aprendizaje

¿Números de blog?

Solo habían transcurrido tres meses de la vida de esta bitácora cuando escribí el artículo “Números de blog” para celebrar las 1.000 primeras páginas vistas.

Desde entonces, cada año he ido haciendo balance de cómo me va en esta historia, incluyendo los datos de visitas y la evolución del grado de atención que esta modesta casa despierta en su apreciada comunidad… aunque en varias ocasiones advirtiendo de las dudas que las “estadísticas” de WordPress me ofrecían en cuanto a fiabilidad de los datos.

Hoy ya no me cabe ninguna duda.

Desde la última gran renovación de LinkedIn, esta red profesional contabiliza las visualizaciones que dentro de ella se realizan a las publicaciones que uno hace allí. Como tengo ligada la publicación de artículos del blog desde el propio WordPress a mi perfil en LinkedIn, dispongo de una contabilización específica del tráfico que llega a mi bitácora exclusivamente en ese origen… hecha por ese origen.

El pasado viernes día 10 hice un balance de vistas en ambas fuentes de datos, desde la fecha de publicación de cada uno de los últimos 5 artículos, hasta dicha fecha… y el resultado fue el siguiente:

Como ven, LinkedIn registra 775 páginas vistas desde su propia plataforma (de la que no tengo por qué desconfiar, porque me he ido fijando en cómo iba creciendo cada una día a día hasta estancarse, en este periodo de control), algo imposible si WordPress me dice que sólo se han visualizado 111 en el conjunto de todas las fuentes de acceso en el mismo periodo.

Fuentes que para mí son:

  • Facebook (en mi caso desde luego con un tráfico nada desdeñable),
  • Twitter (que ha ido disminuyendo, pero que aún me sostiene una cierta actividad de enlace),
  • otras redes como Viadeo o Xing donde también publico (admito que en estos casos, cantidades despreciables),
  • Whatsapp (sí, también aquí… y en este caso, por ejemplo, he podido verificar que solo entre los días 12 y 13 hubo casi 100 páginas vistas de la serie “Arte y Bilbao” por este canal),
  • búsquedas de términos o imágenes (siempre hay una cantidad modesta, pero continua, de visitas a través de los motores de búsqueda como Google),
  • feeds sindicados (los Feedly de rigor, que “haberlos hailos”),
  • suscripciones al blog (a través de WordPress, por correo electrónico o por Networked Blogs).

Así que… no solo LinkedIn me muestra que debería multiplicar por 7 los registros de las estadísticas de WordPress, sino que, en función de las otras fuentes de visitas que no puedo controlar, ¿por cuánto tendría que multiplicarlos? ¿Por 10? ¿Por 15? ¿Por…?

Ya… ya sé que los pobres de WordPress.com no tenemos derecho a quejarnos, que todo es gratis y que se trata de un asuntillo amateur… que si uno quiere conectar su blog a Google Analytics u otros servicios, “hay que profesionalizarse” y pasar a WordPress.org…

Bueno, pues no.

Cuando a uno le ofrecen estadísticas desde quien es el indiscutible número 1 del mundo en su campo, espera fiabilidad.

Y si no, que las quiten.

¿No crees, WordPress.com?

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Reflexiones: SCRUM y 5M

Tenemos visiones parciales, incompletas, segregadas… Es inevitable.

Fue hace unas semanas.

A los alumnos de un grado en informática (es un ejemplo, pero es real) les enseñan ya metodologías ágiles e incluso cómo desencadenar un proceso de design thinking para afrontar un wicked problem, con toda su artillería metodológica… pero nadie les habla de cómo resolver un problema que probablemente tenga poco de wicked.

Y es que espero que nadie, a estas alturas, estimados lectores, se plantee siquiera que SCRUM pueda garantizar un camino de éxitos, exento de problemas y solo sujeto a un número incierto de iteraciones tras las cuales, sin duda alguna, aparecerá el santo grial…

Es más, las metodologías ágiles y el pensamiento de diseño están concebidos como un reto y no como un proceso de resolución de un problema, porque incluso cuando el problema es el origen de todo (algo extremadamente frecuente e incluso recomendable), el trabajo se centra en el reto de superarlo y no en corregirlo, independientemente de si se atacan las causas o no, mediante dosis masivas de observación, pensamiento lateral y experimentación.

El camino es diferente, gratificante, desafiante y motivador… pero no siempre resuelve un problema, sino que en muchas ocasiones elimina sus efectos o la necesidad de que éstos nos afecten o de que ni siquiera nos lo tengamos que plantear.

Y claro… a veces los problemas son tozudos y no quieren “dejarse desaparecer”, jejeje…

Un buen SCRUM trata de garantizar que se alcancen las funcionalidades requeridas y un buen diseño de UX se preocupa de satisfacer e incluso superar las expectativas del cliente… pero en cualquier caso, durante el desarrollo de un proyecto, en su implantación y posteriormente a su implantación, surgen problemas que muchas veces los equipos no saben cómo afrontar.

Y si han trabajado con proveedores recientemente en un marco SCRUM, estoy seguro de que entienden de qué les hablo.

¿Cómo han tratado de corregir sus proveedores un problema relacionado con la entrega de un producto con rendimientos insatisfactorios o claramente por debajo de lo esperado, a pesar de numerosas interacciones? ¿Cómo han abordado retrasos significativos que incluso han afectado el potencial de su negocio como cliente? ¿Cómo han gestionado el aprendizaje posterior y cómo se lo han comunicado?

Mira, lo hemos hecho mal… pero hemos aprendido. Nos vamos a hacer cargo de esta y esta otra manera y, además, te vamos a contar cómo hemos analizado los problemas, cuáles han sido las causas que creemos los han motivado y qué cambios vamos a introducir para que no nos vuelva a ocurrir“. ¿Recuerdan a algún proveedor que haya adoptado una iniciativa similar? ¿La han adoptado en sus propios equipos para con sus clientes? No, ¿verdad?

El mundo de los servicios de consultoría, ingeniería o diseño no está en general acostumbrado a este tipo de relación con sus clientes. Para un desarrollador de software, que su cliente haga de beta tester, o que incluso lo haga durante semanas y en correcciones sobre correcciones, entra dentro de lo que cabe esperar, dentro de lo que puede ser normal que pase.

Eso es un anatema en el mundo de la industria. Pecado mortal. Si haces algo así, estás fuera.

Y sin embargo, muchos de los problemas que surgen en el desarrollo de un proyecto de software no son diferentes a los problemas que surgen en cualquier otro orden de la vida, en cualquier otro tipo de negocio, tecnología o disciplina. O sea, que las metodologías clásicas de resolución de problemas (sí, incluidas las viejas y nuevas herramientas de calidad y calidad total) son perfectamente aplicables.

