¿Números de blog?

Solo habían transcurrido tres meses de la vida de esta bitácora cuando escribí el artículo “Números de blog” para celebrar las 1.000 primeras páginas vistas.

Desde entonces, cada año he ido haciendo balance de cómo me va en esta historia, incluyendo los datos de visitas y la evolución del grado de atención que esta modesta casa despierta en su apreciada comunidad… aunque en varias ocasiones advirtiendo de las dudas que las “estadísticas” de WordPress me ofrecían en cuanto a fiabilidad de los datos.

Hoy ya no me cabe ninguna duda.

Desde la última gran renovación de LinkedIn, esta red profesional contabiliza las visualizaciones que dentro de ella se realizan a las publicaciones que uno hace allí. Como tengo ligada la publicación de artículos del blog desde el propio WordPress a mi perfil en LinkedIn, dispongo de una contabilización específica del tráfico que llega a mi bitácora exclusivamente en ese origen… hecha por ese origen.

El pasado viernes día 10 hice un balance de vistas en ambas fuentes de datos, desde la fecha de publicación de cada uno de los últimos 5 artículos, hasta dicha fecha… y el resultado fue el siguiente:

Como ven, LinkedIn registra 775 páginas vistas desde su propia plataforma (de la que no tengo por qué desconfiar, porque me he ido fijando en cómo iba creciendo cada una día a día hasta estancarse, en este periodo de control), algo imposible si WordPress me dice que sólo se han visualizado 111 en el conjunto de todas las fuentes de acceso en el mismo periodo.

Fuentes que para mí son:

  • Facebook (en mi caso desde luego con un tráfico nada desdeñable),
  • Twitter (que ha ido disminuyendo, pero que aún me sostiene una cierta actividad de enlace),
  • otras redes como Viadeo o Xing donde también publico (admito que en estos casos, cantidades despreciables),
  • Whatsapp (sí, también aquí… y en este caso, por ejemplo, he podido verificar que solo entre los días 12 y 13 hubo casi 100 páginas vistas de la serie “Arte y Bilbao” por este canal),
  • búsquedas de términos o imágenes (siempre hay una cantidad modesta, pero continua, de visitas a través de los motores de búsqueda como Google),
  • feeds sindicados (los Feedly de rigor, que “haberlos hailos”),
  • suscripciones al blog (a través de WordPress, por correo electrónico o por Networked Blogs).

Así que… no solo LinkedIn me muestra que debería multiplicar por 7 los registros de las estadísticas de WordPress, sino que, en función de las otras fuentes de visitas que no puedo controlar, ¿por cuánto tendría que multiplicarlos? ¿Por 10? ¿Por 15? ¿Por…?

Ya… ya sé que los pobres de WordPress.com no tenemos derecho a quejarnos, que todo es gratis y que se trata de un asuntillo amateur… que si uno quiere conectar su blog a Google Analytics u otros servicios, “hay que profesionalizarse” y pasar a WordPress.org…

Bueno, pues no.

Cuando a uno le ofrecen estadísticas desde quien es el indiscutible número 1 del mundo en su campo, espera fiabilidad.

Y si no, que las quiten.

¿No crees, WordPress.com?

Anuncios

Vibraciones: arte y Bilbao (y 4) – El arte de la ciudad

Bilbao se ha llenado de diseño y de arte. No es la primera vez: el proyecto del Ensanche de finales del siglo XIX y su ampliación de principios del XX salpicaron ya entonces la ciudad de grandes edificios firmados por arquitectos de gran prestigio, entonces necesariamente cercanos.

Pero la construcción del Museo Guggenheim a finales del siglo pasado fue la punta de lanza de una nueva transformación gigantesca de la ciudad, que había venido dando la espalda a la ría en su ya maltrecho pasado industrial y que decidió revertir esa situación convirtiendo las márgenes en la piedra angular de nuevos espacios urbanos dedicados al ciudadano, definidos desde el urbanismo y la arquitectura de diseño.

Arquitectos como Arata Isozaki, César Pelli, Santiago CalatravaFrank Gehry, Álvaro Siza, Rafael Moneo, Philippe StarckDiana Balmori, Ricardo Legorreta o Federico Soriano, han firmado la gran arquitectura de Bilbao en los últimos 20 años, a la que se han sumado arquitectos locales de estudios tan interesantes como Idom, Coll-Barreu o IMD.

Junto con la intensiva rehabilitación integral del Casco Viejo tras las inundaciones de 1983, la profunda restauración de numerosos edificios públicos y privados, o el cosido subterráneo del la ciudad con el hilo del metro firmado por Norman Foster, Bilbao es una ciudad para vivir, para pasear y para visitar.

Una ciudad inmersa en seguir construyendo futuro, en una nueva fase de transformación urbana ya en construcción, diseñada sobre la futura isla de Zorrotzaurre bajo el concepto creado por Zaha Hadid.

Una huella marcada por nada menos que 5 premios Pritzker (el considerado Nobel de la Arquitectura), de entre los 40 nominados a lo largo de toda su historia.

Este último artículo de la serie “arte y Bilbao” aborda las expresiones artísticas que llenan sus calles, singularmente en el ámbito de la arquitectura pero también en el de la escultura y el de la pintura.

En ese denso puente del Pilar pasado hubo tiempo para más que museos y restaurantes. Por ejemplo, decidimos acompañar a nuestros visitantes en el paseo por la ría a bordo de uno de los barcos de Bilboats. Desde el embarcadero en el paseo de Uribitarte (casi frente al Ayuntamiento) y hasta el final de la actual península de Zorrotzaurre, se consigue una síntesis panorámica de buena parte de los edificios emblemáticos anteriores y de varios exponentes de la edificación de finales del siglo XIX, varios de los cuales pueden ver en las fotografías que siguen.

