Vibraciones: elegía festiva del pensamiento crítico

Con alguna mínima excepción, prácticamente no consumo televisión. Desde hace años.

Supongo que, como suele suceder, llegué ahí por una conjunción de factores que, todos sumados, me llevaron a ese punto: desde la eclosión de internet, que absorbió buena parte de mi tiempo de ocio y sustituyó a canales más tradicionales… hasta la percepción de que, como medio de comunicación masivo, la televisión iba siendo cada vez más una herramienta de manipulación pura, en la que conversaciones, discursos, declaraciones y contenidos, impulsados desde los directivos hasta los invitados, los presentadores y la propia estructura de los programas, respondían más a colaboracionismo con la trifulca política del momento que a información, investigación, divulgación o simple entretenimiento. Ya no hay riesgo, nada sucede por azar, nadie se mueve por el filo de la navaja de «su casa», todo se demanda, elige, diseña o gestiona desde un sectarismo servil que en cada etapa ha ido superando (y supera) al anterior.

Sin embargo, a veces me reconozco mirando de reojo lo que sucede en la pantalla del salón (cualquier programa con el que alguien en la familia ha conectado), mientras leo o mientras me siento frente a la tablet o el portátil para hacer otra cosa. Y es entonces cuando me resulta evidente que la televisión conserva el magnetismo que la hace valiosa para quienes la exprimen como herramienta de comunicación y de influencia en la sociedad, porque su atractivo, una vez que luces, colores e historias llenan el espacio y penetran por los ojos, es indiscutible.

Así que, me temo, seguirá siendo objeto del deseo.

Es Navidad y la calle también se llena de luces, colores e historias, mil veces contadas o nuevas, que buscan excitar emociones con propósito… o lo intentan. Hubo un tiempo, cuando la sociedad era masiva y visiblemente católica, en el que con ello se buscaba consolidar una fe, en base a la celebración religiosa de la familia y de los valores que la sustentaban, que es lo que al final ha quedado. Poco a poco, fueron apareciendo otros propósitos más ligados al comercio, la hostelería, la industria… y no seré yo quien diga que ilegítimos, desde luego, porque la vida también consiste en aprovechar de la mejor manera posible las oportunidades que se presentan.

Lo que sí me alegra es que, por increíble que parezca, la economía no parece haber conseguido doblegar del todo el espíritu navideño más genuino, porque estoy seguro de que, a unos más y a otros menos, en general esos valores aún «les respiran» por los poros cada final de año. Y lo que aún me alegra muchísimo más… es que la clase política parece haber recibido como regalo de Reyes anticipado el rechazo de la sociedad, o al menos su ninguneo, a los intentos no muy lejanos de convertir la Navidad en herramienta ideológica, en una «televisión de temporada» sin pantallas.

Hoy hay muchas formas de vivir la Navidad: cada vida establece conexiones muchas veces improbables con ella y cada cual es libre de decidir cómo vivirla… o cómo no.

Hay, eso sí, quien confunde tradición con ideología… pero estén tranquilos, que tampoco seré yo quien trate ahora de combatirlo o quien les culpe por ello: muy probablemente, habrán llegado a un punto en el que no puedan no hacerlo. 🙄

Hace unos días estaba trabajando con ChatGPT y el copiloto me ofreció una frase que merecería el apelativo de cita célebre: «la ironía no es negación de lo serio, sino una forma adulta de lidiar con lo absurdo«. Si no la ha copiado de algún sitio y dado que ChatGPT no puede reclamar autorías, me van a permitir que me la quede y la haga mía.

La esperanza no se encuentra en eslóganes deslumbrantes, en confianzas ciegas, en militancias o en huidas hacia adelante, sino en la insistencia de hacer bien cada cosa que haya que hacer, en cada momento; de tomar la decisión que se deba tomar, sea cual sea la dirección hacia la que todo parezca empujar; de mantener criterios sustentados en principios y libertad de pensamiento, más allá de las consecuencias que de ello se pudieran advertir. Y eso… cada día, cada instante.

Aunque a veces sea un error.

Mantener un pensamiento crítico independiente es una tarea titánica en nuestros tiempos, porque casi nada de lo que nos rodea responde a ello por encima de intereses, porque la independencia de los mecanismos y sistemas de control se ve cuestionada, invadida o atacada, porque la gigantesca masa de información a la que hoy podemos acceder es cada vez menos confiable y porque manifestar ese espíritu crítico incomoda en el tiempo.

No es fácil saber de uno mismo de cuánta contaminación inconsciente se ha impregnado o cuánta libertad está siendo capaz de mantener, y mucho me temo que cada vez sea menos posible, porque el interés es inteligente y aprende mucho y bien a disfrazarse

Pero aquí estamos.

Listos para dar la bienvenida a 2026 con esa mezcla de escepticismo civilizado y esperanza pragmática que nos hace humanos e inteligentes (a la vez, quiero decir), a ver si en esta ocasión conseguimos entender un poco más al mundo… y no como en años anteriores, que sí creímos que lo conseguíamos… 😉

Más allá del compromiso intelectual, el pensamiento crítico ha sido siempre para mí también una forma de disfrute, una declaración de sobriedad casi hedonista, una libertad íntima, un placer adulto.

Estos días recibirán numerosos deseos de felicidad, traducida en amor, salud o bienestar. Permítanme que además yo les desee, por lo tanto, que el paso de los meses alimente y sostenga su pensamiento independiente y crítico. Y que disfruten de ello.

Feliz año.

Personas inquietas: Alfons Cornella

La razón de mi primer contacto con la figura de Alfons Cornella está algo difusa en mi mente.

Creo recordar que, en el marco de los proyectos de investigación en gestión del conocimiento que habíamos desarrollado entre 2001 y 2003 en torno a (CON)ex, la iniciativa clave en el nacimiento del MIK original, me llegaron artículos suyos vía Ángel Arboníes, algún libro con un mensaje potente ya desde el título (como «Infoxicación») o una revista que entonces se llamaba «Papeles de Infonomía» (luego «If…»), donde Infonomía era la organización que él había creado con el comienzo de siglo para vehicular innovación hacia profesionales y empresas.

Les he dicho que el origen de mi primer contacto está algo difuso… pero en general muchos de los hitos que puedo mencionarles de los siguientes 20 años lo están también.

El tiempo desdibuja los aspectos menos significativos, me temo… aunque no me importa demasiado: procuraré ser preciso en los detalles, pero sabiendo que, si hubiera errores, serían irrelevantes para lo que les voy a contar.

En alguno de los primeros meses de 2005 llegó a la mesa de mi despacho un folleto de propaganda de un evento que se denominaba «Renacer», una fusión de arte, ciencia y tecnología que pretendía ser un detonante de innovación. Algo me decía en mi interior que tenía que sumarme a ello… pero finalmente, el coste de la escapada y el pragmatismo que dominaba la cultura de mi empresa (supongo) hizo que «racionalmente» decidiera no asistir.

Luego… lo conté años más tarde en uno de los posts que glosaron la edición de ese mismo evento celebrada cuatro años después (el Re’09) y en concreto en el primero de ellos: les describí la extraordinaria experiencia que para mí supuso el Renacer’06, organizado al año siguiente de aquél al que rechacé ir («una y no más»), un enorme impacto en lo que sería mi vida profesional a partir de entonces. Les invito encarecidamente a leerlo porque no se me ocurre mejor manera de transmitirles la emoción que despertó en mí y el goce de vivirlo. Y además, tampoco es cuestión de repetirme… 😉

Físico de formación, Alfons Cornella venía de haber estudiado durante varios años en Estados Unidos (si no recuerdo mal) cómo las organizaciones empresariales gestionaban la información y cómo, desde el conocimiento, la utilizaban para decidir, para anticiparse o para innovar. Desde su vuelta, la innovación ligada a las empresas ha sido el norte que ha guiado casi toda su vida.

