Vibraciones

Vibraciones: conocimiento y política

Los horarios del miércoles abocaban a un día de comida en solitario… pero incluso en lo cotidiano hay siempre espacio para lo inesperado: pocos minutos después de sentarme a la mesa del menú diario se acercaba con el mismo propósito alguien con quien comparto ocasionalmente conversaciones y algunas horas de trabajo.

Mi compañero de mantel había sucumbido en el pasado a la tentación de gestionar la vida pública desde la política y, no sé muy bien cómo, durante unos minutos breves, la conversación derivó por esa ruta.

“Lo más decepcionante de esa etapa es advertir que la política no valora el conocimiento”, me dijo.

Comprendí y compartí de inmediato el significado de esa frase. “La información sí”, completé, “porque la información es una herramienta poderosa para la dialéctica y para la táctica política; da poder sobre el discurso, sobre la capacidad de influir de la comunicación… e incluso sobre las personas”.

Luego hablamos de otras cosas, pero la frase me ha venido acompañando desde entonces, sin acabar de salir del todo de mis pensamientos.

Desarrollar conocimiento implica abrirse a cuestionar permanentemente los postulados propios frente a priorizar su defensa; exige escucha activa frente al escudriño de intenciones; demanda aprendizaje humilde y continuo frente al despliegue obsceno de exhibiciones morales falaces, más preocupadas por el impacto en la ciudadanía que por la ética de la verdad percibida.

El manejo de la información alimenta el poder, mientras que el uso del conocimiento deviene en autoridad.

Perdonen la probable exageración, pero para encontrar un tiempo en que se reflexionara sobre el valor del conocimiento como base del buen gobierno de lo público, hay que retrotraerse a las reflexiones de Sócrates, Platón o Aristóteles, me temo.

Y dudo mucho (discúlpenme la hipérbole las excepciones, por favor), que la generalidad de la clase política haya dedicado ni siquiera unos minutos a leer a Platón y a reflexionar sobre la ética de la política (que no sobre ética política) o sobre quienes hayan escrito notas a pie de página a los textos de Platón, que es como algún historiador de la filosofía define todo lo que ha venido concluyéndose desde entonces… que ha sido mucho. 😉

Vale… me dirán que no se le pueden pedir peras al olmo… pero yo creo que sí se puede, porque no hablamos de naturalezas incompatibles sino de una imprescindible integración, si se quiere entender el paso por la política como un auténtico ejercicio de servicio público, compatible pero no sustituido por la posición ideológica.

Hace ya un tiempo que mostré en estas páginas mi incomprensión sobre la deriva que estaba impulsando la clase política catalana, postulando que, cuando los responsables públicos conducen el gobierno de la ciudadanía por el camino de las emociones, la salida solo puede ser la incertidumbre de la revolución… o la frustración. Y en ello estamos.

Pero no hay que acudir a situaciones de tensión institucional para advertir que el conocimiento no es precisamente un “driver” de gobierno en nuestros tiempos.

Antes de seguir… es imprescindible distinguir entre Administración y gobierno político. En la primera sí hay conocimiento, pero es en la componente técnica del sistema. No se me ocurriría minusvalorar el conocimiento tácito y explícito atesorado y desarrollado durante años de contacto con organizaciones públicas y privadas, locales, nacionales e internacionales, con empresas y ciudadanos, con formas de moverse entre protocolos y liturgias propias de los sistemas burocráticos construidos sobre experiencias de generaciones. Otra cosa es su eficiencia, pero de eso no toca hablar…

El gobierno político de la Administración, sin embargo, es bien distinto. Responsable, entre otros asuntos, de que esa eficiencia aumente cada día… me da que está “a otra cosa”.

Y en ese gobierno político es en el que el papel del conocimiento brilla por su ausencia. Y no solo en momentos críticos que a todos nos llaman la atención (una mesa de una cámara de representantes desoyendo el informe jurídico unánime de sus letrados, un partido buscando trampear los mecanismos de control parlamentario para conseguir sus objetivos, o un gobierno adoptando decisiones que desahucian a quienes defienden la legitimidad del estado), que alguien pudiera entender como un intento de forzar las cosas en momentos cruciales (aunque para mí no sea una excusa)… sino en la práctica cotidiana de la política, en comportamientos que, de tanto reproducirse, ya nos resultan invisibles:

  • ¿Por qué, en un gobierno de coalición, las “carteras” y los “ministerios” se reparten no solo en su cabecera sino en todos los equipos que derivan de ella? Es decir, si un gobierno es de coalición y deciden así trabajar juntos… ¿por qué los equipos “políticos” no son siempre mixtos, independientemente del color político de quien esté al frente de cada área? Ya no digo que integren a personas de colores políticos ajenas a una coalición (que no sé por qué no), pero al menos de los que la forman… ¿Qué dice esto del trabajo basado en el conocimiento como base del servicio público?
  • ¿Por qué los “cargos de designación” ocupan ya no solo la dirección política de las áreas, sino las empresas públicas, los organismos de la administración e incluso las direcciones de los cuerpos técnicos? ¿Por qué sucede esto cada vez con más profundidad, con mayor alcance? ¿Cuánto conocimiento se pierde, así, cada vez que un equipo es renovado por la fuerza de las urnas?
  • ¿Por qué el poder político se extiende al control de los mecanismos reguladores y de los poderes independientes, que en realidad deberían dedicarse exclusivamente a velar por el respeto a normativas y leyes que gobiernos y parlamentos tienen potestad para definir, mantener o cambiar?

En mi humilde opinión, desplegar una concepción ética de la política no debería referirse a “no robar” (faltaría más… pero eso es algo que en muchas ocasiones refiere a la condición humana de personas faltas de ética y escrúpulos, de cualquier color), sino no hacer del paso por la política una herramienta de satisfacción de intereses espurios o personales… y consolidar por el contrario sistemas que combatan contra lo que implican las preguntas anteriores.

Siempre he mantenido que estaría dispuesto a tolerar privilegios posteriores e incluso defender determinadas “puertas giratorias” a la salida de la política… siempre que el paso por la misma haya sido realmente un ejercicio de esfuerzo, talento, pasión y honesta dedicación al servicio de los ciudadanos. Dicho de otra forma:

  • Sigo queriendo a los mejores en el gobierno de lo público. Y no entiendo “mejores” sin decisiones fuertemente basadas en el conocimiento, aunque existan los también necesarios equilibrios con emociones e ideologías.
  • Sigo pensando que si son los mejores, deben empezar por reconocer “lo bueno de los otros” en sus relaciones cotidianas y en la imagen que transmiten al exterior. Si quieren respeto, deben empezar por mostrarse respeto de forma pública, ¿no creen? Y eso significa que TIENE que haber asuntos que se reconozcan al adversario o que se construyan en común.
  • Sigo pensando que el servicio público debe ser exigente y no premiado durante su ejercicio… pero reconocido justa y generosamente una vez realizado. Y a la hora de valorar una tarea, decisiones basadas en datos y no en opiniones es uno de los primeros mantras de un buen gestor. ¿Por qué no lo es de un gestor público?

Para una empresa no resulta muy complicado entender (o no debería serlo) que el conocimiento se convierte en algo útil cuando las personas que lo poseen lo usan para:

  • Competir en su mercado en términos de rentabilidad, robusteciendo y mejorando procesos operacionales o de gestión.
  • Anticiparse a los competidores, entendiendo las señales del entorno y adaptándose con agilidad a los cambios de la demanda y el mercado.
  • Innovar en sus productos y servicios, diferenciándose del resto de la oferta disponible en el mercado.

Reconozco ciertas dificultades en aplicar este esquema mental al gobierno de lo público, fundamentalmente porque, a pesar de que el territorio sí puede entenderse en competencia con otros en el orden mundial, su principal mercado, el interior, no es un mercado competitivo en cuanto a los servicios públicos prestados.

A lo mejor es por eso por lo que la competencia se establece entre los partidos, claro… 🙄

Pero, en cualquier caso, sí creo interesante establecer otro esquema mental, más ligado a los procesos de gestión de conocimiento postulados por Nonaka y Takeuchi, que establece que el conocimiento es útil…

  • cuando el conocimiento tácito individual puede transformarse y se transforma en conocimiento colectivo (socialización, siempre ausente en los cambios de gobierno).
  • cuando el conocimiento explícito puede transformarse y se transforma de información aislada a conocimiento integrado (combinación, siempre ausente en la praxis política).

Y de esto, de cómo utilizarlo para robustecer y fundamentar la toma de decisiones… de esto sí estaba hablando.

Quiero insistir en que no estoy postulando gobiernos de tecnócratas. Escuchar a la sociedad, observar cómo van mutando sus valores, enfrentarlos a los deseados y trabajar por que los sistemas se adapten a esos cambios y por que, en sentido contrario, germinen o se recuperen valores que los sistemas sociales necesitan, no es una alternativa; es consecuencia de muy lícitas miradas diferentes hacia la sociedad, que descansan en la ideología y hasta en la moral.