A los que ya hemos pasado de los 50, nadie nos enseñó en nuestras carreras cómo resolver un problema en una empresa. El conocimiento y las técnicas implicadas formaron parte del aprendizaje experimental que luego fuimos desarrollando en nuestras actividades profesionales, en función del sector o de la función que nos hubiera tocado en suerte. Entonces, la mejora continua, los conceptos lean o la calidad total no formaban parte de los estándares de aprendizaje y, aunque parezca mentira hoy, conformaban la cultura emergente… 😮

Lo alucinante es que, hoy en día, el poder de lo cool esconda muchas veces carencias que, en estos tiempos, es increíble que se permita permanezcan en el territorio de la ceguera cognitiva de un profesional. Como en el caso del grado en informática con el que abría el post, el adiestramiento en los procesos de resolución de problemas está universalmente al margen del aprendizaje académico, cuando en mi opinión debería formar parte de una cultura generalizada de estar en el mercado de trabajo. Su transversalidad es absoluta.

Incluso si adoptamos SCRUM como metodología de desarrollo de proyectos. Veámoslo.

Imaginemos un “proyecto A” en el que se ha generado un conflicto con el cliente: se ha entregado con un retraso considerable, la calidad del producto está lejos de satisfacer las expectativas de quien paga, los costes de desarrollo se han disparado y ha habido que renegociar el contrato, o han surgido dificultades técnicas que han forzado al cliente a renunciar a determinadas funcionalidades deseadas.

Venga… seguro que no les es muy difícil acordarse de un proyecto en el que haya surgido alguno de estos “problemillas”… o varios de ellos a la vez…

Imaginemos pues que hemos hecho uso como estándar de metodologías ágiles y singularmente SCRUM. ¿Qué podemos hacer para aprovechar la experiencia para aprender y mejorar nuestro desempeño? ¿Cómo nos podemos hacer cargo del problema para robustecer nuestras competencias y habilidades en la gestión de proyectos? ¿Cómo identificamos nuestros errores para aprender de ellos y ser más competitivos, más eficientes, más efectivos y en definitiva mejores?

Da igual si se han sentido aludidos como clientes o como proveedores. Se trata de un problema para ambos y por lo tanto ambos pueden exprimirlo para aprender.

Es perfectamente posible hibridar el pensamiento de diseño con la utilización de herramientas de resolución de problemas. De hecho, y aunque los guay del design thinking no lo sepan, algunas de las herramientas que usan son o derivan directamente de aquéllas, jejeje… >:D

Veamos las clásicas 5M. Se trata de ser sistemático en el análisis de causas para que no se nos escape ninguna cuando tratamos de identificar el origen de un problema. El objetivo es siempre determinar todas las causas que provocan su aparición, para atacar la raíz de las mismas y evitar que en el futuro se reproduzcan.

Suelen ser preludio del uso de otras herramientas adicionales (los 5 WHY o el diagrama de Ishikawa, por ejemplo) que nos ayudan a ello, pero hoy nos quedaremos en este primer paso, el más básico.

Cuando uno comienza a enfrentarse al análisis de un problema, es muy recomendable escoger un esquema mental que ayude a colocar el foco de nuestra mente en todos y cada uno de los ingredientes relevantes que suelen ser origen de cualquier problema, sin olvidar ninguno. Un brainstorming simple, abierto y no guiado por restricciones bien segmentadas, suele conducir siempre a lugares comunes, lo que implica que habrá aspectos que se nos escapen del análisis y, en definitiva, que el problema conservará potencial de reaparición.

Si hemos sido buenos profesionales y hemos tratado de corregir nuestros errores y aprender de ellos, pero no lo hemos hecho con método y los problemas se repiten a pesar de las acciones tomadas, acabaremos pensando en lo buenos o malos que somos… y no en cómo hacemos lo que hacemos. Mal camino.

Las 5M proponen que concentremos nuestra mente en identificar las causas de un problema (las razones por las que un proyecto ha sido fallido) en 5 focos diferentes:

  • Máquina: causas relacionadas con el mal funcionamiento o la insuficiente capacidad de proceso de máquinas, equipos o herramientas.
  • Método: causas relacionadas con el mal uso o la no aplicación adecuada de metodologías contrastadas o de estándares de trabajo definidos.
  • Materiales: causas relacionadas con el uso de materiales de insuficiente calidad o inadecuados para la función a desarrollar.
  • Mano de obra: causas relacionadas con bajos rendimientos personales, insuficientes competencias técnicas, errores humanos o comportamientos dañinos para el proyecto.
  • Medio: causas relacionadas con factores del entorno que tienen capacidad de influir en el rendimiento de producto o en el desarrollo del proyecto.

Pues vayamos a analizar cómo aplicar las 5M al “proyecto A” que mencionábamos antes, un proyecto gestionado con SCRUM… que no ha ido bien.

A pesar de que SCRUM es en sí mismo una metodología y de que por lo tanto lo más fácil es que nos surjan preguntas sobre el funcionamiento del método en sí mismo o sobre las personas (al ser un proyecto donde los recursos fundamentales suelen ser de conocimiento), en función del tipo de proyecto o problema podríamos hacernos preguntas como las siguientes:

  • Máquina:
    • ¿Se adecuaban las interfaces, nuevas o disponibles, que hemos utilizado, a las especificaciones técnicas? ¿Y al lugar de uso? ¿Por qué no?
    • ¿Su robustez y calidad eran las necesarias para un funcionamiento continuo y sin fallo? ¿Estaba todo ello garantizado? ¿Por qué no?
    • ¿Estaba la máquina en que se insertaba o integraba nuestra solución, preparada para ello? ¿Cumplía las necesidades mínimas para absorber el funcionamiento del nuevo sistema? ¿Por qué no?
    • ¿Eran las plataformas tecnológicas usadas las adecuadas para las necesidades del proyecto? ¿Estaban suficientemente disponibles? ¿Eran seguras? ¿Se disponía de redundancia, respaldo o alta disponibilidad? ¿Por qué no?
    • ¿Se disponía de la suficiente capacidad de cálculo y en el tiempo preciso? ¿Por qué no?
    • ¿Disponíamos de planes de contingencia para el fallo en nuestras instalaciones? ¿O frente a fallo catastrófico? ¿Por qué no?
  • Método:
    • ¿Se definió adecuadamente la misión del proyecto? ¿Representaba fielmente el objetivo deseado? ¿Existía una comprensión compartida en el equipo y con el cliente del significado, las limitaciones y las implicaciones de la misma? ¿Por qué no?
    • ¿Era claro el campo de decisión interna del equipo y los elementos que necesitaban de validación externa? ¿Se respetó? ¿Por qué no?
    • ¿Recogía adecuadamente el contrato las expectativas para el producto, los plazos, las limitaciones y condicionantes del proyecto, las formas y penalizaciones de pago, la propiedad de los fuentes y de los datos o los niveles de servicio, por poner algunos ejemplos? ¿Por qué no?
    • ¿Se definieron con la suficiente precisión las funcionalidades del product backlog? ¿Y las de los sucesivos sprint backlog? ¿Por qué no?
    • ¿Se construyó una estructura de releases y sprints razonablemente ajustada a la naturaleza y necesidades del proyecto? ¿Por qué no?
    • ¿Se definieron con suficiente detalle las acciones a desarrollar en cada sprint? ¿Se desglosaron lo suficiente, en dimensiones manejables? ¿Había suficiente conocimiento en el equipo como para estimar con la suficiente aproximación el coste en horas de cada acción? ¿Por qué no?
    • ¿Se ajustaron las dedicaciones previstas a las disponibles? ¿Mostró habitualmente el burn down chart un ajuste razonable de recursos y necesidades? ¿Se establecieron acciones para corregir las desviaciones? ¿Por qué no?
    • ¿Se realizaron sistemáticamente las reuniones diarias? ¿Y los cierres de sprint? ¿Por qué no?
    • ¿Se utilizaron como herramienta eficaz de gestión las herramientas de gestión visual? ¿Por qué no?
    • ¿Fueron los entregables, en general, bien recibidos por el cliente? ¿Estaba su estructura y contenido bien definidos con antelación? ¿Respondían claramente a una funcionalidad del backlog que podía ser testada? ¿Respondían a una necesidad de feedback para consolidar el avance del proyecto? ¿Por qué no?
  • Materiales:
    • ¿Las carcasas, los soportes del interfaz y en general de los equipos instalados, eran adecuados a la agresividad del entorno de trabajo (acidez, salinidad, partículas en suspensión, humedad, presión, temperatura…)? ¿Por qué no?
    • ¿Los materiales de los soportes eran adecuados para la transmisión o recepción de señales inalámbricas (evitando encajonar en aluminio, por ejemplo, la recepción de señales de geoposicionamiento)? ¿Se había previsto prestar atención a este asunto? ¿Por qué no?
    • ¿Eran los equipos, interfaces físicas, soportes y conexiones, suficientemente robustos como para impedir casos de daño accidental, vandalismo o robo? ¿Por qué no?
    • ¿Respetaban los materiales utilizados las normativas del sistema en que se integraban, incluyendo compatibilidad electromagnética, reglamentación, seguridad, eficiencia energética o reciclabilidad? ¿Por qué no?
  • Mano de obra:
    • ¿Hemos destinado al proyecto a las personas adecuadas? ¿Eran técnicamente competentes y profesionalmente responsables, a los niveles necesarios? ¿Por qué no?
    • ¿Hemos podido atender a las puntas de trabajo con la flexibilidad necesaria en el equipo o fuera del mismo? ¿Por qué no?
    • ¿Ha habido un nivel de dedicación y compromiso con el proyecto que impida negligencias? ¿Por qué no?
    • ¿Ha habido un nivel de comunicación fluido entre los miembros del equipo, entre éstos con el product owner, entre éste y el scrum master y, en definitiva, entre el equipo y el cliente? ¿Por qué no?
    • ¿Se han cubierto adecuadamente las funciones de product owner o scrum master? ¿Se han sabido separar bien del trabajo operativo, cuando procedía? ¿Por qué no?
    • ¿Ha estado el proceso libre de interferencias significativas de elementos externos (jerárquicos, por ejemplo, o presiones procedentes de entornos multiproyecto) en la capacidad del equipo de gestionar el proyecto y tomar decisiones? ¿Por qué no?
  • Medio:
    • ¿Ha sido posible asegurar la buena marcha del proyecto frente a la aparición de tensiones laborales o sociales? ¿Por qué no?
    • ¿Ha estado el proyecto libre de herencias nocivas fruto de experiencias previas cliente-proveedor o de relaciones personales tóxicas internas o externas al equipo? ¿Se previeron y gestionaron? ¿Por qué no?
    • ¿Han aparecido, en el transcurso del proyecto, limitaciones no previstas (internas o externas) o modificaciones en los objetivos, que introducían variaciones relevantes en la misión asignada al mismo? ¿Se han negociado a satisfacción de todos los stakeholders implicados? ¿Por qué no?
    • ¿Se disponía de los espacios y medios de trabajo necesarios para el proyecto y para las dinámicas de trabajo en equipo? ¿Por qué no?
    • ¿Ha funcionado adecuadamente la estructura corporativa que aportaba los recursos auxiliares necesarios (en compras, subcontratación, asesoría legal o selección de personal, por ejemplo)? ¿Por qué no?

Una vez obtenidas las primeras respuestas, conviene preguntar de nuevo a cada una “¿por qué?”, sucesivamente hasta 5 veces (como los niños en periodo de descubrimiento), para acercarnos a la verdadera causa raíz. Y una vez identificada una causa raíz, las soluciones se mostrarán evidentes en un alto porcentaje de las veces.

Para terminar, es altamente recomendable hacer un test de coherencia con un análisis de potenciales causas derivadas de posibles fallos en personas que hubieran podido intervenir, directa o indirectamente, en el proyecto. Se trataría de seguir los siguientes pasos:

  1. Identificar las personas implicadas: scrum master, product owner, miembros del equipo, director de proyecto, cliente, responsable de compras, proveedores, responsable de infraestructuras, comercial, responsable de control de costes…
  2. En cada una de ellas, pensar si se han producido fallos de rigor o de competencia, siempre teniendo en cuenta dos facetas de cada fallo: por qué sucedió algo indeseable, por un lado… y por qué no nos enteramos, o nos enteramos demasiado tarde como para mitigar sus efectos, por otro.
  3. Verificar que los fallos que así encontremos estaban ya contemplados, aunque fuera de otra manera, en el análisis de causas anterior.

El objetivo de este test de coherencia no es “meterle el dedo en el ojo” a nadie. No se trata de buscar culpables sino soluciones, no lo olvidemos. Se trata de un proceso metodológico que busca exclusivamente robustecer nuestro desempeño y evitar la reproducción de un problema en el futuro.

Obviamente, la lista anterior de preguntas asociadas a cada una de las 5M no es exhaustiva (cada proyecto tendrá sus preguntas adecuadas)… y el ejemplo no es exclusivo: SCRUM puede utilizarse para gestionar un proyecto de desarrollo de producto físico o incluso de creación de una nueva línea de negocio: cualquier entorno donde la incertidumbre sea elevada y exija moverse en ese entorno.

De hecho, si el proyecto descansa, total o parcialmente, sobre un producto físico, la aplicabilidad es incluso más evidente.

¿Y sobre un intangible, como un “negocio”? Imaginen, por ejemplo, un desarrollador de software que decide “montárselo por su cuenta”: darse de alta como autónomo, construir su propio modelo de negocio y enfrentarse al mercado como empresa independiente o como freelance. Imaginen que… no le va bien. Que no vende, a pesar de ser una persona técnicamente competente y de volcarse personalmente en construir su marca personal y en conseguir que ello le reporte ingresos suficientes como para que merezca la pena. “¿Por qué no vendo?” es una pregunta que se hará cada noche, ¿verdad? “¿Qué puedo hacer para cambiar la situación?”