Por supuesto, no se acaban con ese paseo fluvial las posibilidades de disfrute de arte entre las calles de Bilbao. Sin ánimo de abusar de su paciencia y sin afán de ser exhaustivo, voy a recoger para terminar una muestra adicional de arquitectura, junto a dos selecciones de escultura y pintura de las que puede un visitante disfrutar paseando por la ciudad.

ARQUITECTURA

Al margen de la arquitectura religiosa, también abundante y rica, el modernismo, el eclecticismo, el racionalismo… todas las tendencias arquitectónicas de los siglos XIX, XX y XXI tienen presencia en la edificación civil de la villa, habiendo sido protagonista en las décadas más recientes de la transformación de una ciudad industrial a una de servicios, con un marcado componente cultural y un elevado impacto a nivel internacional.

ESCULTURA

No hace muchos años que los bilbainos nos retábamos a descubrir esculturas encajadas en los muros y cubiertas de los edificios de la ciudad. Entonces, en ese pasado industrial que aún muchos recuerdan y que definía a la ciudad por la suciedad de sus fachadas, nadie buscaba belleza artística en sus paseos urbanos.

Cómo hemos cambiado… Hoy, esas estatuas son parte de nuestro paisaje e incluso las reconocemos si nos muestran su imagen. Somos capaces hasta de acertar su ubicación.

Pero el cambio más importante de los últimos años en el campo de la escultura se ha producido fuera de los muros, directamente sobre las plazas, los jardines, los paseos y las calles de la ciudad. Mi selección para este artículo solo contiene escultura con ese carácter: con voz propia.

PINTURA

¿También pintura? ¿Sorprendidos?

Pues sí: también la pintura tiene sitio en la ciudad, fuera de lo que encierran los muros de los edificios, me refiero. Bien… quizá con mayor polémica… pero es indudable que son obras que empiezan a ser catalogadas, con algunos autores internacionalmente reconocidos que empiezan a dejar su impronta artística en varias ciudades del mundo y cuyo potencial creativo se remunera por parte especialmente de las administraciones locales.

No es Bilbao una excepción… y algunos de los murales que pueden disfrutarse en la villa tienen calidad como para traerlos a modo de cierre de la serie.

Pasen, vean… y díganme luego qué opinan de esto…

Hemos terminado.

Con un “añadido publicitario”, esto fue el resumen no exhaustivo de tres días de octubre alrededor del arte en la Villa de Bilbao. Espero que hayan disfrutado de los cuatro posts de la serie y, sobre todo, que les haya dejado con ganas de visitar la ciudad con los ojos puestos en la belleza.

Quizá, incluso, lo puedan hacer en la suya… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (3) – Reflections y Eneko, ¿arte efímero?

Esta tercera entrega de la serie “arte y Bilbao” es un tanto especial.

La Wikipedia define el concepto de “arte” como “cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos“.

Para el diccionario de la RAE, es una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros“. 

Además de las visitas guiadas a los museos de Bellas Artes y Guggenheim que describía en los dos posts anteriores, el puente del Pilar dio para muchas otras actividades en las que, a mi modo de ver, el arte se expresa a través de propuestas en cierto modo efímeras, destinadas a no ser reproducidas nunca más o a desaparecer tras ser disfrutadas o consumidas por el observador.

La primera la habrán adivinado quizá por las imágenes de cabecera. Ha inundado redes sociales (me consta que no solo en nuestro entorno) y medios de comunicación, así que a muchos de ustedes no les resultará extraño que la traiga hasta aquí. Se trata del espectáculo de proyección de luz y sonido que sobre la fachada fluvial del museo Guggenheim, se diseñó y representó a modo de celebración del vigésimo aniversario de un museo que ha sido pieza clave en la transformación de la ciudad.

Como un fenómeno recursivo, la piel de titanio fue reflejando durante 20 minutos su entronque con la cultura del hierro, las analogías con el universo naval al que sustituyó, los primeros bocetos, el diseño imposible, la construcción desafiante de su armadura interior, el crecimiento de su epidermis metálica… y sus obras, claro, a través de elementos simbólicos como arañas, pensamientos, gamas cromáticas, geometrías…

El montaje, que se tituló “Reflections“ y que se proyectó del 11 al 14 de octubre, fue diseñado y desplegado por 59 Productions, una empresa británica especializada en espectáculos de mapping.

He leído que se utilizaron 900.000 lúmenes de luz de proyección, casi 5 km de cable de fibra óptica, 120 toneladas de equipo, 160.000 vatios de potencia de altavoz y más de 1 millón de lúmenes de equipo de iluminación. La cifra más importante, con todo, es que más de 300.000 personas asistieron en directo a la representación a lo largo de los 4 días de proyecciones.

No es vídeo-arte, no es cine, no es música… pero es una indudable mezcla de arte y tecnología cuyo propósito es despertar sensaciones detrás de un significado, detrás de una historia. Una pieza artística efímera, que nunca podrá volver a verse en vivo.

Pónganse cómodos, activen el sonido, suban el volúmen y proyecten a pantalla completa los 20 minutos que siguen a continuación. Podrán ver… una gran copia. 😉

Esperen… que esta vez hay más.

Dos por el precio de uno y en esta ocasión, arriesgando. ¿Creen que la gastronomía es arte?