Alfons se ha reinventado cada poco tiempo. No podría ser de otra manera, claro, postulando lo que postula:

  • «Papeles» evolucionó a «If…» para editar la que, en mi opinión, era mejor revista de innovación en lengua castellana que existía en el mundo.
  • El «Renacer» pasó a ser simplemente el «Re-» y luego el «iFest», antes de morir ante el empuje de «Co-Society», extraordinaria iniciativa catalizadora de innovación mediante «insights» y procesos de colaboración entre empresas, en especial en sus primeros años.
  • Las revistas fueron dejando espacio para otro tipo de productos, como el «Update» primero y el «Radical is normal» después, tanto universales como particularizados a negocios o mercados.
  • Y los servicios a empresas fueron fluyendo por el propio «Co-Society», «Next», «Verne», «Smart Watching», «Curiosity Atelier» o últimamente «Edgers», al tiempo que desarrollaba proyectos ad hoc de innovación estratégica para empresas y vehículos organizativos para todo: Zero Factory S.L. para las cuentas y el asunto legal, Infonomía, The Institute of Next

En los años de Co-Society, bromeábamos entre nosotros sobre que Alfons no iba a parar de reinventarse hasta ocupar la portada del «Wired»… 😈😂 No ha podido ser, me temo… y no probablemente porque alguna de sus iniciativas no lo mereciera, sino porque tengo para mí que, de haber tenido ese anhelo, se le ha ido pasando… 😐

Al lado de Alfons Cornella he ido conociendo a personas tan interesantes como Antonella Broglia, Alex Rovira, Javier Nieto, Fernando Iglesias, Menno Marien, Carlos López Borgoñoz, José Ignacio Latorre, Hiroshi Tasaka, Javier Creus, Doris Obermair, María Santolaria, Tom Kelley, Jorge Wagensberg, Pep Torres, Oriol Pascual, Pericles, Virginia Imaz, Fernando Trías de Bes, Alex Castellarnau, Vicente Guallart… y docenas más. Personas que, a su vez, estaban tan rodeadas de tanta gente interesante… que mi contacto con ellas (e incluso el haber estado sentado toda una la comida justo a su lado) en general no pudo siquiera llegar a la categoría de anécdota. 😅

Pero da igual. Da igual porque de la mano de sus propuestas exploré en avanzada las claves del pensamiento de diseño, los segmentos que componen un modelo de negocio (el famoso «canvas de Osterwalder»), la innovación abierta mediante colaboración con startups (lo que hoy se conoce como modelo Venture Client), el potencial de la blockchain, la democratización de la inteligencia artificial, el futuro de la computación cuántica, la tentadora conexión entre ciencia y negocio y mil cosas más.

Da igual, porque en las sesiones de trabajo coincidí con responsables de equipos de innovación de empresas como Javier Portoles (Tau), Paco Sosa (MRW), Mònica Mateu (Gallina Blanca Star), Carlos Lahoz, Carles Martí y Jaume Homs (HP), Jatsu Intxaurbe (Batz), Juan Carlos Jerez (RACC), Roberto Mariscal (Iberdrola), Enrique Belda y Carlota Roset (Bodegas Torres), Mónica Segura (Esteve), Teresa Oliver (Skok), Miriam Bengoetxea (Orbea), Jokin Lopetegi y Leire Aguirre (CAF), Josep Lagares (Metalquimia), Juan Luis Rodríguez y Enrique Lasso (Repsol), Miguel González Alemany y Javier Sesma (ThyssenKrupp) y con muchas otras personas como ellos con quienes, más allá de sus organizaciones (por Co-Society pasaron docenas de empresas), compartí conocimiento y reflexiones, o incluso con quienes en ocasiones llegué a colaborar.

Y da igual, porque muchos de los «insights» que recibí de sus propuestas acabaron siendo parte de las nuestras, desde productos como el «Update», el «Radical is normal» o el «Mostrarme», integrados en nuestros plenarios de innovación, hasta un proceso sistemático de generación de proyectos de innovación en gestión que pusimos en marcha con la denominación de IF («Ideien Fabrika» en este caso, germen de varias iniciativas de valor), nuestro modelo de innovación con startups ya consolidado, o algunas herramientas (complementos al canvas, co-poker…) que integramos ocasionalmente en nuestro trabajo.

¿Se puede pedir más?

Pues déjenme añadir que (debe ser en los ratos libres 🤪) Alfons Cornella ha escrito además cientos de artículos, grabado numerosos vídeos y escrito decenas de libros, entre los que necesito destacar otra vez «La alquimia de la Innovación», que a mi entender es uno de los mejores libros sobre innovación con que pueden topar.

Para que me entiendan, con este libro como guía diseñamos un proceso de innovación tecnológica colaborativa para las empresas de MONDRAGON Automoción, del que surgió un completo mapa de proyectos tecnológicos estratégicos que hay quien, casi 18 años después, aún recuerda. Con este libro como referencia, entre quienes formábamos una comunidad de aprendizaje definimos un modelo de negocio disruptivo de inserción laboral, que incluso pensamos seriamente en llevar a la realidad.

Participar en una sesión de trabajo de un día completo con Alfons implicaba acabar mentalmente agotado, pero empoderado y dopado de energía para toda una semana. Era sentir que uno no está solo en el universo, que no es tan raro ni está tan equivocado, que hay más personas que comparten otra visión del mundo que es posible y deseable, aunque en cada casa luego no se acabe de ver o se rechacen sus implicaciones. Era, incluso, saber que el empeño merece la pena.

No necesito añadir mucho más: si hay un post con el que estaba en deuda este blog, era éste.

A Alfons Cornella le apasiona el futuro del trabajo (algo que comparto), tiene especial debilidad por el desafío de la educación, ha intentado abrir mundos en Europa y Latinoamérica, ha hecho inmersión en China para comprenderla, cree profundamente en el papel disruptivo de la tecnología y de los modelos de negocio sobre los productos, los servicios, los negocios y los mercados… y está siempre dispuesto a hablar de transformar tu empresa a partir de innovadores.

A los pocos años de establecer contacto, casi sin conocernos, asistí a una conferencia que dió en Bilbao, creo que en una de las salas del Palacio Euskalduna. En ella afirmó algo así como que si tu empresa no te permite que innoves, si se muestra refractaria a que las nuevas ideas se transformen en valor, «lo que tienes que hacer es dejarla». Yo le pregunté que cómo se hacía eso, cuando uno había decidido que un proyecto empresarial determinado vertebrara buena parte de su vida (no mencioné la noción de cooperativa)… y más o menos me devolvió como respuesta… que no había otras salidas.

Creo que no le hice caso… 😂🤣

Les dejo al final su última propuesta, la más actual: «Edgers». Si quieren de verdad impulsar una transformación profunda de su empresa, su negocio o su propuesta de valor, no pierdan tiempo… y hablen con él.

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Vibraciones sonoras: «En castellano 2024»

Acabo de cerrar mi selección de música en castellano de 2024, una cosecha más reducida que la de anteriores años (serán unos 180 temas, frente a los 200 más habituales), pero igualmente ecléctica y llena de melodías que me ha gustado escuchar. Hay amplios fragmentos que me generan una emoción menos habitual en las selecciones de las playlists anteriores, la melancolía, sin que pueda, en algunos momentos, explicar exactamente por qué sucede así… Ya me dirán si les sucede lo mismo.