Pues les aseguro que pensar en clave 5M sobre lo que identifique que no funciona en cada uno de los elementos de su canvas de negocio (supongo que a definirlo ya habrá llegado, claro) le va a ayudar a afrontar ese problema porque aflorará preguntas tan importantes como las siguientes:

  • ¿Qué tecnología estoy utilizando y qué alternativas tendría?
  • ¿Qué me están aportando realmente (y cómo) mis aliados y mi red de apoyos para la configuración de equipos de proyecto o para completar mi propuesta de valor?
  • ¿Gestiono los capítulos principales de mi estructura de costes?
  • ¿Sé realmente quiénes son mis clientes o quiénes tendrían que ser? ¿Me ayuda a entenderlo la estratificación que he hecho… suponiendo, claro está, que la haya hecho?
  • ¿Cómo me relaciono con mis clientes? ¿Sé qué necesitan? ¿Y el mercado? ¿Cómo lo averiguo? ¿Cómo lo conecto con mi propuesta de valor? ¿Cómo les hago percibir que me necesitan a mí?
  • ¿Con qué recursos cuento, con qué tecnología o equipos, para mi trabajo o para soportar mi propuesta de valor?
  • ¿Cómo lleno mi dealflow de proyectos?
  • ¿A qué he decidido expresamente renunciar? ¿Qué renuncias estoy dispuesto a hacer?

Lo hará en otro orden, adaptando estas preguntas genéricas a su circunstancia particular y probablemente desglosándolas en otras más específicas… pero lo hará.

Venga… Les dejo un ejercicio para casa: ¿identifican de cuál de las 5M puede haber procedido cada una de estas preguntas? 🙂

Año.8: balance y resumen

ajedrez-tableroLa esencia del número 8 es carretera inacabable, doble loop imposible que puede recorrerse imaginariamente hasta el infinito, infinito que dibuja al acostarse, cada noche, cuando nadie ve. 😉

La cuadratura de su doble círculo se logra en un tablero de ajedrez, un 8 casillas al cuadrado, en cada una de las cuales solo cabe colocar una ficha a la vez. Casi como este blog, que a los 8 años va asumiendo como norma (y a pesar de algunos voluntariosos intentos siempre de vida breve) el rellenarse con un post cada mes.

inquietos ha seguido en 2016 la senda de estabilidad de los últimos años, pugnando por superar cada mes la muy modesta barrera de las 1.000 lecturas, muy lejos de sus mejores aunque igualmente discretas cifras del pasado.

Y así tiene que ser, porque es el lugar que le ha quedado en este camino, que por otra parte cada vez recorro con menos compañía: a pesar de la limpieza de hace seis meses, aún les puedo contar que en casi un tercio de los feeds que decidí conservar no se ha registrado movimiento alguno en este tiempo.

El año pasado les hablaba de la impactante experiencia como vlogger de mi hija… Bien, pues ya no está. Ha experimentado, ha crecido, ha conversado, ha aprendido, ha disfrutado… y a otra cosa: ha cerrado al público su canal. Todos los vídeos. Tuvieran cientos de miles o medio millón de visitas en menos de dos años… Y no la veo muy arrepentida tras varios meses.

Es obvio que es otra generación. o_O

2016 se va a cerrar con 14 artículos que combinan la reflexión y la reacción a un momento vivido, casi al 50%. Por volumen, destaca la serie de reflexiones sobre innovación empresarial hacia modelos sostenibles (un conjunto de propuestas al hilo de mi participación en un seminario inesperado), aunque al margen de ello, les diré que de varios de los artículos restantes de 2016 estoy francamente satisfecho. Los publicados son los siguientes:

Reflexiones:

Vibraciones:

Otros:

En la parte cuantitativa, mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con otras 2.100 nuevas visitas (ya son casi 14.000 acumuladas). El post navideño es el único de los del año que se sitúa en el top-10 de las visitas de estos 12 últimos meses.

Parece que lo de la sostenibilidad empresarial no “vende” mucho… 😉

Un apunte para centrar mi atención en los próximos meses en este proceloso mundo de los números: según las estadísticas del propio WordPress, al artículo sobre Javier Solana ha recibido hasta ahora solo 134 visitas, pero… el nuevo diseño de LinkedIn ofrece el dato de que exclusivamente a través de este canal (solo uno de los que tengo conectados al blog)… ¡ha habido 818 visualizaciones del mismo!

¿Cuál es el dato real? ¿Y pasará lo mismo en Facebook o Twitter o…? Porque he notado también que en las gráficas de WordPress aparecen casi siempre “a cero” los registros gráficos de lo que llama “visitas distribuidas”, que yo siempre había relacionado con los feeds de suscripciones (y que, al contrario que en el pasado, hoy son algo casi residual en mi blog). ¿O es que tampoco cuenta WordPress bien aquí?

Pues me quedaré en la duda, porque me niego a entrar en el universo del SEO…

La suma-resta de suscripciones controladas vuelven a subir ligeramente, hasta las 130, pero los comentarios han brillado por su ausencia (salvo en el artículo sobre Solana y en el de mi declarada intención de hacer limpieza en esta casa), aunque los pocos que ha habido siguen resultando para mí muy valiosos y les aseguro que también muy agradecidos.

Termino. Con los números de costumbre y con un agradecimiento ampliado a quienes, amables lectores, continúan pasando por estas páginas.

2017 se plantea con una crisis en el terreno profesional… pero aquí seguimos.

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Vibraciones: “makers”

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Hace solo una semana se celebró en Zorrozaurre, en el Espacio Open de la Antigua Fábrica de Galletas de Artiach, la Bilbao Maker Faire. Casi 100 “inventores” se dieron cita en este evento anual (aquí aún no excesivamente popular), cuyo espíritu pueden percibir en los 2 minutos de este vídeo de A3media.

No pude esta vez acercarme personalmente, pero he recibido referencias que describen una “desahogada” asistencia de visitantes alrededor de una interesante atmósfera que solo podía percibirse allí… hasta el punto de recordarme algunos apuntes realizados en el marco de una reciente reflexión estratégica y de provocarme ganas de compartirlo aquí.

maker-fairelogo

La definición exacta de “makers” es un poco imprecisa, pero se puede pensar en ellos como “la generación web creando cosas físicas en lugar de sólo pixels en pantallas”. El Media Lab del MIT se refiere a ellos como personas que tratan a los átomos como a los bits, utilizando las poderosas herramientas de la industria del software para revolucionar la forma en que se hacen los objetos tangibles.

Lo que ahora llamamos el movimiento “maker”, es un término acuñado por Dale Dougherty, de O’Reilly Media. En 2005, este editor de tecnología hizo una apuesta en éste sentido no sólo con el lanzamiento de Make, una revista trimestral sobre proyectos “Do It Yourself” (DIY), sino también, en 2006, con una serie de Maker Faires en Estados Unidos que se convirtieron en las primeras exhibiciones para el movimiento emergente.

Una Maker Faire es una feria de inventores y creadores, un escaparate de invenciones, creatividad e ingenio pensado para todos los públicos, además de una celebración del movimiento maker. Es un lugar en el que la gente enseña al mundo sus creaciones y comparte su conocimiento con quienes quieren aprender, con el objetivo de divertir, informar y conectar a la gente de esta comunidad para que crezca.

Además de la feria original de San Mateo (California) se celebran otras 35 Maker Faires de alcance regional en el mundo (como la de Bilbao) y cerca de 200 Mini Maker Faires locales. Lo que empezó siendo en muchos lugares una especie de mercadillo tecnológico alimentado por frikis está alcanzando una dimensión y preparación que a veces abruma, como la feria de Londres (échenle un vistazo a las imágenes de pasadas Maker Faire UK)… o la de Shenzhen, ciudad que se ha convertido en su mayor escaparate mundial en el camino de transformarse en el “Silicon Valley” mundial del hardware (ver mapa), cuya mejor muestra puede ser el siguiente vídeo.