Bueno… no me refiero a cocinar… sino a esa cocina que vive para alcanzar las tres estrellas Michelín. Sin entrar en la polémica del enlace anterior, permítanme defender que sí: de la misma manera que dibujar un croquis del salón de casa o silbar una melodía distraidamente mientras hacemos cualquier otra cosa no son manifestaciones de arte en pintura o música, admito sin discusión que cocinar unas alubias hogareñas no es arte aunque pueda “tenerlo”. 😉

Pero es que hay cosas… En uno de esos tres días nos regalamos el placer de disfrutar de uno de los menús del Eneko, uno de los restaurantes del complejo del Azurmendi que dirige Eneko Atxa desde su atalaya de Larrabetzu (a tiro de taxi, si pueden).

Creo que esa cocina es arte, que trata de provocar emociones en quien se acerca a ella, que utiliza materiales orgánicos, sí… pero que lo hace desde la técnica artística, construyendo texturas, jugando con la luz, con los aromas, elaborando geometrías y gamas cromáticas para el deleite de la vista, diseñando los espacios y generando, en definitiva, sensaciones para la mente que uno descubre por primera vez allí.

No es solo una efímera experiencia sensorial, sino que también es evocativa. Y también es heredera de quien la construye, de su experiencia vital, de sus raíces, del mensaje que con ello quiere transmitir… que lo hay (e importante, me consta por una experiencia previa) en un cocinero de autor como Eneko Atxa.

Déjenme decirles que hay pocas cosas más voluptuosas que el “huevo de caserío sobre estofado de trigo” que probamos, pocas cosas tan sorprendentes como la explosión en la boca de cada “aceituna helada”, pocas tan esenciales como la “gatzatua de foie”, pocas tan intensas como la niebla aromática de fresas para dar la bienvenida al postre…

Pero si aún piensan que el párrafo anterior es solo un conjunto de experiencias sensoriales, echen un vistazo a las siguientes imágenes… y luego hablamos.

   

Mantequilla de cebollino y sal rosa del Himalaya        Aceituna helada con tierra de oliva negra

   

Gatzatua de foie y vino tinto                                         Vermut de Zerratia

Huevo de caserío sobre estofado de trigo y jugo de pimientos a la brasa

   

Rabo de vaca Betizu envuelto en pan crujiente        Merluza al carbón con emulsión de salazones

   

Secreto ibérico “Joselito” al sarmiento, crujiente                 Niebla aromática de fresa

Mmmm… ¿Opinión?

¿Sí? ¿No? Ya ven que tres días dan para diversificar extraordinariamente la aproximación al arte, hasta extremos insospechados pero muy apetecibles, jejeje… y eso que me he propuesto no ser exhaustivo. 😉

Venga… Ya solo queda la cuarta y última entrega: la ciudad.


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (2) – Baselitz, Viola y el Guggenheim

Era viernes y 13… en este mes de octubre de Bilbao.

En el post anterior les invitaba a acercarse cuanto antes a la ciudad para ver una exposición extraordinaria. Hoy les voy a dar una razón más para hacerlo con extrema urgencia… y no podré darles dos, porque parte de lo que ese día podía visitarse, hoy ya no puede verse.

De nuevo era una visita guiada, pero en esta ocasión a dos exposiciones temporales en el Museo Guggenheim: “Los Héroes” de Georg Baselitz (lo siento, ya no podrán verla) y la retrospectiva de Bill Viola (aún abierta, pero solo hasta el 9 de noviembre).

Impresionante la muestra de Baselitz, uniendo la serie de obras originales de sus “héroes” (realmente antihéroes, tras la posguerra y en plena guerra fría en los 60), con la reinterpretación 40 años más tarde denominó Remix y con el paso intermedio de sus composiciones fracturadas.

Sin ánimo de ser muy pesado, les introduzco brevemente en el asunto: en la serie inicial, sus “Héroes” son soldados o pastores deformes y desproporcionados, vestidos con andrajosos uniformes militares, desgastados, con frecuencia con objetos recurrentes, siempre destrozados, inútiles, pintados con gamas cromáticas muy identificables con el feísmo alemán… para mostrar un mundo siempre a medio camino entre el fracaso y la resignación. Las manchas y los trazos firmes no escapan de lo figurativo, sino que lo refuerzan.

Entender a Baselitz (su vida en el este y oeste de Alemania, su crítica al “hombre nuevo” del realismo socialista y su revisión del papel alemán en la posguerra) es, una vez más, adquirir una nueva forma de mirar su obra.

No… no sabía nada de esto antes de verla. Solo tenía en mente su nombre entre la nebulosa de nombres de artistas que en algún momento sé que han existido. Nada de qué avergonzarse: imagino que les pasa algo similar a la mayoría de ustedes, queridos lectores… con la honrosa excepción de quienes sean realmente conocedores del arte de nuestro tiempo.

Por eso me pareció una vez más indispensable la visita guiada. No son ya guías a la vieja usanza, declamantes de textos aprendidos, perfectamente encapsulables en un gadget de visita guiada… son personas que saben de arte, de artistas… personas con las que, disponiendo de tiempo, la conversación se hace más rica cuanto más indaga en la comprensión de sus vidas y de sus obras. Personas que ayudan a que la belleza aparezca, casi insultante, desde el fondo de desolación y melancolía de una obra, precisamente por ellas.

