Reflexiones: el talento necesario que la industria hoy no tiene (aunque no se sepa cuándo lo necesitará)

Hace unos días, en el marco de un proyecto que en mi empresa se está desarrollando sobre la atracción de talento, los consultores de People Matters que lo apoyan me pidieron que reflexionara sobre qué perfiles podía intuir, hoy no existentes, que podía necesitar una empresa industrial como la nuestra en el futuro.

Ya sé que de cosas parecidas está la red llena y que probablemente, lo que aparecerá a continuación pertenecerá a estas alturas a lugares comunes para muchos, pero ya que hice el esfuerzo de sintetizar mi punto de vista, me he decidido a compartirlo, eliminando las particularidades de mi texto original y añadiendo un par de matices aclaratorios.

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Con carácter general, es indudable que STEM lo dominará todo, pero claro, se trata de concretar competencias específicas y centrarse en las que hoy no existen o no son especialmente frecuentes en la industria, así que vamos a ello.

Parte de las competencias necesarias no deberían ser muy extrañas a los perfiles tradicionales de técnicos e ingenieros de cualquier empresa industrial… aunque quizá deban de aprender algunas de esas competencias técnicas que les resulten más novedosas… o nuevas formas de utilizarlas.

En principio y a nivel exclusivamente técnico, en lo que a procesos fabriles inteligentes y conectados se refiere, siempre hay un primer paso que es la automatización de los mismos… y un segundo que es la integración automática de la información (sistemas MES), que es la base de la fabricación avanzada o industria 4.0.

De automatización se supone que la industria (y singularmente la vasca, que me resulta más cercana) sabe ya mucho, o puede resolverlo con una amplia red de proveedores muy cualificados. La integración automática de información es ya otro cantar, pues no se trata de un mero proyecto de automatización de la gestión de la información, sino de saber qué es lo que se quiere hacer con ella, qué objetivos o retos estratégicos se quieren alcanzar:

  • ¿cero defectos?
  • ¿eliminación de operaciones?
  • ¿supresión de la realización de muestras?
  • ¿reducción de las pérdidas internas?

Cada uno de esos objetivos requeriría de tecnologías diferentes… y de competencias diferentes.

Si elevamos un poco la mirada, desde el proceso puramente fabril ascendemos hasta considerar la fábrica entera. Y elevándola más, desde la fábrica subimos hasta la empresa, conectada al mercado. En realidad caben tres niveles:

  • La línea de producción, con máquinas que “conversan” entre ellas y deciden qué es lo mejor para el producto y el proceso.
  • La fábrica, compuesta de líneas de producción que forman un sistema conectado que consume recursos y genera valor añadido.
  • La empresa, que abarca la cadena de valor completa y se inserta en el ecosistema que forma el mercado de venta y el de proveedores.

Estas tres capas configuran necesidades en torno al talento también muy diferentes, pero con algunos rasgos comunes cuyo acento se pone en lugares diferentes en función de los objetivos buscados. En cuando a competencias técnicas, aparecerán necesidades aún no cubiertas o insuficientemente cubiertas en la actualidad:

  • Científicos de datos: personas especializadas en el tratamiento de datos, en entender o aflorar relaciones no lineales de causa-efecto, en encontrar patrones de comportamiento sobre los que diseñar algoritmos de decisión. Un científico de datos podría ser una persona perteneciente a lo que hoy se puede denominar metodista, técnico de línea o ingeniero de procesos.
  • Gestores de datos: en trabajo conjunto con los anteriores, personas especializadas en entender el valor de cada algoritmo de decisión y su encaje en los objetivos estratégicos de planta o empresa, en entender y diseñar la interconexión entre los sistemas línea-fábrica-empresa y de esta última con clientes y rendimiento de calidad de productos en el mercado, por un lado, y con proveedores y suministradores de materiales por otro. Un gestor de datos podría encontrarse en las direcciones de una minifábrica o una planta de dirección, o incluso en un área comercial o de devops.
  • Expertos en sensórica y programación de automatismos, que permitan mejorar continuamente la calidad e idoneidad de la información capturada. Estos expertos deberían encontrarse, a distintos niveles, en personas que van desde las ingenierías de métodos hasta los operadores más directos de la producción.
  • Expertos en simulación, que manejen tanto el diseño preliminar de nuevas líneas o incluso plantas de producción y que sean capaces de transformar los resultados en especificaciones de diseño, o testar las capacidades de un nuevo equipo o de una modificación física del proceso (equipos principales, auxiliares o incluso parámetros de regulación) a modo de “hardware in the loop”.
  • Expertos en infraestructuras de comunicaciones, que optimicen el almacenamiento y tráfico de información y que securicen el sistema, incluyendo redes y plataformas extensas de aplicaciones móviles.