 

Voy a tratar de resumir a continuación, a lo largo de este artículo, varias lecturas que he realizado en los últimos meses sobre todo ello. Encontrarán fragmentos de textos, ordenados e ilustrados, sobre un fenómeno creciente en dimensión e importancia que bien podría ser uno de los pilares que nos sirva, como sociedad, para afrontar en condiciones este futuro incierto pero transformador que se avecina. Dejo en su mano, amables lectores, la valoración de hasta dónde consigo que esta síntesis tenga sentido propio o al menos obtenga el valor de su atención.

Entre los makers hay todo tipo de gente, con todo tipo de edades y orígenes: fans de la tecnología, artesanos, científicos o “inventores de garaje”. Sin embargo, lo que distingue a los makers contemporáneos de los inventores y de los artesanos de otras épocas, es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución. El software digital de gran alcance les permite diseñar, modelar, y dirigir sus creaciones, reduciendo al mismo tiempo la curva de aprendizaje para utilizar herramientas de tipo industrial de producción. Los makers tienen acceso a materiales sofisticados y piezas de máquinas de todo el mundo. Foros, redes sociales, listas de correo y sitios de publicación de vídeo les permiten formar comunidades y hacer preguntas, colaborar, compartir sus resultados, e iterar para alcanzar nuevos niveles de desempeño.

El movimiento maker ya no descansa más en el do-it-yourself… sino definitivamente en el do-it-together, como resaltan de manera muy simple los principios del “The Maker Movement Manifesto“, que se pueden sintetizar en cuatro ideas:

  1. “Making makes us human” (hacer nos hace humanos).
  2. “Do it together” (hazlo juntos).
  3. “Play, participate, support” (juega, participa, apoya).
  4. “Share your success, give back” (comparte tu éxito, devuelve… regala).

Los makers de hoy pueden crear hardware capaz de explorar las profundidades del océano, ir al espacio, y solucionar problemas críticos que antes eran del dominio de las grandes y bien financiadas organizaciones. Inventan nuevas soluciones, llevan innovaciones al mercado, y obtienen una perspectiva interesante a través de la ciencia ciudadana. Comparten, inspiran y motivan, y en el proceso, están transformando la educación, la economía y la ciencia.

Como veremos más adelante, alejados cada vez más de la artesanía y el hobby, están pasando de ser una actividad de ocio en un garaje, a una auténtica nueva fuerza económica.

¿Sorprendidos? ¿Incrédulos? Acompáñenme hasta el final…

He tratado de reflejar en la siguiente imagen los ingredientes que configuran el fenómeno maker, ingredientes que iré desgranando y completando a continuación.

makers-resumen

Comencemos por decir que, siendo heredero del DIY, añade dos elementos fundamentales que lo caracterizan como movimiento:

  • La tecnología, donde el “open source” es la clave de acceso.
  • La conectividad, o facilitar y promover que el conocimiento fluya y esté disponible para construir sobre él.

makers-opensourceEl hardware de código abierto (“open source”), consiste en artefactos físicos derivados de  tecnología diseñada y ofrecida por el movimiento de diseño abierto, entendiendo que el software y el hardware de código abierto se aplican tanto al concepto como a los componentes físicos.

Por lo general, el término implica que la información sobre un hardware se entrega fácilmente accesible para que otros puedan “hacerlo”, lo que lo une estrechamente al movimiento maker.

El diseño del hardware (es decir, dibujos mecánicos, esquemas, listas de materiales, datos de diseño, el código fuente o los datos de trazado de un circuito integrado), además del software que gestiona el hardware, están liberados de forma gratuita o uso libre. Para muchos, el término “libre” hace referencia al hecho de adquirir un software, por ejemplo, de manera gratuita… pero más que eso, la libertad se refiere al poder modificar la fuente del programa sin restricciones de licencia.

Aunque a algunos aún les sorprenda y no nos detengamos hoy en ello, en la actualidad existe evidencia significativa de que el open source puede generar un alto retorno de la inversión.

Las posibilidades son enormes… y sorprendentes. Si no conocen OSVehicle, piérdanse un rato disfrutando del Tabby EVO.

Y luego dejen de imaginar, que hay que seguir leyendo… 😉

makers-makerplaces

Una de las señas de identidad de los makers es el espacio compartido, con recursos de cuyo uso pueden disponer. Un “makerspace” es un lugar en el que un maker puede crear objetos o artefactos haciendo uso de las herramientas que se encuentran disponibles para él en los diferentes talleres que lo conforman.

Un maker puede disponer ahí de equipos como impresoras para fabricación aditiva, cortadoras láser, máquinas CNC, máquinas de soldar y hasta máquinas de coser, pero también puede ser que todo ese equipamiento o parte de él no exista en un makerspace determinado, porque se trata más de facilitar la mentalidad de crear algo desde cero… y para eso a veces basta con medios mucho más rudimentarios, o centrarse en apoyar el emprendimiento (por ejemplo mediante el prototipado), constituyéndose en un espacio desde el que se facilita la incubación y aceleración de startups.

Herederos de los hackerspaces y de la ética hacker, lo que sí es inherente a un makerspace es que se compartan conocimientos y experiencias entre makers, algo sobre lo que profundizaré más adelante.

Los makers pueden apoyarse también en los FabLabs, talleres makerspace de fabricación digital auspiciados por el MIT, que forman ya una enorme red en la que es factible producir casi cualquier producto único. El mapa de los FabLab existentes en el mundo es ya impresionante, con miles en todo el planeta o más de 100 solo en Alemania o de 200 en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos.

makers-stem

Los makerspaces también ayudan a prepararse a quienes necesitan competencias que se asumen van a ser críticas en el siglo XXI, en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Hablamos de STEM, acrónimo formado por dichos campos en inglés (science, technology, engineering and mathematics), cuyo aprendizaje continuo se facilita con frecuencia a través del desarrollo de las habilidades necesarias para resolver problemas que requieren integrar electrónica, modelado 3D, programación de código… pero también por ejemplo trabajado de la madera.

El movimiento maker proclama que la educación STEM contribuye a conseguir una mayor competitividad y por consiguiente que ayudará en el futuro a conseguir una mayor prosperidad económica, constituyéndose como claro índice de la capacidad de un país para mantener un crecimiento sostenido.

No se confundan… También conocido por acrónimos como MINT (en alemán), CTIM (en castellano, en parte de Latinoamérica) o STEAM (incorporando la “A” de “arts” para indroducir las disciplinas del diseño y las artes), hablamos de un aprendizaje continuo desde la experimentación integrada, que está al margen y es posterior a la fase de estudios académicos: un proceso de formación permanente análogo al que los buenos médicos practican a lo largo de toda su vida.

