Reflexiones: Europa y la fabricación de vehículos

Hace un par de semanas compartí en LinkedIn una publicación de Miguel San Martín en la que mostraba un gráfico dinámico que reflejaba cómo había ido cambiando el ranking de los 10 primeros países productores de automóviles entre 1964 y 2019.

Les dejo a continuación el vídeo completo (que cubre el periodo 1950-2019), les invito a seguir el movimiento hipnótico de barras y países a lo largo de los 6 minutos que dura (no se les hará muy largo)… y luego seguimos.

Mi comentario al compartir el post fue en forma de preguntas: “¿Quién puede pensar que no va a seguir cambiando así? ¿Y en qué dirección será en los próximos años? ¿En Europa?”

Son preguntas que pueden inducir a una interpretación determinada… y por eso he pensado que sería interesante profundizar en los datos del vídeo siguiendo la línea de esos interrogantes.

Eso sí… mirados de otras maneras.

Una advertencia: voy a utilizar datos que reconozco incompletos y sin la suficiente verificación (incluídos los del propio vídeo), porque la comprobación rápida que he realizado de algunos de ellos me devuelve una aproximación suficiente para identificar las grandes tendencias cuya interpretación quiero compartir con ustedes a través de este artículo, así que visto mi anterior post… necesito lanzar una disculpa por delante. 😉

ESTAR EN EL RANKING

He representado en una tabla los años en que los distintos países del mundo han estado dentro del top-10. He retirado dos países porque su presencia era poco menos que testimonial (Bélgica en el periodo 1986-1990 y Thailandia en 2013) y distorsiona la visualización evolutiva:

Algunas observaciones:

  • Son 70 años… pero, en general, más o menos los 40 primeros años se caracterizan por la ausencia de nuevos entrantes: los países sí cambian de posición (y mucho, como veremos más adelante), pero solo entre sí.
  • En los últimos 30 años se producen sin embargo varias entradas y salidas muy significativas.
  • Asia abruma entre las nuevas entradas: Corea del Sur, China e India. Solo México se suma a la lista desde otros lugares del globo.
  • ¿Y quiénes salen? Pues… oh sorpresa… Europa Occidental: UK, Francia (durante 5 años) e Italia… a los que habría que sumar Rusia.

CRECER Y DECRECER POR PAÍSES

Una mirada diferente: una cosa es la posición en el ranking y otra el ritmo de crecimiento… y ahí las diferencias son extraordinarias.

Para sacar más jugo visual a estos datos (poner toda la información del vídeo en un gráfico no es sino un lío de líneas monumental), he hecho una tabla de los países con sus producciones cada 5 años, con las fotos fijas del año que comienza cada quinquenio.

En negro están datos sacados del vídeo y en rojo información que he completado de otras fuentes. He representado cada país desde el momento en que entra en el top-10 y el resultado es el siguiente:

Ya, ya, ya… casi les estoy oyendo decir que esta tabla muestra poco, puesta en esta forma… pero échenle un vistazo a los mismos datos en gráfica y quizá les surja alguna inquietud más, aparte del consabido crecimiento chino…

Como es natural, la gráfica me conduce a varias posibles interpretaciones de interés (alguna muy evidente, como que sólo Japón, Corea, China e India, todas naciones asiáticas, han sido capaces de crecer hiperaceleradamente), pero las voy a dejar a su capacidad interpretativa, estimados lectores, para no despistarnos del núcleo del mensaje que viene a continuación.

CRECER Y DECRECER POR REGIONES MUNDIALES

Les reconozco, en cualquier caso, que la gráfica anterior aún contiene demasiadas líneas cruzadas como para obtener demasiadas conclusiones a primera vista, así que simplifiquemos un poco…

La suma de las producciones del top-10 de países supera consistentemente el 85% de la producción mundial, así que despreciando el efecto del resto, como una aproximación que reconozco grosera pero suficiente a modo indicativo, se me ha ocurrido ver esos datos comparando la evolución de tres agrupaciones regionales:

  • NAFTA: Canadá, USA y México.
  • EUROPA OCCIDENTAL: Francia, UK, Alemania, Italia y España.
  • ASIA: Japón, Corea del Sur, India y China.

La tabla queda resumida como sigue:

Lo que en modo gráfica queda así:

La gráfica muestra un dato preocupante: tras 30 años como región líder del mundo, la producción de vehículos en Europa Occidental lleva 15 años en tendencia decreciente.

Si alguno pertenece al mundillo del automóvil, le sorprenderá, quizá, esta tendencia, porque los datos que normalmente se manejan en las previsiones de futuro de las grandes consultoras apuntan sistemáticamente a una estabilización del mercado europeo occidental, incluso con crecimientos medios “orgánicos” (1÷2% anual), lo que no se compadece muy bien con la gráfica anterior.

Pero los datos “post mortem” son los que son… y en todo caso, sabiendo que en la gráfica no aparecen las producciones de Bélgica, Austria o Portugal (en total no alcanzan el millón de vehículos)… son los que son para los grandes países productores europeos.

Aunque mucho más significativo es ver cómo han evolucionado estas agrupaciones regionales en porcentaje sobre el total considerado en la tabla inicial (que insisto es más del 85% de la producción mundial):

Observaciones sobre la gráfica:

  • Primero Japón, luego Corea, después China y ahora también India, han hecho de Asia la región que lidera en el mundo la producción de vehículos. Nada nuevo bajo el sol, pero ya supone el 60% del total.
  • La pérdida de la hegemonía inicial norteamericana no implicó un descenso de las unidades fabricadas. En los últimos 10 años hay una tendencia clara a la estabilización de las producciones NAFTA y de su peso en el mundo, manteniéndose por encima del 20% de la producción mundial.
  • Europa Occidental lleva 50 años perdiendo peso relativo en el mercado mundial de producción de vehículos, situándose en la actualidad en torno al 15% del mismo.

¿SEGUIR DECRECIENDO?

Los altos costes salariales, las regulaciones medioambientales, la falta de crecimiento demográfico o los cambios de hábitos de consumo hacen que fabricar vehículos en Europa Occidental solo sea ya atractivo para el propio consumo europeo (en todo caso), además de para aquellos lugares del globo donde se valore la diferenciación por calidad percibida o tecnología.

Pero el desarrollo masivo de tecnologías se está produciendo ya aceleradamente en otras regiones del mundo y singularmente en Asia, favorecido además por las tendencias de electrificación que simplifican las competencias tecnológicas necesarias para desarrollar los sistemas de tracción y que ponen el acento en los sistemas de almacenamiento, donde el dominio asiático es abrumador.

Las estrategias de regionalización-globalización de las marcas están cambiando con decisiones de peso (la venta de Opel a PSA por parte de GM, el cierre de la planta de Honda en Swindon, el cierre anunciado de la planta de Nissan en Barcelona o la salida anunciada de Mitsubishi del mercado, como ejemplos cercanos)… y muchas de ellas se compadecen bien con la idea de pérdida de atractivo para la fabricación en Europa.

En consecuencia, ya no resultan una novedad las predicciones de que, dentro de 10 años, la producción en Europa Occidental estará más cerca del 5 que del 15% del mercado mundial.

Europa corre serio riesgo de dejar de ser una región exportadora de vehículos.

Y eso equivale a una amenaza para la creación de riqueza y para el empleo. Y sin contar con lo que las tendencias CASE o el desembarco de vehículos chinos en Europa impacten sobre el volumen del mercado…

Sinceramente, no creo que la aplicación masiva de tecnologías 4.0 puedan revertir esta tendencia. ¿Volvemos, entonces, a hablar de diversificación? ¿Y en qué sentido?

Advertidos estamos.

Vibraciones: datos malos, datos dañinos

Perdonen que sea reiterativo hasta bordear el límite de la obsesión. Les había dicho hace unos meses (aquí… y antes aquí, aquí o especialmente aquí) que me iba a olvidar del asunto, pero es que sobre el último post de esta bitácora se han reproducido las diferencias de contabilización de visitas hasta extremos tan inauditos… que no he podido por menos que disparar de nuevo.

Son éstas, por tanto, unas “vibraciones”… molestas, sin paliativos.

Sobre el mismo periodo de tiempo (el que va del 31 de julio, fecha de publicación, hasta ayer 15 de agosto), las visualizaciones del artículo contabilizadas por LinkedIn solo en ella eran más de 2.200, mientras la plataforma en que inquietos reside, WordPress, no llegaba a a contabilizar en total ni 150 visitas.

Oigan… un factor de 15… o_O

WordPress es la plataforma líder en el mundo… líder también en esta plataforma de uso gratuito que es WordPress.com.

Es inconcebible que después de tantos años de liderazgo no sea capaz de ofrecer algo que parece tan simple como contabilizar las visitas a las páginas de uno de los blogs alojados en ella con una razonable fiabilidad.

Pero más allá de esta historia, que no deja de ser una minúscula e intrascendente anécdota personal, me ha parecido una buena muestra de uno de los principales cánceres que lastran y lastrarán los resultados de eso que venimos en denominar con mucho glamour el “big data”. Bueno… de su explotación a base de procesos de aprendizaje automático e inteligencia artificial, de los modelos de predicción de comportamientos o, más allá de ellos, de los modelos prescriptivos que permitan que las máquinas decidan por sí mismas.