No hay esta vez temas que haya escuchado en bucle mucho más allá de las dos semanas posteriores a sumarlo a la lista. Tampoco nada que destaque sobremanera sobre el resto, no hay «disco estrella» del año, no hay música que suene diferente o única por encima del «mainstream», no percibo tendencias llamativas…

Si acaso, llama un poco la atención la presencia en el mercado musical de propuestas que nacen de un fondo de música popular, en el sentido más clásico del término, en el folklore. Significativamente, la playlist de 2024 comienza por un tema del Club del Río (siempre navegando entre lo onírico y el folk, aunque más eléctricos en su último disco) y contiene más entradas que se mueven en este territorio: Maestro Espada (la propuesta más original y arriesgada, a mi modo de ver, construida de la mano de Refree sobre seguidillas, cantares y boleros murcianos), Rita Payés (consolidándose en el panorama musical, viajando desde el jazz hasta su sonido más personal ligado a la tierra), Guillem Roma (fusionando sones hispanoamericanos con el carácter mediterráneo, para disfrutar de lo cotidiano), Chambao (con esa vuelta al origen y a la sencillez del campo como metáfora de lo esencial de la vida que es su tema con SFDK) o incluso Muerdo (en especial en sus colaboraciones, algo en el que me parece el mayor experto del universo), sin olvidar las influencias de los ritmos que llegan del otro lado del charco como en los temas de Piso 21 con Edén Muñoz, de Maluma con Octavio Cuadras y Marca Registrada, el bolero de Sosad.97 o el de Lia Kali con Toni Anzis, el urban-folk de Safree o las fusiones de La Sra. Tomasa.

Pensando en álbumes completos, creo de justicia destacar algunos de ellos. Comienzo por los anteriores: «Todo alrededor» (Club del Río), «Maestro Espada» (Maestro Espada), «De camino al camino» (Rita Pagés), «Sinvergüenza» (Muerdo).

Pero además: «¿Quieres rollo?» (Tu otra bonita), «Contra todo pronóstico» (Lia Kali), «La juventud» (Kokoshca), «Viaje a Roma» (Galerna), «Elige tu propia aventura» (Carolina Durante), «El amor por encima de todo» (Viva Suecia), «Involuntario» (Yarea), «Grasa» (Nathy Peluso), «Ejército de salvación» (Love of Lesbian), «El silencio del ruido» (Samuraï), «Nubes con forma de ansiedad» (Lionware), «El cantante» (Pole), «Peregrino» (Carlos Ares), «Alcalá Norte» (Alcalá Norte).

Hay además canciones que merecen la pena aunque no formen parte de un EP o un disco. Por señalar algunas, varias de la singular y personalísima propuesta musical de San Tosielo, algunas de Grex, Begut, los Hermanos Martínez…

Y ya.

El coronavirus protagonizó el logo de la playlist de 2020, la vacuna el de 2021, la fiesta de recuperar vida el de 2022, el robusto ladrillo al que agarrarnos el de 2023 y el círculo de cambio a jubilado el de 2024.

Toca, para el logo de la playlist de 2025, poner foco en un estadio zen al que aspirar.

Les invito otra vez a acompañarme en cada descubrimiento semanal de esta nueva lista, o a disfrutar de las anteriores. Lo tienen fácil: pinchen ahora en estos enlaces de cada playlist y luego (ya en Spotify) pinchen sobre el corazón para tenerla en su biblioteca.

Que la música les acompañe…

Personas inquietas: Julen Iturbe

Le vi por primera vez en un curso sobre «Open Innovation». No había oído hablar antes de él, ni conocía su formación, ni su recorrido profesional… Ni siquiera sabía que en realidad era Julen Iturbe-Ormaetxe (mal que le pese, creo que yo me quedé con el «Julen Iturbe» para los anales), ni su relación con MONDRAGON.

Todo eso vino después, sobre todo cuando empecé a conectarme en red a un barrio en el que había maestros como él (un apelativo que muchos le han dedicado), o como Arati, Odilas, Genís, David, Dreig, Aitor, Nacho, Carme, Amalio, Miquel, Alberto, Asier, Manel

Barrio generoso, que sabía pensar, escribir, contar grandes historias… y sobre todo compartir, conversar en los blogs y aprender, apoyados en «entornos personalizados de aprendizaje» bajo aquel paradigma 2.0 con el que creímos de verdad en una empresa abierta en expansión.

Julen es heredero del entorno industrial y obrero de la margen izquierda (de la ría del Nervión, entiendanme los no iniciados 😉), en su caso vertebrado por la omnipresencia de Babcock & Wilcox. Es un mundo al que yo no me siento ajeno, por mi paso, durante mi primera gran etapa profesional, por la planta que tenía Tubos Reunidos en Galindo (Trapagaran), instalada precisamente en antiguo territorio de «la Balco», con quien compartíamos historia, estilo, terreno, territorio, topología industrial, prácticas laborales y, sobre todo… cultura.

Y la cultura en la que alguien crece… impregna no solo la personalidad, sino la visión que uno va haciéndose del mundo, no lo duden.

Que un licenciado en Psicología se aproxime al mundo de la empresa y de las relaciones humanas dentro de ella es algo normal, pero no tanto que acabe asumiendo el impulso de la calidad total en una empresa netamente industrial como Maier, con las implicaciones que eso tiene en un sector como el de automoción, o que le atraiga el potencial de la tecnología y su relación con el negocio, con las personas y con la solapada despersonalización del trabajo en las organizaciones. Quizá fuera esa mezcla la que primero me llamó la atención, verle siempre implicado en asuntos de empresa, pero en paralelo a una visión crítica del trabajo actual, como elemento holístico propio de la naturaleza humana.

«¡Joven!» como forma de interpelar, con independencia de edades. «Viejuno», como muestra de conciencia de madurez personal y profesional. «Extimidad» como contrapunto y contradicción a intimidad y privacidad. «Trabacaciones» (o «travacaciones»), como palabro descriptivo de un cierto estado de las cosas… Términos (muchos suyos) que fui incorporando a mi propio vocabulario por responder a un significado preciso, al menos para quienes vivimos esa época.

Ambos dábamos continuidad a un momento anterior de la historia en la que el trabajo vertebraba la vida de las personas. Ya no es así (o no mayoritariamente, en las nuevas generaciones) y no parece que vuelva a serlo en la forma en que lo conocimos, lo que dibuja relaciones de futuro muy distintas entre empresas, personas y conocimiento… sobre las que algún punto de preocupación y reflexión compartimos.

Mi relación con Julen Iturbe ha sido esporádica, pero prolongada a lo largo de muchos años. Nunca hemos llegado a desarrollar proyectos conjuntos en la que era mi empresa, pero hemos coincidido en conversaciones de blog, en algún webinar, algún curso, algún proyecto suyo para terceros… Empresa abierta, futuro del trabajo, innovación abierta, transformación digital, cooperativismo… temas que hemos trabajado desde diferentes trincheras, que de vez en cuando se cruzaban.

Su pluma es fluída y ha escrito (mucho y bien) sobre todo en consultorartesano.com, la que para mí siempre ha sido una casa en la que me he sentido bien acogido. Una casa en la que habla de sus cosas, como es lógico, desde el capitalismo emocional a la bicicleta de montaña, desde la empresa abierta hasta la isla de El Hierro, desde palabras con un significado melancólico y personal a procesos y entornos de aprendizaje, desde la deriva y los rendimientos de su actividad consultora hasta su relación con la universidad.

La artesanía como forma de entender la consultoría, una vez lanzado a la piscina de emprender, es uno de sus grandes atractivos como propuesta intelectual, germen de lo que es Redca como comunidad de aprendizaje y praxis de red abierta, construida sobre una declaración a la que me sumé en su momento.

Pero (¡oh, sorpresa!) no solo escribe… ¡¡sino que incluso lee!!, esa cosa tan infrecuente en los tiempos que corren 😅. Sí, también lee mucho y bien, a Harari, a Lipovetsky, a Charles Handy, a Steven Johnson, a Senett (quien pone el lazo a lo que postula)… y reflexiona sobre ello. Además ha estado detrás, al frente o al lado de iniciativas como Aprendices o Microsiervos, y colabora con Euskalit o con Mondragon Unibertsitatea desde hace muchos años, otra de sus facetas longevas que le permite conjugar docencia y empresa, una combinación para mí envidiable.

