valores

Vibraciones: experiencia VW 5 estrellas… o así

Hace solo unas semanas acompañé a una compañera y amiga a recoger el coche al taller. Tiene un Golf, así que se trataba de pasar por un concesionario de Volkswagen del País Vasco. Sin problemas… pero al día siguiente me contó una historia que me costó al principio entender.

Verán, Volkswagen ha establecido, al parecer, un protocolo de medición de satisfacción de clientes en la postventa que ha extendido a todos los concesionarios de la marca en España. Se trata de un sencillo cuestionario de 8 preguntas, online, enfocado al cliente. Encontrarán las preguntas a valorar en la imagen que les inserto a continuación.

Fíjense bien… ¿destacarían algo?

Yo, al menos, un par de cosas:

  • Es un papel impreso, no un pantallazo de la encuesta online.
  • Tiene dos respuestas preimpresas, en las preguntas 6 y 7.

Termino la historia: en ese concesionario, al pagar y recoger las llaves de tu coche, te invitan a rellenar la correspondiente encuesta online… pero te dan además este papel con las preguntas, “como ayuda” para que te las pienses y las metas posteriormente con más facilidad en la web; y te piden que en las preguntas 6 y 7 respondas como el papel indica.

Así, oigan… Con un par.

Al parecer, dicho concesionario tiene los mejores índices de satisfacción de clientes en esas dos cuestiones en todo el estado. 😮

Y no tengo nada más que añadir. 😀 😥

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Vibraciones: en todo el mundo

No serán este año las mejores voces, esas que nos dejan atónitos ante la delicadeza, la sensibilidad o la perfección vocal, las que nos acompañen en este tradicional post navideño.

Esta vez he preferido elegir 8 villancicos que tienen un valor en su conjunto: se acaban de subir a la red desde muy diferentes lugares del mundo.

Porque más allá de la abrumadora comercialización de estas fechas, más allá de los credos que cada uno tenga o no tenga, más allá del virtuosismo artístico… algo debe tener la Navidad que hace que tanta gente y en tantos lugares culturalmente distantes, nos pongamos a cantar sobre cosas sobre las que no cantaríamos el resto del año, recordando que hay valores que son buenos y que hacen que como humanos coincidamos en ello con carácter universal.

Disfruten de la diversidad. Algo… debe haber de bueno en ponerse un poco cursi al celebrar estos días. 😉

¡Feliz Navidad!

LITTLE DRUMMER BOY – For King & Country, christian rock de australianos de US

CAROL OF THE BELLS – Adioses Jazz Coral, un coro asturiano volando desde Asturias

TRUE CHRISTMAS – Ikay Rocks, cantando un gospel de hoy para el mundo, desde Nigeria

PULKOOTTILEESOW PIRANNU – Sam Kadammanitta, creando uno nuevo desde Malasia

CHOLITO JESÚS – Los Toribianitos, bien acompañados en el villancico peruano por excelencia

JINGLE BELLS – Joshua Edelman, un americano enseñando y haciendo jazz en Bilbao

SANTAN CLAUS IS COMING TO TOWN – Korean Unnie, versionando al humor coreano

CHRISTMAS SONG – Kwan Pa, ritmos africanos, desde Ghana… para poner en bucle

Vibraciones: tesis doctoral, un respeto

Ayer tuve la fortuna de asistir a la defensa de la tesis doctoral desarrollada por Eneko Odiaga en el aula magna del campus de Oñate de MU.

Al parecer, Eneko había optado por algo poco frecuente últimamente: enfrentarse a la construcción de evidencias desde una investigación centrada en información no cuantitativa de la que, de alguna manera y a través de un par de largas entrevistas, yo había formado parte.

Nada tiene que ver este artículo con la tesis expuesta (“Diversificación e innovación abierta en el grupo MONDRAGON. Un estudio de casos“), ni con sus contenidos o con el juicio que me merece un asunto que me resulta muy cercano y con frecuencia amargo… sino con el acto en sí mismo.

Tengo que advertirles de que era la primera vez que yo asistía a la defensa de una tesis y, por consiguiente, que es de mi ignorancia subyacente de la que nacen estos párrafos… 😉 … y es que mi aproximación al acto fue exactamente la misma que la que habría tenido para asistir a una conferencia.

Y no…

No es lo mismo.

Muy posiblemente hay otras formas de defender y calificar una tesis de la que yo viví ayer, probablemente mucho más rígidas, más tensas, más formales… pero no cabe duda de que participé de algo muy diferente a la dinámica de una conferencia:

  • En primer lugar, la asistencia. Apenas una docena de personas nos podíamos denominar “público” en una sala con capacidad para más de 100; pero es que entre esa docena estábamos los dos directores de tesis, algunos familiares, tres compañeros de trabajo del doctorando y algunos de los que aportamos información sobre nuestras experiencias para la investigación.
  • En segundo lugar, el papel del tribunal. No solo porque existiera (lógico), sino porque asumió el rol protagonista que en ese acto le correspondía desempeñar. Tuve la impresión, equivocada o no, de que los 5 miembros del tribunal se habían leído la tesis 😮 y aún más, de que al menos 4 de ellos lo habían hecho con cierto detalle. Una buena parte del acto se centró en sus valoraciones sobre lo positivo del trabajo realizado y sobre aspectos que a su modo de ver hubieran aportado más solidez a la investigación o a sus conclusiones, o recomendaciones para futuros proyectos de investigación que hipotéticamente pudieran derivarse del presentado.
  • En tercer lugar, el papel del doctorando (hoy ya doctor). Su defensa de tesis fue firme, sobria, sólida y sintética, con dedicación de espacios tanto a la cuestión metodológica (la construcción de evidencias sobre información cualitativa) como a las conclusiones. Una exposición desde la sencillez, pero con una presencia y una autoridad que solo puede asumir quien habla desde la convicción sobre el trabajo desarrollado. Su respuesta a las aportaciones del tribunal fue igualmente ordenada, coherente y bien estructurada, pero sobre todo holística, centrada en el auténtico corazón de los postulados de la tesis.
  • En cuarto lugar, la emocionalidad dominante. Nada cercano a la curiosidad por descubrir o por aprender (a pesar de que existiera), nada tampoco relacionado con un espíritu de celebración (a pesar de que lo pareciera), ni nada ligado al juicio crítico sobre los postulados defendidos (a pesar de que se vertieran y de que formaran parte esencial del momento): desde mi punto de vista y sin lugar a duda, la emocionalidad dominante fue el reconocimiento. Todos tenían bien presente el esfuerzo continuado que exige la redacción de una tesis bien trabajada y eso se manifestaba a cada minuto del acto.
  • En quinto lugar, la idea de equipo. Para mí un pequeño descubrimiento porque visualizaba el doctorado como un reto esencialmente individual. Sin restar ni un ápice de valor al esfuerzo personal del doctorando, cuyo trabajo se desarrolló además en paralelo a su actividad profesional, salí con la idea de que había un cierto espíritu de equipo que incluía a los directores de la tesis. Los miembros del tribunal (obviamente todos doctores y con esa misma experiencia previa en primera persona), se encargaron de ponerlo de manifiesto en varias ocasiones y, lo que es más importante, los directores de la tesis desbordaban de orgullo por el broche al proceso del que sin duda se sentían partícipes.
  • Y en sexto y último lugar, la liturgia. Obviamente, nadie entra en la sala antes de que lo haga el tribunal. La palabra la tienen solo los miembros del tribunal y el doctorando (cada uno en el momento procesal que corresponde) y cuando el tribunal cede la palabra a alguien ajeno a ese proceso, solo lo hace con los directores de la tesis: el resto somos, realmente, solo observadores invitados. En la valoración del tribunal sobre la tesis defendida, todos salimos de la sala y finalmente y para mi sorpresa, fruto sin duda de la ignorancia… el dictamen del tribunal, al volver a entrar todos en el aula magna, se lee y escucha con todo el mundo de pie.

Me encantó haber tomado la decisión de asistir. Me hizo recordar algunas cosas que, a pesar de resultar con frecuencia obvias, olvidamos cara vez con mayor asiduidad por la cultura dominante del igualitarismo y lo políticamente correcto:

  • No es necesario, ni conveniente, ni deseable, que todo el mundo pueda asistir a cualquier cosa. Como en el gato de Schrödinger, la simple observación puede alterar el estado de realidad. 😉
  • No todo el mundo hace el mismo esfuerzo en la vida por alcanzar una meta. No todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Y por lo tanto, no todo el mundo tiene derecho a un reconocimiento equivalente. :-/
  • El esfuerzo que alcanza metas reconocibles devenga en valor. Y eso significa que lo contrario también aplica. La igualdad debe defenderse en las oportunidades… pero la diferencia en las mismas no es justificación de casi nada: es raro que la vida no te permita de alguna manera acumular méritos y, si alguien no quiere hacerlo, debería notarlo. 😡
  • Los ritos y las liturgias son esencialmente respeto. Por una persona, por un momento, por un acontecimiento, por un trabajo… Y están bien: ayudan a reconocer y ser justos con lo diferente y bueno. Si se producen desde la honestidad y la sencillez y se alejan de lo casposo, no solo están bien… es que están muy bien. 😎

Enhorabuena, Eneko.

Sin duda alguna… no estuve en una conferencia, sino en un acto esencialmente académico.

Oigan, una tesis doctoral.

Un respeto.

Vibraciones: “agilismo” y esquemas limitados

El pasado 22 de mayo asistimos al tercer congreso BAC (Business Agility Corporation, club del que formamos parte) en el impresionante auditorio de la Ciudad Financiera que el Santander tiene en Madrid.

Nuestra aproximación al BAC es reciente, como lo es a los conceptos que anidan tras las palabras “DevOps”, “Agile” o “Responsive”, entre otras… y ya les aseguro que las distinciones conceptuales no son sencillas al margen de la práctica.

Como a estas alturas ya saben los lectores habituales de este blog, en mi empresa no nos dedicamos precisamente al mundo del software sino a la producción de componentes metálicos de automoción, así que podríamos decir que el concepto de “Agile” nos ha llegado tarde y mal.

Agile” nació como un manifiesto promovido por un grupo de desarrolladores de software que proclamaron lo siguiente:

Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software

Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar
software tanto por nuestra propia experiencia como
ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos
aprendido a valorar:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas
Software funcionando sobre documentación extensiva
Colaboración con el cliente sobre negociación contractual
Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Esto es, aunque valoramos los elementos de la derecha,
valoramos más los de la izquierda.

Se dotaron de unos principios fundamentales que, si tienen la curiosidad de leer (se lo recomiendo vivamente), creo que les conducirán inevitablemente a interpretaciones que van mucho más allá del corsé del software y que les propondrán revisar mentalmente algunas de las seguridades que culturalmente tenemos asumidas desde hace tiempo.

Para poner en práctica el manifiesto y sus principios, las empresas de software comenzaron a desarrollar metodologías y formas de trabajo con notables dosis de contraculturalidad, por lo tanto, así como a integrar algunas prácticas desarrolladas en paralelo en el territorio de la gestión empresarial en general.

Entre las primeras, destacan con fuerza SCRUM, como modelo metodológico y de organización para la gestión de equipos de proyecto, o DevOps, una especie de marco general de trabajo que descansa sobre la integración de desarrolladores y sistemas (u operaciones, en terminología de software, que conceptualmente no va mucho más allá que los ya históricos equipos interdisciplinares de desarrollo de proyectos que integran la ingeniería de proyectos, la producción y la ingeniería de instalaciones), aunque en este caso con el añadido de herramientas de automatización de procesos que permiten a los desarrolladores centrarse en su core y hacerlo con seguridad y calidad del producto.

Entre las segundas, hay que mencionar inevitablemente todo concepto lean (lo que incluye desde el kanban hasta el lean startup y el concepto de MVP) y el design thinking como modelo de aproximación a la resolución de problemas y al desarrollo de retos, configurado en forma de propuesta iterativa de observación y de orientación permanente a clientes y usuarios (basada en ciclos continuos de experimentación, prototipado rápido y aprendizaje desde las mismas) y en una amplia colección de herramientas metodológicas que ayudan a recorrer el camino y a configurar la salida.

Ejem… ya empezamos con la ensalada de palabros que vamos echando al puchero de la gestión de la empresa sin aparente sentido, ¿no creen?

A ver…

Elevándonos a un plano no demasiado estricto, podemos decir que una empresa “agile” es equivalente a decir “una empresa ágil”, entendiendo por tal una empresa capaz de adaptarse con gran rapidez, productividad y eficacia a los cambios que en su entorno se fueran produciendo, de forma previsible o imprevisible.

En ese sentido, “Agile” tiene mucho que ver con la idea de “Responsive” que ya citamos en el post anterior y que ya habíamos trabajado en Co-Society, pero el hecho de que el origen sea diferente (desde el lado operacional hasta el estratégico en el caso de agile… e inverso en responsive), hace muy visible que aún no se ha convergido suficientemente y que por tanto queda camino por recorrer.

El intento de “Agile” de llegar hasta la estrategia tiene su base precisamente en su origen. Nace ligado al desarrollo de producto… en empresas cuya tecnología operativa es precisamente el software y el hardware ligado a las TIC. Eso hace que el paso de lo operativo a lo estratégico se dé de forma muy natural, porque está en la naturaleza de su negocio.

Por eso también, las empresas más avanzadas en agile (aparentemente), son bancos, aseguradoras, empresas de telefonía… que en el fondo soy hoy “empresas TIC”. Si observamos realidades agile avanzadas en otro tipo de empresas, es raro encontrarlas al margen de su área TIC.

Todas ellas, no obstante, visualizan con claridad que en un entorno extraordinariamente cambiante, marcado por la velocidad, la reducción de los lead-time y los ciclos de vida y, sobre todo, por la incertidumbre creciente que rodea toda actividad empresarial actual, la idea de “agilidad” responde a una absoluta necesidad, sea cual sea el sector en el que se opere.

Construido desde la experiencia y la reflexión de las “empresas TIC” que antes mencionaba (es una humilde hipótesis personal, no contrastada), BAC ha elaborado un muy interesante esquema visual que reproduzco a continuación:

Acierta en muchas cosas, en mi opinión, como en el cimiento lean, los pilares de personas y cultura (cuidado con la cultura), la permanente orientación a la idea de valor y, sobre todo, el esquema de Organización / Infraestructuras / Producción / Negocio como elementos necesariamente ágiles en una organización ágil.

Aclara también cuál es el lugar que primordialmente corresponde a piezas concretas del puzzle, incluida la importancia de mimar los elementos de trasformación de cultura o la de los cambios que suponen en el ámbito de compras o finanzas la “contratación agile“.

Pero, desde la analogía “agile” y “responsive” que antes les proponía… se queda corto. Una empresa “no-TIC” ve el desafío de agilidad desde lugares de prioridad que para las empresas TIC son más secundarios. Para las “no-TIC”, la integración de proveedores en la cadena de valor y singularmente en la mejora e innovación de procesos, es un elemento de agilidad muy poderoso… incluso (permítanme la provocación) si se realiza desde planteamientos waterflow o clásicos de gestión de proyectos. Lo mismo podríamos decir de los procesos de innovación abierta, de inteligencia competitiva o de otros aspectos relevantes de la gestión empresarial.

En el III Congreso BAC, solo la ponencia de Siemens-Gamesa pertenecía a esa categoría de “no-TIC”. Trataba sobre una iniciativa de “open innovation”… y parecía un marciano verde en un campo de amapolas (perdóname, Mónica 🙄 ). Casi que hubiera sido necesario explicar por qué había una ponencia así en ese congreso…

Y sin embargo… son asuntos que aportan una innegable agilidad a la organización.

Dentro de nuestro equipo, Yuri Noda ha construido recientemente aportaciones interesantes desde este punto de vista. No incluiré aquí los mapas mentales que ha elaborado (son intelectualmente suyos… 😉 ) pero sí me voy a tomar la licencia de citar algunos de los conceptos clave que incorpora, como (además de los tres anteriores), el trabajo con startups, el marketing o el aprendizaje desde la idea de agilidad, los modelos de gobernanza, la automatización sobre tecnologías “no-TIC”, el trabajo en redes, las relaciones de transparencia y confianza

Nuestros esquemas mentales son siempre un limitante, ya lo ven… Incluso para quienes van por delante. 😉

Queda camino por recorrer… y eso siempre está bien. 🙂

Vibraciones: Cataluña

Mi muchas veces admirado Manel Muntada, ha abrazado definitivamente la defensa pública en las redes del referéndum catalán convocado por la Generalitat para este domingo.

La mayoría de mis amigos y conocidos catalanes lo ha ido haciendo a lo largo de los últimos meses, y aunque en su caso me había parecido que de forma más tardía (algunos de mis contactos llevan al menos dos años haciendo proselitismo del “problema catalán” y ya hace mucho que no hablan ni comparten otra cosa), ayer enlazaba en Facebook un artículo de Jordi Galves, publicado por elnacional.cat, que les invito a leer antes de seguir con este post.

¿Ya?

¿Lo han leído?

Pues sí es así…

  • En efecto. Todo eso y mucho más (pero más serio) es lo que muchos miles (¿millones?) de personas y toda una generación de dirigentes políticos han decidido arriesgar jugándose la partida a un órdago a la grande.
  • Y sin embargo… ya hace mucho, pero mucho tiempo que observé que los viejos jugadores de mus juegan “a la piedra”… y es la forma en que parece que siempre… terminan ganando.

Hace ya más de cuatro años que conversaba con Alfons Cornella y Josep Lluis Sánchez en un acto que organizamos en Mondragón sobre lo que entonces ya estaba en marcha, al hilo de la convocatoria de Artur Más para el fallido referéndum de noviembre de 2014. Ellos ya estaban convencidos del camino a seguir, a pesar de que mi visión (distante, no podía ser de otra forma) se aproximaba más la de una generación de políticos catalanes que había decidido conducir a sus ciudadanos por el abismo de las emociones… que es un camino que percibo que siempre acaba mal.

Como mínimo, como un ejercicio de gigantesca frustración social y colectiva.

Con suerte.

Muchos meses más adelante, quizá un par de años, manifestaba públicamente mi estupor (creo que fue mediante un tuit) por la forma en que mi mil veces envidiada, culta e inteligente Cataluña seguía haciendo ruta hacia un suicidio colectivo. “No lo entiendo”, decía yo… Alfons se ofreció: “Te lo explico”. Y yo: “Gracias, pero creo que no me apetecen explicaciones”.

En realidad, creo que sí lo entendía… Lo entiendo. Pero me siguen sin apetecer las explicaciones, porque no tienen ningún valor.

No he escrito prácticamente nada sobre Cataluña en estos años de tensión y desafío político, ni en forma de artículos, ni de enlaces, ni siquiera de comentarios a las publicaciones de los demás. No creo que en total haya más de una decena de modestas y brevísimas intervenciones mías en las redes sobre este tema… y un par de ellas (les aseguro que honestamente creo que MUY educadas y hasta discretas) han tenido como consecuencia que alguien me ha dejado de seguir.

La mentira egoísta es infinitamente menos dañina que la que se envuelve en papel de regalo. La verdad y la honestidad intelectual son conceptos mutilados en las discusiones que observo y la manipulación más descarada camina desnuda entre las justificaciones sin que nadie se atreva a decírselo al rey. Y no encuentro que NADA de lo que ha venido sucediendo en la vida pública en estos años, por poco que me satisfaga o por mucho que me repugne, lo justifique.

Veo a amigos y conocidos embarcados en una etapa emocionante y “trascendente” de sus vidas. También alguno por aquí, aunque la distancia predomina. Pero a mí me genera una profunda tristeza. Qué pena…

Reflexiones: ética y negocio

Retribuir al accionista” es una de las máximas que aparece en letras de oro en la descripción clásica de la función de una compañía. Cierto es que las mismas teorías clásicas reconocen en su mayoría y al mismo tiempo la “función social de la empresa” (basada en la creación de riqueza y de empleo que genera su actividad, directa e indirectamente, en el entorno en el que opera), aunque sea como consecuencia derivada de la misma y no como propósito original.

Sin embargo, hace ya tiempo que ambas funciones se han quedado muy cortas para lo que la vida económica y social de las sociedades contemporáneas están dispuestas a tolerar… o, como veremos en los siguientes párrafos (si me acompañan con su lectura, queridos lectores), al menos en un número importante y creciente de ocasiones.

Hoy nadie pone en duda que el profundo progreso de la globalización de los mercados (cuyo efecto más positivo ha sido la reducción de los niveles de pobreza en el planeta), ha hecho que algunas de las consecuencias indeseables que también ha generado, como la desigualdad, la explotación o la corrupción, se enfrenten a un mundo donde el conocimiento y la información, formal o informal, veraz o tergiversada, también fluyen de manera planetaria. No es pues posible ya vivir con los ojos cerrados: los flujos de información distribuida abren grietas en los esquemas clásicos de función empresarial, a poco que se descuiden sus responsables.

Nadie, desde un plano teórico al menos, cuestiona que la retribución al accionista, lícita como contraprestación al riesgo a que somete a su patrimonio, solo puede ser (al contrario que desde el concepto anterior) una derivada de otros propósitos que primero se identificaron con aportar valor para el mercado (“el cliente es el rey”), luego con aportar valor social (“responsabilidad social corporativa”) y en la actualidad también aportar valor para la persona empleada (del “capitalismo emocional” a la “guerra por el talento”).

Es de ahí de donde nace, en definitiva, el trinomio de sostenibilidad económica, social y medioambiental que define hoy cualquier modelo de gestión sostenible.

Pero lo que diferencia la época actual de la inmediata precedente no es un territorio de conceptos… sino de juicios. Hablo de esos flujos de información distribuida que generan un juicio social que acaba impregnando (en el lado bueno) o impregnado (en el malo) por la política, los mercados y hasta los emergentes movimientos sociales de empoderamiento ciudadano, contaminados a su vez y con frecuencia por los anteriores en un tótum revolútum en el que es francamente difícil discernir, con demasiada frecuencia, dónde está la paja y dónde el grano.

Lo que es importante entender es que este escenario es un hecho que nos acompañará al menos durante un buen puñado de años y que descuidarlo puede tener consecuencias catastróficas para un negocio.

Así que tengan cuidado si tienen algo que ocultar: las paredes oyen más que nunca, los ojos se multiplican sin ser vistos y las posibilidades de difusión… son casi incontrolables.

Internet lo ha cambiado todo.

XXX-LEAKS, XXX-GATE, FILTRACIONES…

El escándalo por filtraciones intencionadas de secretos o de informaciones reservadas es un fenómeno ya muy viejo, con casos de impacto socio-político relevante cuyos protagonistas (delatores o “whistleblowers”) la Wikipedia registra en una tabla que comienza en el siglo XVIII (salvando la pintoresca referencia a Fray Bartolomé de las Casas de 1515 🙂 ).

Si se analiza la evolución histórica y en especial la más reciente, es fácil observar cómo los casos de fugas de información se han ido “democratizando”, pasando desde los secretos de estado a manipulaciones fraudulentas de capitales en el mundo financiero, sobornos, manipulaciones y comisiones ilegales en empresas, ocultamiento de patrimonios personales… y hasta contratos ligados al fútbol o actividades de la vida privada de millones de personas.

Pero hay otras lecturas que pueden hacerse de la evolución histórica, al margen del impacto mediático de casos como el Wikileaks de Manning, el de los documentos sobre espionaje de la NSA de Snowden, o el del HSBC de la lista Falciani.

Internet ha provocado en los últimos años un incremento brutal de las fugas de información: al mismo tiempo que la información digitalizada se almacena en volúmenes que crecen exponencialmente, la posibilidad de filtrar grandes masas de información crece igualmente y en la misma proporción. Todo depende de que haya un individuo capaz y comprometido con la fuga de información, por la razón que sea, para que los secretos queden al descubierto. Pues bien… la gráfica que se muestra a continuación refleja los casos de “delatores” que la Wikipedia tiene registrados en la tabla antes mencionada desde el año 1965… ¿Notan el crecimiento exponencial que se había empezado a producir hasta el año 2012? ¿Y no les llama la atención la drástica caída hasta 2016?

Los estados y los núcleos de poder reaccionaron en 2010 tras el Cablegate de Wikileaks persiguiendo con fiereza a los responsables personales de la filtración (Edward Manning) o de la difusión de la información (Julian Assange), hecho que tuvo un segundo gran episodio en la publicación de documentos que sobre sistemas de espionaje masivo de ciudadanos por parte de la NSA protagonizó Edward Snowden en 2013.

¿Qué ocurrió a continuación?

Pues que 3 años después volvió a aparecer otra filtración masiva, la mayor conocida en la historia, centrada en documentos mercantiles que afloraban prácticas fraudulentas (o cuando menos poco moralizantes fiscalmente hablando) de innumerables personajes públicos en todo el mundo: los Panamá Papers. Pero en esta ocasión… ¿alguien sabe quién fue el whistleblower de los Papeles de Panamá? ¿Nadie?

El crecimiento estadístico de los delatores detectados se ha quebrado… pero el volumen de información aflorado no.

Hay cosas… que ya no se van a poder detener.

ESTÁ EN LA NATURALEZA…

Es necesario huir del maniqueísmo de pensar en términos de “teorías conspiranoicas” para todo lo que sucede, de la existencia de un oculto “poder maligno”, de considerar que “los poderosos” son una casta cerrada y ajena a nosotros, conformada por extracción de la sociedad de quienes heredan el germen del mal. Las estadísticas muestran tozudamente que esas castas heredables existen, pero son una auténtica minoría entre los que ostentan poder… cada vez más. El poder “se rellena” en gran medida, generación tras generación, por personas “normales” cuyas vidas transcurren orientadas a alcanzarlo, pero que muchas veces no nacen con esa intención, vidas que en un determinado momento de su existencia se consideran responsables del futuro de sus conciudadanos, e incluso de salvar al mundo erradicando lo que consideran (y a veces acertadamente, no lo olvidemos) el ejercicio del mal.

Y cuando un ser humano se considera a sí mismo responsable de “salvar” a los demás… el relativismo echa raíces, la ambición ciega y el ego se demuestra insaciable en el camino a la gloria, personal o social.

Volviendo la mirada hacia la empresa, no es posible negar que se encuentran razones para el desalineamiento de la acción empresarial y los valores ligados a comportamientos éticos:

  • La naturaleza de la función directiva – Las decisiones suelen ser complejas, hay que actuar con rapidez y existe mucha presión para lograr los máximos beneficios en el menor plazo posible.
  • La inercia en los procesos de decisión – Los equipos pueden ser muy grandes y resulta difícil cambiar su rumbo.
  • Una cultura empresarial poco sensible – Se da una importancia central a los resultados, todo se subordina a lo económico.
  • La racionalización de las conductas – Mensajes como “siempre se ha hecho así” o “si no lo hacemos nosotros lo harán nuestros competidores” justifican cualquier comportamiento y desactivan a quienes pretenden actuar de modo distinto.
  • Procesos de socialización – “Así se trabaja en esta casa” o “debes hacerlo si quieres ser uno de los nuestros” son otros lemas que anulan las críticas, apelando al sentido de la lealtad y al deseo de pertenencia de los empleados.
  • Los valores predominantes en la sociedad – Nada de lo anterior tendría grandes consecuencias si la sociedad en su conjunto no estuviera gobernada por valores como el individualismo, el utilitarismo, el emotivismo y el relativismo.

El problema de “caer en el barro” es que las consecuencias positivas de una acción no ética se observan con rapidez (se adoptan justificadas en razones como las anteriores, pero siempre con un propósito definido)… pero el impacto real sobre la compañía y sus dirigentes de las potenciales consecuencias negativas NUNCA se interioriza hasta que ocurre, mucho más tarde.

CASOS PARA TODOS…

En el mundo económico, el recuerdo más sangrante y dramático que seguro tendrán grabado a fuego es el de la caída en 2008 de Lehman Brothers, el banco americano de inversión, fruto de un descalabro del mercado inmobiliario derrumbado sobre la vergonzosa práctica de las hipotecas subprime, a su vez esparcidas por todo el mundo. Aún no nos hemos recuperado en el planeta del desastre que provocó todo aquello… y no sé ni si habrá aún consecuencias colaterales que perduren en la política y en la sociedad… ni si habremos aprendido algo.

La connivencia de grandes empresas con la política ofrece casos como el de la petrolera brasileña Petrobras, inmersa en un escándalo de sobornos por adjudicaciones que terminaros por financiar al partido en el gobierno, a sus campañas electorales y a muchos responsables públicos… y que derivó finalmente en una pérdida del 70% de su capitalización bursátil, más adelante en la destitución indirecta de Dilma Rousseff, presidenta del país… y ya veremos en qué más aún.

Éste de la corrupción política, con comisiones por adjudicaciones a empresas mediante, es un territorio abonado en muchos países, como saben… y de todo color político. En España, baste recordar el reciente asunto del Canal de Isabel II (que está suponiendo el desmembramiento de todo su entramado internacional), los casos de financiación irregular de PP, PSOE o CIU (GürtelBárcenas, Púnica, Filesa, ERE, Palau…), u otros más diversos que pueden ir desde la comercialización para consumo humano de aceite de colza desnaturalizado, hasta los casos de las torres KIO, Rumasa, Banesto, Gran Tibidabo, RoldánPaesa, Forcem, Fórum, Gescartera, ITV, etc., etc., etc.

Aparentemente, casi siempre hay empresas aportando comisiones jugosas a cambio de favores y contratos públicos, pero sin embargo, en nuestro entorno y sin saber muy bien por qué, el juicio social cae más sobre los políticos que sobre los empresarios… por ahora.

Porque “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”

¿Se acuerdan de Enron, el gigante norteamericano de la energía? Su desplome y quiebra tras destaparse sus sobornos y la manipulación de su contabilidad llevaron al desempleo a decenas de miles de trabajadores y a la pérdida de miles de millones de dólares a sus accionistas. ¿Y qué me dicen de Arthur Andersen, en aquel momento una de las firmas de consultoría de mayor dimensión y prestigio del mundo, desaparecida en menos de un año al verse arrastrada por la corriente de Enron, por connivencia y ocultación de sus estados financieros?

Famoso es también el caso de Siemens en Grecia, donde se dilucida un posible soborno de docenas de millones de euros a cambio de la obtención del contrato de digitalización de la red telefónica del país y donde hay varios responsables alemanes encausados, en un estado donde el soborno a un alto funcionario público está penado con cadena perpetua. Claro que eso no es nada comparado con los 12.000 ciudadanos de Arabia Saudí identificados en la filtración de datos de Ashley Madison, que desvela un comportamiento (el adulterio) que ese país castiga con la pena de muerte… pero no está mal eso de la cadena perpetua, ¿no creen? Una broma.

Podemos seguir, con casos más grandes y más pequeños… Como con el escándalo de utilización de carne en mal estado por parte de McDonald’s en China en 2014, que redujo sus ventas mundiales en un 4% en el mes posterior, con la reducción de casi 70.000 millones de ventas de Nestlé en 2015 tras la detección de plomo en sus fideos Maggi, con la dimisión del presidente de Toshiba y el despido (por ajuste de supervivencia) de más de 7.000 de sus empleados tras descubrirse ocultaciones contables, con la reducción a la mitad de los pedidos domésticos en Japón de los vehículos de Mitsubishi hace solo un año por la manipulación de pruebas de la eficiencia de la combustión, que finalmente acabó con su absorción por la alianza Renault-Nissan…

Para terminar, Volkswagen como paradigma: la instalación de un software ilegal para engañar durante las mediciones de gases contaminantes en 11 millones de vehículos diésel en todo el mundo, detectado en USA en 2016, obligó a la compañía alemana a pagar pagar 17.500 millones de dólares como compensación a los propietarios de los vehículos afectados y a los concesionarios (y una multa de 4.300 millones al Departamento de Justicia), condujo al achatarramiento más que probable de 325.000 vehículos devueltos por sus propietarios, e implicó la imputación penal de 6 ejecutivos de VW, además de la dimisión de su presidente. Y eso solo en Estados Unidos, donde a finales del año pasado la compañía anunció que renunciaba definitivamente a la venta de diésel, en un nicho de mercado del que poseía una cuota cercana al 70%.

El impacto en Europa del llamado Dieselgate está sin cuantificar… pero la sombra de la sospecha se ha extendido a otros fabricantes y el futuro de la tecnología diésel en el mundo es ciertamente sombrío, empujado en sentido contrario por la ola del vehículo eléctrico como tabla de salvación.

Eso sí… VW siguió siendo el primer fabricante del mundo. Como les decía, los comportamientos poco éticos en las empresas (y añadan aquí a multinacionales textiles o tecnológicas y la explotación infantil, por poner otro ejemplo) no acaban de tener consecuencias dramáticas en la reacción de los mercados de consumo europeos y de otras regiones del mundo, donde a pesar de las crecientes protestas sociales nadie parece estar dispuesto a castigarse a sí mismo… sobre todo si de esas situaciones se deriva una oportunidad de adquisición de un bien en condiciones ventajosas… 😦

PERO BASTA CON UNA PERSONA…

Es otro signo de los tiempos: una sola persona puede estropear el mejor escenario dibujado sobre malas prácticas.

No es solo una cuestión de los tristemente famosos Manning, Assange, Falciani o Snowden…

En el caso VW, el escándalo se destapó a raíz de un estudio realizado por la Universidad de West Virginia, financiado por la organización sin ánimo de lucro ICCT, realizado por un pequeño equipo de 4 personas (entre ellas, el ingeniero valenciano Vicente Franco).

Hay en el mundo muchas organizaciones de cuyo trabajo se pueden desprender consecuencias inesperadas… y son tantas… que su control es simplemente imposible.

Pero es que además hay personas que, como individuos, han optado por tener un comportamiento ético diferenciado del estándar de la sociedad a la que pertenecen, tras ser conscientes del poder o el privilegio al que pueden aspirar.

Hagamos un paréntesis…

¿Saben quién es Grigori Perelmán?

Es un matemático ruso que ha hecho contribuciones históricas a la geometría riemanniana y a la topología geométrica (¡por favor no me pregunten por ello…! 😛 ).

En particular, ha demostrado la “conjetura de geometrización de Thurston”, con lo que se ha logrado resolver la famosa “conjetura de Poincaré“, propuesta en 1904 y considerada una de las hipótesis matemáticas más importantes y difíciles de demostrar.

En agosto de 2006 se le otorgó la Medalla Fields (considerada el mayor honor que puede recibir un matemático) por “sus contribuciones a la geometría y sus ideas revolucionarias en la estructura analítica y geométrica del flujo de Ricci”. Sin embargo, él declinó tanto el premio como asistir al Congreso Internacional de Matemáticos.

El 18 de marzo de 2010, el Instituto de Matemáticas Clay anunció que Perelmán había cumplido con los criterios para recibir el primer premio de los problemas del milenio de un millón de dólares, por la resolución de la conjetura de Poincaré. Pero él, como en el caso anterior, rechazó también dicho premio y declaró: “No quiero estar expuesto como un animal en el zoológico. No soy un héroe de las matemáticas. Ni siquiera soy tan exitoso. Por eso no quiero que todo el mundo me esté mirando.”

¿Y saben quién es Moxie Marlinspike?

Pues un genio. Su batalla civil, empresarial e ideológica se sustenta en principios cuasi-anarquistas. De él (su nombre es un apodo), se dice que es el hacker más respetado y temido, un joven programador y empresario que se alza contra la monitorización del estado y que llamaría poderosamente la atención a primera vista en una reunión de grandes firmas, en mundo en el que todavía asoma el traje cruzado, la corbata del siglo pasado, un ministro y una “ristra de folletos” para recibir una subvención.

Whisper Systems es su respetadísima empresa en Silicon Valley, creada tras abandonar su responsabilidad sobre la seguridad de Twitter. Desde allí lanzó dos nuevas aplicaciones para dispositivos que usan Android (RedPhone y TextSecure), para impedir el espionaje incontrolado de las comunicaciones: “Los protocolos de Internet no fueron diseñados sobre un concepto de seguridad, así que hay mucho trabajo por hacer. No se trata de elegir entre usar Google y no preocuparse por la privacidad o dejar de usar el buscador. Tenemos que crear las posibilidades para que la gente use herramientas de seguridad”.

Rechazó hace tres años 1 millón de dólares anuales del Departamento de Estado por trabajar para ellos. En cambio, en 2016 fue quien cerró el cifrado de los mensajes de Whatsapp.

Hay gente así, en todo el mundo. Personas que pueden aflorar una información comprometida o desarrollar soluciones que incomoden a una gran empresa o al poder político, con consecuencias a veces difíciles de predecir.

Y no van a desaparecer.

Individuos como Gregori Perelmán o Moxie Marlinspike ha habido siempre. No es que las nuevas generaciones sean esencialmente diferentes… pero sí lo es su capacidad de empoderarse como individuos y de autoorganizarse colectiva y distribuidamente.

Tomen nota.

POR DÓNDE EMPEZAR…

Tal vez piensen que todo esto es privativo de las grandes multinacionales y de los grandes centros de poder… pero no, no es así. El riesgo de caer en estas prácticas afecta potencialmente y por igual a empresas de cualquier lugar, grandes, medianas y pequeñas, en momentos donde el fiel de la balanza se inclina muchas veces solo por una cuestión de oportunidad. Como en los procesos de corrupción política, nadie nace corrupto, sino que su camino vital le lleva ocasionalmente a lugares donde, quiera o no, se deberá enfrentar a decisiones que le situarán en el lado del bien o del mal.

Desde los manidos asuntos de aprovechamiento de activos de la empresa en que uno trabaja (desde llevarse folios a sacar fotocopias personales, pasando a temas mayores como el cobro injustificado de dietas, por poner algunos ejemplos de aprovechamiento personal), hasta los pagos en negro para solventar una reclamación en cliente, la entrega de regalos, comisiones o pequeños sobornos (a todos los niveles: desde un carretillero en una planta de producción del cliente para que mueva unos cestones que hay que seleccionar, hasta un responsable de relevo para que adapte el proceso para que se pueda procesar un material no conforme… o al pago de comisiones a un director de compras por la adjudicación de un pedido), o el eufemismo de algunos “gastos de representación” empleados en conseguir un contrato… las posibilidades que se abren para adoptar una posición ética o no ética en los negocios son numerosas.

Y recuerden que las presiones “utilitaristas” existirán.

Recuerden que los riesgos serán minusvalorados.

Pero recuerden también que, si se manifiestan… pueden ser demoledores.

Por eso, un primer paso es establecer una política de actuación clara y pública que identifique como no deseables determinados comportamientos internos que se consideren éticamente inadmisibles por parte de la empresa, incluyendo las consecuencias que se deriven de su incumplimiento.

Hablamos de un código ético.

Hace ya algunos años que algunas empresas, incluso, han empezado a exigir a sus proveedores la adopción pública de códigos éticos, preocupadas por que no solo en su actividad, sino en toda su cadena de suministro, no se produzcan comportamientos indeseados que puedan dañar su imagen pública y en definitiva su negocio.

Son instrumentos para promover la interiorización de valores organizativos y comunicar a todos los miembros de la empresa, e incluso a proveedores y subcontratas, el comportamiento que éstos han de seguir en sus relaciones con los diferentes grupos de interés de la compañía.

Pero no se equivoquen… un código ético no es una declaración de intenciones: adoptarlo puede derivar en implicaciones no cómodas en los sistemas de valoración, régimen disciplinario, compras, alianzas, captación de pedidos y muchos otros, que quizás haya que adaptar con seriedad y aplicar con firmeza.

Si quieren profundizar en los posibles contenidos de un código ético, les recomiendo una lectura detallada del documento elaborado por Silvia Ayuso y Jordi Garolera sobre “Códigos éticos en las empresas españolas, un análisis de su contenido” (editado por la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa de la Escuela Superior de Comercio Internacional, de la Universidad Pompeu Fabra), donde se estratifican datos de 2010 de numerosas empresas españolas y se comparan, además, con datos de 2002 de un grupo de contraste de empresas multinacionales.

En resumen, un código ético puede regular:

  • Las responsabilidades con los clientes (calidad, integridad, honestidad, confidencialidad…).
  • Las responsabilidades con accionistas (compromiso, transparencia, aumento de valor…).
  • Las responsabilidades con empleados (no discriminación, prevención de riesgos laborales, respeto…).
  • Las responsabilidades con proveedores (equidad, integridad, peticiones razonables…).
  • Las responsabilidades con la competencia (lealtad, respeto, libre mercado…).
  • Las responsabilidades con el medio ambiente (prevenir, restaurar, limitar, reducir la contaminación…).
  • Las responsabilidades con la sociedad (respeto de DD.HH., no trabajo infantil, imparcialidad política…).
  • El uso de fondos corporativos (no fraude, gastos injustificados o malversación de fondos…).
  • El uso de equipos corporativos (protección, conservación, uso apropiado…).
  • El uso de información corporativa (no uso de información privilegiada, no filtrar información confidencial…).
  • La relación con autoridades (no corrupción, soborno o conflictos de interés, no favoritismos…).
  • El uso del tiempo corporativo (no abuso privado de internet, no alcohol o drogas, no bajas injustificadas…).
  • El trato entre empleados (no discriminación ni favoritismo, no acoso sexual, no bullying…).

Desde hace ya unos años se habla de programas de Compliance, que añaden al contenido de los códigos de conducta el análisis y la protección frente a la responsabilidad penal, el compromiso de realizar informes de sostenibilidad según las recomendaciones del GRI o el respeto a la normativa legal interna y externa, entre otros aspectos.

Es además creciente la exigencia de algunos clientes de certificar partes del programa mediante auditorias de terceros. En el automóvil, por ejemplo, BMW, Volvo o Daimler caminan ya en esta dirección.

El mundo ha cambiado y urge ponerse a ello.

Esta vez, para bien.

Vibraciones: voluntariado, a tu lado

Para la mayoría de nosotros, la palabra voluntariado evoca inevitablemente proyectos de cooperación en el exterior, personas implicadas en ofrecer ayuda social en países cuyas necesidades son evidentes solo con querer verlas… o en el lado más próximo, a adolescentes colaborando con campañas de recogida de ropa u alimentos o con acciones coordinadas desde una acción social y solidaria promovida desde los centros educativos.

Y no sé muy bien por qué, porque a ninguno se nos escapa que existe igualmente un voluntariado adulto y responsable que se encarga entre nosotros de una parte de nuestra sociedad que no queremos tampoco ver, de colectivos desfavorecidos o en riesgo de exclusión. No alcanzo a ver la razón, pero me da la impresión de que este voluntariado pasa socialmente más desapercibido.

Entre la diversidad de asuntos con los que me enfrento en mi función laboral, en las últimas semanas he dedicado tiempo, junto con una compañera de equipo, a analizar posibles vías de colaboración con entidades externas en materia de transformación social.

Bagara, Aita Menni, Gizabidea, Cáritas, Saiolan…

Ha sido un trabajo muy sencillo basado en un proceso igualmente simple (indagación y escucha, recopilación, agrupación por afinidad, presentación de conclusiones y propuestas de continuidad), breve pero al mismo tiempo interesante y humanamente rico.

Entre nosotros hay personas que voluntaria e indivualmente colaboran con asociaciones que se dedican a ofrecer apoyo a personas que carecen de ello, personas que no saben, no pueden o incluso ya no quieren salir de un lugar vital al que se sienten condenadas, desde la resignación, desde la enfermedad o hasta (paradójicamente) desde la rebeldía.

Quiero poner el acento en los voluntarios y no en las organizaciones, porque muchas de éstas serían inviables sin los primeros, que forman parte imprescindible de su supervivencia. Los recursos son siempre escasos y lo han sido más en estos años de gran crisis, por lo que la acción desinteresada ha sido y sigue siendo clave para que, precisamente, la sociedad en su conjunto pueda mostrarse resiliente a situaciones de una enorme dificultad.

He conocido a personas que, después de su trabajo o al cerrar su tienda, participan en procesos de acogida de inmigrantes, de personas con desequilibrios psíquicos (muchas veces detonados por situaciones de drogadicción), o con convivencias familiares violentas o fuertemente desestructuradas… Lo hacen por parejas, porque no es evidente que la conversación de acogida discurra siempre por los cauces del respeto necesario, porque las historias de vida que llegan nunca son sencillas. Y acogen a cualquiera que llegue, sin excepción.

He conocido a personas que trabajan desinteresadamente en los centros ocupacionales donde muchas personas, en especial colectivos inmigrantes, encuentran un sentido al hecho de levantarse cada día para ser útil. Voluntarios que les ayudan a realizar trabajos sencillos ocupacionales que ceden algunas empresas colaboradoras, que les educan en las disciplinas necesarias para acceder en el futuro al mercado laboral (desde utilizar y cuidar ropa de trabajo, hasta ser puntual o trabajar con el rigor necesario) o que les forman en aspectos básicos y cotidianos (desde cómo sacar un billete para el metro hasta aprender el idioma o entender una tabla sencilla para registrar información).

He conocido a personas que utilizan su apreciado tiempo libre para entrenar a equipos deportivos de personas con enfermedad mental o con discapacidades, que se dejan la piel en colaborar en campañas de recogida de ropa para refugiados, ordenando, seleccionando y procesando lo recogido para que realmente preste una función social… y así una larga lista de posibilidades de ayuda hechas realidad.

Y lo hacen desde la consciencia de que hay una parte de nuestra sociedad (que no es pequeña aunque no miremos hacia ella) que no está en disposición de alcanzar un estado de vida que pudiéramos calificar como digno.

No me verán en el lado del igualitarismo, al que considero contrario a la esencia humana. Tampoco creo en que un estado pudiera garantizarlo, porque quien lo gobierne será precisamente humano (y por tanto con sus pasiones y miserias, junto a sus grandezas), pero sobre todo porque estará sujeto a valoraciones públicas de capas mayoritarias de la población que desean sinceramente corregir los desequilibrios pero al mismo tiempo no retroceder en su forma de vida.

Pero lo que sí creo que es posible es un aldabonazo a la conciencia de muchas personas que, más allá de la caridad (que desde luego yo no considero negativa, aunque ese es otro debate en el que hoy no quiero entrar), pueden sentir que transforman para bien la sociedad a través de su trabajo.

Este es un concepto muy “cooperativo” y que creo es muy poderoso. De hecho, está en el corazón de muchos movimientos populares actuales ligados a la religión en el mundo islámico, por ejemplo, que lo utilizan desde la responsabilidad social pero también, sectaria y políticamente, para generar adhesión. Mi propuesta es que, tal y como sucede actualmente entre nosotros, se plantee como un movimiento por la dignidad, sin limitaciones políticas, confesionales o sociales, con el respeto mutuo como única condición.

Me llamó poderosamente la atención la acción social de Cáritas. No especificaré más porque no quiero resaltar diferencias entre las iniciativas de las restantes organizaciones, también importantes, pero es de justicia mencionar que su labor de atención e integración social y su reciente orientación hacia la creación de valor es muy desconocida. De hecho, no entiendo cómo no se comunica mejor…

Les reconozco que yo no estoy ahí, o al menos no de una forma expresa, pero estas conversaciones me han hecho pensar en todo esto… otra vez. Estoy en ese proceso.

En cualquier caso, mi decisión personal, o la de cada uno de ustedes, no debería ser justificante para arrinconar la reflexión y la acción individual de nadie. Las necesidades son tan importantes y crecientes, en un mundo en que el envejecimiento avanza con pasos de gigante y donde las demandas de atención crecen y crecerán exponencialmente, que el que alguien hable de lo que aún no hace o no puede hacer… no puede servir de excusa.

El voluntariado individual (¡y de empresa!) a través del trabajo, se puede ejercer de muchas maneras y con intensidad aquí mismo, aquí al lado.

Y decidan lo que decidan (que siempre me parecerá respetable), por favor regálense un tiempo para acercarse a observar y entender de primera mano… algo de lo que les aseguro que no se arrepentirán.