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Vibraciones: hacer limpieza

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Ponerse a hacer limpieza de lo acumulado en el tiempo es de ese tipo de decisiones que uno suele tomar sabiendo por dónde empieza… pero no siempre por dónde va a acabar. Limpiar es una actividad con frecuencia realimentante: una vez que uno vence la pereza del arranque y se mete en faena, un cajón le lleva al siguiente, los cajones a los altillos y el armario a la habitación.

Mis limpiezas del fondo de los armarios son lentas y cansadas. Ponerme a ello significa revisar decisiones y sentimientos sobre lo acumulado, sobre lo que en algún momento fue considerado suficientemente útil, importante, emocionante o simplemente bello como para permanecer durante mucho tiempo en el archivo continuo de mi vida. Significa por tanto enfrentarme a recuerdos, a valores… y a pérdidas, porque muchos de los instantes pasados no me pertenecen y no puedo gobernar su regreso.

Esos son momentos de añoranzas, de felicidades melancólicas, de retorno a instantes del pasado y de filtrado de emociones por el cedazo de la realidad de hoy, que devuelve con crudeza significados y valoraciones de distinto signo, no siempre en la forma esperada.

Por eso es por lo que, además de lentas y cansadas, mis limpiezas son también a veces tristes, aunque de un tipo de tristeza en la que uno puede instalarse y disfrutar.

Me siento en los últimos meses con la creciente necesidad de hacer limpieza en los inventarios de varios de mis almacenes, aunque como la pereza es un enemigo formidable, no sé si acabaré entrando en todos.

Mi red es uno de esos almacenes… uno de los no muy grandes pero en los que paso bastante tiempo. Empecé por cambiar el tema del blog, como ya han visto, tras más de siete años de fidelidad al origen. Eso me llevó a revisar la maquetación de las imágenes frente a los textos en los más de 170 artículos que he escrito o a revisar y rehacer enlaces a vídeos incrustados que habían desaparecido o habían sido desactivados. Y eso me está llevando a revisar la información adicional que aparece en inquietos… y singularmente la lista de los blogs que alguna vez he seguido y disfrutado desde el afán de aprender o desde la simple admiración.

Este apartado está siendo el perfecto paradigma de lo anterior: revisar la lista declarada de blogs que sigo, implica revisar la coherencia con Feedly, mi agregador heredero del viejo Reader al que cada vez soy más infiel desde las rutinas de cada día; almacén (cada vez más) de lugares en los que quiero estar en vez de lugares en los que estoy, un apoyo básico… que cada mes es más amigo de mi interesante pero olvidado delicious. Implica visitarlos de nuevo para ver cuándo fue su última entrada, comprobar las mudanzas, verificar que en esos cambios no he perdido ningún cuerpo que aún respire con fuerza…

En definitiva, que he vuelto a entrar en esas páginas, una por una. Mi vista se ha parado además en algunos post que formaron parte de mi enamoramiento por la red, desde cien ángulos, desde docenas de miradas, desde personas diferentes con cosas que contar.

Me he encontrado con muchos blogs colgados de un hilo de tiempo al momento en el que su motor se quedó sin combustible, en el que dejaron de tener el suficiente sentido para quienes los crearon. Y he encontrado una forma de salvar la tristeza de saber que esas bitácoras, que en su momento tuvieron una vida intensa, vagan ahora almacenadas en algún perdido rincón de ese inconmensurable archivo virtual que envuelve la red.

Ese salvavidas va a ser este post: a medida que les dé de baja en mi lista, algunos de ellos van a formar parte de la relación de viejas glorias que iré configurando a continuación. Será como una lista de recomendaciones de esas que circulaban antaño como memes, pero con el absurdo de que no tendrá ningún sentido que las sigan… porque ya no es previsible que vayan a ofrecer nunca nada más.