Bueno, ya no voy a seguir hablando de su hoja de servicios, ni del análisis del cooperativismo actual ni de otras muchas cosas que ha venido haciendo hasta hoy… ni tampoco de la MTB, de la que ya habla él bastante… 🚴🏻‍♂️😜

Como consultor, como profesor, como ponente o como colega, Julen transmite cierto sosiego, cierta pausa en su discurso sobre el devenir de las cosas, lo que no es sinónimo de ausencia de urgencia, sino a veces lo contrario. En mi imaginario, aprendió hace mucho tiempo a medir cuándo una visión crítica alcanza el punto en que ahondar en ella genera bloqueo de puertas, o cuándo el relajarla o suspenderla permite aguardar al «momento kayrós» de volver a ella. Algo que, quizá, no siempre quise hacer yo… 🙄😅

Julen escucha, busca detrás de las palabras, abraza la paradoja y la incertidumbre, no pide más de lo que alguien puede ofrecer, genera confianza en relaciones y conversaciones que trata de construir a largo plazo, trata de esquivar la luz cegadora del ego y la deslumbrante del éxito fugaz, no impone protagonismo incluso cuando lo tiene, colabora, siembra sin esperar a cosechar y siempre te acompaña con una visión inconformista, lúcida, de lo esencial de las cosas.

Quizás, por poner algún contrapunto, aún se le transparenta a veces un punto de impaciencia ante lo inane o de ironía pulsante ante la memez… pero los mantiene bien controlados. 🙂

Como siempre, todo esto es solo mi humilde percepción: si consideran que en algo no responde fielmente a la suya, siento decirles que yo no tengo otra, ni demasiado interés en tenerla… 🥸🤣

¿Necesitan una visión crítica pero supeditada a construir, que contemple el negocio pero sin olvidarse del papel fundamental del trabajo y del conocimiento existente en las personas?

¿Buscan una relación desde la comprensión sistémica de los retos, que no sea meramente circunstancial?

Puede que el maestro Iturbe sea un buen lugar al que acudir…

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Vibraciones: año de cambio

A caballo entre Navidad y Año Nuevo, hoy me he levantado con ganas de regresar a esta casa. Quizá sea una interpretación personalísima del «vuelve a casa por Navidad», quién sabe… 😅

No tengo que explicar, a quienes me hayan venido leyendo, que este 2024 que está a punto de terminar ha sido un año de cambios para quien escribe: sabrán que he dejado de «trabajar», ese compromiso para alcanzar logros y metas que nunca son estrictamente los propios, necesario para vivir con holgura. Pero además, se han resituado algunas relaciones (con gratificaciones y decepciones, no siempre las esperadas), nos hemos despedido alguno de nuestros seres queridos, han dado saltos significativos en su crecimiento nuestros hijos… e incluso acabo de reencontrarme con antiguos amigos que han vuelto (¿también «a casa»? 😉) tras años de lenta distancia.

Todos los años cambian cosas, me dirán… pero en el balance de 2024 anoto cambios que cierran etapas y abren o recuperan otras, lo que ya es menos habitual.

Jubilarse es un punto de inflexión. Supone comenzar una de las grandes etapas de la vida (y no son demasiadas) en la que muchas cosas esenciales permanecen e incluso se refuerzan, pero en la que todo debe ordenarse de nuevo… y en ello estamos. Han pasado tres meses y aún no tengo la sensación de estar en una posición de equilibrio para el futuro: aún hay muchas cosas en el aire, que por fuerza se tendrán que asentar para dar paso a otras nuevas, tanto en la vida familiar como en la profesional.

Porque a esta última, aunque sea de una forma muy distinta a la de los últimos treinta y ocho años, por supuesto que no he renunciado del todo.

Cuando sales de la empresa, «desapareces» literalmente desde el primer minuto: ya has hecho limpieza de documentos físicos y digitales, has entregado la tarjeta de identificación y la de crédito, el móvil y el portátil… pero, en el día uno de tu nueva vida, ya ves bloqueadas tus cuentas, el acceso a información que has tenido a mano de forma natural durante mucho tiempo, las apps, los portales colaborativos, los proyectos compartidos… Hoy existe, mañana no, todo de golpe. Es curioso observarlo en primera persona.

Para mí, otro detalle menor pero paradigmático fue actualizar la cuenta de LinkedIn, porque también ahí hay que cerrar etapa, como en cada cambio de empleo, pero en esta ocasión de forma bien diferente: hay que optar por concretar «qué soy» a partir de ahora, jejeje… (y les aseguro que se le da más de una vuelta al tema 🤪😂), ¡o por cerrar la cuenta!

En lo material, la verdad es que uno se lleva poco, o al menos esa ha sido mi experiencia. Les dejo al final una imagen de lo que que decidí rescatar (faltan cuatro bolsas y dos cajas de cartón decorado, que estaban en otro sitio): libros y objetos propios, más algunos proyectos de los que me he sentido orgulloso de formar parte, aunque muchos no hayan tenido a largo plazo el impacto que hubiera deseado. Ya ven, 28 años de vida profesional en una empresa caben en el maletero de un coche… y sobra sitio. 😢

Y es que puede que la relación laboral se quiebre drásticamente y deje poco rastro, pero… la experiencia está intacta y la capacidad de aportar permanece aunque mute.

De hecho, hoy en día mantengo una modesta colaboración con alguna startup, he aceptado formar parte en el futuro de equipos que aborden procesos de transformación en empresas industriales (veremos en qué se concreta, si se acaba concretando en algo) y estoy abierto a propuestas en las que pueda aportar valor… de otra manera. Sobre todo, como en su momento ya anuncié, desde la libertad de decidir dónde me meto… y a donde vuelvo, o no, en cada momento. 💪🏻🙂

Estas navidades están siendo, por tanto, unas fechas de inesperado balance consciente de la nueva etapa, o eso creo. Aún siento que falta tiempo para que todo se asiente, como decía, pero también empiezo a sentirme en condiciones de poner cimientos, aunque sea despacio. Es tiempo de mudanza.

También sé ya que no dejaré del todo abandonada esta casa. Hay al menos algunos post con los que me siento en deuda y que seguro acabarán volcados aquí.

Eso sí, cambia la actividad, cambia la mirada…

Sean felices.

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Vibraciones: esto se acabó

Hoy, formalmente hablando, termino eso que se conoce como vida laboral. Mañana me levantaré sin móvil, portátil, tarjeta o cuenta de empresa y decidiré qué hacer a lo largo de la mañana, porque no he planificado, preparado o siquiera pensado en qué voy a ocupar cuerpo y mente a partir de ahora.

La jubilación es, objetivamente hablando, una nueva etapa vital, que espero que sea larga, satisfactoria y, por qué no, también fructífera… y hasta divertida.

La verdad es que no he sido una persona que me haya centrado en diseñar mi futuro profesional en ningún momento. Salvo un par de excepciones de hace muchísimos años (en que tomé decisiones conscientes sin tener especial necesidad), me he limitado a tratar de hacer en conciencia mi trabajo (o al menos lo que creía que debía ser abordado, desde mi forma de ver la empresa en el mundo) y desde ahí, valorar lo que iba surgiendo en el camino, aceptando (la mayor parte de las veces) o rechazando las oportunidades que surgían.

He llegado hasta aquí sabiendo un poco de muchas cosas y mucho de ninguna. Siempre en la industria, he trabajado en cuatro empresas, con responsabilidades en los ámbitos de producción, fabricación, mantenimiento, control presupuestario, ingeniería de procesos, oficina técnica, aseguramiento de calidad, calidad total, sistemas de gestión, sistemas de información, medio ambiente, transformación digital, innovación en gestión y promoción de nuevos negocios.

