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Vibraciones: violencia e imagen

Al hilo de los atentados de Barcelona y Cambrils y del tratamiento que se ha dado a imágenes relacionadas con los mismos, han surgido numerosas críticas a su divulgación, que se han dirigido indiscriminadamente a ciudadanos particulares y a medios de comunicación, particularmente a la prensa.

Hay una recomendación general, que según parece concita el acuerdo de asociaciones de víctimas, fuerzas de seguridad y psicólogos especializados, sobre la inconveniencia de publicar imágenes de las consecuencias de la violencia de un atentado sobre las personas.

Y yo, qué quieren que les diga… disiento de ella.

Hay razones para ello y no son menores, no se me escapan, pero veo también razones poderosas para lo contrario y, en el balance, mi posición se define al otro lado. Trataré de explicarlo, aún sabiendo lo complejo y sensible del asunto…

En realidad, mi argumentación se basa en un primer postulado en el que creo sin temor a ser ingenuo o meapilas: el mal existe. Anida en la mente de personas y las esclaviza desde el deleite de las emociones negativas, disfrazadas de razones que resultarían injustificables desde una posición de simple dignidad humana, posición que queda secuestrada e imposible para quien abraza el mal.

En alguna ocasión ya he mencionado mi obsesión por Perdita Durango, esa no del todo exitosa película de Álex de la Iglesia en la que el personaje de Romeo Dolorosa me dio, por primera vez en la vida, la oportunidad de entender los mecanismos del mal, de cómo un ser humano puede acomodarse en ello hasta convertirlo en el lugar donde quiere estar, el lugar donde obtiene sus más íntimas satisfacciones.

Esa película desnuda también algunos factores que lo caracterizan… y hay uno que merece ser destacado: cuando el mal alcanza su grado supremo, en el que las consecuencias para uno mismo carecen de la más mínima importancia, el único límite que tiene es lo que no alcance desde donde esté, porque a su alrededor todo puede ser objeto de destrucción, con mayor saña cuanto más bienintencionado, correcto e ingenuo sea lo que se le enfrente.

El mal se extiende hasta donde alcanza a ver… y por eso al primer postulado anterior es necesario añadir un segundo igual de importante: el mal debe ser combatido. Como en la Alemania nazi, como en otros fenómenos de terror que desgraciadamente nos han rodeado demasiados años, mirar para otro lado solo alimenta a la bestia, convencerse de que “no va conmigo” solo ayuda a que se extienda hasta que llegue el turno, y discutir sobre el sexo de los ángeles en el territorio del bien solo es campo de cultivo convertido en filosofía barata con la que el mal se fuma sus canutos.

Hay que ir a la semántica de la palabra terrorismo: se trata de infundir terror. Y cuando los atentados son indiscriminados, se trata de provocar el terror en la población en general, en usted, en mi, en todos nosotros… ¿Y para qué creen que se hace? Pues, mis estimados lectores… sencillamente para influir.

Para influir en las instituciones que se supone representan a quienes atacan, para influir en las decisiones de sus estados, para influir en la opinión de sus ciudadanos, para influir en su modo de vida, en sus leyes, en sus normas de convivencia y en su esquema de valores, para que quienes les estuvieran combatiendo se replieguen por miedo a las consecuencias no solo externas sino fundamentalmente internas… y ellos consigan expandir el poder que germina de su maldad.

¿Y de qué hablamos cuando hablamos de influir? Pues de comunicación. “Comunicar es influir” es una de mis frases favoritas desde que la escuché a Pablo Gonzalo. Si no lo entienden, en mi opinión les falta aún camino por recorrer en esta materia, siento ser tan tajante…

Para sembrar terror, toda acción es inútil sin comunicación: si el neutralizador para borrar la memoria de ‘Men in Black‘ pudiera existir y ser usado sobre grandes colectivos civiles, ningún movimiento terrorista utilizaría el atentado indiscriminado como arma, porque perdería todo valor. Por el contrario, centraría exclusivamente su acción en la amenaza directa a los decisores del estado… y lo debería hacer individuo a individuo…

En cualquier caso, creo que coincidirán conmigo que sin neutralizadores esto es simplemente imposible 😉 … y que incluso si existieran sería ilícito usarlos porque parte de la libertad consiste en el derecho a conocer la verdad.

Eso nos coloca directamente como observadores de cómo actúan los medios de comunicación ante un acto terrorista, en especial si se trata de un acto especialmente violento e indiscriminado. Y en el mundo en que vivimos… casi que en todos nosotros como “agentes de comunicación”, porque la ya omnipresente presencia de internet nos habilita como tales.

¿Deben publicar los medios de comunicación imágenes explícitas de las consecuencias violentas de un atentado terrorista? ¿Deben mostrar muertos y heridos, cuando éstos se produzcan? ¿Deben hacerlo en la inmediatez de los hechos? ¿Debe hacerlo cualquiera que tenga la posibilidad de obtener una imagen? Las preguntas han estado presentes entre ciudadanos, profesionales de la comunicación, psicólogos… y la crítica ha sido con frecuencia feroz contra los medios que las han mostrado, muchas veces generalizada y no razonada, otras tendenciosamente focalizada hacia unos y no hacia otros, o incluso extendida con fiereza a quienes se esforzaron por razonar y justificar una posición favorable a su difusión, aunque fuera con condiciones.

Mi impresión (no sé si la suya, amables lectores) es que, aun admitiendo que se han cometido algunos excesos, de nuevo se ha abierto un episodio de caza de brujas en este terreno, otro ejercicio hipócrita más de eso que convenimos en llamar “matar al mensajero”.

Yo creo que es absolutamente imprescindible ofrecer esas imágenes. Como es necesario ver las consecuencias de Abu Ghraib, o como es vital mostrar la cara de una mujer víctima de la violencia machista a la que le acaban de hinchar el ojo y reventar el labio de una paliza.

El terror utiliza con maestría nuestra obligación y derecho de comunicar la realidad… así que no podemos renunciar a esa batalla que es clave en su estrategia: tenemos que utilizar ese mismo derecho al menos con la misma inteligencia, para que la sociedad no esconda la cabeza en el “de momento no me ha tocado a mí”, para que interiorice la necesidad de asumir los riesgos de enfrentarse abiertamente a una lacra como esa, para que diez días después no volvamos todos a nuestra cómoda-aunque-compleja vida como si los responsables de atajar el problema fueran solo aquéllos a quienes pagamos.

Claro que tiene que haber límites. Como en todo en la vida. Y reglas de actuación: recordemos que se trata de actuar con inteligencia… y eso exige control y consensos sobre el método.

Los límites en la prensa

Hablando en primer lugar de los medios de comunicación formalmente establecidos, los límites a definir pueden tan simples como los siguientes:

  • Las fotografías no deben mostrar imágenes de personas heridas o fallecidas de modo que puedan ser reconocibles por familiares o amigos, hasta que las familias de los afectados no hayan recibido la correspondiente comunicación. Pero eso no impide publicar con inmediatez imágenes que reflejen la cruda realidad de lo que está ocurriendo… una vez convenientemente tratadas. Es muy fácil y no requiere más que un sencillo trabajo técnico al alcance de cualquiera.
  • Al menos en un atentado indiscriminado, en ningún caso debe identificarse con su nombre una imagen tomada de una víctima en el mismo lugar de los hechos (o posibilitar que sea identificable), salvo que se obtenga el permiso previo de sus familiares más directos.
  • Las fotografías no deben mostrar detalles de un dispositivo policial establecido mientras ese dispositivo policial esté en marcha. Ni de vehículos ni de agentes.. y en este caso, ni de textos explicativos o indicativos de posición. Les parecerá de perogrullo… pero la solución a este punto, cuando se da un caso concreto, no es tan sencilla como en el caso anterior, créanme, porque la valoración no depende muchas veces del criterio del periodista, al que le pueden faltar datos para establecer un juicio. Por supuesto que nunca deben mostrarse rostros de miembros de fuerzas de seguridad.
  • Las informaciones obtenidas en la inmediatez de los hechos deben proceder exclusivamente de fuentes directas u oficiales para aceptar su difusión. Las informaciones (incluidas imágenes) de sospechosos o domicilios potencialmente implicados, deben proceder siempre de una fuente confirmada.