Si quieren probar un aperitivo de cómo puede entenderse y disfrutarse uno de los trabajos de Baselitz (“La Señora Lenin y el Ruiseñor”, ahora perteneciente a la colección permanente del Guggenheim Bilbao), les recomiendo encarecidamente que vean el breve vídeo disponible en la propia página del museo.

No ahondaré más en Baselitz porque, desgraciadamente para quien quiera aún verla, el pasado 22 de octubre cerró sus puertas, pero aún hay tiempo (poco… apenas 10 días), para disfrutar enormemente de la retrospectiva de Bill Viola. Es espectáculo puro, sensibilidad, experimentación, provocación…

¿Han visto alguna vez una exposición de vídeo-arte? Les reconozco que yo había hecho dos o tres intentos de disfrutar de alguna en el pasado… sin conseguirlo. Frías, ininteligibles, a menudo desasosegantes sin contrapartidas de emoción o belleza…

Nada que ver con la brutal retrospectiva de Viola: limpia, sensible, sorprendente, serena, reflexiva, provocadora… muy humana.

De nuevo entender al personaje es clave, aunque en esta ocasión, son los comentarios sobre la obra (no muy del agrado al parecer de Bill Viola, que prefiere que su obra se disfrute sin explicación alguna) los que permiten vestirla de significados que tiñen la luz que se imprime en nuestras retinas.

El mito de Sísifo disfrazándose entre las pantallas, la naturaleza humana del sutil lenguaje del cuerpo, la ruta de la vida hacia la levedad de la muerte o la suspensión etérea de los sueños se muestran en una exposición de la que quizá convenga disfrutar en soledad, aunque se vaya acompañado.

Vean los vídeos que les dejo más abajo para hacerse una idea de lo que se pueden encontrar.

Si no están a tiempo, seguro que nuevas exposiciones temporales ocuparán el sitio de éstas con brillantez, pero es que además, la colección permanente del museo es espectacular: la descomunal obra paseable de Richard Serra, los neones de Holzer en el atrio, la propia arquitectura del museo… Con un buen guía, hasta puede que alcancen a traducir el mensaje detrás de la obra viva que es la “Tierra De Los Dos Ríos” de Kiefer, a entender cómo Rothko consigue recrear espacios luminosos por la simple superposición de infinitas capas cromáticas o, ya en el colmo de los colmos… hasta comprender a Motherwell 😀 .

No digo más… En un par de artículos les he propuesto un fin de semana perfecto: una mañana en el Bellas Artes, otra en el Guggenheim… y en las tardes y noches libres, una ciudad para pasear su arquitectura o disfrutar de su gastronomía, en una sucesión de muchos momentos convertidos en un deleite de arte.

Pero eso lo contaré dentro de unos días… 🙂


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: arte y Bilbao (1) – Koplowitz y el Museo de Bellas Artes

Han pasado ya 15 días y aún queda el regusto inquieto de un puente del Pilar disfrutado desde los sentidos. Un grupo diverso y de origen diverso se reunía en Bilbao para ver la ciudad desde sensaciones traducidas por la luz, el color, los aromas, la imagen, los sabores, los sonidos y las formas ligadas al arte, en su pleno sentido.

La agenda cubría tres días, con nivel de actividad descendente pero siempre intensa, llena de experiencias que uno no se permite con asiduidad, o simplemente suceden de forma efímera.

Van a ser varios post… pero suele ser buena práctica empezar por el principio, ¿verdad? 😉

A las 10 y media de la mañana del 12 de octubre nos esperaba la colección particular de Alicia Koplowitz en el Museo de Bellas Artes. Una visita guiada.

La muestra exhibe pinturas, dibujos y esculturas desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, sin un hilo conductor más allá de una permanente búsqueda de la belleza.

Nada menos que 90 piezas de una colección que hasta ahora se había expuesto solo una vez (recientemente y de forma más reducida, en julio, en el museo Jacquemart-André de París) y que es una de las colecciones privadas más impresionantes que existen en Europa.

Por lo que nos contaron, la orientación de la colección o al menos su composición era hasta ahora desconocida y desde luego inédita.

Impensable ese estreno en Bilbao, probablemente, de no ser por la excelente relación personal de Alicia Koplowitz con Miguel Zugaza, otra vez director del museo bilbaíno tras la larga y fructífera etapa de saneamiento, modernización y relanzamiento del Prado.

La experiencia de una visita guiada por el arte contemporáneo es única, espectacular. Para un profano como es este escribidor, entender la forma en que cada autor construye su obra, siempre ligada al entorno y los avatares de su vida, abre una inmensa puerta a ver cada pieza desde una perspectiva radicalmente distinta, a absorber una belleza que explota más allá de los cánones de la estética, la armonía o el equilibrio muchas veces invisibles desde la mirada incompetente.

En la colección de Alicia Koplowitz están Miquel Barceló, Modigliani, Rothko, Bacon, Giacometti, Louise Bourgeois, De Kooning, Warhol, Twombly, Van Gogh, Gauguin, Canaletto, Picasso, Juan Gris, Toulouse-Lautrec, Goya, Zurbarán… pero no es esta abrumadora acumulación lo que más hace recomendable la visita.

Es entender…

Entender el camino hacia el desvanecimiento de lo figurativo de muchos autores, admirar la desproporcionada dimensión de la mano de una mujer picassiana, sentir la desolación de las obras de Bacon desde su necesidad de estar sobrio para expresarla, preguntarse por qué se percibe esa extraordinaria belleza en la mujer pelirroja de Modigliani, apenarse en el contraste de la muchacha con su abrigo de pieles de Freud, entender la compleja relación con el comportamiento de la madre y su significado tras las arañas de Bourgeois

La experiencia es extraordinaria, créanme.