Ésta es por tanto mi particular brocante llena de viejas “joyas de blog” (un oxímoron perfecto), mi forma de borrarlos de la lista, de sacarlos del almacén, de desprenderme de ellos… pero sin condenarlos al olvido:

  • Amb lletra de palAnna Cabañas escribía siembre en catalán y (traducido) en castellano… pero en realidad en el idioma en el que siempre escribía era en el de la belleza. No importaba el tema de que se tratara, su escritura era esencialmente bella. Un diciembre, el de 2011, despedía el año con un agradecimiento a todos los que, como lectores, amigos o clientes habían compartido con ella esos meses. Y después, nada. Ya no se puede ni bucear en sus viejos textos… Te echo de menos, Anna.
  • Botellas de luz – A Elena Acín no tengo el gusto de conocerla, a pesar de amigos comunes… y reconozco que me cuesta entenderla en un marco. Pero me gustaba encontrarme sus esporádicos y breves posts con algo siempre inesperado en su tema o en su particular observación. Me encantaba el título. Era uno de los focos de digresión en el tono de mis lecturas que dejó de iluminar en septiembre de 2014, curiosamente con una invitación a nacer… Creo que huyó a nee.
  • BsideDavid Sánchez Bote pasó por esta “cara B” de la consultoría artesana en una breve etapa de su vida. Le vi esforzándose en encontrar su sitio, sin tener nunca claro dónde debía y dónde quería estar. Hoy está en MIK y se le ve bien. Más que lo que contaba en el juego de palabras que titulaba su blog, que ya no es accesible, lo interesante era la forma en que abría caminos para la reflexión. “¿Cómo hacemos para desaparecer?” fue su bitácora de la prehistoria y una pregunta que me sigo haciendo cada día. Aquí estoy salvado: todo ello ha fluido hacia donde cuenta hoy las cosas, a su página personal.
  • Congestión de personasNacho Muñoz volcó en sus páginas los mundos de la empresa, la innovación en las relaciones humanas, la psicología y la sociología. Mente inquieta y escritura cuidada y reflexiva, traduciendo a texto una mirada profunda e inquisitiva hacia lo que sucede a su alrededor. Muchos comentarios cruzados en una época pasada… y un silencio de bitácora que se impuso desde principios de 2015, cuya razón no pudo ser su integración Emotools, sino más bien la Innovación Colectiva.
  • El blog de Carme Pla – Entrar en la casa de Carme Pla era siempre un placer entrañable, quizá solo y simplemente por la luminosa imagen que te recibía al entrar, seguro reflejo de la belleza de las tierras del Delta del Ebro. Carme escribe sencillo, educado, ordenado, brillante… y no hay que despistarse: el turismo como pasión, pero la gestión de la empresa como dominio, en territorios tan duros como el automóvil. Nos desvirtualizamos un día en Eutokia, pero me quedé con las ganas de conocerla mejor. Su acogedora casa enmudeció hace ya más de 5 años… Una pena que falte su calor.
  • Florecejonia Ada Galán era el espíritu de la transformación por la filosofía. Una mirada diferente, sugerente, divergente… Un recorrido de maduración de los pecados de juventud al hilo de la maternidad y, en general, de la vida. Un escenario móvil entre la filosofía, el erotismo y la poesía, no necesariamente en ese orden ni por separado. La filosofía sigue su camino en equánima.
  • Genís Roca – Más de un año sin publicar es mucho tiempo sin la opinión de un profesional como Genís Roca, una de las pocas referencias de personas que juzgan públicamente, desde la frialdad de los hechos, la realidad del interés sobre la tecnología y lo digital que hay tras las grandes empresas. Una bitácora para desmontar los “postureos dospuntoceristas”, la innovación de couché, los castillos en el aire, la ingenuidad con la que a veces asumimos nuestros deseos de transformar la realidad. Y también para entender las claves para que algo funcione.
  • Jano 2.0 – Más de un año lleva ya también sin entradas el blog de Juan Carrión, un profesional al que empecé a leer muy pronto, cuando su impresionante curriculum académico eclipsaba aún el crecimiento de su madurez profesional, a pesar de que su carrera en este apartado mostrara también rasgos de interés. Quizá con la carencia de no haber experimentado la vida operacional de una empresa, de no haber “pisado taller”, siempre fue un buen acopio de referencias en materia de liderazgo y gestión de personas.