Déjenme poner un ejemplo de libro que no implica directamente a personas concretas: la divulgación en toda la prensa de la noticia de que uno o dos terroristas se habían atrincherado, con rehenes, en un restaurante turco de Barcelona (del que se dio nombre e incluso fotografía de la fachada), poco después del atentado en las Ramblas. Era una noticia falsa que nadie verificó con los medios policiales u oficiales… pero todos la dieron, incluso con variantes. Y aun suponiendo que hubiera sido cierta… ¿de qué habría servido darla? ¿Habría ayudado a la acción policial que hipotéticamente se estuviera desarrollando? ¿Habría protegido la vida de personas? No, no y no, ¿verdad? ¿Y entonces…?

Creo que, en una crisis como la producida por un atentado de gran impacto humano, social y mediático como los de estos días, debería haber un “comité de comunicación de crisis” con participación de policías, administración y medios de comunicación, que validara las informaciones que cada medio difundiera en tiempo real. Bien realizado… podría incluso garantizar las exclusivas periodísticas y tan solo retrasar su publicación solo unos breves minutos, ¿no creen? Y sobre todo… favorecería extraordinariamente (creo) la labor policial y conduciría la colaboración ciudadana en la forma más segura y eficiente posible.

Los límites en nosotros

Queda por definir qué hacer con los comunicadores no profesionales, es decir… cualquiera de nosotros con un móvil en la mano. Internet nos permite ser generadores de contenidos o transmisores y difusores de información con un simple teléfono móvil y eso es… imposible de controlar. Pero no tiene por qué estar libre de crítica o de normas de uso social generalmente aceptadas: del mismo modo que casi todo el mundo sabe que escribir en mayúsculas en un chat es como gritar, ¿por qué no crear un manual de estilo o de uso para crisis con víctimas, que lo mismo pueda aplicarse a una masacre terrorista que a un terremoto o a unas graves inundaciones?

Y es que aquí soy mucho más crítico que con el papel de los medios de comunicación estructurados. Me repugna hasta la náusea el narcisismo de quienes apuntan su móvil a una desgracia humana como primera pulsión vital al verla, con el objetivo de mostrarla descarnadamente a los amigos, a los medios o al mundo, para decir simplemente “mirad lo que YO tengo” o “YO he estado ahí”.

Porque en estos casos es infinitamente más probable que se infrinjan los límites que a la actividad de la prensa impondría yo según el punto anterior. Es casi imposible evitar que imágenes en que víctimas fueran reconocibles, incluido niños, circulen por internet viralmente, imposibles de controlar, causando un daño adicional y totalmente evitable al daño ya causado.

La primera obligación de cualquier ciudadano testigo o implicado en un acto terrorista es proteger su propia vida; luego, avisar a los servicios sanitarios o las fuerzas policiales y colaborar después en las formas en que ellas demanden y, finalmente y solo después de lo anterior, ocuparse de atender a los afectados si se dispone de capacidades para ello.

Y nada más.

Debería por lo tanto establecerse también una especie de “código deontológico universal” por el que quienes obtengan imágenes en el momento de un ataque o en los momentos siguientes al mismo (sin poner en riesgo su vida ni la de otros), las subieran a una plataforma habilitada para ello y a disposición del mismo comité de comunicación anterior.

No es momento de ponerse medallas, sino de colaborar como ciudadano.

Y tranquilos los narcisistas… En realidad, cada imagen, cada grabación, quedaría liberada (todas ellas) solo unas horas o un par de días después, cuando ese comité considerara su divulgación ya inocua para la gestión del caso… y tendría así asegurado el reconocimiento público y universal de su propietario. Si se quiere, hasta en blockchain

Separar el mal y su origen

Espero que la inmensa mayoría de ustedes coincida conmigo en esto…

Por muchas imperfecciones que demuestre tener, en un estado democrático en el que ninguna opción ideológica o posición política es imposible (aunque a veces el camino para conseguirla sea extremadamente difícil), en el que cualquier opción ideológica o confesión tienen cabida (como parte de los derechos humanos, que siempre son individuales) y en el que leyes emanadas del entramado institucional (aun con defectos) establecen normas de convivencia básicas, ejercer la violencia contra las personas como arma para luchar contra ello es inmoral e indefendible.

Y en cualquier estado, del tipo que sea… ejercer la violencia indiscriminada contra personas de forma deliberada, para conseguir objetivos sean o no razonables o justos, es igualmente inmoral e indefendible.

Es instalarse en el mal.

Sin matices.

En mi opinión, todo asesinato es inmoral e indefendible en cualquier circunstancia, pero para lo que trato de exponer en este artículo, me quedaré con lo anterior.

Porque en todo caso, es necesario separar el mal de las causas que posiblemente (o no) provocaran su aparición, de las razones más o menos justas que potencialmente podrían (o no) justificar su existencia. Es necesario marcar una línea roja que ningún ser humano asuma que puede cruzar sin que el resto de la humanidad la combata masiva y comprometidamente sin admitir justificación alguna, ni siquiera el que otro “mal” pudiera ser el origen del suyo.

Eso fueron los derechos humanos, en el fondo: un compendio de líneas rojas públicamente reconocidas por la práctica totalidad de la especie humana. Sin matices.

Por eso existen los “crímenes contra la humanidad”.

Por eso existe el delito de “genocidio”.

Por eso, aun con sus innumerables imperfecciones y debilidades, existen tribunales internacionales con capacidad para juzgar y condenar a los culpables. Y por eso creo que una de las labores que nos corresponde como ciudadanos es exigir el reforzamiento y reconocimiento universal de los mismos.

No trato de dibujar un esquema maniqueísta de buenos y malos en el que, obviamente, nosotros seríamos los buenos. El control social de los gobernantes y de los actos de la administración y del estado debe ser intenso y tiene numerosas lagunas, algunas realmente graves… e incluso en ocasiones demasiado cercanas a una actitud criminal. Pero el terrorismo como praxis y el totalitarismo ideológico que SIEMPRE abraza son deleznables e indignos del ser humano, independientemente de su origen o de sus causas.

También sé distinguir entre adolescentes de 17 o de 20 años, maleables y manipulables desde la ideología o la fe, con las mismas herramientas que en el fondo utiliza cualquier secta… y quienes les llevan a la radicalización de sus comportamientos desde la plena consciencia de su madurez. O de cómo gestionar la lucha contra ello…

Pero no quería hablar hoy de eso.

Hoy solo quería hablar de comunicación… su principal arma de acción.

En resumen

El mal nos utiliza para vehicular nuestro terror como arma que fuerce nuestras decisiones colectivas. Usa nuestras angustiosas ansias de escapar de lo que nos atemoriza para provocar la tensión interna que nos desestabilice como sociedad. Es difícil cuestionar esto…

El miedo es un síntoma, una consecuencia emocional de lo que nos puede ocurrir en base a lo que ya ha ocurrido… y siempre es mucho más fácil ocultar los síntomas que corregir las causas. Como ciudadanos, combatir esta disociación sí es una obligación ineludible, porque lo contrario no es inane, no es inocente… ayuda al mal.

Y por eso creo imprescindible que lleguen a la sociedad las imágenes que muestran la crudeza de sus actos, porque las sociedades acomodadas tienden a esconderse de su responsabilidad, desde el no reconocimiento de que su ejercicio de la libertad es la víctima que un movimiento terrorista realmente busca, aprovechándose de la legítima cobardía que como individuos nos genera el miedo que provoca.