Pero el desequilibrio actual es un enorme desperdicio que nos estamos permitiendo… y pagando caro.

No puede ser que un gestor público TENGA que apoyar un proyecto o un enfoque de su partido, aunque de su reflexión se derive con claridad que una crítica, u otro enfoque procedente de las filas adversarias, plantea un escenario mejor… solo porque la iniciativa era de SU partido.

No quiero entrar a cómo se miden las cosas, ni a qué es justo o no lo es, ni cómo se regulan las cosas que postulo. Ni he sido político, ni lo soy, ni quiero serlo a día de hoy, así que me considero liberado de dar soluciones a esos pequeños detalles en esta bitácora. Les dejo la iniciativa, si quieren, en el capítulo de comentarios… y ahí me comprometo a entrar al trapo. 😉

Pero oigan… hacer descansar más la gestión política en el conocimiento… ¿no sería un 15M útil de verdad?

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Vibraciones: sueño de una noche de verano

Mi anfitrión caminaba distraídamente a mi lado, mientras me acompañaba al interior de su casa. Era un pasillo ancho, luminoso, de techos altos y grandes ventanales a la izquierda tras los que se adivinaba un frondoso jardín. Supongo que atardecía ya avanzado, porque la luz era tenue, matizada, sin estridencias.

Deduzco que la conversación era en ese momento intrascendente, porque no la recuerdo, pero sí que conservo en mi memoria cómo, en ese momento, frente a nosotros se acercó una figura pequeña, vestida con una túnica marrón oscura que dejaba asomar por la capucha una cara húmeda de lágrima, con la tristeza instalada en cada facción de la misma pero sin emitir sonido ni gesto alguno. Nos desbordó sin mirarnos. Me di la vuelta y seguí su caminar unos breves segundos. La figura pequeña alcanzó un recodo oscuro y se acercó a una especie de caja sin tapa, como una cama cuadrada en cuyos bordes se levantara una pequeña muralla de paredes gruesas pero de baja altura. Se acostó boca arriba en su interior con movimientos modulados, suaves, continuos, casi imperceptibles. Y sin decir ni una palabra, en solo unos segundos se fue confundiendo con el aire hasta desaparecer.

– “¿Quién era?”, pregunté a mi anfitrión.
– “Un sueño que ha muerto”, me respondió. Y me pareció una imagen bellísima.

– “¿Y los sueños vivos?”, volví a preguntar.
– “Depende”, volvió a responder. “A los sueños a corto plazo los verás cuando menos lo esperes. Son unas figuras blancas que están siempre correteando entre ellos, riendo y jugando… Nunca paran, así que aunque los veas en un lugar de la casa, si vuelves a mirar solo un instante más tarde, probablemente ya no los veas, porque ya no estén allí. Pero no te preocupes… estarán en cualquier lado”.
“Los sueños blancos son así. Si miras sus caras, verás que son todos diferentes, pero no podrás recordar ninguna ni serás capaz de decirme qué rasgos diferencian una de otra. Eso es porque la memoria suele cargarse de pasado y ellos no están ahí”.

– “¿Y los sueños a largo plazo?”, terminé como obviedad.
– “Ah…”, sonrió. “Esos son invisibles. No podrás ver su cara, por tanto, pero siempre sabes dónde están: a tu lado. Un sueño a largo plazo no puedes verlo pero lo sientes, siempre contigo, siempre fiel. Dime la verdad, ¿no están aquí?”.

Mi anfitrión se dirigió entonces al interior, más en penumbra, mientras me dejaba un instante disfrutar de la plenitud de la paz…

– “Recuerda solo que los sueños que mueren son tanto a corto como a largo plazo”, me dijo dándose la vuelta.

Y entré.

__________

PD: Transcripción de mi recuerdo de un sueño real de una noche de verano. No quiero que tenga ningún significado. Ya no recuerdo mis sueños al despertar.

Vibraciones: contrastes

Llevo unos días rodeado de contrastes. La mayoría inesperados… o al menos inesperada la sensación que me produjeron. Son muy diversos: no todos los he vivido personalmente y no tienen nexo común de ningún tipo. Es verano y no son días para escribir sesudas reflexiones, así que prometo no ser exhaustivo ni en la relación ni en los detalles… a ver si consigo que cosas que no les importan en absoluto, al menos les llamen un poco la atención. 😉

A modo de cinco futesas, cinco… empecemos.