Si a esa diversidad le añadimos veinte años de integración en un Consejo de Dirección, diversas pertenencias a consejos de administración, participación en proyectos de investigación y presencia activa en varias asociaciones profesionales o sectoriales, entenderán que no tiene mayor mérito haber ido amueblando la cabeza con una visión sistémica de las empresas y de los mercados, capacidades de pensamiento crítico y de pensamiento lateral y, me atrevo a decir, hasta cierta habilidad prospectiva.

Esos son mis activos tras treinta y ocho años largos de trabajo… para lo bueno y para lo malo.

Porque de todo ha habido, claro. No puede ser de otra manera. Hace pocos días comentaba con una compañera que la mayoría de los cambios de etapas vitales se producen por acontecimientos que no esperas. Sin acudir a episodios trágicos de la vida cotidiana, en el ámbito profesional es muchas veces una conversación de unos minutos la que te pone sobre la mesa decisiones de terceros que no conocías y que te cambian el panorama vital para una larga temporada. Yo, desde luego, cuento varias de éstas: 1992, 1994, 1995, 2000, 2004, 2010, 2015, 2019… y hasta 2024.

No es momento para entrar en detalles, que siempre basculan hacia el momento en que uno está, sino quizá para concluir que el camino ha sido realmente interesante.

Duro… pero interesante.

Es curioso: esa frase es la misma con la que se despidió un compañero de trabajo de mí hace unos veinticinco años: «trabajar contigo ha sido duro… pero interesante». No supe muy bien entonces si hacer una lectura positiva o solo medio-positiva de aquella despedida (y aún hoy sigo en el mismo punto… 😀 ), pero quizá sea una buena síntesis de esos treinta y ocho años.

Creativo, abierto, transparente, sanguíneo, irritable, referente, apasionado, crítico, molesto, innovador, responsable, confiable… y disciplinado, pero siempre libre. Creo haber sido todas estas cosas en algún momento para muchos (obviamente no para todos), o todas a la vez. Soy de los que piensa que al trabajo no se va a hacer amigos, pero es que, además, esos rasgos de carácter que acabo de enumerar no siempre lo ponen fácil, bien porque incomodan por su propia naturaleza, o incluso porque la acumulación cansa con los años, por positiva que sea, cuando tu trabajo implica una lucha continua con la cultura dominante.

Y ahí he estado buena parte de mi vida… 🙄

Hace también unos días, otra compañera me preguntaba si el precio a pagar, en los momentos complicados, merecía la pena. Y mi respuesta fue que sí, que claramente sí. No tanto por los logros alcanzados, sino porque creo imprescindible vivir la vida desde la convicción de haber sido honesto con uno mismo y no veo otra manera de conseguirlo que asumiendo con toda su amplitud lo que uno es y teniendo conciencia de haber hecho lo que uno creía que debía hacer en cada momento, en beneficio de un proyecto compartido. Con aciertos y errores, ambiciones y frustraciones, satisfacciones y decepciones, reconocimientos y humillaciones, lealtades y desafecciones… La vida misma, ¿no creen? 🙂

Pues se acabó. Hasta aquí hemos llegado.

No sé qué pasará a partir de ahora. Puede que nada, o puede que, una vez más, lo inesperado. Pero hoy no toca hablar de ello.

Tampoco sé lo que pasará con este blog, que, como los lectores más asiduos y longevos sabrán, nació hace quince años con vocación de dedicar una gran parte de su espacio a asuntos de empresa. Sí les adelanto que, en consecuencia y con mi jubilación, me siento liberado del compromiso personal de seguir escribiendo aquí, un compromiso que acabó traducido en publicar al menos un artículo al mes, lo que religiosamente y sin excepción he ido cumpliendo en estos tres lustros.

Necesito reiterar mi sincero agradecimiento a quienes se han acercado en algún momento durante estos años a las páginas de esta bitácora y especialmente a quienes me hayan regalado su tiempo en los comentarios. Y un poco más aún a quienes me hayan acompañado desde el principio, que ya no serán demasiados, jejeje…

Y es que quizá no vuelva a escribir. O quizá pase lo contrario y haya temporadas en que «me venga arriba» y escriba como en los primeros tiempos.

Pero eso es futuro… y tampoco es necesario decidirlo hoy.

Lo que sí sé es que, en todo caso, mi blog y yo seremos… aún un poco más libres. 🙂

Vibraciones: la lista y la losa

Aún es verano, pero para muchos, entre los que me incluyo, es tiempo de volver al trabajo tras finalizar las vacaciones. El paréntesis, como casi siempre, no ha conseguido resolver por sí mismo lo que quedó pendiente antes de empezarlas, así que solo una semana después de retomar la actividad laboral, el escenario de deudas, compromisos y presiones se ve instalado ya de nuevo en nuestras cabezas, en todo su esplendor.

Hace ya unos cuantos años, decía Ignacio Elburgo, un antiguo y apreciado compañero, que a veces sentía como si una gran losa estuviera sobre su cabeza. No la podía ver y no se la podía quitar de encima, pero sentía cómo su peso le aplastaba hacia el suelo y no le permitía ni siquiera levantar la mirada para ver un poco más lejos de donde tenía los pies.

Este jueves, cuarto día de la nueva temporada, llegué a la tarde a casa con la losa sobre mi cabeza. En mi caso, creo que muy en relación a que, tras ver cómo en esos escasos cuatro días, tradicionalmente los más tranquilos del año, ya había ido incumpliendo todas las reservas de tiempo que había previsto dedicar para preparar bien mi salida (tanto en lo personal como en lo profesional), se encarnó una nítida sensación de agobio ante la posibilidad de que el tiempo restante fuera insuficiente y que todos los procesos pendientes y paralelos escaparan de mi control.

Éste es un post de verano, así que no va a escoger un camino denso, no se preocupen… 😉

Y es que, con los años, he encontrado una forma eficaz de quitar la losa de la cabeza, o al menos de aliviar su peso. No van a sorprenderse: es algo tan simple como hacer una lista de lo que queda por hacer.

Una lista clásica, sencilla. Ni siquiera un panel con el básico «to do-doing-done«, basta con el «to do» para poder verlo todo de un vistazo… y para ir tachando a medida que cada línea es «done«.

Me ha funcionado siempre, en momentos como éste… así que les voy a dejar aquí.

Me voy a hacer mi lista. 🙂

Reflexiones: redactar una memoria de actividades

En estos momentos en que estoy gestionando los últimos coletazos de mi vida laboral, al menos como la he conocido hasta ahora, no pierdo de vista que también va a ser el cierre de la que ha sido mi última etapa profesional. Me he propuesto, en este sentido, redactar una especie de «memoria» de lo que han sido estos últimos 4 años y medio, muy marcados en sus comienzos por los 2 años de pandemia… y por otra parte complejos de gestionar, envueltos en unas condiciones que no han sido las esperadas, por varios motivos.

Redactar una memoria de un ejercicio o etapa que se cierra es un proceso estructurado que ya he acometido varias veces en el pasado. En ocasiones porque se me ha pedido que lo haga, como una práctica más de gestión de cada área funcional del grupo, otras veces solo a modo de síntesis para la memoria de gestión de la organización en su conjunto, pero muchas otras por decisión puramente personal.

Quizá se pregunten por qué, en este último caso, cuál es la razón que conduce a abordar un trabajo que no exige nadie, cuando, si se quiere hacer bien, consume un tiempo no desdeñable, dado que para redactar una memoria suele ser preciso desarrollar actividades como recolectar información (recopilando todos los datos cuantitativos y cualitativos relevantes sobre el ejercicio o la etapa en cuestión), analizar lo recogido y reflexionar sobre ello (para identificar logros, desafíos, soluciones y aprendizajes), documentar todo lo importante (en un informe estructurado que detalle los objetivos, actividades, resultados y lecciones aprendidas), revisar y validar el resultado con todas las partes involucradas (para asegurar precisión y completitud) y comunicar y difundir el trabajo realizado (de manera clara y efectiva, a todos los interesados y afectados).