  • Blog de JoseMPelaez – A José María Peláez siempre se le ha notado que su vida ha estado ligada a la empresa. También, en lo social y en lo político, que trata de preservar su independencia de opinión en unas redes que respiran con frecuencia por otros derroteros. Por varios lados. Pero es esa visión desde la empresa, desde la información contrastada, los datos y la experiencia la que siempre me había interesado. Hace más de 6 años ya que se apagó…
  • Juan Palacios – A la casa de Juan Palacios llegué tarde… y él se marchó enseguida. Justo coincidimos en sus postreros juegos, a cuenta de sus “eneanigmas”. Pero fue una pena, porque revisando su bitácora no era difícil encontrar perlas de reflexión sobre las relaciones entre humanos y singularmente dentro de las empresas. Artículos siempre sugerentes, provocadores, siempre apetecibles de leer con la mente despejada, palabras que siempre dejaban un reto perturbador para el pensamiento y un destello de luz para la comprensión. Otra pena…
  • kikeba-wakaru – Ayyy… ¡cómo me duele que incluir la creación de Yuri Noda en esta lista! Puedo decir que la dueña de esta casa es la única de las dieciséis con quien me une una relación de amistad. Son muchos años, que incluyen reflexiones, debates e incluso discusiones previas. El cuaderno de bitácora de Yuri Noda siempre trajo más preguntas que respuestas, miradas diferentes a las cosas, una capacidad de observación impregnada de una cultura a la que nosotros nunca podremos acceder. Cuando le da por mostrarse activa en Twitter, siempre aflora contenidos sorprendentes… Síganla.
  • Los sueños de la razón – El blog de Miquel Rodríguez es uno de los cinco que más siento haber perdido. Su subtítulo (“blog de poca fe”) solo es de una brillantez comparable al título sobre el que se construye el encabezado (“El sueño de la razón produce monstruos”, uno de los Caprichos de Goya), frase que como la de David Sánchez Bote me acompaña cada día. Los posts de Miquel eran desnudos, limpios, a veces irónicos… para leer de noche, en penumbra, a la luz de una buena lámpara de lectura y en compañía de un buen malta. De los de una copa, una hora.
  • Nómada – Conocí a Juan Freire cuando era demasiado joven para escribir como escribía o para hablar de lo que hablaba… La universidad, el aprendizaje en general, la cultura digital y la innovación siempre han estado entre sus pensamientos y sus acciones, pero al menos desde fuera, en los últimos 5 años se ha embarcado en una vorágine de creación que me desborda. Sigue escribiendo un blog en su página personal, pero aunque es mucho mejor, ya no es lo mismo…
  • Pasión por innovar – Recuerdo haber discutido alguna vez con Aitor Bediaga sobre cuándo uno es o no es un blogger. Su apuesta era que había que mostrar continuidad y dedicación mínima de un post por semana como referencia… pero yo estaba más bien en la liviandad de decir que un blogger es simplemente quien sostiene vivo un blog, que con un artículo al mes podría bastar… De eso hace ya muchos años y hoy lo recuerdo con frecuencia mirándome a mí mismo. A Aitor nunca le vi la vocación de escribidor más allá de sus recaídas en intentarlo, pero echo de menos sus síntesis y sus trabajos…
  • Proyectos personas pasiones – Nadie como María Jesús Salido para transportarme a cada viaje en el que habitaba. Antes de la política,  su bitácora era quizá ese lugar favorito al que siempre entraba cuando recibía la invitación. Una mezcla extraordinariamente valiosa de proyectos profesionales con la experimentación consciente de abrirse en canal para dejarse impregnar por todo, en cada viaje profesional o personal en que se embarcaba. Conexión íntima con cada ser humano, a veces muy cercana pero a veces también desde el exterior de la escena, como si su espíritu pudiera sobrevolar a ese trozo de mundo para conectarlo todo. Podría elegir muchos de sus artículos como ejemplo, pero para que me entiendan, dudo que nadie hubiera sabido llevarme tan intensamente a “Katogi“… Nunca.
  • Tic-TacLuis Carrasco era un consultor tecnólogo, iconoclasta ligero de Twitter metido a blogger (nunca le vi la vocación), ciudadano contracorriente. Sus artículos rendían pleitesía a Springsteen cuando cuadraba y a la música y el cine de una época gloriosa que es la nuestra. Nunca sabías por dónde iba a venir…