Para que se hagan una idea de la importancia que está cobrando en otras sociedades, en varios estados de los Estados Unidos existen políticas públicas de promoción de actividades STEM. En concreto, a principios de este mismo año:

  • 13 estados habían aprobado legislación específica para favorecer el aprendizaje post-académico.
  • 22 estados destinaban fondos a promoverlo.
  • 34 estados estaban trabajando en iniciativas de mejora de la calidad del mismo.

makers-plataformas

Como avanzábamos al comienzo del post, el elemento diferencial del movimiento maker en su capacidad de impactar en los movimientos económicos de la sociedad es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución.

Los canales se multiplican y diversifican, cubriendo toda la cadena de valor:

  • Plataformas de crowdfunding para financiar el nacimiento o el desarrollo de una idea, como Kickstarter, quizá la más famosa de ellas, que en solo 7 años de vida ha conseguido que 11 millones de personas contribuyan con 2.400 millones de dólares y, lo más importante en mi opinión… ¡apoyando la realización de más de 100.000 proyectos!
  • Plataformas de aprendizaje donde se comparte conocimiento, como la impresionante Instructables, un lugar donde publicar, documentar en detalle y compartir proyectos libremente, que en 2015 recibía más de 100.000 nuevas aportaciones de makers… y lograba nada menos que 30 millones de visitantes únicos a sus contenidos.
  • Plataformas para fabricar productos únicos o de serie corta y media, que permiten subcontratar la fabricación de un diseño con garantías de calidad (muchas veces desde la fabricación aditiva y equipos robotizados especializados), como Shapeways o Ponoko, entre otras muchas.
  • Empresas de manufacturing services, con fuerte implantación en China, que permiten gestionar online la subcontratación de la producción de grandes series de un producto (varios cientos de miles de unidades si se desea) a empresas especializadas en fabricación, sin interés alguno por la propiedad intelectual del producto hasta el punto de que se ofrecen a colaborar en su desarrollo a cambio de garantizarles el contrato de fabricación. Son numerosas. Dos ejemplos: Titoma o Iti Manufacturing.
  • Plataformas para comercializar los diseños hacia fabricantes o usuarios, como la interesantísima iniciativa europea Kazzata, que se propone disrumpir los mercados de repuestos, ofreciendo almacenamiento y descarga controlada de los diseños CAD para que cualquiera que lo desee pueda adquirirlos e imprimirlos en una impresora 3D en cualquier lugar del mundo, resolviendo así mismo la problemática de componentes raros y obsoletos.
  • Plataformas dedicadas a comercializar los productos, como Etsy o The Grommet. El éxito de Etsy es paradigmático: dedicada al vertical de artículos textiles, complementos y hogar, ha superado los 50 millones de usuarios registrados y alcanzó en 2015… ¡casi 2.000 millones de dólares en ventas!

La magnitud de este movimiento económico está teniendo además efectos inesperados: empieza a haber grandes tiendas offline y cadenas de retail especializadas que reservan espacios importantes para la comercialización de productos lanzados desde startups conectadas al movimiento maker. Un ejemplo reciente es el de las tiendas de la cadena norteamericana RadioShack de material electrónico, que ha identificado un espacio en sus más de 2.000 almacenes para productos fabricados por startups seleccionadas, permitiendoles el envío de  material directamente a las tiendas para evitar costes de distribución y almacenamiento.

En cifras… les invito a echar un vistazo a la siguiente infografía con datos recogidos hasta mediados de 2014, no sin advertir previamente que en sus números se incluyen artesanos y aficionados, a pesar de lo cual su dimensión es lo suficientemente grande como para que, dividida si quieren por dos o por tres… nadie se la tome a broma.

makers-infografia

En resumen, el movimiento maker está creciendo aceleradamente en el mundo porque dispone de un ecosistema de soluciones tecnológicas y de red que lo hace posible:

  • Herramientas de diseño y fabricación “de escritorio”: impresoras 3D, cortadoras láser, escáneres 3D y software CAD, disponibles en tamaño personal y a precios asequibles.
  • Medios digitales colaborativos de diseño, disponibilidad de recursos y financiación: innovación colaborativa, open source y apoyo en el resto de las fuerzas sociales en línea (el crowdfunding permite utilizar la red para recaudar dinero y los talleres alrededor del mundo ahora están conectados).
  • Fábrica de alquiler (manufacturing services): oferta de fabricación aditiva para lotes pequeños, o empresas especializadas en grandes series que incluso te ayudan con el diseño pero no quieren su propiedad.

makers-cerca

El movimiento maker está muy cerca de nosotros, en todas nuestras ciudades, con mayor o menos intensidad, con iniciativas embrionarias o ya camino de consolidarse. Pueden acercarse y hablar con ellos como primer paso, o asistir a una de las Maker Faire (en formato completo o mini) que se celebre en su proximidad.

Aunque transversal, es un movimiento de perfil urbano, que permite el retorno de la fábrica a la ciudad y que puede ofrecer una actividad productiva eficiente y sostenible.

Si les apetece aprender más y estar al día de lo que sucede, les recomiendo suscribirse al blog Makezine, al de The Grommet o al universo mexicano de hacedores.com y las comunidades de su makerspace.

Para terminar, les invito a ver un último vídeo. Es un vídeo imprescindible, no se lo pueden perder. Habla de lo que está sucediendo en el interior de unos almacenes ubicados en el embarcadero nº 9 de la bahía de San Francisco. Pier 9 es una iniciativa de una empresa que enseguida descubrirán y el desafío que les propongo a todos, mis estimados lectores, es intuir cuál creen que es es el propósito que la lleva a hacer algo así.

Si se atreven a compartirlo más abajo, en los comentarios, podremos conversar sobre ello… 🙂

Cierro con algunas preguntas al aire y un recordatorio en forma de imagen:

  • ¿Puede ser el movimiento maker la vía para sembrar de innovación industrial y de producto nuestro territorio?
  • ¿Puede ser el camino para generar y consolidar talento industrial innovador, en un mundo que se va a ver sacudido por las tecnologías de fabricación avanzada o manufacturing 4.0?
  • ¿No debería ser MONDRAGON, con su integración profesional, su universidad y sus centros tecnológicos, un referente de todo ello para el mundo?
  • ¿No debería, en consecuencia y por ejemplo, promoverse un ambicioso proyecto equivalente al Pier 9 en nuestro entorno, entre otras iniciativas?

Recuerden… 😉makers-weall

Año.7: balance y resumen

siete enañitos

Siete, en añitos. 🙂

Esa es la edad que este mes cumple este modesto blog de años pequeños.

Cuando yo era niño, llegar a ese punto significaba que se te concediera lo que se llamaba “uso de razón”, una expresión que simbolizaba un indudable salto de madurez, el paso del pensamiento mágico a la lógica, la conciencia de iniciar el camino hacia la edad adulta.

No soy una persona adicta a la escritura. Me resulta placentero escribir, pero como muchas otras actividades que me apetecen cuando decido desconectar del mundo ordinario unos minutos. Sí… escribir en este blog, después de siete años, es definitivamente un escape esporádico, no pertenece a lo que yo considero “actividad cotidiana” ni en mi vida profesional ni en mi ocio.