Porque como se reconoce universalmente en las más básicas y antiguas normas para una comunicación eficaz, no es lo mismo contar algo que mostrarlo…

No es la primera vez que hay un atentado indiscriminado y de gran magnitud en el entorno de Barcelona. Les recuerdo Hipercor, el Puerto Olímpico, Vic, Reus…

En 1991, ETA atentó con un coche bomba contra el cuartel de la Guardia Civil en Vic. Cuando hoy simplemente se incluye este atentado en una lista, ya no se cuenta que se hizo empujando el coche bomba hacia el patio interior donde jugaban las familias, haciéndolo estallar al llegar al centro del mismo… y que por tanto en él, además de numerosos heridos, entre los 9 muertos hubo 4 niñas de entre 7 y 14 años. Pero es cuando se muestran las imágenes cuando uno interioriza de verdad que aquello fue… una auténtica masacre.

Una matanza indiscriminada de consecuencias buscadas y deseadas, de las que sus autores fueron plenamente conscientes antes y en el mismo momento de activar la detonación.

Desde los dominios del mal.

Necesitamos ver. Incansablemente. Para distinguir. Para juzgar. Para actuar.

¿Hay alguien que pueda explicarme que hoy las cosas han cambiado?

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Vibraciones: “makers”

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Hace solo una semana se celebró en Zorrozaurre, en el Espacio Open de la Antigua Fábrica de Galletas de Artiach, la Bilbao Maker Faire. Casi 100 “inventores” se dieron cita en este evento anual (aquí aún no excesivamente popular), cuyo espíritu pueden percibir en los 2 minutos de este vídeo de A3media.

No pude esta vez acercarme personalmente, pero he recibido referencias que describen una “desahogada” asistencia de visitantes alrededor de una interesante atmósfera que solo podía percibirse allí… hasta el punto de recordarme algunos apuntes realizados en el marco de una reciente reflexión estratégica y de provocarme ganas de compartirlo aquí.

maker-fairelogo

La definición exacta de “makers” es un poco imprecisa, pero se puede pensar en ellos como “la generación web creando cosas físicas en lugar de sólo pixels en pantallas”. El Media Lab del MIT se refiere a ellos como personas que tratan a los átomos como a los bits, utilizando las poderosas herramientas de la industria del software para revolucionar la forma en que se hacen los objetos tangibles.

Lo que ahora llamamos el movimiento “maker”, es un término acuñado por Dale Dougherty, de O’Reilly Media. En 2005, este editor de tecnología hizo una apuesta en éste sentido no sólo con el lanzamiento de Make, una revista trimestral sobre proyectos “Do It Yourself” (DIY), sino también, en 2006, con una serie de Maker Faires en Estados Unidos que se convirtieron en las primeras exhibiciones para el movimiento emergente.

Una Maker Faire es una feria de inventores y creadores, un escaparate de invenciones, creatividad e ingenio pensado para todos los públicos, además de una celebración del movimiento maker. Es un lugar en el que la gente enseña al mundo sus creaciones y comparte su conocimiento con quienes quieren aprender, con el objetivo de divertir, informar y conectar a la gente de esta comunidad para que crezca.

Además de la feria original de San Mateo (California) se celebran otras 35 Maker Faires de alcance regional en el mundo (como la de Bilbao) y cerca de 200 Mini Maker Faires locales. Lo que empezó siendo en muchos lugares una especie de mercadillo tecnológico alimentado por frikis está alcanzando una dimensión y preparación que a veces abruma, como la feria de Londres (échenle un vistazo a las imágenes de pasadas Maker Faire UK)… o la de Shenzhen, ciudad que se ha convertido en su mayor escaparate mundial en el camino de transformarse en el “Silicon Valley” mundial del hardware (ver mapa), cuya mejor muestra puede ser el siguiente vídeo.

 

Voy a tratar de resumir a continuación, a lo largo de este artículo, varias lecturas que he realizado en los últimos meses sobre todo ello. Encontrarán fragmentos de textos, ordenados e ilustrados, sobre un fenómeno creciente en dimensión e importancia que bien podría ser uno de los pilares que nos sirva, como sociedad, para afrontar en condiciones este futuro incierto pero transformador que se avecina. Dejo en su mano, amables lectores, la valoración de hasta dónde consigo que esta síntesis tenga sentido propio o al menos obtenga el valor de su atención.

Entre los makers hay todo tipo de gente, con todo tipo de edades y orígenes: fans de la tecnología, artesanos, científicos o “inventores de garaje”. Sin embargo, lo que distingue a los makers contemporáneos de los inventores y de los artesanos de otras épocas, es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución. El software digital de gran alcance les permite diseñar, modelar, y dirigir sus creaciones, reduciendo al mismo tiempo la curva de aprendizaje para utilizar herramientas de tipo industrial de producción. Los makers tienen acceso a materiales sofisticados y piezas de máquinas de todo el mundo. Foros, redes sociales, listas de correo y sitios de publicación de vídeo les permiten formar comunidades y hacer preguntas, colaborar, compartir sus resultados, e iterar para alcanzar nuevos niveles de desempeño.

El movimiento maker ya no descansa más en el do-it-yourself… sino definitivamente en el do-it-together, como resaltan de manera muy simple los principios del “The Maker Movement Manifesto“, que se pueden sintetizar en cuatro ideas:

  1. “Making makes us human” (hacer nos hace humanos).
  2. “Do it together” (hazlo juntos).
  3. “Play, participate, support” (juega, participa, apoya).
  4. “Share your success, give back” (comparte tu éxito, devuelve… regala).

Los makers de hoy pueden crear hardware capaz de explorar las profundidades del océano, ir al espacio, y solucionar problemas críticos que antes eran del dominio de las grandes y bien financiadas organizaciones. Inventan nuevas soluciones, llevan innovaciones al mercado, y obtienen una perspectiva interesante a través de la ciencia ciudadana. Comparten, inspiran y motivan, y en el proceso, están transformando la educación, la economía y la ciencia.

Como veremos más adelante, alejados cada vez más de la artesanía y el hobby, están pasando de ser una actividad de ocio en un garaje, a una auténtica nueva fuerza económica.

¿Sorprendidos? ¿Incrédulos? Acompáñenme hasta el final…

He tratado de reflejar en la siguiente imagen los ingredientes que configuran el fenómeno maker, ingredientes que iré desgranando y completando a continuación.

makers-resumen

Comencemos por decir que, siendo heredero del DIY, añade dos elementos fundamentales que lo caracterizan como movimiento:

  • La tecnología, donde el “open source” es la clave de acceso.
  • La conectividad, o facilitar y promover que el conocimiento fluya y esté disponible para construir sobre él.

makers-opensourceEl hardware de código abierto (“open source”), consiste en artefactos físicos derivados de  tecnología diseñada y ofrecida por el movimiento de diseño abierto, entendiendo que el software y el hardware de código abierto se aplican tanto al concepto como a los componentes físicos.

Por lo general, el término implica que la información sobre un hardware se entrega fácilmente accesible para que otros puedan “hacerlo”, lo que lo une estrechamente al movimiento maker.

El diseño del hardware (es decir, dibujos mecánicos, esquemas, listas de materiales, datos de diseño, el código fuente o los datos de trazado de un circuito integrado), además del software que gestiona el hardware, están liberados de forma gratuita o uso libre. Para muchos, el término “libre” hace referencia al hecho de adquirir un software, por ejemplo, de manera gratuita… pero más que eso, la libertad se refiere al poder modificar la fuente del programa sin restricciones de licencia.

Aunque a algunos aún les sorprenda y no nos detengamos hoy en ello, en la actualidad existe evidencia significativa de que el open source puede generar un alto retorno de la inversión.

Las posibilidades son enormes… y sorprendentes. Si no conocen OSVehicle, piérdanse un rato disfrutando del Tabby EVO.

Y luego dejen de imaginar, que hay que seguir leyendo… 😉

makers-makerplaces

Una de las señas de identidad de los makers es el espacio compartido, con recursos de cuyo uso pueden disponer. Un “makerspace” es un lugar en el que un maker puede crear objetos o artefactos haciendo uso de las herramientas que se encuentran disponibles para él en los diferentes talleres que lo conforman.

Un maker puede disponer ahí de equipos como impresoras para fabricación aditiva, cortadoras láser, máquinas CNC, máquinas de soldar y hasta máquinas de coser, pero también puede ser que todo ese equipamiento o parte de él no exista en un makerspace determinado, porque se trata más de facilitar la mentalidad de crear algo desde cero… y para eso a veces basta con medios mucho más rudimentarios, o centrarse en apoyar el emprendimiento (por ejemplo mediante el prototipado), constituyéndose en un espacio desde el que se facilita la incubación y aceleración de startups.

Herederos de los hackerspaces y de la ética hacker, lo que sí es inherente a un makerspace es que se compartan conocimientos y experiencias entre makers, algo sobre lo que profundizaré más adelante.

Los makers pueden apoyarse también en los FabLabs, talleres makerspace de fabricación digital auspiciados por el MIT, que forman ya una enorme red en la que es factible producir casi cualquier producto único. El mapa de los FabLab existentes en el mundo es ya impresionante, con miles en todo el planeta o más de 100 solo en Alemania o de 200 en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos.

makers-stem

Los makerspaces también ayudan a prepararse a quienes necesitan competencias que se asumen van a ser críticas en el siglo XXI, en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Hablamos de STEM, acrónimo formado por dichos campos en inglés (science, technology, engineering and mathematics), cuyo aprendizaje continuo se facilita con frecuencia a través del desarrollo de las habilidades necesarias para resolver problemas que requieren integrar electrónica, modelado 3D, programación de código… pero también por ejemplo trabajado de la madera.

El movimiento maker proclama que la educación STEM contribuye a conseguir una mayor competitividad y por consiguiente que ayudará en el futuro a conseguir una mayor prosperidad económica, constituyéndose como claro índice de la capacidad de un país para mantener un crecimiento sostenido.

No se confundan… También conocido por acrónimos como MINT (en alemán), CTIM (en castellano, en parte de Latinoamérica) o STEAM (incorporando la “A” de “arts” para indroducir las disciplinas del diseño y las artes), hablamos de un aprendizaje continuo desde la experimentación integrada, que está al margen y es posterior a la fase de estudios académicos: un proceso de formación permanente análogo al que los buenos médicos practican a lo largo de toda su vida.

Para que se hagan una idea de la importancia que está cobrando en otras sociedades, en varios estados de los Estados Unidos existen políticas públicas de promoción de actividades STEM. En concreto, a principios de este mismo año:

  • 13 estados habían aprobado legislación específica para favorecer el aprendizaje post-académico.
  • 22 estados destinaban fondos a promoverlo.
  • 34 estados estaban trabajando en iniciativas de mejora de la calidad del mismo.

makers-plataformas

Como avanzábamos al comienzo del post, el elemento diferencial del movimiento maker en su capacidad de impactar en los movimientos económicos de la sociedad es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución.

Los canales se multiplican y diversifican, cubriendo toda la cadena de valor:

  • Plataformas de crowdfunding para financiar el nacimiento o el desarrollo de una idea, como Kickstarter, quizá la más famosa de ellas, que en solo 7 años de vida ha conseguido que 11 millones de personas contribuyan con 2.400 millones de dólares y, lo más importante en mi opinión… ¡apoyando la realización de más de 100.000 proyectos!
  • Plataformas de aprendizaje donde se comparte conocimiento, como la impresionante Instructables, un lugar donde publicar, documentar en detalle y compartir proyectos libremente, que en 2015 recibía más de 100.000 nuevas aportaciones de makers… y lograba nada menos que 30 millones de visitantes únicos a sus contenidos.
  • Plataformas para fabricar productos únicos o de serie corta y media, que permiten subcontratar la fabricación de un diseño con garantías de calidad (muchas veces desde la fabricación aditiva y equipos robotizados especializados), como Shapeways o Ponoko, entre otras muchas.
  • Empresas de manufacturing services, con fuerte implantación en China, que permiten gestionar online la subcontratación de la producción de grandes series de un producto (varios cientos de miles de unidades si se desea) a empresas especializadas en fabricación, sin interés alguno por la propiedad intelectual del producto hasta el punto de que se ofrecen a colaborar en su desarrollo a cambio de garantizarles el contrato de fabricación. Son numerosas. Dos ejemplos: Titoma o Iti Manufacturing.
  • Plataformas para comercializar los diseños hacia fabricantes o usuarios, como la interesantísima iniciativa europea Kazzata, que se propone disrumpir los mercados de repuestos, ofreciendo almacenamiento y descarga controlada de los diseños CAD para que cualquiera que lo desee pueda adquirirlos e imprimirlos en una impresora 3D en cualquier lugar del mundo, resolviendo así mismo la problemática de componentes raros y obsoletos.
  • Plataformas dedicadas a comercializar los productos, como Etsy o The Grommet. El éxito de Etsy es paradigmático: dedicada al vertical de artículos textiles, complementos y hogar, ha superado los 50 millones de usuarios registrados y alcanzó en 2015… ¡casi 2.000 millones de dólares en ventas!

La magnitud de este movimiento económico está teniendo además efectos inesperados: empieza a haber grandes tiendas offline y cadenas de retail especializadas que reservan espacios importantes para la comercialización de productos lanzados desde startups conectadas al movimiento maker. Un ejemplo reciente es el de las tiendas de la cadena norteamericana RadioShack de material electrónico, que ha identificado un espacio en sus más de 2.000 almacenes para productos fabricados por startups seleccionadas, permitiendoles el envío de  material directamente a las tiendas para evitar costes de distribución y almacenamiento.

En cifras… les invito a echar un vistazo a la siguiente infografía con datos recogidos hasta mediados de 2014, no sin advertir previamente que en sus números se incluyen artesanos y aficionados, a pesar de lo cual su dimensión es lo suficientemente grande como para que, dividida si quieren por dos o por tres… nadie se la tome a broma.

makers-infografia

En resumen, el movimiento maker está creciendo aceleradamente en el mundo porque dispone de un ecosistema de soluciones tecnológicas y de red que lo hace posible:

  • Herramientas de diseño y fabricación “de escritorio”: impresoras 3D, cortadoras láser, escáneres 3D y software CAD, disponibles en tamaño personal y a precios asequibles.
  • Medios digitales colaborativos de diseño, disponibilidad de recursos y financiación: innovación colaborativa, open source y apoyo en el resto de las fuerzas sociales en línea (el crowdfunding permite utilizar la red para recaudar dinero y los talleres alrededor del mundo ahora están conectados).
  • Fábrica de alquiler (manufacturing services): oferta de fabricación aditiva para lotes pequeños, o empresas especializadas en grandes series que incluso te ayudan con el diseño pero no quieren su propiedad.

makers-cerca

El movimiento maker está muy cerca de nosotros, en todas nuestras ciudades, con mayor o menos intensidad, con iniciativas embrionarias o ya camino de consolidarse. Pueden acercarse y hablar con ellos como primer paso, o asistir a una de las Maker Faire (en formato completo o mini) que se celebre en su proximidad.

Aunque transversal, es un movimiento de perfil urbano, que permite el retorno de la fábrica a la ciudad y que puede ofrecer una actividad productiva eficiente y sostenible.

Si les apetece aprender más y estar al día de lo que sucede, les recomiendo suscribirse al blog Makezine, al de The Grommet o al universo mexicano de hacedores.com y las comunidades de su makerspace.

Para terminar, les invito a ver un último vídeo. Es un vídeo imprescindible, no se lo pueden perder. Habla de lo que está sucediendo en el interior de unos almacenes ubicados en el embarcadero nº 9 de la bahía de San Francisco. Pier 9 es una iniciativa de una empresa que enseguida descubrirán y el desafío que les propongo a todos, mis estimados lectores, es intuir cuál creen que es es el propósito que la lleva a hacer algo así.

Si se atreven a compartirlo más abajo, en los comentarios, podremos conversar sobre ello… 🙂

Cierro con algunas preguntas al aire y un recordatorio en forma de imagen:

  • ¿Puede ser el movimiento maker la vía para sembrar de innovación industrial y de producto nuestro territorio?
  • ¿Puede ser el camino para generar y consolidar talento industrial innovador, en un mundo que se va a ver sacudido por las tecnologías de fabricación avanzada o manufacturing 4.0?
  • ¿No debería ser MONDRAGON, con su integración profesional, su universidad y sus centros tecnológicos, un referente de todo ello para el mundo?
  • ¿No debería, en consecuencia y por ejemplo, promoverse un ambicioso proyecto equivalente al Pier 9 en nuestro entorno, entre otras iniciativas?

Recuerden… 😉makers-weall

Reflexiones: innovación empresarial hacia modelos sostenibles / (4) Recursos como procomún

procomún oma

La cuarta y última propuesta abierta sobre innovación y sostenibilidad empresarial (habrá un capítulo adicional, pero sobre ideas concretas para empezar) aborda un territorio de mayor abstracción… y también de mayor novedad conceptual que los anteriores.

Todo comienza por interiorizar que la naturaleza, el planeta entero y el universo conocido constituyen el más gigantesco procomún que el ser humano puede reclamar como tal.  Y sin embargo, el procomún, parte esencial de las viejas comunidades rurales, ha desaparecido de nuestras preocupaciones.

Pero existe o lo podemos concebir… y aprovechar.

En el procomún podemos incluir una gran diversidad de bienes naturales, culturales o sociales, tangibles o intangibles, como la biodiversidad, las semillas, el aire, el folclore, el agua potable, el genoma, el espacio público… ¿e incluso ya internet? Bienes que muchas veces sólo percibimos cuando están amenazados o en peligro de desaparición o privatización. El procomún solo puede gestionarse desde comunidades de confianza.

La actividad económica de las empresas orientada a la producción directa o indirecta de bienes para el consumo tiene una responsabilidad fundamental en la degradación del ecosistema del que los humanos formamos parte y por consiguiente, ¿no deberíamos en las empresas ser más conscientes de qué compone hoy en día el procomún en nuestras sociedades?; ¿no deberíamos construir procomún, en especial intangible, para el desarrollo de la comunidad?:

  • Desde el profesional: el conocimiento que cada uno acumulamos fruto de nuestra experiencia nos pertenece. Sin ser desleales con nuestras empresas, ¿no es un capital gigantesco (no consumible cuando se comparte o transmite) que se podría explotar fuera de las mismas solo con la voluntad de hacerlo?
  • Desde la empresa: nuestras ingenierías, nuestro conocimiento del mercado, nuestras competencias técnicas… ¿no sería posible, con restricciones de contenidos y tiempos si se quiere, cederlas al servicio de emprendedores, aprendices, necesidades sociales y en definitiva comunidad?
  • En definitiva, que si en las comunidades rurales, el procomún se reconocía entre “autónomos”, ¿cabe pensar en un procomún entre empresas? ¿Existe ya? ¿Se puede y se debe enriquecer?

La idea de un procomún ligado a un ecosistema empresarial (un procomún de empresas, que no empresas del procomún), debería conectar muy bien con una realidad como MONDRAGON, tan presente en mi vida profesional, pero se puede extender a clusters y asociaciones con facilidad… si se desea hacerlo.

Por fin algo innovador, ¿no? 😉

¿Alguien que estire de este hilo y le vaya dotando de cuerpo unas líneas más abajo? Sería muy bienvenido… 🙂

Reflexiones: el verdadero soporte de lo sostenible

Hace ya muchos meses, seguro que más que una docena, Manel Muntada dejaba escrito en un comentario que “el mundo actual no está hecho para disfrutarse enredándose en sus matices sino para consumirse en grandes cantidades, con rapidez y en envases reciclables”.

Pues esa frase es toda una verdad… pero es una lástima.

Y es que nos toca vivir una época en la que todo parece pervertirse y solo encuentra enfrente rancio populismo disfrazado.

Cola CaoHasta el concepto reciclable me empieza a parecer algo que esconde falsedad. Recuerdo aún las cajas metálicas de Cola Cao de cuando era niño. Son también reciclables, como las de plástico o cartón actuales, pero eso entonces no importaba… y realmente hoy no importaría. Porque aún conservo y uso un par de cajas de aquéllas casi en perfecto estado… y han pasado más de 40 años. Nada es más sostenible que eso, ni lo reciclado.

Me recuerda esta historia personal a otra que corrió por las redes también hace un tiempo: un análisis de una consultora norteamericana (creo recordar) que aseveraba que el Hummer, un mastodonte que fabricaba hasta hace 4 años GM y que consumía entre 15 y 20 litros de gasolina cada 100 km, era más sostenible que un Toyota Prius híbrido.

La afirmación se basaba entre otras cosas en que consideraba que todo Hummer encontraba un dueño como vehículo de segunda mano y tenía con él una segunda y larga vida (y a veces una tercera y una cuarta…), mientras que nadie en USA tenía la más mínima intención de adquirir un Prius de segunda mano.

Yo digo que ambas historias merecen pararse a pensar unos minutos sobre ello.

Y hay más…

Muchas de nuestras ciudades se han ido llenando de nuevos tranvías, que llevan consigo las etiquetas de vehículo eléctrico y transporte público, o sea, el paradigma de la sostenibilidad en el transporte urbano (incluso en comparación con los metros suburbanos, cuestionados por el coste de construcción de sus infraestructuras y por añadidura de su rentabilidad social).

Hummer-Prius plusPues déjenme decirles que los tranvías, desde mi punto de vista, son en la mayoría de los casos un transporte muy poco “sostenible”: ¿cuántas horas de cada día circulan, por el bien de la disponibilidad mínima que todos exigimos en cuanto a frecuencias de paso, casi vacíos o con una ocupación escandalosamente baja?

¿Qué coste unitario tiene transportar a 3, 5 o 10 personas en un vehículo de 40 toneladas de peso? Porque es una escena que, al menos en Bilbao (y sospecho que no es una excepción), cualquiera puede observar cualquier día…

Y no es el peor o el único ejemplo, claro… En Gipuzkoa, la Diputación impulsa un sistema coordinado de transporte por carretera mediante autobuses operados por diversas compañías afiliadas, bajo la denominación y la marca compartida de Lurraldebus.

El proyecto incluye tarjeta única de transporte, descuentos por uso, monitorización para la optimización del servicio… en definitiva, una magnífica idea. Pero, al igual que en el caso del tranvía, es frecuente ver autobuses que desplazan a un número muy reducido de personas e incluso (aunque lo consideren una anécdota, de verdad que no es demasiado raro a determinadas horas del día) a una única persona. La estampa da incluso un poco de pena, porque de nuevo muestra con claridad un servicio público de transporte de pasajeros en una de las formas menos sostenibles que cualquiera pudiera imaginar. Más sostenible… y a lo mejor más barato… había salido pagarle al viajero un taxi… 😉

Son solo dos ejemplos de un fenómeno, el de la noción de lo sostenible, que se ha impregnado en nuestras conversaciones entre tópicos que hemos acabado por hacer nuestros sin cuestionarlos en profundidad. Simplemente… hemos tomado posición desde el rechazo a lo contrario y como alternativa que se pone a mano.

O sea, nada nuevo: lo mismo que ha sucedido con casi todos los temas que son objeto de evaluación, valoración y conversación social. Desde la educación hasta la familia. Desde la política hasta el deporte. Desde la solidaridad hasta la justicia. Desde el cine hasta la religión.

La decepción para con comportamientos humanos vergonzosos e indignos no nos ha llevado a analizar la naturaleza humana (una vez más en la historia) y a entender sus consecuencias para saber qué se debe hacer, sino al maniqueísmo del “nosotros y ellos”… y a posicionarnos, en ese esquema, arrastrados por constructos colectivos que no son sino el producto de la misma labor táctica y estratégica de partes del mismo sistema… que simplemente no ocupan el poder.

Me estoy yendo un poco por las ramas, pero no demasiado, porque necesitamos recuperar cierto pensamiento científico en nuestros juicios (y obviamente, no me refiero, queridos lectores, a que necesitemos que los científicos piensen, jeje…). Necesitamos recuperar el pensamiento crítico individual, dejar de ser “seguidores”.

Y me da igual decir seguidores del poder o de lo contrario, porque no tengo duda de que todos los movimientos sociales que hoy nos permiten pensar que estamos cambiando el mundo, están impulsados y conducidos (si no al principio, siempre con el tiempo) por tácticas y estrategias promovidas por grupos políticos, sociales e incluso económicos situados en los bordes del sistema. Porque todo pertenece al sistema, aunque no lo veamos.

Es más, cada día estoy más convencido de una frase de un “maestro” que decía que no se puede no estar en el sistema… 😉

Conecto ahora la realidad socio-política y la noción de sostenibilidad. En una curiosa carta abierta nada menos que a Felipe VI, Juanjo Brizuela recordaba estos días que “Si algo ha avanzado la sociedad, aunque no lo parezca, es en el valor de las personas por encima del de las instituciones, por mucho que éstas tengan una dimensión considerable. (…) Ahora es mucho más fácil expresarse (…) que antes, ahora la gente al poderse conectar entre sí, se articula y se estructura como prefiere y, no sólo eso, sino que además su día a día es tan importante que todo aquello que apalanque su actividad y le mejore su visión de la vida, lo pondrá en valor. Y si no lo hace, entonces lo va perdiendo. Pasa a ser olvidado y si se insiste hasta menospreciado“.

Detrás de estas frases, como de otras muchas, está el fenómeno social provocado por la eclosión de la red. Pero la gran belleza de internet como red, para mí, es su carácter desarticulado, lo que permite que en cada momento, ante cada acontecimiento, frente a cada propuesta, uno pueda decidir estar o no estar, mostrarse o esconderse, contradecirse y no alinearse… o lo contrario.

La lucha por la neutralidad de la red no es sino un ejercicio colectivo orientado a que esa belleza sea sostenible. Tal y como la percibimos, es una pelea abierta, realizada desde la base de la ciudadanía, libre y comprometida… pero también fácil en sus dinámicas, porque se confabula contra el poder (en este caso el de las grandes operadoras de telecomunicaciones), que siempre es identificable con facilidad como el “poderoso enemigo común”.

15M collageMucho de eso impregnó también el nacimiento del movimiento del 15M, protagonizado por ciudadanos autoorganizados en busca de un futuro mejor.

Resultaba emocionante ver cómo se vigilaban y rechazaban las interferencias de ideologías y tendencias políticas, fueran de derechas, de izquierdas o de centro, nacionalistas o no; resultaba extraordinariamente vívido sentir a la sociedad despierta y abierta a ceder su capacidad y su tiempo para alcanzar acuerdos sobre mínimos higiénicos de democracia y ética pública y política; resultaba estimulante que las primeras ideas tuvieran el poder de conciliar la adscripción de amplísimas capas de ciudadanía, no solo de la participante sino también de la pasiva.

Luego empezó a derivar hacia otros territorios, porque el sistema… no solo contiene el poder visible, omnipresente, de su centro. También desde sus bordes se desarrolla poder. Con pocos medios, con pocos recursos, pero con personas dotadas de compromiso y determinación para conseguir que las cosas sucedan en el futuro de otra manera.

El fenómeno “Podemos” es por ello muy interesante, muy atractivo. Recoge el espíritu del 15M y lo lleva a la arena política: renuncia a privilegios y a financiar oscuros aparatos internos, se abre a la sociedad con procesos colaborativos y apuesta por la política como servicio, resolviendo un dilema que se había quedado, como muchas de las propuestas frescas de regeneración de la vida pública, en el cajón del olvido.

Pero ahora que cobra vida y adquiere poder formal, detrás de él ya no hay ciudadanos autoorganizados… sino “determinado tipo” de ciudadanos “autoorganizados”. Detrás de Podemos hay hoy ideología, lo suficientemente visible y condicionante como para que sea imposible que detrás de esa marca se vuelva a sentir cómoda la inmensidad de la marea ciudadana que se compadecía explícita o tácitamente con el nacimiento del 15M. Por su naturaleza, está condenado a ir perdiendo su capacidad de transversalidad.

No es una sorpresa esta lícita evolución de los acontecimientos, que conste. Es solo lo esperable. Alguna discusión, por ejemplo con Amalio Rey, ya mantuve colateralmente al respecto en su momento.

Y no se trata de tener o no razón, sino de entender la naturaleza de las cosas humanas y las claves de cómo tienden a conducirse de forma natural nuestros comportamientos colectivos.

O yo lo veo así, claro está… Es solo mi punto de vista.

No escucho a nadie desde hace mucho tiempo poner el acento en la independencia de los sistemas de control. Para mí es la gran clave de sostenibilidad de las sociedades sanas, de los sistemas éticos y hasta de los objetos que fabricamos. Solo así conseguiremos que las organizaciones que “toquen poder” alcancen en su actuación mínimos higiénicos de transparencia, de honestidad, de democracia interna y hasta de eficiencia operativa de forma sostenida. Solo así conseguiremos que las cosas que nos cuenten sean creíbles, que no nos desayunemos cada día descubriendo que algo que creíamos haber entendido y sobre lo que nos habíamos marcado una posición convencida… no era más que una capa exterior bien vestida de otra realidad que se nos escondía sencillamente porque entraba mal en el marketing del populismo.

Ya… que es aburrido… En estos tiempos líquidos, no está de moda.

Pero en mi opinión necesitamos recuperar confianza, en primer lugar, en mecanismos formales, transparentes e independientes de control del poder. La tan cacareada y sobada “regeneración democrática” ha de pasar inequívocamente por ahí. Es necesario restablecer mecanismos que nos permitan centrar nuestros juicios en afirmaciones… y por lo tanto en datos contrastables, que no sean discutidos en su valor, aunque lo sean en su interpretación. Y en la misma medida, necesitamos “medidores” confiables, construidos desde ese pensamiento científico que antes reclamaba, para formar nuestros juicios personales desde afirmaciones contrastables y no desde otros juicios potencialmente trufados de intereses no siempre visibles. Eso nos hace libres. Sostenidamente libres. 🙂

Al hilo de los párrafos de este post, aquí van algunas propuestas sanamente radicales, para que no me digan que me quedo en la queja, que  pueden hacerse incluso sin que al sistema le tiemblen las canillas:

  • Aumentar significativamente la independencia de los mecanismos de contrapoder de la sociedad: tribunales, comisiones nacionales, policías, intervención e inspección del estado, prensa… Con muy pocos cambios legales se puede hacer un camino enorme en este sentido. Y es que, por ejemplo, una justicia independiente es, incluso con leyes injustas, una garantía de libertad.
  • Destinar el dinero público para generar riqueza de dominio público: por ejemplo, eliminar de raíz las subvenciones a partidos, sindicatos, cultura del espectáculo, organizaciones empresariales, empresas, asociaciones… y transformarlas en compra pública innovadora, en capital riesgo o semilla, en participaciones societarias minoritarias para proyectos empresariales de innovación, diversificación, crecimiento o expansión, en participación en proyectos culturales, en proyectos de ayuda al desarrollo… Todo ello con objetivos definidos y retornos medibles de valor, tangible o intangible, para el procomún. ¿Por qué no financiar los partidos y sindicatos a través de una asignación presupuestaria limitada, que se distribuiría, como para la iglesia católica, en función de que la gente ponga o no una cruz en una casilla con siglas en su declaración de la renta? A mí lo de la iglesia me parece un método excelente de democratizar las asignaciones de dinero público para atender un servicio público… ¿por qué no se extiende la idea?
  • Volver a apostar con fuerza por los cuadros técnicos en la administración, revalorizarlos desde la incorporación por mérito y desde el prestigio social y dotarles de una voz que necesariamente deba ser escuchada y difundida abiertamente a la sociedad como soporte a la toma de decisiones. Es una forma de incorporar el pensamiento científico a la acción política y social para establecer, desde ahí, un armazón de datos confiables sobre los que nadie ose discutir (aunque quepa, como ya dije antes, interpretar), elaborados con perspectiva sistémica, que permitan sostener una visión creíble de cómo evolucionan los principales desafíos de nuestra sociedad. Consensos básicos en saber si avanzamos o retrocedemos, para centrar las discusiones no sobre ello sino sobre qué es lo mejor que deberíamos hacer.
  • Dignificar el trabajo como vía de transformación y crecimiento social y personal. Impulsar, incluso legalmente, el trabajo en red, el trabajo compartido, el trabajo colaborativo alrededor de proyectos de corto, medio o largo plazo. Favorecer el desarrollo personal mediante políticas activas de conciliación y flexibilización de los contratos laborales. Nada hay más barato y poderoso que invertir en capital humano, si al mismo tiempo se desbrozan caminos para que éste pueda elegir y crear.

Déjenme poner un ejemplo sobre la importancia de acordar una base de medidores sistémicos, de pensamiento científico aplicado a la vida cotidiana, para explicar su importancia. Volvamos para ello al tranvía, al transporte público en general y al asunto del Hummer y el Prius con que arrancaba este post. Seguramente la mayoría de ustedes, queridos lectores, estén familiarizados con las famosas estrellas EuroNCAP que califican comparativamente los niveles de seguridad pasiva y activa de los automóviles que existen en el mercado, con independencia de su marca.

Pues bien… En materia de sostenibilidad se ha alcanzado ya un cierto consenso sobre la forma de calcular y permanentemente adaptar el cálculo de la huella de carbono asociada a el ciclo completo de vida de un producto, desde la obtención de las materias primas hasta su procesado, comercialización, transporte, consumo de recursos derivado de su explotación o uso y finalmente su destrucción o reciclaje. Todo ello traducido a un único medidor, variable en el tiempo pero comparable.

¿Por qué no crear un EuroNCAP de la sostenibilidad en el transporte, basado en el cálculo de la huella de carbono a lo largo de todo el ciclo de vida de cada medio? Ahí queda la idea por si alguien quiere hacerse con ella.

Permitiría hablar con propiedad. No de si el Hummer es más o menos sostenible que un vehículo eléctrico como el Prius, sin en qué circunstancias… y cómo revertir esa paradoja si es que debe hacerse. No de que “transporte público + eléctrico = sostenible” y amén… sino de cuándo se puede afirmar esa ecuación y de cómo hacer que ocurra.

El “EuroNCAP de la sostenibilidad” sería un mecanismo de control independiente que nos permitiría adoptar decisiones sociales y políticas tomando en consideración el pensamiento científico… aunque luego otras necesidades sociales y de servicio público condicionaran esas decisiones hacia lugares diferentes, como es lógico. Pero sabiendo lo que hacemos, sin engañarnos como borregos.

La calificación de eficiencia energética hoy vigente para la comercialización de electrodomésticos o para edificios y viviendas opera una función similar. Las reglamentaciones técnicas también. Pero si exigiéramos que la huella de carbono de cada producto de consumo estuviera claramente visible en cada cosa que compramos, seguro que cambiábamos la forma en que gastamos en publicidad, en que envasamos, en que reciclamos… y hasta reduciríamos, sin duda, el volumen de basura que cada uno generamos en nuestra casa cada día. Y estoy por asegurar que hasta mejoraríamos nuestra competitividad, ¿no creen? ¿Nos ponemos a ello? 🙂

La sostenibilidad de los sistemas socio-políticos que hoy conocemos en Occidente también va a necesitar nuevos medidores fiables que nos permitan saber si avanzamos o retrocedemos en la construcción de una sociedad más libre y justa o si no. En cada momento.

Necesitaremos reforzar los mecanismos independientes de control del poder que habite el centro del sistema, para formar nuestro pensamiento crítico y que éste pueda ser libre. O eso… o el centro del sistema migrará a la periferia para dejarnos en un lugar diferente pero parecido.

Y si alguien piensa diferente… pues lo respeto, cómo no. Pero me van a disculpar que les diga que, incluso desde el egoísmo del poder, me parece una postura escasamente inteligente.

No es la primera vez que escribo sobre los efectos perversos que para el pensamiento crítico tiene el populismo o sobre la necesidad de actuar sobre la regulación del trabajo como eje de vertebración y transformación social. Dos de los hilos del post de hoy.

Y como es lógico, no se me escapa que nadie me va a hacer caso, jejeje…

Pero que conste por escrito. Derecho de ciudadano.

Porque la noción de Humanidad que reclamo (y que pongo en mayúsculas porque me refiero a la condición de humano y no al conjunto de humanos) está llena de matices. Y me da que son pequeños, lentos… y ni siquiera reciclables. 😉

Vibraciones: una conversación de chat

( Conversación con un amigo que comenzó explorando las posibilidades de quedar para tomar un par de cervezas, en el chat de Facebook. De ella pensé en sacar todo un post, pero finalmente se va a quedar en una transcripción literal, que nada es mejor que eso… 🙂 )Bauman-Beck

(PD: algo mal debemos haber hecho para que las cosas acaben así… 😉 )

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  • Echa un vistazo a esta actualización de Mikel Uriguen Inunziaga: Difícil de predecir… – CONSTRUYENDO CAPITAL HUMANO: El futuro de un mundo “líquido” ( http://kcy.me/ocir de kcy.me )

Sobre el futuro que nos toca.

Bauman y Beck son filósofos interesantes.

  • Llevo un par de años con Bauman hasta en la sopa. Un tipo muy interesante por los extractos y comentarios que leo, sí… Pero no he tenido tiempo (o ganas) de leerle personalmente para formarme mejor opinión.

Se alinea muy bien con lo que sentimos que pasa.

Aunque hay gente que sigue pensando que también hoy es más importante, a pesar de lo que parece, el ser que el fluir. Y que lo seguirá siendo.

La diferenciación consiste en ser, no en fluir… incluso en tiempos líquidos.

Quizás la multitud sí sea líquida… pero no sé si quien consigue diferenciarse lo es.

Voy a leer este artículo.

(…)

Está bien. Tengo que leer a Bauman, como te decía. Veremos cosas que no imaginamos. Normalmente ponemos la clave de la tecnología y olvidamos la organización social, que es más profunda… y puede que más peligrosa también.

  • Creo que la cosa está mas en el contexto social / estado, que en el propio individuo

Las personas somos y seremos.

Y tendremos que tener una actitud muy flexible, porque los estados no nos van a proteger / servir.

Y es que cada persona, cada grupito tendrá que procurarse su propia seguridad y futuro.

En un ambiente cambiante, incierto…

Es como regresar a la época de los cazadores / recolectores.

La naturaleza es caprichosa, pero las personas deben aprender a adaptarse a los ritmos de esa naturaleza.

  • Pues yo creo que el estado tendrá que reinventarse… porque me temo que lo vamos a necesitar.

Suena a no sé qué…

… pero…

… déjame decir…

… que el mal existe. Y existirá.

Y aprenderá a serlo en nuestro mundo líquido.

  • Sí. Él existe y existirá. Y seguirá siendo manipulador. También en un mundo líquido.

Pero las personas estaremos desprotegidas sin seguimos confiando en un estado poderoso y protector.

Tenemos que buscarnos la vida y disminuir nuestra dependencia hacia el estado y la sociedad.

Que aunque nos cueste mucho dinero, jamás nos protegerá, ni nos devolverá lo que pagamos por ello.

  • Eso lo tengo claro hace muchos años. llevo siglos diciendo que lo único que me interesa de los políticos es que no estorben demasiado… y que no tensionen hasta el límite el funcionamiento de la sociedad.

Pero la multitud, al contrario de lo que mucha gente interpreta sin profundizar, no es inteligente: inteligente es quien usa las inteligencias de la multitud.

  • En el fondo me recuerda mucho a las películas de Mad Max.

Una sociedad deshecha y pequeños grupos que tratan de organizarse. Y un individuo desconfiado que no es capaz de creer en esos modelos sociales que protegen a la tribu de los ataques externos a ellas… y cómo buscan la venida de un mesías…

  • Jo… esta conversación da para un post… Creo que lo haré… 😉

Vibraciones: el cierre de Google Reader, un golpe bajo en la empresa

Google RIPderHace ahora 10 días, el 13 de marzo, Google anunciaba el cierre de Google Reader. Requiescat in pace.

La noticia corría como un reguero de pólvora por los timelines de las redes sociales entre la sorpresa, el lamento o hasta la indignación de sus usuarios, en buena parte personas de perfil profesional avanzado que han hecho de la conectividad a la red un modo de estar y de trabajar.

Cuando uno se acerca por primera vez a un “agregador de feeds” descubre que una herramienta sencilla de verdad ofrece un servicio de productividad personal insustituible y un punto inimaginable en el que pivotar su entorno personalizado de aprendizaje. Una forma, además bastante libre, de ordenar nuestra atención sin someternos al dominio de lo que cada uno quiere mostrar, desde la selección trabajada de contenidos bien filtrados.

Muchos lo probamos hace años… e hicimos de los hilos RSS, ordenados de forma simple, una parte de nuestras vidas profesionales y personales. Y Google estaba ahí: en la magia de los modelos freemium basados en la entrega inconsciente de información y hábitos personales que conscientemente estabas dispuesto a abrir, en la ilusión sobre una empresa que aporta valor y desafía los modelos establecidos haciendo las cosas de otra forma.

No puedo cuestionar la decisión de Google. Ninguno podemos decir que no supiéramos que ese tipo de servicios no comprometen al prestador a su mantenimiento.

Tampoco voy a hacer un análisis sobre el futuro del RSS y el papel del que parecen querer retirarle muchos de los grandes de la red, ni voy a comentar plataformas alternativas que se estén posicionando para recibir a los expulsados del Reader, ni voy a centrar mi reflexión sobre el impacto que la decisión de Google pueda tener en mi propio PLE y el tiempo que me va a exigir migrar a otra herramienta que me haga sentir confortable. Sobre eso hay innumerables artículos ya escritos en estos días, sospecho que en todos y cada uno de los idiomas de este mundo. Y peticiones (yo ya he firmado) que igualmente se multiplican, para que Google dé marcha atrás en su decisión, que es lo que parece que no ocurrirá.

Este artículo es un lamento por el golpe que supone al trabajo que durante años venimos desarrollando muchos dentro de empresas tradicionales, por impulsar modelos de trabajo y de actividad profesional y empresarial más libres, más abiertos y más colaborativos.

Es un golpe duro y bajo (no puedo decir que ilegal, inmoral o sucio, pero solo porque sé que no es así) que ataca frontalmente a la confianza en que hay cosas que socialmente están cambiando en la noción del trabajo.

Hacer que las personas adopten herramientas de la web social desde dentro de las empresas tradicionales y con funcionamientos internos bien asentados en una tarea complicada y siempre de largo aliento.

Las barreras son culturales, de hábitos y comportamientos que cambian (y que cuando cambian, hacen visibles mayores necesidades de cambios en los propios procesos de gestión), de miedos (nadie se puede imaginar los miedos que despierta en una empresa asentada el concepto de empresa abierta, el poner en riesgo el culto a la protección del conocimiento, al secreto empresarial…) y de desconfianzas (a colocar mi conocimiento en “la nube”, en donde nadie sabe cómo se protege, quién lo controla o cómo garantizar que no desaparecerá sin más…).

Desde poner la foto en una intranet hasta abrir una cuenta en Google, trabajar en un Google Site o poder acceder a una red social sin barreras desde tu puesto de trabajo, cada paso a dar es un problema para muchas personas y una batalla a ganar por quienes tratamos de impulsarlo.

Reader ha estado en casi todas esas batallas. Es uno de los puntos claves por los que empezar, porque su utilidad es asombrosamente visible para la mayoría de las personas que se acercan por primera vez a conocerlo. Alrededor de un agregador de feeds se mueven los PLE (un paso trascendental para entender el trabajo conectado), las comunidades de vigilancia artesanales, la alimentación de comunidades de microblogging basadas en Twitter y Yammer…

De verdad que el cierre de Reader es un golpe bajo para todo ese esfuerzo: ¿cómo defender ahora la idoneidad de utilizar la plataforma de Google Sites para el funcionamiento de comunidades colaborativas… ante gente que para empezar a hablar demandaba disponer de backups automatizados de una wiki incluyendo los contenidos enlazados? ¿Cómo volver a explicar que la seguridad de la información es muy probablemente mayor en la nube que en cualquiera de nuestros servidores, aunque eso no sea lo relevante?

El mismo día en que se anunció el cierre estábamos formando internamente usuarios en Reader. ¡Y todavía podemos afirmar… que eran usuarios avanzados!

Nosotros sabemos que las herramientas van y vienen y estamos preparados para aceptarlo con un simple cabreo, pero para la confianza en ello de las organizaciones más clásicas y de las personas que en ellas trabajan, el mensaje es demoledor.

Ellos no son “beta-permanente”: necesitan caminar sobre mayor estabilidad hasta llegar al punto de considerar un cambio así parte del juego.

La verdad es que aún hoy, 10 días después… no sé muy bien cómo abordaremos esto. Tampoco sé si Google ha medido bien la consecuencia de dar carpetazo a una aplicación con un uso profesional muy relevante.

Lo que sí intuyo… es que tendrá consecuencias, sin saber cuáles, en la forma en que hemos venido contemplando esto de lo 2.0… y a Google en particular.

Y que no hay derecho. Aunque lo haya.

Vibraciones: ¿se van mis bloggers?

La mañana del sábado se ha despertado tan fría como los dos días precedentes. Bilbao se encoge bajo cero y se apresura en sus urgencias antes de esconderse de las nieves de la tarde.

Este salón de grandes ventanales, la verdad sea dicha, resulta poco acogedor en amaneceres así, después de que el cristal haya sido fuente de fuga térmica durante toda la noche.

Pero envuelto en una manta de sofá, me ha dado por repasar mi lista de blogs sindicados, que la verdad necesitaba un poco de atención después de la última puesta a punto de hace un año.

Últimamente tenía la sensación de que me resultaba más sencillo seguir las nuevas publicaciones en mi Google Reader, a pesar de que el tiempo que puedo dedicarle es mucho menor que años atrás. Y en efecto… el ritmo de publicación ha disminuido de forma significativa.

Mi propia cadencia ha descendido mucho desde aquel primer año donde casi cuento 50 artículos, hasta este último en que los 17 publicados apenas han dado para cubrir ese mínimo autoimpuesto de un post mensual. Pero hoy he visto que, de los aproximadamente 40 blogs que sigo sistemáticamente, en casi la mitad no había aún una actualización en lo que llevamos de año.

A ver… ¿cómo es eso? ¿Se me están fugando los bloggers este invierno, igual que el calor hogareño durante las noches? ¿Volverán, como vuelve el calor en verano?

Porque les adelanto que la mayoría son bitácoras de largo recorrido, con años de interesantes contenidos publicados y bloggers que han hecho de su presencia abierta una marca intransferible, muy personal.

Quizá tener un blog se parezca a un matrimonio en el que las pasiones evolucionan hacia amores más serenos… y que por tanto tenga los mismos riesgos de disfrutar de ello que de acabar convertido en una rutina de la que al final no quede nada más allá de un techo.

Pasear por muchos cascos históricos rehabilitados o bien conservados de nuestras ciudades es todo un espectáculo. Pero si se fijan bien, muchos están repletos de viviendas vacías y de lonjas dedicadas a servir como simple almacén para otro comercio.

En ambos, viviendas y locales cerrados, falta esa luz encendida cada día que simboliza la vida activa para  un barrio que sin ella envejece.

Pienso ahora en Twitter y veo que muchos amigos parecen haberse ido, que intuyo que no pagan ya los gastos de comunidad.

Y reparo también en que en muchos bares de LinkedIn hace tiempo que solo se pueden tomar unas cañas entre tópicas conversaciones de ascensor.

Conservar y cuidar a los amigos, sí, visitarles con frecuencia en casa, también (y espero que incluso con mayor intensidad), pero, aunque siempre da pereza ponerse a buscar piso… tal vez sea el momento de cambiar de barrio.