Ese cáncer es… la confianza en datos que no se conoce que son inexactos.

En todas las organizaciones somos conscientes de muchos de los problemas que tenemos con nuestros datos, o al menos somos conscientes de que tenemos problemas con ellos… pero sobre muchas otras de nuestras bases de datos, soportadas en plataformas que consideramos robustas y estables, no abrimos la más mínima sospecha: nos acompañan desde hace tantos años soportando nuestras decisiones que rechazamos siquiera dudar de ellos, o minusvaloramos cualquier leve indicación que nos lleve a la duda.

Y la verdad es que, en la mayoría de los casos, no es una praxis desastrosa: el análisis causal se mezcla con la intuición ante resultados anómalos… y la resultante final ha sido suficientemente útil durante toda nuestra vida profesional.

En el caso de mi anécdota personal sobre los números del blog, les reconozco que yo me pasé años confiando ciegamente en las estadísticas de WordPress, hasta que la contabilización de visualizaciones de LinkedIn se puso en marcha y me activó las sospechas. La verdad es que, al margen de lo que me molesta que algo no se haga bien, no se corrija y a nadie parezca importarle, el asunto no pasa de ser algo que ya conozco y que no tiene trascendencia alguna, porque esta bitácora no tiene ninguna dependencia de cifras y los lectores son tan pocos (aunque selectos 😉 ), que sumar unos cientos o restarlos no cambia su ubicación en el universo bloguero… 😆

Pero en el mundo de los algoritmos… eso es otra cosa. Malos datos implican decisiones erróneas.

Porque si un análisis humano de la información puede aflorar datos sospechosos y por tanto inútiles para tomar cualquier decisión, en el análisis de “big data” pueden convertirse en algo peor si no se detectan: ser directamente dañinos porque las decisiones automáticas se basen en información que conduzca directamente al error.

Y sin entender el por qué…

 

Reflexiones: la diferenciación en producto vs servicio en negocios B2B

producto vs servicio'

Vaya por delante que me voy a referir a cómo trabajar la diferenciación competitiva desde una empresa de carácter industrial, es decir, una empresa que fabrica productos industriales para otras empresas y por tanto enmarcable en un mercado que convenimos en denominar B2B (“business to business“).

Para que lo entiendan mejor los no iniciados en este universo industrial:

  • B2B es fabricar reglas ópticas para instalar en las máquinas de corte de chapa que fabrica un cliente (que serán finalmente utilizadas de nuevo por otras empresas industriales para sus procesos fabriles).
  • B2B2C es fabricar teclados para un fabricante de ordenadores de sobremesa (que finalmente cualquiera de nosotros adquiriremos en una tienda o un centro comercial).
  • B2C es fabricar prendas de vestir, latas de cerveza, libros o sartenes (que son productos directamente destinados a un mercado de consumo).

La distinción B2B es muy relevante, porque a la hora de hablar de diferenciación competitiva, muchos de los criterios de usabilidad del producto, estética, marca o tendencias de moda o consumo quedan excluidos o muy matizados por las características del mercado industrial. A veces, el comportamiento de dicho producto físico ni siquiera es percibido u observado por el cliente o el usuario (ni lo ve, ni lo siente, ni lo escucha, ni lo toca), por lo que incluso el pensamiento de diseño debe ser abordado desde otras lógicas.

Como en todo en la vida (no se sorprenderán), es posible segmentar nuevamente esa distinción de forma igualmente relevante, por ejemplo entre quienes fabrican componentes simples (una tapa de motor, de aluminio), quienes fabrican módulos funcionales (un motor eléctrico donde se monte la tapa anterior), o quienes fabrican sistemas complejos (una prensa que, entre otros elementos, contenga varios motores de accionamiento).

Las empresas que fabrican componentes industriales tienen un serio problema de innovación sobre el propio producto, porque el universo de posibilidades que se abre implica rediseño de geometrías, nuevos materiales o nuevos procesos de producción ligados a los anteriores, que suponen sostener la inversión en I+D en el tiempo y que aúna incertidumbres tecnológicas (si se conseguirá o no el objetivo) y de mercado (si el coste de desarrollo y los logros obtenidos generarán suficiente diferencial en prestaciones o costes para que el mercado lo admita)… lo que implica como consecuencia incertidumbre económica.

En estas condiciones, escapar de competir por precio o como mucho por calidad… es difícil. Cuando se trata de productos que pueden ser fácilmente suministrados por varios proveedores, el fenómeno conocido como commodity se extiende más allá de su significado original y condiciona las relaciones… y las decisiones de compra.

Las empresas que se dedican a la fabricación de módulos funcionales o bienes de equipo tienen una característica común que las diferencia de los fabricantes de componentes: en general son “empresas de producto”, lo que significa que tienen una marca reconocible en el mercado que identifica lo que podríamos considerar “producto propio”, que a su vez implica disponer de una potente ingeniería de producto y un marketing de producto específico.

Es importante entender que esa división de las empresas industriales conlleva profundas diferencias en varios de los elementos de sus modelos de negocio más característicos. Por ejemplo… en cosas tan trascendentales como la acción de venta (“comerciales” vs “vendedores”), el proceso de diseño del producto (orientado más “a la fabricación” o “al uso”), o finalmente el tipo de servicio que se puede construir y ofrecer al mercado. Procesos, relaciones y propuestas de valor… nada menos.

Cuando hablamos de diferenciación competitiva en productos industriales, hablamos generalmente de muy pocos factores de competitividad: siempre están presentes calidad, coste y plazo, naturalmente, pero aparte de ellos, solo queda la diferencia que puede establecer la innovación tecnológica (habilitando prestaciones diferenciales del producto frente a los estándares del mercado, sea en características mecánicas, durabilidad o algo tan sencillo y tan revalorizado en nuestros días en algunos sectores como el peso) o la prestación de nuevos servicios (habilitando una extraordinaria eficiencia postventa, por ejemplo, que reduzca o incluso prevenga y elimine el impacto de potenciales problemas de explotación).

DIFERENCIACIÓN POR PRODUCTO

Por innovación tecnológica me refiero a innovación en producto (nuevas geometrías, nuevos materiales, nuevos conceptos de diseño con funcionalidades integradas, nuevos recubrimientos o acabados…) porque las innovaciones en procesos redundan normalmente en los factores clásicos de competitividad del producto (singularmente el coste).

Cuando uno trabaja en un negocio B2B y aspira a tener una posición relevante en el mercado, el esfuerzo en I+D+i es inevitable, o al menos lo es en cualquier mercado altamente competitivo. Nadie duda de ello, porque quien no lo aborda con un cierto éxito se queda fuera… o queda condenado casi a ser un maquilador eficiente de los productos desarrollados por otros, lo que siendo un posicionamiento muy digno si se hace bien, no soporta desde luego la etiqueta de “posición relevante en el mercado”.

Los negocios B2B2C dejan otro margen a la diferenciación competitiva en producto, porque el packaging, la distribución o el diseño, como he comentado antes, dejan mucho margen creativo para la personalización o la singularidad… pero en un B2B puro, las cosas son muy distintas.

Existen pocas alternativas más allá de las mencionadas.

No creo que sea el momento, estimados lectores, de abrir el debate sobre el potencial retroceso o viraje del modelo de globalización que hemos venido construyendo… pero de lo que nadie puede dudar ya a estas alturas es de que casi todos los grandes mercados industriales son hoy globales, en la forma en que cada uno haya ido definiendo.

Y en esos grandes mercados… lo que hay son grandes players.

Electrónica, componentes de automoción, fabricación de maquinaria, industria química, cementos, fabricación de tubo, de herramientas o de cableado… En todas ellas, las empresas que ejercen el liderazgo del mercado son empresas globales y casi siempre de gran dimensión.

Llevamos muchos años ya de apuestas importantes en el ámbito de la I+D. Apuestas financiadas desde las administraciones públicas locales, nacionales y supranacionales, por programas de ayuda generosamente dotados desde figuras que van desde la subvención directa hasta la exención fiscal. Apuestas que se han extendido a centros tecnológicos, progresivamente más cuestionados en su capacidad de conectar con los intereses reales de las empresas y de los mercados para transformar la “I+D” en “i”.

Y mirando hacia atrás, hacia décadas ya de esfuerzo sostenido… la verdad es que, en estos mercados, es difícil identificar empresas que sean reconocidas y que se diferencien de las demás con claridad por la innovación de sus productos, ¿no creen?

Y las pocas que existen… no son grandes, sino enormes, con capacidad financiera para alimentar grandes ingenierías de producto capaces de mantener un ritmo de innovación elevado y sostenido en el tiempo. Y sus casos se estudian en las escuelas de negocios y se refieren en publicaciones técnicas en todo el mundo.

¿Cuál es el problema?

Imposible hacer un diagnóstico certero que además cuente con su aprobación generalizada, de eso estoy seguro… pero sí me gustaría dejar un par de reflexiones que creo pueden ser de su interés.