Si se han intentado acercarse alguna vez como profanos a este mundo de percepciones intangibles… ¿qué opinan de Miquel Barceló, de su estética y de la utilización de materiales orgánicos? ¿Pondrían un Francis Bacon en su casa si tuvieran la posibilidad de hacerlo? Quizá la respuesta sea no: por la tristeza de la que se impregna cada mirada, por el desasosiego que genera solo el sentir que está al lado, vigilante, o incluso por un simple y subjetivo criterio de fealdad estética o cromática…

Pues hoy yo sí lo haría. Sin dudarlo, disfrutando de entender la tragedia o la belleza que hay detrás de cada trazo, de cada elemento, de cada sombra… como no hubiera sido capaz de ver nunca por mí mismo.

Reconozco que aún hay artistas y obras que se me resisten: Juan Gris, Tàpies… Su dureza me aleja, pero…

TIENEN que ir, están a tiempo: se ha prorrogado, de momento, hasta el próximo 12 de noviembre. Cojan su coche, reserven hotel o vuelo, compren las entradas… y hagan una visita guiada, por favor: llamen o hagan lo que sea necesario para que esté disponible.

Entenderán el arte, en especial el arte contemporáneo, como nunca lo habían entendido.

Y disfrutarán de un museo que es mucho más que la colección de Alicia Koplowitz, en una ciudad que ya es un lugar al que hay que ir.

 


Los cuatro post de la serie son:

Vibraciones: Cataluña

Mi muchas veces admirado Manel Muntada, ha abrazado definitivamente la defensa pública en las redes del referéndum catalán convocado por la Generalitat para este domingo.

La mayoría de mis amigos y conocidos catalanes lo ha ido haciendo a lo largo de los últimos meses, y aunque en su caso me había parecido que de forma más tardía (algunos de mis contactos llevan al menos dos años haciendo proselitismo del “problema catalán” y ya hace mucho que no hablan ni comparten otra cosa), ayer enlazaba en Facebook un artículo de Jordi Galves, publicado por elnacional.cat, que les invito a leer antes de seguir con este post.

¿Ya?

¿Lo han leído?

Pues sí es así…

  • En efecto. Todo eso y mucho más (pero más serio) es lo que muchos miles (¿millones?) de personas y toda una generación de dirigentes políticos han decidido arriesgar jugándose la partida a un órdago a la grande.
  • Y sin embargo… ya hace mucho, pero mucho tiempo que observé que los viejos jugadores de mus juegan “a la piedra”… y es la forma en que parece que siempre… terminan ganando.

Hace ya más de cuatro años que conversaba con Alfons Cornella y Josep Lluis Sánchez en un acto que organizamos en Mondragón sobre lo que entonces ya estaba en marcha, al hilo de la convocatoria de Artur Más para el fallido referéndum de noviembre de 2014. Ellos ya estaban convencidos del camino a seguir, a pesar de que mi visión (distante, no podía ser de otra forma) se aproximaba más la de una generación de políticos catalanes que había decidido conducir a sus ciudadanos por el abismo de las emociones… que es un camino que percibo que siempre acaba mal.

Como mínimo, como un ejercicio de gigantesca frustración social y colectiva.

Con suerte.

Muchos meses más adelante, quizá un par de años, manifestaba públicamente mi estupor (creo que fue mediante un tuit) por la forma en que mi mil veces envidiada, culta e inteligente Cataluña seguía haciendo ruta hacia un suicidio colectivo. “No lo entiendo”, decía yo… Alfons se ofreció: “Te lo explico”. Y yo: “Gracias, pero creo que no me apetecen explicaciones”.

En realidad, creo que sí lo entendía… Lo entiendo. Pero me siguen sin apetecer las explicaciones, porque no tienen ningún valor.

No he escrito prácticamente nada sobre Cataluña en estos años de tensión y desafío político, ni en forma de artículos, ni de enlaces, ni siquiera de comentarios a las publicaciones de los demás. No creo que en total haya más de una decena de modestas y brevísimas intervenciones mías en las redes sobre este tema… y un par de ellas (les aseguro que honestamente creo que MUY educadas y hasta discretas) han tenido como consecuencia que alguien me ha dejado de seguir.

La mentira egoísta es infinitamente menos dañina que la que se envuelve en papel de regalo. La verdad y la honestidad intelectual son conceptos mutilados en las discusiones que observo y la manipulación más descarada camina desnuda entre las justificaciones sin que nadie se atreva a decírselo al rey. Y no encuentro que NADA de lo que ha venido sucediendo en la vida pública en estos años, por poco que me satisfaga o por mucho que me repugne, lo justifique.

Veo a amigos y conocidos embarcados en una etapa emocionante y “trascendente” de sus vidas. También alguno por aquí, aunque la distancia predomina. Pero a mí me genera una profunda tristeza. Qué pena…

Vibraciones: violencia e imagen

Al hilo de los atentados de Barcelona y Cambrils y del tratamiento que se ha dado a imágenes relacionadas con los mismos, han surgido numerosas críticas a su divulgación, que se han dirigido indiscriminadamente a ciudadanos particulares y a medios de comunicación, particularmente a la prensa.

Hay una recomendación general, que según parece concita el acuerdo de asociaciones de víctimas, fuerzas de seguridad y psicólogos especializados, sobre la inconveniencia de publicar imágenes de las consecuencias de la violencia de un atentado sobre las personas.

