sensaciones

Vibraciones: sueño de una noche de verano

Mi anfitrión caminaba distraídamente a mi lado, mientras me acompañaba al interior de su casa. Era un pasillo ancho, luminoso, de techos altos y grandes ventanales a la izquierda tras los que se adivinaba un frondoso jardín. Supongo que atardecía ya avanzado, porque la luz era tenue, matizada, sin estridencias.

Deduzco que la conversación era en ese momento intrascendente, porque no la recuerdo, pero sí que conservo en mi memoria cómo, en ese momento, frente a nosotros se acercó una figura pequeña, vestida con una túnica marrón oscura que dejaba asomar por la capucha una cara húmeda de lágrima, con la tristeza instalada en cada facción de la misma pero sin emitir sonido ni gesto alguno. Nos desbordó sin mirarnos. Me di la vuelta y seguí su caminar unos breves segundos. La figura pequeña alcanzó un recodo oscuro y se acercó a una especie de caja sin tapa, como una cama cuadrada en cuyos bordes se levantara una pequeña muralla de paredes gruesas pero de baja altura. Se acostó boca arriba en su interior con movimientos modulados, suaves, continuos, casi imperceptibles. Y sin decir ni una palabra, en solo unos segundos se fue confundiendo con el aire hasta desaparecer.

– “¿Quién era?”, pregunté a mi anfitrión.
– “Un sueño que ha muerto”, me respondió. Y me pareció una imagen bellísima.

– “¿Y los sueños vivos?”, volví a preguntar.
– “Depende”, volvió a responder. “A los sueños a corto plazo los verás cuando menos lo esperes. Son unas figuras blancas que están siempre correteando entre ellos, riendo y jugando… Nunca paran, así que aunque los veas en un lugar de la casa, si vuelves a mirar solo un instante más tarde, probablemente ya no los veas, porque ya no estén allí. Pero no te preocupes… estarán en cualquier lado”.
“Los sueños blancos son así. Si miras sus caras, verás que son todos diferentes, pero no podrás recordar ninguna ni serás capaz de decirme qué rasgos diferencian una de otra. Eso es porque la memoria suele cargarse de pasado y ellos no están ahí”.

– “¿Y los sueños a largo plazo?”, terminé como obviedad.
– “Ah…”, sonrió. “Esos son invisibles. No podrás ver su cara, por tanto, pero siempre sabes dónde están: a tu lado. Un sueño a largo plazo no puedes verlo pero lo sientes, siempre contigo, siempre fiel. Dime la verdad, ¿no están aquí?”.

Mi anfitrión se dirigió entonces al interior, más en penumbra, mientras me dejaba un instante disfrutar de la plenitud de la paz…

– “Recuerda solo que los sueños que mueren son tanto a corto como a largo plazo”, me dijo dándose la vuelta.

Y entré.

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PD: Transcripción de mi recuerdo de un sueño real de una noche de verano. No quiero que tenga ningún significado. Ya no recuerdo mis sueños al despertar.

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Vibraciones: contrastes

Llevo unos días rodeado de contrastes. La mayoría inesperados… o al menos inesperada la sensación que me produjeron. Son muy diversos: no todos los he vivido personalmente y no tienen nexo común de ningún tipo. Es verano y no son días para escribir sesudas reflexiones, así que prometo no ser exhaustivo ni en la relación ni en los detalles… a ver si consigo que cosas que no les importan en absoluto, al menos les llamen un poco la atención. 😉

A modo de cinco futesas, cinco… empecemos.

FAMILIA Y TRABAJO

Sin entrar en porqués, que no vienen al caso, la semana pasada tenía previsto haber estado miércoles y jueves de actividad familiar en la isla de Mallorca, o más concretamente en Palma capital. Y así fue… casi.

Solo dos veces había tenido que ir a Baleares por razones laborales en toda mi vida… y oh casualidad… resultó inevitable que tuviera que ocupar el jueves en una reunión de trabajo ciertamente importante… en Palma.

El contraste entre el paseo nocturno del miércoles entre Porto Pi y Es Baluard, la cena en una terraza junto a la bahía, o el desayuno del mismo jueves mirando los perfiles de la catedral o la terminal de cruceros… frente a la sala de reuniones de media hora más tarde… fue desconcertante.

La verdad… Cuando llegué y vi a dos compañeros allí, tuve la certeza de que estaban fuera de sitio, puedo jurarlo. Como yo mismo.

Treinta minutos antes estaba en familia mirando el mar. Está claro que el cambio de ubicación física fuerza tonos de contraste…

EL TAXI, BILBAO Y PALMA

Sí, sigo en Palma.

Nuestras gestiones familiares nos llevaron al entorno del Parc de Ses Fonts, en el barrio de L’Oliverar. Puro ensanche, un área residencial, plenamente urbano… nada cutre o degradado, como pueden ver en las imágenes.

Habíamos advertido ya la dificultad de encontrar un taxi en Palma en esta temporada estival, donde con frecuencia los disponibles son escasos por el contrapeso que supone para la profesión la temporada baja. De hecho, nos habíamos descargado la correspondiente app para saltarnos el trámite de la telefonista y la saturación de las líneas telefónicas.

Pues ni por esas… El teléfono imposible, en las dos asociaciones de radio-taxi más reconocidas no cogía nadie. Probamos con la app junto al Parc de Ses Fonts, en la calle de Miquel Arcas, en la de Alfonso el Magnánimo… Más de 20 minutos de espera.

Y al día siguiente, tras una larga reunión de trabajo y a eso de las 3 de la tarde en el barrio de Son Oliva, ni en la calle de la Concordia, ni en Eusebio Estrada… Más de media hora para, finalmente, conseguir conectar por teléfono con la operadora de una de las empresas… que nos explica que se han anulado las peticiones de la app… ¡¡¡porque esa zona no tiene cobertura de radio-taxi!!!