En primer lugar, el producto industrial se ha hecho complejo, cada vez más complejo. Debe responder a funcionalidades numerosas y diversas… y muchas de ellas son lo suficientemente importantes como para ser cuidadosamente valoradas en una decisión de compra. En mercados, productos y tecnologías que casi todos ellos podrían alinearse con el calificativo de “maduros”, la innovación tecnológica en producto será difícil que suponga un salto competitivo en todas las funcionalidades. Es más, casi siempre implicará alguna renuncia en algún otro factor… o en términos de costes, lo que hará de la decisión siempre un balance donde la clave estará en identificar el punto de equilibrio más adecuado a cada caso.

Puede que no estén muy conformes con este postulado, voy a admitirlo… pero dejen que introduzca entonces el siguiente.

Mi observación en los últimos años es que, en la mayoría de los mercados que responden a esta tipología, ese escenario competitivo repleto de grandes empresas lleva a que, cuando una de ellas consigue un salto de competitividad a través de la innovación en producto, ese diferencial… dura poco.

Con suerte… un par de años.

Aunque se patenten materiales, procesos, productos completos o incluso modelos de utilidad, en un corto plazo de tiempo, si realmente esa innovación ha hecho “daño” a ese escenario competitivo, el resto de gigantes habrá desarrollado soluciones similares o alternativas que vuelvan a cuestionar los puntos de equilibrio de las decisiones de adquisición.

Pasa un poco como cuando en el mercado de consumo de todos nosotros, tratamos de adquirir un automóvil nuevo. Salvo perfiles abiertamente frikis… nuestra decisión será difícil que se base en cualquiera de las innumerables y espectaculares innovaciones tecnológicas de producto que constantemente introducen los fabricantes de vehículos, ¿verdad?

Pues piénsenlo, porque es importante.

Y cuidado… no quiere esto decir que no sea necesario sostener e incluso incrementar el esfuerzo en I+D+i de producto. La tecnología domina los cambios de nuestro mundo… y si uno no es capaz de seguir el ritmo, al menos el ritmo medio del sector, estará fuera del mercado, como apuntaba antes, en menos tiempo del que le gustaría.

Por si acaso les han aflorado tentaciones de relajar este esfuerzo… esto es un must. Ya lo siento.

DIFERENCIACIÓN POR SERVICIO

Ya les he querido avanzar que diferenciarse a través de la prestación de servicios tampoco es un chollo. Entramos en un terreno complicado, que es el de la valoración de intangibles en un mundo industrial donde factores como el CAPEX, el OPEX o como derivada el TCO son monarquías casi absolutas.

Cuando hablamos de fabricar bienes de equipo, hay una salida: la postventa. El servicio postventa es un factor crítico porque su falla genera problemas de gran dimensión, en términos de costes, de compromiso con cliente y finalmente de posición misma de mercado.

El desarrollo masivo que estamos viviendo de la sensorización de bienes de equipo, seguida del tratamiento de los datos generados mediante procesos de machine y deep learning y algoritmos de inteligencia artificial, están permitiendo desarrollar servicios de predicción de fallos… e incluso de modelos presciptivos que los eviten.

En la fabricación de bienes de equipo ya no es sostenible no pensar en clave de servitización de la oferta de valor, porque el valor percibido por el cliente es de tal magnitud que condiciona, sin duda, sus decisiones de compra.

La guerra se sirve aquí en el terreno de la propiedad o el derecho de uso de los datos. Lo que en un principio parecía el nuevo maná de los fabricantes de equipos, una forma de incrementar sus ingresos pero sobre todo sus márgenes, pronto se vio cuestionado por la aparición de propuestas de intermediación, que gestionaban transversalmente un parque de maquinaria de diversos proveedores y por ende tecnologías, con un lenguaje único para el cliente al que atendían. Y el siguiente paso está siendo la conciencia de ese cliente de que esa información es lo suficientemente crítica para su eficiencia productiva como para mantenerla dentro de sus dominios como una de sus competencias core.

En cualquier caso, no falta mucho para que lo que quede de este movimiento quede convertido, casi… en una commodity. Una commodity de servicios.

Todo el mundo 4.0, en realidad, está en mi opinión abocado a recorrer ese camino en el entorno B2B.

¿De qué otra cosa podemos hablar, entonces, si queremos intentar diferenciarnos a través de servicios?

Pues de algo muy poco trabajado, la verdad, en el universo industrial… y con la incertidumbre aún de si el retorno (muchas veces intangible), podrá ser razonablemente valorado o de si el esfuerzo se justificará con un ROI aceptable.

O sea, de algo relacionado con innovación… en gestión. 🙂

Las relaciones de un proveedor con su cliente industrial tienen un fuerte componente técnico. La acción comercial se basa casi siempre en una conversación técnico-comercial y el producto se entrega frente a unas especificaciones definidas y a veces particulares, objeto de protocolos de homologación.

Y esa característica, a lo largo de las fases de diseño, desarrollo, industrialización, fabricación, suministro y postventa del producto, se reproduce.

Pues cada una de estas fases está repleta de touchpoints con el cliente, que pueden ser rediseñados desde una perspectiva UX/CX en modo servicio.

Fácil no es…

Y no lo es porque con frecuencia resulta muy complicado encontrar un valor diferencial que el cliente reconozca… y que al mismo tiempo genere un retorno para quien lo provee, confiable y atractivo.

Pero es el camino.

Los intentos en los que he participado en los últimos años no han fructificado, en buena medida porque la apuesta o ha sido real por parte de la organización y nos hemos quedado en la conceptualización… y en parte porque es necesario un buen nivel de ambición en el valor prestado para despertar el atractivo del mercado y quizá tampoco lo hayamos conseguido. Al menos no hemos despertado el hambre interno suficiente como para pensar que eso pudiera ser así.

Pero mi valoración es que había propuestas realmente interesantes y que es un camino a transitar.

Porque (y en algo de ello profundizaremos a continuación), a diferencia de la innovación tecnológica en producto, lo que de verdad fideliza a un cliente es el servicio.

Y eso es imprescindible si, por ejemplo, nos interesa pasar de ser un proveedor a ser un partner… 😉

PRODUCTO vs SERVICIO

Llegamos al último capítulo del post, quizá la aportación más importante que puedo hacerles desde mi reflexión, si es que les vale de algo.

Si la diferenciación a través de la innovación tecnológica en producto es un must, entonces… ¿hay que abordar ambas?

Mi respuesta es bastante obvia, en derivada al apartado anterior, pero hay un factor adicional a considerar que me parece muy interesante.

Recientemente hemos realizado en mi empresa un ejercicio de caracterización de la diferenciación en producto frente a la diferenciación en servicio. Para ello valoramos, en una escala de 1 a 6 (“bajo” a “alto”) las siguientes 10 características para ambos modos:

  • Lead-time de desarrollo de proyecto.
  • Incertidumbre de mercado (tiempo medio estimado hasta conseguir entrada).
  • Incertidumbre técnica o tecnológica.
  • Costes de desarrollo.
  • Vulnerabilidad (tiempo que tardaría la competencia en ofertar algo similar).
  • Transversalidad de la solución y fidelización del cliente.
  • Impacto en el posicionamiento competitivo.
  • Alineamiento con las tendencias de percepción de valor de los clientes.
  • Potencial del volumen de negocio generado.
  • Rentabilidad esperada (comparada solo con servicios con retorno económico).

Con los resultados trazamos las curvas de valor correspondientes a producto y servicio y el resultado fue el siguiente:

Las características sobre la banda roja son aquéllas en las que es mejor cuanta más baja es la valoración y las características sobre la banda verde al contrario (mejor cuanto mayor).

En general, la curva de producto tiene valoraciones más extremas, tanto en los aspectos positivos como en los negativos, como por otra parte parece tener sentido, al enfrentar una diferenciación en negocio frente a otra en gestión.

Pero más allá del grado de acuerdo o no que cada uno pueda tener con cara valoración en cada característica, lo interesante del caso es que las curvas de valor de la diferenciación en producto y servicio son enormemente complementarias, con pocas fortalezas coincidentes.

No sé si esto les generará alguna reflexión sobre sus decisiones futuras al respecto, pero a mí me resulta francamente atractivo.

¿A ustedes?

Vibraciones: de mentiras y política

Aunque a veces no lo parezca mucho en este “mundo covid” en el que estamos metidos, en mi entorno acaba de arrancar una campaña electoral, lo que unido a la actividad política más reciente, me ha dado estos días numerosas ocasiones para sorprenderme (aún), irritarme (¡aún!) o incluso divertirme (el estadio final) por el uso de la mentira en el mundo de la política.

Así que dada la enorme diversidad, intensidad e impacto de las señales que me han llegado, he pensado, queridos lectores, que bien podía establecerse una especie de baremo moral de la mentira en la política, porque como en todo en la vida… hay grados. 😉

¿Vamos con ello?

Quede por delante que no pretendo categorizar de manera académica el asunto ni convencer de nada a nadie, ni por supuesto necesito que se comparta el punto de vista, que no va más allá de ser una liviana reflexión sobre la marcha de las emociones.