Admiro a algunos bloggers que siguen disparando a diario… o incluso a razón de más de un post por día. Llegado a este punto, sé que no puede ser una simple cuestión de marketing, de sostener por razones comerciales una presencia y una reputación en la red, sino una práctica que, independientemente de lo anterior, conecta con una necesidad vital y una capacidad intrínseca de volcar pensamientos hacia el teclado desde el vértigo de saber de inmediato “qué” se quiere contar y tener la certeza de que el “cómo” irá fluyendo a medida que se escribe, desde la claridad del pensamiento y el dominio del lenguaje.

Lo mío no es así. No puedo decir que me resulte difícil escribir… pero no es algo que haga rellenando línea tras línea sin volver la vista atrás: cada artículo consume sus buenas horas de revisión y elaboración, de búsqueda de las imágenes adecuadas o de documentación de enlace, de síntesis de datos o de construcción gráfica, dependiendo de cada tema.

Me gusta tener un blog. Ya no es un capricho para probar a ver hasta dónde soy capaz de llegar y observar cómo funciona este mundo de recomendaciones y seguimientos. Ahora es una parte pequeña de lo que soy, una rutina mínimamente mensual que me obliga a ordenar a veces mis ideas sobre un tema, que me permite la libertad de cuestionar razonada y públicamente cualquier asunto si me apetece, que me facilita hacer propuestas desnudando la escucha de la dialéctica.

Este año he tenido la oportunidad de observar muy de cerca una experiencia de nacimiento de un “vlog“, un canal de YouTube con vídeos ideados, grabados y editados por una chica de 16 años que partía del desconocimiento técnico más absoluto de cómo hacerlo, más allá de su propia observación por “consumo” de canales ajenos. Esa chica de 16 años es mi hija.

¿Que cómo le ha ido? Siendo su primer año, ya alcanza 18.000 suscriptores, docenas de comentarios, cientos de “likes” y miles de visitas por vídeo… y ya ha conseguido que uno de ellos llegue a las ¡440.000 visitas! (y creciendo).

Si no hubiera sido ya consciente de las limitaciones de este minúsculo blog, no me cabe ninguna duda de que esa experiencia me hubiera puesto en mi sitio, jejeje… que hubiera acelerado la migración “del pensamiento mágico a la lógica”. 😉

En fin… que desde el realismo positivo, al llegar a los siete años inquietos se presenta disminuido pero asentado. Pocas lecturas, pocos comentarios… En especial, sí añoro un poco otros momentos donde los comentarios fluían y donde las visitas de suscriptores eran muy fieles, pero ambos datos no son sino una comprobación de esa regla inexorable basada en que si no creces, decreces, de que el estancamiento no funciona en la red.

Han sido 16 los posts de este séptimo año, con un foco intenso en un asunto probablemente de poco atractivo para quienes no formen parte del mundo cooperativo: la reflexión sobre el significado actual y futuro de los principios que rigen la experiencia cooperativa como modo de hacer empresa. Además, la singularidad de este año se ha completado con una terna sobre conducción autónoma, una parte relevante de la gigantesca transformación económica y social que nos va a llegar.

Todo desde el prisma reflexivo, en un año casi exento del vómito de las vibraciones de cada momento. Como decía… un año singular.

Los 16 artículos son los siguientes:

Reflexiones:

——-

Vibraciones y otros:

En lo cuantitativo, mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con 2.200 nuevas visitas que llevan a 12.000 el acumulado desde que fuera publicado. Ninguno de los posts del año se sitúan en el top-10 de los más vistos en estos 12 meses y solo dos de los dedicados a los principios cooperativos aparecen entre los 20 más visitados (puestos 17 y 18). Como dato adicional más reseñable, algunos de los artículos de 2014 sobre la diversificación como estrategia empresarial han mantenido audiencias muy notables (la entrega 2, por ejemplo, ha recibido más de 1.000 visitas en este séptimo año).

La suma-resta de suscripciones controladas suben ligeramente, hasta las 122, pero los comentarios prácticamente desaparecen.

Termino con los números de costumbre y con un profundo agradecimiento a quienes, amables lectores, continúan pasándose esporádica o fielmente por estas páginas, tras estos siete “enañitos” de ocurrencias de escribidor. 🙂

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Año.6: balance y resumen

cumpleaños6Lánguida.

El sexto año de esta criatura se ha vestido de vida lánguida, a ritmo de post mensual sin excepción alguna… lo que habla más de disciplinas que de voluntades.

Supongo que, como en el transcurrir de la vida en general, uno tiene años mejores y peores, que solo es cuestión de esperar tiempos futuros donde la necesidad de escribir vuelva a surgir con fuerza y donde los paréntesis de tiempo que ello requiere sean otra vez más sencillos de encontrar.

Y no hay falta de ideas: en mi actividad profesional tengo la suerte de encontrarme cada mes con iniciativas o realidades que en sí mismas merecen un artículo… unas veces por el brillo que desprenden y otras por su tristeza, porque el teatro de emprender se representa, globalmente hablando y para ser generoso, en un escenario agridulce donde reinan a la par la comedia, la tragedia y el drama.

Pocas “reflexiones” y muchas “vibraciones” hablan también de lo mismo: de las escasas ventanas de tiempo dedicadas a ordenar pensamientos en forma adecuada para la escritura.

Y poco más que añadir… Una vez más reconocer la escasa capacidad de percepción que uno tiene del atractivo que su producto despierta: desde mi propia y privilegiada atalaya les confieso que ha habido tres artículos que he escrito con especiales ganas de gustarme en ellos  (“El verdadero soporte de lo sostenible“, “Cultura de empresa” y “De ‘hackers‘ y ‘makers‘ de siempre“), pero solo uno (el primero que menciono) suscitó el suficiente interés de los lectores como para que los comentarios abonaran conversaciones.

El resumen de publicaciones recoge por tanto unos exiguos 12 posts, que son los siguientes:

Reflexiones:

Vibraciones:

Y los restantes:

Mis reflexiones sobre “Ventajas e inconvenientes de la gestión por competencias” siguen liderando la clasificación de artículos más vistos, con 2.600 nuevas visitas que acercan a 10.000 el acumulado desde que fuera publicado. Solo un par de los posts del año se sitúan en el top-10 de los más vistos en estos 12 meses (las entregas 2 y 3 sobre diversificación empresarial).

La suma-resta de suscripciones controladas las mantienen en 118 y los comentarios descienden drásticamente, aunque son la parte más agradable de esta bitácora y créanme que agradezco sobremanera cada palabra que me dejan en ella.

Termino con los números de costumbre… y con la decisión, este año sin dudas y pese a todo, de que seguimos adelante.

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mensual1502

Vibraciones: de “hackers” y “makers” de siempre

A pesar del título de este post, comienzo por advertirles de que lo que viene a continuación es una de esas historias cotidianas que acaban encontrando aquí párrafos de referencia.

PirataCreo que como para casi todo el mundo, mi primera idea de un “hacker” estuvo ligada a un estereotipo humano de pirata del siglo XX, que utiliza su profundo conocimiento de redes y sistemas para infiltrarse en sistemas informáticos ajenos, con frecuencia con el ánimo de hacer daño a sus propietarios o proporcionar beneficios ilícitos a terceros.