Tengan ustedes la santa paciencia de introducir en Google Maps cualquiera de esas calles, vean dónde están situadas… y alucinen con esa respuesta.

Aparte de la penosa experiencia de usuario con la app, que de eso no toca hablar hoy… tratándose de un servicio público, todavía estoy con los ojos como platos.

Eso en Bilbao, desde luego, no pasa.

MUJER Y TAXI

Ya ven que voy enlazando una cosa con otra. 🙂

Esta vez es una simple observación. En los últimos 10 días, además del viaje a Palma he tenido que hacer otro a Valencia, lo que en ambos casos me ha obligado a coger numerosos taxis.

Han sido 8, para ser preciso: 2 en Valencia y 6 en Palma.

Uno de los de Valencia y cuatro de los de Palma fueron conducidos por mujeres. El contraste con la situación que vivo en mi entorno de Bilbao o en el mismo Madrid es más que llamativo: encontrar una mujer detrás del volante es en estos sitios poco más que una anécdota.

Para que se hagan una idea, mi hija, con 19 años, no pudo contenerse al bajar del primer taxi de Palma: “es la primera vez que cojo un taxi que conduce una mujer”.

La proporción de mujeres taxistas debe estar en España por debajo del 2%.

Y es que no entiendo muy bien por qué, pero desde luego eso que me ocurrió en Valencia y Palma… al menos en Bilbao aún no pasa. 😦

AMAIA Y EL REAL

Regreso de Palma y leo la noticia de que el sábado 28, Amaia Romero, reciente ganadora de OT, iba a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid.

Les supongo conocedores, aunque sea vagamente, del fenómeno OT 2017 y de la propia Amaia Romero, Eurovisión mediante… pero si no es así, les recomiendo dedicarles unos minutos en internet o, en caso contrario, simplemente saltar de capítulo.

No me dirán que Amaia Romero y el Teatro Real de Madrid, en sus propios términos, no son en sí mismos un fabuloso contraste…

A ver… a los 19 años, Amaia, una mujer aún sin salir del todo de la adolescencia, que acaba de ganar un concurso de televisión en busca de intérpretes musicales con talento, anuncia que, acompañada de una banda con cierta solvencia (The Free Fall Band), va a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid. Sin material propio, presentará versiones de temas con un programa esencialmente ecléctico.

Dicho un poco a lo bruto (que no se me enfade nadie), es como si una de las numerosas bandas que tocan por los pueblos en esas noches festivas de romería de verano, anunciara su concierto en el Real.

Pues oigan… lo ha hecho. Llenazo, con todas las entradas vendidas en pocas horas. Y no crean que el Teatro se llenó de adolescentes fanatizados por OT, no… Si tienen el gusto de buscar algunos vídeos de su recital, observarán al menos en las primeras filas muchas calvas, canas y teñidos cuidadosamente cardados como los que van adornando cada vez con más frecuencia las testas de mi respetuosa generación. 🙂

Pero lo que más impresiona es la valoración posterior del concierto: sesudos críticos unánimes sobre la grandeza del espectáculo que se hizo corto, mágico, emocionante… Y ella, humilde, exquisita, sencilla, sublime…

Sin material propio. Y en el Real.

AMAIA ROMERO

Déjenme que termine con Amaia de nuevo… porque esta mujer es un contraste en sí misma… 😉

No tengo que dar muchas explicaciones. Basta con que escuchen el Zorongo Gitano (la canción de Lorca interpretada en su día con la voz de la Argentinita) y el Bang Bang (el tema de Cher escrito por Sonny Bono) interpretados en el citado concierto del Teatro Real, para descubrir el significado de lo ecléctico, desde la diversidad pero con estilo propio. Se lo dejo fácil, en dos vídeos que van al final de este post.

Un último detalle: algunas de sus compañeras de OT no han perdido ocasión en las últimas semanas de tachar al compositor e intérprete de reguetón Maluma de machista y de declarar que no cantarían con él por sus letras y por contenidos que denigran a la mujer (opinión que, sinceramente, con cierta frecuencia no es difícil compartir).

Solo han pasado unas semanas de esas críticas… y Amaia Romero se lleva nada menos que al Real una versión del “Felices los cuatro” de Maluma, convirtiendo el reguetón original en una deliciosa versión poppy

Con un par.

Pa’ carácter, yo, oigan…

Verano de contrastes…

¿Gustan?

Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀

Vibraciones: el desastre aeroportuario (… y de “norwegian”)

Era mi primer contacto con Norwegian, una compañía aérea que asaltaba el aeropuerto de Bilbao con horarios y precios excelentes. Como ven en la imagen del tweet, aquel martes del pasado noviembre estaba uno predispuesto a perdonar incluso 2 horas de retraso, a cambio de una experiencia de vuelo gratificante…

Semanas más tarde vino un segundo vuelo también con retraso y días después una cancelación con varias horas de espera para viajar en el siguiente… pero sobre todo con explicaciones escasas, muy tardías, poco creíbles y abiertamente contradictorias, que es lo que más cabrea, porque uno siente que le están tomando el pelo.

En consecuencia, decidí vetar a Norwegian para mis viajes… y así ha sido hasta esta misma semana en la que (oh, carne débil…) decidí darles una nueva oportunidad.