A ver qué les parece…

1 – La falsedad de los programas electorales

Bueeeeno… esta es casi ya una mentira infantil, parte del paisaje. Quizá, puestos a ser dogmáticos, sea el principio de todo, la base moral que permite todo lo demás, pero no sé… llegados al punto al que hemos llegado, casi me parece algo tolerable por comprensible.

Sé que un programa podría leerse como une especie de contrato establecido con la ciudadanía, que a cambio de su voto a un partido determinado podría habilitarla para exigir su cumplimiento, pero en realidad… ¿quién es la ciudadanía? ¿Quién ha firmado nada? ¿Quién hubiera firmado el 100% del programa de un partido político, sea el que sea, tras un esfuerzo honesto de análisis crítico del mismo?

Y aunque hubiera alguien… la vida política raramente da capacidad absoluta de maniobra a nadie, por ausencia de mayorías, por los equilibrios que deben guardarse con los restantes poderes y mecanismos de control del estado, por las normativas legales que regulan los cambios y la forma en que uno está autorizado para activarlos, por la necesidad de pactar con otros (que siempre implica renuncias a ambos lados que no es posible saber por dónde se concretarán) o sencillamente porque no hay dinero para todo.

Además… se supone que parte de la ética política consiste en que, alcanzadas las responsabilidades de gobierno, éstas deben ejercerse desde la visión propia de las cosas (para eso le han votado a uno), pero sin desatender los legítimos intereses de toda la ciudadanía y no solo de los votantes acólitos. Hacer lo contrario suele ser un ejercicio de sectarismo que en mi modesta opinión no conduce a sociedades estables y prósperas.

Así que dicho esto, las campañas electorales son como un reality show de televisión: no se trata de mostrar lo que piensas o lo que eres, sino de que lo que haces o manifiestas sea atractivo para la audiencia (sea o no real). Es un concurso, a ver quién gana… y la verdad solo sirve en cuanto sirva a la táctica de combate.

Ya sé, ya sé… tienen ventaja quienes saben que no van a ganar, porque para crecer pueden prometer kilos de oro para todos, sin que nadie les llegue a pedir nunca cuentas… pero es lo que hay.

Aprendí en su día la frase de que “mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con voluntad de engañar”… y en realidad, con los programas electorales ya nadie trata en el fondo de engañar a nadie: sencillamente, y quizá con la excepción de cada hornada adolescente recién llegada al cuerpo electoral, todo el mundo sabe que no se van a cumplir.

2 – La mentira dialéctica

Pónganse en el último debate electoral que recuerdan, o en el último debate parlamentario del que guarden alguna referencia.

Es casi seguro que hayan advertido que en el debate, alguno de los contendientes  utilizara datos o informaciones que, por decirlo de algún modo, no se compadecían fielmente con la realidad. De hecho, el análisis de las falsedades vertidas en un debate ha acabado por convertirse en un clásico de la prensa del día después.

Quiero disculpar (en muchas ocasiones) esta práctica. Por una parte, salvo contadas excepciones es imposible tener todos los datos relevantes de cualquier tema dentro de una sola cabeza. Y por otra, en un debate siempre hay un intento por fundamentar las opiniones con datos y en ocasiones se argumenta con valores aproximados que tienden a la exageración, porque en caso de duda… la lucha dialéctica y la rotundidad del mensaje transmitido prevalecen. 😉

Incluso la presentación de datos en una forma diseñada para que mejor defienda una posición de debate (no datos falsos, pero incluso sí seleccionados) me parece un recurso lícito, de la misma forma en que lo es en un debate de posicionamiento en una empresa o en una comunidad de vecinos, porque se trata de usarlos para reforzar lo importante, que es una posición de debate o un diagnóstico de situación, que como concepto va más allá de la exactitud precisa de los datos de soporte… siempre que no se falseen justo para demostrar lo contrario de la realidad, claro está.

No me malinterpreten, no digo que esté bien: en demasiadas ocasiones, las medias verdades o la falsedad de los datos llegan muy cerca del borde de lo tolerable desde criterios de fair play

Solo digo que lo entiendo desde el terreno de la dialéctica… y que si no se desbordan los límites de la falsificación intencionada, con eso estoy dispuesto a convivir. Lo consideraré parte del juego. 🙂

3 – El populismo como práctica política

Podríamos focalizar el ejercicio del populismo también en una época de campaña electoral, pero déjenme decirles que este asunto la desborda y puede afectar directamente a la acción política prolongada en todo un periodo de estancia en la oposición… e incluso en todo un periodo de acción de gobierno.

Y por extensión, a un modo general de estar en política.

Combinado con la primera categoría, responde a la cara refinada de la estrategia electoral (muchas veces permanente) de los partidos y dirigentes políticos, pero el uso de la mentira en esta dirección tiene ya un perfil perverso

No me refiero al pensamiento sectario. Cada persona tiene perfecto derecho a pensar como le parezca más oportuno y considerar que todos los demás están equivocados, e incluso a pretender que su pensamiento se imponga como pensamiento único en caso de alcanzar responsabilidades de gobierno… aunque como ya he mencionado antes, a mí me parezca eso un cáncer para la sociedad.

Me refiero a utilizar conscientemente medias verdades (información sesgada) o diseminar directamente falsos hechos (fake news), con el propósito de activar los resortes emocionales más sanguíneos del ser humano, de generar un clima social favorable a intereses partidistas ofreciendo a muchas personas solo lo que alimenta su visceralidad (lo que lleva a identificar enemigos y establecer muros infranqueables) y de adormecer así su visión crítica o su capacidad de análisis independiente de los hechos, pasando de ciudadano común a irreflexivo militante.

El uso de la mentira se convierte aquí en algo mucho más grave, porque nace no del deseo circunstancial de movilizar el voto de las personas ideológicamente más o menos afines en unas elecciones, sino de la voluntad de manipular la libertad de pensamiento de grandes masas de la sociedad, desde el uso fraudulento, interesado y consciente de la verdad.

El populismo no siempre se ocupa de mentir, sino que a veces le basta seleccionar la realidad que transmite, ocultar la que no interesa, no contar la que genera contradicción o duda razonable… y apelar a los estados emocionales más básicos para unirlos frente al enemigo común y al lado de esa “media docena de recetas” que parece terminarán con todos los problemas. Y dejar que eso se instale en el imaginario colectivo (o provocarlo)… es una forma de mentir.

Esta acción política se diseña en las estructuras de dirección de los partidos y se gestiona y despliega conscientemente, a través de redes sociales, medios de comunicación e incluso  “organizaciones ciudadanas” satélite, como herramientas de manipulación (más allá de la lícita exposición de la opinión política), lo que a mí me repugna particularmente porque, en mi opinión, parte de asumir que los ciudadanos son en general bobos y dependientes… pero sobre todo porque socava poco a poco, pero consistentemente, la confianza económica y social de la ciudadanía, imprescindible para el crecimiento y desarrollo armónico, sostenido y solidario de una sociedad.

Quizá se estén situando mentalmente en cualquiera de los extremos del abanico político. A veces es lo más visible… pero tengan cuidado, porque no hablo de ideología sino de la forma que que ésta trata de ser impuesta desde la acción política. Y aunque concluyan que el populismo es la forma natural de ser que hoy se observa en alguna opción concreta, su raíz penetra con facilidad en el corazón de todos…

4 – El fraude en la negociación

Esta es una “mentira de familia”, una mentira entre políticos: todo queda en casa.

Los acuerdos entre partidos son una de las grandes claves de la praxis política en los parlamentos. La elección de los órganos de gobierno de los poderes del estado, la selección de los miembros de los mecanismos de control, la aprobación de mociones, leyes y reglamentos, la aprobación de los presupuestos anuales, la configuración de mayorías parlamentarias o la investidura de gobiernos se deciden casi siempre en base a negociación entre las fuerzas políticas, forzada por la necesidad de alcanzar mayorías simples o cualificadas según el caso, o conducida por un simple intercambio de intereses.

La negociación política, por su propia naturaleza de búsqueda de ventaja frente al adversario, tiende a ser en sí misma una inmenso campo de cultivo para la mentira: por la información que se oculta a la ciudadanía y al resto del arco político de la letra pequeña y secreta de un acuerdo, por la forma en que se “visten” o “traducen” las cesiones, por el “cambio de chaqueta” frente al discurso público hasta entonces sostenido, que se explica justificando lo injustificable a cambio de prebendas innombrables…

En la mezcla entre el “decido hacerlo” y el “que no se sepa” está la clave que lo estropea todo.

El problema se agrava cuando, en el proceso de negociación, alguna de las partes cierra acuerdos con la decidida vocación de no cumplirlos.

Dado que es una “mentira de familia”, el asunto no debería tener mayor trascendencia, pero sí la tiene, porque deteriora la confianza para el futuro: impide la continuidad de las dinámicas de acuerdo, establece el recelo como pauta de comportamiento y radicaliza las posiciones políticas, contaminadas por la desconfianza incluso a nivel personal, hasta extremos difíciles de corregir salvo por la desaparición de sus protagonistas del escenario político.

Y ese no es el mejor escenario para el progreso de la cosa pública, ¿no creen?