Al hacker, como al pirata clásico, se le admira muchas veces por sus habilidades para sortear las barreras tras las que los poseedores de valor se sienten protegidos. En esta acepción de la palabra, la más extendida popularmente, hay un lado obviamente oscuro, pues su actividad bordea o entra abiertamente en conductas tipificadas como delictivas.

Pero años después de haber sumado la palabra hacker a mi vocabulario, otro significado mucho más interesante apareció con fuerza en mis conversaciones, ligado a conceptos de ética, de software libre, de capacidad para difundir competencias y para compartir conocimiento y experiencia y, sobre todo, de voluntad de poner en el dominio público herramientas, sistemas y aplicaciones útiles para cualquiera que las desee explotar.

hackerplaceEs en ese marco donde aparece el concepto del hackerspacedefinido en la Wikipedia como “un sitio físico donde gente con intereses en ciencia, nuevas tecnologías y artes digitales o electrónicas se puede conocer, socializar y colaborar, (que) puede ser visto como un laboratorio de comunidad abierta, un espacio donde gente de diversos trasfondos puede unirse (y que) pone al alcance de aficionados y estudiantes de diferentes niveles la infraestructura y ambiente necesarios para desarrollar sus proyectos tecnológicos, (pues su propósito) es concentrar recursos y conocimiento para fomentar la investigación y el desarrollo“.

Los hackerspaces siguen creciendo en número y extendiéndose por el mundo… aunque despacio, muy despacio… Pero lo que sí han hecho con intensidad es abrirse, a veces como forma de financiar sus propias actividades, a través del movimiento maker que comenzó a gestarse hace ahora 8 años, ligando la acción hacker a la tendencia do it yourself (DIY) para incrementar la capilaridad de esas ideas y popularizar el intercambio de conocimiento y el trabajo colaborativo a través de las Maker Faires, algunas celebradas bien cerca.

Bueno… no se trata de hacer un ensayo sobre este tema, del que además no soy precisamente un experto, así que vamos con un cambio de rumbo… para abordar lo que en realidad es el corazón de este post, que tiene mucho más de personal como podrán comprobar a continuación.

Me cité hace un par de meses con unos amigos para celebrar una alubiada de las de época en el caserío de uno de ellos, una vieja casona situada en Villaro o Areatza, como gusten llamarla, en ese valle de Arratia orgullosamente tallado entre los espacios naturales de Gorbeia y Urkiola. Había estado ya en una ocasión anterior en ese caserío, en una visita primera que me sirvió para conocer una curiosa historia que esta vez no he olvidado fotografiar.

Fue nuestro anfitrión quien nos condujo entonces y ahora al antiguo establo de la planta baja… y allí donde nos sorprendió con la imagen que les ofrezco: un extraordinario híbrido de motocicleta y automóvil, imposible de definir, fabricado artesanalmente como un puro ejercicio de espíritu pre-maker, muestra incuestionable del “hackeo” de la mecánica y la hidráulica, tecnologías dominantes en el momento en que la operación se hizo.

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En este extraño triciclo hay detalles curiosos: el vehículo incorpora en el frontal los focos procedentes del Seat 600 que configura la mitad trasera, las marchas se accionan desde la columna frontal y la dirección se maneja con el manillar de la semi-moto delantera. La conducción es central, por lo tanto, con dos asientos traseros y una capota desplegable para cubrirse de las inclemencias del tiempo. Si no recuerdo mal, tenía hasta radio enchufada a una potente megafonía… 😉

A su alrededor, ocultos en polvo a pesar de los plásticos que los cubrían, fueron mostrándose otros vehículos igualmente sorprendentes y fabricados en distintos años, como luego supe, con el objetivo de exponerlos o incluso de hacerlos concursar en el concurso de carrozas que se celebraba en San Bartolomé de Areatza, en Villaro.

Ya imaginarán que la curiosidad me hizo preguntar y más tarde buscar detalles del origen de algo tan singular. Los vehículos habían sido construidos por un tío de nuestro afitrión, en una historia que había comenzado 33 años atrás con una carroza fabricada mediante la conversión en descapotable de un Seat 850 y el añadido de un techo de madera y tela que transformó al viejo 850 en una versión motorizada del coche de los Picapiedra, donde toda la familia encontró su disfraz.

carroza polvorientaLes aseguro que pagaría dinero por una foto de aquello… 🙂

La fotografía adyacente corresponde a una carroza realizada en 1987 utilizando un motor desmontado de una Lambretta.

El triciclo híbrido, doce años posterior, fue resultado de casi un año de trabajo… pero su autor falleció el mismo día en que debía ser bajado a fiestas… y nunca se exhibió.

Había más vehículos: una moto adaptada, un Citroën 2CV al que se le había prolongado con exageración la longitud del eje trasero, alejando las ruedas hacia el exterior de su cubículo habitual…

He tratado de buscar información en la red sobre los concursos de carrozas de Villaro y sobre esta afición que formaba parte de la vida de muchos vecinos, pero no ha habido suerte… o no he sabido buscarla. He encontrado muy poco y, lo poco que he encontrado, sin referencias fotográficas históricas y desordenado.

También he intentado tirar de algunos hilos desde el punto de vista de los componentes empleados, como por ejemplo, de la marca UPERMA que aparece en el carrozado superior de la rueda delantera del triciclo híbrido. Tampoco nada, al menos nada relacionado con motocicletas. Solo una línea comercial de unos equipos de soldadura de otra marca (¿procedería de una máquina?).

Una pena…

¿Se imaginan el potencial turístico que tendría un festejo de esta naturaleza si se hubiera extendido y sofisticado, consolidando y refinando su carácter maker?

caserío mecánicaLa visita me recordó a otras personas que he ido conociendo en los últimos años en la empresa, con iniciativas homologables. En particular, a un compañero de trabajo que, además de para las colmenas o las setas, sacaba parte de su saturado tiempo extra-laboral también para satisfacer sus “inquietudes” mecánicas. Y luego pensé en mi padre… y en la casa de que disfrutamos muchos veranos, que había construido él mismo y que yo ayudé a terminar haciendo de fontanero, de carpintero, de albañil, de electricista, de pintor… antes de que el progreso definiera un nuevo pantano que inundó su pueblo natal e impidió que yo pudiera enseñársela a mis hijos.

Recuerdo que hace años, en pleno boom mediático del do-it-yourself, nos sorprendimos con una noticia de comercialización de maquinaria de todo tipo preparada para ello, para ser construida por nosotros mismos. Pues visto lo visto… menuda sorpresa, ¿no creen?

Nos llenamos de anglicismos y acrónimos como DIY, hackerspace o maker pareciendo muy cool… y solo hablamos de una historia tan vieja como el hombre: el carácter artesano y la experimentación activa como forma natural de hacer cosas que necesitamos.

Esa cultura tan americana, primero del garage y ahora del hackerspaceresulta que no la inventaron ellos, jejeje…

Les dejo con una foto de nuestro magnífico rural hackerspace… 😀

rural hackerplace