Pues vamos a ello…

En un mundo de organizaciones donde no suele abundar el reconocimiento y donde, cuando se trata de ámbitos de gestión que trabajan con intangibles o resultados a largo plazo, es frecuente que no se perciba el valor generado, hay una primera razón que consiste en algo tan simple como poner en valor el trabajo realizado.

En primer lugar, destacando los logros alcanzados. Porque sí, se van consiguiendo avances, siempre que exista una visión identificable y un despliegue de objetivos coherente con ella… aunque dicho despliegue se deba prolongar durante algunos años. Esta labor de documentar logros los muestra a la organización, pero sobre todo los muestra al equipo que ha trabajado sobre ellos, que muchas veces pierde la noción del logro, ensombrecida su actividad diaria por frustraciones y retrasos constantes.

Además de esta importantísima función de autoconciencia y reconocimiento, documentar los logros alcanzados tiene, a mi juicio, muchas funciones positivas:

  • Es fuente de reflexión y aprendizaje – Redactar una memoria es una impagable oportunidad de reflexión y aprendizaje. Al documentar detalladamente las actividades y resultados de un ejercicio o de una etapa, se crea un espacio para analizar en profundidad lo que se hizo bien y lo que podría haberse hecho mejor. Este proceso de reflexión es crucial para el aprendizaje organizacional (permitiendo identificar errores y comprender el contexto en el que ocurrieron, los factores que los causaron y las soluciones implantadas) y es esencial para estar mejor preparados ante futuros desafíos similares.
  • Aporta continuidad y coherencia en la gestión organizacional – Registrar lo realizado es clave para anclar las referencias, especialmente en organizaciones con alta rotación de personal o donde diferentes equipos trabajan en proyectos relacionados. Tener una documentación clara y accesible de etapas anteriores permite que cualquier persona, incluso aquélla no involucrada directamente en el proyecto, pueda entender el contexto, las decisiones tomadas y los resultados obtenidos.
  • Fomenta una cultura de transparencia y de rendición de cuentas – La transparencia es fundamental para mantener relaciones sólidas y de confianza con los implicados en un ámbito de gestión y en especial de los grupos de interés del mismo. Rendir cuentas de la gestión, de forma clara y precisa, no solo fortalece la confianza y la credibilidad de la organización, sino que también fomenta una cultura de responsabilidad y compromiso.
  • Favorece un alineamiento efectivo – Como ya he mencionado antes, internamente ayuda a que todos los miembros del equipo comprendan lo que se ha logrado y los pasos tomados para llegar allí, fomentando sentido de pertenencia y alineación con los objetivos comunes. Externamente, proporciona una visión clara de los logros y progresos realizados, lo que, en proyectos complejos, donde los resultados tangibles pueden tardar en materializarse, resulta esencial para mantener la confianza y el apoyo continuo de los grupos de interés afectados.
  • Desarrolla habilidades de comunicación en los miembros del equipo: el proceso ayuda a las personas a desarrollar habilidades de comunicación escrita y analítica, lo que resulta beneficioso tanto para el crecimiento profesional de cada individuo como para la capacidad de la organización de comunicarse de manera efectiva con sus grupos de interés.
  • Sirve de apoyo para la gestión de ayudas financieras: una memoria bien elaborada es valiosísima para demostrar el valor y el progreso de los proyectos cuando se trata de justificar subvenciones recibidas, al aportar evidencia tangible de logros y avances de forma efectiva.

Podría añadir algún otro valor aportado, pero creo que éstos son los más relevantes cuando de documentar logros se trata. Sin embargo, me parece mucho más importante poner el acento en el valor que tiene el documentar también todo lo que, aun sin haber alcanzado el logro previsto, sí representa avances significativos sobre la situación de partida.

Añadir estos avances a la memoria aporta valores adicionales:

  • Facilita la planificación de los siguientes pasos, pues define puntos de partida y proporciona una base sólida para planificar las nuevas iniciativas, evitando errores pasados y aprovechando estrategias de éxito: la planificación basada en la experiencia acumulada facilita la innovación y la mejora continua.
  • Fomenta una cultura de resiliencia y perseverancia, pues reconocer los desarrollos que representan avances significativos, incluso si no se han alcanzado todos los objetivos, es altamente motivador para el equipo, cuando responde al esfuerzo realizado. A riesgo de ser reiterativo, es importante volver a resaltar que este reconocimiento es particularmente importante en proyectos de largo plazo, donde los resultados tangibles tardan en materializarse, promoviendo que los desafíos se vean como oportunidades de aprendizaje continuo y crecimiento en lugar de como obstáculos permanentes.
  • Aporta flexibilidad y adaptabilidad a la organización en estrategias a largo plazo, pues permite ajustar el rumbo basado en los aprendizajes derivados de los desafíos encontrados, algo crucial en entornos dinámicos y cambiantes.
  • Ayuda a identificar patrones y tendencias cuando se realiza de manera regular, pues facilita la comprensión de los factores recurrentes que influyen en el éxito o fracaso de los proyectos, permitiendo una mejor anticipación y manejo de futuros desafíos.

En una memoria de actividad también deben recogerse los fracasos consumados y los no logros, con propósitos equivalentes a muchos de los referenciados para los avances significativos. No es mi caso, en esta ocasión, porque me estoy centrando en hacer balance de lo que ha sido un periodo que se va a ver truncado por mi retirada laboral y por algunos otros cambios, que intuyo no van a poner fácil el desarrollo de parte de una estrategia diseñada de partida para al menos dos ciclos estratégicos (o sea, unos 8 años) habiendo recorrido escasamente la mitad.

Quizá por eso se hayan fijado en que, en el primer párrafo, declaraba estar haciendo «una especie» de memoria (noten el cambio de ubicación en las comillas).

En efecto, en ello estoy: el documento que estoy preparando no recoge los no logros o los desarrollos con avances aún poco significativos, sino que se centra en los desarrollos consumados o con avances significativos (en este caso, eso sí, identificando la parte no lograda y sus razones), buscando aflorar el valor que asociado a todo ello he ido diseccionando en este artículo.

En este momento concreto, me ha parecido importante utilizar una memoria como herramienta de reflexión, aprendizaje y mejora, que aporte transparencia, facilite la rendición de cuentas y justifique la inversión de recursos, además de ejercer un reconocimiento expreso al trabajo realizado y al impacto que ha tenido en una organización no siempre consciente de ello en el recorrido por su día a día.

Ya termino: claro que admito que es imposible saber qué utilidad real llegará a tener esta memoria y cuántos beneficios teóricos se materializarán en hechos tangibles… pero, al margen de ello, creo que responde a algo que, simplemente, debía ser hecho.

A lo mejor alguien, dentro de unos meses, incluso me lo cuenta… 😉

Vibraciones: 45 días

Tras 28 años en la cooperativa y 20 en el Consejo de Dirección (ya no queda nadie que lleve en él más tiempo que yo), hoy cuento… y resulta que me quedan 45 días efectivos de trabajo.

Desde hace unos meses y en especial desde comienzos de año, me han ido echando de lugares de dentro en los que yo estaba… a la par que me iban llegando reconocimientos preciosos e inesperados de lugares de fuera.

En unos días se definirá públicamente qué va a ser de «lo mío» en la que será su nueva casa. Y luego, el número de teléfono, trámites que desconozco, recoger algunos libros, dejar los archivos limpios y ordenados, cerrar espacios y salir de los últimos rincones.

Camino de salida. Empiezo…

Reflexiones: el previsible y cercano impacto del vehículo eléctrico y de China en el mercado europeo

Nadie discute a estas alturas que la electrificación del automóvil ha cambiado la geografía mundial del dominio tecnológico sobre el mercado, con los fabricantes chinos (salvando la excepción de Tesla) como grandes referentes en la química de las baterías, en la electrónica y ahora ya también en el automóvil en su globalidad (con vehículos tan bien resueltos como el Atto 3 de quien ya es una realidad asentada como BYD, o incluso el impactante SU7 de un Xiaomi que con él da su primer paso), que empiezan ya a demostrar con desparpajo su indisimulado propósito de dominar el mercado.