5 – La mentira como defensa personal

Cuando uno se embarca en un puesto de responsabilidad, a cualquier nivel, es inevitable equivocarse. Más allá de eso están las actuaciones irresponsables, imprudentes, temerarias o incluso delictivas en que uno pueda incurrir, por acción o por omisión.

Pero en uno u otro caso, lo que en cualquier trabajo de responsabilidad tiene unas consecuencias más o menos homogéneas y reconocibles para cualquier sector, en la política cuenta con un factor adicional de enorme trascendencia, que complica aún más todo: la opinión pública.

Y es que las consecuencias de un error o de una imprudencia se pagan aquí también con el control y la petición de cuentas de los adversarios políticos, de forma pública y manifiesta… lo que puede costar votos, la “vaca sagrada” de la política… y en derivada el puesto, porque desde arriba siempre se ve una línea roja a partir de la cual te van a dejar caer para protegerse a sí mismos.

¿La primera reacción? Mentir como bellacos… 😀

El “no estaba allí”, “yo no intervine”, “fueron criterios técnicos”, “es competencia de otros” o “yo no sabía nada” son diversas fórmulas de “quitarse un muerto de encima” aún a costa de que el que pringue sea otro, normalmente de un escalafón inferior, mientras pueda aguantarse.

Se llega hasta borrar rastros (correos, mensajes), corregir registros o hasta manipular declaraciones y voluntades (incluso delante de un juez) para retorcer la verdad y librarse de toda consecuencia personal, casi siempre, cuando sucede, bordeando los límites del delito.

La mentira defensiva se produce incluso cuando no hay nada ilegal o directamente imputable al sujeto en cuestión, créanme: basta que haya algo censurable en un familiar o un amigo, algo que desafíe lo que en cada momento sea “socialmente correcto”, para que el aludido intente zafarse pública e improvisadamente del tema a través de la negación y la mentira. ¡Qué torpeza! La dimisión, entonces, resulta paradójicamente más fácil que llegue, no por haber hecho nada malo, sino por haber mentido públicamente para defenderse de algo de lo que, en realidad, no se tenía por qué defender, ¿verdad?

Le será sencillo a cada uno de ustedes recordar numerosos ejemplos en cualquier dirección, en función de su pensamiento político, pero convendrán conmigo, ahora que estamos cada uno a solas con nuestras reflexiones, que ejemplos se pueden encontrar en todo el espectro, porque corresponde a la mezcla de la naturaleza de la política y de la propia condición humana.

En cualquier caso, la mayoría de las veces es una mentira gremial… así que no le dedicaré más espacio.

6 – La mentira como tapadera de corrupción

En realidad, toda corrupción comienza por una mentira (una decisión injusta a sabiendas de serlo que necesariamente debe ser comunicada como si no lo fuera), pero termina por ser solo el inicio de una cadena de mentiras que engorda indefinidamente… y que se acelera en la medida en que algún cabo suelto dé ocasión para que la prensa o algún juzgado tiren del mismo.

Entramos en el capítulo de las cosas serias, porque cuando hablamos de corrupción hablamos de delitos.

Soy de los que cree que, una vez entrado en el círculo de la corrupción, nadie puede dejar las cosas circunscritas a un hecho aislado: quienes se implicaron en ello no tardarán en hacer que solo sea un primer paso, con lo que el tamaño del engaño, aunque en silencio, solo crecerá.

Pero cuando ese cabo suelto se descubre y se va tirando de él, de lo que ya no me cabe ninguna duda es de que se multiplica y diversifica: se miente al partido, a los compañeros, a la sociedad, a la familia, a los amigos, al Parlamento, a la prensa, a la policía, al juez… e incluso al abogado que te tiene que defender. Si hace falta, se construye una mentira sobre la anterior. Se miente… y si hace falta se fuerzan mentiras ajenas y se hace todo lo posible para que no se descubra la verdad.

En buena medida, tiene mucho que ver con la visibilidad pública de la política: también la mentira responde aquí a un comportamiento muy humano.

Pero sobre este caso… no es posible ninguna compasión.

Y no parece necesario añadir mucho más…

7 – La mentira como arma de destrucción del adversario político

Entramos en la última categoría, pero a la vez la que personalmente me resulta más repugnante de todas las que se me ocurren.

Y existe.

Se trata de diseñar una operación de desprestigio y destrucción de algún adversario, a nivel personal, con el único fin de obtener un rédito político. Todos hemos conocido o intuido ejemplos, creo que coincidirán conmigo en ello.

La mentira se profesionaliza, se diseña cuidadosa y sistemáticamente, se despliega de forma sostenida en connivencia con las “cloacas” del estado, de la administración, de los poderes paralelos o de las organizaciones de agitación de la opinión pública, según el caso. Se utilizan torticeramente medios de comunicación e instituciones como la justicia, filtrando informaciones parciales, no verificadas o abiertamente falsas, manipulando supuestas pruebas o inventando conscientemente hechos inexistentes con el frecuente propósito de desprestigiar una institución, pero usando, como medio para ello, la destrucción de la carrera política y la vida en general de una persona.

El ejercicio del poder ciega… y el lado oscuro de la política existe, es activable y ejerce una atracción poderosa para quien sabe que lo tiene a su alcance.

A veces, ese entramado conspiranoide se construye sobre una verdad indeseable intuida, pero no demostrada, a modo de proceso justiciero. Pero para mí no hay diferencia, porque el método es tan profundamente inmoral, el objetivo de destrucción de la persona es tan nauseabundo, que debiera ser penado judicialmente al nivel del delito de tortura.

Tal vez piensen que me he pasado tres pueblos… pero si creen en el in dubio pro reo, vuelvan a pensarlo y díganme si no tengo razón…

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¿Se les ocurre algo más?

Sin llegar a los últimos extremos, ¿habían pensado en esa cierta “naturalidad” de la relación entre mentira y política que, si se desea evitar, exige una implicación personal permanente y consciente?

Por eso es tan importante, como ya a veces he defendido en esta modesta bitácora, proteger la independencia de los mecanismos de control (formales e informales) en una democracia. Para que, al menos, si alguien trata de sacar ventaja en la política desde el ejercicio de la mentira, sólo los muy listos o con mucha suerte lo consigan. 😉

Y mientras tanto… pues así estamos.

Cuando la ideología política se sitúa por encima de la vocación de servicio, pasan estas cosas. Con el efecto añadido de que un panorama así… desincentiva a muchas personas valiosas a dar un paso hacia el gobierno de lo público.

Y es una pena, porque el efecto es difícil de disolver. 😦

Hay generaciones que tienen la suerte de convivir con dirigentes políticos cuya acción, más allá de ideologías o intereses espurios, está guiada sobre todo por la vocación de dejar un gran legado para las generaciones venideras.

Quizá nosotros tengamos que esperar a la próxima. 😉

Reflexiones: el famoso “propósito”

Empresas con propósito. Una expresión que no dudo habrán escuchado o incluso utilizado más de una vez (más bien muchas veces) a lo largo al menos de los últimos 6 u 8 años.

Las existencia de una empresa siempre ha tenido un propósito al margen del económico (o al menos, la de la que se crea desde la iniciativa de un empresario con ojos y cara), pero antes de ahondar en ello, déjenme traer aquí un recuerdo de la vieja asignatura de Administración de Empresas en la Escuela de Ingenieros de Bilbao: hace ya creo que la friolera de 36 años, aquél a quien reconocíamos como John Wayne metía en mis meninges, por primera vez, la idea de la “función social de la empresa”.

La noción de empresa era entonces para mí un constructo en el más estricto sentido del término, etéreo y además intrascendente para el momento en el que estaba. De hecho, el principal aprendizaje que reconozco de mi primera etapa laboral remunerada es precisamente el de empezar a entender lo que era y cómo funcionaba una empresa.

Para mí, en aquel momento no pasaba de ser el lugar en el que tiempo de trabajo y remuneración económica se intercambiaban según sus particulares reglas de mercado. Algo que como mucho pertenecía al futuro de mis preocupaciones.

Por eso, entender su “función social” de creación y distribución de la riqueza, de ser vehículo de generación de empleo y herramienta de desarrollo personal, la razón en definitiva por la que merecía ser una institución socialmente protegida, fue un auténtico fogonazo de lucidez.

O sea… que incluso en el caso de que el propósito de crear una empresa fuera fundamental e incluso únicamente el de “forrarse” con ello… resulta que ejercería una función respetable, lo deseara o no su propietario…

Pues interesante, ¿no?

Mi recorrido profesional me llevó después por otros vericuetos camino de las cooperativas, entidades en que el propósito está integrado en su propia razón de existir… pero sin llegar a este punto, hay un par de historias que creo interesante compartir.

La primera tiene que ver con una empresa fundada en 1957 por un ingeniero catalán que por avatares de la vida, llegó a Bilbao con un contrato que le ocupaba en la coordinación de las actividades de construcción de una nueva planta de producción industrial. Ese mismo año fundó su propia empresa, con el objetivo de funcionar como un servicio empresarial encargado de ese tipo de menesteres.