Aclaremos… La mayoría de los que sus autores derivaron a sus páginas personales seguirán renovados en mi Feedly (y a lo mejor alguno de esta lista del que no pienso renunciar a una potencial resurrección). Del lugar de donde salen, es de mi lista de inquietos… donde también entran otros, claro.

A mi agregador también le llegará su turno en las tareas de limpieza, pero será un poco más tarde… que todo a la vez se me atraganta. Y es que estoy en un momento, como avanzaba ya antes, con necesidad de revisar inventarios en muchos aspectos de mi vida, unos triviales, otros más relevantes… Nada trágico. A estos momentos se les ve venir, creo yo, aunque con frecuencia cerremos los ojos y nos aposentemos tranquilamente a ver que pasa sin querer saberlo.

En mi vida profesional, he dedicado muchos años a la ambición de cambiar las cosas, de construir valor para un futuro incierto… desde la seguridad de que lo íbamos a conseguir, al menos en parte.

A los 55… siento que me quedo sin tiempo.

Así que no sé si es hierba segada bajo los pies, cambios de decorado, astenia profesional, limitaciones asumidas, convicción de que todo a nuestro alrededor va a cambiar demasiado deprisa, o simplemente haber alcanzado la lenta categoría de viejuno que dice el maestro Iturbe (éste es un factor seguro)… pero miro el armario de la limpieza, ese donde infinitos botes de colores se acumulan hasta el fondo hasta encontrar el momento y lugar adecuados para ser usados, con la sensación de que me tengo que poner…

Vibraciones: cambio de decoración

Hacía tiempo que me tentaba…

Y mira que soy de naturaleza conservadora en la naturaleza de las cosas creadas… pero llevaba varios propósitos fallidos de cambiar de tema en el blog, entre otras razones porque el que me ha acompañado durante siete años se me iba haciendo de letra pequeña.

No sé si será definitivo… Necesitaré el hábito de verlo unos días para saber si me encuentro confortable en este marco más simple y más limpio.

Sinceramente me da mucha pereza recomponer el equilibrio visual de textos e imágenes en los viejos artículos, casi con la misma intensidad con que sé que me va a costar no hacerlo. Son muchos años de conocerme… así que incluso admito que puedo regresar.

A fin de cuentas, para eso están los guardamuebles… 😉

Vibraciones: otra de género

Ayer fui al cine.

Fui a ver “Rastros de sándalo“.

De lo que vi que NO ocurría en la pantalla, he hecho una infografía casera.

Definitivamente… no somos iguales.


Rastros de sándalo - infografia

Me preguntaba ayer si la directora o la empresa productora eran conscientes antes de empezar de que algo así podría pasar…

… y hoy he leído que, tanto en el aspecto creativo como en el técnico y comercial, éste era un proyecto construido exclusivamente por mujeres.

Vibraciones: la belleza atrapada

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Acabo de estar un par de días en Arizkun, en Baztán, para recoger a mi hija tras dos semanas de campamento “eskaut”. Hacía más de diez años que no pasaba por una zona enmarcada en nombres como Santesteban, Elizondo, Zugarramurdi… una preciosidad.

Elegimos una casa rural, Malkoa. Balentin dejó en su día el salitre para levantar sobre una vieja borda ruinosa la casa que hoy habitamos por unas horas, sin reparar en su historia ni en el empeño por mantenerla muy viva. Malkoa vive de llenarse, pero solo se muestra de verdad cuando todos nos vamos.

Llegamos a media tarde y desde las ventanas de la habitación enseguida se quedó presa la vista en las colinas, los prados, la madera, los caballos y los mil tonos de verde que dialogan entre robles, castaños y avellanos.

Atrapar el momento. La mano fue instintivamente al móvil para recoger con la cámara ese goce visual, con la esperanza de rebobinar las sensaciones horas o meses más tarde.

Con el tiempo, uno va aprendiendo a capturar solo las imágenes que más adelante resultan evocadoras… o eso creo. Me parece que es otra de las ventajas que tiene eso de hacerse mayor.

Me dicen luego que en la mitad de mis fotos no aparecen personas… ¿Y?

¿No es importante capturar la belleza?

El verano es un momento perfecto para llenar de nuevos materiales los almacenes de la vista. Trataré de capturar las nuevas luces que impregnen mi retina, eso es seguro, aun sabiendo que tras los primeros días pueden pasar incluso años sin verlas de nuevo.

Aunque la verdad sea dicha… cada vez lo hago más a menudo en un día cualquiera: una luz especial que se filtra por las arboledas en mi camino diario, gotas de aceite brillando recién vertidas sobre una tostada, rocío sobre una flor, el azul cobalto de algunos cielos justo tras ponerse del todo el sol, o hasta el instante mágico de un equipo trabajando con la pasión de un reto compartido…

Hace una hora he estado limpiando mi móvil de imágenes ya pasadas al portátil. Cuestión de liberar memoria. He vuelto a recorrer instantes pasados y me he dicho a mí mismo que de esto iba a hablar hoy en el blog

Disculpen. 🙂

 

Vibraciones: inútil, pero curioso

Muchos de los “viejos rockeros” de la blogosfera seguro que lo conocen. En especial aquéllos inquietos a quienes entender el porqué de las cosas que despiertan de vez en cuando nuestra curiosidad y hacerlo disfrutando del estilo de un divulgador científico les atrae.

Pero para muchos de los lectores de esta bitácora es posible que esta entrada signifique el descubrimiento de un lugar para el ejercicio neuronal, para la sonrisa inteligente y el deleite de entender de forma sencilla acontecimientos sorprendentes pero que con frecuencia asumimos sin hacernos preguntas, como parte de nuestro mundo cotidiano.

Hoy cierro este agosto veraniego presentándoles un blog.

Antes de enlazarlo o darles su nombre, permítanme mostrarles algunos datos que creo convendrán conmigo en que lo califican, al menos, como un blog singular:

  • Nació nada menos que en agosto de 2004. Es decir, tiene ya la friolera de 8 años, que para una bitácora no está nada mal. En su post inicial (que se queda muy, pero que muy corto prediciendo en qué va a consistir) anuncia: Este blog surge como intento de poner por escrito muchas de las cosas graciosas, curiosas y, por supuesto, inútiles, con las que me voy topando. No creo que a mucha gente le interese saber que “helicóptero” significa “ala redonda” en griego, pero a mi me encantó saberlo. O cuántos escritores que han descrito un viaje a la luna han cometido errores de bulto. O lo impresionante que es la novela “Criptonomicón”, de Neal Stephenson. O que es inevitable tener (al menos) un remolino en la cabeza (incluidos los calvos), o que tras remover un café al menos una de sus moléculas está (grosso modo) en el mismo sitio donde estaba antes de removerlo, o que es mentira que el agua gire en los lavabos en un sentido u otro según el hemisferio en el que estemos…
  • De su autor (hubo un tiempo en que no fue el único) a quien no tengo el gusto de conocer, solo puedo adelantar que es un físico aeroespacial reconvertido en “trader”, divulgador científico y violinista, según su propia definición.
  • Desde el principio, la relación con sus lectores fue intensa. De hecho, muchos de los post de divulgación científica son respuestas elaboradas contra los desafíos planteados por sus lectores y compañeros de conversación.
  • Presten atención, por favor, a estos datos:
    • 883 entradas.
    • 18.067 comentarios.
    • 4.033 comentaristas.
  • Lo siguiente impresiona aún más: el 31 de mayo de 2008 publica un post bastante intrascendente dedicado a una simple novela y, sin aclaración ni aviso de ningún tipo, no vuelve a publicar hasta el 24 de septiembre de 2011, tres años más tarde. En ese artículo de 2008 recibe 272 comentarios… ¡que se prolongan durante nada menos que 12 meses!
  • Tras esos tres años de sequía y silencio, el post de reencuentro, de un único párrafo, recibe 196 comentarios.

Señoras y señores… tengo el honor de introducirles a CPI (Curioso Pero Inútil) y de presentarles a Remo, su autor.

Si quieren saber la respuesta a una pregunta como “¿Por qué cuando te subes a una escalera mecánica que NO funciona y sabes que NO funciona, los primeros pasos en ella parece que se mueva y lo mismo al salir (por qué hay una especie de tiempo de recuperación al entrar y salir si sabemos de sobra que no funciona)?”, si les tienta entender por qué se corta el ali-oli si se cambia la dirección de giro, si quieren conocer el por qué son posibles los concursos de camisetas mojadas (por qué la ropa mojada transparenta)… ese es su sitio.

Porque CPI ha vuelto.

A 2 por año, pero ha vuelto.

¿Apetece un vistazo rápido a qué tipo de temas se responden en CPI?: pasen por su esencia. Hay más cosas, pero les dejo que las descubran.

Se lo recomiendo, además, porque Remo adorna en CPI el rigor divulgativo con retazos de humor inteligente.

Y no tengo nada más que añadir.

Vibraciones: ¿se van mis bloggers?

La mañana del sábado se ha despertado tan fría como los dos días precedentes. Bilbao se encoge bajo cero y se apresura en sus urgencias antes de esconderse de las nieves de la tarde.

Este salón de grandes ventanales, la verdad sea dicha, resulta poco acogedor en amaneceres así, después de que el cristal haya sido fuente de fuga térmica durante toda la noche.