Un reto a la serendipia en Barcelona a media mañana me permitía salir con Vueling a una hora razonable, pero el afán de aprovechar el viaje me llevó a concertar otra reunión a la tarde… y eso dibujaba la propuesta horaria de regreso con Norwegian como una tentación de excelente encaje. Así que caí… 😉

La verdad es que el pasado martes (el día antes de mi viaje) ya me cancelaron la reunión de la tarde… así que igual tenía que haber empezado a pensar que todo el plan del día se empezaba a torcer y que eso solo era el comienzo, jejeje… pero uno no es supersticioso, qué se le va a hacer. 😛

El miércoles comenzó con el embarque en el Vueling VY 1421 de las 09:05, con todos dentro del avión un buen rato sin que pasara nada de nada, acumulando un retraso que en Barcelona ya fue de 25 minutos. El tráfico de la ciudad no ayudó precisamente a recuperarlo, así que llegué a mi cita un cuarto de hora más tarde de lo acordado… aunque el encuentro se celebró satisfactoriamente: hasta aquí, todo bien.

Luego me tocó “gastar” el tiempo que quedaba hasta las 18:30, claro, dada la anulación de la reunión de la tarde, así que después de comer un poco, empleé el tiempo lo mejor que pude en una tarde donde la humedad del verano mediterráneo se hacía notar. En fin… tras 5 horas de paréntesis vacío, vuelta al aeropuerto, a donde llegué a las 19:00, con tiempo sobrado para coger mi vuelo de regreso con Norwegian (D8 5734), de las 20:20.

Y aquí empieza la historia…

Puede que alguna hora o detalle se me bailen en la memoria, pero básicamente, esto que sigue es lo que pasó:

  • A la hora prevista para el embarque, dos azafatas de tierra de Norwegian estaban en el mostrador de embarque, pero todos veíamos que el avión aún brillaba por su ausencia en el extremo del finger. Al poco tiempo, nos comunicaban por megafonía que traía un cierto retraso debido a las condiciones climatológicas… y que la nueva hora prevista de embarque era las 20:00, lo que suponía unos 20 minutos de retraso.
  • Hacia las 19:30 había empezado a llover con fuerza en el aeropuerto de Barcelona, una tormenta de verano que duró los 10 minutos de rigor (literalmente), para dar paso de nuevo al sol. Poco después actualizaban la información y anunciaban que la llegada del avión se preveía para las 20:22. Sí, sí… “a-y-22”, así de exacto.
  • Visto que a esa hora seguía solitario el extremo del finger… volvieron a indicarnos por megafonía que, por causas climatológicas adversas, el retraso sería mayor y que se suministraría nueva información a las 21:00.
  • En ese momento, entre nosotros empezaron a cruzarse llamadas con familiares en Bilbao, quienes nos informaron de que había un fuerte viento, una de esas galernas que hacen de los despegues y aterrizajes en Loiu un parque de atracciones circunstancial… así que asumimos que ese era parte de nuestro destino del día y que tocaba esperar.
  • Esperar… hasta que, a las 20:50, nos informaban de que la hora estimada de embarque pasaba a ser las 22:00. Al mismo tiempo, un mensaje en los móviles actualizaba la información del vuelo (vía app de la compañía) notificando la salida del mismo para las 22:30.
  • En ese momento, me dirijo a una de las azafatas para pedirle un vale que nos permita tomar algo para cenar (ya que la hora a la que llegaremos a nuestras casas va a ser realmente tardía, muy probablemente por encima de las 24:00 para muchos), dado que “ya hay más de dos horas de retraso acumuladas para el vuelo“. Su respuesta inicial es que “no han pasado dos horas de retraso“. Cuando le muestro la notificación en el móvil de salida a las 22:30 (cuando el horario inicial era las 20:20)… me responde que sí, que entonces tengo razón… pero que “el límite de retraso son dos horas y media, no dos horas“. Insisto (aunque no discuto por no enredarme en ello), pero ella sigue en sus trece. Como pueden comprobar en la propia web de Norwegian, era mentira.
  • Mi comentario final en esa conversación fue que mejor sería que no tuvieran que darnos el vale transcurridas dos horas y media, porque eso significaría que el avión se retrasaba al menos hasta las 23:00… y eso implicaría que, con el aeropuerto de Bilbao cerrado (lo cierran a las 24:00) se cancelaría el vuelo. Su respuesta fue que, en efecto, “más vale que no tengamos que darles un vale, por el bien de ustedes“. De su frase y de su expresión facial, yo asumí que la probabilidad de que se cancelara… era muy alta. Pero me callé y me fui.
  • A las 22:12 corrió el rumor (algún pasajero había hablado con un familiar controlador) de que el avión acababa de aterrizar en el aeropuerto de Barcelona… pero no debió ser así, porque no llegó a la puerta de embarque hasta las 22:34.
  • A las 22:47, asomados a los cristales, comenzamos a ver cómo subían nuestras maletas a la bodega… y algunas personas volvieron a preguntar a las azafatas si realmente tenían confirmación de que iban a recibirnos en Loiu, recibiendo respuesta afirmativa, asegurando que en Bilbao habían confirmado que esperaban.
  • Pocos minutos después, en efecto, comenzaba el embarque. Primero tuvieron que acomodar a una persona mayor, recién operada, que iba en silla de ruedas. Eso justificaba unos minutos añadidos para el proceso de embarque… pero no que cuando las filas 1-15 comenzamos a entrar, tras haber pasado ya filas posteriores a la 16… observáramos que aún todo el mundo estaba en el finger y nadie había entrado. No recuerdo un embarque tan largo en toda mi vida. No puedo asegurarlo con total certeza, pero créanme que se aproximó… ¡a los 45 minutos!
  • A las 23:25 me dije a mí mismo que era un desconfiado: el embarque quedó completo, las puertas del avión se cerraron y el finger se retiró. Peeeero… nada más se movió.

