Reflexiones: ética y negocio

Retribuir al accionista” es una de las máximas que aparece en letras de oro en la descripción clásica de la función de una compañía. Cierto es que las mismas teorías clásicas reconocen en su mayoría y al mismo tiempo la “función social de la empresa” (basada en la creación de riqueza y de empleo que genera su actividad, directa e indirectamente, en el entorno en el que opera), aunque sea como consecuencia derivada de la misma y no como propósito original.

Sin embargo, hace ya tiempo que ambas funciones se han quedado muy cortas para lo que la vida económica y social de las sociedades contemporáneas están dispuestas a tolerar… o, como veremos en los siguientes párrafos (si me acompañan con su lectura, queridos lectores), al menos en un número importante y creciente de ocasiones.

Hoy nadie pone en duda que el profundo progreso de la globalización de los mercados (cuyo efecto más positivo ha sido la reducción de los niveles de pobreza en el planeta), ha hecho que algunas de las consecuencias indeseables que también ha generado, como la desigualdad, la explotación o la corrupción, se enfrenten a un mundo donde el conocimiento y la información, formal o informal, veraz o tergiversada, también fluyen de manera planetaria. No es pues posible ya vivir con los ojos cerrados: los flujos de información distribuida abren grietas en los esquemas clásicos de función empresarial, a poco que se descuiden sus responsables.

Nadie, desde un plano teórico al menos, cuestiona que la retribución al accionista, lícita como contraprestación al riesgo a que somete a su patrimonio, solo puede ser (al contrario que desde el concepto anterior) una derivada de otros propósitos que primero se identificaron con aportar valor para el mercado (“el cliente es el rey”), luego con aportar valor social (“responsabilidad social corporativa”) y en la actualidad también aportar valor para la persona empleada (del “capitalismo emocional” a la “guerra por el talento”).

Es de ahí de donde nace, en definitiva, el trinomio de sostenibilidad económica, social y medioambiental que define hoy cualquier modelo de gestión sostenible.

Pero lo que diferencia la época actual de la inmediata precedente no es un territorio de conceptos… sino de juicios. Hablo de esos flujos de información distribuida que generan un juicio social que acaba impregnando (en el lado bueno) o impregnado (en el malo) por la política, los mercados y hasta los emergentes movimientos sociales de empoderamiento ciudadano, contaminados a su vez y con frecuencia por los anteriores en un tótum revolútum en el que es francamente difícil discernir, con demasiada frecuencia, dónde está la paja y dónde el grano.

Lo que es importante entender es que este escenario es un hecho que nos acompañará al menos durante un buen puñado de años y que descuidarlo puede tener consecuencias catastróficas para un negocio.

Así que tengan cuidado si tienen algo que ocultar: las paredes oyen más que nunca, los ojos se multiplican sin ser vistos y las posibilidades de difusión… son casi incontrolables.

Internet lo ha cambiado todo.

XXX-LEAKS, XXX-GATE, FILTRACIONES…

El escándalo por filtraciones intencionadas de secretos o de informaciones reservadas es un fenómeno ya muy viejo, con casos de impacto socio-político relevante cuyos protagonistas (delatores o “whistleblowers”) la Wikipedia registra en una tabla que comienza en el siglo XVIII (salvando la pintoresca referencia a Fray Bartolomé de las Casas de 1515 🙂 ).

Si se analiza la evolución histórica y en especial la más reciente, es fácil observar cómo los casos de fugas de información se han ido “democratizando”, pasando desde los secretos de estado a manipulaciones fraudulentas de capitales en el mundo financiero, sobornos, manipulaciones y comisiones ilegales en empresas, ocultamiento de patrimonios personales… y hasta contratos ligados al fútbol o actividades de la vida privada de millones de personas.

Pero hay otras lecturas que pueden hacerse de la evolución histórica, al margen del impacto mediático de casos como el Wikileaks de Manning, el de los documentos sobre espionaje de la NSA de Snowden, o el del HSBC de la lista Falciani.

Internet ha provocado en los últimos años un incremento brutal de las fugas de información: al mismo tiempo que la información digitalizada se almacena en volúmenes que crecen exponencialmente, la posibilidad de filtrar grandes masas de información crece igualmente y en la misma proporción. Todo depende de que haya un individuo capaz y comprometido con la fuga de información, por la razón que sea, para que los secretos queden al descubierto. Pues bien… la gráfica que se muestra a continuación refleja los casos de “delatores” que la Wikipedia tiene registrados en la tabla antes mencionada desde el año 1965… ¿Notan el crecimiento exponencial que se había empezado a producir hasta el año 2012? ¿Y no les llama la atención la drástica caída hasta 2016?

Los estados y los núcleos de poder reaccionaron en 2010 tras el Cablegate de Wikileaks persiguiendo con fiereza a los responsables personales de la filtración (Edward Manning) o de la difusión de la información (Julian Assange), hecho que tuvo un segundo gran episodio en la publicación de documentos que sobre sistemas de espionaje masivo de ciudadanos por parte de la NSA protagonizó Edward Snowden en 2013.

¿Qué ocurrió a continuación?

Pues que 3 años después volvió a aparecer otra filtración masiva, la mayor conocida en la historia, centrada en documentos mercantiles que afloraban prácticas fraudulentas (o cuando menos poco moralizantes fiscalmente hablando) de innumerables personajes públicos en todo el mundo: los Panamá Papers. Pero en esta ocasión… ¿alguien sabe quién fue el whistleblower de los Papeles de Panamá? ¿Nadie?

El crecimiento estadístico de los delatores detectados se ha quebrado… pero el volumen de información aflorado no.

Hay cosas… que ya no se van a poder detener.

ESTÁ EN LA NATURALEZA…

Es necesario huir del maniqueísmo de pensar en términos de “teorías conspiranoicas” para todo lo que sucede, de la existencia de un oculto “poder maligno”, de considerar que “los poderosos” son una casta cerrada y ajena a nosotros, conformada por extracción de la sociedad de quienes heredan el germen del mal. Las estadísticas muestran tozudamente que esas castas heredables existen, pero son una auténtica minoría entre los que ostentan poder… cada vez más. El poder “se rellena” en gran medida, generación tras generación, por personas “normales” cuyas vidas transcurren orientadas a alcanzarlo, pero que muchas veces no nacen con esa intención, vidas que en un determinado momento de su existencia se consideran responsables del futuro de sus conciudadanos, e incluso de salvar al mundo erradicando lo que consideran (y a veces acertadamente, no lo olvidemos) el ejercicio del mal.

Y cuando un ser humano se considera a sí mismo responsable de “salvar” a los demás… el relativismo echa raíces, la ambición ciega y el ego se demuestra insaciable en el camino a la gloria, personal o social.

Volviendo la mirada hacia la empresa, no es posible negar que se encuentran razones para el desalineamiento de la acción empresarial y los valores ligados a comportamientos éticos:

  • La naturaleza de la función directiva – Las decisiones suelen ser complejas, hay que actuar con rapidez y existe mucha presión para lograr los máximos beneficios en el menor plazo posible.
  • La inercia en los procesos de decisión – Los equipos pueden ser muy grandes y resulta difícil cambiar su rumbo.
  • Una cultura empresarial poco sensible – Se da una importancia central a los resultados, todo se subordina a lo económico.
  • La racionalización de las conductas – Mensajes como “siempre se ha hecho así” o “si no lo hacemos nosotros lo harán nuestros competidores” justifican cualquier comportamiento y desactivan a quienes pretenden actuar de modo distinto.
  • Procesos de socialización – “Así se trabaja en esta casa” o “debes hacerlo si quieres ser uno de los nuestros” son otros lemas que anulan las críticas, apelando al sentido de la lealtad y al deseo de pertenencia de los empleados.
  • Los valores predominantes en la sociedad – Nada de lo anterior tendría grandes consecuencias si la sociedad en su conjunto no estuviera gobernada por valores como el individualismo, el utilitarismo, el emotivismo y el relativismo.

El problema de “caer en el barro” es que las consecuencias positivas de una acción no ética se observan con rapidez (se adoptan justificadas en razones como las anteriores, pero siempre con un propósito definido)… pero el impacto real sobre la compañía y sus dirigentes de las potenciales consecuencias negativas NUNCA se interioriza hasta que ocurre, mucho más tarde.