Conocí esta historia en 1995, solo unos meses después de que se produjera el fallecimiento del fundador, en una colaboración circunstancial con la organización que había creado y a través de una conversación con su responsable de recursos humanos.

1957 era un año complicado para muchas cosas. Franco estaba en el apogeo de su poder, Seat fabricaba su primer 600, el racionamiento de la posguerra hacía poco que había acabado, las empresas estaban fuertemente jerarquizadas y burocratizadas, el trabajo se basaba en el control y la iniciativa era para cualquier trabajador un concepto desconocido, el mercado era de oferta, el cliente no era de gran importancia (“vuelva usted mañana”) y el conocimiento, un patrimonio personal protegido (“lo que he aprendido en 20 años no te lo voy a contar a ti en dos semanas”).

Frente a ello, la empresa de nuestro hombre tenía diferencias muy notables, la primera de las cuales fue nacer con el propósito de mostrar que era posible generar con éxito actividad económica desde la asociación de profesionales libres e independientes, como características derivadas simplemente de la dignidad humana.

Así, en su empresa, la propiedad empezó pronto a estar repartida, nunca hubo relojes de fichar, se preservó a toda costa la independencia comercial (rechazando activamente maniobras y componendas para la obtención de negocio) y se impulsó un funcionamiento interno abierto y colaborativo donde casi no existían niveles jerárquicos.

Para él, la empresa no era sino un simple vehículo para que las personas pudieran desarrollar su capacidad de trabajo y desarrollarse humana y profesionalmente, un espacio en que la comunicación y la transmisión de conocimiento debían ser fluidas y continuas (con mayor responsabilidad para los más veteranos y aunque solo fuera por la condición de socios de todos ellos), un lugar donde el cliente es la razón de ser de cualquier profesional y la confianza la base en la que se sustenta todo.

Hoy es una ingeniería de prestigio que, extendida desde su su centro a orillas del Nervión, desarrolla grandes proyectos en todo el mundo. Todavía hoy sostiene un modelo de funcionamiento interno ligado a los principios y propósito fundacionales, al que no todos los que lo intentan se consiguen adaptar.

La segunda habla de una pequeña empresa canadiense con la que tuvimos relación hace unos años. Al norte de Montreal y cerca de Quebec capital, fue fundada dos años después que la anterior y creció como empresa familiar a lo largo de casi toda su historia. Era una calderería de nivel, especializada en la fabricación de equipamiento para el sector minero.

La crisis del asbesto paralizó sin futuro enormes explotaciones mineras a cielo abierto y colocó al borde de la desaparición a nuestra empresa a finales de los 80. De haber ocupado a más de 100 trabajadores llegó a contar solo con 5, pero desde el firme propósito de sobrevivir, aprovechó la crisis industrial para reinventarse, adquirir tecnología y volver a crecer. Fueron momentos en que el propietario pudo vender o cerrar, pero en un momento de destrucción de empleo y emigración hacia el gran-atractor-local (Montreal), su propósito fue siempre sostener la posibilidad de seguir creando valor en su entorno y retener todo el talento posible a través de una actividad económica que evitara la transformación de la región en un desierto social.

Hoy ha vuelto a crecer hasta ocupar a casi 400 personas, ha accedido a mercados internacionales, ha adquirido tres empresas como vía de crecimiento y diversificación y es un puntal de desarrollo y crecimiento profesional relevante en su territorio natural.

Hace solo 7 años se retiraba de toda actividad su dueño (venta de acciones incluida), tras más de 53 años presidiendo ejecutiva u honoríficamente la compañía. Alguien a quien, con 83 años y ya sin responsabilidades ejecutivas, pude ver yendo cada mañana a su despacho.

Muchos habrán reconocido a Idom en la primera de las historias y a Rafael Escolá como su fundador (pueden encontrar más detalles en este artículo) y les completo la información con los nombres de Les Industries Fournier y Renaud Fournier como protagonistas de la segunda.

¿Dirían que son empresas con propósito? ¿Tiene propósitos una empresa?

Mis queridos lectores… pues no; las empresas no tienen propósitos, de la misma forma que no tienen valores.

Son las personas las que tienen un propósito por el cuál crean una empresa, o por el que la mantienen funcionando. Hablo de quienes ostentan la propiedad de la misma… pero no afecta solo a ellos. Quienes trabajan allí tienen también un propósito por el que embarcarse en ese proyecto empresarial.

Ya sé que esto es una poco sutil trampa dialéctica y puede que me digan que no tiene ningún significado práctico… pero a mi modo de ver, sí lo tiene. Porque los propósitos están ligados a la voluntad de querer y por tanto solo pertenecen a las personas.

Eso significa que, como los valores, las empresas solo pueden declarar un propósito formal para su existencia… pero será la alineación o la disfunción con los comportamientos que se observen de quienes la dirijan o trabajen en ellas lo que las haga atractivas para vertebrar un proyecto vital… o candidatas a escapar pronto de ellas.

Mi mundo cooperativo responde a un esquema similar, aunque con consideraciones importantes, porque la propiedad es colectiva, indivisible e individualmente no enajenable… pero hay un propósito que se supone comparten las personas que se asocian a ellas: la voluntad de dejar un legado para las generaciones sucesivas y transformar la sociedad para ello a través del propio trabajo. Y ese, la transformación de la sociedad y de la propia persona a través del trabajo, también desde el respeto a la dignidad de la persona, se convierte así en el propósito formal de su existencia.

Pero qué casualidad… todo empezó con alguien apellidado Arizmendiarrieta, que llega a una comarca interior de Guipúzcoa, observa un desigual acceso a la educación que impide la igualdad de oportunidades, conecta con necesidades de desarrollo social y económico acuciantes, lleva en la médula el respeto a la dignidad de cada persona encarnada en el trabajo como fuerza transformadora, adopta una figura legal (la de las cooperativas de trabajo asociado) que encaja en lo que siente… y encuentra un grupo de gente que es capaz de moverlo todo por un propósito así.

De nuevo, los propósitos en las personas… y la organización (la empresa) como mero vehículo de conversión.

Este, como creo que coincidirán, es un propósito trascendente, porque no pertenece a nadie en particular, pero díganme si una persona no puede sentirse igual de bien por trabajar en una empresa con dueño cuyos valores y propósitos personales sean como las de los dos ejemplos anteriores.

Solo un apunte: ningún propósito egoísta atrae ni sujeta, como es lógico, a nadie.

Una obviedad… pero recuérdenlo.

La crisis de 2008 puso sobre el tapete la revalorización de la idea de “empresas con propósito”, un fenómeno muy ligado también a la llegada de los valores de las nuevas generaciones millenial y a la progresiva necesidad de la empresa de ser un polo de atracción del nuevo talento.

Sin embargo, estas generaciones han sido muy conscientes de la realidad escondida detrás de las grandes declaraciones de “marketing de empresa” y pronto, el “capitalismo emocional” que trataba de digerir el concepto como en general lo ha digerido e integrado todo, quedó desnudo como el rey del cuento a los ojos de aquellos a quienes les resultaba sencillo mirar hacia el interior, porque era la forma en que habían aprendido a hacerlo.

Al margen del tercer o del cuarto sector, donde el propósito es, como en las cooperativas aunque de forma muy distinta, consustancial al modelo de empresa, las declaraciones de propósito de cualquier otra empresa se vuelven transparentes en minutos y las que no pasan del marco en la pared tiene pocas posibilidades de que les sea de alguna utilidad.

Pero déjenme decirles que también entre las empresas de tercer y cuarto sector pueden esconderse propósitos no precisamente ligados a los declarados, o en paralelo con ellos. Y existen porque es lo que impulsó a sus promotores a poner en marcha la iniciativa, o porque nuevas inquietudes fueran surgiendo con el tiempo. Como en cualquier organización humana, no son las declaraciones sino los hechos los que conforman las realidades… y las organizaciones como tales, constructos jurídicos pero intangibles… no sienten, no padecen, no opinan… no deciden.

Por eso vuelvo al propósito de las personas que las crean y las sostienen, porque es la forma en que impregnen de verdad a “la organización”… y a quienes dejan que ella impregne parte de sus vidas.

La función social se seguirá prestando, incluso en las malas empresas. Pero el propósito… es otra cosa.

Que el trabajo, además de proporcionar retribución y de llenar el anhelo profesional, ofrezca a las personas la posibilidad de sentir que merece la pena hacerlo por un propósito más trascendente, que va más allá de la actividad de cada día, porque es lo que palpan en la forma en que actúan quienes conducen el barco, puede ser el factor que vehicule una nueva vertebración de la vida desde la empresa… aunque ya no volverá a ser de por vida, ni estará adscrita a una marca, ni será inquebrantable. Nunca más. Nunca como las empresas vertebraban la vida para muchas personas en el pasado.

Pero será (en caso de ser) más libre, más consciente… y muy volátil.

Ténganlo en cuenta…

 

Vibraciones: esto es un sinvivir…

Tiene más de 40 años.

La saqué de la funda hace ahora cerca de seis semanas, pensando que, sin duda, este confinamiento por el covid-19 iba a dejarme generosos huecos para recuperar esta vieja afición.