Estas competencias técnicas deberán estar presentes en muchos ámbitos de la gestión, porque afectarán a áreas tales como:

  • La gestión del consumo de energía y la de la propia compra de energía, que se derivará de la monitorización en tiempo real de los consumos y la simulación de los mismos con las herramientas de planificación de la producción.
  • El diseño ergonómico de los puestos de trabajo que mantengan la necesidad de presencia humana, desde la fase inicial de simulación (fábrica virtual) y teniendo en cuenta la futura existencia de entornos de trabajo dotados de robótica colaborativa o de logística automatizada y autónoma.
  • La implantación de modelos de predicción del comportamiento, en muchos ámbitos (consumos, stocks…) pero singularmente en el ámbito del mantenimiento predictivo.
  • El control y gestión de los embalajes.
  • El diseño de productos y procesos, pues deberán tener en cuenta la sensorización de equipos, la identificación unitaria de productos que permitan su trazabilidad en todo su ciclo de vida, la recopilación de los parámetros de rendimiento interno y de calidad externa del producto… y la integración de toda esa información, cerrando el ciclo, en los propios estándares de diseño de productos y procesos, de forma que realimenten su optimización continua.
  • El flujo de mantenimiento y revisión continua de estándares, de producción y de gestión, que se actualizarán en tiempo real en función de los rendimientos y de workflows de aprobaciones, si fuera el caso, ágiles e igualmente desencadenados en tiempo real.
  • La homologación de procesos y productos, incluidos los procesos de homologación por el cliente.
  • La formación de acogida y el adiestramiento de nuevas incorporaciones.
  • El control y aseguramiento del reciclaje o reutilización de los productos y materiales auxiliares fuera de uso.
  • Etc.

Al margen de las competencias más “técnicas”, creo que aflorará una creciente necesidad de competencias más soft, ligadas al concepto de servitización de la actividad, que se irá convirtiendo cada vez más en un factor de diferenciación competitiva. Estas competencias, muchas hoy ya de absoluta actualidad, pero no todas en la industria, podrían ser:

  • Pensamiento de diseño (“design thinking”) como forma de aproximarse al diseño de servicios o a la innovación.
  • Relacionado con lo anterior, metodologías “user / customer experience” (UX / CX) para trabajar los procesos de diseño de experiencias en los “touchpoints” con el mercado (tanto del producto como de los procesos de gestión como ofertas, planificación o asistencia post venta, además de la gestión de la reputación corporativa), con los proveedores (vigilancia competitiva e integración en la cadena de valor), o incluso internamente (diseño de la relación hombre-máquina, comunicación interna, o satisfacción, implicación y desarrollo de personas).
  • Metodologías ágiles para la gestión, desde procesos de integración de la cadena de valor, hasta SCRUM para la gestión de proyectos o la integración de la observación competitiva en las decisiones (“responsive organization”).
  • Mentalidad “lean”, en todos los ámbitos, desde los más tradicionales de gestión de la producción y de la fábrica, hasta los conceptos de “lean startup” para el despliegue de proyectos estratégicos de diversificación o innovación.
  • Pensamiento creativo, la capacidad humana más difícil de ser sustituida por un robot y el verdadero potencial de diferenciación y competitividad de las organizaciones.
  • Trabajo en red, como símbolo del concepto de empresa abierta y conectada, desde numerosas perspectivas: aprendizaje continuo individual, trabajo colaborativo, “open innovation”, incorporación de “startups” y de profesionales “freelance” en proyectos estratégicos y operativos…
  • Pensamiento sistémico, que se hará imprescindible en cualquier ámbito: diseñando algoritmos de inteligencia artificial para las líneas de producción, manejando información para el gobierno de la fábrica, integrando cadena de valor, identificando valor apreciado por el mercado en procesos de innovación, diseñando servicios, productos o procesos, definiendo orientaciones estratégicas…
  • Actitud emprendedora, al menos para una parte significativa de las personas, que entenderán que su función no es administrar o gestionar recursos, sino crear valor
  • Pensamiento de negocio, lo que significa que el retorno de valor para la compañía debe estar permanentemente presente en cada paso que se da, en los proyectos de innovación, en los procesos de comunicación, en el marketing estratégico, en la resolución de problemas…