Y yo, qué quieren que les diga… disiento de ella.

Hay razones para ello y no son menores, no se me escapan, pero veo también razones poderosas para lo contrario y, en el balance, mi posición se define al otro lado. Trataré de explicarlo, aún sabiendo lo complejo y sensible del asunto…

En realidad, mi argumentación se basa en un primer postulado en el que creo sin temor a ser ingenuo o meapilas: el mal existe. Anida en la mente de personas y las esclaviza desde el deleite de las emociones negativas, disfrazadas de razones que resultarían injustificables desde una posición de simple dignidad humana, posición que queda secuestrada e imposible para quien abraza el mal.

En alguna ocasión ya he mencionado mi obsesión por Perdita Durango, esa no del todo exitosa película de Álex de la Iglesia en la que el personaje de Romeo Dolorosa me dio, por primera vez en la vida, la oportunidad de entender los mecanismos del mal, de cómo un ser humano puede acomodarse en ello hasta convertirlo en el lugar donde quiere estar, el lugar donde obtiene sus más íntimas satisfacciones.

Esa película desnuda también algunos factores que lo caracterizan… y hay uno que merece ser destacado: cuando el mal alcanza su grado supremo, en el que las consecuencias para uno mismo carecen de la más mínima importancia, el único límite que tiene es lo que no alcance desde donde esté, porque a su alrededor todo puede ser objeto de destrucción, con mayor saña cuanto más bienintencionado, correcto e ingenuo sea lo que se le enfrente.

El mal se extiende hasta donde alcanza a ver… y por eso al primer postulado anterior es necesario añadir un segundo igual de importante: el mal debe ser combatido. Como en la Alemania nazi, como en otros fenómenos de terror que desgraciadamente nos han rodeado demasiados años, mirar para otro lado solo alimenta a la bestia, convencerse de que “no va conmigo” solo ayuda a que se extienda hasta que llegue el turno, y discutir sobre el sexo de los ángeles en el territorio del bien solo es campo de cultivo convertido en filosofía barata con la que el mal se fuma sus canutos.

Hay que ir a la semántica de la palabra terrorismo: se trata de infundir terror. Y cuando los atentados son indiscriminados, se trata de provocar el terror en la población en general, en usted, en mi, en todos nosotros… ¿Y para qué creen que se hace? Pues, mis estimados lectores… sencillamente para influir.

Para influir en las instituciones que se supone representan a quienes atacan, para influir en las decisiones de sus estados, para influir en la opinión de sus ciudadanos, para influir en su modo de vida, en sus leyes, en sus normas de convivencia y en su esquema de valores, para que quienes les estuvieran combatiendo se replieguen por miedo a las consecuencias no solo externas sino fundamentalmente internas… y ellos consigan expandir el poder que germina de su maldad.

¿Y de qué hablamos cuando hablamos de influir? Pues de comunicación. “Comunicar es influir” es una de mis frases favoritas desde que la escuché a Pablo Gonzalo. Si no lo entienden, en mi opinión les falta aún camino por recorrer en esta materia, siento ser tan tajante…

Para sembrar terror, toda acción es inútil sin comunicación: si el neutralizador para borrar la memoria de ‘Men in Black‘ pudiera existir y ser usado sobre grandes colectivos civiles, ningún movimiento terrorista utilizaría el atentado indiscriminado como arma, porque perdería todo valor. Por el contrario, centraría exclusivamente su acción en la amenaza directa a los decisores del estado… y lo debería hacer individuo a individuo…

En cualquier caso, creo que coincidirán conmigo que sin neutralizadores esto es simplemente imposible 😉 … y que incluso si existieran sería ilícito usarlos porque parte de la libertad consiste en el derecho a conocer la verdad.

Eso nos coloca directamente como observadores de cómo actúan los medios de comunicación ante un acto terrorista, en especial si se trata de un acto especialmente violento e indiscriminado. Y en el mundo en que vivimos… casi que en todos nosotros como “agentes de comunicación”, porque la ya omnipresente presencia de internet nos habilita como tales.

¿Deben publicar los medios de comunicación imágenes explícitas de las consecuencias violentas de un atentado terrorista? ¿Deben mostrar muertos y heridos, cuando éstos se produzcan? ¿Deben hacerlo en la inmediatez de los hechos? ¿Debe hacerlo cualquiera que tenga la posibilidad de obtener una imagen? Las preguntas han estado presentes entre ciudadanos, profesionales de la comunicación, psicólogos… y la crítica ha sido con frecuencia feroz contra los medios que las han mostrado, muchas veces generalizada y no razonada, otras tendenciosamente focalizada hacia unos y no hacia otros, o incluso extendida con fiereza a quienes se esforzaron por razonar y justificar una posición favorable a su difusión, aunque fuera con condiciones.

Mi impresión (no sé si la suya, amables lectores) es que, aun admitiendo que se han cometido algunos excesos, de nuevo se ha abierto un episodio de caza de brujas en este terreno, otro ejercicio hipócrita más de eso que convenimos en llamar “matar al mensajero”.

Yo creo que es absolutamente imprescindible ofrecer esas imágenes. Como es necesario ver las consecuencias de Abu Ghraib, o como es vital mostrar la cara de una mujer víctima de la violencia machista a la que le acaban de hinchar el ojo y reventar el labio de una paliza.