  • A las 23:40, el capitán nos informa por la megafonía del avión de que Loiu cierra y que el vuelo queda cancelado. Lo hace sólo en inglés.
  • Brama el pasaje… y otro miembro de la tripulación pide disculpas y comunica (esta vez en castellano)… que el avión había sido desviado al aeropuerto de Palma por condiciones climatológicas adversas… ¡en Barcelona! Que retornaron a El Prat cuando les dieron permiso y que esa había sido la causa del retraso.
  • Los pasajeros, molestos por no haber sido informados hasta ese momento de la situación real, pero en escrupuloso orden, abandonamos el avión con el mensaje de que a la salida nos darán instrucciones.
  • A la salida no hay nadie.
  • Cuando ya todo el mundo ha salido (casi 15 minutos después) y nadie sabe qué debe hacer, una de las azafatas aparece para decirnos que allí no va a ir nadie a resolver nada, que tenemos que ir a la oficina de Norwegian, que está hacia la salida.
  • Nos ponemos en marcha y nos paramos en la oficina que la compañía tiene en la zona de recogida de equipajes. Está a medio cerrar y tampoco hay nadie. Por fin vuelve a aparecer la azafata para decirnos que la oficina a la que tenemos que acudir, tras recoger las maletas, es la de ventas que está en la terminal de salida, fuera de la zona de facturación.
  • Todos en marcha de nuevo y, por fin… parece que hemos llegado al lugar adecuado: una oficina con las dos azafatas de tierra atendiendo (uno a uno), a una fila de casi 200 pasajeros, más un hombre como tercera persona de refuerzo. Las 00:30 aproximadamente, con 35% de batería en el móvil (los pocos enchufes disponibles, como podrán adivinar, todos ocupados), unas 80 personas por delante y unas 100 por detrás… y con mi mejor esperanza cifrada en dormir 3 o 4 horas y pillar el primer vuelo posible de la mañana.

  • El hombre de refuerzo sale de la oficina para preguntar a la cola si hay gente dispuesta a ir en autobús hasta Bilbao, que están intentando poner uno. Nos informa de que se está tratando de reubicar a los pasajeros en los vuelos de la compañía de las 07:50 y 16:30 del jueves, pero que no habría sitio para todos salvo que hubiera suficiente gente como para llenar un autobús. Con la condición que le ponemos de que saliera a la 1 y media o las 2 de la mañana y no a las 6 (“por supuesto, por supuesto”, nos dice), a la altura de cola en que yo estaba ya sumaba 28 voluntades, con lo que no hay duda de que gente había… pero del autobús nunca más se supo.
  • Algunas personas, en la cola, son capaces de gestionar el cambio de la reserva online, a través de la web de la compañía. Sin embargo, sin que se sepa muy bien la razón, a algunos les aparece la opción de cambio y a otros no. A mí, no.
  • Por esa razón, la cola aldelgaza algo por delante y por detrás. Los afortunados logran incluso obtener tarjetas de embarque en un mostrador de facturación aún abierto.
  • ¡¡¡Me toca!!! 01:50 de la madrugada y mi cara se pega a la ventanilla.
  • Una de las azafatas me informa de que ya no quedan plazas en los vuelos de Norwegian del jueves. Me ofrece la posibilidad de ir en un vuelo de Vueling a las 07:10, en el que ha comprobado que hay plazas libres, pero me informa de que no puede confirmarme el billete ni darme el localizador porque Vueling no responde a sus requerimientos.
  • Le pregunto por el hotel y me dice que están teniendo muchas dificultades pero que han conseguido un hotel en Blanes. Eso sí, me informa que el hotel está a 2 horas de viaje en coche.
  • Pienso dos veces lo que me han dicho, porque lo primero que entiendo… me parece que no puede ser, que es mi cabeza que ya no está fresca. Pero sí, sí que es.
  • Le digo que si me está tomando el pelo, que son casi las 2 de la madrugada y que me ofrece un hotel para el que debo emplear 2 horas en ir más 2 en volver… teniendo que estar de nuevo a las 6 en el aeropuerto de Barcelona.
  • Le digo que si no se da cuenta que lo único que voy a poder hacer en el hotel es entrar y salir de corrido por la puerta giratoria (si es que tiene), que ni el check-in… y me responde que “es lo que la compañía me está ofreciendo“.
  • Le digo que lo que me está ofreciendo es una burla, no una solución a la que legalmente están obligados, pero su respuesta es la misma anterior.
  • En la ventanilla de al lado, el otro pasajero reacciona de la misma manera.
  • Como sigo insistiendo, me dice que si prefiero que me diga que no tiene hotel… y le digo que por supuesto que sí, que prefiero que me diga que no puede cumplir con su obligación a que trate de engañarme con un “cumplimiento” formal pero inviable.
  • Una pasajera pide la dirección del hotel de Blanes porque piensa alquilar un coche para ir hasta él. Le dicen que espere unos minutos y se la darán.
  • Bloqueadas las dos ventanillas, sin movernos, la azafata me amenaza con llamar a Seguridad para que me haga a un lado y ella pueda seguir atendiendo a los pasajeros restantes.
  • Mientras tanto, otra pasajera se ha acercado a la otra ventanilla y le dan un detalle más: pueden poner un coche para llevarla hasta el hotel de Blanes si opta por un vuelo de Vueling a la tarde, pero el retorno del hotel lo tiene que hacer por su cuenta. Literalmente le dicen que “puede coger un tren“.
  • El nivel de cachondeo sube… me pongo de espaldas a la ventanilla y comienzo a explicar educadamente al resto de la cola lo que nos están diciendo…
  • En ese momento, la otra azafata se acerca y me dice que puede asegurarme el vuelo de Vueling de las 07:10 aunque no pueda darme el localizador. Me pide que vaya al Caffé di Fiore del fondo (la única cafetería que permanece abierta a esas horas en la terminal 2) con el vale de 15€ y se compromete a ir ella allí cuando tenga los billetes para entregarnos los localizadores. Me dice que han hecho todo lo posible por encontrar hoteles, pero que no hay ni una habitación disponible.
  • Me rindo. Acepto.

