

Me explico… ¿Qué les parece que una canción comprada en iTunes cueste 0’99 $ en US o 0’99 € en Europa?

Eso no es lo mismo, ¿no?

Pero… si los costes de producción son los mismos, los costes de distribución son los mismos, los costes de promoción son los mismos, los costes de comercialización son los mismos y los derechos de autor sólo son unos… ¿por qué el precio es distinto cuando el mercado es único y el canal de distribución (la red) también?

A mí me parece intolerable. Un nuevo engaño al consumidor. Una repetición de un mercado no libre, manejado por un lobby y no por las leyes del libremercado, con precios que extrañamente resultan independientes del artista, del estudio de grabación, de la casa discográfica o de la calidad del producto. Entre el monopolio y el oligopolio. ¿Por qué no intervendrán los organismos de defensa de la competencia?

Así que, a pesar de lo cool y de que me caen bien los de la manzana… si se les cae el “chiringuito” tampoco me darán pena.

Por el bien de Apple, que me parece una empresa que crea el futuro, espero que no “se duerma en los laureles” (como hicieron las discográficas) y que esté ya construyendo el nuevo modelo. Porque de estos fangos… no pueden sino venir similares lodos.

GOOGLE, MICROSOFT Y EL OPEN SOFTWARE (o las cosas que no entiendo).

Ya que el problema de la llamada “piratería” (volveré al final a este concepto) se extiende a toda la industria de contenidos, voy a pasearme un poco por el mundo del software para plantearles una cosa que no entiendo, o que les mostrará alguna “neura” torcida que debo tener por aquí dentro.

Para la industria en general, e incluso para el trabajo desde casa o en casa, los precios de los productos de Microsoft son una carga relevante. Para una empresa que desea universalizar el acceso digital a todos sus trabajadores, una fuerte barrera. El modelo de licenciamiento de Microsoft (extendible a cualquier otra empresa de software), los costes de mantenimiento, la política de lanzamiento de nuevos productos solo compatibles o explotables en toda su potencialidad con actualizaciones de otro software base como el Office… deja en el consumidor una imagen de abuso del mercado.

No me entiendan mal. Al fin y al cabo, los productos de Microsoft son creaciones o integraciones suyas, no es como en la música… y de sus ingresos depende su capacidad de desarrollo. Microsoft lo ha hecho bien desde un punto de vista estrictamente empresarial. Como Apple. Pero la necesidad de interoperabilidad en un mercado global, de compatibilidad de los soportes de contenidos, ha conducido a una situación de casi monopolio de soluciones Microsoft en los mercados industriales. Y la desaparición de un monopolio (¿me repito?)… da cualquier cosa menos pena, ¿no?

En mi opinión, la solución debería venir por un aumento real de la competencia, no por regulaciones restrictivas o proteccionistas, pero en esta situación de práctico monopolio, la aparición de un nuevo entrante es francamente difícil.

Ahora bien, parecía que podía emerger una amenaza real para el MS Office, el Open Office u otras soluciones similares, pero la realidad es que entre ambas propuestas hay problemas de compatibilidad que hacen que en algunos mercados (el de automoción, por ejemplo), los temores a problemas superen a las ventajas de coste.

Pero… pero bueno…

¿Me quieren hacer creer que entre los miles de extraordinarios desarrolladores de software ligados, por ejemplo, al software libre o a la industria de videojuegos, no hay capacidad de desarrollar productos 100% compatibles con el Office de Microsoft?

¿En este mundo, en el que las copias perfectas de casi cualquier cosa aparecen como por arte de magia?

Vamos, vamos… Que no me lo creo.

¿O seré demasiado malpensado? ¿Será todo esto una “neura” mía?

Más que abrir una competencia verdadera, creo que la única amenaza real vendrá por un cambio radical del mercado: el cloud computing. La diferencia, creo, es que Microsoft sí lo sabe… que la guerra entre bambalinas con Google va por ahí.

¿CULTURA? ¿ARTE? (¿o producción audiovisual?).

Conviene distinguir entre arte, cultura, producción artística o cultural… Lo mezclamos todo y luego, creo, no distinguimos bien.

La cultura es el conjunto de modelos que una comunidad asume o muestra como patrones de relación y de comportamiento social. Lo que valora y lo que denigra, lo que aprueba y lo que critica, lo que está en la raíz de sus comportamientos y sus reacciones más reconocibles.