Creo que todo lo anterior responde a lo que entiendo serán muchas empresas industriales en el futuro, incluyendo como es lógico competidores y clientes. No sé, por el contrario, cuánto de lejos o de cerca estará ese futuro ni si habrá un lugar para quienes se nieguen a que sea el suyo. Pero para que una empresa cualquiera se aproxime a él, hay algunas barreras que romper en el camino intermedio, barreras que son importantes porque tienen fundamentos para existir e incluso razones para no ser removidas o cambiadas:

  • En las empresas industriales, la cultura organizativa suele estar fuertemente anclada a las “tareas asociadas al puesto” y al rigor en el cumplimiento de esas tareas, que es un esquema de funcionamiento demasiado rígido para la innovación abierta, la prestación de servicios avanzados y la creación continua de nuevo valor… pero hay que reconocer que muy necesario y productivo para la explotación eficiente de los recursos hoy disponibles.
  • Una parte relevante del talento que llega, busca “proyecto”, “reto”, “creación de valor” como esencia de su desarrollo profesional. Chocará con mecanismos de control del trabajo que hoy son el corazón del funcionamiento interno y del equilibrio social… y con la esencia de la mayoría del trabajo que hoy se desarrolla en la industria. De hecho, cuando esporádicamente a personas internas se les ofrece un proyecto para recorrer ese camino de creación de valor y ese proyecto agota su vida, suelen aparecer serias dificultades para encontrar huecos que les permitan continuar por el mismo camino, lo que concluye (con demasiada frecuencia últimamente) en la fuga de ese tipo de talento.
  • En definitiva, las necesidades más acuciantes de hoy no son las anteriores, sino otra mucho más básica: encontrar gente con ingenierías técnicas o CFGS para cubrir las necesidades de trabajo. De hecho, casi ninguna de las competencias anteriormente descritas (todas, aunque especialmente las técnicas) es vista como necesaria para el día a día de hoy… y si se incorporaran personas con ese perfil no tendrían fácil encaje.
  • Los conceptos de empresa ágil, responsive o emprendedora chocan también con una cultura asentada en el tiempo, que no gestiona bien los entornos de fuerte incertidumbre o los procesos de valor ligados a intangibles.
  • Y para finalizar, tampoco se acaba de saber muy bien cómo gestionar los entornos de movilidad e interculturalidad que son inherentes al tipo de empresa que viene.

¿Qué opinan? ¿Algo que echen a faltar?

¿Creen que estamos aún a años luz de necesitar todo esto? ¿Discrepan de los problemas que adelanto? O simplemente… ¿tienen otra visión del futuro?

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Reflexiones: la cara “B” de los modelos para la gestión

Un modelo solo sirve para quien no sabe. Y no siempre le sirve para algo que sea útil.

Hala… hoy toca provocar.

Intentaré ser breve y conciso, para variar… aunque sea tirando de viejos recursos “ingenieriles”, llenando el texto de apartados con viñetas para “distinciones precisas y clave”… 😉 😛

30 años de idas y venidas alrededor de la gestión empresarial me han dado para construir varios modelos de muy diversos pelajes, descubrir alguno desconocido, aprender de otros ya experimentados y, finalmente, asistir a varios solemnes funerales… fruto de defunciones por muerte natural o violenta, que de todo ha habido.

Se supone que un modelo de gestión (de gestión-de-lo-que-sea) es algo que uno debería configurar desde las experiencias vividas, desde el conocimiento de la cultura en que se trata de desarrollar y desde el aprendizaje de lo que otros hubieran ya experimentado antes, pero SOBRE TODO, se supone que es algo debería plantearse como una reflexión previa a su despliegue, como un mapa de carreteras que ayudara a la organización a recorrer un proceloso camino desconocido para ella, o como mínimo para ordenar las cosas que debiera llevar en la maleta.