  • En la cafetería solo estamos gente con vuelos cancelados (quién, si no, iba a estar allí a esas horas…). Una pasajera escoge un café, un zumo y un bollo… y pide que le den el cambio, porque eso no valía 15€. La respuesta del camarero es que no está autorizado a dar cambio contra un vale. La pasajera le recuerda que el Caffé di Fiore ingresará los 15€ completos y pide entonces que le haga un vale por la diferencia (para volver luego), pero la respuesta es que por política de empresa, “no se dan vales“.
  • La gente, en una nueva cola, se empieza a incomodar por la espera y finalmente la clienta acepta renunciar a la diferencia… pero a partir de ese momento, cada persona empieza a coger “toblerones” y barritas de chocolate y cosas así, que nadie necesitaba, para completar los 15€… y que al menos no hicieran negocio con nuestra desgraciada situación.
  • Hasta donde sabemos, a la pasajera que pidió la dirección del hotel de Blanes no se la han dado todavía (al menos, una hora después de pedirla es seguro que no la tenía). Comenzamos a sospechar que el tal hotel de Blanes ni siquiera existe… y las teorías conspiranoicas se apoderan de las conversaciones. 😮
  • Son las 03:55 y no ha venido nadie a darnos los localizadores. Cruzamos de nuevo toda la terminal para acercarnos a las ventanillas de Norwegian… y ya: nos dicen que ya tienen los datos de Vueling. Nos dan un localizador, con instrucciones para coger el bus que nos lleve a la terminal 1, con salidas cada 20 minutos.

  • Las cabezas empiezan a dar vueltas, porque a esas alturas no es cuestión ya de fiarse de nada. La sombra de un posible overbooking sobrevuela y nos tiramos como locos a intentar el checking online en la app de Vueling.
  • A mucha gente no le permite hacerlo porque se han hecho casi 30 reservas con el mismo localizador… y la app dice que no se pueden gestionar los checking online con ese número de gente.
  • Mi móvil está al 18% de batería, pero lo intento. ¡Me deja! Estoy junto a la pasajera de la cafetería, selecciono nuestros dos nombres de la lista y pido las tarjetas de embarque… En efecto, me descarga dos tarjetas de embarque… ¡pero no son las nuestras, sino las de otros dos pasajeros! Nuestro gozo, de nuevo en un pozo.
  • Por fortuna, intentamos realizar la operación de nuevo… y observamos que, aunque no nos deja obtener las tarjetas de embarque, tenemos asiento asignado. Respiramos… el porcentaje perdido de la batería del móvil había merecido la pena. 😉
  • 05:15 horas, terminal 1. Al checking electrónico le pasa como a la app: no funciona con un grupo tan grande bajo el mismo localizador, así que nueva cola: la de los mostradores de facturación para obtener las tarjetas de embarque en papel… y por fin sin problemas, en los asientos asignados vía app.
  • Embarque y vuelo a Bilbao, sin incidencias. A mucha gente aún le quedaba coger su coche para ir a Santander o a Donostia.
  • 09:10 del jueves 29 de junio. En mi casa. No hay mal que por bien no venga: no saben lo bien que sienta una ducha tras 28 horas en pie y sin cerrar un ojo. 😛

Tengo los papeles para tramitar la correspondiente reclamación y ya me han advertido que, además, es conveniente hacerlo a través de su página web… o que todo es inútil si no la presento ante la oficina de Consumo. Pero, aparte de contarle todo esto a mi agencia de viajes este próximo lunes… no sé si haré algo más. Lo que me apetece, después de escribir este largo post, es olvidarme del asunto.

En cualquier caso, terminaré con una lista de preguntas para las que aún no tengo respuesta:

  • ¿Cuándo supo exactamente Norwegian que el vuelo que llegaba desde Bilbao iba a ser cancelado?
  • ¿Cuándo supo que se había desviado a Palma y por qué no informó a nadie de ello?
  • ¿Existió confirmación desde Loiu de que iban a esperar su llegada, a pesar de que ésta se iba a producir después de las 12 de la noche?
  • Y en ese sentido… ¿No tomaría la decisión el propio piloto, porque simplemente ya no consideró oportuno volar a esa hora?
  • O aún peor… ¿Tardaron tanto en embarcarnos y nos desembarcaron a continuación, solo para que encajara en horarios la indecente proposición de un hotel a dos horas de viaje, teniendo 4 para volver al aeropuerto, de forma que nadie optara por ir a él y Norwegian no se gastara un euro que pudiera evitar gastar?
  • ¿Existió, en realidad, ese hotel disponible en Blanes?
  • ¿Seguro que no era posible encontrar habitación alguna, no ya en Barcelona, sino en Sant Cugat, Manresa, Sabadell, Mataró, Badalona, Granollers…?
  • ¿Llamó realmente alguien a algún lugar buscando un autobús?
  • ¿Cómo es que una solución como la del autobús, no está sistemáticamente acordada como medida de contingencia para cuando pasen estas cosas?
  • ¿Será un buen negocio abrir una cafetería en un aeropuerto de madrugada, para facturar tickets que no se consumen?
  • ¿Habrá alguna vez apps de compañías aéreas que funcionen normalmente sin errores?
  • Y por último… ¿Cómo es posible que por no prolongar 30 o 40 minutos una jornada laboral en un aeropuerto como el de Loiu, se opte por dejar a 200 personas tiradas en un aeropuerto toda una noche a 600 km de distancia? (y que no me vengan con monsergas con el cansancio de los controladores… que no hay quien se crea que 8 horas es totalmente seguro y que 20 minutos más ya no… o que no hay manera de establecer coberturas para estos casos, que ocurren con demasiada frecuencia cada año).