Dicho de otra manera, no es más cultura la música pop editada este año que los paseos por el Arenal y el mercadillo de la Plaza Nueva de mi querido Bilbao, o que, digamos por caso, Agosto como referencia mayoritaria del “cerrado por vacaciones“, ¿no es así?

Sin embargo, por no sé qué razón, los estados han identificado la cultura con las manifestaciones artísticas y, por añadidura, han derivado su actuación en la protección o promoción de las mismas a través del gasto público o la subvención a las iniciativas privadas relacionadas con el arte.

El arte es expresar emociones, transformarlas en un soporte que otras personas puedan disfrutar.

Por disfrutar de la autenticidad de una obra artística, las personas pagamos dinero y el artista puede aspirar a convertir su actividad de traductor de emociones en un modo de vida.

Pero… ¿quién pagaría lo mismo por ver una copia, una reproducción?

Incluso el pagar por ver un museo de reproducciones artísticas cobra sentido porque te garantiza “copias artísticas” (por ejemplo copiadas por otros artistas directamente del original) y por el marco en que las presenta, pero el pago es infinitamente más modesto y sobre todo… el número de personas que están dispuestas a pagar disminuye una barbaridad.

Pues si trasladamos esta lógica al mundo actual de la música… es que el modelo no se sostiene. Un cantante debería cobrar fundamentalmente por cantar, no tanto por la venta de copias a cuya promoción dedique la mayoría de su tiempo. Y otra cosa: ¿veríamos un programa de televisión en el que un pintor hiciera-como-si-pintara uno de sus cuadros ya conocidos… 10 ó 20 veces? Pues eso sería un play-back ¿no?

¿A alguien le han pedido derechos de autor por colgar una fotografía o una litografía copiada de un cuadro de Murakami en su despacho… o en su cafetería? Si una comunidad pone en su portal una hortera copia del Puppy del Museo Guggenheim Bilbao, ¿les vendrán a pedir derechos de autor o de imagen?

Otra cosa sería que quisieran venderlas…

A lo largo de la historia ha habido artistas reconocidos y marginados, artistas que han alcanzado fama en vida y otros que han cobrado relevancia sólo tras su muerte, artistas que han vivido medio bien y otros que se dedicaron meramente a malvivir. Pero el arte nunca ha prometido nadar en la abundancia, como hoy, a tanta gente corriente, no excepcional. Como en el fútbol, es la producción industrial del arte y del espectáculo la que ha creado un mundo de explotación de emociones y pasiones, germen de un mastodonte económico que, en demasiadas ocasiones, resulta hasta moralmente reprobable.

Así que… si es la industria musical o audiovisual la que está moviendo sus intereses, si no hablamos de arte sino de producciones artísticas… ¿por qué debe ocuparse de ello el estado? ¿Por qué proteger un simple modelo de negocio privado?

Y si nos fijamos en los artistas, pensemos.

Imaginemos que el precio legal de descarga de una canción por la red fuera 10 veces menos que en iTunes: 0’1 €. Hagamos su “cuento de la lechera“: en mi opinión, esto haría que la gente, con descargas de alta calidad garantizada, se olvidara mayoritariamente de las web “piratas”.

Pues con ese modelo, un cantante que prescindiera de la discográfica para distribuir su música, con 50.000 descargas de un sólo tema ingresaría en un año 5.000 €… ¿No creen que es más que de sobra para una sola canción? Si produjera 8 ó 10 buenas canciones en un año (que a ese precio seguro que se descargaban) le garantizarían sólo por ese concepto más ingresos que a un médico o un ingeniero, ya descontados gastos de edición, que hoy pueden abaratarse mucho. Si le sumáramos los ingresos por conciertos, que serían los más importantes y los que le permitirían pagar a sus músicos… ¿no creen que “va sobrao” el modelo?

Claro que si el artista no llega a ello, si su nivel de relevancia no le permite alcanzar esas cifras… pues señores, como los demás: pura clase media. Y a correr.

EL ARTE DEL DISEÑO INDUSTRIAL (y el arte de un powerpoint).

Hay un diseño industrial protegido, básicamente el relacionado con el diseño de productos de consumo o con la propiedad intelectual del diseño de nuevos productos. Hay arte, hay belleza y recorrido estético en ello, aunque se trate de un diseño de un componente puramente industrial.