El sector del automóvil leva una década reconociendo y afirmando que va a sufrir una fuerte disrupción procedente de 4 macrotendencias de enorme impacto (electrificación, conectividad, conducción autónoma y uso compartido), pero, paradójicamente, en esa década no está del todo claro que lo que racionalmente postula y comunica se haya compadecido siempre bien con lo que sus estrategias industriales han demostrado… al menos en Europa.

Vamos por partes…

La conectividad es una tendencia subyacente al resto y no muy visible desde los usuarios hasta ahora, pero es la que permite monitorizar el estado y el uso de una batería, optimizar los modos de conducción o planificar rutas en el transporte profesional, mejorar la seguridad del vehículo en ruta, habilitar ADAS y soluciones tecnológicas para posibilitar la conducción autónoma o en el futuro gestionar el uso compartido de robotaxis o la gestión del tráfico urbano. Pero lo que la conectividad pone sobre la mesa es la idea de que el dato es ya una competencia esencial de un fabricante de automóviles y que alrededor de su explotación se generará un ingente número de servicios que serán, muy probablemente, un elemento nuclear de sus beneficios y de su diferenciación como marca.

Como servicio de movilidad, el uso compartido llevó incluso a cuestionarse a varios constructores si el futuro de su negocio seguiría estando centrado en la fabricación de automóviles, hasta el punto de que, durante unos años, las inversiones en distintas formas de carsharing o carpooling parecían el escaparate de una batalla de posicionamiento digna del viejo Falcon Crest, con los constructores invirtiendo en todo lo que se moviera, un poco «como pollo sin cabeza»… pero para aprender de una potencial disrupción del mercado y de su capacidad de afectar al volumen del mismo, que era lo importante.

La pandemia de covid afectó de lleno al crecimiento del uso compartido y hoy es difícil saber cómo evolucionará a corto y medio plazo, aunque, en mi opinión, su próximo «gran salto adelante» se producirá en combinación con la implantación efectiva de soluciones de conducción autónoma, comunión que dibujará un escenario, en especial en las ciudades, de reducción real de las necesidades de vehículos para la cobertura de las necesidades de desplazamiento y, por tanto, de una muy real posibilidad de reducción del volumen del mercado.

La cuestión, en el tema de la conducción autónoma, es que aún nos quedan varios años para que los robotaxis sean una realidad notable en nuestras ciudades. De hecho, pienso que nos quedan hoy tantos años por delante como los que pensaba que nos quedarían 6 años atrás… 😀

Eso nos deja sobre la mesa la última de las macrotendencias que se adivinaban hace una década: la electrificación del automóvil. Y sobre ella quiero centrar esa reflexión, porque con ella sucede exactamente lo contrario a lo de la conducción autónoma: que ya está aquí.

Decía unos párrafos más arriba que no siempre los constructores habían dirigido sus estrategias industriales hacia las tendencias que ellos mismos reconocían… y es que, durante varios años, se mostraron igual de pendientes de desarrollar tecnología y servicios que de tratar de ralentizar la inevitable llegada del vehículo eléctrico al mercado, donde reconocían ya la superioridad tecnológica de los fabricantes chinos en lo referente al powertrain eléctrico y la amenaza de tecnología a precios imbatibles que ello suponía para su mercado. Y eso pasó especialmente en Europa… y no es descabellado que vuelva a pasar, a poco que el mercado lance cualquier señal de dificultad para la progresión del coche eléctrico, que es muy posible que se abrace como un «brote verde» al que agarrarse para no evolucionar al ritmo necesario.

El mercado europeo de producción de automóviles ha perdido fortaleza y, de hecho, es un mercado que podemos considerar estancado, como muestra la siguiente gráfica:

La pérdida de fortaleza se manifiesta, sobre todo, cuando consideramos el peso que esta capacidad demostrada de producción va teniendo, año tras año, en el mercado mundial de automóviles, peso que va descendiendo significativamente, como podemos ver a continuación:

Traducción: considerando que el número de automóviles de pasajeros vendidos en toda Europa en 2023 fue de 12’85 millones (10’5 en la UE), cuando en el cuatrienio 2016-2019 se había alcanzado una media del entorno de los 15 millones, parece deducirse que Europa no está siendo capaz de que su capacidad exportadora compense el descenso del consumo interior.

Y el problema es que esta situación es muy probable que no solo no pueda seguir manteniéndose así, sino que puede empeorar: Europa puede perder significativamente, a corto plazo, parte de su actual capacidad de exportación.

La razón, cómo no, está en la inexorable electrificación del mercado y en el dominio tecnológico y de costes que va a presentar la competencia de fabricantes chinos, que van a hacerse, casi con seguridad, con una relevante cuota del mercado europeo… y mundial. Y además, también en el segmento de las grandes berlinas, donde muchos fabricantes europeos se juegan realmente su negocio.

La producción china de automóviles eléctricos sigue creciendo y tiene previsto seguir haciéndolo. Hay quien me dirá que se está ralentizando… pero yo no lo veo (solo veo el bache del covid)… y, además, «ralentizar» es crecer más despacio, no dejar de crecer. La cuestión clave es que el mercado doméstico chino está ya siendo debidamente atendido… y eso es lo que empieza a colocar el punto de mira de los constructores chinos en la venta de automóviles en el resto del mundo.

Europa es ya su segundo mercado (en 2023 disponían ya de una cuota cercana al 5%) y tienen el propósito de superar en 2024 a Japón como líder mundial en la exportación de vehículos.

El vehículo eléctrico es su gran baza, pues su dominio sobre toda la cadena de valor les permite ofrecer al mercado tecnología punta, diseño, funcionalidades y calidad percibida de alto nivel, a precios imbatibles para los constructores occidentales. Incluso para Tesla, por si me lo preguntan…

Y vean cómo se traduce el asunto:

La siguiente pregunta, estimados lectores, resulta casi obvia: ¿puede hacer algo Europa para defenderse de una invasión acelerada de vehículos chinos?

La primera respuesta viene casi enseguida: aranceles. En efecto, no son pocas las voces que en los últimos meses se han alzado reclamando una subida estratosférica de aranceles para los vehículos fabricados en China (en USA se habla ya del 100%), que se extendería a sistemas críticos como las baterías.

La justificación podría basarse en la política del propio gobierno chino en cuanto a subvenciones, tanto al desarrollo como a los materiales básicos con que fabricar un automóvil… pero en cualquier caso, hablamos de niveles escandalosos para un mundo que dice creer en el libre comercio.

Pero sorprendentemente, acaban de levantarse voces muy cualificadas en el sector, oponiéndose firmemente al establecimiento de esos aranceles, a las que creo que al menos merece la pena prestar atención. Vienen nada menos que de Elon Musk, como CEO de Tesla (en contra de lo que parecían indicar algunas manifestaciones suyas de hace tan solo unos meses) o de Carlos Tavares, el CEO de Stellantis, que no ha podido ser más claro en sus opiniones.

Especialmente interesante es el razonamiento de Tavares: los fabricantes europeos tienen ya una alta dependencia del mercado chino, que genera buena parte de sus beneficios y que soporta la mayor parte del crecimiento mundial. Las compras de componentes y sistemas chinos forman ya parte de la estructura de costes de las compañías occidentales y en concreto de las europeas como Stellantis, de forma que, por ejemplo, unos aranceles desorbitados aplicados a las baterías chinas (o a sus celdas) conducirían a un incremento de costes de los vehículos europeos y de sus precios, promoviendo procesos inflacionistas que dificultarían aún más la competitividad del automóvil europeo. Un círculo vicioso… y desastroso, según él.