CASOS PARA TODOS…

En el mundo económico, el recuerdo más sangrante y dramático que seguro tendrán grabado a fuego es el de la caída en 2008 de Lehman Brothers, el banco americano de inversión, fruto de un descalabro del mercado inmobiliario derrumbado sobre la vergonzosa práctica de las hipotecas subprime, a su vez esparcidas por todo el mundo. Aún no nos hemos recuperado en el planeta del desastre que provocó todo aquello… y no sé ni si habrá aún consecuencias colaterales que perduren en la política y en la sociedad… ni si habremos aprendido algo.

La connivencia de grandes empresas con la política ofrece casos como el de la petrolera brasileña Petrobras, inmersa en un escándalo de sobornos por adjudicaciones que terminaros por financiar al partido en el gobierno, a sus campañas electorales y a muchos responsables públicos… y que derivó finalmente en una pérdida del 70% de su capitalización bursátil, más adelante en la destitución indirecta de Dilma Rousseff, presidenta del país… y ya veremos en qué más aún.

Éste de la corrupción política, con comisiones por adjudicaciones a empresas mediante, es un territorio abonado en muchos países, como saben… y de todo color político. En España, baste recordar el reciente asunto del Canal de Isabel II (que está suponiendo el desmembramiento de todo su entramado internacional), los casos de financiación irregular de PP, PSOE o CIU (GürtelBárcenas, Púnica, Filesa, ERE, Palau…), u otros más diversos que pueden ir desde la comercialización para consumo humano de aceite de colza desnaturalizado, hasta los casos de las torres KIO, Rumasa, Banesto, Gran Tibidabo, RoldánPaesa, Forcem, Fórum, Gescartera, ITV, etc., etc., etc.

Aparentemente, casi siempre hay empresas aportando comisiones jugosas a cambio de favores y contratos públicos, pero sin embargo, en nuestro entorno y sin saber muy bien por qué, el juicio social cae más sobre los políticos que sobre los empresarios… por ahora.

Porque “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”

¿Se acuerdan de Enron, el gigante norteamericano de la energía? Su desplome y quiebra tras destaparse sus sobornos y la manipulación de su contabilidad llevaron al desempleo a decenas de miles de trabajadores y a la pérdida de miles de millones de dólares a sus accionistas. ¿Y qué me dicen de Arthur Andersen, en aquel momento una de las firmas de consultoría de mayor dimensión y prestigio del mundo, desaparecida en menos de un año al verse arrastrada por la corriente de Enron, por connivencia y ocultación de sus estados financieros?

Famoso es también el caso de Siemens en Grecia, donde se dilucida un posible soborno de docenas de millones de euros a cambio de la obtención del contrato de digitalización de la red telefónica del país y donde hay varios responsables alemanes encausados, en un estado donde el soborno a un alto funcionario público está penado con cadena perpetua. Claro que eso no es nada comparado con los 12.000 ciudadanos de Arabia Saudí identificados en la filtración de datos de Ashley Madison, que desvela un comportamiento (el adulterio) que ese país castiga con la pena de muerte… pero no está mal eso de la cadena perpetua, ¿no creen? Una broma.

Podemos seguir, con casos más grandes y más pequeños… Como con el escándalo de utilización de carne en mal estado por parte de McDonald’s en China en 2014, que redujo sus ventas mundiales en un 4% en el mes posterior, con la reducción de casi 70.000 millones de ventas de Nestlé en 2015 tras la detección de plomo en sus fideos Maggi, con la dimisión del presidente de Toshiba y el despido (por ajuste de supervivencia) de más de 7.000 de sus empleados tras descubrirse ocultaciones contables, con la reducción a la mitad de los pedidos domésticos en Japón de los vehículos de Mitsubishi hace solo un año por la manipulación de pruebas de la eficiencia de la combustión, que finalmente acabó con su absorción por la alianza Renault-Nissan…

Para terminar, Volkswagen como paradigma: la instalación de un software ilegal para engañar durante las mediciones de gases contaminantes en 11 millones de vehículos diésel en todo el mundo, detectado en USA en 2016, obligó a la compañía alemana a pagar pagar 17.500 millones de dólares como compensación a los propietarios de los vehículos afectados y a los concesionarios (y una multa de 4.300 millones al Departamento de Justicia), condujo al achatarramiento más que probable de 325.000 vehículos devueltos por sus propietarios, e implicó la imputación penal de 6 ejecutivos de VW, además de la dimisión de su presidente. Y eso solo en Estados Unidos, donde a finales del año pasado la compañía anunció que renunciaba definitivamente a la venta de diésel, en un nicho de mercado del que poseía una cuota cercana al 70%.

El impacto en Europa del llamado Dieselgate está sin cuantificar… pero la sombra de la sospecha se ha extendido a otros fabricantes y el futuro de la tecnología diésel en el mundo es ciertamente sombrío, empujado en sentido contrario por la ola del vehículo eléctrico como tabla de salvación.

Eso sí… VW siguió siendo el primer fabricante del mundo. Como les decía, los comportamientos poco éticos en las empresas (y añadan aquí a multinacionales textiles o tecnológicas y la explotación infantil, por poner otro ejemplo) no acaban de tener consecuencias dramáticas en la reacción de los mercados de consumo europeos y de otras regiones del mundo, donde a pesar de las crecientes protestas sociales nadie parece estar dispuesto a castigarse a sí mismo… sobre todo si de esas situaciones se deriva una oportunidad de adquisición de un bien en condiciones ventajosas… 😦

PERO BASTA CON UNA PERSONA…

Es otro signo de los tiempos: una sola persona puede estropear el mejor escenario dibujado sobre malas prácticas.

No es solo una cuestión de los tristemente famosos Manning, Assange, Falciani o Snowden…

En el caso VW, el escándalo se destapó a raíz de un estudio realizado por la Universidad de West Virginia, financiado por la organización sin ánimo de lucro ICCT, realizado por un pequeño equipo de 4 personas (entre ellas, el ingeniero valenciano Vicente Franco).

Hay en el mundo muchas organizaciones de cuyo trabajo se pueden desprender consecuencias inesperadas… y son tantas… que su control es simplemente imposible.

Pero es que además hay personas que, como individuos, han optado por tener un comportamiento ético diferenciado del estándar de la sociedad a la que pertenecen, tras ser conscientes del poder o el privilegio al que pueden aspirar.

Hagamos un paréntesis…

¿Saben quién es Grigori Perelmán?

Es un matemático ruso que ha hecho contribuciones históricas a la geometría riemanniana y a la topología geométrica (¡por favor no me pregunten por ello…! 😛 ).

En particular, ha demostrado la “conjetura de geometrización de Thurston”, con lo que se ha logrado resolver la famosa “conjetura de Poincaré“, propuesta en 1904 y considerada una de las hipótesis matemáticas más importantes y difíciles de demostrar.

En agosto de 2006 se le otorgó la Medalla Fields (considerada el mayor honor que puede recibir un matemático) por “sus contribuciones a la geometría y sus ideas revolucionarias en la estructura analítica y geométrica del flujo de Ricci”. Sin embargo, él declinó tanto el premio como asistir al Congreso Internacional de Matemáticos.

El 18 de marzo de 2010, el Instituto de Matemáticas Clay anunció que Perelmán había cumplido con los criterios para recibir el primer premio de los problemas del milenio de un millón de dólares, por la resolución de la conjetura de Poincaré. Pero él, como en el caso anterior, rechazó también dicho premio y declaró: “No quiero estar expuesto como un animal en el zoológico. No soy un héroe de las matemáticas. Ni siquiera soy tan exitoso. Por eso no quiero que todo el mundo me esté mirando.”

¿Y saben quién es Moxie Marlinspike?

Pues un genio. Su batalla civil, empresarial e ideológica se sustenta en principios cuasi-anarquistas. De él (su nombre es un apodo), se dice que es el hacker más respetado y temido, un joven programador y empresario que se alza contra la monitorización del estado y que llamaría poderosamente la atención a primera vista en una reunión de grandes firmas, en mundo en el que todavía asoma el traje cruzado, la corbata del siglo pasado, un ministro y una “ristra de folletos” para recibir una subvención.