Creo que la propiedad intelectual del diseño sobrevivirá muchos años aunque sus formas cambien. Es la clave necesaria de muchos modelos de negocio (no se pierdan este vídeo a contracorriente). De hecho, creo que hay territorios (vean un extraordinario ejemplo en publicidad) en los que suceden cosas realmente increíbles que no parece ético que sucedan sin más…

Pero verán… Sin falsas modestias, yo puedo ser bastante bueno elaborando presentaciones en PowerPoint y les aseguro que en algunas de las que he preparado había auténtico arte: toda una historia con un consistente story board para enganchar a un público y transmitir una idea con emociones.

Con frecuencia copian mis diseños, “mutilan” mis presentaciones para reutilizarlas… y la verdad, nunca se me ha ocurrido pedir derechos de autor. Pues voy a hacer una consulta en la SGAE, a ver si pillo algo. Quién sabe… 😉

SE LO HAN GANADO A PULSO (creo yo).

Sin más. Por “abuso de posición dominante” en el sentido literal del término.

¿Se han fijado? Casi no he hablado de “piratería”, pero es que “piratería” significa, a mi modo de ver, lucrarse con el esfuerzo y la creatividad de otros, secuestrando y vendiendo (que no distrutando) la capacidad de traducir emociones de otros: de los creadores.

Y esa “piratería”… pues sí, esa sí debe ser ilegal.

Aunque haya algunos que sigan sin enterarse de qué va esto…

Reflexiones: confianza 2.0 / vulnerabilidad

confianzaAdvertía en mi post anterior que la segunda parte del libro de Rafael Echeverría sobre la empresa emergente incidía en la confianza como su necesaria emocionalidad dominante.

Hablemos de ello… y de qué pasa con la confianza en lo 2.0. Pero en la noción del trabajo, de la empresa y de las personas “abiertas”, no sólo en los aspectos más tecnológicos que pueden soportarlos.

Voy a dedicar una serie de posts a todo ello, porque me parece una de las claves del trabajo del futuro. Soy consciente de mi atrevimiento por ser un novato, un recién llegado, como quien dice, a este mundo “dospuntocerista”, pero trataré de aprovechar la ventaja que me da el no haber perdido aún del todo la virginidad de mirarlo aún casi todo desde el asombro, con ojos aún no amaestrados.

A fin de cuentas y como veremos a continuación… arriesgarme a caer en la ingenuidad o en la obviedad es el primer paso que debería dar para generar confianza.

vulnerabilidad3En efecto, según Echeverría, para que la confianza surja en un equipo (o entre dos personas) se necesita un ingrediente fundamental: mostrarse vulnerable.

No esconder las que consideramos nuestras debilidades, porque es precisamente el hecho de no establecer defensas lo que mejor demuestra desde los hechos que estamos preparados para co-operar, que asumimos que nadie querrá obtener ventaja de nuestra debilidad y que nosotros renunciamos a hacerlo con la de los demás compañeros de viaje.

Pero establecido ese ánimo como base de la confianza, para Echeverría la vulnerabilidad no es suficiente. Señala además tres juicios que necesariamente tienen que estar presentes para que la confianza sea la emocionalidad dominante en un proyecto compartido:

  • responsabilidad;
  • sinceridad;
  • competencia.

Si alguno de estos juicios es negativo sobre cualquier persona con la que debamos compartir objetivos, la confianza no germinará o se verá irremisiblemente dañada y el rendimiento del equipo seriamente comprometido más allá de las capacidades individuales.

Sirva esta introducción para abrir mi reflexión sobre cómo estas distinciones funcionan de igual modo… o cambian en el entorno 2.0. Veamos. Comencemos por la vulnerabilidad.

¿Por qué la gente adopta frecuentemente segundas personalidades en la red? ¿Por qué los nicks inundan foros, comentarios de blogs y redes sociales? ¿Por qué ocultar o maquillar la propia imagen?

miedo2Mi reflexión me conduce, a veces directa o a veces indirectamente, a una respuesta básica: por miedo.

Con matices, claro… pero por miedos… que adoptan innumerables formas, fundamentalmente motivados por la defensa de la imagen pública y de no tener que arrostrar consecuencias no deseadas en la vida real.