40 días más tarde, solo ha sonado en mis manos tres momentos… apenas 30 breves minutos en total. Puede uno pensar que es por haber perdido el callo en los dedos de la mano izquierda. Pero no, no es eso…

Vibraciones: oda liberal

La fotografía de cabecera está tomada hace algo más de un mes, en el tablón de anuncios de la Sociedad Bilbaina, tras una celebración familiar a la que fui invitado.

Hoy he decidido recuperarla para el blog al toparme con ella mientras clasificaba mis últimas fotos. Como verán, se trata de una serie de actos organizados para celebrar el 180 aniversario de la entidad. Pero fíjense, fíjense bien en a quiénes habían decidido invitar para ello solo en este mes de febrero pasado:

  • Ramón Tamames, licenciado en Económicas y Derecho por la UAM, con especializaciones en el Instituto de Estudios Políticos y la London School of Economics, catedrático de Estructura Económica y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. A sus 86 años y aunque con una clara evolución hacia el conservadurismo en lo económico, siempre fue un brillante intelectual de la izquierda política.
  • Juan José Padilla, torero singular, Premio Nacional de Tauromaquia, retirado definitivamente a los 46 años tras 25 de pisar los ruedos, con 1.400 corridas en su cuenta y 39 cornadas con serias secuelas. Leyenda viva y a veces polémica de un arte, fiesta, espectáculo o cultura cada vez más políticamente incorrecta en nuestro mundo de hoy.
  • Pedro Luis Uriarte, economista de Deusto, ya jubilado con 77 años, ha sido entre otras cosas consejero delegado y vicepresidente del Consejo de Administración del BBV, consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Vasco y primer Presidente de Innobasque. Nacionalista y uno de los más firmes y brillantes defensores el Concierto Económico vasco, tarea a la que presta gran dedicación.
  • Mario Vargas Llosa, escritor, político y periodista peruano, Premio Nobel de Literatura en 2010, a sus 84 años ha recibido los más prestigiosos reconocimientos literarios y es doctor honoris causa por numerosas universidades en todo el mundo. A pesar de sus simpatías por el comunismo en su juventud, hace ya 50 años derivó decididamente hacia la militancia en el liberalismo social, político y económico, llegando a ser candidato a la presidencia de Perú por el partido conservador. Antinacionalista, es activo combatiente contra todo signo de dictadura.
  • Javier Bardají, licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Comunicación Audiovisual por la UN, suma además numerosos másteres por ESADE e IESE. A sus 54 años y tras haber pasado por puestos directivos en Punto Radio, Vocento, Telecinco-Mediaset o El Mundo, es en la actualidad el director general de Atresmedia Televisión (Antena 3, La Sexta, Neox, Nova, Mega, Atreseries y Atresplayer).

Como ven (y salvo en cuestiones de género, lo que no es menor en este caso) de todos puede decirse que son profesionales de éxito, pero desde una gran diversidad, ¿no creen?: de edad (varias generaciones), de pensamiento político (izquierdas y derechas), de pensamiento identitario (nacionalistas y no nacionalistas), de alineamiento social (del anatema al mito), e incluso del tipo de éxito que representan (de lo popular a lo económico, pasando por lo académico).

Desde la razón, aunque a veces también desde la ignorancia y con frecuencia y en paralelo desde la simple envidia, a la Sociedad Bilbaina se la ha criticado con frecuencia sobre asuntos como su clasismo (como detalle tópico, aún es obligado llevar chaqueta, y salvo en verano corbata, cualquier día ordinario) o su machismo (hasta no hace demasiados años solo podían ser socios los hombres, teniendo incluso las mujeres restricciones de acceso).

Pero viendo esta fotografía en positivo, me ha apetecido hacer un canto a ese espíritu liberal que también ha sido una de sus señas de identidad. Muchos de los socios hacen y han hecho siempre gala de libertad de pensamiento, de capacidad de escucha y atención a las ideas bien argumentadas (independientemente de que sean o no coincidentes con las propias), de afán por conocer, por leer, por conversar, por debatir, por entender, desde el juicio crítico pero desde el respeto, el mundo visto por ojos ajenos.

Seguro que no es ese un perfil universal dentro de la Sociedad (como creación humana, entre sus miembros habrá de todo, ya lo sé), pero orgánicamente, como entidad… qué gozada ese disfrute intelectual y respetuosamente libre, ¿no creen?

Y cuánto lamento observar cómo lo vamos perdiendo como sociedad, habiendo estado tan cerca de ello…

A lo mejor… este post tampoco es políticamente correcto. 😉

Año.11: balance y resumen

El número 11 me trae siempre a la memoria una enorme casualidad que puedo prometer y prometo que es de verdad verdadera. Un 11 de noviembre de hace a lo mejor 40 años, se me ocurrió mirar a ver qué hora era en mi reloj, un Casio digital y de muñeca (infinitamente más antiguo que el de la imagen de cabecera)… para sorprenderme con la imagen visual desconcertante de una pantalla llena de “palitos” que pareció no moverse durante segundos… En efecto, marcaba las 11 horas, 11 minutos y 11 segundos de ese día 11-11.

He visto una imagen parecida otras dos veces en mi vida, pero es verdad que en estas ocasiones era muy consciente de que era el día en que se iba a producir y por tanto no puede hablarse estrictamente de casualidad en ello.

Se cumplen 11 años de este blog, que ha sumado en los últimos 12 meses 1 artículo cada mes, con la precisión de un reloj.

Al número 11 se le suele asociar espiritualidad y fortaleza: como número maestro, se asocia a la responsabilidad de qué hacer con los dones que se poseen… aunque a veces, también con castigarse por la sensación de no haber correspondido suficientemente a la misma.

Algo de esa mezcla de espiritualidad y fortaleza ha estado presente este año en inquietos. Muchas “vibraciones” fruto de sucesos desencadenantes y solo 4 “reflexiones”, tres de ellas sobre la compleja y necesaria relación entre las empresas consolidadas y las startups… más un añadido, con la marca 5.0, sobre la respuesta de Japón ante el modelo alemán “cuatrocerista”. Esta es la lista:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, un año más mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con miles de nuevas visitas. Me ha gustado ver que dos de los artículos nuevos, la introducción a la idea japonesa de “sociedad 5.0” y la reflexión sobre cómo se vive un cambio de etapa profesional se han situado en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses.

Solo los registros de LinkedIn suman 9.000 visitas a los artículos de este año, donde el total de WordPress dice apenas 1.200, así que como ya anuncié el año pasado si no cambiaban las cosas en las estadísticas de WordPress, no voy a volver a publicar los gráficos y tablas que he ido publicando año a año durante los 10 primeros de la bitácora…

La suma-resta de suscripciones controladas sigue subiendo ligeramente, hasta las 138 y en la conversación (que además se ha activado en distintas redes), el mayor número de comentarios ha surgido, casi como cabía esperar, en torno al cambio de etapa.

Hala… a por la docena. 🙂

Vibraciones: el trabajo va cambiando

Tanto anunciarlo… y va llegando a la vida “real”: les voy a citar en este artículo tres anécdotas que he vivido personalmente en relación al mercado de trabajo, solo en lo que llevamos de año.

Y lo haré sin comentarios ni valoraciones personales, aunque advirtiendo de que la literalidad del texto puede que no se compadezca fielmente con cada detalle (la memoria no da para tanto)… lo que por otra parte considero franca y absolutamente irrelevante.

Solo pasen… y juzguen.

  • Caso 1 – Empresa industrial vizcaína, dedicada al sector eléctrico. Proceso de selección de un nuevo ingeniero para el área técnica.

El primer candidato seleccionado (trabajando en la actualidad y con experiencia previa en trabajos homologables al ofertado en un par de empresas) renuncia finalmente a la propuesta de trabajo porque busca un entorno de desarrollo de proyectos con mayor autonomía de gestión y decisión, con estructuras ágiles y no tradicionales.

El segundo candidato al que se le ofrece el trabajo (un ingeniero joven con poca experiencia laboral pero buena proyección) declina finalmente aceptarlo porque aspira a un trabajo “más creativo”.

Contrataron al tercer intento. ¿??

  • Caso 2 – Empresa industrial con plantas en varios países. Comentario de un alto directivo con responsabilidad sobre una planta situada en México.

Tenemos problemas para contratar ingenieros que se han formado en USA.

Llegan esperando encontrar entornos móviles de trabajo, documentos consultables desde su tablet, monitorización de datos en tiempo real… y se encuentran con modelos lean, eso sí, pero con aplicaciones a medias, estándares en papel y registros a bolígrafo.

A nosotros, los de la industrial pero vieja Europa… ¡nos ven anticuados!

  • Caso 3 – Constructor de automoción con planta de montaje de vehículos en una capital española. Comentarios de antiguo directivo de RR.HH. sobre captación de talento en su empresa para el desarrollo de soluciones de fabricación avanzada (o industria 4.0).

Como todas las empresas, hemos definido y desplegado nuestra estrategia de fabricación avanzada, incluyendo analítica de datos e inteligencia artificial. Sin embargo, hemos tenido muchas dificultades para captar el talento necesario, a pesar de ser la empresa deseada, el referente de la ciudad y la región durante décadas.