Whisper Systems es su respetadísima empresa en Silicon Valley, creada tras abandonar su responsabilidad sobre la seguridad de Twitter. Desde allí lanzó dos nuevas aplicaciones para dispositivos que usan Android (RedPhone y TextSecure), para impedir el espionaje incontrolado de las comunicaciones: “Los protocolos de Internet no fueron diseñados sobre un concepto de seguridad, así que hay mucho trabajo por hacer. No se trata de elegir entre usar Google y no preocuparse por la privacidad o dejar de usar el buscador. Tenemos que crear las posibilidades para que la gente use herramientas de seguridad”.

Rechazó hace tres años 1 millón de dólares anuales del Departamento de Estado por trabajar para ellos. En cambio, en 2016 fue quien cerró el cifrado de los mensajes de Whatsapp.

Hay gente así, en todo el mundo. Personas que pueden aflorar una información comprometida o desarrollar soluciones que incomoden a una gran empresa o al poder político, con consecuencias a veces difíciles de predecir.

Y no van a desaparecer.

Individuos como Gregori Perelmán o Moxie Marlinspike ha habido siempre. No es que las nuevas generaciones sean esencialmente diferentes… pero sí lo es su capacidad de empoderarse como individuos y de autoorganizarse colectiva y distribuidamente.

Tomen nota.

POR DÓNDE EMPEZAR…

Tal vez piensen que todo esto es privativo de las grandes multinacionales y de los grandes centros de poder… pero no, no es así. El riesgo de caer en estas prácticas afecta potencialmente y por igual a empresas de cualquier lugar, grandes, medianas y pequeñas, en momentos donde el fiel de la balanza se inclina muchas veces solo por una cuestión de oportunidad. Como en los procesos de corrupción política, nadie nace corrupto, sino que su camino vital le lleva ocasionalmente a lugares donde, quiera o no, se deberá enfrentar a decisiones que le situarán en el lado del bien o del mal.

Desde los manidos asuntos de aprovechamiento de activos de la empresa en que uno trabaja (desde llevarse folios a sacar fotocopias personales, pasando a temas mayores como el cobro injustificado de dietas, por poner algunos ejemplos de aprovechamiento personal), hasta los pagos en negro para solventar una reclamación en cliente, la entrega de regalos, comisiones o pequeños sobornos (a todos los niveles: desde un carretillero en una planta de producción del cliente para que mueva unos cestones que hay que seleccionar, hasta un responsable de relevo para que adapte el proceso para que se pueda procesar un material no conforme… o al pago de comisiones a un director de compras por la adjudicación de un pedido), o el eufemismo de algunos “gastos de representación” empleados en conseguir un contrato… las posibilidades que se abren para adoptar una posición ética o no ética en los negocios son numerosas.

Y recuerden que las presiones “utilitaristas” existirán.

Recuerden que los riesgos serán minusvalorados.

Pero recuerden también que, si se manifiestan… pueden ser demoledores.

Por eso, un primer paso es establecer una política de actuación clara y pública que identifique como no deseables determinados comportamientos internos que se consideren éticamente inadmisibles por parte de la empresa, incluyendo las consecuencias que se deriven de su incumplimiento.

Hablamos de un código ético.

Hace ya algunos años que algunas empresas, incluso, han empezado a exigir a sus proveedores la adopción pública de códigos éticos, preocupadas por que no solo en su actividad, sino en toda su cadena de suministro, no se produzcan comportamientos indeseados que puedan dañar su imagen pública y en definitiva su negocio.

Son instrumentos para promover la interiorización de valores organizativos y comunicar a todos los miembros de la empresa, e incluso a proveedores y subcontratas, el comportamiento que éstos han de seguir en sus relaciones con los diferentes grupos de interés de la compañía.

Pero no se equivoquen… un código ético no es una declaración de intenciones: adoptarlo puede derivar en implicaciones no cómodas en los sistemas de valoración, régimen disciplinario, compras, alianzas, captación de pedidos y muchos otros, que quizás haya que adaptar con seriedad y aplicar con firmeza.

Si quieren profundizar en los posibles contenidos de un código ético, les recomiendo una lectura detallada del documento elaborado por Silvia Ayuso y Jordi Garolera sobre “Códigos éticos en las empresas españolas, un análisis de su contenido” (editado por la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa de la Escuela Superior de Comercio Internacional, de la Universidad Pompeu Fabra), donde se estratifican datos de 2010 de numerosas empresas españolas y se comparan, además, con datos de 2002 de un grupo de contraste de empresas multinacionales.

En resumen, un código ético puede regular:

  • Las responsabilidades con los clientes (calidad, integridad, honestidad, confidencialidad…).
  • Las responsabilidades con accionistas (compromiso, transparencia, aumento de valor…).
  • Las responsabilidades con empleados (no discriminación, prevención de riesgos laborales, respeto…).
  • Las responsabilidades con proveedores (equidad, integridad, peticiones razonables…).
  • Las responsabilidades con la competencia (lealtad, respeto, libre mercado…).
  • Las responsabilidades con el medio ambiente (prevenir, restaurar, limitar, reducir la contaminación…).
  • Las responsabilidades con la sociedad (respeto de DD.HH., no trabajo infantil, imparcialidad política…).
  • El uso de fondos corporativos (no fraude, gastos injustificados o malversación de fondos…).
  • El uso de equipos corporativos (protección, conservación, uso apropiado…).
  • El uso de información corporativa (no uso de información privilegiada, no filtrar información confidencial…).
  • La relación con autoridades (no corrupción, soborno o conflictos de interés, no favoritismos…).
  • El uso del tiempo corporativo (no abuso privado de internet, no alcohol o drogas, no bajas injustificadas…).
  • El trato entre empleados (no discriminación ni favoritismo, no acoso sexual, no bullying…).

Desde hace ya unos años se habla de programas de Compliance, que añaden al contenido de los códigos de conducta el análisis y la protección frente a la responsabilidad penal, el compromiso de realizar informes de sostenibilidad según las recomendaciones del GRI o el respeto a la normativa legal interna y externa, entre otros aspectos.

Es además creciente la exigencia de algunos clientes de certificar partes del programa mediante auditorias de terceros. En el automóvil, por ejemplo, BMW, Volvo o Daimler caminan ya en esta dirección.

El mundo ha cambiado y urge ponerse a ello.

Esta vez, para bien.

Vibraciones: voluntariado, a tu lado

Para la mayoría de nosotros, la palabra voluntariado evoca inevitablemente proyectos de cooperación en el exterior, personas implicadas en ofrecer ayuda social en países cuyas necesidades son evidentes solo con querer verlas… o en el lado más próximo, a adolescentes colaborando con campañas de recogida de ropa u alimentos o con acciones coordinadas desde una acción social y solidaria promovida desde los centros educativos.

Y no sé muy bien por qué, porque a ninguno se nos escapa que existe igualmente un voluntariado adulto y responsable que se encarga entre nosotros de una parte de nuestra sociedad que no queremos tampoco ver, de colectivos desfavorecidos o en riesgo de exclusión. No alcanzo a ver la razón, pero me da la impresión de que este voluntariado pasa socialmente más desapercibido.

Entre la diversidad de asuntos con los que me enfrento en mi función laboral, en las últimas semanas he dedicado tiempo, junto con una compañera de equipo, a analizar posibles vías de colaboración con entidades externas en materia de transformación social.

Bagara, Aita Menni, Gizabidea, Cáritas, Saiolan…

Ha sido un trabajo muy sencillo basado en un proceso igualmente simple (indagación y escucha, recopilación, agrupación por afinidad, presentación de conclusiones y propuestas de continuidad), breve pero al mismo tiempo interesante y humanamente rico.

Entre nosotros hay personas que voluntaria e indivualmente colaboran con asociaciones que se dedican a ofrecer apoyo a personas que carecen de ello, personas que no saben, no pueden o incluso ya no quieren salir de un lugar vital al que se sienten condenadas, desde la resignación, desde la enfermedad o hasta (paradójicamente) desde la rebeldía.