Algunas actitudes relacionadas:

  • Tirar la piedra y esconder la mano. Una identidad oculta me permite, por ejemplo, mantener mi imagen socialmente reconocida impoluta… y al mismo tiempo, en ese segundo plano:
    • mostrarme intelectualmente transgresor con los convencionalismos sociales, con la política, con la religión, con el sexo, con las leyes…
    • mostrarme irónico, sarcástico o mordaz, criticar o atacar ferozmente (muchas modalidades disponibles) a personas, empresas, marcas, instituciones…
  • Oxígeno. Sacar fuera características personales que hemos “aprendido” a arrinconar “porque la vida nos endurece”… pero que seguimos llevando dentro:
    • ternura, sensibilidad;
    • solidaridad, compromiso…
  • Sin-vergüenza (no confundir…). Intervenir, opinar de todo y sobre todo: nadie sabe que soy yo. No me siento incompetente o no me importa porque nadie se entera.
  • Delinquir. Algo más viejo que el tiempo. Por lo que se llegaron a prohibir desde la capa española hasta los disfraces de carnaval.

Naturalmente, la lista es incompleta, no era mi intención ser exahustivo: dejemos a psicólogos, investigadores o filósofos que hagan su trabajo, que no es el mío.

Pero en realidad, todo podría mezclarse en el origen: miedo a consecuencias no deseadas.

blog1Ser blogger tiene por eso, en la mayoría de los casos, un plus de positividad: la mayoría muestra su verdadera identidad. Hay quien incluso lo disfruta en comunidad, como hace Julen Iturbe cuando habla de su otro first life. La autenticidad transpira entonces mejor entre las letras de los post.

Aunque el blogger mantiene el control sobre los contenidos, lo que dice va configurando su identidad pública, la que le condiciona al relacionarse con el mundo. Se arriesga a la crítica, al fracaso o al desinterés (que no sé qué es peor según quién). Cómo reacciona a los comentarios (al hecho de que existan y a lo que dicen), qué enlaza, qué le preocupa, de qué se ríe, frente a qué se irrita… todo eso es mostrarse, abrirse, ofrecerse como blanco de juicios ajenos. Alimenta confianza.

El crecimiento de las redes sociales profesionales, lo admito, me admira. Porque ahí la identidad es también la real y las personas participan en ellas literalmente desnudando su competencia (las que participan, claro)… y algo más: inevitablemente construyen imagen de la empresa para la que trabajan, lo quieran o no. Aunque todo el que le lee a alguien sabe que es una intervención personal, referenciarlo mentalmente a su empresa es inevitable, a mi modo de ver (y paradójicamente creo que no sucede en los blogs, no me pregunten por qué).

linkedinAquí hay que diferenciar a quienes hacen uso profesional de las redes sociales como herramienta de marketing para su negocio, de quienes tratan de usarlas para trabajar en cooperación. Son éstos quienes me tienen admirado. Creo que es el mejor ejemplo (aunque más escaso de lo que aparenta) de auténtico 2.0 relacionado con la empresa.

Y de un calado similar, a pesar de estar sometido a mayores dificultades y ser menos popular, que otras actividades “dospuntoceristas” normalmente destacadas y relacionadas con la vida social, política o económica de la propia sociedad.

El crowdsourcing y la open-innovation merecen comentario aparte en lo que se refiere a la confianza, así que dejémoslo por ahora.

El resto de foros y redes sociales… son con frecuencia otro cantar, ¿no creen?

Me viene ahora a la mente el comentario de Deiane a mi anterior post. Hago otra pregunta: ¿han admitido en su cuenta de Twitter a algún follower que no se identifica y que, además… nunca escribe ningún tweet? ¿Alguien me explica por qué… siendo, a fin de cuentas, un acto de confianza ciega?

No me importa que la gente use un nick. Incluso le veo algunas ventajas… y es divertido. Pero no me gusta la gente a quien, tras dedicar algunos minutos de búsqueda, soy incapaz de identificar en su first life. Mucha preocupación por ocultarse y una situación de desequilibrio entre su situación y la mía que no me parece admisible ni de justicia. Es gente en la que no confío, porque la confianza, o es mutua… o no es.