Pero envuelto en una manta de sofá, me ha dado por repasar mi lista de blogs sindicados, que la verdad necesitaba un poco de atención después de la última puesta a punto de hace un año.

Últimamente tenía la sensación de que me resultaba más sencillo seguir las nuevas publicaciones en mi Google Reader, a pesar de que el tiempo que puedo dedicarle es mucho menor que años atrás. Y en efecto… el ritmo de publicación ha disminuido de forma significativa.

Mi propia cadencia ha descendido mucho desde aquel primer año donde casi cuento 50 artículos, hasta este último en que los 17 publicados apenas han dado para cubrir ese mínimo autoimpuesto de un post mensual. Pero hoy he visto que, de los aproximadamente 40 blogs que sigo sistemáticamente, en casi la mitad no había aún una actualización en lo que llevamos de año.

A ver… ¿cómo es eso? ¿Se me están fugando los bloggers este invierno, igual que el calor hogareño durante las noches? ¿Volverán, como vuelve el calor en verano?

Porque les adelanto que la mayoría son bitácoras de largo recorrido, con años de interesantes contenidos publicados y bloggers que han hecho de su presencia abierta una marca intransferible, muy personal.

Quizá tener un blog se parezca a un matrimonio en el que las pasiones evolucionan hacia amores más serenos… y que por tanto tenga los mismos riesgos de disfrutar de ello que de acabar convertido en una rutina de la que al final no quede nada más allá de un techo.

Pasear por muchos cascos históricos rehabilitados o bien conservados de nuestras ciudades es todo un espectáculo. Pero si se fijan bien, muchos están repletos de viviendas vacías y de lonjas dedicadas a servir como simple almacén para otro comercio.

En ambos, viviendas y locales cerrados, falta esa luz encendida cada día que simboliza la vida activa para  un barrio que sin ella envejece.

Pienso ahora en Twitter y veo que muchos amigos parecen haberse ido, que intuyo que no pagan ya los gastos de comunidad.

Y reparo también en que en muchos bares de LinkedIn hace tiempo que solo se pueden tomar unas cañas entre tópicas conversaciones de ascensor.

Conservar y cuidar a los amigos, sí, visitarles con frecuencia en casa, también (y espero que incluso con mayor intensidad), pero, aunque siempre da pereza ponerse a buscar piso… tal vez sea el momento de cambiar de barrio.

Vibraciones: de tradición y navidades

La Navidad de 1994 fue para mí diferente a cualquier otra.

Cuatro meses atrás me habían comunicado el despido de la empresa en la que llevaba 6 años trabajando, así que tras tres meses de búsqueda poco afortunada de trabajo y ya inactivo, el diciembre del 94 me llegó, como cualquier otro año, entre los habituales y enormes excesos de propaganda consumista en televisión.

Entonces la televisión era una parte importante de nuestras vidas: Internet no existía para nosotros ni para nuestras empresas (tremendo cómo pasan, el tiempo y las cosas) y los tubos catódicos nos mostraban las primeras señales privadas en nuestros hogares desde apenas 4 años atrás.

Recuerdo perfectamente la sensación personal de rechazo profundo que me generó la mezcla de sentirme un parado en un momento en que las ofertas de empleo que encontraba eran muy escasas (en 1994 se alcanzó un porcentaje de desempleo récord en España, el 24% de la población activa) y el hecho de pasarme horas frente a la tele bajo un bombardeo de anuncios de juguetes, perfumes, lotería, moda, relojes, discos, aparatos musicales y domésticos, todos orientados a fomentar un consumo desmedido e innecesario entre los que podían permitírselo.

Les aseguro que ese bombardeo publicitario, en un momento en el que no podía saber cuándo tendría un nuevo empleo (de hecho, aún estuve 4 meses sin actividad laboral) ni cómo sería, me llegó a parecer indecente.

Cuento esta historia porque desde entonces las cosas me han ido razonablemente bien… pero no hasta el punto de que me hayan hecho olvidar aquellas sensaciones.

Y la cuento como forma de enfrentar una paradoja: me gustan las tradiciones, las navideñas incluidas, aunque casi siempre vayan acompañadas de aspectos desmedidos o innecesarios.