Quiero poner el acento en los voluntarios y no en las organizaciones, porque muchas de éstas serían inviables sin los primeros, que forman parte imprescindible de su supervivencia. Los recursos son siempre escasos y lo han sido más en estos años de gran crisis, por lo que la acción desinteresada ha sido y sigue siendo clave para que, precisamente, la sociedad en su conjunto pueda mostrarse resiliente a situaciones de una enorme dificultad.

He conocido a personas que, después de su trabajo o al cerrar su tienda, participan en procesos de acogida de inmigrantes, de personas con desequilibrios psíquicos (muchas veces detonados por situaciones de drogadicción), o con convivencias familiares violentas o fuertemente desestructuradas… Lo hacen por parejas, porque no es evidente que la conversación de acogida discurra siempre por los cauces del respeto necesario, porque las historias de vida que llegan nunca son sencillas. Y acogen a cualquiera que llegue, sin excepción.

He conocido a personas que trabajan desinteresadamente en los centros ocupacionales donde muchas personas, en especial colectivos inmigrantes, encuentran un sentido al hecho de levantarse cada día para ser útil. Voluntarios que les ayudan a realizar trabajos sencillos ocupacionales que ceden algunas empresas colaboradoras, que les educan en las disciplinas necesarias para acceder en el futuro al mercado laboral (desde utilizar y cuidar ropa de trabajo, hasta ser puntual o trabajar con el rigor necesario) o que les forman en aspectos básicos y cotidianos (desde cómo sacar un billete para el metro hasta aprender el idioma o entender una tabla sencilla para registrar información).

He conocido a personas que utilizan su apreciado tiempo libre para entrenar a equipos deportivos de personas con enfermedad mental o con discapacidades, que se dejan la piel en colaborar en campañas de recogida de ropa para refugiados, ordenando, seleccionando y procesando lo recogido para que realmente preste una función social… y así una larga lista de posibilidades de ayuda hechas realidad.

Y lo hacen desde la consciencia de que hay una parte de nuestra sociedad (que no es pequeña aunque no miremos hacia ella) que no está en disposición de alcanzar un estado de vida que pudiéramos calificar como digno.

No me verán en el lado del igualitarismo, al que considero contrario a la esencia humana. Tampoco creo en que un estado pudiera garantizarlo, porque quien lo gobierne será precisamente humano (y por tanto con sus pasiones y miserias, junto a sus grandezas), pero sobre todo porque estará sujeto a valoraciones públicas de capas mayoritarias de la población que desean sinceramente corregir los desequilibrios pero al mismo tiempo no retroceder en su forma de vida.

Pero lo que sí creo que es posible es un aldabonazo a la conciencia de muchas personas que, más allá de la caridad (que desde luego yo no considero negativa, aunque ese es otro debate en el que hoy no quiero entrar), pueden sentir que transforman para bien la sociedad a través de su trabajo.

Este es un concepto muy “cooperativo” y que creo es muy poderoso. De hecho, está en el corazón de muchos movimientos populares actuales ligados a la religión en el mundo islámico, por ejemplo, que lo utilizan desde la responsabilidad social pero también, sectaria y políticamente, para generar adhesión. Mi propuesta es que, tal y como sucede actualmente entre nosotros, se plantee como un movimiento por la dignidad, sin limitaciones políticas, confesionales o sociales, con el respeto mutuo como única condición.

Me llamó poderosamente la atención la acción social de Cáritas. No especificaré más porque no quiero resaltar diferencias entre las iniciativas de las restantes organizaciones, también importantes, pero es de justicia mencionar que su labor de atención e integración social y su reciente orientación hacia la creación de valor es muy desconocida. De hecho, no entiendo cómo no se comunica mejor…

Les reconozco que yo no estoy ahí, o al menos no de una forma expresa, pero estas conversaciones me han hecho pensar en todo esto… otra vez. Estoy en ese proceso.

En cualquier caso, mi decisión personal, o la de cada uno de ustedes, no debería ser justificante para arrinconar la reflexión y la acción individual de nadie. Las necesidades son tan importantes y crecientes, en un mundo en que el envejecimiento avanza con pasos de gigante y donde las demandas de atención crecen y crecerán exponencialmente, que el que alguien hable de lo que aún no hace o no puede hacer… no puede servir de excusa.

El voluntariado individual (¡y de empresa!) a través del trabajo, se puede ejercer de muchas maneras y con intensidad aquí mismo, aquí al lado.

Y decidan lo que decidan (que siempre me parecerá respetable), por favor regálense un tiempo para acercarse a observar y entender de primera mano… algo de lo que les aseguro que no se arrepentirán.

Reflexiones: SCRUM y 5M

Tenemos visiones parciales, incompletas, segregadas… Es inevitable.

Fue hace unas semanas.

A los alumnos de un grado en informática (es un ejemplo, pero es real) les enseñan ya metodologías ágiles e incluso cómo desencadenar un proceso de design thinking para afrontar un wicked problem, con toda su artillería metodológica… pero nadie les habla de cómo resolver un problema que probablemente tenga poco de wicked.

Y es que espero que nadie, a estas alturas, estimados lectores, se plantee siquiera que SCRUM pueda garantizar un camino de éxitos, exento de problemas y solo sujeto a un número incierto de iteraciones tras las cuales, sin duda alguna, aparecerá el santo grial…

Es más, las metodologías ágiles y el pensamiento de diseño están concebidos como un reto y no como un proceso de resolución de un problema, porque incluso cuando el problema es el origen de todo (algo extremadamente frecuente e incluso recomendable), el trabajo se centra en el reto de superarlo y no en corregirlo, independientemente de si se atacan las causas o no, mediante dosis masivas de observación, pensamiento lateral y experimentación.

El camino es diferente, gratificante, desafiante y motivador… pero no siempre resuelve un problema, sino que en muchas ocasiones elimina sus efectos o la necesidad de que éstos nos afecten o de que ni siquiera nos lo tengamos que plantear.

Y claro… a veces los problemas son tozudos y no quieren “dejarse desaparecer”, jejeje…

Un buen SCRUM trata de garantizar que se alcancen las funcionalidades requeridas y un buen diseño de UX se preocupa de satisfacer e incluso superar las expectativas del cliente… pero en cualquier caso, durante el desarrollo de un proyecto, en su implantación y posteriormente a su implantación, surgen problemas que muchas veces los equipos no saben cómo afrontar.

Y si han trabajado con proveedores recientemente en un marco SCRUM, estoy seguro de que entienden de qué les hablo.

¿Cómo han tratado de corregir sus proveedores un problema relacionado con la entrega de un producto con rendimientos insatisfactorios o claramente por debajo de lo esperado, a pesar de numerosas interacciones? ¿Cómo han abordado retrasos significativos que incluso han afectado el potencial de su negocio como cliente? ¿Cómo han gestionado el aprendizaje posterior y cómo se lo han comunicado?

Mira, lo hemos hecho mal… pero hemos aprendido. Nos vamos a hacer cargo de esta y esta otra manera y, además, te vamos a contar cómo hemos analizado los problemas, cuáles han sido las causas que creemos los han motivado y qué cambios vamos a introducir para que no nos vuelva a ocurrir“. ¿Recuerdan a algún proveedor que haya adoptado una iniciativa similar? ¿La han adoptado en sus propios equipos para con sus clientes? No, ¿verdad?

El mundo de los servicios de consultoría, ingeniería o diseño no está en general acostumbrado a este tipo de relación con sus clientes. Para un desarrollador de software, que su cliente haga de beta tester, o que incluso lo haga durante semanas y en correcciones sobre correcciones, entra dentro de lo que cabe esperar, dentro de lo que puede ser normal que pase.

Eso es un anatema en el mundo de la industria. Pecado mortal. Si haces algo así, estás fuera.

Y sin embargo, muchos de los problemas que surgen en el desarrollo de un proyecto de software no son diferentes a los problemas que surgen en cualquier otro orden de la vida, en cualquier otro tipo de negocio, tecnología o disciplina. O sea, que las metodologías clásicas de resolución de problemas (sí, incluidas las viejas y nuevas herramientas de calidad y calidad total) son perfectamente aplicables.