Claro que en lo 2.0 está también el ámbito de lo puramente lúdico, donde el miedo no aplica (o no lo parece) y son la seducción, el narcisismo, el voyeurismo o el simple juego los que a veces ocupan su lugar. Pero eso escapa a lo profesional.

Si quieren seguir este hilo que promete alargarse… vuelvan. Por aquí nos encontraremos. Pasen… y opinen.

Reflexiones: privacidad e identidad

identidad2De entre los animales de red, pocos habrá que no hayan reflexionado sobre ello y pocos los que no lo hayan abierto al público. Pocos los que no tengan anécdotas personales o próximas que relatar. Pocos los que no se hayan planteado cómo actuar para mantener la privacidad de la información sobre el mundo más personal de cada uno, sobre cómo gobernar los flujos de la parte de información que quiero compartir pero con límites, la que no quiero dejar al libre capricho del hiperenlace y, sobre todo, al uso molesto (no digamos ilícito o éticamente reprobable) de nuestra propia identidad.

No es sitio éste donde teorizar, ni este modesto escribidor de reflexiones quién para hacerlo.

Basta una breve navegación para encontrar excelentes y autorizadas fuentes de información y opinión sobre ambos asuntos… y sobre los miedos fundados e infundados que generan alrededor.

He hecho la prueba. Empezando por mis “observados”, para no pensar: David Sánchez, Julen Iturbe, Dolors Reig, Mario Dehter… Sólo ejemplos desde perspectivas diferentes, alguna bastante divertida.

ctrl_esc4Hmmm… ¿Lo han notado?

Lo acabo de hacer: personas citadas en contextos sobre los que no tienen control. Información nuestra que escapa de nosotros, bien directamente, bien porque se introduce en un marco relacional en el que no es evidente que nos apetezca estar.

Intuyo que las preguntas que me hice cuando abrí mis cuentas de infonomia, Facebook, Twitter, Xing, LinkedIn o Delicious (¿quieren más?) son un fenómeno universal. ¿Mi identidad verdadera… o voy de secreta? ¿Qué información pongo? ¿Cuál no? ¿Qué dejo visible? ¿Qué oculto? ¿Pongo imagen en todos los sitios? ¿Qué imagen? ¿Dejo que lean mis datos… o me quedo sin aplicaciones? ¿Soy activo y riego mi perfil por infinitos lugares… o pasivo y limitado a observar?

Progresión de preguntas que seguro han recorrido si son fieles servidores de la red.

¿Han llegado al mismo punto que yo?: me rindo.

He comprado por internet, he solicitado tarjetas de fidelización en tiendas de moda, supermercados, líneas aéreas o librerías, he abierto no-sé-ya-cuántas cuentas de cliente en webs de juegos infantiles, aparatos electrónicos, revistas o viajes, he dado mis datos para sorteos del súper, el colegio de los niños, clubs de ocio o polideportivos, he solicitado correspondencia electrónica para colegios profesionales, bancos o tiendas, he registrado productos comprados en los correspondientes servicios de garantía… Sólo por mi actividad profesional, literalmente miles de personas han tenido acceso a mi nombre completo, móvil, e-mail, cargo y empresa… incluso foto (y no soy consultor, ni comprador, ni comercial).

Y todo eso… antes de estar dentro de cualquiera de las redes sociales (¡incluso antes de la LOPD!).

¿Qué es diferente, entonces, en el fenómeno de las redes sociales y los comportamientos 2.0? Me respondo: hiperconectividad exponencial… e intimidad al descubierto más allá de datos personales.

He conseguido salvar una isla (mi familia no está en mi red) de la única manera que veo posible: no empezando. Creo que he llegado tarde para ganar el resto de la guerra. Son grandes y sobre todo muchos. Les reconozco competencia, determinación y persistencia. Sólo pensar en pelear por mantenerme al margen me desgasta, así que me quejaré cuando proceda, pero mientras tanto… me declaro rendido antes de empezar. “Esc” corre más que “Ctrl”.

Y pensándolo bien, no tengo hoy por hoy una marca personal que defender, ni un trabajo del que vea beneficios en suplantar mi identidad. Así que, amos de la red, hagan con lo que les he dejado lo que quieran… siempre que sea legal.

Quizá me arrepienta pronto: un caso cercano de suplantación ilegal de identidad ha traído mi reflexión al blog. No les recomiendo que sigan mi ejemplo.

Tampoco lo contrario…