En fin…

Vibraciones: a veces… esa imagen

En algún momento de hace ya más de treinta años, decidí por fin acoplar un trípode a mi querida y espléndida Minolta (analógica, por supuesto) y salir en solitario por la ciudad. Unas veces de noche y entre juegos con el tiempo de apertura del obturador, otras de madrugada para captar esa luz blanca que despierta a la ciudad…

El trípode me acompañó con frecuencia durante algunos años en mis viajes y mi cámara siempre estuvo preparada buscando el detalle, el desenfoque, ese momento que siempre aparece cuando lamentas no tener tu máquina a mano.

Casi nadie a quien doble en edad entenderá esto, porque los smartphones lo han cambiado todo, pero conservo esa capacidad de disfrutar de los detalles escondidos en lo que veo. A veces… esa imagen que penetra por la retina… te pide de algún modo que la protejas, que conserves su belleza adoptándola para ti, que guardes su diferencia o su efímera presencia más allá del momento en que muestra visible su singularidad.

Ahora desde el móvil, sin la calidad ni el trabajo artesano de entonces, pero con el mismo espíritu de capturar el momento, con frecuencia sigo tomando fotografías de objetos e imágenes que no tienen más sentido que ése. No son instantáneas de obras de arte ni edificios históricos, no son de amigos ni familiares ni personas con las que he compartido unas horas, no son de paisajes grandiosos ni escondidos, no son puestas de sol, ni marinas, ni bodegones, ni mercados, ni abarrotadas calles comerciales, ni espectáculos, ni fiestas, ni alimentos, ni flores…

Todo eso también llena mi archivo de fotos, pero no hablo de ello en este post. O sí pero no… Me refiero más bien a objetos cotidianos, vistos por un momento de una forma diferente que me invita a sumergirme en ellos desde esa ilusión visual.

No busquen calidad en las imágenes que vienen a continuación. Ni siquiera he hecho una buena selección de las muchas instantáneas que guardo en infinitas carpetas de fotos…

Ayer, alguien me dijo que en el ámbito profesional, y a pesar de mi carácter sanguíneo y apasionado, mi desempeño es siempre infinitamente racional, 100% racional.

Que no había “arte”.

Y yo pienso que quien me lo dijo… no supo buscar bien. 😉

Y también que a mi pesar… puede que lo tenga bien escondido.

AGUA

CIELO

DEVOCIÓN

FAMILIA

FRESCO

FUEGO

HIELO

HOGAR

HUECO

HUMEDAD

LUZ

MEDICINA

MEDUSA

MÉXICO

MOLDE

NOCHE

RITO

SOL

Y sí… son 18. 😉

 

Vibraciones: hacer limpieza

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Ponerse a hacer limpieza de lo acumulado en el tiempo es de ese tipo de decisiones que uno suele tomar sabiendo por dónde empieza… pero no siempre por dónde va a acabar. Limpiar es una actividad con frecuencia realimentante: una vez que uno vence la pereza del arranque y se mete en faena, un cajón le lleva al siguiente, los cajones a los altillos y el armario a la habitación.

Mis limpiezas del fondo de los armarios son lentas y cansadas. Ponerme a ello significa revisar decisiones y sentimientos sobre lo acumulado, sobre lo que en algún momento fue considerado suficientemente útil, importante, emocionante o simplemente bello como para permanecer durante mucho tiempo en el archivo continuo de mi vida. Significa por tanto enfrentarme a recuerdos, a valores… y a pérdidas, porque muchos de los instantes pasados no me pertenecen y no puedo gobernar su regreso.

Esos son momentos de añoranzas, de felicidades melancólicas, de retorno a instantes del pasado y de filtrado de emociones por el cedazo de la realidad de hoy, que devuelve con crudeza significados y valoraciones de distinto signo, no siempre en la forma esperada.

Por eso es por lo que, además de lentas y cansadas, mis limpiezas son también a veces tristes, aunque de un tipo de tristeza en la que uno puede instalarse y disfrutar.

Me siento en los últimos meses con la creciente necesidad de hacer limpieza en los inventarios de varios de mis almacenes, aunque como la pereza es un enemigo formidable, no sé si acabaré entrando en todos.

Mi red es uno de esos almacenes… uno de los no muy grandes pero en los que paso bastante tiempo. Empecé por cambiar el tema del blog, como ya han visto, tras más de siete años de fidelidad al origen. Eso me llevó a revisar la maquetación de las imágenes frente a los textos en los más de 170 artículos que he escrito o a revisar y rehacer enlaces a vídeos incrustados que habían desaparecido o habían sido desactivados. Y eso me está llevando a revisar la información adicional que aparece en inquietos… y singularmente la lista de los blogs que alguna vez he seguido y disfrutado desde el afán de aprender o desde la simple admiración.

Este apartado está siendo el perfecto paradigma de lo anterior: revisar la lista declarada de blogs que sigo, implica revisar la coherencia con Feedly, mi agregador heredero del viejo Reader al que cada vez soy más infiel desde las rutinas de cada día; almacén (cada vez más) de lugares en los que quiero estar en vez de lugares en los que estoy, un apoyo básico… que cada mes es más amigo de mi interesante pero olvidado delicious. Implica visitarlos de nuevo para ver cuándo fue su última entrada, comprobar las mudanzas, verificar que en esos cambios no he perdido ningún cuerpo que aún respire con fuerza…

En definitiva, que he vuelto a entrar en esas páginas, una por una. Mi vista se ha parado además en algunos post que formaron parte de mi enamoramiento por la red, desde cien ángulos, desde docenas de miradas, desde personas diferentes con cosas que contar.

Me he encontrado con muchos blogs colgados de un hilo de tiempo al momento en el que su motor se quedó sin combustible, en el que dejaron de tener el suficiente sentido para quienes los crearon. Y he encontrado una forma de salvar la tristeza de saber que esas bitácoras, que en su momento tuvieron una vida intensa, vagan ahora almacenadas en algún perdido rincón de ese inconmensurable archivo virtual que envuelve la red.