Se supone… y no lo voy a discutir. Pero el tiempo me ha enseñado también otras cosas:

  • A veces, definir un modelo es una forma de autoengaño: pensar que “EL problema” es “que no tenemos un modelo” es en numerosas ocasiones un error, pues el verdadero problema es que la organización no desea realmente enfrentarse a ese asunto en cuestión, o no hay suficiente poder o liderazgo interno para ello, o no hay una visión realmente compartida sobre la necesidad de abordarlo. Pero claro, el simple hecho de ponernos a definir “el modelo”:
    • nos tranquiliza (“ya hemos empezado, se calmen todos, ya estamos en ello”).
    • nos ilusiona (“esta vez sí que lo vamos a hacer bien”).
    • nos da la sensación de que avanzamos (definir el modelo es la fase que siempre se consigue acabar).
  • A veces, el encargo a terceras partes (aka consultores) de construir un modelo, encubre una falta de confianza: alguien que no tiene ni idea del tema te encarga que lo contrates… entre otras cosas porque, además de desear que se avance en ese terreno (vamos a reconocerle honestidad), no cree que tú tampoco la tengas (idea del tema, me refiero). [Tú que vas a saber, claro, si aquí nunca lo hemos hecho… y además, si no sé yo, por qué vas a saber tú…]
  • A veces, definimos un modelo que responde a lo que ya estábamos haciendo. Digo “a veces”… pero igual tendría que decir “muchas veces”. En especial, cuando tratamos de poner en marcha una disciplina de gestión que no es tradicional, que debe ser definida de manera específica, o que responde a una necesidad nueva y sin demasiados referentes externos (en temas tan diversos como diversificación, política industrial, gestión estratégica o transformación social, por poner algunos ejemplos):
    • primero recorremos un camino y aprendemos a base de observar los resultados que vamos consiguiendo,
    • y es luego… cuando resulta que un buen día, mirando hacia atrás, descubrimos que lo que hacemos se puede describir y contar como “un modelo”, que todo cobra sentido y que “los puntos se conectan“. 🙂

Luego está la semántica… y la nomenclatura de gestión que nos inunda cada día. Echen un vistazo a este cuadro que he completado sobre la marcha:

No voy a explicarles por qué deberíamos hablar de un “sistema de gestión de compras” y no de un “proceso de gestionar las compras”, ni por qué de un “modelo de promoción” y no de un “proceso de promoción”, ni por qué de un “sistema de innovación” y no de un “modelo de innovación”: estaría lleno de matices y no es el momento ni el caso. Pero sigan las instrucciones, por favor:

  1. Elijan del cuadro anterior una columna cualquiera.
  2. Elijan a continuación una fila cualquiera.
  3. Lean el encabezado de la primera seguido del título de la segunda… y díganme si no tiene sentido.
  4. Repitan el ejercicio “n” veces.
  5. Sustituyan los puntos suspensivos de la última fila por cualquier ámbito de gestión que se les ocurra y prueben de nuevo tantas veces como deseen. 😉 😛

¿Han conseguido distinguir las frases? ¿Les ha generado esto algún nivel de confusión mental?

Con el caos hemos topado (jejeje…) —> terreno de consultores ávidos de ayudarles, deseosos de aclararles las ideas:

  • para que las entiendan y las pongan en orden en sus casas “con sencillez”. 😎 😡
  • para que piensen que con el proyecto de definición del modelo ya han hecho lo que debían y asuman que, “como es tan bueno y está tan bien hecho”, cuando se lo encarguen a alguien, al fin y al cabo “solo se trata de desplegarlo”. 😥 😡
  • para que puedan dedicarse personalmente a definir nuevos modelos y a poner más orden en sus casas, “que falta hace”. 🙄 😡

Con demasiada y creciente frecuencia, los proyectos de consultoría se plantean últimamente con una primera fase que consiste en “definir el modelo”. Incluso cuando ya hay un modelo establecido, que igual alguien piensa que “no es bueno” o que peca de haber sido definido por compañeros “no expertos”, pero que en realidad podría funcionar muy bien…

  • si el liderazgo de la implantación fuera el que debería ser,
  • si la persistencia y la paciencia organizativas en el asentamiento del cambio fueran las necesarias,
  • si el ejemplo de los que ejercen el papel de liderazgo mostrara la urgencia e importancia precisas al resto de la organización…

Sin cuestionar el trabajo de consultoría, que valoro muchas veces como necesario y que uso con frecuencia, conviene no olvidar que:

  • Un modelo de gestión de cualquier cosa, sea la que sea, nunca es LA clave para conseguir un objetivo o introducir un cambio. No digo que no haga falta, ni que no sea útil… pero si piensan que es la clave de todo o simplemente la clave principal, es que aún no han experimentado lo suficiente.
  • “La cultura se come a la estrategia para desayunar”. La frase de Drucker aplica muy bien aquí: es infinitamente más efectivo (a pesar de que parezca que todo se alarga en el tiempo), aprender de la observación y la experimentación para después, solo después, definir el modelo propio.
  • El clamor por disponer de un gran modelo respaldado por “expertos”, o la crítica destructiva de uno ya existente, esconden muchas veces una atroz falta de visión o confianza.

Bueno… no caigamos en el tremendismo tampoco… Construir un modelo siempre aporta “grandes beneficios”:

  • Recuerden: tranquiliza, ilusiona y da sensación de que avanzamos… 😉 😀
  • Permite a las empresas de consultoría facturar algo más, paquetizar su oferta… y entregar al menos una parte de lo contratado con la seguridad de que:
    • se hará,
    • se hará bien,
    • y se hará en plazo. 😉 😉

Termino diciendo que los modelos de los que más orgulloso me siento de entre los que he creado, han sido los definidos mirando hacia atrás: “conectando los puntos”.

Cuando explican el orden que ha emergido como forma de ordenar el caos.

Porque, que conste, yo soy muy de hacer modelos… 😀 😀

Año.9: balance y resumen

Desde el rol de escribidor, el número 9 me lleva a esas 9 musas, nacidas en 9 noches de amor, que a veces se entretienen bailando con Apolo y dejan de iluminar la inspiración necesaria para escribir.

Y es que 9 años hace ahora esta bitácora, con frecuencia abandonada al baile de esas musas.

Suma uno más los escritos al registro del año anterior, para cerrar con el 15 el número de artículos publicados en estos últimos 12 meses, quizá los de menor contenido profesional de la pequeña historia del blog (ya decía hace un año que se avecinaba un 2017 de crisis en el terreno profesional… y se nota) y casi con seguridad los de mayor contenido en imágenes.

En sentido radicalmente contrario a anteriores balances anuales, esta vez casi todo lo he escrito como respuesta a lo que me ha ido sucediendo. Dos ciudades (Barcelona… y sobre todo Bilbao) dibujan un escenario yin y yang para este año, en el que también una palabra lo ha llenado todo y exige ser nombrada por derecho propio: arte. Esta es la lista:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con otras 1.500 nuevas visitas (ya son más de 15.000 acumuladas). Ninguno de los del año se sitúa en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses, aunque un par de ellos, la noche en blanco en El Prat y la hibridación entre SCRUM y 5M sí aparecen entre los 20 primeros.

Eso sí, definitivamente… esto de las estadísticas de WordPress no hay por dónde agarrarlo, así que lo seguiré como a una tradición y no como a una referencia de lo que realmente sucede. Ya hace un año, en el paralelo ejercicio de balance, apunté mi extrañeza sobre las discrepancias notables observadas en la contabilización de visitas al artículo sobre Solana, entre LinkedIn y WordPress (818 frente a 134, en aquel momento).

Hace 3 meses confirmaba esa misma contradicción en el artículo sobre los números del blog, en el que me maliciaba de que este asuntillo solo podría estar pasándonos a los “pobres” de WordPress.com frente a los “profesionales” del .org.

Y en esta ocasión me reafirmo en ello. Vean en el siguiente cuadro la comparación entre las supuestas visitas totales registradas por WordPress en los últimos 8 artículos y las registradas solo por LinkedIn en sus páginas:

Añado más. Para una última comprobación, hace tan solo unos días volví a publicar en LinkedIn (y solo ahí) un enlace al artículo que sobre SCRUM y 5M escribí hace 10 meses. Pues bien, esto es lo que observé:

  • WordPress: 35 visitas (34 en sitio + 1 distribuida).
  • LinkedIn: 745 visualizaciones (con 4 recomendaciones).

No tengo más que decir.

La suma-resta de suscripciones controladas sigue subiendo ligeramente, hasta las 133, aunque lo más satisfactorio ha sido la aparición de algunos “brotes verdes” que han reverdecido los comentarios, casi un recuerdo de tiempos pasados que sigue resultando para mí lo más valioso y gratificante del blog.