En cierto modo, es precisamente la parafernalia que rodea a una fiesta la que hace de ella un  momento temporal muy diferente al del día anterior y al del siguiente. Y en la sociedad de consumo en la que vivimos, su aprovechamiento comercial es no solo inevitable, sino que tiene indudables efectos sociales positivos: muchas industrias y muchos pequeños comerciantes viven todo el año dependientes de que un par de tradiciones (como las navidades… o las rebajas) funcionen razonablemente bien. El comercio genera ciudad, vida de comunidad… y finalmente sostiene actividad económica y empleo.

Incluso en mi situación personal frente a las navidades del 94 fui consciente de ello.

Porque aunque la racionalidad de este discurso no pudiera mitigar la sensación de inmoralidad por el desperdicio que conlleva el consumir objetos de incierta necesidad al lado mismo de otras situaciones donde casi cualquier necesidad básica es difícil de cubrir… dice una vieja frase liberal algo así como que, en una sociedad, la riqueza o la renta se distribuyen mejor cuando no se distribuyen. Y con los correspondientes matices, yo creo en ello.

Pero dejemos a un lado este territorio racionalista para acercarnos al emocional; disfrutar tradiciones exige precisamente eso: disfrutarlas. Y si no se consigue, su valor, a pesar del discurso anterior, desaparece.

Porque toda la actividad comercial de estas fiestas navideñas descansa en el valor emocional que casi todos les damos:

  • en volver a conectar con esa familia a la que queremos, aunque sea para recordar que ya nos cuesta convivir demasiado tiempo seguido con ella sin discutir; 🙄
  • en decorar la casa con brillos, espumillones, luces, colores en contraste, belenes y árboles de plástico, aunque si la tuviéramos así todo el año nos ahogaríamos en lo recargado e incluso hortera del asunto; 😮
  • en gastar pensando en agradar a los demás, aunque ello nos suponga acabar reventados de “patear” la ciudad buscando lo que tanto nos ha costado pensar; 💡
  • en esconder la magia de los magos a los niños, aunque sea a base de llenar los rincones, los fondos y los techos de los armarios de paquetes ocultos de forma insospechada; 😐
  • en esperar a ver el asombro de todos, pero sobre todo de los más pequeños, al ver el montón de paquetes bajo el belén o el árbol, o al abrir cada uno de ellos y descubrir lo que contiene, aunque luego pueda que no le hagan ni caso durante todo el año; 😯
  • en comprar, repartir y compartir lotería de navidad (¿cuántos lo hacemos sólo por Navidad?), aunque sea la que menos reparte de las que se sortean a lo largo del año; 😎
  • en percibir la satisfacción por una gran cena, aunque nos haya costado horas o una “pasta gansa” el prepararla… y luego desaparezca casi en minutos; 🙂
  • en revivir con los hijos las sensaciones que conservamos de nuestros padres, como el chocolate con churros del desayuno del día de Reyes, aunque haya que mantenerles alejados del salón hasta que terminen; 😉
  • en comer las uvas a las 12 en punto de la Nochevieja, aunque haya que tolerar que algunos las extraigan las pepitas y hasta las “desnuden” previamente para luego “llegar”; 👿
  • o, para algunos de nosotros, en reservar momentos para el recogimiento festivo, para la pascua, para hacer balance y para revivir la sensación de que “ser bueno” merece la pena, aunque la vida lo ponga a veces difícil. 😛

Me gustan las tradiciones, sobre todo y por lo tanto, por la conexión que establecen con vivencias pasadas que activan resortes emocionales positivos.

Por eso en mi casa los regalos los siguen trayendo los Reyes Magos, porque ni Papá Noel, ni Santa Claus… ni el Olentzero (que amén de feo, sucio y fumador…  es de dudosa reputación histórica en su relación con los niños… 🙂 ) forman parte del pasado real de nadie de mi familia ni de nuestras familias de origen en sus más remotos recuerdos.

Y por si acaso piensan que se me escapa algo… en mi casa nos hacemos regalos sólo un par de veces al año. A mí me parece que hay actitudes que sortean la borrachera comercial de estas tradiciones y conviven con ella como algo sostenible, que son capaces de combinarlas con otras facetas más propias de la esencia más tradicional de la Navidad y que depende de cada uno de nosotros hacer que el consumismo sea otra cosa.

Ya, ya sé que hay otros que piensan bien diferente

Pero yo lo siento así. Y eso que rizo el rizo paradójico cuando además, mi actividad laboral se basa en provocar cambios dentro de mi empresa… 😉

Feliz Navidad y un espléndido 2012 para todos.