FAMILIA Y TRABAJO

Sin entrar en porqués, que no vienen al caso, la semana pasada tenía previsto haber estado miércoles y jueves de actividad familiar en la isla de Mallorca, o más concretamente en Palma capital. Y así fue… casi.

Solo dos veces había tenido que ir a Baleares por razones laborales en toda mi vida… y oh casualidad… resultó inevitable que tuviera que ocupar el jueves en una reunión de trabajo ciertamente importante… en Palma.

El contraste entre el paseo nocturno del miércoles entre Porto Pi y Es Baluard, la cena en una terraza junto a la bahía, o el desayuno del mismo jueves mirando los perfiles de la catedral o la terminal de cruceros… frente a la sala de reuniones de media hora más tarde… fue desconcertante.

La verdad… Cuando llegué y vi a dos compañeros allí, tuve la certeza de que estaban fuera de sitio, puedo jurarlo. Como yo mismo.

Treinta minutos antes estaba en familia mirando el mar. Está claro que el cambio de ubicación física fuerza tonos de contraste…

EL TAXI, BILBAO Y PALMA

Sí, sigo en Palma.

Nuestras gestiones familiares nos llevaron al entorno del Parc de Ses Fonts, en el barrio de L’Oliverar. Puro ensanche, un área residencial, plenamente urbano… nada cutre o degradado, como pueden ver en las imágenes.

Habíamos advertido ya la dificultad de encontrar un taxi en Palma en esta temporada estival, donde con frecuencia los disponibles son escasos por el contrapeso que supone para la profesión la temporada baja. De hecho, nos habíamos descargado la correspondiente app para saltarnos el trámite de la telefonista y la saturación de las líneas telefónicas.

Pues ni por esas… El teléfono imposible, en las dos asociaciones de radio-taxi más reconocidas no cogía nadie. Probamos con la app junto al Parc de Ses Fonts, en la calle de Miquel Arcas, en la de Alfonso el Magnánimo… Más de 20 minutos de espera.

Y al día siguiente, tras una larga reunión de trabajo y a eso de las 3 de la tarde en el barrio de Son Oliva, ni en la calle de la Concordia, ni en Eusebio Estrada… Más de media hora para, finalmente, conseguir conectar por teléfono con la operadora de una de las empresas… que nos explica que se han anulado las peticiones de la app… ¡¡¡porque esa zona no tiene cobertura de radio-taxi!!!

Tengan ustedes la santa paciencia de introducir en Google Maps cualquiera de esas calles, vean dónde están situadas… y alucinen con esa respuesta.

Aparte de la penosa experiencia de usuario con la app, que de eso no toca hablar hoy… tratándose de un servicio público, todavía estoy con los ojos como platos.

Eso en Bilbao, desde luego, no pasa.

MUJER Y TAXI

Ya ven que voy enlazando una cosa con otra. 🙂

Esta vez es una simple observación. En los últimos 10 días, además del viaje a Palma he tenido que hacer otro a Valencia, lo que en ambos casos me ha obligado a coger numerosos taxis.

Han sido 8, para ser preciso: 2 en Valencia y 6 en Palma.

Uno de los de Valencia y cuatro de los de Palma fueron conducidos por mujeres. El contraste con la situación que vivo en mi entorno de Bilbao o en el mismo Madrid es más que llamativo: encontrar una mujer detrás del volante es en estos sitios poco más que una anécdota.

Para que se hagan una idea, mi hija, con 19 años, no pudo contenerse al bajar del primer taxi de Palma: “es la primera vez que cojo un taxi que conduce una mujer”.

La proporción de mujeres taxistas debe estar en España por debajo del 2%.

Y es que no entiendo muy bien por qué, pero desde luego eso que me ocurrió en Valencia y Palma… al menos en Bilbao aún no pasa. 😦

AMAIA Y EL REAL

Regreso de Palma y leo la noticia de que el sábado 28, Amaia Romero, reciente ganadora de OT, iba a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid.

Les supongo conocedores, aunque sea vagamente, del fenómeno OT 2017 y de la propia Amaia Romero, Eurovisión mediante… pero si no es así, les recomiendo dedicarles unos minutos en internet o, en caso contrario, simplemente saltar de capítulo.

No me dirán que Amaia Romero y el Teatro Real de Madrid, en sus propios términos, no son en sí mismos un fabuloso contraste…

A ver… a los 19 años, Amaia, una mujer aún sin salir del todo de la adolescencia, que acaba de ganar un concurso de televisión en busca de intérpretes musicales con talento, anuncia que, acompañada de una banda con cierta solvencia (The Free Fall Band), va a dar un concierto en el Teatro Real de Madrid. Sin material propio, presentará versiones de temas con un programa esencialmente ecléctico.

Dicho un poco a lo bruto (que no se me enfade nadie), es como si una de las numerosas bandas que tocan por los pueblos en esas noches festivas de romería de verano, anunciara su concierto en el Real.

Pues oigan… lo ha hecho. Llenazo, con todas las entradas vendidas en pocas horas. Y no crean que el Teatro se llenó de adolescentes fanatizados por OT, no… Si tienen el gusto de buscar algunos vídeos de su recital, observarán al menos en las primeras filas muchas calvas, canas y teñidos cuidadosamente cardados como los que van adornando cada vez con más frecuencia las testas de mi respetuosa generación. 🙂

Pero lo que más impresiona es la valoración posterior del concierto: sesudos críticos unánimes sobre la grandeza del espectáculo que se hizo corto, mágico, emocionante… Y ella, humilde, exquisita, sencilla, sublime…

Sin material propio. Y en el Real.

AMAIA ROMERO

Déjenme que termine con Amaia de nuevo… porque esta mujer es un contraste en sí misma… 😉

No tengo que dar muchas explicaciones. Basta con que escuchen el Zorongo Gitano (la canción de Lorca interpretada en su día con la voz de la Argentinita) y el Bang Bang (el tema de Cher escrito por Sonny Bono) interpretados en el citado concierto del Teatro Real, para descubrir el significado de lo ecléctico, desde la diversidad pero con estilo propio. Se lo dejo fácil, en dos vídeos que van al final de este post.

Un último detalle: algunas de sus compañeras de OT no han perdido ocasión en las últimas semanas de tachar al compositor e intérprete de reguetón Maluma de machista y de declarar que no cantarían con él por sus letras y por contenidos que denigran a la mujer (opinión que, sinceramente, con cierta frecuencia no es difícil compartir).

Solo han pasado unas semanas de esas críticas… y Amaia Romero se lleva nada menos que al Real una versión del “Felices los cuatro” de Maluma, convirtiendo el reguetón original en una deliciosa versión poppy

Con un par.

Pa’ carácter, yo, oigan…

Verano de contrastes…

¿Gustan?

Vibraciones: tesis doctoral, un respeto

Ayer tuve la fortuna de asistir a la defensa de la tesis doctoral desarrollada por Eneko Odiaga en el aula magna del campus de Oñate de MU.

Al parecer, Eneko había optado por algo poco frecuente últimamente: enfrentarse a la construcción de evidencias desde una investigación centrada en información no cuantitativa de la que, de alguna manera y a través de un par de largas entrevistas, yo había formado parte.

Nada tiene que ver este artículo con la tesis expuesta (“Diversificación e innovación abierta en el grupo MONDRAGON. Un estudio de casos“), ni con sus contenidos o con el juicio que me merece un asunto que me resulta muy cercano y con frecuencia amargo… sino con el acto en sí mismo.

Tengo que advertirles de que era la primera vez que yo asistía a la defensa de una tesis y, por consiguiente, que es de mi ignorancia subyacente de la que nacen estos párrafos… 😉 … y es que mi aproximación al acto fue exactamente la misma que la que habría tenido para asistir a una conferencia.

Y no…

No es lo mismo.

Muy posiblemente hay otras formas de defender y calificar una tesis de la que yo viví ayer, probablemente mucho más rígidas, más tensas, más formales… pero no cabe duda de que participé de algo muy diferente a la dinámica de una conferencia:

  • En primer lugar, la asistencia. Apenas una docena de personas nos podíamos denominar “público” en una sala con capacidad para más de 100; pero es que entre esa docena estábamos los dos directores de tesis, algunos familiares, tres compañeros de trabajo del doctorando y algunos de los que aportamos información sobre nuestras experiencias para la investigación.
  • En segundo lugar, el papel del tribunal. No solo porque existiera (lógico), sino porque asumió el rol protagonista que en ese acto le correspondía desempeñar. Tuve la impresión, equivocada o no, de que los 5 miembros del tribunal se habían leído la tesis 😮 y aún más, de que al menos 4 de ellos lo habían hecho con cierto detalle. Una buena parte del acto se centró en sus valoraciones sobre lo positivo del trabajo realizado y sobre aspectos que a su modo de ver hubieran aportado más solidez a la investigación o a sus conclusiones, o recomendaciones para futuros proyectos de investigación que hipotéticamente pudieran derivarse del presentado.
  • En tercer lugar, el papel del doctorando (hoy ya doctor). Su defensa de tesis fue firme, sobria, sólida y sintética, con dedicación de espacios tanto a la cuestión metodológica (la construcción de evidencias sobre información cualitativa) como a las conclusiones. Una exposición desde la sencillez, pero con una presencia y una autoridad que solo puede asumir quien habla desde la convicción sobre el trabajo desarrollado. Su respuesta a las aportaciones del tribunal fue igualmente ordenada, coherente y bien estructurada, pero sobre todo holística, centrada en el auténtico corazón de los postulados de la tesis.
  • En cuarto lugar, la emocionalidad dominante. Nada cercano a la curiosidad por descubrir o por aprender (a pesar de que existiera), nada tampoco relacionado con un espíritu de celebración (a pesar de que lo pareciera), ni nada ligado al juicio crítico sobre los postulados defendidos (a pesar de que se vertieran y de que formaran parte esencial del momento): desde mi punto de vista y sin lugar a duda, la emocionalidad dominante fue el reconocimiento. Todos tenían bien presente el esfuerzo continuado que exige la redacción de una tesis bien trabajada y eso se manifestaba a cada minuto del acto.
  • En quinto lugar, la idea de equipo. Para mí un pequeño descubrimiento porque visualizaba el doctorado como un reto esencialmente individual. Sin restar ni un ápice de valor al esfuerzo personal del doctorando, cuyo trabajo se desarrolló además en paralelo a su actividad profesional, salí con la idea de que había un cierto espíritu de equipo que incluía a los directores de la tesis. Los miembros del tribunal (obviamente todos doctores y con esa misma experiencia previa en primera persona), se encargaron de ponerlo de manifiesto en varias ocasiones y, lo que es más importante, los directores de la tesis desbordaban de orgullo por el broche al proceso del que sin duda se sentían partícipes.
  • Y en sexto y último lugar, la liturgia. Obviamente, nadie entra en la sala antes de que lo haga el tribunal. La palabra la tienen solo los miembros del tribunal y el doctorando (cada uno en el momento procesal que corresponde) y cuando el tribunal cede la palabra a alguien ajeno a ese proceso, solo lo hace con los directores de la tesis: el resto somos, realmente, solo observadores invitados. En la valoración del tribunal sobre la tesis defendida, todos salimos de la sala y finalmente y para mi sorpresa, fruto sin duda de la ignorancia… el dictamen del tribunal, al volver a entrar todos en el aula magna, se lee y escucha con todo el mundo de pie.

Me encantó haber tomado la decisión de asistir. Me hizo recordar algunas cosas que, a pesar de resultar con frecuencia obvias, olvidamos cara vez con mayor asiduidad por la cultura dominante del igualitarismo y lo políticamente correcto:

  • No es necesario, ni conveniente, ni deseable, que todo el mundo pueda asistir a cualquier cosa. Como en el gato de Schrödinger, la simple observación puede alterar el estado de realidad. 😉
  • No todo el mundo hace el mismo esfuerzo en la vida por alcanzar una meta. No todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Y por lo tanto, no todo el mundo tiene derecho a un reconocimiento equivalente. :-/
  • El esfuerzo que alcanza metas reconocibles devenga en valor. Y eso significa que lo contrario también aplica. La igualdad debe defenderse en las oportunidades… pero la diferencia en las mismas no es justificación de casi nada: es raro que la vida no te permita de alguna manera acumular méritos y, si alguien no quiere hacerlo, debería notarlo. 😡
  • Los ritos y las liturgias son esencialmente respeto. Por una persona, por un momento, por un acontecimiento, por un trabajo… Y están bien: ayudan a reconocer y ser justos con lo diferente y bueno. Si se producen desde la honestidad y la sencillez y se alejan de lo casposo, no solo están bien… es que están muy bien. 😎

Enhorabuena, Eneko.

Sin duda alguna… no estuve en una conferencia, sino en un acto esencialmente académico.

Oigan, una tesis doctoral.

Un respeto.