Hemos tenido que abrazar un cambio muy importante en la forma en que gestionamos nuestros proyectos y en especial los relacionados con estos temas, porque ya no éramos atractivos. Los ingenieros especializados en ello ya no quieren trabajar en estructuras de trabajo tradicionales y, sencillamente, no conseguíamos contratarlos. En definitiva, estamos implantando con gran intensidad esquemas de trabajo ágiles con retos que aporten otro sentido a su trabajo.

¿Cómo lo ven?

¿Me cuentan alguna de las suyas?

Vibraciones: diferente Navidad

Diciembre ha sido siempre el mes en que uno de los artículos de este blog se relaciona con la Navidad. Es quizá el único periodo del año al que se reconoce universalmente un sentido (o al menos un barniz) espiritual, tanto si se mira desde lo religioso, para quien lo sea, como incluso desde lo profano, entendiendo como espiritual la llamada a la celebración familiar y social, el compromiso con buenos propósitos personales alineados con el cambio de año o incluso el intercambio de regalos como demostración de afectos, cariños y amores… al margen de exhibicionismos comerciales.

Voy a repetir que me gusta la Navidad. Nada es perfecto, pero para mí, queridos lectores, disfrutarla tiene mucho (pero mucho) más de bueno que de mirada negativa, a poco que uno lo desee… y ablandarse para aceptar el juego ñoño de villancicos y la sobrecarga de adornos que extendidos al año saturarían nuestra capacidad de percepción, es volver a la conciencia de que ser buena gente (al menos moderadamente) es posible, genera una íntima satisfacción… y merece la pena.

Aunque canse un poco… 😉

Este año me he dedicado a bucear por la red buscando formas diferentes de celebrar estas fechas, con la idea de compartir aquí las cuatro que me han resultado más atractivas, en la combinación de la palabra “diferente” con el espíritu tradicional de la Navidad.

A ver qué les parecen…

SER TURISTA EN TU PROPIA CIUDAD (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Esto es para planteárselo uno en serio, es decir, asumir que está en una ciudad que no es la propia y plantearse los días vacacionales como si fuera un viaje a una capital desconocida.

¿Qué harían si decidieran ir a pasar las navidades a Amsterdam, a Berlín o a Venecia? Imagino que la mayoría echarían un vistazo a lo que uno puede hacer allí antes de ir, ¿no? Pues lo mismo… pero “reservando” el alojamiento y desayuno en un “hotel” que es su propia casa, que sale mucho más barato. 🙂

Como si se tratara de un lejano viaje, deben empezar estudiándose previamente la ciudad en la red, hasta dar con rincones, monumentos o bares con encanto de los que no tenían ni idea, para después planificar qué lugares merece la pena visitar y diseñar las rutas de cada día, tras reservar entradas a museos imprescindibles a los que hace mil años que no han ido (si lo hicieron alguna vez), descubrir los restaurantes y locales más cool del momento donde comer, cenar o tomar una copa, consultar el programa de actividades navideñas que se hubiera organizado desde su ayuntamiento y elegir lo que les sorprenda, revisar la lista de mercados navideños tradicionales en cuyos puestos bucear al caer la tarde, elegir un horario de bus turístico si hubiera o apuntarse a un tour alternativo de esos que les aseguren que enseñarán cosas “que no salen en las guías turísticas” (o a esos tours nocturnos o temáticos que a veces se organizan, como los basados en escenarios de libros, series o películas), asistir a algún espectáculo programado para estas fiestas (musicales, teatro, conciertos…)… y hacerlo todo, además, con una cámara de fotos o el móvil en la mano, para almacenar cómo es su ciudad en Navidad y el recuerdo de haberla disfrutado como nunca.

Aviso: está prohibido volver a su “hotel” hasta la hora de dormir. Si sostener esta vida se les hace muy duro… programen solo 2 o 3 días… 🙂

COMPARTIR UNA CASA RURAL… Y UN ÁRBOL (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Del artículo que enlazo… “El calor de una chimenea, una cena en un paisaje memorable, un paseo por el campo, el placer de pasar unos días con esos amigos que nunca puedes ver durante el año… hay un montón de razones por las que escaparse en Navidad a una casa rural con los amigos” es una gran idea.

La verdad es que no es una propuesta que a mí me atraiga con este formato de cuadrilla de amigos, si se trata de pasar precisamente Nochebuena o Navidad, los días más familiares del año… pero eso va en el gusto de cada uno y la aceptación es creciente. Otra cosa es esos días intermedios que a veces quedan, para quienes los puedan disfrutar libres de compromisos… o la Nochevieja… 😉

A veces con un par de días basta, quizá con tres. Ponerse al día, recordar anécdotas, recuperar el olvidado rito del “amigo invisible”, llevar la vieja guitarra y cantar las canciones de toda la vida, desayunar juntos, discutir de madrugada sobre lo humano y lo divino con una buena y larga copa en la mano…

Voy a añadir un ingrediente especial, extraído de la misma fuente: ¿qué les parece incluir, como parte del programa de actividades, el llevar desde su lugar de origen (o adquirirlo en destino) el retoño de un árbol de verdad, decorarlo entre todos para esos días… y plantarlo en el monte antes de regresar?

Puede ser el tradicional abeto… o mejor un árbol característico de la zona. Exige un poco de planificación y algo de esfuerzo, pero también llena de sentido los preliminares… y deja además un recuerdo imborrable al que poder volver.

Déjenme ampliar la propuesta a hacer algo parecido, pero en familia. Algunos conocidos lo han hecho con sus personas mayores… y cuentan que la experiencia resulta para ellos y para todos excitante los días antes… y memorable más adelante.

¿Imaginan a esos niños volviendo 30 años después a ver el árbol que plantaron con sus padres o abuelos?

Siendo así, pasar la misma noche de Navidad de esta manera, sí me resulta francamente atractivo… 🙂

VIVIR LA NAVIDAD DE OTRO PAÍS (de lo visto aquí)

En familia

Quizá es la propuesta más rara de las cuatro, pero… me parece a mí que también puede ser francamente distinta e interesante. Se trata de elegir un país y tratar de celebrar el periodo navideño inspirándose en cómo lo celebran allí.

El comienzo es poner a toda la familia a investigar… ❓ 😎 😀

Hay que averiguar con antelación cómo decoran las casas, cuáles son los dulces navideños, las comidas típicas, las tradiciones más antiguas, los villancicos o canciones de Navidad, las celebraciones más especiales… y tratar de reproducirlas después en casa.

Nuevas recetas, adornos hechos a mano, nuevas tradiciones…

La cosa no debe acabar ahí: busquen películas en el cine hechas o relacionadas con el país o con su historia para verlas en familia (o en el Netflix o equivalente de su hogar), escuchen la música de sus músicos, averigüen si en su propia ciudad hay iniciativas o asociaciones de amistad con ese país y conozcan a su gente, visiten exposiciones de arte relacionadas o reserven mesa en restaurantes basados en su gastronomía

Hasta sería bonito que los regalos de Navidad tuvieran algo que ver, por remoto que fuera, con el país elegido.

En fin, la idea es disfrutar de sumergirse por unos días en una cultura diferente, procurando poner gusto, olfato, vista, oído y hasta tacto, en sensaciones de otro mundo. 🙂

SER, ADEMÁS, SOLIDARIO… PRACTICANDO VOLUNTARIADO (de lo visto aquí)

Con amigos / En familia

Ya habrán caído en la cuenta de que ésta es una propuesta realmente diferente. Diferente a la que la mayoría de nosotros practicamos y a cualquiera de las tres anteriores. Pero no nos pongamos serios… quizá descubramos que es la mayor fuente de alegría y el mayor “chute” de energía positiva que podemos encontrar en Navidad.

Lo mejor de todo es que es compatible con cualquier otra forma de disfrutar el periodo navideño, porque siempre hay un día (al menos uno) en que lo podemos practicar.

Casi siempre pensamos en las navidades como fechas de encuentro, de compartir momentos y celebraciones con familiares o amigos… siempre con conocidos. ¿Por qué no reservar un tiempo, por breve que sea, para extender ese espíritu a desconocidos que tendrán difícil hacerlo así?

Las organizaciones de voluntariado también hacen un esfuerzo especial en estas fechas y eso significa más trabajo y más necesidad de apoyos.

Donar y empaquetar ropa, libros o juguetes (en buen estado) para un rastrillo solidario y colaborar en las labores de montaje o directamente en las de venta, implicarse en la recogida, clasificación y distribución de alimentos en las campañas del Banco de Alimentos, participar de la entrega de juguetes a niños (¿no les apetece hacer de Rey Mago? 😉 ) o de actividades de acompañamiento a ancianos en soledad, colaborar con los comedores sociales en las cenas más especiales (donde hacen falta más manos que nunca)…

Las opciones son muchas y diversas. Plantearse el hacerlo con amigos o en familia, además, aporta un ingrediente adicional que puede ser extraordinariamente gratificante.

Y por añadidura… igual es el comienzo de una gran amistad… 🙂

¿Se apuntan a alguna?