A los que ya hemos pasado de los 50, nadie nos enseñó en nuestras carreras cómo resolver un problema en una empresa. El conocimiento y las técnicas implicadas formaron parte del aprendizaje experimental que luego fuimos desarrollando en nuestras actividades profesionales, en función del sector o de la función que nos hubiera tocado en suerte. Entonces, la mejora continua, los conceptos lean o la calidad total no formaban parte de los estándares de aprendizaje y, aunque parezca mentira hoy, conformaban la cultura emergente… 😮

Lo alucinante es que, hoy en día, el poder de lo cool esconda muchas veces carencias que, en estos tiempos, es increíble que se permita permanezcan en el territorio de la ceguera cognitiva de un profesional. Como en el caso del grado en informática con el que abría el post, el adiestramiento en los procesos de resolución de problemas está universalmente al margen del aprendizaje académico, cuando en mi opinión debería formar parte de una cultura generalizada de estar en el mercado de trabajo. Su transversalidad es absoluta.

Incluso si adoptamos SCRUM como metodología de desarrollo de proyectos. Veámoslo.

Imaginemos un “proyecto A” en el que se ha generado un conflicto con el cliente: se ha entregado con un retraso considerable, la calidad del producto está lejos de satisfacer las expectativas de quien paga, los costes de desarrollo se han disparado y ha habido que renegociar el contrato, o han surgido dificultades técnicas que han forzado al cliente a renunciar a determinadas funcionalidades deseadas.

Venga… seguro que no les es muy difícil acordarse de un proyecto en el que haya surgido alguno de estos “problemillas”… o varios de ellos a la vez…

Imaginemos pues que hemos hecho uso como estándar de metodologías ágiles y singularmente SCRUM. ¿Qué podemos hacer para aprovechar la experiencia para aprender y mejorar nuestro desempeño? ¿Cómo nos podemos hacer cargo del problema para robustecer nuestras competencias y habilidades en la gestión de proyectos? ¿Cómo identificamos nuestros errores para aprender de ellos y ser más competitivos, más eficientes, más efectivos y en definitiva mejores?

Da igual si se han sentido aludidos como clientes o como proveedores. Se trata de un problema para ambos y por lo tanto ambos pueden exprimirlo para aprender.

Es perfectamente posible hibridar el pensamiento de diseño con la utilización de herramientas de resolución de problemas. De hecho, y aunque los guay del design thinking no lo sepan, algunas de las herramientas que usan son o derivan directamente de aquéllas, jejeje… >:D

Veamos las clásicas 5M. Se trata de ser sistemático en el análisis de causas para que no se nos escape ninguna cuando tratamos de identificar el origen de un problema. El objetivo es siempre determinar todas las causas que provocan su aparición, para atacar la raíz de las mismas y evitar que en el futuro se reproduzcan.

Suelen ser preludio del uso de otras herramientas adicionales (los 5 WHY o el diagrama de Ishikawa, por ejemplo) que nos ayudan a ello, pero hoy nos quedaremos en este primer paso, el más básico.

Cuando uno comienza a enfrentarse al análisis de un problema, es muy recomendable escoger un esquema mental que ayude a colocar el foco de nuestra mente en todos y cada uno de los ingredientes relevantes que suelen ser origen de cualquier problema, sin olvidar ninguno. Un brainstorming simple, abierto y no guiado por restricciones bien segmentadas, suele conducir siempre a lugares comunes, lo que implica que habrá aspectos que se nos escapen del análisis y, en definitiva, que el problema conservará potencial de reaparición.

Si hemos sido buenos profesionales y hemos tratado de corregir nuestros errores y aprender de ellos, pero no lo hemos hecho con método y los problemas se repiten a pesar de las acciones tomadas, acabaremos pensando en lo buenos o malos que somos… y no en cómo hacemos lo que hacemos. Mal camino.

Las 5M proponen que concentremos nuestra mente en identificar las causas de un problema (las razones por las que un proyecto ha sido fallido) en 5 focos diferentes:

  • Máquina: causas relacionadas con el mal funcionamiento o la insuficiente capacidad de proceso de máquinas, equipos o herramientas.
  • Método: causas relacionadas con el mal uso o la no aplicación adecuada de metodologías contrastadas o de estándares de trabajo definidos.
  • Materiales: causas relacionadas con el uso de materiales de insuficiente calidad o inadecuados para la función a desarrollar.
  • Mano de obra: causas relacionadas con bajos rendimientos personales, insuficientes competencias técnicas, errores humanos o comportamientos dañinos para el proyecto.
  • Medio: causas relacionadas con factores del entorno que tienen capacidad de influir en el rendimiento de producto o en el desarrollo del proyecto.

Pues vayamos a analizar cómo aplicar las 5M al “proyecto A” que mencionábamos antes, un proyecto gestionado con SCRUM… que no ha ido bien.

A pesar de que SCRUM es en sí mismo una metodología y de que por lo tanto lo más fácil es que nos surjan preguntas sobre el funcionamiento del método en sí mismo o sobre las personas (al ser un proyecto donde los recursos fundamentales suelen ser de conocimiento), en función del tipo de proyecto o problema podríamos hacernos preguntas como las siguientes:

  • Máquina:
    • ¿Se adecuaban las interfaces, nuevas o disponibles, que hemos utilizado, a las especificaciones técnicas? ¿Y al lugar de uso? ¿Por qué no?
    • ¿Su robustez y calidad eran las necesarias para un funcionamiento continuo y sin fallo? ¿Estaba todo ello garantizado? ¿Por qué no?
    • ¿Estaba la máquina en que se insertaba o integraba nuestra solución, preparada para ello? ¿Cumplía las necesidades mínimas para absorber el funcionamiento del nuevo sistema? ¿Por qué no?
    • ¿Eran las plataformas tecnológicas usadas las adecuadas para las necesidades del proyecto? ¿Estaban suficientemente disponibles? ¿Eran seguras? ¿Se disponía de redundancia, respaldo o alta disponibilidad? ¿Por qué no?
    • ¿Se disponía de la suficiente capacidad de cálculo y en el tiempo preciso? ¿Por qué no?
    • ¿Disponíamos de planes de contingencia para el fallo en nuestras instalaciones? ¿O frente a fallo catastrófico? ¿Por qué no?
  • Método:
    • ¿Se definió adecuadamente la misión del proyecto? ¿Representaba fielmente el objetivo deseado? ¿Existía una comprensión compartida en el equipo y con el cliente del significado, las limitaciones y las implicaciones de la misma? ¿Por qué no?
    • ¿Era claro el campo de decisión interna del equipo y los elementos que necesitaban de validación externa? ¿Se respetó? ¿Por qué no?
    • ¿Recogía adecuadamente el contrato las expectativas para el producto, los plazos, las limitaciones y condicionantes del proyecto, las formas y penalizaciones de pago, la propiedad de los fuentes y de los datos o los niveles de servicio, por poner algunos ejemplos? ¿Por qué no?
    • ¿Se definieron con la suficiente precisión las funcionalidades del product backlog? ¿Y las de los sucesivos sprint backlog? ¿Por qué no?
    • ¿Se construyó una estructura de releases y sprints razonablemente ajustada a la naturaleza y necesidades del proyecto? ¿Por qué no?
    • ¿Se definieron con suficiente detalle las acciones a desarrollar en cada sprint? ¿Se desglosaron lo suficiente, en dimensiones manejables? ¿Había suficiente conocimiento en el equipo como para estimar con la suficiente aproximación el coste en horas de cada acción? ¿Por qué no?
    • ¿Se ajustaron las dedicaciones previstas a las disponibles? ¿Mostró habitualmente el burn down chart un ajuste razonable de recursos y necesidades? ¿Se establecieron acciones para corregir las desviaciones? ¿Por qué no?
    • ¿Se realizaron sistemáticamente las reuniones diarias? ¿Y los cierres de sprint? ¿Por qué no?
    • ¿Se utilizaron como herramienta eficaz de gestión las herramientas de gestión visual? ¿Por qué no?
    • ¿Fueron los entregables, en general, bien recibidos por el cliente? ¿Estaba su estructura y contenido bien definidos con antelación? ¿Respondían claramente a una funcionalidad del backlog que podía ser testada? ¿Respondían a una necesidad de feedback para consolidar el avance del proyecto? ¿Por qué no?
  • Materiales:
    • ¿Las carcasas, los soportes del interfaz y en general de los equipos instalados, eran adecuados a la agresividad del entorno de trabajo (acidez, salinidad, partículas en suspensión, humedad, presión, temperatura…)? ¿Por qué no?
    • ¿Los materiales de los soportes eran adecuados para la transmisión o recepción de señales inalámbricas (evitando encajonar en aluminio, por ejemplo, la recepción de señales de geoposicionamiento)? ¿Se había previsto prestar atención a este asunto? ¿Por qué no?
    • ¿Eran los equipos, interfaces físicas, soportes y conexiones, suficientemente robustos como para impedir casos de daño accidental, vandalismo o robo? ¿Por qué no?
    • ¿Respetaban los materiales utilizados las normativas del sistema en que se integraban, incluyendo compatibilidad electromagnética, reglamentación, seguridad, eficiencia energética o reciclabilidad? ¿Por qué no?
  • Mano de obra:
    • ¿Hemos destinado al proyecto a las personas adecuadas? ¿Eran técnicamente competentes y profesionalmente responsables, a los niveles necesarios? ¿Por qué no?
    • ¿Hemos podido atender a las puntas de trabajo con la flexibilidad necesaria en el equipo o fuera del mismo? ¿Por qué no?
    • ¿Ha habido un nivel de dedicación y compromiso con el proyecto que impida negligencias? ¿Por qué no?
    • ¿Ha habido un nivel de comunicación fluido entre los miembros del equipo, entre éstos con el product owner, entre éste y el scrum master y, en definitiva, entre el equipo y el cliente? ¿Por qué no?
    • ¿Se han cubierto adecuadamente las funciones de product owner o scrum master? ¿Se han sabido separar bien del trabajo operativo, cuando procedía? ¿Por qué no?
    • ¿Ha estado el proceso libre de interferencias significativas de elementos externos (jerárquicos, por ejemplo, o presiones procedentes de entornos multiproyecto) en la capacidad del equipo de gestionar el proyecto y tomar decisiones? ¿Por qué no?
  • Medio:
    • ¿Ha sido posible asegurar la buena marcha del proyecto frente a la aparición de tensiones laborales o sociales? ¿Por qué no?
    • ¿Ha estado el proyecto libre de herencias nocivas fruto de experiencias previas cliente-proveedor o de relaciones personales tóxicas internas o externas al equipo? ¿Se previeron y gestionaron? ¿Por qué no?
    • ¿Han aparecido, en el transcurso del proyecto, limitaciones no previstas (internas o externas) o modificaciones en los objetivos, que introducían variaciones relevantes en la misión asignada al mismo? ¿Se han negociado a satisfacción de todos los stakeholders implicados? ¿Por qué no?
    • ¿Se disponía de los espacios y medios de trabajo necesarios para el proyecto y para las dinámicas de trabajo en equipo? ¿Por qué no?
    • ¿Ha funcionado adecuadamente la estructura corporativa que aportaba los recursos auxiliares necesarios (en compras, subcontratación, asesoría legal o selección de personal, por ejemplo)? ¿Por qué no?

Una vez obtenidas las primeras respuestas, conviene preguntar de nuevo a cada una “¿por qué?”, sucesivamente hasta 5 veces (como los niños en periodo de descubrimiento), para acercarnos a la verdadera causa raíz. Y una vez identificada una causa raíz, las soluciones se mostrarán evidentes en un alto porcentaje de las veces.

Para terminar, es altamente recomendable hacer un test de coherencia con un análisis de potenciales causas derivadas de posibles fallos en personas que hubieran podido intervenir, directa o indirectamente, en el proyecto. Se trataría de seguir los siguientes pasos:

  1. Identificar las personas implicadas: scrum master, product owner, miembros del equipo, director de proyecto, cliente, responsable de compras, proveedores, responsable de infraestructuras, comercial, responsable de control de costes…
  2. En cada una de ellas, pensar si se han producido fallos de rigor o de competencia, siempre teniendo en cuenta dos facetas de cada fallo: por qué sucedió algo indeseable, por un lado… y por qué no nos enteramos, o nos enteramos demasiado tarde como para mitigar sus efectos, por otro.
  3. Verificar que los fallos que así encontremos estaban ya contemplados, aunque fuera de otra manera, en el análisis de causas anterior.

El objetivo de este test de coherencia no es “meterle el dedo en el ojo” a nadie. No se trata de buscar culpables sino soluciones, no lo olvidemos. Se trata de un proceso metodológico que busca exclusivamente robustecer nuestro desempeño y evitar la reproducción de un problema en el futuro.

Obviamente, la lista anterior de preguntas asociadas a cada una de las 5M no es exhaustiva (cada proyecto tendrá sus preguntas adecuadas)… y el ejemplo no es exclusivo: SCRUM puede utilizarse para gestionar un proyecto de desarrollo de producto físico o incluso de creación de una nueva línea de negocio: cualquier entorno donde la incertidumbre sea elevada y exija moverse en ese entorno.

De hecho, si el proyecto descansa, total o parcialmente, sobre un producto físico, la aplicabilidad es incluso más evidente.

¿Y sobre un intangible, como un “negocio”? Imaginen, por ejemplo, un desarrollador de software que decide “montárselo por su cuenta”: darse de alta como autónomo, construir su propio modelo de negocio y enfrentarse al mercado como empresa independiente o como freelance. Imaginen que… no le va bien. Que no vende, a pesar de ser una persona técnicamente competente y de volcarse personalmente en construir su marca personal y en conseguir que ello le reporte ingresos suficientes como para que merezca la pena. “¿Por qué no vendo?” es una pregunta que se hará cada noche, ¿verdad? “¿Qué puedo hacer para cambiar la situación?”

Pues les aseguro que pensar en clave 5M sobre lo que identifique que no funciona en cada uno de los elementos de su canvas de negocio (supongo que a definirlo ya habrá llegado, claro) le va a ayudar a afrontar ese problema porque aflorará preguntas tan importantes como las siguientes:

  • ¿Qué tecnología estoy utilizando y qué alternativas tendría?
  • ¿Qué me están aportando realmente (y cómo) mis aliados y mi red de apoyos para la configuración de equipos de proyecto o para completar mi propuesta de valor?
  • ¿Gestiono los capítulos principales de mi estructura de costes?
  • ¿Sé realmente quiénes son mis clientes o quiénes tendrían que ser? ¿Me ayuda a entenderlo la estratificación que he hecho… suponiendo, claro está, que la haya hecho?
  • ¿Cómo me relaciono con mis clientes? ¿Sé qué necesitan? ¿Y el mercado? ¿Cómo lo averiguo? ¿Cómo lo conecto con mi propuesta de valor? ¿Cómo les hago percibir que me necesitan a mí?
  • ¿Con qué recursos cuento, con qué tecnología o equipos, para mi trabajo o para soportar mi propuesta de valor?
  • ¿Cómo lleno mi dealflow de proyectos?
  • ¿A qué he decidido expresamente renunciar? ¿Qué renuncias estoy dispuesto a hacer?

Lo hará en otro orden, adaptando estas preguntas genéricas a su circunstancia particular y probablemente desglosándolas en otras más específicas… pero lo hará.

Venga… Les dejo un ejercicio para casa: ¿identifican de cuál de las 5M puede haber procedido cada una de estas preguntas? 🙂

Vibraciones: a veces… esa imagen

En algún momento de hace ya más de treinta años, decidí por fin acoplar un trípode a mi querida y espléndida Minolta (analógica, por supuesto) y salir en solitario por la ciudad. Unas veces de noche y entre juegos con el tiempo de apertura del obturador, otras de madrugada para captar esa luz blanca que despierta a la ciudad…

El trípode me acompañó con frecuencia durante algunos años en mis viajes y mi cámara siempre estuvo preparada buscando el detalle, el desenfoque, ese momento que siempre aparece cuando lamentas no tener tu máquina a mano.