El terror utiliza con maestría nuestra obligación y derecho de comunicar la realidad… así que no podemos renunciar a esa batalla que es clave en su estrategia: tenemos que utilizar ese mismo derecho al menos con la misma inteligencia, para que la sociedad no esconda la cabeza en el “de momento no me ha tocado a mí”, para que interiorice la necesidad de asumir los riesgos de enfrentarse abiertamente a una lacra como esa, para que diez días después no volvamos todos a nuestra cómoda-aunque-compleja vida como si los responsables de atajar el problema fueran solo aquéllos a quienes pagamos.

Claro que tiene que haber límites. Como en todo en la vida. Y reglas de actuación: recordemos que se trata de actuar con inteligencia… y eso exige control y consensos sobre el método.

Los límites en la prensa

Hablando en primer lugar de los medios de comunicación formalmente establecidos, los límites a definir pueden tan simples como los siguientes:

  • Las fotografías no deben mostrar imágenes de personas heridas o fallecidas de modo que puedan ser reconocibles por familiares o amigos, hasta que las familias de los afectados no hayan recibido la correspondiente comunicación. Pero eso no impide publicar con inmediatez imágenes que reflejen la cruda realidad de lo que está ocurriendo… una vez convenientemente tratadas. Es muy fácil y no requiere más que un sencillo trabajo técnico al alcance de cualquiera.
  • Al menos en un atentado indiscriminado, en ningún caso debe identificarse con su nombre una imagen tomada de una víctima en el mismo lugar de los hechos (o posibilitar que sea identificable), salvo que se obtenga el permiso previo de sus familiares más directos.
  • Las fotografías no deben mostrar detalles de un dispositivo policial establecido mientras ese dispositivo policial esté en marcha. Ni de vehículos ni de agentes.. y en este caso, ni de textos explicativos o indicativos de posición. Les parecerá de perogrullo… pero la solución a este punto, cuando se da un caso concreto, no es tan sencilla como en el caso anterior, créanme, porque la valoración no depende muchas veces del criterio del periodista, al que le pueden faltar datos para establecer un juicio. Por supuesto que nunca deben mostrarse rostros de miembros de fuerzas de seguridad.
  • Las informaciones obtenidas en la inmediatez de los hechos deben proceder exclusivamente de fuentes directas u oficiales para aceptar su difusión. Las informaciones (incluidas imágenes) de sospechosos o domicilios potencialmente implicados, deben proceder siempre de una fuente confirmada.

Déjenme poner un ejemplo de libro que no implica directamente a personas concretas: la divulgación en toda la prensa de la noticia de que uno o dos terroristas se habían atrincherado, con rehenes, en un restaurante turco de Barcelona (del que se dio nombre e incluso fotografía de la fachada), poco después del atentado en las Ramblas. Era una noticia falsa que nadie verificó con los medios policiales u oficiales… pero todos la dieron, incluso con variantes. Y aun suponiendo que hubiera sido cierta… ¿de qué habría servido darla? ¿Habría ayudado a la acción policial que hipotéticamente se estuviera desarrollando? ¿Habría protegido la vida de personas? No, no y no, ¿verdad? ¿Y entonces…?

Creo que, en una crisis como la producida por un atentado de gran impacto humano, social y mediático como los de estos días, debería haber un “comité de comunicación de crisis” con participación de policías, administración y medios de comunicación, que validara las informaciones que cada medio difundiera en tiempo real. Bien realizado… podría incluso garantizar las exclusivas periodísticas y tan solo retrasar su publicación solo unos breves minutos, ¿no creen? Y sobre todo… favorecería extraordinariamente (creo) la labor policial y conduciría la colaboración ciudadana en la forma más segura y eficiente posible.

Los límites en nosotros

Queda por definir qué hacer con los comunicadores no profesionales, es decir… cualquiera de nosotros con un móvil en la mano. Internet nos permite ser generadores de contenidos o transmisores y difusores de información con un simple teléfono móvil y eso es… imposible de controlar. Pero no tiene por qué estar libre de crítica o de normas de uso social generalmente aceptadas: del mismo modo que casi todo el mundo sabe que escribir en mayúsculas en un chat es como gritar, ¿por qué no crear un manual de estilo o de uso para crisis con víctimas, que lo mismo pueda aplicarse a una masacre terrorista que a un terremoto o a unas graves inundaciones?

Y es que aquí soy mucho más crítico que con el papel de los medios de comunicación estructurados. Me repugna hasta la náusea el narcisismo de quienes apuntan su móvil a una desgracia humana como primera pulsión vital al verla, con el objetivo de mostrarla descarnadamente a los amigos, a los medios o al mundo, para decir simplemente “mirad lo que YO tengo” o “YO he estado ahí”.

Porque en estos casos es infinitamente más probable que se infrinjan los límites que a la actividad de la prensa impondría yo según el punto anterior. Es casi imposible evitar que imágenes en que víctimas fueran reconocibles, incluido niños, circulen por internet viralmente, imposibles de controlar, causando un daño adicional y totalmente evitable al daño ya causado.

La primera obligación de cualquier ciudadano testigo o implicado en un acto terrorista es proteger su propia vida; luego, avisar a los servicios sanitarios o las fuerzas policiales y colaborar después en las formas en que ellas demanden y, finalmente y solo después de lo anterior, ocuparse de atender a los afectados si se dispone de capacidades para ello.

Y nada más.

Debería por lo tanto establecerse también una especie de “código deontológico universal” por el que quienes obtengan imágenes en el momento de un ataque o en los momentos siguientes al mismo (sin poner en riesgo su vida ni la de otros), las subieran a una plataforma habilitada para ello y a disposición del mismo comité de comunicación anterior.