Lo que Tavares dice, por si alguno no le ha entendido bien al leer el artículo enlazado anterior, es que Europa debe entender que es su estructura de costes la que debe cambiar radicalmente para hacer frente al diferencial chino, que cifra en un 30%. Dice que si Europa no se hace consciente de ello, el escenario anterior estará servido y será perjudicial para todos.

Stellantis se ha convertido en un auténtico ogro en sus relaciones con los proveedores. Recuperar los incrementos de coste de materias primas no indexadas, energía o inflación, se ha convertido en una lucha cruda, interminable y sin visibilidad de acuerdo, que está tensionando gravemente las cuentas de resultados de miles de proveedores europeos del sector de componentes.

El propio Stellantis afirma, en el marco de las conversaciones, que la posición del constructor va a seguir siendo firme y que no hay expectativas de cambio mientras Carlos Tavares siga al frente. Los componentistas europeos están al límite, habiendo alcanzado acuerdos de recuperación de costes con la mayoría de los restantes clientes, pero… ¿y si Carlos Tavares estuviera en lo cierto? ¿Podría ser que su visión de la necesidad de reestructurar dramáticamente el mercado europeo fuera la única viable para la supervivencia y la pujanza del sector en el continente?

Espero que no… pero me deja una gran duda en el aire.

A ver… llegados a este punto, más de uno de ustedes, estimados lectores, puede estar pensando que todo esto puede suceder… siempre que la electrificación del mercado suceda según prevén los agoreros. Y puede que piensen que esto realmente no está siendo así.

Pues me temo que se equivocan…

A nivel social, la percepción es que el vehículo eléctrico (y en especial el eléctrico puro) sigue sin tener una presencia significativa en las calles. Lo que pasa es que, siendo verdad… en realidad eso es poco relevante: con un parque de vehículos envejecido (tanto en España como en el conjunto de Europa), la renovación del mismo solo se produce en un 8-9% anual, por lo que, suponiendo que la cuota actual de vehículos eléctricos fuera del 10% de las ventas anuales, significaría que cada año se inyectaría a lo que vemos en nuestras calles menos de un 1% adicional de eléctricos.

Pero claro, a nivel de sector fabril, el mercado ya consumiría realmente ese 10% de eléctricos… Y les adelanto que esa cifra, en 2023, fue realmente de un 14’6% para las ventas europeas y no de ese 10% que hemos usado como ejemplo.

¿Y eso que significa a corto y medio plazo?

Para tratar de intuir ese futuro, el concepto clave es la tasa de crecimiento anual y el CAGR que podamos estimar. En los últimos años, el crecimiento global de los vehículos eléctricos y en particular de los eléctricos puros (BEV) ha rondado cifras que superan consistentemente el 40% anual, con CAGR claramente por encima del 50%, como verán en la siguiente gráfica:

Bajo otros parámetros y con otras cifras, aunque en este caso con una ralentización del crecimiento en los dos últimos años, en especial en los PHEV (tendencia que, por cierto, se está revirtiendo significativamente el lo que llevamos recorrido de 2024), esta situación se replica en territorio europeo:

Es frecuente encontrar voces tranquilizadoras respecto de las cuotas que el vehículo eléctrico, y singularmente el eléctrico puro («la cuota del BEV aún supone apenas un 10%«, «la cuota de eléctricos ya no tira, se ha estancado«, «el mercado no crecerá porque no hay suficientes infraestructuras de recarga«…), pero es muy importante entender el efecto del crecimiento anual medio (el CAGR) en diferentes etapas de crecimiento de un producto nuevo en el mercado, como ha venido siendo en los últimos años el vehículo eléctrico.

Y es que es muy fácil mantener un discurso de desprecio de un crecimiento del 40% (digamos) cuando la cuota de mercado es del 0’6% (porque al año siguiente aún sería de un mísero 0’84%), cuando la cuota de un año es el 1’65% (porque al año siguiente aún sería de un despreciable 2’3%), o incluso cuando la cuota sea de un 3’2% (porque al año siguiente sería de un aún muy tolerable 4’5%).

Pero cuando empieza a ser complicado mantener ese discurso despectivo es cuando, a medida que pasan los años, la cuota alcanza niveles por encima de dos dígitos… y es que ESTAMOS YA EN ELLO. Observen el impacto que podría tener un par de escenarios de crecimientos anuales continuados en las cuotas de automóvil eléctrico en Europa en tan solo 5 años:

Si alguno tiene interés en la electrificación de otro tipo de vehículo y tiene la tentación de pensar que esto está ocurriendo solo en el automóvil, lamento defraudarle… Vean a continuación, con un conjunto de datos más reducido pero igual de significativo, un ejercicio similar aplicado a los autobuses eléctricos:

Solo en 5 años. Poca broma, ¿no creen?

Pues esto no ha acabado…

Lo más importante es entender el potencial impacto que sobre el mercado europeo, y en especial sobre los fabricantes europeos de componentes como derivada, puede deducirse de la combinación de toda la información anterior.

Y China… vuelve a ser la clave.

En las últimas semanas se han sucedido informaciones relevantes respecto de la presencia de vehículos chinos en Europa, como muestran los siguientes ejemplos:

Vamos llegando al final. Recapitulemos:

  • El mercado europeo de producción de vehículos puede considerarse estancado, o en crecimiento vegetativo.
  • El mercado europeo de consumo de vehículos muestra signos de retracción.
  • Los fabricantes chinos han comenzado a abordar la exportación masiva de vehículos.
  • Las empresas chinas ostentan actualmente el liderazgo tecnológico en todos los elementos relevantes de la cadena de valor y de suministro.
  • Los constructores principales chinos han declarado que Europa es su primer mercado objetivo después del interno y ya están dando los primeros pasos para captar cuota.
  • El diferencial de precios de vehículos chinos respecto de occidentales se acerca al 30%, en segmentos equivalentes, para nivel de tecnología, prestaciones y calidad percibida similares o favorables al producto chino.
  • Hay voces cualificadas que proclaman su oposición a medidas proteccionistas como la imposición de aranceles a vehículos y componentes chinos, considerando que ello generaría una inflación de costes a la producción europea, una pérdida de competitividad a nivel global y un consecuente derrumbe de las exportaciones… y en definitiva un descenso drástico de los volúmenes de producción de automóviles en Europa.

Todos estos factores dibujan un escenario competitivo (casi más a corto que a medio plazo), en el que parece afirmarse una inevitable, creciente y notable presencia china en las ventas de vehículos en Europa, cimentadas en su dominio tecnológico, prestacional y de costes sobre el vehículo eléctrico. Un escenario en el que los fabricantes de componentes van a tener serias dificultades de participar, pues en general no forman parte de los paneles de proveedores de estos constructores… y difícilmente lo van a estar en los casos en que se vendan vehículos importados. Un escenario en el que los constructores europeos vean cómo se sigue reduciendo el consumo interno y como se ve mermada su capacidad de exportación y por tanto su volumen de producción en el viejo continente, con un tejido productivo a nivel de componentes también poco competitivo frente a los costes chinos.

¿Conclusión final? Con todos los ingredientes en la coctelera… creo que no lo vamos a pasar bien.

No me gusta ser catastrofista, aunque todo lo anterior se parece mucho a una «tormenta perfecta»… pero la industria europea tiene delante un desafío de extraordinaria magnitud, que debe afrontar desde los costes (donde ir más allá de donde se ha llegado dibuja escenarios socialmente más bien duros) o desde la innovación tecnológica y de producto (donde habría que «tirar por elevación», como por ejemplo ocupando posiciones de liderazgo en nuevas químicas o electrolito sólido, en el caso de baterías).

Menudo panorama…

¿Cómo lo ven?

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Nota: los gráficos y tablas de este artículo son de elaboración propia, pero, con alguna mínima excepción, están basados en datos extraídos de informaciones de Statista, ACEA, Jato, CEIC y otras fuentes análogas, consideradas suficientemente confiables como fundamentos de este análisis.