Casi nadie a quien doble en edad entenderá esto, porque los smartphones lo han cambiado todo, pero conservo esa capacidad de disfrutar de los detalles escondidos en lo que veo. A veces… esa imagen que penetra por la retina… te pide de algún modo que la protejas, que conserves su belleza adoptándola para ti, que guardes su diferencia o su efímera presencia más allá del momento en que muestra visible su singularidad.

Ahora desde el móvil, sin la calidad ni el trabajo artesano de entonces, pero con el mismo espíritu de capturar el momento, con frecuencia sigo tomando fotografías de objetos e imágenes que no tienen más sentido que ése. No son instantáneas de obras de arte ni edificios históricos, no son de amigos ni familiares ni personas con las que he compartido unas horas, no son de paisajes grandiosos ni escondidos, no son puestas de sol, ni marinas, ni bodegones, ni mercados, ni abarrotadas calles comerciales, ni espectáculos, ni fiestas, ni alimentos, ni flores…

Todo eso también llena mi archivo de fotos, pero no hablo de ello en este post. O sí pero no… Me refiero más bien a objetos cotidianos, vistos por un momento de una forma diferente que me invita a sumergirme en ellos desde esa ilusión visual.

No busquen calidad en las imágenes que vienen a continuación. Ni siquiera he hecho una buena selección de las muchas instantáneas que guardo en infinitas carpetas de fotos…

Ayer, alguien me dijo que en el ámbito profesional, y a pesar de mi carácter sanguíneo y apasionado, mi desempeño es siempre infinitamente racional, 100% racional.

Que no había “arte”.

Y yo pienso que quien me lo dijo… no supo buscar bien. 😉

Y también que a mi pesar… puede que lo tenga bien escondido.

AGUA

CIELO

DEVOCIÓN

FAMILIA

FRESCO

FUEGO

HIELO

HOGAR

HUECO

HUMEDAD

LUZ

MEDICINA

MEDUSA

MÉXICO

MOLDE

NOCHE

RITO

SOL

Y sí… son 18. 😉

 

Año.8: balance y resumen

ajedrez-tableroLa esencia del número 8 es carretera inacabable, doble loop imposible que puede recorrerse imaginariamente hasta el infinito, infinito que dibuja al acostarse, cada noche, cuando nadie ve. 😉

La cuadratura de su doble círculo se logra en un tablero de ajedrez, un 8 casillas al cuadrado, en cada una de las cuales solo cabe colocar una ficha a la vez. Casi como este blog, que a los 8 años va asumiendo como norma (y a pesar de algunos voluntariosos intentos siempre de vida breve) el rellenarse con un post cada mes.

inquietos ha seguido en 2016 la senda de estabilidad de los últimos años, pugnando por superar cada mes la muy modesta barrera de las 1.000 lecturas, muy lejos de sus mejores aunque igualmente discretas cifras del pasado.

Y así tiene que ser, porque es el lugar que le ha quedado en este camino, que por otra parte cada vez recorro con menos compañía: a pesar de la limpieza de hace seis meses, aún les puedo contar que en casi un tercio de los feeds que decidí conservar no se ha registrado movimiento alguno en este tiempo.

El año pasado les hablaba de la impactante experiencia como vlogger de mi hija… Bien, pues ya no está. Ha experimentado, ha crecido, ha conversado, ha aprendido, ha disfrutado… y a otra cosa: ha cerrado al público su canal. Todos los vídeos. Tuvieran cientos de miles o medio millón de visitas en menos de dos años… Y no la veo muy arrepentida tras varios meses.

Es obvio que es otra generación. o_O

2016 se va a cerrar con 14 artículos que combinan la reflexión y la reacción a un momento vivido, casi al 50%. Por volumen, destaca la serie de reflexiones sobre innovación empresarial hacia modelos sostenibles (un conjunto de propuestas al hilo de mi participación en un seminario inesperado), aunque al margen de ello, les diré que de varios de los artículos restantes de 2016 estoy francamente satisfecho. Los publicados son los siguientes:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con otras 2.100 nuevas visitas (ya son casi 14.000 acumuladas). El post navideño es el único de los del año que se sitúa en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses.

Parece que lo de la sostenibilidad empresarial no “vende” mucho… 😉

Un apunte para centrar mi atención en los próximos meses en este proceloso mundo de los números: según las estadísticas del propio WordPress, al artículo sobre Javier Solana ha recibido hasta ahora solo 134 visitas, pero… el nuevo diseño de LinkedIn ofrece el dato de que exclusivamente a través de este canal (solo uno de los que tengo conectados al blog)… ¡ha habido 818 visualizaciones del mismo!

¿Cuál es el dato real? ¿Y pasará lo mismo en Facebook o Twitter o…? Porque he notado también que en las gráficas de WordPress aparecen casi siempre “a cero” los registros gráficos de lo que llama “visitas distribuidas”, que yo siempre había relacionado con los feeds de suscripciones (y que, al contrario que en el pasado, hoy son algo casi residual en mi blog). ¿O es que tampoco cuenta WordPress bien aquí?

Pues me quedaré en la duda, porque me niego a entrar en el universo del SEO…

La suma-resta de suscripciones controladas vuelven a subir ligeramente, hasta las 130, pero los comentarios han brillado por su ausencia (salvo en el artículo sobre Solana y en el de mi declarada intención de hacer limpieza en esta casa), aunque los pocos que ha habido siguen resultando para mí muy valiosos y les aseguro que también muy agradecidos.

Termino. Con los números de costumbre y con un agradecimiento ampliado a quienes, amables lectores, continúan pasando por estas páginas.

2017 se plantea con una crisis en el terreno profesional… pero aquí seguimos.

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Vibraciones: Javier Solana, MONDRAGON y Donald Trump

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Que Javier Solana tiene ya la suficiente edad como para estar definitivamente fuera del circo de la política activa lo dice la forma en que se refiere a Donald Trump de manera pública.

Quien aún asiste con asiduidad a las reuniones del Club Bilderberg y se jacta de haber borrado la palabra “no” del vocabulario de sus propias conversaciones y negociaciones con los mayores líderes mundiales (incluyendo algunos grandes dictadores, criminales de guerra y varios sátrapas) para alcanzar acuerdos “satisfactorios para todos”, no tiene empacho hoy en adornar abiertamente a Trump con los calificativos que libremente considera que merece.

El viernes pasado ofreció la conferencia principal de la edición de este año del internamente conocido como “Foro 400”, un acto de desarrollo directivo que anualmente congrega en el Kursaal de San Sebastián a un numeroso grupo de responsables de las cooperativas de MONDRAGON, centrado en esta ocasión en el concepto de intercooperación.

Quizá no haya sido ésta, a mi modo de ver, una de las más atractivas e importantes ediciones del Foro, pero sí dejó algunas pinceladas de interés que me apetece glosar, en particular de la intervención del propio Javier Solana.

Concretamente, dos de las gráficas que mostró en su presentación y que voy a compartir ahora aquí, añadiendo algunas de las cosas que sobre ellas Javier Solana dijo… y alguna de las que no dijo, pero digo yo… 😉

La primera gráfica, de hace ya cuatro años pero aún interesante, está extraída de los trabajos realizados por TeleGeography y glosada por The Economist. Se trata de la evolución del ancho de banda en uso de la red de cables submarinos en todo el mundo, en el periodo 1997-2012, desglosando los continentes o regiones mundiales a los que presta servicio.

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La lectura que de ella hizo Solana tiene que ver con el hecho de que las comunicaciones de alto nivel que trasladan información y conocimiento tienen su mayor demanda mundial en la conexión transatlántica, lo que es igual que decir (viendo la red de cables existente), básicamente entre Europa y Estados Unidos. Este flujo de información no es solo el más importante del mundo a nivel absoluto, sino que muestra un sólido crecimiento sostenido… en contraposición con la conexión transpacífica, la única cuyo crecimiento se muestra estancado en los últimos años.

La relevancia de Europa en este ámbito se refuerza aún más si consideramos que la franja de mayor crecimiento sostenido es ya la que corresponde a las conexiones entre Europa y Asia.

