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Vibraciones: Javier Solana, MONDRAGON y Donald Trump

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Que Javier Solana tiene ya la suficiente edad como para estar definitivamente fuera del circo de la política activa lo dice la forma en que se refiere a Donald Trump de manera pública.

Quien aún asiste con asiduidad a las reuniones del Club Bilderberg y se jacta de haber borrado la palabra “no” del vocabulario de sus propias conversaciones y negociaciones con los mayores líderes mundiales (incluyendo algunos grandes dictadores, criminales de guerra y varios sátrapas) para alcanzar acuerdos “satisfactorios para todos”, no tiene empacho hoy en adornar abiertamente a Trump con los calificativos que libremente considera que merece.

El viernes pasado ofreció la conferencia principal de la edición de este año del internamente conocido como “Foro 400”, un acto de desarrollo directivo que anualmente congrega en el Kursaal de San Sebastián a un numeroso grupo de responsables de las cooperativas de MONDRAGON, centrado en esta ocasión en el concepto de intercooperación.

Quizá no haya sido ésta, a mi modo de ver, una de las más atractivas e importantes ediciones del Foro, pero sí dejó algunas pinceladas de interés que me apetece glosar, en particular de la intervención del propio Javier Solana.

Concretamente, dos de las gráficas que mostró en su presentación y que voy a compartir ahora aquí, añadiendo algunas de las cosas que sobre ellas Javier Solana dijo… y alguna de las que no dijo, pero digo yo… 😉

La primera gráfica, de hace ya cuatro años pero aún interesante, está extraída de los trabajos realizados por TeleGeography y glosada por The Economist. Se trata de la evolución del ancho de banda en uso de la red de cables submarinos en todo el mundo, en el periodo 1997-2012, desglosando los continentes o regiones mundiales a los que presta servicio.

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La lectura que de ella hizo Solana tiene que ver con el hecho de que las comunicaciones de alto nivel que trasladan información y conocimiento tienen su mayor demanda mundial en la conexión transatlántica, lo que es igual que decir (viendo la red de cables existente), básicamente entre Europa y Estados Unidos. Este flujo de información no es solo el más importante del mundo a nivel absoluto, sino que muestra un sólido crecimiento sostenido… en contraposición con la conexión transpacífica, la única cuyo crecimiento se muestra estancado en los últimos años.

La relevancia de Europa en este ámbito se refuerza aún más si consideramos que la franja de mayor crecimiento sostenido es ya la que corresponde a las conexiones entre Europa y Asia.

Dado que, si el gráfico hubiera mostrado el tráfico de mercancías, sería prácticamente lo contrario (entre Europa y Estados Unidos es ya casi testimonial), Solana concluía que aún Europa es protagonista de los flujos de información dominantes en el mundo… que el valor añadido más importante, el de la innovación y el conocimiento, aún radica en Occidente, a pesar de que la producción y el comercio de bienes estén definitivamente globalizados.

Lo que no hizo Solana es comentar otra derivada que bien podría extraerse de la misma gráfica: a poco que se fijen, advertirán también el sólido crecimiento de las comunicaciones intra-asiáticas, que suponen ya el segundo mayor bloque de comunicaciones del mundo, de igual dimensión a las transpacíficas… lo que bien puede interpretarse como un incremento imparable de la independencia de Asia frente a la hegemonía americana. Y también a esto podría sumarse el que la franja de mayor índice de crecimiento es la que conecta Europa y Asia, pero entendiéndolo en sentido contrario al que antes aparentaba, ¿no creen? 😉

Don Javier mostró otra gráfica que no es difícil encontrar en la red: la evolución comparada del PIB en PPP entre Estados Unidos y China. De ser la norteamericana 4 veces superior en 1996, a igualarse solo 8 años más tarde, en un fenómeno acelerado en unos 10 años al menos frente a las previsiones, como una de las consecuencias de la gran crisis que hemos sufrido.

No olviden este dato porque lo podrán conectar de inmediato, como un punto y seguido, con la gráfica que viene a continuación…

Extraído de una publicación de hace menos de un año del economista Branko Milanovich en el Harvard Business Review, se trata de un gráfico de barras que representa el incremento de los ingresos que ha tenido la población mundial en el periodo 1988-2008, 20 años en los que la globalización ha tomado carta de naturaleza. Cada barra representa el 5% de la población clasificada por riqueza, ordenada de menor a mayor. El 5% más rico, por lo tanto, estaría en el extremo derecho, pero como excepción y para tener una mayor comprensión de lo que los datos nos ofrecen, lo divide a su vez visualmente en dos segmentos: quienes están entre el 2 y el 5% más ricos… y finalmente solo quienes pertenecen al 1% de los más ricos.

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Javier Solana puso el acento de su comentario en resaltar la transferencia de riqueza de las clases medias de Occidente (Europa y Estados Unidos) hacia la emergente clase media asiática, que ha visto incrementar sus ingresos netos (en términos comparables y traducidos realmente en poder adquisitivo, pues de nuevo están medidos en “paridad de poder de compra” o PPP) en torno a un 70% en el periodo frente al casi nulo incremento en la occidental.

Y… tachááánnn… he aquí la razón de un Trump. Ahí están sus votantes.

Y los de los emergentes populismos europeos… “de derechas”, claro.

Solana centró también nuestra atención sobre el indudable hecho de que los otros grandes favorecidos de la globalización han sido y son quienes engordan ese 1% de más ricos del mundo… y clamó por cambios que permitieran que parte de esa riqueza se redistribuyera para compensar a las clases medias.

Únanlo a la reflexión que les pedí que se guardaran sobre la evolución comparada del PIB-PPP entre China y USA… y ya tenemos armazón dialéctico bien estructurado para explicarlo todo… 😉

Eso sí, de lo que no hizo mención alguna Solana es del impresionante incremento de la presión impositiva que en Occidente han soportado esas clases medias, obviando que la riqueza no se transfiere tan linealmente, sino que es una sustancial creación de la misma la que permite que el crecimiento se distribuya mucho mejor que cuando se reparte, viejo proverbio liberal en el que creo a pie juntillas…

Hay otra lectura gratificante a la que hizo mención de pasada, pero que es de resaltar: la reducción significativa de la pobreza en el mundo, a pesar de que la desigualdad (con ese incremento de riqueza de los más ricos… tan obsceno, no me interpreten mal) siga creciendo.

Branko Milanovic lo explica bien todo en su libro “Global Inequality – A New Approach for the Age of Globalization“, por si quieren profundizar en el asunto. Un breve vídeo que resume la interpretación del gráfico de una manera muy visual y divertida pueden encontrarlo aquí.