Ese salvavidas va a ser este post: a medida que les dé de baja en mi lista, algunos de ellos van a formar parte de la relación de viejas glorias que iré configurando a continuación. Será como una lista de recomendaciones de esas que circulaban antaño como memes, pero con el absurdo de que no tendrá ningún sentido que las sigan… porque ya no es previsible que vayan a ofrecer nunca nada más.

Ésta es por tanto mi particular brocante llena de viejas “joyas de blog” (un oxímoron perfecto), mi forma de borrarlos de la lista, de sacarlos del almacén, de desprenderme de ellos… pero sin condenarlos al olvido:

  • Amb lletra de palAnna Cabañas escribía siembre en catalán y (traducido) en castellano… pero en realidad en el idioma en el que siempre escribía era en el de la belleza. No importaba el tema de que se tratara, su escritura era esencialmente bella. Un diciembre, el de 2011, despedía el año con un agradecimiento a todos los que, como lectores, amigos o clientes habían compartido con ella esos meses. Y después, nada. Ya no se puede ni bucear en sus viejos textos… Te echo de menos, Anna.
  • Botellas de luz – A Elena Acín no tengo el gusto de conocerla, a pesar de amigos comunes… y reconozco que me cuesta entenderla en un marco. Pero me gustaba encontrarme sus esporádicos y breves posts con algo siempre inesperado en su tema o en su particular observación. Me encantaba el título. Era uno de los focos de digresión en el tono de mis lecturas que dejó de iluminar en septiembre de 2014, curiosamente con una invitación a nacer… Creo que huyó a nee.
  • BsideDavid Sánchez Bote pasó por esta “cara B” de la consultoría artesana en una breve etapa de su vida. Le vi esforzándose en encontrar su sitio, sin tener nunca claro dónde debía y dónde quería estar. Hoy está en MIK y se le ve bien. Más que lo que contaba en el juego de palabras que titulaba su blog, que ya no es accesible, lo interesante era la forma en que abría caminos para la reflexión. “¿Cómo hacemos para desaparecer?” fue su bitácora de la prehistoria y una pregunta que me sigo haciendo cada día. Aquí estoy salvado: todo ello ha fluido hacia donde cuenta hoy las cosas, a su página personal.
  • Congestión de personasNacho Muñoz volcó en sus páginas los mundos de la empresa, la innovación en las relaciones humanas, la psicología y la sociología. Mente inquieta y escritura cuidada y reflexiva, traduciendo a texto una mirada profunda e inquisitiva hacia lo que sucede a su alrededor. Muchos comentarios cruzados en una época pasada… y un silencio de bitácora que se impuso desde principios de 2015, cuya razón no pudo ser su integración Emotools, sino más bien la Innovación Colectiva.
  • El blog de Carme Pla – Entrar en la casa de Carme Pla era siempre un placer entrañable, quizá solo y simplemente por la luminosa imagen que te recibía al entrar, seguro reflejo de la belleza de las tierras del Delta del Ebro. Carme escribe sencillo, educado, ordenado, brillante… y no hay que despistarse: el turismo como pasión, pero la gestión de la empresa como dominio, en territorios tan duros como el automóvil. Nos desvirtualizamos un día en Eutokia, pero me quedé con las ganas de conocerla mejor. Su acogedora casa enmudeció hace ya más de 5 años… Una pena que falte su calor.
  • Florecejonia Ada Galán era el espíritu de la transformación por la filosofía. Una mirada diferente, sugerente, divergente… Un recorrido de maduración de los pecados de juventud al hilo de la maternidad y, en general, de la vida. Un escenario móvil entre la filosofía, el erotismo y la poesía, no necesariamente en ese orden ni por separado. La filosofía sigue su camino en equánima.
  • Genís Roca – Más de un año sin publicar es mucho tiempo sin la opinión de un profesional como Genís Roca, una de las pocas referencias de personas que juzgan públicamente, desde la frialdad de los hechos, la realidad del interés sobre la tecnología y lo digital que hay tras las grandes empresas. Una bitácora para desmontar los “postureos dospuntoceristas”, la innovación de couché, los castillos en el aire, la ingenuidad con la que a veces asumimos nuestros deseos de transformar la realidad. Y también para entender las claves para que algo funcione.
  • Jano 2.0 – Más de un año lleva ya también sin entradas el blog de Juan Carrión, un profesional al que empecé a leer muy pronto, cuando su impresionante curriculum académico eclipsaba aún el crecimiento de su madurez profesional, a pesar de que su carrera en este apartado mostrara también rasgos de interés. Quizá con la carencia de no haber experimentado la vida operacional de una empresa, de no haber “pisado taller”, siempre fue un buen acopio de referencias en materia de liderazgo y gestión de personas.
  • Blog de JoseMPelaez – A José María Peláez siempre se le ha notado que su vida ha estado ligada a la empresa. También, en lo social y en lo político, que trata de preservar su independencia de opinión en unas redes que respiran con frecuencia por otros derroteros. Por varios lados. Pero es esa visión desde la empresa, desde la información contrastada, los datos y la experiencia la que siempre me había interesado. Hace más de 6 años ya que se apagó…
  • Juan Palacios – A la casa de Juan Palacios llegué tarde… y él se marchó enseguida. Justo coincidimos en sus postreros juegos, a cuenta de sus “eneanigmas”. Pero fue una pena, porque revisando su bitácora no era difícil encontrar perlas de reflexión sobre las relaciones entre humanos y singularmente dentro de las empresas. Artículos siempre sugerentes, provocadores, siempre apetecibles de leer con la mente despejada, palabras que siempre dejaban un reto perturbador para el pensamiento y un destello de luz para la comprensión. Otra pena…
  • kikeba-wakaru – Ayyy… ¡cómo me duele que incluir la creación de Yuri Noda en esta lista! Puedo decir que la dueña de esta casa es la única de las dieciséis con quien me une una relación de amistad. Son muchos años, que incluyen reflexiones, debates e incluso discusiones previas. El cuaderno de bitácora de Yuri Noda siempre trajo más preguntas que respuestas, miradas diferentes a las cosas, una capacidad de observación impregnada de una cultura a la que nosotros nunca podremos acceder. Cuando le da por mostrarse activa en Twitter, siempre aflora contenidos sorprendentes… Síganla.
  • Los sueños de la razón – El blog de Miquel Rodríguez es uno de los cinco que más siento haber perdido. Su subtítulo (“blog de poca fe”) solo es de una brillantez comparable al título sobre el que se construye el encabezado (“El sueño de la razón produce monstruos”, uno de los Caprichos de Goya), frase que como la de David Sánchez Bote me acompaña cada día. Los posts de Miquel eran desnudos, limpios, a veces irónicos… para leer de noche, en penumbra, a la luz de una buena lámpara de lectura y en compañía de un buen malta. De los de una copa, una hora.
  • Nómada – Conocí a Juan Freire cuando era demasiado joven para escribir como escribía o para hablar de lo que hablaba… La universidad, el aprendizaje en general, la cultura digital y la innovación siempre han estado entre sus pensamientos y sus acciones, pero al menos desde fuera, en los últimos 5 años se ha embarcado en una vorágine de creación que me desborda. Sigue escribiendo un blog en su página personal, pero aunque es mucho mejor, ya no es lo mismo…
  • Pasión por innovar – Recuerdo haber discutido alguna vez con Aitor Bediaga sobre cuándo uno es o no es un blogger. Su apuesta era que había que mostrar continuidad y dedicación mínima de un post por semana como referencia… pero yo estaba más bien en la liviandad de decir que un blogger es simplemente quien sostiene vivo un blog, que con un artículo al mes podría bastar… De eso hace ya muchos años y hoy lo recuerdo con frecuencia mirándome a mí mismo. A Aitor nunca le vi la vocación de escribidor más allá de sus recaídas en intentarlo, pero echo de menos sus síntesis y sus trabajos…
  • Proyectos personas pasiones – Nadie como María Jesús Salido para transportarme a cada viaje en el que habitaba. Antes de la política,  su bitácora era quizá ese lugar favorito al que siempre entraba cuando recibía la invitación. Una mezcla extraordinariamente valiosa de proyectos profesionales con la experimentación consciente de abrirse en canal para dejarse impregnar por todo, en cada viaje profesional o personal en que se embarcaba. Conexión íntima con cada ser humano, a veces muy cercana pero a veces también desde el exterior de la escena, como si su espíritu pudiera sobrevolar a ese trozo de mundo para conectarlo todo. Podría elegir muchos de sus artículos como ejemplo, pero para que me entiendan, dudo que nadie hubiera sabido llevarme tan intensamente a “Katogi“… Nunca.
  • Tic-TacLuis Carrasco era un consultor tecnólogo, iconoclasta ligero de Twitter metido a blogger (nunca le vi la vocación), ciudadano contracorriente. Sus artículos rendían pleitesía a Springsteen cuando cuadraba y a la música y el cine de una época gloriosa que es la nuestra. Nunca sabías por dónde iba a venir…