Dado que, si el gráfico hubiera mostrado el tráfico de mercancías, sería prácticamente lo contrario (entre Europa y Estados Unidos es ya casi testimonial), Solana concluía que aún Europa es protagonista de los flujos de información dominantes en el mundo… que el valor añadido más importante, el de la innovación y el conocimiento, aún radica en Occidente, a pesar de que la producción y el comercio de bienes estén definitivamente globalizados.

Lo que no hizo Solana es comentar otra derivada que bien podría extraerse de la misma gráfica: a poco que se fijen, advertirán también el sólido crecimiento de las comunicaciones intra-asiáticas, que suponen ya el segundo mayor bloque de comunicaciones del mundo, de igual dimensión a las transpacíficas… lo que bien puede interpretarse como un incremento imparable de la independencia de Asia frente a la hegemonía americana. Y también a esto podría sumarse el que la franja de mayor índice de crecimiento es la que conecta Europa y Asia, pero entendiéndolo en sentido contrario al que antes aparentaba, ¿no creen? 😉

Don Javier mostró otra gráfica que no es difícil encontrar en la red: la evolución comparada del PIB en PPP entre Estados Unidos y China. De ser la norteamericana 4 veces superior en 1996, a igualarse solo 8 años más tarde, en un fenómeno acelerado en unos 10 años al menos frente a las previsiones, como una de las consecuencias de la gran crisis que hemos sufrido.

No olviden este dato porque lo podrán conectar de inmediato, como un punto y seguido, con la gráfica que viene a continuación…

Extraído de una publicación de hace menos de un año del economista Branko Milanovich en el Harvard Business Review, se trata de un gráfico de barras que representa el incremento de los ingresos que ha tenido la población mundial en el periodo 1988-2008, 20 años en los que la globalización ha tomado carta de naturaleza. Cada barra representa el 5% de la población clasificada por riqueza, ordenada de menor a mayor. El 5% más rico, por lo tanto, estaría en el extremo derecho, pero como excepción y para tener una mayor comprensión de lo que los datos nos ofrecen, lo divide a su vez visualmente en dos segmentos: quienes están entre el 2 y el 5% más ricos… y finalmente solo quienes pertenecen al 1% de los más ricos.

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Javier Solana puso el acento de su comentario en resaltar la transferencia de riqueza de las clases medias de Occidente (Europa y Estados Unidos) hacia la emergente clase media asiática, que ha visto incrementar sus ingresos netos (en términos comparables y traducidos realmente en poder adquisitivo, pues de nuevo están medidos en “paridad de poder de compra” o PPP) en torno a un 70% en el periodo frente al casi nulo incremento en la occidental.

Y… tachááánnn… he aquí la razón de un Trump. Ahí están sus votantes.

Y los de los emergentes populismos europeos… “de derechas”, claro.

Solana centró también nuestra atención sobre el indudable hecho de que los otros grandes favorecidos de la globalización han sido y son quienes engordan ese 1% de más ricos del mundo… y clamó por cambios que permitieran que parte de esa riqueza se redistribuyera para compensar a las clases medias.

Únanlo a la reflexión que les pedí que se guardaran sobre la evolución comparada del PIB-PPP entre China y USA… y ya tenemos armazón dialéctico bien estructurado para explicarlo todo… 😉

Eso sí, de lo que no hizo mención alguna Solana es del impresionante incremento de la presión impositiva que en Occidente han soportado esas clases medias, obviando que la riqueza no se transfiere tan linealmente, sino que es una sustancial creación de la misma la que permite que el crecimiento se distribuya mucho mejor que cuando se reparte, viejo proverbio liberal en el que creo a pie juntillas…

Hay otra lectura gratificante a la que hizo mención de pasada, pero que es de resaltar: la reducción significativa de la pobreza en el mundo, a pesar de que la desigualdad (con ese incremento de riqueza de los más ricos… tan obsceno, no me interpreten mal) siga creciendo.

Branko Milanovic lo explica bien todo en su libro “Global Inequality – A New Approach for the Age of Globalization“, por si quieren profundizar en el asunto. Un breve vídeo que resume la interpretación del gráfico de una manera muy visual y divertida pueden encontrarlo aquí.

Esto es todo por hoy… salvo que quieran que conversemos sobre ello, en una tertulia que se puede abrir aquí mismo. Es solo un poco más abajo.

Vibraciones: tres joyas de Navidad

Como cada año, reservo en diciembre un hueco en este blog para dedicárselo a la Navidad, o al menos a algún detalle que tenga que ver con lo más bello, solidario o intrínsecamente bueno que se relacione con su naturaleza más original.

joya-navidadNavidad es realmente el único momento singular que celebramos con universalidad (hoy incluso desprovisto de carácter religioso si así se desea) cada 365 días.

Sé que hay personas que no son capaces de disfrutar de ella, que incluso, por razones personales, muchas veces familiares, la viven como una carga de tristeza, pero no puedo entender a quienes, desde la caricia de una vida afortunada, no son capaces de extraer un balance positivo de este momento en el que, por una vez y por derecho, reclamamos la grandeza de ser buenos.

El correo, Facebook, Twitter o Whatsapp nos acercan cada año docenas de vídeos, frases, memes e imágenes de felicitación de la Navidad. Admito que a veces desbordan el punto de saturación, pero estarán conmigo en que esa molestia no tiene comparación posible con el perturbador e hipotético caso de un año en el que no reciban nada, pero absolutamente nada, ¿verdad?

Los amigos, los conocidos e incluso los contactos profesionales dedican unos minutos  a desearnos momentos entrañables y un fructífero año nuevo… y en realidad a recordarnos con ello que siguen ahí, que les importamos de algún modo. Nada es más fisiológicamente necesario para un ser humano que sentir que alguien se acuerda de él…

Pero para mí hay más… Preparar la cena de Nochebuena en familia, vestir la casa de nuevo de fiesta, con el árbol, las guirnaldas o el belén, recorrer la ciudad en busca de un regalo personal con el que mostrar tu cariño a tus seres más queridos (y luego esconderlo), engañar a tus sobrinos o a tus hijos pequeños en la cabalgata, pasear estas noches de calles entre luces, partir el turrón (“yo lo parto, yo lo parto…”), cantar villancicos aunque sea desafinando… sentir al menos una vez al año la belleza de compartir un tiempo solo porque tenemos un intangible lazo en común.

Ya hay más de trescientos cincuenta días, cada año, para dedicarlos a otras cosas.

Les dejo esta vez tres joyas para una Navidad que, no lo puedo negar, a mí me gusta. Espero haber acertado con una selección emotiva pero contenida, festiva pero elegante… y sobre todo universal.

Para todos.

Porque así debería ser: para todos. Incluyan en ese “todos” lo que deseen, porque no debería tener excepción.

Fue Judith Gallimó la que me acercó este vídeo alojado en catorze.cat, en que se versiona el magnífico Hallelujah de Leonard Cohen.

Tiene diez años, se llama Kaylee Rogers y estudia en Killard House School, un centro de educación especial en Donaghadee (Irlanda del Norte). Está diagnosticada con autismo y TDAH.

Su madre dice que a través de la música se ha abierto y ha encontrado la confianza que necesitaba para hacer… esto:

Back to basics.

La segunda joya me llega a través de Ángel Lequerica, un incondicional del disfrute de la vida… y de Scott Bradlee y su Postmodern Jukebox, un lugar donde la esencia de la música se reinventa en un pasado que suena siempre personal, natural, y absolutamente próximo.

A los mandos, hace un par de años, Cristina Gatti.

Pasen y vean…

Solo voz, muchas voces, una voz.

Confieso: no me “llegó” la primera vez. Pero ya a la mitad de la segunda me encontré a mí mismo haciendo los coros en alto.

Peter Holens es un cantante y productor norteamericano especializado en música a capela con un diverso y a veces divertido canal en YouTube. Pocas cosas hay tan esencialmente humanas como nuestro lenguaje y el uso que podemos hacer de nuestra voz. Cantar a capela lo desnuda de artificios para buscar la armonía como perfección, como absoluta belleza.

Si no caen, repitan…

Feliz Navidad.  🙂