Termino con los ya sospechosos y oscuros números de costumbre y con un agradecimiento enorme a quienes, amables lectores, continúan pasando por estas páginas… sean los que sean. 😉

Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀

¿Números de blog?

Solo habían transcurrido tres meses de la vida de esta bitácora cuando escribí el artículo “Números de blog” para celebrar las 1.000 primeras páginas vistas.

Desde entonces, cada año he ido haciendo balance de cómo me va en esta historia, incluyendo los datos de visitas y la evolución del grado de atención que esta modesta casa despierta en su apreciada comunidad… aunque en varias ocasiones advirtiendo de las dudas que las “estadísticas” de WordPress me ofrecían en cuanto a fiabilidad de los datos.

Hoy ya no me cabe ninguna duda.

Desde la última gran renovación de LinkedIn, esta red profesional contabiliza las visualizaciones que dentro de ella se realizan a las publicaciones que uno hace allí. Como tengo ligada la publicación de artículos del blog desde el propio WordPress a mi perfil en LinkedIn, dispongo de una contabilización específica del tráfico que llega a mi bitácora exclusivamente en ese origen… hecha por ese origen.

El pasado viernes día 10 hice un balance de vistas en ambas fuentes de datos, desde la fecha de publicación de cada uno de los últimos 5 artículos, hasta dicha fecha… y el resultado fue el siguiente:

Como ven, LinkedIn registra 775 páginas vistas desde su propia plataforma (de la que no tengo por qué desconfiar, porque me he ido fijando en cómo iba creciendo cada una día a día hasta estancarse, en este periodo de control), algo imposible si WordPress me dice que sólo se han visualizado 111 en el conjunto de todas las fuentes de acceso en el mismo periodo.

Fuentes que para mí son:

  • Facebook (en mi caso desde luego con un tráfico nada desdeñable),
  • Twitter (que ha ido disminuyendo, pero que aún me sostiene una cierta actividad de enlace),
  • otras redes como Viadeo o Xing donde también publico (admito que en estos casos, cantidades despreciables),
  • Whatsapp (sí, también aquí… y en este caso, por ejemplo, he podido verificar que solo entre los días 12 y 13 hubo casi 100 páginas vistas de la serie “Arte y Bilbao” por este canal),
  • búsquedas de términos o imágenes (siempre hay una cantidad modesta, pero continua, de visitas a través de los motores de búsqueda como Google),
  • feeds sindicados (los Feedly de rigor, que “haberlos hailos”),
  • suscripciones al blog (a través de WordPress, por correo electrónico o por Networked Blogs).

Así que… no solo LinkedIn me muestra que debería multiplicar por 7 los registros de las estadísticas de WordPress, sino que, en función de las otras fuentes de visitas que no puedo controlar, ¿por cuánto tendría que multiplicarlos? ¿Por 10? ¿Por 15? ¿Por…?

Ya… ya sé que los pobres de WordPress.com no tenemos derecho a quejarnos, que todo es gratis y que se trata de un asuntillo amateur… que si uno quiere conectar su blog a Google Analytics u otros servicios, “hay que profesionalizarse” y pasar a WordPress.org…

Bueno, pues no.

Cuando a uno le ofrecen estadísticas desde quien es el indiscutible número 1 del mundo en su campo, espera fiabilidad.

Y si no, que las quiten.

¿No crees, WordPress.com?

Vibraciones: arte y Bilbao (y 4) – El arte de la ciudad

Bilbao se ha llenado de diseño y de arte. No es la primera vez: el proyecto del Ensanche de finales del siglo XIX y su ampliación de principios del XX salpicaron ya entonces la ciudad de grandes edificios firmados por arquitectos de gran prestigio, entonces necesariamente cercanos.

Pero la construcción del Museo Guggenheim a finales del siglo pasado fue la punta de lanza de una nueva transformación gigantesca de la ciudad, que había venido dando la espalda a la ría en su ya maltrecho pasado industrial y que decidió revertir esa situación convirtiendo las márgenes en la piedra angular de nuevos espacios urbanos dedicados al ciudadano, definidos desde el urbanismo y la arquitectura de diseño.

Arquitectos como Arata Isozaki, César Pelli, Santiago CalatravaFrank Gehry, Álvaro Siza, Rafael Moneo, Philippe StarckDiana Balmori, Ricardo Legorreta o Federico Soriano, han firmado la gran arquitectura de Bilbao en los últimos 20 años, a la que se han sumado arquitectos locales de estudios tan interesantes como Idom, Coll-Barreu o IMD.