Aclaremos… La mayoría de los que sus autores derivaron a sus páginas personales seguirán renovados en mi Feedly (y a lo mejor alguno de esta lista del que no pienso renunciar a una potencial resurrección). Del lugar de donde salen, es de mi lista de inquietos… donde también entran otros, claro.

A mi agregador también le llegará su turno en las tareas de limpieza, pero será un poco más tarde… que todo a la vez se me atraganta. Y es que estoy en un momento, como avanzaba ya antes, con necesidad de revisar inventarios en muchos aspectos de mi vida, unos triviales, otros más relevantes… Nada trágico. A estos momentos se les ve venir, creo yo, aunque con frecuencia cerremos los ojos y nos aposentemos tranquilamente a ver que pasa sin querer saberlo.

En mi vida profesional, he dedicado muchos años a la ambición de cambiar las cosas, de construir valor para un futuro incierto… desde la seguridad de que lo íbamos a conseguir, al menos en parte.

A los 55… siento que me quedo sin tiempo.

Así que no sé si es hierba segada bajo los pies, cambios de decorado, astenia profesional, limitaciones asumidas, convicción de que todo a nuestro alrededor va a cambiar demasiado deprisa, o simplemente haber alcanzado la lenta categoría de viejuno que dice el maestro Iturbe (éste es un factor seguro)… pero miro el armario de la limpieza, ese donde infinitos botes de colores se acumulan hasta el fondo hasta encontrar el momento y lugar adecuados para ser usados, con la sensación de que me tengo que poner…

Vibraciones: cambio de decoración

Hacía tiempo que me tentaba…

Y mira que soy de naturaleza conservadora en la naturaleza de las cosas creadas… pero llevaba varios propósitos fallidos de cambiar de tema en el blog, entre otras razones porque el que me ha acompañado durante siete años se me iba haciendo de letra pequeña.

No sé si será definitivo… Necesitaré el hábito de verlo unos días para saber si me encuentro confortable en este marco más simple y más limpio.

Sinceramente me da mucha pereza recomponer el equilibrio visual de textos e imágenes en los viejos artículos, casi con la misma intensidad con que sé que me va a costar no hacerlo. Son muchos años de conocerme… así que incluso admito que puedo regresar.

A fin de cuentas, para eso están los guardamuebles… 😉