Esto es todo por hoy… salvo que quieran que conversemos sobre ello, en una tertulia que se puede abrir aquí mismo. Es solo un poco más abajo.

Vibraciones: “makers”

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Hace solo una semana se celebró en Zorrozaurre, en el Espacio Open de la Antigua Fábrica de Galletas de Artiach, la Bilbao Maker Faire. Casi 100 “inventores” se dieron cita en este evento anual (aquí aún no excesivamente popular), cuyo espíritu pueden percibir en los 2 minutos de este vídeo de A3media.

No pude esta vez acercarme personalmente, pero he recibido referencias que describen una “desahogada” asistencia de visitantes alrededor de una interesante atmósfera que solo podía percibirse allí… hasta el punto de recordarme algunos apuntes realizados en el marco de una reciente reflexión estratégica y de provocarme ganas de compartirlo aquí.

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La definición exacta de “makers” es un poco imprecisa, pero se puede pensar en ellos como “la generación web creando cosas físicas en lugar de sólo pixels en pantallas”. El Media Lab del MIT se refiere a ellos como personas que tratan a los átomos como a los bits, utilizando las poderosas herramientas de la industria del software para revolucionar la forma en que se hacen los objetos tangibles.

Lo que ahora llamamos el movimiento “maker”, es un término acuñado por Dale Dougherty, de O’Reilly Media. En 2005, este editor de tecnología hizo una apuesta en éste sentido no sólo con el lanzamiento de Make, una revista trimestral sobre proyectos “Do It Yourself” (DIY), sino también, en 2006, con una serie de Maker Faires en Estados Unidos que se convirtieron en las primeras exhibiciones para el movimiento emergente.

Una Maker Faire es una feria de inventores y creadores, un escaparate de invenciones, creatividad e ingenio pensado para todos los públicos, además de una celebración del movimiento maker. Es un lugar en el que la gente enseña al mundo sus creaciones y comparte su conocimiento con quienes quieren aprender, con el objetivo de divertir, informar y conectar a la gente de esta comunidad para que crezca.

Además de la feria original de San Mateo (California) se celebran otras 35 Maker Faires de alcance regional en el mundo (como la de Bilbao) y cerca de 200 Mini Maker Faires locales. Lo que empezó siendo en muchos lugares una especie de mercadillo tecnológico alimentado por frikis está alcanzando una dimensión y preparación que a veces abruma, como la feria de Londres (échenle un vistazo a las imágenes de pasadas Maker Faire UK)… o la de Shenzhen, ciudad que se ha convertido en su mayor escaparate mundial en el camino de transformarse en el “Silicon Valley” mundial del hardware (ver mapa), cuya mejor muestra puede ser el siguiente vídeo.

 

Voy a tratar de resumir a continuación, a lo largo de este artículo, varias lecturas que he realizado en los últimos meses sobre todo ello. Encontrarán fragmentos de textos, ordenados e ilustrados, sobre un fenómeno creciente en dimensión e importancia que bien podría ser uno de los pilares que nos sirva, como sociedad, para afrontar en condiciones este futuro incierto pero transformador que se avecina. Dejo en su mano, amables lectores, la valoración de hasta dónde consigo que esta síntesis tenga sentido propio o al menos obtenga el valor de su atención.

Entre los makers hay todo tipo de gente, con todo tipo de edades y orígenes: fans de la tecnología, artesanos, científicos o “inventores de garaje”. Sin embargo, lo que distingue a los makers contemporáneos de los inventores y de los artesanos de otras épocas, es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución. El software digital de gran alcance les permite diseñar, modelar, y dirigir sus creaciones, reduciendo al mismo tiempo la curva de aprendizaje para utilizar herramientas de tipo industrial de producción. Los makers tienen acceso a materiales sofisticados y piezas de máquinas de todo el mundo. Foros, redes sociales, listas de correo y sitios de publicación de vídeo les permiten formar comunidades y hacer preguntas, colaborar, compartir sus resultados, e iterar para alcanzar nuevos niveles de desempeño.

El movimiento maker ya no descansa más en el do-it-yourself… sino definitivamente en el do-it-together, como resaltan de manera muy simple los principios del “The Maker Movement Manifesto“, que se pueden sintetizar en cuatro ideas:

  1. “Making makes us human” (hacer nos hace humanos).
  2. “Do it together” (hazlo juntos).
  3. “Play, participate, support” (juega, participa, apoya).
  4. “Share your success, give back” (comparte tu éxito, devuelve… regala).

Los makers de hoy pueden crear hardware capaz de explorar las profundidades del océano, ir al espacio, y solucionar problemas críticos que antes eran del dominio de las grandes y bien financiadas organizaciones. Inventan nuevas soluciones, llevan innovaciones al mercado, y obtienen una perspectiva interesante a través de la ciencia ciudadana. Comparten, inspiran y motivan, y en el proceso, están transformando la educación, la economía y la ciencia.

Como veremos más adelante, alejados cada vez más de la artesanía y el hobby, están pasando de ser una actividad de ocio en un garaje, a una auténtica nueva fuerza económica.

¿Sorprendidos? ¿Incrédulos? Acompáñenme hasta el final…

He tratado de reflejar en la siguiente imagen los ingredientes que configuran el fenómeno maker, ingredientes que iré desgranando y completando a continuación.

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Comencemos por decir que, siendo heredero del DIY, añade dos elementos fundamentales que lo caracterizan como movimiento:

  • La tecnología, donde el “open source” es la clave de acceso.
  • La conectividad, o facilitar y promover que el conocimiento fluya y esté disponible para construir sobre él.

makers-opensourceEl hardware de código abierto (“open source”), consiste en artefactos físicos derivados de  tecnología diseñada y ofrecida por el movimiento de diseño abierto, entendiendo que el software y el hardware de código abierto se aplican tanto al concepto como a los componentes físicos.

Por lo general, el término implica que la información sobre un hardware se entrega fácilmente accesible para que otros puedan “hacerlo”, lo que lo une estrechamente al movimiento maker.

El diseño del hardware (es decir, dibujos mecánicos, esquemas, listas de materiales, datos de diseño, el código fuente o los datos de trazado de un circuito integrado), además del software que gestiona el hardware, están liberados de forma gratuita o uso libre. Para muchos, el término “libre” hace referencia al hecho de adquirir un software, por ejemplo, de manera gratuita… pero más que eso, la libertad se refiere al poder modificar la fuente del programa sin restricciones de licencia.

Aunque a algunos aún les sorprenda y no nos detengamos hoy en ello, en la actualidad existe evidencia significativa de que el open source puede generar un alto retorno de la inversión.

Las posibilidades son enormes… y sorprendentes. Si no conocen OSVehicle, piérdanse un rato disfrutando del Tabby EVO.

Y luego dejen de imaginar, que hay que seguir leyendo… 😉

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Una de las señas de identidad de los makers es el espacio compartido, con recursos de cuyo uso pueden disponer. Un “makerspace” es un lugar en el que un maker puede crear objetos o artefactos haciendo uso de las herramientas que se encuentran disponibles para él en los diferentes talleres que lo conforman.

Un maker puede disponer ahí de equipos como impresoras para fabricación aditiva, cortadoras láser, máquinas CNC, máquinas de soldar y hasta máquinas de coser, pero también puede ser que todo ese equipamiento o parte de él no exista en un makerspace determinado, porque se trata más de facilitar la mentalidad de crear algo desde cero… y para eso a veces basta con medios mucho más rudimentarios, o centrarse en apoyar el emprendimiento (por ejemplo mediante el prototipado), constituyéndose en un espacio desde el que se facilita la incubación y aceleración de startups.

Herederos de los hackerspaces y de la ética hacker, lo que sí es inherente a un makerspace es que se compartan conocimientos y experiencias entre makers, algo sobre lo que profundizaré más adelante.

Los makers pueden apoyarse también en los FabLabs, talleres makerspace de fabricación digital auspiciados por el MIT, que forman ya una enorme red en la que es factible producir casi cualquier producto único. El mapa de los FabLab existentes en el mundo es ya impresionante, con miles en todo el planeta o más de 100 solo en Alemania o de 200 en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos.

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Los makerspaces también ayudan a prepararse a quienes necesitan competencias que se asumen van a ser críticas en el siglo XXI, en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Hablamos de STEM, acrónimo formado por dichos campos en inglés (science, technology, engineering and mathematics), cuyo aprendizaje continuo se facilita con frecuencia a través del desarrollo de las habilidades necesarias para resolver problemas que requieren integrar electrónica, modelado 3D, programación de código… pero también por ejemplo trabajado de la madera.

El movimiento maker proclama que la educación STEM contribuye a conseguir una mayor competitividad y por consiguiente que ayudará en el futuro a conseguir una mayor prosperidad económica, constituyéndose como claro índice de la capacidad de un país para mantener un crecimiento sostenido.

No se confundan… También conocido por acrónimos como MINT (en alemán), CTIM (en castellano, en parte de Latinoamérica) o STEAM (incorporando la “A” de “arts” para indroducir las disciplinas del diseño y las artes), hablamos de un aprendizaje continuo desde la experimentación integrada, que está al margen y es posterior a la fase de estudios académicos: un proceso de formación permanente análogo al que los buenos médicos practican a lo largo de toda su vida.

Para que se hagan una idea de la importancia que está cobrando en otras sociedades, en varios estados de los Estados Unidos existen políticas públicas de promoción de actividades STEM. En concreto, a principios de este mismo año:

  • 13 estados habían aprobado legislación específica para favorecer el aprendizaje post-académico.
  • 22 estados destinaban fondos a promoverlo.
  • 34 estados estaban trabajando en iniciativas de mejora de la calidad del mismo.

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Como avanzábamos al comienzo del post, el elemento diferencial del movimiento maker en su capacidad de impactar en los movimientos económicos de la sociedad es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, como canal para conectarse y aprender y como medio de producción y distribución.

Los canales se multiplican y diversifican, cubriendo toda la cadena de valor:

  • Plataformas de crowdfunding para financiar el nacimiento o el desarrollo de una idea, como Kickstarter, quizá la más famosa de ellas, que en solo 7 años de vida ha conseguido que 11 millones de personas contribuyan con 2.400 millones de dólares y, lo más importante en mi opinión… ¡apoyando la realización de más de 100.000 proyectos!
  • Plataformas de aprendizaje donde se comparte conocimiento, como la impresionante Instructables, un lugar donde publicar, documentar en detalle y compartir proyectos libremente, que en 2015 recibía más de 100.000 nuevas aportaciones de makers… y lograba nada menos que 30 millones de visitantes únicos a sus contenidos.
  • Plataformas para fabricar productos únicos o de serie corta y media, que permiten subcontratar la fabricación de un diseño con garantías de calidad (muchas veces desde la fabricación aditiva y equipos robotizados especializados), como Shapeways o Ponoko, entre otras muchas.
  • Empresas de manufacturing services, con fuerte implantación en China, que permiten gestionar online la subcontratación de la producción de grandes series de un producto (varios cientos de miles de unidades si se desea) a empresas especializadas en fabricación, sin interés alguno por la propiedad intelectual del producto hasta el punto de que se ofrecen a colaborar en su desarrollo a cambio de garantizarles el contrato de fabricación. Son numerosas. Dos ejemplos: Titoma o Iti Manufacturing.
  • Plataformas para comercializar los diseños hacia fabricantes o usuarios, como la interesantísima iniciativa europea Kazzata, que se propone disrumpir los mercados de repuestos, ofreciendo almacenamiento y descarga controlada de los diseños CAD para que cualquiera que lo desee pueda adquirirlos e imprimirlos en una impresora 3D en cualquier lugar del mundo, resolviendo así mismo la problemática de componentes raros y obsoletos.
  • Plataformas dedicadas a comercializar los productos, como Etsy o The Grommet. El éxito de Etsy es paradigmático: dedicada al vertical de artículos textiles, complementos y hogar, ha superado los 50 millones de usuarios registrados y alcanzó en 2015… ¡casi 2.000 millones de dólares en ventas!

La magnitud de este movimiento económico está teniendo además efectos inesperados: empieza a haber grandes tiendas offline y cadenas de retail especializadas que reservan espacios importantes para la comercialización de productos lanzados desde startups conectadas al movimiento maker. Un ejemplo reciente es el de las tiendas de la cadena norteamericana RadioShack de material electrónico, que ha identificado un espacio en sus más de 2.000 almacenes para productos fabricados por startups seleccionadas, permitiendoles el envío de  material directamente a las tiendas para evitar costes de distribución y almacenamiento.

En cifras… les invito a echar un vistazo a la siguiente infografía con datos recogidos hasta mediados de 2014, no sin advertir previamente que en sus números se incluyen artesanos y aficionados, a pesar de lo cual su dimensión es lo suficientemente grande como para que, dividida si quieren por dos o por tres… nadie se la tome a broma.

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En resumen, el movimiento maker está creciendo aceleradamente en el mundo porque dispone de un ecosistema de soluciones tecnológicas y de red que lo hace posible:

  • Herramientas de diseño y fabricación “de escritorio”: impresoras 3D, cortadoras láser, escáneres 3D y software CAD, disponibles en tamaño personal y a precios asequibles.
  • Medios digitales colaborativos de diseño, disponibilidad de recursos y financiación: innovación colaborativa, open source y apoyo en el resto de las fuerzas sociales en línea (el crowdfunding permite utilizar la red para recaudar dinero y los talleres alrededor del mundo ahora están conectados).
  • Fábrica de alquiler (manufacturing services): oferta de fabricación aditiva para lotes pequeños, o empresas especializadas en grandes series que incluso te ayudan con el diseño pero no quieren su propiedad.

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El movimiento maker está muy cerca de nosotros, en todas nuestras ciudades, con mayor o menos intensidad, con iniciativas embrionarias o ya camino de consolidarse. Pueden acercarse y hablar con ellos como primer paso, o asistir a una de las Maker Faire (en formato completo o mini) que se celebre en su proximidad.

Aunque transversal, es un movimiento de perfil urbano, que permite el retorno de la fábrica a la ciudad y que puede ofrecer una actividad productiva eficiente y sostenible.

Si les apetece aprender más y estar al día de lo que sucede, les recomiendo suscribirse al blog Makezine, al de The Grommet o al universo mexicano de hacedores.com y las comunidades de su makerspace.

Para terminar, les invito a ver un último vídeo. Es un vídeo imprescindible, no se lo pueden perder. Habla de lo que está sucediendo en el interior de unos almacenes ubicados en el embarcadero nº 9 de la bahía de San Francisco. Pier 9 es una iniciativa de una empresa que enseguida descubrirán y el desafío que les propongo a todos, mis estimados lectores, es intuir cuál creen que es es el propósito que la lleva a hacer algo así.

Si se atreven a compartirlo más abajo, en los comentarios, podremos conversar sobre ello… 🙂

Cierro con algunas preguntas al aire y un recordatorio en forma de imagen:

  • ¿Puede ser el movimiento maker la vía para sembrar de innovación industrial y de producto nuestro territorio?
  • ¿Puede ser el camino para generar y consolidar talento industrial innovador, en un mundo que se va a ver sacudido por las tecnologías de fabricación avanzada o manufacturing 4.0?
  • ¿No debería ser MONDRAGON, con su integración profesional, su universidad y sus centros tecnológicos, un referente de todo ello para el mundo?
  • ¿No debería, en consecuencia y por ejemplo, promoverse un ambicioso proyecto equivalente al Pier 9 en nuestro entorno, entre otras iniciativas?

Recuerden… 😉makers-weall

Reflexiones: un grave e inminente problema demográfico… y laboral

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Entre nosotros, el proceso de envejecimiento de la población forma parte del paisaje cotidiano desde hace ya muchos años. Desde la política, la empresa y los medios de comunicación se nos alerta de que este fenómeno traerá consecuencias sobre el sostenimiento del sistema de pensiones, sobre la estructura productiva, sobre los flujos de inmigración o sobre el propio perfil socio-político del país, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo y en paralelo, se da la paradoja de la inconsciencia real de que sus efectos están ya produciéndose entre nosotros y que como consecuencia vamos a sufrir inminentes problemas de orden práctico.

O eso… o es que cerramos los ojos por no querer ver, ¿no creen?

Esta misma semana, Julen Iturbe escribía un artículo glosando otro de Guillermo Dorronsoro titulado “Lo que la verdad esconde“, que exponía una serie de gráficos relacionados, entre otros factores, con las diferencias en la evolución de empleo público y privado en España en los años de la crisis, las diferencias en cuantías y crecimiento de los salarios en ambos segmentos… y cómo las titulaciones universitarias orientadas a trabajar en el sector público se habían ido colocando entre las más demandadas en estos últimos años, según los datos del EUSTAT, en paralelo al espectacular aumento de la deuda pública.

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Su conclusión era que las ‘verdades’ que justifican la preferencia por parte de la población del empleo público (“es más estable, ofrece ventajas claras para la conciliación y está mejor pagado“) “esconden una realidad silenciosa, oculta bajo la superficie: un sistema público que no consigue reducir un déficit estructural que va en aumento”. Una trampa para el futuro.

Julen prefería en su post centrar su mirada en otro factor también derivable del análisis de los gráficos (la aparente creciente predilección por las titulaciones de carácter “social”), en volver a clamar contra ese marketing empresarial contemporáneo en el que las etiquetas visibles (incluida de forma relevante “lo social”) lo son todo y en reclamar un propósito digno para la evolución y el uso de la tecnología.

Hace unos días, el gobierno en funciones (a través de Fátima Báñez, ministra del ramo), anunciaba la intención de plantear en la próxima legislatura que se pueda cobrar el 100% de la jubilación y trabajar a la vez, pocas fechas después de que la prensa aireara las declaraciones de Marcos Peña anticipando el agotamiento en 2017 de la hucha de las pensiones, fondo del que la ministra se encargó de recordar que no es un fin en sí mismo sino un instrumento de gestión meramente temporal.

Otra noticia también publicada recientemente anunciaba que, en un periodo de tan solo 30 años, España tendrá más jubilados que trabajadores y en concreto que mientras que “hoy hay casi 2’5 empleados por cada persona mayor de 67 años, a partir de 2046 habrá menos de uno” y que “el número de jubilados se multiplicará por dos en este periodo”.

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Para terminar con las referencias a la hemeroteca más reciente, y acortando los plazos de las previsiones, se publicaba también que Euskadi perderá nada menos que 80.000 habitantes en los próximos 15 años, descenso se producirá por una menor natalidad que mortalidad y a pesar de que hasta entonces llegarán más inmigrantes extranjeros y de otras comunidades que personas abandonarán el país.

Quizá, amables lectores, piensen que “largo lo fiáis”, que 15 o 30 años es un periodo, a estas alturas, en el que cualquier cosa puede predecirse sin riesgo de quedar en evidencia y con cuestionable probabilidad de que las cosas acaben sucediendo así… pero los datos demográficos se basan en la realidad de la pirámide poblacional que, salvo cataclismo bélico, se irá cumpliendo puntual e inexorablemente.

Y es más… ya se está cumpliendo en las franjas bajas de edad y ya han empezado las consecuencias, aunque aún no las percibamos social o empresarialmente.

Les invito a observar con detenimiento la siguiente gráfica (compartida en nuestra reflexión estratégica), que no está extraída de ningún artículo periodístico y que se basa también en datos oficiales contrastados. Se representan dos diagramas de barras cruzados, uno de ellos formado por las personas que cada año, en la CAPV, alcanzan la edad de 65 años (la referencia de jubilación) y otro formado por las personas que cada año alcanzan la edad de 24 (la teórica de incorporación al trabajo de titulados universitarios).

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Frente a una historia pasada en la que cada año se jubilaban menos personas que las que se incorporaban en esa edad de 24 al mercado laboral… desde hace ya 6 años está sucediendo lo contrario. Y las perspectivas demográficas nos dicen que además, en los próximos 20 años este hecho se seguirá produciendo a un ritmo espectacular: cada año, se incorporarán entre 8 y 10.000 personas menos que las que se jubilarán.

O sea, que en los próximos 5 años estarán a disposición de las empresas 50.000 personas menos de las que se jubilen, para entendernos mejor. Y en 20 años… 200.000.

Solo en Euskadi.

Las medidas para alargar la vida laboral se van a volver imprescindibles, en la forma anunciada por Fátima Báñez, o en otras más o menos agradables para las personas según a cada una le vaya en ello.

Añadiendo a esto la reducción continua de alumnos en carreras técnicas y tecnológicas en beneficio de otras titulaciones universitarias, como veíamos en el post de Guiller… y teniendo en cuenta la importancia del sector industrial en nuestro territorio… habremos perfilado la tormenta laboral perfecta.

Y además, en tiempos de disrupción; donde el problema, más en la línea de las reflexiones habituales de Julen, se puede agravar con extrema celeridad.

Así que…

… Señoras Empresas…

… Respetadas y Distinguidas Empresas…

… más les vale construir una propuesta de trabajo atractiva para las nuevas generaciones (que además, en una parte muy relevante -la de mayor potencial creativo- no van a sentirse atraídas por modelos laborales acartonados donde encuentren difícil o poco gratificante aplicar su capacidad, desde un amplio grado de libertad, en la creación de valor)…

… porque VA A HABER TORTAS POR CAPTAR TALENTO.

Sin ninguna duda.

Y no se están enterando… o están ustedes cerrando los ojos.

Reflexiones: innovación empresarial hacia modelos sostenibles / (2) Tiempo para educar

enseñanza medioambiental

Vamos con la segunda propuesta abierta sobre innovación y modelos sostenibles. Pasamos de una idea muy ligada a la sostenibilidad económica, a otra más alineada con la sostenibilidad social y medioambiental. En concreto, sobre un aspecto que suele quedar muy al margen en las reflexiones estratégicas de las empresas, aunque como verán, muy ligado a la construcción de un legado para el futuro de las siguientes generaciones.

Nuestro mundo ha cambiado mucho en el tiempo en el que lo hemos conocido. Hoy siguen cambiando valores ciudadanos, políticos y sociales, probablemente con una dimensión e intensidad que somos incapaces incluso de percibir. Muchas personas, en todo el mundo, están además trabajando con fuerza para que estos cambios no solo se sostengan sino que se profundicen y aceleren, el paraguas de los gobiernos o al margen de ellos.

Pero al mismo tiempo, también estamos viviendo una época en las empresas en la que es frecuente observar entre el colectivo de trabajadores muchas actitudes pasivas pero crecientemente reclamatorias, donde la mayor responsabilidad siempre está en “otros” y la ambición máxima en positivo es esforzarse en cumplir las normas y en ser “cívico” (¿para sentirme con derecho a reclamar?), mientras que se echa de menos mayor abundancia de actitudes activas, militantes a la par que competentes, comprometidas desde la iniciativa y la responsabilidad ante uno mismo y frente a los demás, detrás de la ambición de que el fruto del trabajo sea un legado para nuestros hijos.

Hoy parece que todo se puede, si se quiere… aunque no se sepa de ello. Este es también un signo de los tiempos líquidos que vivimos.

En esta época de turbulencias, hay valores con frecuencia olvidados en los tiempos recientes que es imprescindible reinterpretar y recuperar. Entre ellos, la vocación de compartir y enseñar: internet ha hecho renacer el concepto clásico de aprendiz… pero no el de maestro, que necesita ser reformulado en un mundo interconectado y global. El aprendizaje se ha profesionalizado o democratizado a través de la red, pero el tiempo pasa a ser lo más valioso que tenemos y casi nadie lo cede para enseñar, si no se trata de necesidades operativas.

Pensando en la relación de la empresa con el medio ambiente, hemos aprendido muchas cosas sobre nuestra relación con esa casa común que es nuestro planeta, sobre lo que lo daña, sobre lo que lo protege, sobre lo que impide que se degrade.

La gestión medioambiental se ha ido convirtiendo poco a poco en un ámbito de actuación empresarial cuya necesidad nadie cuestiona (miserables o angustiosas excepciones aparte, como siempre), pero curiosamente, no es en modo alguno un factor de competitividad, sino un suelo ético que por obligación o por devoción se ha llegado a interiorizar con bastante amplitud.

Así que, desde la pura perspectiva de interacción con el medio ambiente que nos rodea, ¿por qué no aprovechar que la gestión medioambiental no es hoy un factor de competitividad que interese sobremanera al mundo económico para darle una vuelta radical a cómo la entendemos desde cada empresa?:

  • ¿Por qué no ceder nuestro aprendizaje a empresas con menores recursos, incluso competidoras?
  • ¿Por qué no compartir los recursos disponibles (vigilancia de la legislación, estudios y datos, soluciones tecnológicas, procesos de gestión…) si ello realmente no nos resta competitividad?

Y como derivada, dedicar personal y sistemáticamente tiempo a ello, a educar el territorio empresarial aún no conquistado o ayudarle a sumarse al colectivo militante del respeto al entorno…

  • ¿No sería un auténtico ejercicio de responsabilidad social corporativa?
  • ¿No aportaría una increíble capilaridad a la transmisión de los valores que nos ocupan?

Si creen que realmente es posible ampliar los conceptos de coste y responsabilidad con el añadido de implicación, o al menos que merece la pena intentarlo… mis respetos. Y mi agradecimiento si además lo comentan justo aquí abajo.

Porque no hablamos solo de conocimiento y educación medioambiental, ¿no creen?

Reflexiones: innovación empresarial hacia modelos sostenibles / (1) Regeneración del tejido industrial

regeneracion industria

Hace diez días tuve el placer de participar en un seminario organizado en Bilbao, con un motivo inesperado y por una organización cuya existencia y actividad desconocía… que desvelaré en su momento para mantener un punto de sorpresa final… 😉

El asunto era explorar cómo las empresas nos relacionamos con el planeta en que vivimos, cómo entendemos la sostenibilidad desde nuestra actividad de producción o consumo y, en mi caso, cómo orientamos la innovación empresarial hacia modelos sostenibles… si es que lo hacemos.

La estructura del seminario era de 5 sesiones de trabajo entre febrero y abril, cada una de ellas con dos ponencias de “expertos” (función que en mi caso compartí con Lander Jiménez, quien expuso la experiencia de LKS) y un debate posterior.

No voy a aburrirles con la exposición que hice sobre la evolución de los factores que han guiado, tecnológicamente y en materia de gestión, la visión de actividad medioambiental, social y económicamente sostenible de mi empresa en los últimos 20 años, ni tampoco los ejes de lo que pretendemos abordar en el futuro más próximo, pero sí compartir algunas reflexiones que me pareció procedente dejar abiertas, tanto hacia quienes deciden el rumbo de las empresas, como hacia la administración y su política industrial o directamente hacia quienes trabajamos en ellas.

Voy a romper la tradición de esta bitácora y optar por escribir cinco artículos cortos en vez de uno largo. Será una reflexión abierta por artículo, alguna más tradicional (como esta primera) y otras más disruptivas… pero todas ellas sin respuesta o con respuestas insuficientes, a mi modo de ver, a día de hoy.

Comencemos por esa necesidad imperiosa de regeneración de una buena parte del tejido industrial del país…

La industria en general pero la vasca en particular, ha avanzado extraordinariamente en las últimas décadas hacia una actividad mucho más respetuosa con el medio ambiente y con el entorno en que se ubica, aunque el factor económico lastra muchas veces la utilización de las mejores técnicas disponibles (ver base documental), la optimización al límite de los consumos de energía y agua, la reducción radical de la producción de emisiones, vertidos y residuos o las posibilidades de su reutilización.

Pero mirando a la esencia de la empresa industrial en nuestro territorio, me gustaría destacar algunas características esenciales que la identifican:

  • Aún está conformada en torno a un alto porcentaje de negocios maduros (productos, tecnologías, procesos…).
  • En los buenos casos, despliega estrategias centradas en la excelencia en la gestión y en la innovación tecnológica.
  • Cultura de gestión de recursos, no de emprendimiento.
  • Desaparición de liderazgos que asuman grandes riesgos empresariales.
  • Desconfianza e impaciencia frente a la incertidumbre de creación de nuevos negocios.
  • Desprecio o infravaloración de la innovación en gestión, servicios y modelos de negocio.

Así que, ante el tsunami de cambios radicales que comienza a aceptarse que viviremos en el próximo decenio… una pregunta para quienes gobiernan nuestras empresas:

  • ¿Estamos realmente poniendo las bases de que en nuestro entorno siga existiendo trabajo sostenible y digno en el futuro?

Y para las administraciones públicas:

  • ¿No es momento de promover y favorecer una intensa cultura de emprendimiento entre las empresas, más allá de la iniciativa individual?
  • ¿Es posible provocar una explosión social de diversificación y de innovación en servicios y modelos de negocio entre el tejido industrial?
  • ¿Cómo forzarlo?

El asunto, como ven, no es precisamente nuevo: toca fenómenos cruciales para el futuro de nuestras empresas como la diversificación de sus negocios o la “servitización” de su propuesta de valor, ambos conceptos muy conocidos.

Pero… ¿alguien defiende que los estemos gestionando bien?

Reflexiones: el principio cooperativo de la educación

educaciónEducación.

La Experiencia Cooperativa de Mondragón manifiesta que para promover la implantación de los anteriores Principios es fundamental la dedicación de suficientes personas y recursos económicos a la Educación, en sus diversas vertientes:

1.- Cooperativa, del conjunto de los socios y en especial de los elegidos para los órganos sociales.

2.- Profesional, en especial de los socios designados para los órganos directivos.

3.- En general, de la juventud, propiciando el surgimiento de hombres y mujeres cooperadores, capaces de consolidar y desarrollar la Experiencia en el futuro.

La educación es el segundo gran pilar sobre el que se construye la Experiencia Cooperativa de MONDRAGON.

Universalizar la educación es la clave para asegurar la igualdad de oportunidades. El desarrollo personal y profesional nos permite adoptar continuamente más capacidad de autogestión y de decisión y por consiguiente configurarnos como individuos libres.

Seguro que no les extraña que me guste contraponer dialécticamente formación con educación, porque la primera tiene objetivos concretos y se orienta al hoy y al aprendizaje operativo, mientras que la segunda nos constituye como seres humanos poderosos, nos prepara para el futuro, nos hace competentes en definitiva para enfrentar retos que aún ni siquiera somos capaces de vislumbrar… e incluso nos capacita para aprender.

En la reflexión en torno a este último principio a repaso (con el que terminaré esta larga serie, a falta tan solo de una especie de sumario de conclusiones), aparecen conexiones con muchos de los principios anteriores. Su carácter de principio-en-la-base-de-todo explica bien por qué se conecta con facilidad con la vivencia de cualquiera de los valores declarados: cooperación, participación, responsabilidad social e innovación.

Vamos a ello…

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Sentirse propietario y protagonista implica entender que, en un mundo donde la diferenciación en valor procede casi en exclusiva del trabajo de conocimiento, no crecer continuamente como profesional y como persona es probablemente el mayor ejercicio de insolidaridad que un individuo puede ofrecer frente a un colectivo del que forma parte.

Pero muchos de los caminos transitados a nivel colectivo y social por las cooperativas en los últimos años han conducido, a mi modo de ver, a lugares no deseados. El crecimiento y la globalización de la actividad empresarial ha obligado a aumentar fuertemente la profesionalización no solo del trabajo sino también de las estructuras de decisión.

Paradójicamente, la mayoría de las personas critican el alejamiento entre individuo y poder sobre las decisiones empresariales… al mismo tiempo que aceptan que el camino emprendido no tiene alternativas. Es un círculo vicioso que se refuerza en el tiempo como una espiral y que genera crecientes dosis de desconfianza interna, resignación a no alcanzar la competencia necesaria para fundar opinión… y como derivada una posición mucho más pasiva que busca asegurar el bienestar actual en el futuro más a través de la exigencia a los líderes que a uno mismo.

En los últimos decenios, las cooperativas han tratado de hacer frente a este fenómeno a través de la regulación del trabajo, la manera más simple que se ha encontrado para tratar de aportar “subjetividad” y “justicia” a las comparaciones y demandas internas de un colectivo cada vez más numeroso y desconfiado.

Pero es un camino limitado. Las quejas sobre el funcionamiento de los órganos de gobierno, por un lado y por otro, el cuestionamiento de su legitimidad y en general la insatisfacción por el funcionamiento interno, aunque no se sepa muy bien cómo proponer un modo diferente de hacer, son crecientes y sospecho que lo seguirán siendo en el futuro.

Además, esa regulación del trabajo ha conducido a una cultura de derechos frente a las obligaciones, de poder frente a responsabilidad, pasiva frente a constructiva, reivindicativa frente a inquieta… En definitiva, a un esquema mental inmovilista, de “funcionariado”, en el sentido crítico con que con frecuencia utilizamos ese término.

Obviamente, estoy construyendo un tópico y sé que es injusto generalizar de esa manera, porque la realidad es diversa y los ejemplos de lo contrario son numerosos… pero todo tópico, créanme, tiene una base de fondo que conforma el subconsciente larvado que define en cada momento la naturaleza de todo colectivo humano.

Creo honestamente que una de las pocas herramientas eficaces que tenemos a medio y largo plazo es reforzar fuertemente nuestra apuesta por la educación. No ha habido tradicionalmente una carrera de “empresariado” (que no “empresariales”) en nuestras universidades, pero debería haberla en el interior de las cooperativas, porque cada socio tiene el mismo poder de decisión (su voto) y yo no tengo dudas de que la mezcla de querer y poder, sin el saber, es una bomba de relojería que estalla en cuanto la confianza (muchas veces un tanto emocional o ciega) se resquebraja.

Y un apunte más: alguien debería decir que el esfuerzo que ello requeriría no podrá siempre extraerse del tiempo “normativo” de trabajo (me atrevo a afirmar que ya nunca podrá hacerlo en las condiciones que necesitamos), que el “café para todos” es perverso, que el igualitarismo mata la motivación y la explosión del talento… y que ser socio significa un compromiso que nada tiene que ver con cualquier planteamiento que se parezca siquiera remotamente a “derechos sindicales”.

Dicho queda.

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Cuando hablamos de participación, tanto en su vertiente societaria como en la pura gestión de la actividad diaria y de la empresa, es necesario redundar en la idea vertida al principio de este artículo: una participación efectiva requiere la confluencia en el individuo de querer, saber y poder participar.

No basta con que se delegue poder a través de mecanismos de delegación y autogestión, no basta con establecer un propósito y un clima de trabajo que excite la voluntad de las personas para tomar parte en la construcción colectiva (y no me dirán que esto no es difícil), sino que es igualmente necesario que las personas hayan alcanzado el grado de capacitación requerido para tomar las decisiones en que en cada momento se vean implicadas.

Esto es sencillo cuando se trata de modelos de autogestión y de capacitación para la actividad diaria, pero en las cooperativas… además hay que decidir sobre la empresa, sobre quienes nos representan en los órganos, sobre qué orientaciones estratégicas se aprueban, sobre qué personas se sostienen o se relevan en la dirección del proyecto común.

A la necesidad de educación para esto último ya nos hemos referido en el apartado anterior… y en lo que respecta a la participación en la gestión, el trabajo en equipo se vuelve una herramienta de aprendizaje tácito y sistémico de un potencial extraordinario.

Es verdad que el trabajo en equipo es una seña inequívoca de identidad del funcionamiento de las cooperativas, pero… ¿de verdad se extiende a la generalidad de los socios? ¿No hay aún un porcentaje muy significativo de personas en cuya labor cotidiana no se incluye prácticamente nunca el trabajar en equipo? ¿No nos limita eso de forma muy notable, entre otras cosas, en la capacidad de decidir y de formarnos un criterio propio y bien fundamentado sobre lo que observamos a nuestro alrededor? ¿No incrementa las amenazas para la confianza?

Me tienta… pero no debo volver a hablar de autogestión aquí si no quiero que este post sobrepase decenas de miles de palabras (no bromeo).

Reitero que ya lo he hecho extensamente en el blog en un conjunto de 6 artículos que pueden encontrar bien ordenados y enlazados desde la página de Temas de Empresa de esta bitácora, dentro del epígrafe reservado a la estrategia de gestión y en un apartado titulado “El impulso de la autogestión”.

También en ese mismo epígrafe hay otro capítulo titulado “Gestión de personas y trabajo de conocimiento”, donde se enlazan algunos artículos que considero relevantes para esta reflexión. En ambos capítulos están algunos de los artículos de los que más orgulloso me siento, pero sobre todo… varios de los más valorados por ustedes, mis queridos lectores.

Así que lo dejaremos aquí…

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Divulgar, educar a la sociedad en las bondades del modelo cooperativo es en sí mismo un excelente ejercicio de responsabilidad social.

Con demasiada frecuencia asumimos que lo nuestro es fundamentalmente para nosotros, que bastante tenemos con trabajar para que esto funcione como teóricamente debiera… Creo que los problemas derivados de la dimensión que hemos alcanzado nos hacen perder perspectiva de lo que abrazar un modelo cooperativo puede significar para una pequeña o mediana empresa.

No se trata de hacer proselitismo. Hay una labor de divulgación que se realiza desde el nivel corporativo, a través de colaboraciones a nivel internacional con organismos e instituciones interesados en la economía social. Es importante explicar lo que somos y como funcionamos cuando alguien nos visita… y lo hacemos.

Pero creo que falta interiorizar el valor de todo ello y hacer un esfuerzo de divulgación mucho más activo, en los barrios en los que estamos, en los foros que compartimos con otras empresas, entre nuestros proveedores y clientes… y fundamentalmente en las escuelas profesionales y en las universidades.

Quizá alguien piense que los alumnos de Mondragon Unibertsitatea entran en su abrumadora mayoría a formar parte de alguna empresa cooperativa tras acabar sus estudios… Otros quizá piensen que al menos salen sabiendo valorar el diferencial que aporta este modelo de hacer empresa…

Pues déjenme decirles que ni lo uno ni lo otro.

Y si no sucede aquí… ¿qué creen que sucede en el resto del tejido educativo de la comarca o del país?

Si creemos que el modelo cooperativo es de verdad un modelo más respetuoso con la dignidad del ser humano, ¿no deberíamos explicarlo y divulgarlo constante y activamente, como una obligación casi moral?

¿No deberíamos dedicar muchos de nosotros una parte de nuestro tiempo a la educación de las nuevas generaciones?

Por principio, vamos… (porque si es por otra cosa, ya entiendo que quizás no…)

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Postulo que la apuesta por la educación es inexistente o al menos insuficiente cuando hablamos de innovación.

Es cierto que la innovación ha comenzado a tener un cierto espacio en la formación universitaria de las generaciones que se irán incorporando a nuestras cooperativas, pero aún lo hace de forma muy sesgada, focalizada en algunos grados y posgrados pero sin trabajar el carácter emprendedor e innovador de todas las personas independientemente del contenido académico que seleccionen para su carrera.

El panorama es aún más desolador en el interior de las empresas. La apuesta por la cultura de mejora continua fue muy intensa, en general, y ahí sí se han realizado algunos esfuerzos educativos muy relevantes, al menos en algunas cooperativas. Sin embargo, la innovación exige otras disciplinas personales muy alejadas de las disciplinas y rigores que implican el mantenimiento y revisión continua de estándares, tanto en objetivos como en ritmos, en riesgos y en ambiciones.

En lo referente a la educación cooperativa, es necesario trabajar fuertemente en la importancia de la renovación permanente como parte esencial de la sostenibilidad de la propia experiencia cooperativa: todos los socios y en especial los que accedan a puestos de liderazgo ejecutivo y los que se integren en órganos sociales y de gobierno de las cooperativas, deberían educarse permanentemente en la necesidad de afrontar el riesgo inherente a la actividad empresarial, de la diversificación como estrategia de sostenibilidad del proyecto colectivo, o de la innovación como elemento de diferenciación y competitividad. Nuestra condición de empresarios, aunque se ejerza de modo singular, nos conduce a entender la necesidad de afrontar la incertidumbre con confianza, en paralelo pero más allá de la imprescindible excelencia en la gestión o de la seguridad de lo conocido.

Perseverar además en las labores de antena, formación, divulgación y sensibilización sobre las transformaciones que se están produciendo vertiginosamente a nuestro alrededor, en una perspectiva de largo aliento, se convierte en una obligación ineludible.

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Termina aquí la serie dedicada a interpretar el significado de los principios actualmente vigentes de la Experiencia Cooperativa de MONDRAGON, al hilo de lo que puedo observar que sucede hoy en nuestro mundo.

Es seguro que una mayor dedicación de tiempo generaría más preguntas abiertas y más propuestas de cambio, pero ésta busca ser solo una simple aportación personal a un debate que creo debe abrirse con seriedad y profundidad.

Mi intención inicial era redactar un último post resumiendo precisamente interrogantes y proposiciones, pero he cambiado de opinión, aun a sabiendas de que aportaría simplicidad: quiero evitar que acabe siendo una lista de propuestas que cada uno juzgue al primer vistazo. Debo insistir en que mi intención ha sido provocar reflexión sobre la materia, más allá de lo afortunado o no que haya estado personalmente en traducirla en propuestas… o del grado de acuerdo o desacuerdo con el que cada lector reciba cada una.

Sabía desde el principio, hace ya medio año, que esta serie se iba a situar en los límites de interés de muchos de quienes se han pasado hasta ahora por aquí… pero siento decirles que en esta ocasión no voy a poner las cosas sencillas, que voy a “castigar”, a cada sufrido lector interesado, con la obligación de ir a leer con detenimiento cada uno de los post… si decide entrar en la materia. 😉

La serie completa es la siguiente:

Reflexiones: el principio cooperativo del carácter universal

cooperativismo internacionalCarácter universal.

La Experiencia Cooperativa de Mondragón, como expresión de su vocación universal, proclama su solidaridad con todos los que laboran por la democracia económica en el ámbito de la “Economía Social”, haciendo suyos los objetivos de Paz, Justicia y Desarrollo, propios del Cooperativismo Internacional.

Este es un principio poco propicio para la concreción. Una declaración de solidaridad con los objetivos de paz, justicia y desarrollo de los movimientos de economía social del mundo queda con facilidad adherida precisamente al terreno declarativo, al ideológico… muy lejos de la actividad empresarial.

Sin embargo, en mi opinión sí es interesante hacer una interpretación práctica del mismo al calor del valor de innovación.

Para su tranquilidad, les adelanto que en compensación al post anterior, éste será probablemente el más corto de la serie…

Aunque no el menos importante.

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La demostración del cumplimiento del principio de carácter universal por parte de MONDRAGON suele hacerse a través de su participación activa en asociaciones ligadas al trabajo social (CICOPA, CEPES…). En concreto, mi cooperativa es socia de ERKIDE, como muchas otras de la corporación. Pero… si el carácter universal está ligado al concepto de solidaridad con el resto de movimientos de trabajo social del mundo… más allá de participar en asociaciones, ¿es posible pretender que tenga implicaciones prácticas, en especial en relación con la innovación y la promoción?

Empecemos por la semántica…

Quizá la acepción de solidaridad que más aplica en este caso, por orígenes y por naturaleza, es la relacionada con la doctrina social de la Iglesia Católica, que propugna “la consideración del conjunto de aspectos que relacionan o unen a las personas , y la colaboración y ayuda mutua que ese conjunto de relaciones promueve y alienta”. En definitiva, significaría que ante el creciente grado de interdependencia y globalización de las relaciones entre estados, empresas e individuos, lo que este principio debería promover es una colaboración, interacción y servicio que, partiendo de los principios y valores cooperativos, contribuyera al crecimiento, progreso y desarrollo de todos los seres humanos.

Nadie discute (otra cosa es la praxis) que en las implantaciones en el exterior, en nuestra realidad globalizada, es necesario trasladar principios como el de participación en la gestión, la libre adhesión o incluso la educación. Pero es más difícil encontrar realidades sólidas si hablamos de soberanía del trabajo (hay ejemplos de intentos de constitución de cooperativas o de desarrollo de formas de participación de los trabajadores en el capital, pero no es una práctica generalizada y no hay muchas realidades fuera de Euskadi o Navarra), organización democrática… y lo más importante de todo cuando hablamos de globalización: el trabajo como herramienta de transformación social.

Esa transformación social del entorno, desde el terreno de los principios, no puede escapar de los objetivos de cualquiera de nuestras implantaciones en el mundo, se produzcan donde se produzcan.

Es por eso que, ahora desde una perspectiva diferente, es necesario rescatar un apunte que ya apareció a la hora de reflexionar sobre el propósito de transformación social.

La cultura de innovación, en todas sus formas, debería estar presente también en otros territorios alejados de la matriz porque es imprescindible para avanzar en la transformación de la sociedad, universalmente. No debería hacer falta insistir en que la creación de nuevos negocios debe tener igualmente siempre una visión global… aunque se generen desde lo local.

Y añadimos un apunte renovador: la innovación social, en especial en regiones del mundo menos favorecidas (con acento en negocios inclusivos) pero en general en todas, debería ser foco de nuestras estrategias de transformación socialy está sistemáticamente ausente de nuestros objetivos.

¿Cómo es posible que no podamos mostrar ni siquiera ejemplos de desarrollo de negocios inclusivos?