No es momento de ponerse medallas, sino de colaborar como ciudadano.

Y tranquilos los narcisistas… En realidad, cada imagen, cada grabación, quedaría liberada (todas ellas) solo unas horas o un par de días después, cuando ese comité considerara su divulgación ya inocua para la gestión del caso… y tendría así asegurado el reconocimiento público y universal de su propietario. Si se quiere, hasta en blockchain

Separar el mal y su origen

Espero que la inmensa mayoría de ustedes coincida conmigo en esto…

Por muchas imperfecciones que demuestre tener, en un estado democrático en el que ninguna opción ideológica o posición política es imposible (aunque a veces el camino para conseguirla sea extremadamente difícil), en el que cualquier opción ideológica o confesión tienen cabida (como parte de los derechos humanos, que siempre son individuales) y en el que leyes emanadas del entramado institucional (aun con defectos) establecen normas de convivencia básicas, ejercer la violencia contra las personas como arma para luchar contra ello es inmoral e indefendible.

Y en cualquier estado, del tipo que sea… ejercer la violencia indiscriminada contra personas de forma deliberada, para conseguir objetivos sean o no razonables o justos, es igualmente inmoral e indefendible.

Es instalarse en el mal.

Sin matices.

En mi opinión, todo asesinato es inmoral e indefendible en cualquier circunstancia, pero para lo que trato de exponer en este artículo, me quedaré con lo anterior.

Porque en todo caso, es necesario separar el mal de las causas que posiblemente (o no) provocaran su aparición, de las razones más o menos justas que potencialmente podrían (o no) justificar su existencia. Es necesario marcar una línea roja que ningún ser humano asuma que puede cruzar sin que el resto de la humanidad la combata masiva y comprometidamente sin admitir justificación alguna, ni siquiera el que otro “mal” pudiera ser el origen del suyo.

Eso fueron los derechos humanos, en el fondo: un compendio de líneas rojas públicamente reconocidas por la práctica totalidad de la especie humana. Sin matices.

Por eso existen los “crímenes contra la humanidad”.

Por eso existe el delito de “genocidio”.

Por eso, aun con sus innumerables imperfecciones y debilidades, existen tribunales internacionales con capacidad para juzgar y condenar a los culpables. Y por eso creo que una de las labores que nos corresponde como ciudadanos es exigir el reforzamiento y reconocimiento universal de los mismos.

No trato de dibujar un esquema maniqueísta de buenos y malos en el que, obviamente, nosotros seríamos los buenos. El control social de los gobernantes y de los actos de la administración y del estado debe ser intenso y tiene numerosas lagunas, algunas realmente graves… e incluso en ocasiones demasiado cercanas a una actitud criminal. Pero el terrorismo como praxis y el totalitarismo ideológico que SIEMPRE abraza son deleznables e indignos del ser humano, independientemente de su origen o de sus causas.

También sé distinguir entre adolescentes de 17 o de 20 años, maleables y manipulables desde la ideología o la fe, con las mismas herramientas que en el fondo utiliza cualquier secta… y quienes les llevan a la radicalización de sus comportamientos desde la plena consciencia de su madurez. O de cómo gestionar la lucha contra ello…

Pero no quería hablar hoy de eso.

Hoy solo quería hablar de comunicación… su principal arma de acción.

En resumen

El mal nos utiliza para vehicular nuestro terror como arma que fuerce nuestras decisiones colectivas. Usa nuestras angustiosas ansias de escapar de lo que nos atemoriza para provocar la tensión interna que nos desestabilice como sociedad. Es difícil cuestionar esto…

El miedo es un síntoma, una consecuencia emocional de lo que nos puede ocurrir en base a lo que ya ha ocurrido… y siempre es mucho más fácil ocultar los síntomas que corregir las causas. Como ciudadanos, combatir esta disociación sí es una obligación ineludible, porque lo contrario no es inane, no es inocente… ayuda al mal.

Y por eso creo imprescindible que lleguen a la sociedad las imágenes que muestran la crudeza de sus actos, porque las sociedades acomodadas tienden a esconderse de su responsabilidad, desde el no reconocimiento de que su ejercicio de la libertad es la víctima que un movimiento terrorista realmente busca, aprovechándose de la legítima cobardía que como individuos nos genera el miedo que provoca.

Porque como se reconoce universalmente en las más básicas y antiguas normas para una comunicación eficaz, no es lo mismo contar algo que mostrarlo…

No es la primera vez que hay un atentado indiscriminado y de gran magnitud en el entorno de Barcelona. Les recuerdo Hipercor, el Puerto Olímpico, Vic, Reus…

En 1991, ETA atentó con un coche bomba contra el cuartel de la Guardia Civil en Vic. Cuando hoy simplemente se incluye este atentado en una lista, ya no se cuenta que se hizo empujando el coche bomba hacia el patio interior donde jugaban las familias, haciéndolo estallar al llegar al centro del mismo… y que por tanto en él, además de numerosos heridos, entre los 9 muertos hubo 4 niñas de entre 7 y 14 años. Pero es cuando se muestran las imágenes cuando uno interioriza de verdad que aquello fue… una auténtica masacre.

Una matanza indiscriminada de consecuencias buscadas y deseadas, de las que sus autores fueron plenamente conscientes antes y en el mismo momento de activar la detonación.

Desde los dominios del mal.

Necesitamos ver. Incansablemente. Para distinguir. Para juzgar. Para actuar.

¿Hay alguien que pueda explicarme que hoy las cosas han cambiado?