Vibraciones: “agilismo” y esquemas limitados

El pasado 22 de mayo asistimos al tercer congreso BAC (Business Agility Corporation, club del que formamos parte) en el impresionante auditorio de la Ciudad Financiera que el Santander tiene en Madrid.

Nuestra aproximación al BAC es reciente, como lo es a los conceptos que anidan tras las palabras “DevOps”, “Agile” o “Responsive”, entre otras… y ya les aseguro que las distinciones conceptuales no son sencillas al margen de la práctica.

Como a estas alturas ya saben los lectores habituales de este blog, en mi empresa no nos dedicamos precisamente al mundo del software sino a la producción de componentes metálicos de automoción, así que podríamos decir que el concepto de “Agile” nos ha llegado tarde y mal.

Agile” nació como un manifiesto promovido por un grupo de desarrolladores de software que proclamaron lo siguiente:

Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software

Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar
software tanto por nuestra propia experiencia como
ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos
aprendido a valorar:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas
Software funcionando sobre documentación extensiva
Colaboración con el cliente sobre negociación contractual
Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Esto es, aunque valoramos los elementos de la derecha,
valoramos más los de la izquierda.

Se dotaron de unos principios fundamentales que, si tienen la curiosidad de leer (se lo recomiendo vivamente), creo que les conducirán inevitablemente a interpretaciones que van mucho más allá del corsé del software y que les propondrán revisar mentalmente algunas de las seguridades que culturalmente tenemos asumidas desde hace tiempo.

Para poner en práctica el manifiesto y sus principios, las empresas de software comenzaron a desarrollar metodologías y formas de trabajo con notables dosis de contraculturalidad, por lo tanto, así como a integrar algunas prácticas desarrolladas en paralelo en el territorio de la gestión empresarial en general.

Entre las primeras, destacan con fuerza SCRUM, como modelo metodológico y de organización para la gestión de equipos de proyecto, o DevOps, una especie de marco general de trabajo que descansa sobre la integración de desarrolladores y sistemas (u operaciones, en terminología de software, que conceptualmente no va mucho más allá que los ya históricos equipos interdisciplinares de desarrollo de proyectos que integran la ingeniería de proyectos, la producción y la ingeniería de instalaciones), aunque en este caso con el añadido de herramientas de automatización de procesos que permiten a los desarrolladores centrarse en su core y hacerlo con seguridad y calidad del producto.

Entre las segundas, hay que mencionar inevitablemente todo concepto lean (lo que incluye desde el kanban hasta el lean startup y el concepto de MVP) y el design thinking como modelo de aproximación a la resolución de problemas y al desarrollo de retos, configurado en forma de propuesta iterativa de observación y de orientación permanente a clientes y usuarios (basada en ciclos continuos de experimentación, prototipado rápido y aprendizaje desde las mismas) y en una amplia colección de herramientas metodológicas que ayudan a recorrer el camino y a configurar la salida.

Ejem… ya empezamos con la ensalada de palabros que vamos echando al puchero de la gestión de la empresa sin aparente sentido, ¿no creen?

A ver…

Elevándonos a un plano no demasiado estricto, podemos decir que una empresa “agile” es equivalente a decir “una empresa ágil”, entendiendo por tal una empresa capaz de adaptarse con gran rapidez, productividad y eficacia a los cambios que en su entorno se fueran produciendo, de forma previsible o imprevisible.

En ese sentido, “Agile” tiene mucho que ver con la idea de “Responsive” que ya citamos en el post anterior y que ya habíamos trabajado en Co-Society, pero el hecho de que el origen sea diferente (desde el lado operacional hasta el estratégico en el caso de agile… e inverso en responsive), hace muy visible que aún no se ha convergido suficientemente y que por tanto queda camino por recorrer.

El intento de “Agile” de llegar hasta la estrategia tiene su base precisamente en su origen. Nace ligado al desarrollo de producto… en empresas cuya tecnología operativa es precisamente el software y el hardware ligado a las TIC. Eso hace que el paso de lo operativo a lo estratégico se dé de forma muy natural, porque está en la naturaleza de su negocio.

Por eso también, las empresas más avanzadas en agile (aparentemente), son bancos, aseguradoras, empresas de telefonía… que en el fondo soy hoy “empresas TIC”. Si observamos realidades agile avanzadas en otro tipo de empresas, es raro encontrarlas al margen de su área TIC.

Todas ellas, no obstante, visualizan con claridad que en un entorno extraordinariamente cambiante, marcado por la velocidad, la reducción de los lead-time y los ciclos de vida y, sobre todo, por la incertidumbre creciente que rodea toda actividad empresarial actual, la idea de “agilidad” responde a una absoluta necesidad, sea cual sea el sector en el que se opere.

Construido desde la experiencia y la reflexión de las “empresas TIC” que antes mencionaba (es una humilde hipótesis personal, no contrastada), BAC ha elaborado un muy interesante esquema visual que reproduzco a continuación:

Acierta en muchas cosas, en mi opinión, como en el cimiento lean, los pilares de personas y cultura (cuidado con la cultura), la permanente orientación a la idea de valor y, sobre todo, el esquema de Organización / Infraestructuras / Producción / Negocio como elementos necesariamente ágiles en una organización ágil.

Aclara también cuál es el lugar que primordialmente corresponde a piezas concretas del puzzle, incluida la importancia de mimar los elementos de trasformación de cultura o la de los cambios que suponen en el ámbito de compras o finanzas la “contratación agile“.

Pero, desde la analogía “agile” y “responsive” que antes les proponía… se queda corto. Una empresa “no-TIC” ve el desafío de agilidad desde lugares de prioridad que para las empresas TIC son más secundarios. Para las “no-TIC”, la integración de proveedores en la cadena de valor y singularmente en la mejora e innovación de procesos, es un elemento de agilidad muy poderoso… incluso (permítanme la provocación) si se realiza desde planteamientos waterflow o clásicos de gestión de proyectos. Lo mismo podríamos decir de los procesos de innovación abierta, de inteligencia competitiva o de otros aspectos relevantes de la gestión empresarial.

En el III Congreso BAC, solo la ponencia de Siemens-Gamesa pertenecía a esa categoría de “no-TIC”. Trataba sobre una iniciativa de “open innovation”… y parecía un marciano verde en un campo de amapolas (perdóname, Mónica 🙄 ). Casi que hubiera sido necesario explicar por qué había una ponencia así en ese congreso…

Y sin embargo… son asuntos que aportan una innegable agilidad a la organización.

Dentro de nuestro equipo, Yuri Noda ha construido recientemente aportaciones interesantes desde este punto de vista. No incluiré aquí los mapas mentales que ha elaborado (son intelectualmente suyos… 😉 ) pero sí me voy a tomar la licencia de citar algunos de los conceptos clave que incorpora, como (además de los tres anteriores), el trabajo con startups, el marketing o el aprendizaje desde la idea de agilidad, los modelos de gobernanza, la automatización sobre tecnologías “no-TIC”, el trabajo en redes, las relaciones de transparencia y confianza

Nuestros esquemas mentales son siempre un limitante, ya lo ven… Incluso para quienes van por delante. 😉

Queda camino por recorrer… y eso siempre está bien. 🙂

Vibraciones: 18 años

Kenia, desde los inmensos parques nacionales hasta las costas de Mombasa, cayó en 1996. El paraíso de Tahití, Bora Bora, Huahine o Rangiroa, en los arrecifes de coral de la Polinesia Francesa, en 1997. Noruega, con sus glaciares y fiordos en el camino hacia el Círculo Polar Ártico, en 1998.

Y el primer hijo, en 1999, un año antes del segundo.

Los tres viajes anteriores corresponden al último de soltero, el de bodas y el primero de casado. Los últimos viajes en pareja… hasta este último diciembre en que recuperamos la iniciativa en Venecia… 🙂

Han pasado 18 años en los que todo ha rondado alrededor de la familia que enseguida acabó siendo de cuatro. Aunque salpicado el camino a veces por ciudades como Londres, Madrid, París, Barcelona, Toledo, Cáceres, Valencia, Santiago o Roma, los destinos de verano también han cambiado en este periodo: Huelva, Málaga, Baleares o sobre todo Canarias, son paisaje en nuestras fotografías. Lo importante, sin embargo, no era el lugar… sino la impronta de la familia, sobrada de capacidad para llenarlo todo a medida que se transforma y crece.

Venecia ha sido la conciencia de que también esta etapa de 18 años, intensa, fructífera y rica en desafíos, problemas y gozos, vendrá seguida de otra. Aún no de forma completa, porque seguirán algunos años más de vacaciones y viajes familiares, pero sí progresivamente inevitable.

Venecia ha sido paladear otra vez la experiencia de viajar por placer sin sentirse responsable más que de uno mismo…

Ni mejor ni peor, pero distinto. 😉

PD: Huy… éste es el año 18. 😀