Junto con la intensiva rehabilitación integral del Casco Viejo tras las inundaciones de 1983, la profunda restauración de numerosos edificios públicos y privados, o el cosido subterráneo del la ciudad con el hilo del metro firmado por Norman Foster, Bilbao es una ciudad para vivir, para pasear y para visitar.

Una ciudad inmersa en seguir construyendo futuro, en una nueva fase de transformación urbana ya en construcción, diseñada sobre la futura isla de Zorrotzaurre bajo el concepto creado por Zaha Hadid.

Una huella marcada por nada menos que 5 premios Pritzker (el considerado Nobel de la Arquitectura), de entre los 40 nominados a lo largo de toda su historia.

Este último artículo de la serie “arte y Bilbao” aborda las expresiones artísticas que llenan sus calles, singularmente en el ámbito de la arquitectura pero también en el de la escultura y el de la pintura.

En ese denso puente del Pilar pasado hubo tiempo para más que museos y restaurantes. Por ejemplo, decidimos acompañar a nuestros visitantes en el paseo por la ría a bordo de uno de los barcos de Bilboats. Desde el embarcadero en el paseo de Uribitarte (casi frente al Ayuntamiento) y hasta el final de la actual península de Zorrotzaurre, se consigue una síntesis panorámica de buena parte de los edificios emblemáticos anteriores y de varios exponentes de la edificación de finales del siglo XIX, varios de los cuales pueden ver en las fotografías que siguen.

Por supuesto, no se acaban con ese paseo fluvial las posibilidades de disfrute de arte entre las calles de Bilbao. Sin ánimo de abusar de su paciencia y sin afán de ser exhaustivo, voy a recoger para terminar una muestra adicional de arquitectura, junto a dos selecciones de escultura y pintura de las que puede un visitante disfrutar paseando por la ciudad.

ARQUITECTURA

Al margen de la arquitectura religiosa, también abundante y rica, el modernismo, el eclecticismo, el racionalismo… todas las tendencias arquitectónicas de los siglos XIX, XX y XXI tienen presencia en la edificación civil de la villa, habiendo sido protagonista en las décadas más recientes de la transformación de una ciudad industrial a una de servicios, con un marcado componente cultural y un elevado impacto a nivel internacional.

ESCULTURA

No hace muchos años que los bilbainos nos retábamos a descubrir esculturas encajadas en los muros y cubiertas de los edificios de la ciudad. Entonces, en ese pasado industrial que aún muchos recuerdan y que definía a la ciudad por la suciedad de sus fachadas, nadie buscaba belleza artística en sus paseos urbanos.

Cómo hemos cambiado… Hoy, esas estatuas son parte de nuestro paisaje e incluso las reconocemos si nos muestran su imagen. Somos capaces hasta de acertar su ubicación.

Pero el cambio más importante de los últimos años en el campo de la escultura se ha producido fuera de los muros, directamente sobre las plazas, los jardines, los paseos y las calles de la ciudad. Mi selección para este artículo solo contiene escultura con ese carácter: con voz propia.

PINTURA

¿También pintura? ¿Sorprendidos?

Pues sí: también la pintura tiene sitio en la ciudad, fuera de lo que encierran los muros de los edificios, me refiero. Bien… quizá con mayor polémica… pero es indudable que son obras que empiezan a ser catalogadas, con algunos autores internacionalmente reconocidos que empiezan a dejar su impronta artística en varias ciudades del mundo y cuyo potencial creativo se remunera por parte especialmente de las administraciones locales.

No es Bilbao una excepción… y algunos de los murales que pueden disfrutarse en la villa tienen calidad como para traerlos a modo de cierre de la serie.

Pasen, vean… y díganme luego qué opinan de esto…

Hemos terminado.

Con un “añadido publicitario”, esto fue el resumen no exhaustivo de tres días de octubre alrededor del arte en la Villa de Bilbao. Espero que hayan disfrutado de los cuatro posts de la serie y, sobre todo, que les haya dejado con ganas de visitar la ciudad con los ojos puestos en la belleza.

Quizá, incluso, lo puedan hacer en la suya… 🙂


Los cuatro post de la serie son: